Tu rastro.

lunes, 27 de agosto de 2012

CAPÍTULO 22.


Primer día en aquella casa. Miro el reloj y era temprano aún. Necesitaba ir al servicio a lavarme la cara y esas cosas. Pero antes, tenía que pasar por la habitación de Justin, ya que estaban comunicadas. Abro la puerta con cuidado, sin hacer apenas ruido. Y lo veo. Ahí. Tirado boca abajo en la cama, sin camiseta y con sus bóxers. Me entraron unas ganas inmensas de recorrer todo su cuerpo a besos. Y para qué mentir, unas ganas inmensas de hacerle el amor. Parecía un ángel recién caído del suelo. Caminé poco a poco hasta salir de la habitación. Cerré con cuidado. El pasillo era muy largo. Menos mal que el baño se encontraba en frente. Abrí el grifo y llené mis manos de agua para a continuación estamparla en mi cara. Me miré al espejo y sonreí sin más. Salí. Otra vez de nuevo a pasar por la habitación de mi angelito. Mis pies descalzos la recorrieron pasito a pasito. Hasta que me tropecé con algo. Maldita sea. Casi beso el suelo. En ese instante, oigo una pequeña risa proveniente de la cama.

-Casi te matas. –Me dice Justin.

-Lo sé. –Arrugo mis labios.

-Ven, túmbate aquí conmigo un rato. –Me dice, deslizando su mano sobre las sábanas de su cama.

Me acerco y me coloco allí. Me mira fijamente. Creo que los colores en mi cara van a aparecer de un momento a otro. Yo voy con mi camiseta de tirantes, y el pantalón corto del pijama. ¿Pero él? Va provocando. Como dije anteriormente, sin camiseta y con bóxers.

-Estás preciosa ya de buena mañana. –Y echa un mechón de mi pelo detrás de mi oreja cuidadosamente.

-No me hagas sonrojarme. –Dije, sonriendo.

-Pues tus mejillas están cobrando color.

Se acerca a mí y me pega un pequeño mordisco en una de ellas. Se para. Esta vez va hacia mis labios. Juega un poco con ellos, hasta que nuestras lenguas se unen. Después de un largo beso, Justin ríe sobre mi boca, y eso hace que un escalofrío recorra todo mi cuerpo. Me separo un poco.

-Tengo miedo. –Le digo a pocos centímetros de su cara. –No quiero perderte.

-Nunca me vas a perder. Nunca te voy a dejar ir. –Dice mientras roza su nariz contra la mía. -¿Lo entiendes?

-Sí. –Trago saliva. –Pero si…

-Shhhh. –Pone su dedo índice sobre mis labios. –Que si me voy, te voy a llevar conmigo.

-No todo es tan fácil, Justin.

-Lo sé. No es fácil que quiera contactar conmigo una persona para ser mi manager. No es fácil tener que irme para cumplir mi sueño. No es fácil tener lejos a las personas que más quieres. No es fácil, pero es lo que hay. Y te prometo, que vamos a estar juntos cumpliendo eso que tanto deseamos. Tú eres mía, yo soy tuyo. Y así será para siempre. Cree en mí.

-Creo en ti, -Nuestras miradas lo trasmiten todo. –bebé.

Me levanté. Lo dejé en la cama tumbado como me alejaba, igual que en las películas. Abrí la puerta de mi habitación y la cerré al instante. En verdad, Justin podría entrar en cualquier instante. Estábamos al lado, y nadie nos vería. Cogí mi ropa interior, una camiseta color rosado y un pantalón corto blanco. Me dispuse a salir de la habitación bajo la atenta mirada de Justin. Dirección a la ducha. Abrí el grifo y comenzó a chorrear el agua sobre mí. Mojé mi largo cabello. Apliqué los champús, geles y cremas adecuados. Amaba echarme esos potingues. Me dejaban la piel suave. Dejé el agua correr sobre mi cuerpo, y en ese instante escuché un ruido. Salí de la ducha. Enrollé una toalla sobre mi cuerpo y otra sobre mi pelo. Eché la vista hacia dónde había dejado mi ropa interior. No puede ser. No estaba. ¿Ahora qué hago? Pensé. Rebusqué en cada rincón, pero ni rastro. Decidí entrar a la habitación de Justin.

-¿No serás tú el ladrón de mi ropa interior, verdad? –Reí y me coloqué enfrente de la puerta, cerrándola.

Se quedó paralizado varios segundos. Parecía no creer lo que estaba viendo. Si sólo estaba con la toalla enrollada, bah, no era para tanto.

-P..pe..pero.. –Tartamudeó. –yo no he sido.

-No me mientas. Va, que quiero cambiarme.

-Si así estás bien. –Su mirada recorrió cada parte de mi cuerpo, de arriba abajo.

-Imbécil. –Dije riendo.

-Me gusta tu sujetador. –Lo cogió, se acercó a mí, y me lo dio. –Ah, y tus braguitas. –Me las dio también.

-Gracias. –Reí. –A mí tus bóxers.

Y salí de la habitación sin más. Dejándolo con unas ganas inmensas de besarme. Entré de nuevo al servicio y me vestí. Peiné mi cabello dejándolo completamente liso. Decidí no maquillarme, no sabía lo que íbamos a hacer hoy. Era domingo y no habíamos hecho ningún plan. Volví a entrar a su habitación.

-¿No te ha desaparecido nada más? –Preguntó riéndose.

-No. –Me senté en su cama y miré hacia abajo, sin sentido.

-Pues anda con cuidado.  Estás preciosa con la toalla enrollada en tu cuerpo.

-No te creas, que tú también corres peligro.

Deslicé mi mano sobre sus abdominales. Él mordió sus labios y eso significaba una cosa. Se abalanzó sobre mis labios robándome un beso. Casi me quedo sin respiración. Me senté sobre él y comencé a besar su cuello. Notaba que le gustaba por la cara que ponía. Él ponía sus manos sobre mi cintura. Puse mis brazos alrededor de su cuello. Le di un tierno beso. Abren la puerta.

-Hermanito, -Era Jazzy. -¿vais a bajar a desayunar?

Me quité inmediatamente de encima de Justin. Él rió.

-Pequeña, te tendré que enseñar a llamar a la puerta antes de entrar. –Y soltó una pequeña carcajada. –Ahora bajamos.

{Por la tarde}

-Estos son los nuevos vecinos.

Jeremy nos presentó a unos señores, y a su hija que tendría más o menos mi edad. No me dio muy buena impresión la primera vez que la vi, la verdad. Miró a Justin con cara de deseo, y eso ya sí que era tocar mi territorio. Espero que no empezaran mal las cosas.

-Y este es mi hijo, Justin, y su novia, Melanie.

Por si no le había quedado claro, ya lo sabía. Me miró con una cara desafiante. ¿Se podía saber de qué iba? Cogí a Justin de la mano y nos fuimos hacia la puerta para salir.

-Esperad, llevaros a Michelle un rato. No tiene amigos aquí y así os conoce, y conoce también la zona.

Lo que faltaba. Ahora nos la teníamos que llevar. ¿No se daba cuenta de que iba a ir de sujeta velas? No pintaba nada allí con nosotros.

-Hola, -Dijo intentando aparentar dulzura. -¿dónde vamos?

-En realidad no íbamos a ningún sitio en concreto, -Respondió Justin. –pero podemos ir al lago.

-¿Al lago? ¡Qué bien! –Rió Michelle.

Los tres salimos en dirección al lago. Me pasé todo el camino en silencio. Mientras, Justin y Michelle hablaban sobre sus grupos favoritos de música. Parecía que a ella también le gustaba mucho cantar. Compartían un mismo sueño. Ya tenían algo en común. Pero como siguiera tonteando con él lo que iba a tener es mi mano en su cara.

-Ya hemos llegado.

Era precioso aquel lugar. El agua era tan clara y limpia que se transparentaban las rocas que había en el fondo. Había un árbol que  hacía una gran sombra en tierra. Me quedé contemplándolo unos cuantos segundos. Fue como un amor a primera vista, como el que tuve con Justin. Algo en mí me decía que tenía algo de especial. Que algo ocurriría allí marcando mi vida. Era un estúpido presentimiento, pero así era. Justin me abrazó por detrás y apoyó su cabeza en el hombro. Nos quedamos mirando el paisaje.

-Mañana venimos solos, tú y yo. -Susurré a lo bajito para que solo él me escuchara.

-Me parece perfecto.

-Es que es precioso. –Dije.

-¿Cómo yo? Lo sé. –Noté su ligera risa en mi oído.

-Eres un creído, pero te quiero.

El simple echo de estar apoyado sobre mí, provocaba que mis tripas se revolvieran despertando todos mis sentidos. Mi corazón latía a toda hostia. Un día de estos se me iba a salir del sitio. ¿Nunca habéis querido tanto algo hasta el cierto punto de tener miedo a que te lo quiten? Pues eso sentí cuando Michelle se acercó hacia nosotros interrumpiendo nuestro momento. 

-Mañana podríamos venir a bañarnos, ¿no? -Dijo.

-Bueno, es que mañana habíamos quedado para venir solos. -Dije yo, sin descaro alguno.

-No pasa nada, ya vendremos otro día tú y yo. -Finiquitó Justin.

Y eso me sentó como si me hubieran pegado un puñetazo en mi barriga. No exagero. Ya tenía que venir la puta vecina a incordiar, pero lo peor era que Justin le seguía el royo. Seguro que le daba pena porque estaba sola. Lo conozco demasiado bien. Pero es que teníamos nuestros planes, él y yo. No él, yo y Michelle.


No hay comentarios:

Publicar un comentario