Mi mente me decía que aguantara. Caminé a paso rápido,
alejándome de ellos. Hasta que llegamos a casa.
-Adiós, hasta mañana.
-Adiós, Michelle. –Contestó Justin.
-Adiós. –Sonreí falsamente y entré.
Fui hacia el comedor, donde los pequeños estaban viendo en
la televisión unos muñecos que parecían de plastilina. Jazzy me miró y me
dedicó una tierna sonrisa. Yo le devolví otra. Subí por aquellas escaleras en
forma de espiral hasta la que era, en ese momento, mi habitación. Saqué mi iPod
de mi bolsillo, y me tumbé en la cama, dispuesta a escuchar música. Sí, era de
esas tontas que cuando se encontraban mal se ponían canciones para estar peor. No me gustaba contarle mis problemas a la gente. Yo los guardaba para mí. La música era como un recurso que utilizaba para sentirme comprendida. Significaba mucho para mí. Conectaba los auriculares, y me destinaban a otro
mundo alejado de la realidad…
-Despierta, bebé. –Abrí poco a poco mi ojo derecho. –Te has
quedado dormida.
¿Qué? Lo primero que vi al despertar fue su preciosa sonrisa.
Me quedé paralizada ante aquello. Demasiado hermoso. No pude evitar sonreírle también,
y a continuación lanzar un suspiro. Eché mi vista hacia mi reloj y vi que era
la hora de la cena. Estiré un poco mis brazos para desperezarme. No dejaba de
mirarme con curiosidad y a continuación rió dulcemente. En realidad, me dormí
pensando lo cabreada que estaba con él, porque parecía hacerle más caso a la
vecina que a mí. Pero fue levantarme, ver aquella sonrisa, su tierna mirada y
olvidarme de todo. No sé cómo consiguió hacer desaparecer esos pensamientos que
tuve en mi mente, pero lo hizo. Justin continuaba despertando esa magia dentro de mí.
-Esta vez no puedo traerte la cena a la cama, debemos ir
bajo, -Me dijo, acariciando mi cabello. –pero te prometo que alguna vez lo haré.
Toda princesa merece sentirse bien.
-No te preocupes. –Dije esta vez yo. -¿Bajamos?
-Pero antes déjame robarte un beso.
-No, esta vez te lo regalo yo.
Mis labios tomaron la misma dirección que cada día. Un beso.
Otro. Otro más. Y otro. Pero no me cansaba. Sus labios tenían algo de especial.
Y su boca el don de provocar sensaciones en mí para no dejar de saborearla. Otra
vez de nuevo los mismos pinchazos de siempre en mi estómago. Cada día más
fuertes. Más sentidos. Separamos nuestros labios de una vez, aunque nos
costara. Bajamos por las escaleras sonriendo. Éramos felices, nos hacíamos
felices mutuamente. Justin se tiró en el sofá encima de Jaxon, con cuidado, y
comenzó a jugar con él. Mientras, fui en dirección a la cocina. Saludé a
Jeremy, que se encontraba preparando una gran tortilla de patatas.
-Tiene buena pinta. –Dije, absorbiendo con mis pulmones el
olor tan rico que desprendía la cena.
-Lo he hecho en honor a ti. –Me sonrió.
-¿De verdad? Otro día os cocino yo una, típica española. –Le
sonreí. -¿Te ayudo en algo?
-No, gracias. Pero llama al niño grande, -Dijo refiriéndose
a Justin. -y ponéis la mesa.
Solté una pequeña risa y me dispuse a llamar a Justin
mientras pasaba un trapo para limpiar el mantel. Vino inmediatamente. En unos
minutos acabamos de servir todo. Ayudé al pequeño Jaxon a sentarse sobre su
trona de madera. Y comenzamos a cenar. Me sentía muy bien en aquel ambiente. Como
si formara parte de la familia, como si fuera una más.
-Mañana comenzamos con el trabajo. –Dijo Jeremy,
dirigiéndose a mí. –Volveremos por la tarde. Espero que los niños no te den
mucha faena.
-Tranquilo, yo me las apaño. –Dije, con aire de
responsabilidad.
-Cualquier cosa que necesites siéntete como en tu casa. En
la nevera hay comida, puedes prepararte lo que quieras. No hay problema.
-Papá, Mel es responsable. No hay de qué preocuparse. –Soltó
Justin, y a continuación dirigió su mirada hacia mí.
-¡Y sabe hacerme trencitas en el pelo! –Balbuceó Jazzy.
Comenzamos a reírnos. Justin casi escupe un trozo de
tortilla que llevaba en la boca. Le miré y se percató. Comencé a reírme más.
Pegó un trago a su vaso de agua, tragándose la risa, y se tranquilizó.
-Maldita sea. –Dijo, y estalló a reír.
Acabamos de cenar y recogimos todo. Jeremy se subió junto a
los niños para dormir. Mañana tendría que levantarse pronto, tanto él como
Justin. Pero nos quedamos unos minutos viendo la televisión.
-Tenemos muchos planes que hacer juntos. –Dijo Justin, y se tumbó
en mi lado. Apoyando su cabeza en una de mis piernas.
-¿Te estás refiriendo a mí o a Michelle? –Puse un tono no
muy adecuado para la situación, que al segundo acabé arrepintiéndome por ello.
-¿Cómo? –Puso una cara extraña.
-Nada. –Lancé un suspiro.
-¿Estás celosa?
-No. –Dije, rotundamente.
-Vale, estás celosa. –Rió.
-¿Cómo voy a estar celosa si eres tú mi novio?
-Tienes razón. Pero estás celosa. –Volvió a reír.
-Tonto.
-Boba.
-Imbécil.
-Guapa.
-Niñato.
-Preciosa.
-Inmaduro.
-Bebé. –Iba a decir algo pero me calló con un beso. Luego se
separó poco a poco. –Vamos arriba.
Se levantó y me tendió su mano para que me levantara yo
también. Subí rápidamente las escaleras. Caminaba a un paso rápido para llegar
lo antes posible a su cama. Y me tumbé allí. Lancé una pequeña risa. Vino
Justin. Cerró la puerta. Giré mi cara y pude ver como reía él también. Dios, su
risa. Se acercó lentamente y se puso encima de mí. Yo estaba boca abajo y no
podía levantarme. Me tenía atrapada. Doblemente atrapada. Atrapada en su cama y
atrapada en un juego, en el juego del amor.
-No te voy a dejar escapar hasta que me prometas una cosa. –Murmuró
sobre mi oído. Podía notar su respiración agitada.
-Dime.
-Prométeme que si me tengo que ir me esperarás.
-Te lo prometo. –Alcé mi vista y pude ver sus ojos
brillando.
Se hizo el silencio un buen rato. Hasta que se quitó de encima
de mí y se tumbó justo a mi lado. Se apoyó sobre su almohada. Su cara frente a
la mía. Nos quedamos mirándonos un largo rato. Nos lo decíamos todo con esas
miradas.
-Me voy a dormir. Dulces sueños, -Besé su mejilla. –bebé. -Y me levanté.
-Espera. –Me cogió del brazo, impidiendo que avanzara hacia
mi habitación. –Mira, si no quieres no me acerco más a Michelle. Ni vamos con
ella al lago. Lo que sea. Pero si te sientes mal por eso, lo haré.
-No te preocupes. –Solté su mano de mi brazo. Acaricié su
mejilla. –Soportaré lo que sea por ti.
-Haré lo que sea por ti. –Asumió.
Me dediqué a ir en dirección a mi habitación. Me paré en la
puerta, y me giré.
-Buenas noches, sueña lindo.
-Buenas noches, soñaré contigo.
Sigeelaaa estaa genial *___* <3
ResponderEliminar