Tu rastro.

martes, 14 de agosto de 2012

CAPÍTULO 17.


Un día triste. Un día duro. Hoy enterramos a la abuela y nos despedimos de ella. Era una mujer valiente, luchadora y que amaba a los suyos. Sin duda, una gran persona. Siempre decía que le gustaba verme sonreir. Me hubiera encantado presentarle a Justin, porque ahora mismo, era el único que me hacía mostrar esa sonrisa. Eso de que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos es cierto. Yo la apreciaba mucho, pero ahora que no está aquí, me gustaría haber hecho muchas más cosas a su lado. Me sentía en parte estúpida. Nunca me había sentido tan pequeña en este mundo. No sabría describir lo que siento, sólo sé que estoy llorando. Llorando porque nunca más volveré a abrazarla. Nunca más volveré a besar esa mejilla llena de pequeñas arrugas debido a su edad. Nunca más podré ver su rostro si no es a través de una jodida fotografía.  Aunque siempre la tendré presente. Sé que me va a cuidar desde allí donde esté, como ella me dijo ''te mandaré  todas mis fuerzas''. Fuerzas para seguir adelante a pesar de los problemas. Ella y mamá me cuidarán.

Miré mi mesita de noche, y esa foto, me sacó fuerzas. Yo y Justin. Tenía que seguir adelante. Después de ducharme, visualicé todo mi armario. Me puse un vestido por encima de las rodillas, de color negro. Y unos zapatos negros también. Solté mi melena larga. Me maquillé un poco. Me eché un poco de mi perfume. Y salimos de casa.




Entramos en la iglesia. No había apenas gente, era una ceremonia muy íntima. Mi abuela pasó gran parte de su vida en Canadá, por lo tanto no era muy conocida aquí. 

Mi tía se sentó en la primera fila, pero yo decidí sentarme por el final. Última fila. No tenía a nadie a los lados. Pero así me sentía mejor. Cerré los ojos. Recordé todos los momentos vividos junto a mi abuela. Desde mi niñez hasta ahora. Mis ojos no dejaban de desprender lágrimas. Entonces, mi olfato percibió algo que me recordó a él. Era su perfume, exactamente su perfume. Solté una sonrisa tonta. Poco a poco notaba más cercano a mí ese olor. Pero desapareció. Abrí los ojos, pero no estaba él. Soy una ilusa. Él está en Canadá. Será mejor que deje de imaginarme cosas que no son reales. Pero en ese instante, alguien me tapó los ojos con sus manos. Notaba una piel suave, y ese olor a su perfume volvió. Noté un escalofrío. Aparté esas manos de mi rostro. Me giré. No lo podía creer. Era Justin. También habían venido Pattie, mi padre, Ryan y Alisson. Sin pensarlo dos veces lo abracé. Fuerte. Muy fuerte. Y él a mi también. Nos pasamos el suficiente tiempo abrazados como para que los demás se sentaran más adelante. En el momento de separarnos, apartó con suavidad las lágrimas de mi rostro. Sus manos. Sus caricias. Cómo eché de menos aquello. Entonces, llegaba el momento. Poco a poco acercó su boca a la mía. Sus manos se incorporaron en mi cintura. Estaba nervioso, lo podía notar con el temblor de sus manos. Nuestros corazones al borde de estallar. Y al fin, nuestras bocas se volvieron a juntar. Su lengua y mi lengua se unieron en señal de alianza. Me perdí en aquel beso. Juraría que fue el mejor que me dieron nunca.

-Estaba deseando este momento. –Me susurró al oído.

Mi abuela tenía razón, ella me mandaba fuerzas desde el cielo.

Todo pasó muy deprisa. Acabó todo y vinieron todos a casa. Pattie, Alisson y mi tía se quedaron hablando en la cocina, mientras preparaban la cena. Mi padre y Ryan se quedaron en el salón viendo la tele. Y Justin y yo… bueno, en mi habitación.

Besos. Besos llenos de dulzura. Besos llenos de deseo. Besos que despertaban mil sensaciones en nuestros cuerpos. Sensaciones únicas. Inexplicables. Eso que sentíamos el uno por el otro pocos lo han llegado a experimentar. Nos queríamos demasiado. Era de noche. La verdad es que hacia una noche preciosa. Miles de estrellas alumbraban el cielo. Justin se acercó hacia mi ventana y me miró.

-Me apuesto lo que sea a que aquí no tienes un vecino tan guapo. –Dijo, ya empezaba con sus ''gracias''. Pero eso me volvía loca. Y él no se hacía una mínima idea de cuánto.

-Sí lo tengo, además, tiene muchos más músculos que tú –Mentí. Justin puso una cara rara.

-Vale, vale…

- Sabes que miento, cielo. No hay nadie en este mundo más bonito que tú.

Y le besé. Otro beso de esos llenos de magia. Pero después venían más. Todos ellos llenos de desenfreno. Cada beso era especial, único. Ninguno mejor que otro. Todos iguales. Iguales de perfectos. Lo que causaba en mí sensaciones increíbles. Lo que causaba que me enamorara perdidamente de él.

-Hace una noche preciosa hoy, casi tan preciosa como tú. –Me dijo, mientras miraba a través de la ventana.

-Eso es porque nos hemos vuelto a unir, y lo están celebrando las estrellas. –Dije yo, sonrojada.

-¿Sabes? No te prometo bajarte una estrella, pero lo que sí te prometo es tratarte como una de ellas.

Sus ojos brillaron al decir aquello. Era muy tierno. No pude resistirme a la tentación de volver a lanzarme a sus labios. Pasión. Nuestros besos hablaban por sí solos. Sensaciones mágicas recorrían mi interior. Nunca me había pasado esto. Hasta que conocí a Justin. Él cambió todo. Él revolucionó mi vida. Él. Experto en sacarme mil y una sonrisas que llevaba escondidas desde hace tiempo.

Más tarde, cenamos con todos. Parecíamos todos una familia. Mi tía hacía tiempo que no se reunía con ellos, y parecía muy feliz de tenerlos aquí. Justin y yo nos regalábamos miradas de complicidad cada cinco segundos durante aquella cena. Era algo demasiado perfecto para ser real.

-Bueno, mañana hay que levantarse temprano. Cogeremos el vuelo a las 7:30 de la mañana. –Dijo mi padre, avisándonos a todos.

-Por fin. –Dije yo, lanzando un suspiro. –Mi Canadá.

-Sí, por fin. –Dijo esta vez Justin.

-Va, tortolitos, ahora no os separaréis ni un segundo. –Dijo mi padre, entre risas.

-Eh, a mi me parece muy bien. –Esta vez hablaba Pattie.- Mel, cuando quieras puedes venir. Mi casa es tu casa. Aquí somos todos familia.

Yo le sonreí. Pattie era una mujer demasiado amable. Me trataba como a una hija más. Me hacía sentir especial. 

Se respiraba un aire de bondad, de ilusiones, de paz, de tranquilidad. Todos estábamos muy unidos. Eso me alegraba, me alegraba mucho. Hasta hace poco no sabía ni lo que significaba tener una familia. Y ahora he encontrado mi lugar, mi sitio, mi familia. Esta vez sí que encajo en esto. Viajar a Stratford cambió todo. Ahora podría decir que me siento la más feliz del mundo. Tengo a Justin, una familia aquí, y otra que me cuida desde allí arriba, desde el cielo. Sólo me hacían falta mamá y la abuela. Pero ellas son las que me daban las fuerzas para continuar.

Después de un largo rato hablando, se fueron todos  a dormir. Pero nosotros aún no teníamos sueño, y decidí enseñarle la ciudad a Justin. Salimos y cerré delicadamente la puerta para no despertar a nadie. Corría un poco de aire, hacía fresco. Justin notó que tenía un poco de frío y me arropó con un abrazo. Caminamos por las calles de Madrid. Juntos. Cogidos de la mano. Amaba esa sensación. Era como sentir el mundo en mis manos. Como si yo misma tuviera todo lo que deseo. Y todo lo que deseo, es él. Nos sentamos en un banco. Ese parque no me trae buenos recuerdos. Pero estoy con Justin y me siento segura, protegida. Si soy sincera, ahora mismo no le tengo miedo a nada. Solo a perderlo. Si lo perdiera a él lo perdería todo. Me encontraría en un túnel sin salida. Nos regalamos varios besos allí. Besos especiales. Besos con sabores a ''te he echado de menos''. No nos cansábamos de estar el uno con el otro.
Miré mi reloj, eran las 2:30. Era tarde. Teníamos que volver. Entramos en silencio, haciendo el mínimo ruido posible. En el salón estaba durmiendo Ryan. En el cuarto de invitados Alisson y mi padre. En la habitación de mi tía, dormía ella con Pattie. Sólo quedaba mi habitación vacía. Entramos.

-Bebé, ¿vamos a dormir juntos? –Me preguntó, con un tono de voz bajo, y un poco sonrojado.

-Sí, pero si no quieres no.

-Es verdad, prefiero irme a dormir con Ryan. –Dijo, riéndose.

-Te conozco –Me acerqué a él con una mirada provocadora- Y sé que te mueres de ganas por dormir conmigo.

-Tienes razón, me conoces demasiado. También sabes que me muero de ganas por besar tu cuello.

-Lo sé. Pero vas a tener que esperar un rato.

Cogí un camisón color rosado que tenía. Me metí en el baño y me lo puse. Me recogí el pelo. Y salí. Un tirante de aquel camisón me caía por el hombro. Justin me devoró con la mirada. Se acercó a mi y me colocó aquel tirante en su posición delicadamente.

-Corres peligro, pequeña. –Me dijo- Con ese camisón te ves malditamente sexy.

Me dio un apasionado besos en los labios, y poco a poco bajó hasta mi cuello. Comenzó a devorarlo. Como solo él sabía. Esa sensación me producía escalofríos. A continuación, Justin me cogió en brazos y me apoyó contra la pared. Cada vez me besaba con más intensidad. Con más ganas. Estaba excitado. Sólo quería comerme a besos. Coloqué mis brazos alrededor de su cuello. Le acariciaba el pelo. Mientras, él continuaba devorando mi cuello. Me apuesto lo que sea a que nadie sabe hacerlo tan bien como él. Pasión. Definiría ese momento como aquello. Nuestros corazones iban a estallar. Latían rápido. Muy rápido. Y estaban acelerados. Nada los podía detener. Necesitaban el amor del uno al otro. De verdad. Y había una única razón para entender este sentimiento. Estábamos hechos el uno para el otro. Él para mí. Yo para él. Nada más bonito que sentir esto. Justin me mordió el labio.

-Bésame todo lo que quieras, mi boca nunca se acaba. -Susurró a mi oído.

Sensaciones inexplicables recorrieron por todo mi interior. Mi boca comenzó una búsqueda con la suya. Una búsqueda donde el lenguaje no verbal lo entendíamos perfectamente. Su lengua recorría cada rincón de mi boca. Y eso me gustaba demasiado. Mi saliva era suya. Completamente suya. Después recorrió todo mi cuello dándome pequeños besos sobre él. Hasta que bajó un poco más, hacia mis pechos. Se detuvo ahí. Me miró. ''Soy tuya, Justin'' le dije. Entonces comenzó a besarlos. Como nunca había hecho antes. Se volvía loco. Beso a beso los recorrió. Esa parte de mi cuerpo nunca la había conocido. Pero poco a poco nos conocíamos más. El uno al otro. Después de saborearlos bien subió de nuevo hacia mi cuello. Y luego llegó hasta mi boca. ''No hace falta que vayamos tan deprisa, tenemos todo el tiempo del mundo'' dijo sobre ella. No había nada más bonito que me murmurara cosas bonitas. Y mejor aún, que cuando las dijera, lo hacía susurrando sobre mi boca. ''Yo esperaré lo que haga falta'' volvió a decir, rozando mis labios al pronunciar esas palabras. Sabía que estaba dispuesto a esperar. Porque me quería realmente, y sé que se volvía loco por hacerme el amor. Sé que ahora mismo lo hubiera hecho. Sé que tenía unas ganas inmensas. Pero él quería que fuera un momento único y especial para mí. Yo no sabía si estaba preparada. Nunca lo había hecho. Pero lo que sí que sabía, es que lo quería hacer con él. Yo tampoco tenía tanta prisa. Todo a su debido tiempo, y cuando surja, surgirá. 
Después de comernos a besos el uno al otro, nos tumbamos en la cama, teníamos que descansar. Esta noche era única. Nunca habíamos dormido en una misma cama. Justin se giró y me miró. Estábamos tumbados uno enfrente del otro. Me robó un beso.

-Buenas noches, descansa, bebé.

1 comentario: