-¿No te alegras de que esté en camino de cumplir su sueño?
–Me pregunta mi padre acariciándome el hombro.
-Sí. –Me giro y le miro a la cara. –Pero papá, es que lo
echo mucho de menos.
-Tranquila.
Seca con la yema de sus dedos mis lágrimas y se va. Esto me
ha vuelto más sentimental. No puedo con esta situación. Miles de ideas locas de
nuevo recorren mi mente. Subo rápido las escaleras y me dirijo a mi habitación.
Cierro la puerta con fuerza. Saco mi móvil y lo llamo. Tres pitidos. Cuatro. No
lo coge. Estará ocupado. Maldigo interiormente. Es más que una necesidad hablar
con él. Quiero escaparme de aquí. Quiero estar con él. Escucho unos pasos cada
vez más cerca. Entonces abre la puerta. Es Ryan.
-Por favor, ayúdame. Necesito ir a Atlanta. –Le digo
desconsoladamente.
-Mel, no puedes. Tienes que continuar tus estudios, ir allí
sería perderte clases y papá no lo permitiría.
-Todo es una mierda…
-No digas eso.
-Sí, sí lo digo. Porque por alguien que quiere estar conmigo
de verdad, ahora va y se tiene que ir. Un mes ha pasado, ¡un mes! Y no aguanto.
-Ven, dame un abrazo.
Me siento estúpida. Lo abrazo con fuerza y me transmite
confianza. La confianza de un hermano. Aunque no lo seamos completamente lo
siento así. Nos separamos y le doy un
beso en la mejilla.
-Por cierto, ¿tú no te ibas a comer con Ana? –Le pregunto.
-Le ha llamado su madre que venía su familia. Nos ha
interrumpido justo cuando… bueno, nos íbamos a besar.
Eso me sonaba a algo. Recuerdo que la tía me llamó justo
cuando Justin y yo también estábamos a punto de besarnos. Qué recuerdos. ¿Veis?
Todo tiene algo que me recuerda a él. Cada frase, cada palabra.
-Pero tú por lo menos la has tenido cerca. –Le digo, son las
únicas palabras que me han venido a la mente.
-No empecemos. Pronto lo verás, Mel.
-Eso espero. –Y resoplo.
Bajamos. Pongo la mesa junto con Ryan. Alisson está
preparando la comida en la cocina, me acerco, huele rico.
-Mel, saca más cubiertos. Viene Pattie a comer. –Me dice.
Siento un escalofrío en mi cuerpo.
Justo en ese instante llaman a la puerta.
-Debe ser ella. –Digo.
Me dirijo hacia la puerta y abro. Desde que se fue Justin la
he visto muy pocos días. Me sonríe y le sonrío al instante. Es muy dulce, como
él. Siento al pequeño en la trona y comenzamos a comer. Hablamos de todo, de
todo menos de Justin. Supongo que porque saben que ese tema me duele. El caso
es que se nota su ausencia. Ahora mismo estaría diciendo alguna tontería y al instante
me guiñaría el ojo. Yo pondría mi labio inferior sobre el superior intentando
hacer carita de pena, y él me sonreiría para que yo al momento lo hiciera
también. Vale, ya. Paro.
-Oye, Mel. –Me dice Pattie. –Mi hijo te echa más de menos a
ti que a mí, ¿cómo lo consigues?
Ya ha salido el tema. Yo que pensaba que no se pronunciaría el nombre de Justin...
-¿De verdad? –Una sonrisa abunda en mi cara. Ella ríe.
-Sí.
-Lo echo mucho de menos.
-Y yo, Mel.
-¿No sabes cuándo volverá?
-Aún anda liado. Ten esto.
Me da algo por bajo de la mesa. Parece que no se puede
enterar nadie. Lo cojo y me dirijo hacia el salón, que no hay nadie. Me siento
en el sofá y lanzo un suspiro. Es una especie de paquete. Espero que no sea
nada malo. Decido pensar un poco antes de abrirlo, pero estoy impaciente. No aguanto
más. Entonces veo aquello y creo un mar de lágrimas allí mismo. No lo puedo
creer. Son dos tickets de vuelo para ir a Atlanta. Mi corazón se acelera a una
manera impresionante. Las manos me tiemblan y casi no puedo sostener aquellos
billetes. Ahora comienzan a temblarme
también las piernas. ¿Realmente estaba sucediendo eso? No. Aún no daba crédito. Esto era una broma. Una jodida broma. Alguien
me abraza por detrás. Yo ni muevo un solo músculo.
-El mes que viene nos vamos.
–Me dice Pattie. Y me abraza. -¿Estás feliz, verdad?
-¿Feliz? Más que eso. Muchísimas gracias. –No puedo contener
las lágrimas. Yo es que soy muy llorona, pero con las cosas que verdaderamente
me importan.
-Es una sorpresa. Él no lo sabe, así que shhhhh. –Hace un
gesto con su dedo índice sobre la boca.
-Pues se va a alegrar muchísimo.
No sabría como describir ese momento. Increíble. Sin
palabras. Vivía de eso. De improvisaciones. Lo que más me gustaba. Lo que más
me llenaba. Esos momentos tan inesperados pero mágicos a la vez.
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