El despertador me taladró la cabeza. Maldita sea. Era muy
pronto. Pero tenía que estar en pie por si los niños se despertaban. Me levanté.
Pasé por la habitación de Justin. No estaba. Ya se habría ido. Como cada
mañana, me dirigí hacia el baño para lavarme la cara. Estampé el agua contra mi cara y me sentí como nueva. Noté
como alguien tocaba mi pierna. Bajé la vista, y era Jazzy estirándome del
pantalón.
-¡Pequeña! Buenos días. –Dije, cogiéndola en brazos.
-Buenos días, Mel. –Me dijo con su dulce voz.
-¿Qué haces despierta tan temprano? –Le pregunté.
-Estaba asustada. He tenido una pesadilla, -Hizo cara de
lástima. - y un monstruo me comía. Pero Justin dice que cuando sueñe cosas
malas no tenga miedo, porque él me protege y me dice ‘Recuerda que soy un ninja’.
–Dijo imitándolo. Reí cuando con aquello.
Yo recuerdo que de pequeña, pasaba también miedo por las noches. Muchas
veces me era imposible coger el sueño. Creía que saldría algo raro de mi
armario y me atacaría. Pensamientos de toda niña pequeña. Una vez, fui a casa
de mi abuela a dormir. Aunque dormía en su cama, con ella, seguía con miedo. Hasta
que se dio cuenta y me entregó algo. 'Cuando no puedas dormir, abraza esto con
fuerza. Cuando seas mayor y se te pase
el miedo, regálaselo a una niña especial para ti, para que se sienta más
fuerte’. Fue ahí cuando me entregó ese osito de peluche. Le tenía un cariño
inmenso, porque sucedió como ella me dijo, y me calmaba por las noches.
Llevé a la pequeña hacia mi habitación.
- Mira. –Saqué de mi maleta aquel osito de peluche. –Esto es
para ti. Te lo regalo.
-Oh, qué bonito. –Me dio un tierno beso en la mejilla.
–Muchas gracias, Mel.
-Me lo regaló una persona especial, pero te lo mereces y
ahora te lo regalo yo a ti. Cuando tengas miedo, abrázalo muy muy muy fuerte,
ya verás cómo se te pasa el miedo.
-Eres la mejor.
-Tú, princesa. ¿Quieres que bajemos a tomar el desayuno?
-¡Siiiiiiii! –Dijo, con entusiasmo.
Parecía tener hambre. Así que despertamos a Jaxon y bajamos
a la cocina. Les preparé lo que querían para desayunar. Yo me cogí una pieza de
fruta. No tenía muchas ganar de comer. Los siento en la mesa, y recibo en ese
instante un sms.
‘Buenos días, bebé. No sé si estarás despierta a estas horas
pero es que se me hace raro no verte por las mañanas y necesitaba un poco de
ti. Espero que los pequeños no te agobien mucho. Si los llevas al parque se
divertirán y puedes estar un rato sin tenerlos encima. Esta tarde es para
nosotros, recuérdalo. Solos tú y yo. Bueno, decirte que te quiero y poco más.
Me voy, que como mi padre me pille con el móvil me mata.’
Solté una pequeña y breve carcajada. Decidí responderle.
‘Buenos días, mi amor. A mí también se me hace extraño, pero
un día de estos hacemos una escapada, cuando no tengamos nada que hacer. Por la
tarde… hum… ya veremos si la vecina no interrumpe nada. Yo no aseguro nada aún.
Ah, ya te contaré lo que me ha dicho tu hermana ¡¡ninja!! Jajajajajajajaja. Te quiero mucho.’
Enviado. Cada vez que me acordaba de lo de 'Recuerda que
soy un ninja' no podía dejar de reír. Ais, Justin. Me vuelves loca hasta con
tus tonterías.
-¿Era mi hermanito, verdad? –Me preguntó Jazzy.
-Sí. Me ha dicho que os gusta ir al parque, ¿queréis que
vayamos?
-¡Siiii! –Gritaron los dos pequeños a la vez.
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Por la tarde. Justin, Michelle y yo. Sí, ya se había colado
en nuestros planes. Pero no pensaba preocuparme. Hoy me sentía con ganas de
comerme el mundo. No sabía por qué, pero así era. Me quité el vestido para
quedarme en biquini. Justin no me quitaba la mirada de encima. Nos íbamos a
bañar en aquel lago. Me acerqué poco a poco para rozar el agua con la puta de
mis pies. Estaba un poco fría. Entonces, noté sus suaves manos en mi cintura.
-Hola ninja. –Me giré, y le di un tierno beso en los labios.
Sonrió en mi boca. 1827387554 sensaciones eléctricas por mi
cuerpo. Le miré a sus ojos. Con el reflejo del Sol se le veían más bonitos. Me
perdí en su mirada durante unos segundos.
Y es que no os podéis ni imaginar lo que transmiten esos ojos color
miel.
-¡Vamos! –Me cogió por el aire mientras nos metíamos hacia
adentro. -¡Al agua!
-¡Justin! ¡Está fría!
-Yo te caliento, bebé. –Dijo riendo.
-¡Suéltame! –Reía esta vez yo. Salpicándole con el agua.
Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y enrollé mis
piernas en su cintura. Me olvidé de todo lo que nos rodeaba. Me olvidé de
Michelle que andaba por ahí. Me olvidé de todo. Porque como ya sabéis, cuando
estoy con Justin me encuentro en un mundo donde solo existimos él y yo. Me
acerqué lentamente a sus labios. Y comencé a besarlos sin parar. Como si no tuvieran
fin. Quería devorarlos. Saborearlos. Succionarlos. Morderlos. La pasión se
estaba apoderando de mí lentamente. Deslicé mis manos sobre su espalda desnuda
y mojada. Luego, subí mis manos por su cuello hasta que llegué a su cabello. Le revolví el pelo que llevaba un poco húmedo. Me volvía loca. Él bajaba sus manos hacia mi trasero y me apretaba con fuerza. Me apegué más hacia su cuerpo. Hasta que pude notar algo. Su
erección. Me acerqué más y más. No dejaba de besarlo. Y cuando yo paraba, era
él quien hacia la búsqueda en dirección a mis labios. Hubo un momento en el que
parecía que íbamos a estallar. Un momento en el que casi sobrepasamos los
límites.
-Bebé, para. –Dije, susurrándole dulcemente al oído.
–Tenemos una intrusa.
Me sumergí bajo del agua y nos decidimos a salir. Justin me
envolvió la toalla por mi cuerpo. Fuera hacia un poco de frío, y estaba
temblando. Michelle me echó una mirada que no sabría cómo interpretarla.
-Oye, ¿cuánto lleváis juntos? –Preguntó.
-Casi tres meses, ¿por? –Respondió Justin, con una cara
extraña.
-Ah, eso es muy poco. –Me volvió a echar esa mirada. –Creía
que llevaríais más.
-¿Tú que eres toda una experta en el amor o qué? –Le
pregunté yo. No me pensaba callar. Y Justin me miró raro.
-Más o menos… -Será estúpida, pensé.
-Bueno, -Intentó cambiar de tema Justin. -¿Y tú tienes
novio?
-¿Qué estás interesado? –Respondió con aire de vacilar.
-No le van las chicas como tú. –Respondí al segundo. Sin
dejar contestar a Justin.
-Eh, Melanie, que era broma. –Y le guiñó un ojo a Justin. Él
le sonrió.
¿Qué jueguecito se traían? Cada vez aguantaba menos a
Michelle. Y cada vez aguantaba menos que Justin hablara con ella como si la
conociera de toda la vida. Dejé la toalla en tierra. Me puse mi vestidito. Y
fui en dirección a la casa. Realmente no sabía volver, pero todo era intentarlo
y dejar a Justin preocupado. Sí. Quería que se preocupara por mí, por saber lo
que me pasaba en ese momento, aunque seguramente lo imaginaba. Me llamó un par
de veces, pero solo fui capaz de girarme, decir un ‘adiós’ y seguir en la
dirección que había tomado. Me encontré rodeada de árboles. Por un momento pasé
miedo. Definitivamente, no sabía dónde estaba. Miré hacia arriba y lo único que
lograba ver era un pequeño rayo de Sol a través de las hojas. Busqué mi móvil
en mis bolsillos. No había cobertura. Oh, sí, me encontraba perdida en un
bosque. Guay. Solté una pequeña carcajada sin sentido. No sabía el por qué. Me
sentía rara. Sola. Sin salida.
-Bebé. –Alguien dio un toquecito en el hombro.
-¿Qué? –Me giré sobresaltada. -¡Me has dado un gran susto!
-¿Qué haces aquí?
-Me había perdido.
-Suele pasar cuando una novia se enfada con su novio y coge
rumbo decidida hacia algún sitio sin más.
-Justin, estás tonto.
-No, estoy enamorado. –Dijo mojándose los labios.
-¿A sí? ¿De quién? –Hago como si buscara alguien y miro
alrededor. -¿Dónde te la has dejado?
-Ven. –Me coge de la mano y salimos de todo aquello. Ya no hay
tantos árboles. Por fin. Libertad. Podemos ver el lago. Nos acercamos. –Estoy
enamorado de esa. –Dijo señalando al agua, en el cual me podía ver reflejada. –Es
hermosa, ¿verdad?
Noté un pinchazo en el interior. Miles de escalofríos
recorriendo mi cuerpo. Electricidad. No sé cómo era capaz de provocar esas
sensaciones en mí. Le miré a los ojos y otra vez su mirada. Bajé la vista esta
vez hacia sus carnosos labios. ¿Tenía algo que no me enamorara? Todo me gustaba
de él. Estábamos en silencio. Sólo podían escucharse el movimiento de las hojas
de los árboles debido al viento y unos cuantos pájaros que volaban por allí. Miré
hacia arriba. El cielo estaba precioso. Nunca había visto algo como aquello. El
Sol se estaba escondiendo y eso le daba un tono precioso. Un color salmón
tintaba todas y cada una de las nubes. El momento era el ideal. Puse mi dedo
índice sobre sus labios. Y comencé a acercar mi boca hacia la suya. Despacio.
Lento. No había prisa. Pim. El roce de sus labios me provocó de nuevo esas
sensaciones. Y nuestras lenguas comenzaron su juego favorito.
Y ahí pasamos el resto de la tarde. Abrazados. Juntos.
Viviendo nuestro momento. Hasta que oscureció. Hubiera dado todo para que se
detuviera el tiempo. Nunca había vivido un momento tan bonito en mi vida.


Me caen las lagrimas
ResponderEliminarme ha gustado muchissssssimo!!!
unavidaencoma.blogspot.com.es/
preciosooo :D
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