Tu rastro.

martes, 21 de agosto de 2012

CAPÍTULO 20.


No sé ni cómo Justin pudo manejar la moto hasta casa. Decía que le dolía todo. No tenía un buen aspecto, así que decidí que subiéramos a mi habitación mientras Ryan despistaba a papá, que estaba despierto en el salón. Se sentó en la cama y fui a por un pequeño botiquín que tenía en el servicio. Cogí algodón. Lo mojé con alcohol de curar y delicadamente lo pasé por sus labios apenas rozándolos.

-Escuece. –Dijo haciendo una mueca de dolor.

-Tranquilo, bebé.

Esta vez iba a cuidar yo de él. Era toda una tentación para mí rozar sus labios con aquel pequeño algodón y no poder besarlos. Y a veces me asustaba, porque no era un simple deseo, sino una necesidad. Mis latidos avanzaban a toda velocidad tras cada suspiro que lanzaba. Justin, ¿cómo provocas estas sensaciones en mí? Me hacía esa pregunta muchas veces al día, pero nunca obtenía respuesta. Y es que en esto del amor muchas veces no entiendes el por qué de los sentimientos. No entiendes el por qué el  simple echo de tener a esa persona a unos pocos centímetros  haga que tu corazón esté al borde de estallar. Ni entiendes el por qué esas mariposas revolotean cada rincón de tu estómago. Me siento como un pájaro que está aprendiendo a agitar sus alas para comenzar a volar. Estoy descubriendo sentimientos nuevos, que nunca había sido capaz de experimentar. Yo es que no soy muy experta en esto del amor, pero Justin me está enseñando.

-Hay una mejor solución para curarme. -Me dijo mientras me miraba fijamente.

-¿Cuál?

-Tus besos.

Se me salió el corazón del sitio. No sabría cómo explicar esto. Este sentimiento. Su labio se había quedado un poco hinchado debido al golpe, pero me tentaba más. Le daba un punto de chico malo mezclado con un toque sexy. No me pude resistir. Fui acercando mi boca hacia la suya, poco a poco, no había prisa. Los dos nos moríamos de ganas por probarnos de nuevo. A unos pocos milímetros se encontraba su boca de la mía. Notaba su respiración. Me lancé en busca de su lengua y de cada rincón de su boca. Entonces me perdí en aquel tierno beso. Me adentré en un mundo donde sólo existíamos él y yo. Donde la realidad supera a la ficción, porque esto, era real. Nuestras lenguas se declaraban inseparables. Él se adueñaba de mi boca, yo de la suya. Todo esto era increíble.





-Ya estoy curado. –Dijo mientras se tiraba hacia atrás, tumbándose en mi cama.

-¿Entonces soy una buena enfermera?

-Si mejoras en eso del alcohol, puedes llegar a ser una perfecta enfermera. –Y se rió.

-Pues la próxima vez que te cure otra, -Dije, para hacerle de rabiar un poco. -¿vale?

-No, -Se levantó y me robó un beso. –yo te quiero a ti, solo a ti.

Era tarde, se tenía que ir a su casa. Pattie estaría preocupada. Nos dimos un beso de buenas noches y salió por la puerta de mi habitación. Fui directa a la ventana, lo vería pasar por allí. Efectivamente. Al pasar, alzó su mirada hacia arriba y me vio. Me sonrió de esa manera tan suya… despierta, Mel. Me puse mi pijama, encendí mi portátil y me posé en la cama. Se acababa de ir y ya lo echaba de menos. Necesitaba un poco de él. Así que me metí en Youtube y vi esos vídeos que estaban subidos. Solo habían dos, pero eso me llenaba lo suficiente para adentrarme en un mundo mágico. En nuestro mundo. Cogí mis cascos y comencé a escuchar su dulce voz. Increíble. ¿No os pasa que cuando sentís algo tan fuerte  no sabéis como expresarlo? Pues eso me pasa en este momento. Y es que cada pequeño detalle de él me encantaba.

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Nuevo día. Hice lo mismo que todas las mañanas. Una vez vestida, alguien llamó a la puerta de mi habitación.

-¿Se puede? –Era la voz de papá.

-Sí, -Contesté. –pasa, pasa.

-Cariño, hoy Alisson y yo celebramos nuestro aniversario, ¿podrías hacerte cargo del pequeño? Ya sabes que a Ryan no le va mucho eso de cuidar a niños, por eso he pensado en ti.

-Claro, yo me hago cargo, papá. Además, sabes que me encantan los niños.

-Perfecto. Nos vamos en cinco minutos. Charles aún está durmiendo, pero cuando se levante dale la papilla que hay en la encimera de la cocina, ¿vale? Si necesitas algo me llamas, volveremos por la noche.

-No te preocupes, pasarlo bien. –Y le di un beso en la mejilla.

Acompañé a mi padre hasta el salón, allí estaba Alisson y se dieron un tierno beso. Me entró una especie de escalofrío. Ellos sobrepasaban los 40 años y se les veía enamorados, muy enamorados. Aunque sé que papá siempre tendrá el recuerdo de mamá, pero hay veces en las que debemos pasar página. Estoy segura de que ella lo mira desde el cielo y estará contenta al verlo feliz con otra mujer que también le hace sonreír. Me llaman mucho la atención. Normalmente veo por la calle a parejas ya mayores y no se les nota  esa complicidad. En cambio, a papá y a Alisson se les nota completamente esa chispa. Yo quería sentir eso también a los 30, 40, o 70 años de edad. Y lo quería sentir siempre hacia la misma persona. No os he dicho el nombre, pero sabéis por quien lo digo.

Escuché unos pequeños lloros en la habitación. Fui hacia allí, Charles se acababa de despertar. Lo cogí en brazos y le di un beso en la mejilla. Me encantaba el olor que desprendía, a bebé. Como Justin. Él olía también a bebé, y tenía la piel suave. Lo llevé a la cocina y lo senté en aquella trona. Le puse el babero y me dispuse a que le diera la primera cucharada. Ponía cara de felicidad. Le gustaba comer, y debido a eso se le formaban aquellos mofletes. Pero era muy gracioso. Balbuceaba algunas cosas que no lograba entender. Hablaba poco, aunque a veces hablaba con bastante claridad. Lo normal a sus casi 3 años. Llaman a la puerta.

-Voy a abrir un segundo, no te muevas guapo. –Le dije mientras apartaba su plato por si lo tiraba al suelo.

Fui a abrir la puerta, no tenía ni idea de quién sería. Pero ahí apareció Justin cogido de la mano de una niña pequeña, y sosteniendo en brazos a un niño que parecía tener menos edad.

-¿Podemos pasar? –Me dijo plantándome un beso en la mejilla.

-Claro. –Les hice un gesto para que entraran en casa.

Justin bajó de sus brazos al pequeño, y junto con la otra niña se fueron directos al salón. Justin me cogió de la mano y se acercó a mí.

-Hay una cosa que no te había contado. Mi padre tiene dos hijos con la mujer con la que está, y bueno, son ellos. –Dijo señalando a los niños. –Han venido hoy a visitarnos.

-No pasa nada, ¿hay algún misterio más en tu vida? –Dije sonriéndole a apenas unos dos centímetros de su cara.

-Ninguno. Lo demás lo descubrirás tú cuando quieras. –Me dio un dulce beso en los labios y me llevó al salón.

-Jazzy, Jaxon. Venir. –Dijo, llamándolos. Los pequeños corrieron hacia él. –Esta es Mel, ¿a que es guapa?

-Sí, -Dijo la pequeña con un dulce hilo de voz.

-Oh, tú también eres muy guapa. –Dije dándole un pequeño beso en la mejilla.

-Jaxon se ha quedado embobado mirándote, ya sabes lo que piensa. –Me dijo Justin, riéndose.

-Hola, ¿te llamas Jaxon? –Le pregunté yo al pequeño.

-Sí.. –Dijo, parecía tener vergüenza.

-Bonito nombre. –Respondí.

-¡Meeeeel! –Me llamaba Charles desde la cocina, me había olvidado de él.

Fui a por él, lo cogí en brazos y lo llevé hasta el salón. Vio a los pequeños y parece que se conocían ya de antes. Decidí dejarlo en el suelo y fue corriendo a abrazarlos.

-¡Charlsss! –Dijo Jazzy. –Cuanto tiempo. Te he traído un dibujo, ¡dáselo, Justin!

-Oh, -Dijo Justin entregándole aquel dibujo a Charles. –aquí lo tienes, te lo hizo mi hermanita con toda su ilusión.

Era un dibujo muy gracioso. La pequeña dibujaba bien para su corta edad. En el dibujo aparecía una casa, un árbol en una esquina, el Sol arriba, y Jazzy, Jaxon y Charles jugando con una pelota. Los niños se quedaron viendo la tele. Justin y yo nos sentamos en el sofá, regalándonos caricias.

-Creo que hoy va a ser un día agotador, -Le dije a Justin. –me toca encargarme del pequeño.

-Bueno, yo te puedo ayudar. Además, si traigo a Jazzy y a Jaxon se puede distraer con ellos.

-Son muy tiernos tus hermanitos.

-Como tú. –Me dijo y me plantó un beso corto en los labios.

La pequeña Jazzy nos miró extraños. Cogió un papel y los rotuladores que había dejado sobre la mesa y comenzó a dibujar. A los dos minutos se acercó a nosotros mostrándonos su dibujo. Aparecía una chica vestida de princesa, con corona incluida, besando a un chico, también vestido de príncipe. Al fondo se podía encontrar una montaña y un castillo a lo lejos.

-Mirad, estos sois vosotros. –Dijo, señalando su dibujo.

-¡Qué bien dibujas, Jazzy! –Le dije.

-¡Oh! –Dijo Justin, cogiendo a la pequeña en brazos. -¡Eres toda una artista!

Jazzy nos sonrió, y le susurró algo a Justin en el oído. Pero logré escuchar  ''¿Sois novios, verdad?''. Entonces él respondió ''Sí, ¿te gusta como la novia de tu hermanito mayor?'' y la pequeña asintió con la cabeza. A continuación, Justin le empezó a hacer cosquillas y Jazzy se moría de la risa.

-Tengo una idea. –Dijo Justin, mirando su reloj. -¿Qué tal si nos vamos al parque a comer?

Dicho y hecho. Justin me ayudó a preparar unos sándwiches, que por cierto, salieron deliciosos. Cogí la comida del pequeños y fuimos en dirección al parque. La tarde fue estupenda.

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