Tu rastro.

lunes, 20 de agosto de 2012

CAPÍTULO 19.


Entré en mi habitación y me encontré sobre la cama un vestido y una nota. Había algo escrito en ella. Me quedé muy extrañada, pero comencé a leerla.

‘A las 20:00 paso a por ti. Nos vamos de cena. Te he dejado un vestido, no te obligo a ponértelo pero estoy seguro de que te quedará perfecto. No cojas dinero, yo pago todo, princesa.’

Una sonrisa tonta se dibujó en mi cara sin apenas darme yo cuenta. Fui hacia la ducha. Me desvestí. Entré. Encendí el grifo y miles de gotas recorrieron mi cuerpo.  Entonces  comencé a reirme, sin explicación alguna. Fue como un estallido de felicidad. Sentí la necesidad de coger el móvil y llamarle diciéndole que era el mejor novio del mundo mundial. Pero paré. Quería ser dura y tampoco quería ser ‘demasiado fácil’ para él. Quiero decir, lo he pasado mal con los chicos todo este tiempo y tengo miedo a que Justin me falle. Mi última relación fue al principio un cuento de hadas, exactamente lo mismo que estoy viviendo ahora con él. Pero luego empezaron los malos rollos, las compañías, la fiesta, el tabaco y el alcohol, por parte de Tom, mi ex. Cambió radicalmente y de ser su todo pasé a ser nada. Esa fue la primera vez que me enamoré y desde ahí no he querido saber nada de chicos. Hasta que Justin apareció en mi camino. Pero tengo que ser fuerte. Tengo que creer en él, en sus promesas. En su ‘nunca digas nunca’, porque yo dije una vez después de lo de Tom que nunca me enamoraría más, y aquí me tenéis, hasta las trancas de ese chico con los ojos color miel.

Vaya, mi mente daba para mucho. Me apliqué jabón en el cuerpo. Después en el pelo. Me enjuagué con el agua y me enrosqué en la toalla. Sequé mi pelo y a continuación me puse la ropa interior. Visualicé aquel vestido. Decidí probármelo. Era de un color blanco tostado. Resaltaba mi moreno. Por la parte de detrás estaba formado por pequeños hilos que hacían transparentar parte de mi espalda. Era precioso, la verdad. Y me quedaba bien. Me miré al espejo como unas cien veces. Después, lo conjunté con unos zapatos del mismo color y con un poco de tacón. No veía la necesidad de ir tan arreglada.

-Mel, ¡baja que está Justin esperando! –Gritó mi tía.

Me hice un recogido rápidamente. Apliqué una base de maquillaje sobre mi rostro, una sombra color gris y finalmente la raya del ojo. Quedaba el último toque, la colonia. Cerré apresuradamente la puerta de mi habitación y bajé poco a poco la escalera  bajo la atenta mirada de Justin. Estaba jugando con el peque en el salón, pero se levantó y realizó una especie de escáner con sus ojos hacia mi cuerpo. Se quedó parado varios segundos hasta que me tuvo a unos centímetros de cercanía.

-¡Eh! Despierta. –Le dije depositándole un pequeño beso sobre sus labios.

-Te queda mejor de lo que imaginaba.

-Gracias.

Me despedí y dije que no volvería muy tarde. Justin se rió. ¿Por qué se reía? Estaba cansada y esta noche tenía pensado acostarme pronto. Pero ya había venido él cambiando mis planes. Y eso me encantaba. Lo nuestro era improvisado, sin planes. Improvisando, la vida me iba mucho mejor.

Justin tenía moto, y yo miedo de subir a ella. No sabía por qué, pero no me causaban buenas sensaciones. Resulta que íbamos a ir a un restaurante un poco lejos de aquí y teníamos que montar en ella. Maldecía aquella situación interiormente, ya que no llevaba el vestuario adecuado.

-Justin, eres muy listo, sabiendo que íbamos a ir en moto me regalas un vestido para ponérmelo hoy. –Dije entre risas.

-Pero tú estás enamorada de ese ''listo''. –Puso una cara graciosa diciendo aquello.

-Lo sé. –Admití. –Dame el casco, anda.

-Toma.

Me entregó el casco y me miró fijamente mientras me lo ponía. Ahora no sabía subir a la moto sin que se me viera nada. Me sentía un poco incómoda ante aquella situación. Justin subió a la moto, se puso el casco y me miró con cara extraña.

-No pretenderás que te ayude a subir, ¿verdad? –Dijo riéndose.

-No, sé hacerlo yo solita. –Dije mientras hacía un impulso para subir.

-Venga, -Tendió su mano. –Coge de mi mano.

Le hice caso y subí milagrosamente. Miré a los alrededores para comprobar que nadie había visto nada.

-Agárrate fuerte, -Dijo arrancando la moto. –llegamos tarde.

Entonces aceleró y me agarré a él fuertemente. Cerré los ojos. Pero los abrí a los cinco segundos. Imposible. Era imposible aquello. Tenía un gran miedo a las motos, y digo tenía porque ese miedo desapareció. ¿Qué estaba pasando? La causa era Justin. Me sentía protegida a su lado. Algo mágico había dentro de mí y recorría cada parte de mi cuerpo. Estaba abrazada a él y esa era la mejor sensación del mundo. Si fuera por mí, no me soltaba nunca. Iba rápido. Nunca había ido a tanta velocidad. Pero sentía algo en mi interior que decía que todo iba a ir bien a su lado. Me transmitía sensaciones que sería incapaz de describir. En fin, es lo que tiene estar loca por alguien.

Diez minutos más tarde paramos en un pequeño restaurante. Bajamos de la moto. Era bonito y acogedor. Me gustaba bastante.  El lugar estaba bien iluminado. Entramos y un señor que trabajaba allí nos indicó dónde sentarnos.

-Me gusta este sitio, -Dije con una sonrisa. –y me gusta que me hayas traído aquí.

Justin me devolvió la sonrisa. Iba a decir algo pero un camarero se nos acercó.

-Perdonen, ¿qué quieren de bebida? –Preguntó.

-¿Champagne? –Preguntó Justin mirándome. Afirmé. –Pues dos copas de champagne por favor.

El camarero se lo anotó en una lista que llevaba y se fue. Justin me cogió de la mano. Estábamos uno enfrente del otro. Muy romántico todo. Me encantaba.

-Tendré que aprovechar mis 18 años. –Dijo con una sonrisa graciosa. –Parecemos un matrimonio ya.

-¿Tanto aparentamos? –Reí.

-Ya lo creo, además, el escote ese que llevas te queda fenomenal y creo que el camarero se ha percatado de eso. Pero como vuelva a dirigir la mirada no sale vivo de aquí. –Esta vez reía él, aunque lo que dijo parecía decirlo seriamente.

El resto de la cena transcurrió tranquilamente, aunque se me pasó demasiado rápido. Cuando estaba con Justin era como si las horas fueran minutos. Salimos fuera y, espera, ¿qué hacían todos ahí? Estában Ryan, Caitlin, Ana, Chaz y los demás. Las chicas iban también con vestido y los chicos un poco más arreglados de lo habitual.

-Vámonos, -Dijo Ryan mientras me hacía un gesto con la mano. –nos vamos a celebrar que te quedas aquí, como te prometí.

-¿Qué? –Dije divertida mientras les seguía y Justin me tomaba la mano. –Yo no sabía nada.

-De eso se trataba. –Dijo Caitlin risueña.

-Venga, ¡vamos! Que está lleno de gente. –Esta vez hablaba Ana.

Se escuchaba música y seguimos aquel sonido. Me quedé hablando con las chicas mientras Justin reía con los demás. Llegamos a aquel sitio. Estaba al aire libre y había un dj pinchando canciones bastante movidas. Los chicos fueron a por un poco de alcohol y nosotras comenzamos a bailar.

-Eh, Mel, ese chico de ahí no te quita ojo. –Dijo Ana señalando a un chico.

-Pues será Justin quien le arranque el ojo como siga mirándote. –Añadió Caitlin.

Comenzamos a reírnos. Eso sí, no dejábamos de bailar y aquel chico tampoco dejaba de mirarme. Apenas le veía la cara, estaba lejos de mí. Hasta que noté que alguien me dijo algo al oído. Olí su perfume y me desconcertó completamente. 

-Eh, bebé. –Me dijo Justin con un cubata en la mano. -¿Quieres un poco?

-Te dije la última vez que no bebería más…

-Si te controlas, puedes hacerlo. Toma.

Pegué un trago de aquello. Parecía ron y estaba un poco cargado.

-No te pases tu esta vez, ¿eh? –Le dije. –Que tienes que ir en la moto.

-Y tengo que llevarte a casa, tienes razón. –Me dio su vaso. –Ten, que no voy a beber más.

Esta vez bebí de nuevo. Y comencé a bailar junto a él. Me robaba besos de vez en cuando. Me encantaba aquello. Pero notaba que ese chico aún me miraba. Me sentía incómoda ante aquello. Justin se fue un momento, no escuché muy bien donde me dijo que iba. Entonces me quedé con las chicas.

-Mel, por ahí viene, -Me dijo Caitlin, avisándome. –por ahí detrás.

Me giré y lo vi. No lo podía creer, era el mismo. El mismo chico que me persiguió en Madrid junto a sus amigos. El mismo de la gorra. Era él.

-¿Qué quieres? –Le dije. -¿Qué haces aquí?

-Eh, eh, guapa. Sólo he venido a saludarte. Veo que me recuerdas, ¿verdad? –Me dijo mientras se acercaba a mí cada vez más.

-Pues sí, me acuerdo, y no recuerdo algo precisamente bueno. Así que, adiós.

Cada vez lo tenía más cerca. Me di cuenta de que tenía unos ojos verdosos de un color precioso. Pero, Mel, frena. Mándalo a la mierda. Me fui hacia afuera huyendo de él y toda la multitud. Caitlin y Ana me miraron con cara extraña. El chico aún me seguía.

-¡Déjame ya! –Grité a unos 5 centímetros de su cara.

Entonces me agarró fuertemente de la cintura e intentó besarme, pero en unos segundos lo vi tirado en el suelo. Alguien se abalanzó encima suya y comenzó a pegarle sin parar. No lograba ver quien era. Intenté separarlos y lo vi. Era Justin. Se giró para verme y justo en ese instante el chico estampó su puño contra su cara. La boca de Justin comenzó a sangrar. No pude ante esa situación. Busqué ayuda. Un chico vino corriendo rápidamente y me ayudó a separarlos. 

-¡No te vuelvas a acercar a ella! -Gritaba Justin, que no dejaba de sangrar. -¡Como te acerques una vez más te mato! ¿Te enteras?

-Justin, para, por favor, vámonos a casa. -Le dije intentando tranquilizarlo, mientras le agarraba por el brazo.

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