No sé ni cómo Justin pudo manejar la moto hasta casa. Decía
que le dolía todo. No tenía un buen aspecto, así que decidí que subiéramos a mi
habitación mientras Ryan despistaba a papá, que estaba despierto en el salón.
Se sentó en la cama y fui a por un pequeño botiquín que tenía en el servicio.
Cogí algodón. Lo mojé con alcohol de curar y delicadamente lo pasé por sus
labios apenas rozándolos.
-Escuece. –Dijo haciendo una mueca de dolor.
-Tranquilo, bebé.
Esta vez iba a cuidar yo de él. Era toda una tentación para
mí rozar sus labios con aquel pequeño algodón y no poder besarlos. Y a veces me
asustaba, porque no era un simple deseo, sino una necesidad. Mis latidos
avanzaban a toda velocidad tras cada suspiro que lanzaba. Justin, ¿cómo
provocas estas sensaciones en mí? Me hacía esa pregunta muchas veces al día,
pero nunca obtenía respuesta. Y es que en esto del amor muchas veces no
entiendes el por qué de los sentimientos. No entiendes el por qué el simple echo de tener a esa persona a unos
pocos centímetros haga que tu corazón
esté al borde de estallar. Ni entiendes el por qué esas mariposas revolotean
cada rincón de tu estómago. Me siento como un pájaro que está aprendiendo a
agitar sus alas para comenzar a volar. Estoy descubriendo sentimientos nuevos,
que nunca había sido capaz de experimentar. Yo es que no soy muy experta en
esto del amor, pero Justin me está enseñando.
-Hay una mejor solución para curarme. -Me dijo mientras me
miraba fijamente.
-¿Cuál?
-Tus besos.
Se me salió el corazón del sitio. No sabría cómo explicar
esto. Este sentimiento. Su labio se había quedado un poco hinchado debido al
golpe, pero me tentaba más. Le daba un punto de chico malo mezclado con un
toque sexy. No me pude resistir. Fui acercando mi boca hacia la suya, poco a
poco, no había prisa. Los dos nos moríamos de ganas por probarnos de nuevo. A
unos pocos milímetros se encontraba su boca de la mía. Notaba su respiración. Me
lancé en busca de su lengua y de cada rincón de su boca. Entonces me perdí en
aquel tierno beso. Me adentré en un mundo donde sólo existíamos él y yo. Donde
la realidad supera a la ficción, porque esto, era real. Nuestras lenguas se
declaraban inseparables. Él se adueñaba de mi boca, yo de la suya. Todo esto
era increíble.
-Ya estoy curado. –Dijo mientras se tiraba hacia atrás,
tumbándose en mi cama.
-¿Entonces soy una buena enfermera?
-Si mejoras en eso del alcohol, puedes llegar a ser una perfecta
enfermera. –Y se rió.
-Pues la próxima vez que te cure otra, -Dije, para hacerle
de rabiar un poco. -¿vale?
-No, -Se levantó y me robó un beso. –yo te quiero a ti, solo
a ti.
Era tarde, se tenía que ir a su casa. Pattie estaría
preocupada. Nos dimos un beso de buenas noches y salió por la puerta de mi
habitación. Fui directa a la ventana, lo vería pasar por allí. Efectivamente.
Al pasar, alzó su mirada hacia arriba y me vio. Me sonrió de esa manera tan
suya… despierta, Mel. Me puse mi pijama, encendí mi portátil y me posé en la
cama. Se acababa de ir y ya lo echaba de menos. Necesitaba un poco de él. Así
que me metí en Youtube y vi esos vídeos que estaban subidos. Solo habían dos,
pero eso me llenaba lo suficiente para adentrarme en un mundo mágico. En
nuestro mundo. Cogí mis cascos y comencé a escuchar su dulce voz. Increíble.
¿No os pasa que cuando sentís algo tan fuerte
no sabéis como expresarlo? Pues eso me pasa en este momento. Y es que
cada pequeño detalle de él me encantaba.
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Nuevo día. Hice lo mismo que todas las mañanas. Una vez
vestida, alguien llamó a la puerta de mi habitación.
-¿Se puede? –Era la voz de papá.
-Sí, -Contesté. –pasa, pasa.
-Cariño, hoy Alisson y yo celebramos nuestro aniversario,
¿podrías hacerte cargo del pequeño? Ya sabes que a Ryan no le va mucho eso de
cuidar a niños, por eso he pensado en ti.
-Claro, yo me hago cargo, papá. Además, sabes que me
encantan los niños.
-Perfecto. Nos vamos en cinco minutos. Charles aún está
durmiendo, pero cuando se levante dale la papilla que hay en la encimera de la
cocina, ¿vale? Si necesitas algo me llamas, volveremos por la noche.
-No te preocupes, pasarlo bien. –Y le di un beso en la
mejilla.
Acompañé a mi padre hasta el salón, allí estaba Alisson y se
dieron un tierno beso. Me entró una especie de escalofrío. Ellos sobrepasaban
los 40 años y se les veía enamorados, muy enamorados. Aunque sé que papá
siempre tendrá el recuerdo de mamá, pero hay veces en las que debemos pasar
página. Estoy segura de que ella lo mira desde el cielo y estará contenta al
verlo feliz con otra mujer que también le hace sonreír. Me llaman mucho la
atención. Normalmente veo por la calle a parejas ya mayores y no se les nota esa complicidad. En cambio, a papá y a Alisson
se les nota completamente esa chispa. Yo quería sentir eso también a los 30,
40, o 70 años de edad. Y lo quería sentir siempre hacia la misma persona. No os
he dicho el nombre, pero sabéis por quien lo digo.
Escuché unos pequeños lloros en la habitación. Fui hacia
allí, Charles se acababa de despertar. Lo cogí en brazos y le di un beso en la
mejilla. Me encantaba el olor que desprendía, a bebé. Como Justin. Él olía
también a bebé, y tenía la piel suave. Lo llevé a la cocina y lo senté en
aquella trona. Le puse el babero y me dispuse a que le diera la primera
cucharada. Ponía cara de felicidad. Le gustaba comer, y debido a eso se le
formaban aquellos mofletes. Pero era muy gracioso. Balbuceaba algunas cosas que
no lograba entender. Hablaba poco, aunque a veces hablaba con bastante
claridad. Lo normal a sus casi 3 años. Llaman a la puerta.
-Voy a abrir un segundo, no te muevas guapo. –Le dije
mientras apartaba su plato por si lo tiraba al suelo.
Fui a abrir la puerta, no tenía ni idea de quién sería. Pero
ahí apareció Justin cogido de la mano de una niña pequeña, y sosteniendo en
brazos a un niño que parecía tener menos edad.
-¿Podemos pasar? –Me dijo plantándome un beso en la mejilla.
-Claro. –Les hice un gesto para que entraran en casa.
Justin bajó de sus brazos al pequeño, y junto con la otra
niña se fueron directos al salón. Justin me cogió de la mano y se acercó a mí.
-Hay una cosa que no te había contado. Mi padre tiene dos
hijos con la mujer con la que está, y bueno, son ellos. –Dijo señalando a los
niños. –Han venido hoy a visitarnos.
-No pasa nada, ¿hay algún misterio más en tu vida? –Dije
sonriéndole a apenas unos dos centímetros de su cara.
-Ninguno. Lo demás lo descubrirás tú cuando quieras. –Me dio
un dulce beso en los labios y me llevó al salón.
-Jazzy, Jaxon. Venir. –Dijo, llamándolos. Los pequeños
corrieron hacia él. –Esta es Mel, ¿a que es guapa?
-Sí, -Dijo la pequeña con un dulce hilo de voz.
-Oh, tú también eres muy guapa. –Dije dándole un pequeño
beso en la mejilla.
-Jaxon se ha quedado embobado mirándote, ya sabes lo que
piensa. –Me dijo Justin, riéndose.
-Hola, ¿te llamas Jaxon? –Le pregunté yo al pequeño.
-Sí.. –Dijo, parecía tener vergüenza.
-Bonito nombre. –Respondí.
-¡Meeeeel! –Me llamaba Charles desde la cocina, me había
olvidado de él.
Fui a por él, lo cogí en brazos y lo llevé hasta el salón.
Vio a los pequeños y parece que se conocían ya de antes. Decidí dejarlo en el
suelo y fue corriendo a abrazarlos.
-¡Charlsss! –Dijo Jazzy. –Cuanto tiempo. Te he traído un
dibujo, ¡dáselo, Justin!
-Oh, -Dijo Justin entregándole aquel dibujo a Charles. –aquí
lo tienes, te lo hizo mi hermanita con toda su ilusión.
Era un dibujo muy gracioso. La pequeña dibujaba bien para su
corta edad. En el dibujo aparecía una casa, un árbol en una esquina, el Sol
arriba, y Jazzy, Jaxon y Charles jugando con una pelota. Los niños se quedaron
viendo la tele. Justin y yo nos sentamos en el sofá, regalándonos caricias.
-Creo que hoy va a ser un día agotador, -Le dije a Justin.
–me toca encargarme del pequeño.
-Bueno, yo te puedo ayudar. Además, si traigo a Jazzy y a
Jaxon se puede distraer con ellos.
-Son muy tiernos tus hermanitos.
-Como tú. –Me dijo y me plantó un beso corto en los labios.
La pequeña Jazzy nos miró extraños. Cogió un papel y los
rotuladores que había dejado sobre la mesa y comenzó a dibujar. A los dos
minutos se acercó a nosotros mostrándonos su dibujo. Aparecía una chica vestida
de princesa, con corona incluida, besando a un chico, también vestido de
príncipe. Al fondo se podía encontrar una montaña y un castillo a lo lejos.
-Mirad, estos sois vosotros. –Dijo, señalando su dibujo.
-¡Qué bien dibujas, Jazzy! –Le dije.
-¡Oh! –Dijo Justin, cogiendo a la pequeña en brazos. -¡Eres
toda una artista!
Jazzy nos sonrió, y le susurró algo a Justin en el oído.
Pero logré escuchar ''¿Sois novios,
verdad?''. Entonces él respondió ''Sí, ¿te gusta como la novia de tu hermanito
mayor?'' y la pequeña asintió con la cabeza. A continuación, Justin le empezó a
hacer cosquillas y Jazzy se moría de la risa.
-Tengo una idea. –Dijo Justin, mirando su reloj. -¿Qué tal
si nos vamos al parque a comer?
Dicho y hecho. Justin me ayudó a preparar unos sándwiches,
que por cierto, salieron deliciosos. Cogí la comida del pequeños y fuimos en
dirección al parque. La tarde fue estupenda.

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