Tu rastro.

miércoles, 1 de agosto de 2012

CAPÍTULO 12.


Un rayo de sol pasaba por mi mejilla. Me desperté. ¿Dónde estaba? Visualicé un poco aquella habitación. Pared blanca, un póster de Los Simpson y aquella ventana. Sin duda, la habitación de Justin. ¿Y mi ropa? No llevaba puesto mi vestido, sino una camiseta suya que me venía larga.  Pero estaba yo sola en la habitación, ¿dónde estaría él? No recordaba mucho lo que pasó anoche, realmente, no me acuerdo cómo llegué aquí. Solo espero no haberle causado alguna molestia, ya que era su cumpleaños y quería verlo feliz.

Eché mi vista hacia un lado, había una mesita de noche, y sobre ella estaba mi cámara. Decidí mirar las fotografías de anoche. En la mayoría salía Justin. Volví a mirar en la que salíamos Justin y yo. Sonreí. En ese momento llamaron cuidadosamente a la puerta. Entró.

-Buenos días, bonita.

-Buenos días, ¿y mi ropa?¿qué ha pasado?¿qué hago en tu habitación?

-Eh, ¿Cuánta pregunta no? –Dijo riéndose.

-¿Qué pasó anoche?

-Te violé.

-Venga, sin tonterías. –Intenté ponerme seria, pero era imposible.

-Te queda bien mi camiseta. –Dijo sin dejar  de reírse.

-¿Lo pasaste bien anoche?

-En la cama eres una fiera.

-¡Justin!

-Así me llaman, pero me gusta más cuando eres tú la que pronuncia mi nombre.

-Estás loco.

-Por ti.

Comenzamos a reírnos. Se acercó a mí y me besó en la frente. Sus labios eran irresistibles. Ahora me acerqué yo y le besé tiernamente. Era toda una tentación para mí. Él se acercó para besarme, pero le dejé con las ganas. Eso me gustaba. Hacerme desear.

-Espera. Cuéntame lo que pasó anoche. –Le dije sonriendo, y él puso una cara extraña.

-Pero prométeme que no volverás a beber tanto.

-Te lo prometo.

-Te perdí un buen rato, pero luego te vi, ya ibas mal y comenzamos a bailar…

-Sí, hasta ahí recuerdo.

-Me contaste lo que te pasó con Paloma, así que le dije a Ana que te cuidara un segundo y fui a hablar con ella. Me dijo… bueno, que le tenías envidia y fuiste a  pisarle el traje para que quedara en ridículo.

-Espera, ¿eso te dijo? Será… Buf. –Suspiré.

-Obviamente, te creí a ti. Le dije que no se te acercara más. El resto de la noche continuó bien. Era muy tarde, y no ibas bien. Llamé a tu padre y le dije que dormías en mi casa, que no se preocupara, que dormirías en mi habitación y yo con mi madre. Y así fue. Llegamos. No tenías pijama ni nada y te dejé esa camiseta. No podías quitarte el vestido, así que te desabroché la cremallera, te desvestí, sin hacer nada más y tu sola te pusiste la camiseta. Querías que durmiera contigo, pero no quería aprovecharme, ibas mal y aunque me costó, te dejé en mi cama y me fui yo a dormir al sofá. Y fin. –Acabó la frase con una sonrisa.

-¿Cuidaste de mi? Grac..-Me cortó con un beso de los suyos.

{Por la tarde}

No había nadie en casa, así que decidí llamar a Justin para que viniera. Estábamos en mi habitación. Después de estar un buen rato comiéndonos a besos, comenzamos a ver el vídeo que hice cuando cantó en la fiesta de ayer.

-¿Sabes? Tengo una idea. –Me dijo – Subimos el vídeo a Youtube y le envío el enlace a unos familiares que ayer no pudieron venir.

-Me parece bien.

Encendí mi portátil. Pasé el vídeo al ordenador. Entramos en Youtube. Justin decía que ya tenía cuenta, se llamaba ‘kidrauhl’ y yo no tenía ni idea de lo que eso significaba. Así que me reí, me hizo gracia ese nombre. Y él puso una cara de esas extrañas que sólo sabe hacer él. Puso la contraseña, y entramos.





Vídeo subido. Justin ponía cara de emocionado.

-¿Sabes? Siempre soñé con llegar a ser alguien grande en esto de la música, que la gente me escuchara cantar y le llegaran mis canciones.

-Yo creo que algún día lo conseguirás, Justin.

-¿De verdad?

Cogí la mano de Justin, y la acerqué hasta mi pecho.

-¿Notas mi corazón?¿Notas los latidos?

-Sí.

-Vale, ahora canta algo.

-Voy a cantar ‘You Got It Bad’, de Usher.

Cerró los ojos. Se lamió los labios y comenzó a cantar. Su mano se mantenía aún sobre mi pecho, escuchando cada latido de mi corazón. Su voz era dulce, suave, sonaba demasiado bien. Esos tonos, llegaba, los hacía a la perfección. Mis latidos iban rápido, y cada vez iban a más. Su voz, me transmitía sensaciones increíbles. Inexplicables.

Terminó la canción y puso cara de satisfacción.

-¿Crees que lo he hecho bien?

-Mi corazón te ha respondido.

-Entonces.. ¿eso es un sí?

-Eso es un ‘has estado perfecto’.

Sonrió. Esa sonrisa que me vuelve loca, la que hace que me encuentre tan bien a su lado. Magia. ¿Eso existe? Yo creo que sí. Que algo así siento cuando lo veo sonreir. Que algo en mi estómago explota. Que algo hace que mi corazón parezca que esté al borde de estallar. Que miles de chispas recorran en mi interior. Que esta sensación no la he sentido en mi vida.

-Helado, me apetece un helado. –Dijo con cara de ilusión. Parecía un bebé, que quiere algo y lo quiere al instante. –Vamos, te invito.

-De eso nada. Yo me pago el mío.

-Shhh, vamos, que aún nos cerrarán.

Caminábamos por las calles de Stratford, sin soltarnos la mano ni un instante. Llegamos a un pequeño puestecito donde estaban, por supuesto, los helados. Justin parecía hambriento.  Creo que se comía los helados con la mirada. Se quedó embobado mirando un helado color azul. Lo miraba como cuando miraba mis labios. O sea, tenía unas ganas increíbles de devorar aquello y degustar su sabor. Había dos personas delante. Por fin, llegó nuestro turno y Justin seguía embobado. Le di un pequeño golpecito indicando que el señor de aquel lugar le estaba esperando.

-Lo siento, tienen muy buena pinta. –Dijo riéndose. –Mmm.. póngame ese, el azul. –Ahora se dirigía a mi- ¿Cuál quieres tú?

-El de fresa, por favor.

El señor le tendió su mano con los helados. Diría que cuando Justin tuvo su querido helado azul en la mano, puso cara de extrema felicidad. Me hizo gracia, y me reí.

-Aquí tiene. –Justin pagó, me cogió de la mano y salimos fuera.

-¿Vamos al parque? –Me dijo.

-Jo, yo prefiero un poco más de intimidad, ¿no? Allí está todo el mundo.

-¿Con que quieres intimidad, eh? Sé el sitio perfecto.

Me llevó a un sitio precioso. Verde. Verde naturaleza.  Un pequeño lago llamaba la atención en aquel lugar. Estaba lleno de árboles. Nos sentamos bajo la sombra de uno de aquellos.

-¿Qué prefieres que devore antes, el helado o tus labios? –Me dijo, lamiéndose los labios.

-Lo que te guste más.

Justin hizo ademán de ir a pegar un gran mordisco al helado, pero a unos pocos centímetros antes de devorarlo me miró, su mirada me hipnotizaba, y comenzó a reírse. Hoy estaba bromista, el chiquillo.

-Tus labios son mi gran perdición, bebé. 

Bebé. Me había llamado bebé. Me acordé de ese momento en el que era él quien parecía un bebé. Mi bebé. Solo mío. Mi suerte. Esa suerte de haberlo conocido. Ese destino, Stratford. Vine aquí en busca de mi padre, pero he encontrado a alguien más que a él. Ese sueño de poder abrazarle. Este era mi destino. He venido a encontrar mi rumbo. A encontrar un sentido a mi vida. Un sueño, un destino.

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