Tu rastro.

sábado, 29 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 32.


-Cierra los ojos. –Me susurra a unos pocos centímetros de mi boca. Lo cual me provoca millones de escalofríos.

Noto como me los venda. Siento unos nervios en mi interior que no son normales. Escucho el ruido del motor. Me agarro fuertemente a él y logro escuchar su risa.

-Vamos, –Me acerco hacia su oído por instinto. -quiero escaparme ya.

Y arranca. Apoyo mi cabeza sobre su espalda. Me siento mejor que nunca. Estoy en una nube, pero una nube rígida, donde no hay peligro. No hay nada mejor que esto. Siento el aire acariciar mi cara. Mi larga melena se mueve agitadamente. Y mi estómago, no os podéis imaginar por lo que está pasando. Se ha convertido en un zoológico, donde ya no solo hay mariposas revoloteando por ahí.

Noto un rayo de luz, y es extraño. Tengo los ojos cerrados y vendados, ¿cómo es posible? Yo creo que es porque a su lado noto electricidad. Cuando estamos juntos, saltan las chispas que no son ni normales. Tenemos nuestras diferencias, entonces es cierto eso de que los polos opuestos se atraen. Maldita y cierta teoría. Pero por mucho que digan o puedan llegar a decir, nosotros vamos a romper las reglas. Y ahora mismo, pienso hacer locuras. Pienso revelarme. Voy a ser yo misma, a improvisar. Voy a vivir el momento. Únicamente nuestro momento.

Frena despacio, con cuidado. ¿Qué le pasa? Es muy raro en él, amante de la velocidad y el límite. Noto sus manos en mi cintura y me ayuda a bajar. Percibo su aroma. Suspiro. Más nervios.

-Vamos, princesa. –Me coge de la mano. Yo aún llevo la venda sobre mis ojos.

-¿Dónde estamos? –Pregunto, con curiosidad.

-Ah, -Ríe. –es un secreto.

Caminamos. Bueno, mejor dicho, me ayuda a caminar. Sigo sin ver nada. Huelo a tierra mojada. Escucho el movimiento de las hojas de los árboles. Me hago mil y una preguntas de dónde estaremos. Pero no me importa. Lo realmente importante es que estoy junto a él. Paramos. Acaricia mi mejilla y me besa despacio. Se aparta de mis labios. Intento buscarlo, pero no lo encuentro.

-Bebé, que estoy aquí detrás. –Ríe.

Noto sus manos en mi cintura. Comienza a besar poco a poco mi cuello. Me gusta este juego. Siento como me devora, pero no puedo verlo. Aunque eso es lo que hace esta situación especial, inesperada.

-¿Quieres saber dónde estamos? –Susurra sobre mi oído.

Acepto con la cabeza y sonrío. Siento sus delicadas manos quitar la venda que cubre mis ojos. Y ahí estamos, algo me decía que este lugar sería especial. Lo pensé desde la primera vez que lo vi. No miento. Sabía que ahí pasaría algo. Sé que ahí va a pasar algo. Estamos en ese lago. Me giro. Le miro a los ojos.

-Gracias por traerme aquí. –Le digo bajito.

Me mira también. Esa mirada que inquieta y enamora. Da un paso, dos. Nos quedamos frente a frente.

-Quiero hacer una locura. –Digo y se me escapa una pequeña risa.

-Somos jóvenes, hagámosla.

Está todo muy oscuro. Sólo nos iluminan la cantidad de estrellas que alumbran en el cielo, junto con la luna. Eso hace aún más bonito el lago. Me desabrocho el pantalón y me lo quito, quedándome en ropa interior en la parte inferior. También me descalzo y voy corriendo hacia el agua. Mojo mis pies. Está un poco fría. Me adentro un poco más y lo saludo con la mano desde aquí. Ríe. Se quita la camiseta y el pantalón y entra rápido. No para. Sin pausa. Como cuando un lince busca a su presa. Pero esta vez me buscaba a mí, y lo que quería era comerme a besos. Me alcanza y me derrito cuando humedece sus labios.

-¿Sabes qué? –Me pregunta.

-¿Qué?

-Quiero repetir mi segundo beso bajo el agua.

Entonces coloco mis manos en su nuca y me acerco a él. Mi corazón se va a salir del sitio porque sé que dentro de poco me va a besar. Y así es. Nos sumergimos y repetimos aquel mágico beso bajo el agua. Es una sensación diferente. Pensaba que algún día me cansaría de sus besos, pero me equivocaba. La cosa es que cada vez los necesito más.

-Me encantas. –Me dice colocándome el pelo tras la oreja. Me estoy derritiendo. Es muy dulce. Me pierdo en su mirada.

-A mi me encantas más. –Es lo único que me sale decirle.

-Shhhh. –Coloca su dedo índice sobre mi boca. –No sabes lo que siento, y te aseguro que yo más.

Me deja sin palabras esta vez. Es que no sé qué decirle. Decido robarle un beso. Y se gira, y otro. Cuando menos lo espera. Sé que le gusta, que le encanta. Me sumerjo y me aparto el pelo de la cara, me lo echo hacia atrás. Me acerco a él y sé que se muere por otro beso. Me coloco sobre su espalda y me sube hacia sus hombros. Río. Vamos hacia afuera. Camina despacio mientras estoy sobre él. Quizás tiene miedo de que pueda llegar a caerme o algo, pero yo me siento protegida. Me baja con cuidado y tiende una manta sobre la tierra. Se tumba ahí y me coloco encima de él.

-Estás demasiado sexy. –Dirige su mirada hacia mi pecho, donde la camiseta transparenta mi sujetador debido a que aún voy mojada. Me sonrojo. Ahora me mira a los labios, y otra vez a los pechos.

-Justin… -Me acerco más hacia su boca.

-¿Qué pasa, bebé? –Se muerde el labio y eso me pone aún más.

-Quiero hacerlo contigo, quiero que seas tú el primero. –No sé cómo he sido capaz de decir tal cosa sin tartamudear.

-Mel, cuando quieras. No hay prisa. 

-Ahora mismo.

-¿Estás segura?

-Sí. Ya.

Deslizo mi mano por su abdomen y bajo un poco más. Me acerco. Esto es peligroso, pero como dije, voy a hacer locuras. Aunque esto es diferente, porque cuando cometes una locura luego vienen las consecuencias, y yo sé que de esto no me voy a arrepentir.

Ahora su mano toma dirección hacia mi blusa. Desabrocha poco a poco, cuidadosamente cada uno de los botones que se encuentra en el camino. Me la acabo de quitar yo y la lanzo por ahí. Es de noche, apenas no se ve nada. Nadie nos puede ver. Nada va a estropear esto. Ahora el que se acerca peligrosamente es él. Sitúa su boca tan sólo a unos milímetros de la mía, se rozan. Me mira. Estoy temblando. Por una parte me asusta esto. Pero estoy con él. Todo va a salir bien.

-¿Segura? –Me pregunta. Estamos tan cerca que nuestras bocas se chocan.

-Segura. –Admito.

Entonces sus manos recorren mi espalda y se encuentran con mi sujetador. Lo desabrocha despacio. Me provoca escalofríos. Estoy muy nerviosa, pero tengo ganas. Ganas de hacerme suya. Aparto los tirantes de mis hombros. Justin se muerde el labio y va hacia mis pechos. Los acaricia, los besa. Se está desatando la pasión. Yo no dejo de revolver su pelo mojado, que me está volviendo loca. Me toca a mí. Recorro a besos desde su cuello hasta más abajo, donde me paro. Coloco mi dedo índice por la línea superior de sus bóxers. Es mi hora. Mis manos están temblando. Él lo nota. ''Tranquila'' me susurra bajito. Entonces los estiro hacia abajo y él se desprende de ellos más fácilmente. Nunca me había encontrado en una situación así. Me desprendo yo también de mis braguitas. Y ahora me coloco yo debajo de él. Me mira con ternura.

-Eres preciosa. –Dice sobre mis labios. -¿Estás lista?

-Sí. –Trago saliva.

Entonces me da un largo beso y al instante, comienzo a notarlo dentro de mí. Sí. Poco a poco. Va despacio. Es una sensación extraña. Me duele un poco. Deslizo mis manos sobre su espalda. Más. Cada vez me gusta más. Va tomando el control y ahora va un poco más rápido. Me lo esperaba peor. Siento millones de escalofríos. Me sonríe. Le sonrío. Continúa. Juraría que estoy volando. Pero no necesito alas, todo lo que necesito es él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario