El día junto a los niños fue
agotador. Tanto Justin como yo acabamos con un gran cansancio. Nos pasamos el
día jugando con los pequeños. Eran muy tiernos y parecí agradarles. Pero hoy
tocaba hacer una cosa diferente, hoy conocería a su padre, Jeremy. Creo que me
dijo que se llamaba así. Supongo que pasaré un poco de vergüenza, suelen decir
que los padres son más ‘duros’ que las madres. Pattie fue un amor conmigo la
primera vez que la conocí, espero que esta vez pase lo mismo.
Toc, toc, toc. Llamé a la
puerta. Creo que me temblaban un poco las piernas.
-Por fin, -Dijo Justin,
haciéndome paso para que entrara. –creía que no vendrías.
-Me había quedado dormida.
Ayer acabé agotada.
Escuchaba un pequeño jaleo
debido a los niños. Fuimos al salón y Jazzy vino corriendo a saludarme. Le besé
en la mejilla. Era muy tierna. Pude ver que un hombre me sonreía mientras.
Supongo que sería ese su padre.
-Papá, esta es Mel. –Me
presentó Justin.
-Encantada. –Le saludé.
-Igualmente. Yo me llamo
Jeremy.
Llevaba puesta una camiseta
negra de tirantes que dejaba ver los diversos tatuajes que tenía en los brazos.
Parecía un chico agradable. Era joven para tener a un hijo con 18 años ya, pero
se le veía buena persona. Los padres de Justin eran humildes, según decía mi
propio padre.
-Ven, -Me dijo Justin,
mientras me agarraba por la
cintura. –te tengo que enseñar una cosa.
Fuimos a su habitación. Me
senté en su cama. Encendió el portátil con más prisa que nunca y se sentó a mi
lado. ¿Qué estaba pasando? No tenía ni la más mínima idea. Ponía cara de
emoción. Yo, por el contrario, cara de intriga.
-Vas a alucinar. –Dijo, y a
continuación me dio un tierno beso en la mejilla.
Se encendió y pude contemplar
su fondo de pantalla. Él y yo. Sonreí como una tonta, una tonta enamorada.
Entró en su cuenta de
Youtube. Entonces me hice una idea de lo que iba la cosa. Tendría muchas más
visitas que la otra vez. Seguro. Y por ese simple echo se le vería tan
emocionado. Lo sabía.
-Scooter, se llama Scooter.
–Comenzó. –Quiere contactar conmigo. Dice que le gustaría que habláramos para
que pudiera seguir adelante en esto de la música. Es un primer paso para
alcanzar mi sueño, Mel.
Me quedé paralizada durante un
instante. No era lo que pensaba, era algo más que eso. La verdad es que no
sabía si alegrarme o no. En parte me horrorizaba esa idea.
-¿Qué pasa, bebé? –Se
percató. Me miraba fijamente.
-No, nada. –Respondí.
Intentaba aparentar emoción y entusiasmo. -¡Me parece genial!
-Creo que me voy a tomar un
tiempo para pensármelo.
-¿Por qué? Si es tu sueño.
-Pero eso significaría
renunciar a muchas cosas.
-¿Cómo a mí?
-Sí.
Mi corazón dio un vuelco en
ese instante. Tenía razón. Por eso tenía miedo de aquello. Porque supondría
abandonar Stratford por un tiempo, centrarse en lo suyo, y no tendría apenas
tiempo para descansar, ni para mí. No, yo no me pensaba rendir. Lo nuestro
tenía que seguir adelante como fuera. Pero sería dar paso otra vez a la maldita
distancia. Lo que más odio en este mundo.
-¿Me estás queriendo decir
que lo vamos a dejar? –No sabría cómo definir la cara que puso en aquel
momento. Era todo un poema.
-No, -Se aclaró un poco la
voz y continuó. –si me esperas no.
-¿Crees que te voy a esperar?
-Espero que sí.
-Quédate con la última
palabra que has dicho. –Se hizo un breve silencio en la habitación.
-¿Se puede? –Dijo Jeremy,
llamando a la puerta.
-Sí, pasa papá.
-He hablado con el padre de
Mel. Os vais a venir a pasar varias semanas a Toronto. Tú –Dijo refiriéndose a
Justin. –me ayudarás en el negocio, y tú –Dijo esta vez refiriéndose a mí.
–cuidarás a los niños mientras trabajamos. Estábamos buscando una chica que se
hiciera cargo de ellos, pero tú pareces perfecta para esto, además, los niños
están contentos contigo. ¿Qué os parece?
-Genial. –Justin y yo nos
miramos.
-Pero, ¿cuándo nos vamos?
–Preguntó Justin.
-Mañana mismo.
-----------------------------------------------------------------------------------------
Ayudé a Jazzy a desabrocharse
el cinturón. Bajé del coche. Jeremy abrió el maletero. Cogimos cada uno nuestra
maleta. Menuda mansión. ¿Enserio eso era suyo? Según me había contado Justin,
su padre ganaba bastante dinero. Pero él prefería vivir con su madre, porque le
había criado desde pequeño, y a él, el dinero no le suponía la felicidad.
Aunque también quería muchísimo a su padre, que lo veía dos o tres veces al
mes. Caminamos por un pequeño camino señalizado por unas rocas muy bien
diseñadas, hasta que paramos en la puerta. Desde aquí abajo, alzaba mi vista y
se veía todo mucho más grande. Creo que lo pasaremos bien aquí. Aunque, con
Justin, como si me quedo debajo de un puente a vivir, la diversión está
asegurada.
-¿Y las llaves? –Dijo Jeremy,
mientras las buscaba.
-Oh, papá. –Añadió Justin,
con un tono gracioso. –Las tiene Jaxo.
El pequeño tenía las llaves
en la boca, las estaba chupando. ''Qué normales son en esta familia'', pensé. Y
reí sin querer. Jeremy le quitó las llaves al segundo.
-Están llenas de babas. –Reía
Justin. –Eso no se hace, Jaxo. –Le dijo al pequeño.
Al abrir la puerta te
encontrabas un salón bastante grande, con muebles modernos de colores rojo y
blanco, que combinaba a la perfección con el tono gris de la pared. A través de
las diversas ventanas que rodeaban aquello, pasaban pequeños rayos de Sol que
iluminaban ese salón. Me quedé fascinada. La escalera era de un color plateado
y tenía forma de espiral. Justin me guió para subir. En aquella planta estaban
las habitaciones.
-Mira, Mel, te voy a enseñar
mi habitación. –Me dijo Jazzy, cogiéndome de la mano.
Aquello era el sueño de cada
niña de su edad. Paredes rosas, una cama de princesas, con miles de muñecos
alrededor. Bebés que parecían incluso reales. Una estantería llena de Barbies.
Cajas registradoras, como si fueran de una tienda real. Tenía hasta su propia
cocinita. Y en la pared en la cual estaba pegada a su cama había un pequeño
cuadro que decía ''Princess Jazmin''.
-¡Qué bonita, pequeña! –Le
dije, pegándole un pequeño toque a su diminuta nariz. –Casi tan preciosa como
tú.
Jazzy rió, y su hermano mayor
parecía ponerse celoso. Entonces nos guió hacia la del otro pequeño, Jaxon.
Esta era más pequeña y totalmente diferente. Esta vez la estantería no estaba
repleta de Barbies, sino de coches de juguete. A continuación Justin bajó al
pequeño de sus brazos.
-¿Os quedáis aquí jugando,
vale? Que yo voy a enseñarle el resto de las habitaciones a Mel.
-Vale hermanito. –Admitió
Jazzy.
Obviamente, sabía que Justin
quería quedarse conmigo un rato a solas. Me guió hasta la que supuse que sería
su habitación. Entramos. Cerró la puerta y me apoyó contra la pared.
-Bebé.
-¿Qué?
-Quiero besarte, ya.
Me cogió por la cintura. No
me dio tiempo ni a reaccionar y ya estaba sumergida en aquel tierno beso. El
momento en el que su lengua se encontraba con la mía provocaba que mi estómago
estuviera repleto de fuegos artificiales a punto de estallar. Y
cuando ese beso terminó y mordió mi labio inferior con dulzura, los fuegos
hicieron ‘buuuuuuuum’.
-Lo necesitaba. No sé cómo he
podido aguantar todo el trayecto sin besarte. –Dijo acariciando mis labios. –Te
quiero muchísimo.
La tentación se apoderó
nuevamente de nosotros. No podíamos estar el uno frente al otro sin poder rozar
nuestros labios. Porque a eso lo llamaba yo de una manera. Magia.
Nos hacía darnos cuenta de lo mucho que nos queríamos. Un amor que sube, llega
hasta las nubes y allí vuela. Jugábamos a querernos tanto hasta el punto en el
que nos diera igual si doliera. A su lado todo era diferente. Era un sueño.
Pero no me despertéis. Aunque tengo que asumirlo, es la realidad. Yo esto sólo
lo había experimentado en los libros de amor que me prestaba la tía. Pero ahora
lo estaba viviendo yo misma. Yo era la protagonista de esta historia.
Más tarde, me enseñó la que
iba a ser mi habitación por una semana. Sólo podía accederse a través de su
habitación. Raro, pero así era. Las paredes eran de una tonalidad azul clara, y
también era un espacio bastante iluminado. La cama era bastante grande, más a
lo que estaba yo habituada. Al lado se situaba el armario. Y en una esquina un
pequeño piano. Espera, estoy recordando algo. Creo que él también se ha
percatado. Me acerco. Tiene enfrente un pequeño taburete y me siento
allí.
-FLASHBACK-
Me llevó hacia donde se
encontraba el piano, me hizo un gesto caballeroso indicando que me sentara.
Cogió mis manos, y me dijo 'déjate llevar'. Sus manos junto a las mías, mis
dedos tocaban unas melodías que sonaban bastante bien, mi piel, su piel, tenía
su cabeza junto a la mía, notaba su respiración por mi cuello, lo tenía justo a
mi lado, seguíamos tocando. Separó sus manos, ahora iban en dirección hacia mi
cara, me apartó el pelo delicadamente, y me susurró un 'eres preciosa' al oído.
Entonces.. sonó mi móvil. Era mi madre, tan inoportuna como siempre. Aún no la
había llamado, estaría preocupada.
-FIN DEL FLASHBACK-
Noto su respiración detrás de
mí. Los latidos de mi corazón van a una velocidad incalculable. Ahora recuerdo
aquel día, y lo comparo. Esta vez sentía millones de cosas más. Quién me iba a
decir a mí que en este momento estaría locamente enamorada de él.
-Ahora nadie nos puede
interrumpir el momento. –Dice, y noto que se acuerda de aquella vez.
Su boca se dirige hacia mi
cuello. Que lo recorre a pequeños besos. Besos dulces, como él. Mi mano va en
busca de su mano, y una vez la encuentro, la acaricio. Le transmito que todo va
bien. La suelta por un instante. Ahora la yema de sus dedos recorre
delicadamente por mi pierna desnuda. Me provoca escalofríos y de un momento a
otro creo que voy a comenzar a volar. Le agarro de la barbilla. Lo acerco poco
a poco a mí. Busco su boca. Sus besos. Su lengua. Busco de nuevo esas
sensaciones tan maravillosas que son imposibles de describir. Por fin mis
labios chocan contra los suyos. Y se produce la magia de nuevo. Nunca desearía
separarme de ellos. La pasión se apodera de nosotros y notamos que no podemos
estar el uno sin el otro. Nuestros besos eran especiales, esenciales,
necesarios, mágicos, tiernos, dulces. De todas las maneras y de todos los
sabores. Pero cada uno de ellos me transportaba a un mundo del que no tomaría
un viaje de vuelta. De esos que desearías quedarte allí, junto a él, sin
moverte. Y es que Justin, cada día me enamoras más. Frena un poco. No quiero
llegar al límite, aún.
No hay comentarios:
Publicar un comentario