Tu rastro.

martes, 7 de agosto de 2012

CAPÍTULO 14.


Y le besé, porque me tocaba hacerlo, porque quería hacerlo, y porque este era uno de los últimos besos que le daría antes de partir hacia Madrid. Un beso tras otro. No parábamos. Apenas respirábamos. Sus besos dulces me lo decían todo. Me transmitían sensaciones tan difíciles de explicar… En fin, que me volvía loca.

Justin se levantó, yo estaba tumbada aún en tierra y él me tendió la mano para levantarme. Me levanté. Pero instantáneamente me cogió por los aires. Yo enrollé mis piernas alrededor de su cintura. Y reí sobre su boca. Le gustaba. ‘Me encantas’, dijo riendo también. Entonces se volvió a hacer dueño de mi cuello. Comenzó a besarlo. Sin parar. Sin fin. Besos llenos de deseo. Todos sus besos me transmitían lo inexplicable. Esa sensación. El amor. Justin continuaba. Ya me había dejado una pequeña marca, pero ahora me hizo otra más grande. No me importaba. Me dio un pequeño mordisco y puso fin a ese ‘juego’.

-Bieber, vas a tener que correr cuando mi padre vea lo que me has hecho en el cuello.

-Le diré que tú empezaste primero. –Y carcajeó- Es que eres irresistible, bebé.
-Pero si yo no te he hecho nada. Te va a pillar. –Dije riendo.

-Pues entonces tendrás que hacerme tú uno también, ¿no?

Me seducía con la mirada. Me lancé sin pensarlo dos veces a su cuello. Comencé recorriéndolo con pequeños besos. Pero fui a más. Parecía que lo estuviera succionando poco a poco. Notaba las manos de Justin recorriendo mi espalda. Las había metido por debajo de mi camiseta. Estaban calientes. Justin en sí estaba caliente. Lo notaba. Lo sabía. Lo conocía. Siempre que lo estaba lamía sus labios. Y lo estaba haciendo. Millones de escalofríos recorrían mi cuerpo. Justin, ¿cómo consigues hacerme sentir esto? Pero seguía a lo mío. Devorar su sabroso cuello.  Y también le dejé mi regalito.

-Me gusta. Pareces una vampira chupándome la sangre, no te controlas, ¿eh? –Dijo con una cara que diría yo de placer.

-Es que me vuelves loca.

-Pues quiero volverte loca siempre.

-Vas por el buen camino. –Le dije y le planté un beso en los labios. Sin más.
-Hablando de caminos, ¿sabes volver hacia donde están las bicis? –Me dijo.

-¿Yo? Te recuerdo que eres tú quien vives aquí toda la vida.

Me cogió de la mano. Parecía inspeccionar un poco aquella zona con su mirada. Estábamos rodeados de árboles. No se podía ver nada más.

-Creo que  nos hemos perdido. –Me dijo, ponía cara de asustado.

-¿Qué? No puede ser. –Dije con preocupación.

-Lo peor es que hay animales peligrosos por aquí.

Miró la hora en su reloj. Lanzó un suspiro. Seguía con aquella cara de susto. Me estaba empezando a preocupar. Sólo quería salir de aquel lugar. Ahora la que ponía cara de susto era yo. Entonces, Justin comenzó a reírse.

-¿Por qué te ríes? A mí no me hace nada de gracia. –Le dije, alzando el tono de voz.

-Pones una cara como… de asustada. ¡Que es broma! Claro que sé cómo salir de aquí.

-Imbécil, me habías preocupado.

-Me gusta cómo suena ese ‘imbécil’ de boca.

-Pues te lo dedico, imbécil.

-Bebé, no juegues. Me pones mucho cuando estás enfadada y dices eso.

Y buuuuuuuuuuuuuuuuuum, algo explotó dentro de mí. Maldito sentimiento. A mí me volvió loca en ese instante. Me acerqué a él. Apenas estaba a unos pocos centímetros de sus labios.

-Imbécil, tenemos que irnos. –Le susurré, y le di un beso en su dulce boca.

Sé que se quedó con ganas de más. Me cogió de la mano, y fuimos por un camino. Sí, era ahí donde estaban las bicis. Nos montamos sobre ellas y comenzamos a pedalear rumbo Stratford, por fin.

Llegamos. Justin se fue a cenar, y yo también. Más tarde, fui a la habitación con Ryan. Quería ayudarme a hacer la maleta.

-No te irás por mucho tiempo, ¿verdad? –Me dijo, como esperando un ‘no’ por respuesta.

-No lo sé. Yo también quiero volver pronto, pero todo depende de la salud de mi abuela..

-Te he cogido mucho cariño, Mel. –Dijo abrazándome por detrás.

-Y yo. Pero voy a volver… y cuando vuelva me quedaré por siempre.

-Y cuando vuelvas para quedarte por siempre celebraremos una fiesta, ¿prometido?

-Prometido. Ahora prométeme tú una cosa, por favor.

-Dime.

-Cuida de Justin. Por favor, que no haga locuras. Y vigila a las lagartas que se acerquen a él. –Dije riendo.

-Lo haré, prometido. Confía en mí.

-Y a Paloma.

-A esa como la que más.

Empezamos a reírnos. Qué a gusto me encontraba con Ryan. Era mi ‘hermanastro’ pero lo estaba empezando a considerar como un hermano. Nunca había tenido hermanos, pero sin duda diría que sí. Que a él lo tenía. A Ryan lo apreciaba mucho. Mucho.

-¿Sabes? –Me dijo- A veces siento envidia de Justin.

-¿Por qué? -Dije, extrañada.

-Por que le quieres demasiado.

No entendía lo que quería decir. ¿Qué sentía envidia de Justin porque le quería demasiado? A él también le quería demasiado. Pero existe una gran diferencia. A Justin le quiero de una manera diferente, especial.
-¿A qué te refieres, Ryan? A ti también te quiero.

-Ya, pero siempre he querido que una chica me tratara como tú tratas a él.

-Y algún día encontrarás a esa chica, estoy segura. –Le dije, y le di un beso en la mejilla. –Bueno, ¿me ayudas a hacer la maleta?

Entonces, comenzamos a revolver el armario. Ropa y más ropa. Buscaba mi camiseta favorita. Pero no la encontraba. No puede ser. Tenía que estar ahí. Revisé cada cajón. Tampoco estaba. Me fijé que en la esquina del armario se encontraba un papel. Lo iba a tirar a la basura. Pero, espera. Era una nota. Había algo escrito.

‘Bebé, si te falta una camiseta no la busques. Ah, y un pañuelo así color rojizo tampoco lo busques. Lo tengo yo. Huele a ti. Lo oleré cada día. Y eso serán unas pequeñas vitaminas que necesitaré cada mañana para seguir adelante. Ese olor tan tuyo. A tu colonia. Me recuerda mucho a tu piel suave. Y a tu cuello. Que por cierto, cuando vuelvas lo pienso volver a devorar. Sé que ahora estarás haciendo la maleta. Y posiblemente ahora que estás leyendo esto, yo estaré en mi ventana mirándote. Me gusta tanto hacer eso… Por cierto,  mañana antes de irte pasaré a tu casa, y te robaré un beso. Espérame. No te vayas sin despedirte, aunque sé que no lo harás y tenías pensado ir mi casa. Te conozco.  Siento haberme llevado tus cosas sin permiso pero es que necesito algo tuyo para sobrevivir este tiempo que voy a estar sin ti.
Pd: No me olvides, yo no lo voy a hacer.’

¿Cómo lo voy a olvidar? No tiene la mínima idea de lo mucho que lo quiero, sin duda. Cogí la notita y lo metí en el bolsillo de mi pantalón vaquero. Ryan seguía buscando mi camiseta. Pobre. No sabía que me lo habían quitado por propia supervivencia. Ni sabía que ese ''pequeño ladronzuelo'' era su amigo. Lancé un suspiro. Me acerqué a la ventana, buscando algo. Más exactamente, buscándolo a él. Miré. Y algo de ahí resplandecía con magia. Sí, era su sonrisa. Le sonreí. Me quedé un buen rato mirándole. Él también me miraba. Nos lo decíamos todo con la mirada. Le brillaban los ojos. Moría de amor.
Una hora más tarde. Maleta echa. Fui al comedor. Jugué un poco con el pequeño. Me encantaban los niños. Ryan se reía porque decía que yo estoy para montar una guardería. Pasaron más horas. Era tarde. Decidimos irnos todos ya a dormir. Mañana nos tendríamos que levantar pronto. Mi padre y Ryan me acompañarían al aeropuerto. Estaba nerviosa. ¿Por qué? No quería irme, pero tenía ganas de ver a la abuela. Bueno, y a mi tía. Porque sé que volvería a Stratford, y sé que volvería para quedarme a vivir aquí. Mi padre me lo había confirmado.

Fui a mi habitación. Saqué la nota  que me había escrito Justin y la volví a leer. Sonreía como una tonta. Una tonta enamorada. ‘Pd: No me olvides, yo no lo voy a hacer’. Otra sonrisa tonta. Y unas millones de mariposas revoloteando por mi estómago. Incluyendo estallidos de fuegos artificiales de los fuertes. Y cientos de animales más. Esa sensación era única, y solo sabía provocarme aquello Justin. Justin. Su nombre ya me provocaba escalofríos por todo el cuerpo. Nunca pensé que iba a estar pensando las 24 horas del día en alguien. Pero lo estoy haciendo. Como él dice, nunca digas nunca. Es cierto. Cuando menos te lo esperas, ocurre. Y aparece alguien en tu vida. Alguien que hace cambiarla completamente. Un giro inesperado. Pero lo necesitaba. Mi vida necesitaba ese cambio. Y él me lo había dado.

Bip, bip, bip. Cogí mi móvil. Un nuevo mensaje. Él, era él.

‘Supongo que habrás leído la pequeña nota que te he dejado en la habitación, por eso te asomaste a la ventana. Quedan horas para que te vayas, y sólo te he enviado esto para que recuerdes que te voy a esperar. Aquí. En tu lugar, Stratford. Recuerda también el beso de mañana, y la infinidad de besos que me quedan por darte. Buenas noches, bebé. Te quiero.’
La sensación de antes, ahora se multiplicaba por dos mil ochocientos.
‘Me siento estúpida, tendría que haberte enviado este sms yo. Diciéndote que por supuesto que te voy a esperar, que no te voy a tener cerca, pero te tendré en mi mente. Cada día, hora, minuto, segundo. Estoy deseando darte ya ese beso de mañana. Eres irresistible, bebé. Dulces sueños. Te quiero, no lo olvides.’

Enviar. No sabría cómo definir  esto. Le quiero taaaaaaaaaaaaanto. Es que me quedo corta. Ahora era imposible coger el sueño. No dejaba de pensar en él. Pero lo más bonito…

Justin, sé que tú también estás pensando en mí en este momento. Y no sabes cuánto me gusta eso. 

1 comentario:

  1. Me encanta tu novela, no he podido comentar antes por que no me dejaba. Te puedes pasae por mi nove??
    http://unavidaencoma.blogspot.com.es/?m=1
    gracias.
    SIguela pronto, me he enganxado :D
    besos.

    ResponderEliminar