Tu rastro.

domingo, 9 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 28.


{Un mes más tarde}

Me he despertado antes de lo que imaginaba. Desayuno tranquilamente, me ducho y me visto. Hoy hace un poco más de frío. El típico día en el que en vez de ir a la escuela te quedarías en casa durmiendo o leyendo un libro. Leer. Echo de menos aquello. Me gustan los libros de amor, ante todo. Creo que me traje uno. Sí, lo guardé en este cajón. ‘El amor es tu destino’, así se llama. Tiene un bonito título. Me acomodo y comienzo a hojearlo.






Mmm… tiene buena pinta. Ya leeré más. Llaman al timbre. Bajo las escaleras rápidamente. Es Romi. Me espera para irnos juntos al instituto. La verdad es que todos estos días me ha ayudado mucho a superar eso de que Justin no está aquí. Volví a pelearme con Paloma, de echo tengo aún la marca de sus uñas en mi cuello, y él me defendió. En clase soy la más aplicada, pero nadie me insulta por ello. Me llevo bien con todos y he hecho nuevos amigos. Caitlin, Ana y yo somos más que inseparables. Y… bueno, con Justin hablo todos los días por teléfono. Me cuenta que va muy bien por allí, que se levanta temprano para visitar radios y ya se está dando más a conocer. Necesito verlo, necesito uno de sus besos, una de sus caricias, y necesito que me susurre al oído cuánto me quiere. Cada hora, minuto, segundo lo llevo en mi cabeza. No hay manera de sacarlo de ahí.

-Hola, Mel.

-Hola. ¿Vamos?

Caminamos hacia el instituto. Está cerca, en pocos minutos llegamos. Me separo y subo hacia mi clase. Biología. Todo un tostón. No me gustan las ciencias, soy más de letras, aún así saco buenas notas. Entro risueña y me siento al lado de Ana. Aún no ha llegado la profesora.

-¿Qué haces? –Se está pintando las uñas sobre la mesa, y le pregunto.

-A la salida he quedado con Ryan, tía. Tengo que estar mona.

-Espero que os vaya bien, pero como entre el profesor creo que te esperará un castigo.

-Es verdad. Ya acabo.

Se sopla para se seque la pintura y lo guarda. Justo en ese instante entra Klein, el profesor. Nos pone un vídeo sobre vegetales. Hago como si prestara atención, pero en realidad estoy pensando en mis cosas. En él. En que me estoy desesperando y se me pasan cosas locas por la cabeza como coger el primer vuelo que salga de aquí rumbo Atlanta. Nunca me he sentido con la necesidad de hacer algo, hasta ahora. Es que no es un simple capricho, es que lo necesito. Mis palabras no son suficientes.

-Mel… -Me dice Ana, dándome un pequeño toque en la pierna.

-Dime.

-Estás pensando en Justin, ¿verdad?

-Sí. –Asumo en voz baja. –No te imaginas lo mucho que le echo de menos. ¿Tú crees que lo nuestro tiene futuro?

-Lo conozco perfectamente. Él cuando tiene algo que de verdad le importa, no lo deja ir. Y tú le importas, mucho.

-Es que.. –No llego a terminar la frase.

-¿Señoritas? ¿De qué hablan? –Nos interrumpe el profesor y coloca sus manos sobre nuestros pupitres.

-Ah, ya sabe, estábamos comentando el vídeo. –Miente Ana.

-Verdad. Pero ya nos callamos. –Asumo yo.

No nos quita la mirada de encima durante unos segundos y se va sin más. Nosotras reímos por lo bajo.

Acaban las clases. Veo a Ana ilusionada, y le noto algo nerviosa, aunque ella dice que no lo está. Le gusta mucho Ryan. Han sido amigos de toda la vida, pero este último mes se ha encariñado demasiado. Dice que es algo raro, la entiendo. La mayoría de las tardes se venía a mi casa a estudiar, y cuando lo veía se sonrojaba como un tomate. Me hacía mucha gracia. Me olía algo, pero nunca le pregunté. Hasta que un día me lo contó ella, me dijo algo así como ''me está empezando a gustar mucho Ryan''. Entonces, hice lo posible para dejarlos solos. A partir de ahí comenzaron a tontear, y bueno, me siento un poco la causante de esto, los uní yo. Hablaba con él todas las noches de ella, hasta que lo aburría. Pero lo conseguí. Hoy han quedado y ya veremos lo que pasa.

Salimos por la puerta del instituto y los veo juntos, abrazados. Cómo los envidio. Cómo desearía que Justin estuviera aquí. Y me lo imagino por unos segundos, con su chaqueta negra de cuero, sus pantalones vaqueros caídos, con su moto. Esperándome a la salida, sin dejar de quitarme el ojo de encima. Con esa mirada que tanto me transmite. Me acerco a él y me guiña un ojo. Pocos centímetros nos separan, entonces me besa intensamente. Suspira y ríe sobre mi boca. Entonces, es ahí cuando subimos a la moto y nos escapamos. Él. Yo. Sin rumbo. Pero, por desgracia, todo esto sólo está pasando en mi mente.

-¿Mel? –Es la voz de Ryan. Me giro y lo veo junto a Ana.

-Ryan, dime. –Le sonrío y aparento normalidad.

-¿Qué te pasa? –Me pregunta.

-No, nada. Estaba pensando.

-Hoy anda un poco despistada. –Le dice Ana.

-Mel, dile a papá que hoy no como en casa, ¿vale? Que… -Se queda pensando. –dile que he quedado con unos amigos.

-Vale, vale, tranquilo. Bueno, me voy. Ya me contaréis, eh. –Le guiño el ojo a Ana. Esta ríe.

Camino sola hasta casa. Conecto mis auriculares al móvil y pongo música. Mi única compañía en ese momento. Justin. Justin. Justin. Mi cabeza da vueltas. Todo, absolutamente todo me recuerda a él.

-Ya estoy en casa. –Digo en voz alta para que me oigan.

Llego y el pequeño viene corriendo a abrazarme. Le doy un beso en la mejilla.

-¡Mel! –Grita mi padre. -¡Ven, corre! ¡Justin está saliendo en la televisión!

¿Qué? Voy corriendo hacia el salón. No lo puedo creer. Está ahí, en la pantalla.

'Su nombre es Justin Bieber y ya ha causado toda una revolución en Youtube.'

Sale ese vídeo. El vídeo que grabé en su cumpleaños. El vídeo en el cual empezó todo. Estoy de pie frente al televisor y las lágrimas recorren mi rostro. No lo puedo creer. 

'Acordaros de esto porque sólo está empezando. Tiene 18 años y ¡está volviendo locas a las chicas!'

Y ahí cambian de noticia. 

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