Tu rastro.

domingo, 2 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 25.


Último día allí. Mañana volveríamos a Stratford.  Alguien se tumbó sobre mí. El olor de su perfume. Qué buena forma de empezar el día.

-Bebé. Despierta. –Dijo mientras besaba sin parar mi cuello. –Buenos días.

-Buenos días. –Dije yo sonriendo. -¿Qué haces tan temprano?

-Atracar  tu cama. –Me mordió la oreja.

-Aissssssss. –Me quejé yo, pero a continuación reí.

-Me encanta tu sonrisa. –Se quedó paralizado mientras me miraba a los ojos. –Es preciosa como tú.

-Habló ‘Don sonrisa perfecta’. –Y reí a dos centímetros de su cara.

-Habló el chico que dice verdades y te quiere muchísimo.

Silencio. Él sobre mí. Yo bajo él. Dicen que las mejores sensaciones no se pueden explicar, por eso yo no puedo explicar lo que siento por Justin. Sonrió. Su sonrisa era una de las cosas que más me enamoraban de él. No podía explicar las mil y una sensaciones que se producían en mi cuerpo.

-Ponte algo cómodo. Que nos vamos. Tú y yo. –Me dio un besó rápido en los labios y se fue hacia su habitación.

Sonreí estúpidamente. Mi típica sonrisa. A continuación lancé un suspiro, también de los míos. De esos que hablan por sí solos. De esos que dicen ‘Justin, me vuelves loca’.

En media hora ya estábamos vestidos. Yo llevaba una camiseta de rayas blanca y azul marino, y unos pantalones cortos rojos. Él una camiseta de manga corta negra, con cuello de pico, y unos vaqueros claros largos. Por supuesto, también llevaba sus supras rojas. No podían faltar.

-Papá, nos vamos a dar una vuelta. No nos esperéis para comer. –Dijo Justin, abriendo la puerta para salir.

Le miré con una cara extraña. No sabía dónde nos íbamos. Pero tampoco me importaba. ‘Tú y yo’. Estaba recordando cuando me había dicho eso y un pequeño escalofrío recorrió por mi cuerpo. Es que no necesitaba nada más. Nosotros. Él y yo. Por mí como si nos vamos al fin del mundo. Subió a su moto. Me apoyé en su pierna y subí yo también.

-¿Y los cascos? –Pregunté. Me pareció raro que no los hubiera sacado.

-Hoy vamos al límite, bebé.

-Me gusta.

Se giró. Me miró detenidamente unos segundos. Y me dio un beso fugaz. Como solo él sabe. Volví a sonreír de esa manera tan tonta y pasé mis brazos por su torso, abrazándolo, pues iba a arrancar. Cerré mis ojos.  Los apreté fuertemente. Siempre hacía aquello. Run. Run. Run. Los abrí. Pude ver en el retrovisor como Justin reía. Su sonrisa…

-¿Qué haces? Arranca ya. –Dije.

-Tienes que apretarme más fuerte, sino esto no funciona. –No dejaba de reír. Y yo me derretía al contemplar su perfecta sonrisa.

-Estás muy tonto tú, eh. -Le apreté con fuerza. -¿Así te vale?

-Así está perfecto.

Notaba cada vez más su respiración. Apoyé mi cabeza sobre su hombro. Me dio un beso en la frente y en ese momento pude notar como se le aceleraba el pulso. Le pasaba igual que a mí. Era tenerlo cerca y notar que el corazón te va a estallar de un momento a otro sin avisar. Por fin arrancó. El aire acariciaba mi cara. Cerré los ojos de nuevo. Pero esta vez, para dejarme llevar. Me sentía tan bien… que diría que llegamos en dos segundos. Paró la moto y yo seguía con los ojos cerrados. Lograba escuchar las olas del mar. Lograba oler la arena húmeda y seca a la vez.  Abrí mis ojos y pude contemplar dónde nos encontrábamos. No sé, me sonaba este lugar. Pero nunca había venido aquí. Aparcó la moto lo más cerca posible. Sacó de la parte trasera una manta típica de camping de cuadros y le ayudé a coger algo que llevaba de comida. Caminamos sobre la arena hasta acercarnos a la orilla. Extendimos la manta allí cerca. Él se sentó. Yo visualicé bien la zona. No había gente. Me quité las sandalias. Luego el pantalón, y la camiseta, quedándome en ropa interior. Decidí no girarme, pero hubiera jurado que Justin se habría quedado extrañado y me había mirado de arriba a abajo, sin dejar a penas ni una parte de mi cuerpo por visualizar. Me acerqué al agua. Una ola mojó mis pies y poco a poco me metí más hacia dentro.Me sumergí. Buceé por el fondo. A mi me encantaba todo esto. Subí hacia la superficie. Unas manos me taparon los ojos. 

-Bebé... -Sabía que era él.

-¿Cómo te atreves a provocarme de semejante manera? -Dijo mientras quitaba sus manos.

-¿Y tú? -Bajé mi mirada hacia sus abdominales. Lo demás estaba cubierto por el agua. Pero lograba ver sus boxers morados.

-Yo me he visto obligado a entrar aquí. 

-Vale. -Alcé mis hombros.

Se acercó a mí demasiado rápido. ¿Mi corazón bombeaba sangre o purpurina? Puso su mano en mi cintura, haciendo que me aproximara a él. Su dedo pulgar tomó dirección hacia mi cara y comenzó a acariciarme la mejilla.

-¿Puedo besarte ya? -Preguntó y se lamió el labio inferior.

-¿Desde cuando preguntas esas cosas?

-Desde ahora mismo.

-Justin, puedes besarme cuando quieras.

Ahora la que estaba deseando ese beso inmensamente era yo. ¿Por qué sus besos eran los mejores que había probado? ¿Por qué sentía tanto? ¿Por qué no me separaría nunca de su boca? Mil y una preguntas que no entiendes cuando estás enamorado. Y eso me pasa. Pero es que esos besos en el mar me podían. Besos salados. Besos sin control. Nadie nos ponía una pausa.

-Nunca he besado a nadie bajo el agua. -Me dijo separándose de mis labios apenas un centímetro.

-Ni yo.

-Pues aprovecha porque es la última vez que lo vas a decir.

Me cogió y nos sumergimos juntos bajo el agua. Ese beso fue pura magia. Fue una de esas cosas que no olvidarás nunca por mucho que lo desees. Revolví su cabello mojado. 

-Fuiste el primero, bebé.

-Y tú la primera.

-¿Sabes qué? -Pregunté decidida sin darle tiempo a responder. -También quiero que seas el primero en hacerme el amor.

Mis mejillas cobraron color. Pero no fue una situación incómoda. Hubieron unos 10 segundos de silencio en el que sólo hablaban nuestras miradas. Hasta que él decidió cortar aquello.

-¿Estás segura?

-Sí. Mucho.

Me dio un tierno beso en los labios transmitiéndome aquello que necesitaba, protección. 

-¿Vamos fuera? -Comenzaba a tener frío.

-Vamos. 

Salimos fuera. No teníamos nada con lo que combatir aquel viento frío. Justin me arropó con sus brazos, intentando transferirme calor. Misión cumplida.

-Bonito lugar, eh. –Dijo mirando al horizonte.

-Sí… -Y lancé un suspiro.

-¿Sabes por qué te he traído aquí?

-No. –Elevé una ceja.

-Mira. -Sacó algo del bolsillo del pantalón. Una pequeña foto.





-¿Recuerdas la primera vez que te besé de verdad? –Dijo en un murmullo sobre mi oído.

-Sí. En tu casa.

-¿Y recuerdas lo que te dije?

-FLASHBACK-

-Creo que has venido aquí por alguna razón, puede que sea el destino. Algo me dice que estás aquí para olvidarla.

-¿De qué hablas, Justin? No te entiendo, de verdad.


-La chica por la que me has preguntado, la de la foto.


-¿A qué te refieres? 


-Estuve con ella, me enamoré, mucho. Pero ella de mi no, aunque me hacía pensar que sí. Me imaginé un largo futuro por delante junto a su lado, hasta que sucedió. Un día me contó todo, decía estar harta de mi, sin razón. Me dijo que estaba conmigo para dar celos a Ryan, sí, que no le importaba. En fin, todo fue un engaño por parte de ella. Por mi parte no, yo la quería muchísimo, la protegía, la cuidaba, la mimaba. -En ese momento su mirada perdida se encontró con la mía. -Todo el mundo me decía que me olvidara de ella, pero no podía. He estado un largo tiempo pensando en esos momentos que vivimos juntos, en todo, no he podido olvidarla. Hasta el día en el que te vi. Mi cabeza dio un vuelco, y ahora que estás a mi lado, mi corazón también lo ha dado. Estar a tu lado me ha hecho olvidarme de todo, de todo.


No pude reaccionar, no me dejó responder, su boca se lanzó en busca de la mía. Sus besos eran dulces, apasionados, transmitían confianza y deseo. De vez en cuando nuestras bocas se separaban, pero segundos después se volvían a encontrar. Se necesitaban la una a la otra. No podía creerlo, mi estómago se revolvía y sí, mil mariposas lo recorrían.

-FIN DEL FLASHBACK-


Entonces me di cuenta. Esos pequeños de la foto éramos nosotros en esta misma playa. Todo esto venía desde mucho antes de lo que yo imaginaba. Nuestro destino era este, estar juntos. Nuestras bocas estaban predestinadas a unirse la una con la otra. Nuestros corazones a sentir pinchazos cada vez que rompíamos la distancia. Nuestro cuerpo a sentir mil cosas mágicas recorriendo su interior tras cada beso. Nuestras lenguas a hacer un pacto entre ellas. Nuestros labios a chocarse entre ellos. Nuestros ojos a brillar cada vez que nos veíamos reflejados en ellos. Nuestras manos a necesitar el tacto la una de la otra. Yo necesitaba de él, y él de mí.

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