Tu rastro.

lunes, 13 de agosto de 2012

CAPÍTULO 16.


Me desperté sobresaltada al escuchar la voz de mi tía gritando que me levantara. Pero si aún era pronto. No entendía el por qué tantas prisas. Ah, sí, íbamos a visitar a mi abuela al hospital. Entre eso y que me dolía la cabeza, empezaba bien el día. Irónicamente. Me pasé toda la noche de ayer llorando por aquel sms, y ahora venían las consecuencias. Parecía que me iba a estallar de un momento a otro la cabeza.

Fui al baño a lavarme la cara. Me miré en el espejo cuando… esas dos marcas en mi cuello. Las visualicé. Deslicé la yema de mis dedos sobre ellas. El recuerdo de aquel día en que me las hizo aún seguía presente. Justin en sí seguía presente en mi corazón. Volví a deslizar otra vez la yema de mis dedos sobre la zona. Me sentía estúpida. No, no lo podía creer aún. Sería una broma estúpida de Justin. ¿O no? ¿Y si era real? Estaba hecha un lío. Lo peor es que me entraron ganas de llamarle, y de repente me acordé de que ayer estampé el móvil contra el suelo.

Me metí en la ducha, me sequé y me vestí. Todo muy rápidamente. Fui a la cocina y cogí un zumo de la nevera. Estaba fresco y no me sentó nada mal. Me refresqué un poco. Y nos fuimos hacia el hospital.

Siempre me ha dado mala espina entrar en estos sitios donde sólo hay enfermos, aunque por otra parte, nacen nuevas vidas. Es que nunca me han gustado los hospitales. Subimos las escaleras. Mi abuela estaba en la segunda planta. Entramos a la habitación, y una sonrisa se le iluminó en el rostro. Me acerqué a ella, le di dos besos en sus arrugadas mejillas, y le di un abrazo. Al abrazarla sentí una sensación extraña. Mi último abrazo se lo había dado a él. Todo me recordaba a Justin. Justin. Justin y más Justin. Mi tía y yo nos sentamos en unos pequeños asientos que habían. Después de hablar un largo rato, a mi abuela le entró un ataque de tos. No podía parar. Llamaron a los enfermeros, porque casi no podía respirar. Estaba asustada. Le dieron varias pastillas. Pero yo le notaba diferente, no tenía la misma cara que siempre.

-¿Te encuentras mejor, abuela? –Le pregunté, y le sonreí.

-Ya sabes que estoy mayor… y lo que me tenga que pasar me pasará. Si me voy al cielo estaré con tu abuelo.

Esas palabras me hicieron humedecer los ojos. Eso significaba que estaba mal, y que los médicos habían anunciado que estaba en sus últimas. Ella no, ella se tenía que quedar aquí con nosotros. Pero así es la vida. Todos nos tenemos que ir de aquí algún día.

-Pero abuela, tú eres fuerte.

-Y tú cariño, cuando yo me vaya te mandaré fuerzas desde ahí arriba.

Miré a mi tía. Me transmitió con la mirada que dentro de poco mi abuela nos iba a dejar. Yo no podía más. Todo estaba saliendo mal tan de repente…

-Voy a por un refresco, -Dije- ahora vengo.

Mi tía puso cara extraña, como diciendo ‘si te has tomado uno antes de salir de casa’. Y tenía razón. Pero es que no iba a por un refresco, iba a despejarme de todo. De todo.

Salí de aquel hospital. Fui hacia un pequeño parque que había al lado. Me senté en un banco. Delante de mí había una pareja. Parecían muy enamorados. Joder, me recordaban tanto a Justin y a mí… Una ráfaga de aire movió mi pelo hacia atrás. Noté como si fuera él quien acariciara mi cabello. Pero obviamente no era así. Otra vez volvieron a salir lágrimas de mis ojos. Me puse las gafas de sol, no quería que nadie me viera llorar. Aunque, en realidad, me daba igual lo que la gente pensara de mí.

En ese momento, un grupo de adolescentes pasaron por mi lado. Tendrían más o menos mi edad, aunque no me fijé mucho. Uno de ellos se paró justo en frente mía.

-Eh, guapa, ¿qué haces aquí tan sola? –Me dijo.

Me quedé callada. No quería hablar con ellos, ni con él. Además, no me conocía, ¿qué más le daba? Pasaron unos segundos y se percataron.

-¿Por qué no hablas? –Me dijo otro chico, que llevaba una gorra bastante moderna.

-Porque no me da la gana. Ahora si no os importa ya os podéis marchar. –Les dije, a todos en general.

-Ui, encima gruñona. Me gusta. –Dijo el mismo de la gorra. Y todos comenzaron a reírse.

-¿Me podéis dejar en paz? Gracias. –Dije, ya me estaban empezando a cabrear.

-¿Qué? Vente con nosotros, te lo pasarás bien.

-Eso, eso. –Escuchaba que decían por el fondo.

-No os conozco, así que no me pienso ir con vosotros, ¿lo pilláis o qué? –Dije saliendo de aquel parque.

Quería huir de ellos. Escapar. Ir a cualquier sitio. Necesitaba estar sola. Caminaba muy rápido, me estaban siguiendo. No corría por no llamar la atención. Justin. Si estuviera él aquí no me estaría pasando esto. Él los hubiera mandado a la mierda rápido. Y no hubiera permitido que se acercasen a mí.

No sé cómo, acabé en un callejón. No veía la salida por ningún lado. Los chicos se me acercaban. El de la gorra se sitió justo enfrente mía. Estaba temblando. Tenía miedo. Mucho. No sabía qué querían de mí. Poco a poco se acercó más a mí. No reaccionaba. Estaba quieta. El chico puso sus manos sobre mi cadera. Mel, ¿qué coño haces? Sal de allí ya. Empujé al de la gorra. Pero él me agarró fuerte por la espalda.

-¡Suéltame! –Dije gritando.

-No te voy a soltar. Quiero saber qué hacía una chica tan guapa por ahí sola.

-Pues estaba llorando, porque todo me sale mal. ¿Vale? Y ahora, por favor suéltame.

Unas lágrimas abundaron en mi rostro. El chico me agarraba aún más fuerte. Me miró fijamente. Pero al fin me soltó. Salí corriendo. Estaba mareada. Me encontraba mal. ¿Qué estaba pasando en mi vida?

Paré en un bar y pedí una botella de agua fría. Bebí con más ganas que nunca.  Será mejor que olvide el día de hoy. El hospital, la abuela, los chicos…y Justin. Desde aquel mensaje no he vuelto a saber nada de él.

{Dos semanas después}

Escuché el sonido de mi despertador. Abrí un ojo. Luego el otro. Fui al baño a lavarme la cara. Volví a tumbarme en la cama. Cogí mi portátil. Lo encendí. Entré en Youtube, en su canal. Necesitaba verlo aunque fuera a través de una pantalla. Escuchar su voz. Cliqué en el vídeo que yo misma grabé. No lo podía creer. Tenía millones de visitas. Bajé para ver los comentarios. La gente decía que subiera más vídeos, que tenía talento. Me emocioné demasiado leyendo aquello. Era verdad. Justin tenía mucho talento y valía para aquello.
En ese momento, mi tía entró rápidamente a mi habitación. ‘’¡Es Justin! Toma, cógelo.’’ Llevaba días sin saber nada de él. Arreglamos aquello que pasó. Resulta que él no me había enviado ese mensaje, y yo tenía claro quién había sido. Paloma. Seguro que lo había hecho para hacer daño. No me extrañaba de ella. Cogí el teléfono.

-Hola, bebé –Me dijo con su voz, que parecía haber cambiado un poco desde la última vez.

-Hola mi amor. ¿Has entrado en tu canal? Es impresionante. ¿De dónde has sacado tantas visitas y tantos suscriptores?

-Sí, estoy emocionado. La gente me comenta y me pide más vídeos. Cuando vengas, subiremos uno.

-En las escaleras del teatro Avon, te lo prometí.

-Exacto. Quiero que vengas ya, no sabes lo mucho que te echo de menos. Miro a mi ventana y no veo tu sonrisa…

-La verás pronto. Mi abuela cada vez está peor. Los médicos dicen que le queda poco de vida. Y cuando acabe todo esto me tendrás allí.

-Piensa que es lo mejor para ella, bebé.

-Pero no quiero que se vaya. La vida es así.

-Si la vida fuera justa, tú y yo estaríamos juntos ahora mismo.

-Y te estaría besando esos labios.

-Me muero por uno de ellos, bebé.

-Y yo.

No existían palabras suficientes para describir esto. Lo que sentía por él. Lo mucho que lo necesitaba en mi vida. Lo mucho que lo echaba de menos. Terminamos la conversación, aunque sé que los dos nos quedamos con ganas de más. Pero lo necesitaba más allá de una jodida vía telefónica. Necesitaba sus besos, sus abrazos, sus caricias. Todo.

Cogí mi cámara y salí a dar un paseo con Lulú, mi perrita. Fuimos por un sitio por dónde la gente solía pasear a sus perros, también. Le tomé varias fotografías a Lulú mientras cogía la pelota que le acababa de lanzar. Jugué un rato con ella. Acabé un poco cansada y me senté en un banco que había. En el banco de al lado habían dos adolescentes escuchando música. De repente, escuché ‘Die in your arms’, la canción que Justin me había dedicado. Mi canción.

*Chicas hablando*

-¿Qué haces escuchando a mi novio?

-Pero si es mi novio, ¿de qué hablas?

-Es mío, ¿has visto cómo canta? Lo malo es que le dedica la canción a una chica.

-Será su novia real, por desgracia.

-Eso parece.

*Fin de la conversación*

Me quedé alucinando. Estaban hablando de mi novio. Parecía que la gente comenzaba a conocerlo. Eso me alegraba. Mucho. Sabía que su sueño algún día sería real. Que eso por lo que tanto ha luchado algún día tendría su recompensa. Creía en él. Iba a llegar lejos. Lo sabía. 

2 comentarios:

  1. olaa ya me he leiido todos los capis :) me e enganchado *----* jeje siguela rapido
    escribes genial :D muchos besos
    sunabieber =)

    ResponderEliminar