No he podido dormir en toda la noche. Por una parte lo de
Justin, se ha ido y no sé si volverá. Por otra parte empiezo hoy mi rutina.
Estoy preocupada. No sé cómo serán las cosas a partir de ahora. Puede que
cambien un poco o puede que se vuelvan totalmente diferentes.
En media hora empiezo mi primera clase. Aunque normalmente
los primeros días no se suelen hacer grandes cosas. Voy directa a la ducha. El
agua recorre cada milímetro de mi piel y me hace sentir bien. Salgo. Me seco.
Voy hacia mi habitación con la toalla enrollada en el cuerpo. Pero me encuentro
a Ryan en el pasillo. Se queda un poco sorprendido. Nunca me había visto así,
la verdad. Lanzo una pequeña risa por lo bajo y entro a mi habitación. Comienzo a revolver mi
armario en busca de algo adecuado. Mmm… ¿qué me pongo? Miro la hora. Tengo que
decidirme ya. Quedan 15 minutos. Lanzo un suspiro. Me decanto por una blusa
color azul claro y unos pantalones blancos de pitillo. Me miro al espejo.
Volteo un par de veces para ver cómo me sienta. Y lista. Cojo mi mochila y bajo
las escaleras. Casi tropiezo en el último escalón, pero logro mantener el
equilibrio. Ryan me mira y ríe.
-¿Ya estás nerviosa y aún ni has entrado a clase? –Me dice.
-Tonto, es que –Miro a mi reloj. -¡¡sólo quedan 10 minutos!!
Voy corriendo hacia la cocina. Me cojo un zumo y me lo bebo
al instante. Seguro que luego me sienta mal. Me paro en otro espejo y me
arreglo un poco el pelo. Voy hacia el salón donde Ryan me está esperando para
irnos y salimos. Vamos a un paso rápido, pues acabo de mirar mi reloj y
¡¡quedan dos minutos!!
Por fin llegamos. No hay casi gente. Es tarde. Subimos las
escaleras. Ryan se tiene que ir hacia otro pasillo. Me quedo sola. Hasta que
veo mi clase. Me acerco a la puerta, estoy temblando. Llamo a la puerta y asomo
mi cabeza. ‘¿Se puede?’ pregunto a la profesora que se haya escribiendo algo en
la pizarra. ‘Claro, señorita’, responde. Se hace el silencio. Y entro con toda
la vergüenza del mundo. Tierra trágame. Todo el mundo me está mirando. Logro
ver a Caitlin que me hace un gesto para que me siente a su lado. Escucho a unas
chicas susurrar descaradamente sobre mí. No tengo ni idea de lo que estarán diciendo. Coloco mi
mochila en el respaldo de la silla y me siento.
-Mañana comenzamos la clase con normalidad. Este año va a
ser duro, chicos. –Y continúa escribiendo en la pizarra.
-Perdona, -Logro reconocer esa voz. -¿qué pone ahí?
Al instante se gira. Y la veo. Es ella. Paloma. Está en mi
clase. Me toca aguantarla todo el curso. Oh, no. Esto es peor de lo que
pensaba. Me inundo en mis pensamientos. Justin, ojalá él estuviera aquí. ¿Qué
estará haciendo ahora mismo? Saco mi móvil a escondidas de mi pantalón. Quiero
enviarle un sms. Pero no quiero empezar mal las clases. Así que me decido a
mirar la hora y lo vuelvo a meter en mi bolsillo.
-Mel, no te la juegues. Esta profesora es muy lista. –Me
dice Caitlin, a lo bajito.
-Ya. No quiero que me coja manía o algo por el estilo. ¿Cómo
se llama?
-Llámala ''Señorita Ruoph''.
Le asiento con la cabeza y sigo prestando atención…
*Pi, pi, pi* Hora de salir. Ya nos vamos a casa. Caitlin,
Ana y yo salimos de clase cogidas de la mano. Como en las películas. Sonrío.
Pero no encuentro el motivo. El caso es que estoy sonriendo. Me llevan hacia un
pasillo donde están las taquillas.
Encuentro la mía. La abro y dejo algunos libros allí.
-Vaya. –Alguien me da un toquecito en el hombro. –Si ahora
te veré todos los días.
-Eso parece, Romi. Cuánto tiempo. –Le saludo yo.
-¿Dónde te habías metido? –Me pregunta.
-Pues estuve un tiempo en casa del padre de Justin,
trabajando.
-¿Trabajando? –La expresión de su cara cambió.
-Sí, bueno, cuidaba a sus hermanos.
-Ah, pues bien. A él tampoco lo he visto.
-Estaba conmigo. –Reí.
-¿Ah sí? Creía que te habías ido sola.
-¿Sola? ¿Con su padre? –Volví a reír. –No, menuda vergüenza.
-A todo esto… -Se sonrojó un poco. –Te iba a decir si
quieres que mañana pase a por ti para venir… Pero supongo que Justin me partirá
la cara.
-Justin no está. –Ahora es mi cara la que había cambiado de expresión.
-¿Cómo que no está? –Pregunta extrañado.
-Que no está. Está en Atlanta. –Intento parecer ocupada. –Bueno,
me voy que tengo muchas cosas que hacer.
-Adiós, Mel.
Camino hacia casa con los pensamientos rebotando en mi
cabeza. Sé que voy a estar día a día pensando en él. Sé que Justin no se va a
ir de mi cabeza. Pero de lo que no estoy tan segura es de si volverá. Saco mi móvil y marco rápidamente su número.
Los dedos escriben solos. Tengo unas ganas inmensas de hablar con él, de
escuchar su voz.
-¿Bebé? –Miles de escalofríos recorren mi cuerpo a velocidad
de la luz.
-¡Justin! –Logro decir.
-¿Qué tal el primer día de instituto?
-La raíz cuadrada de 49 es Justin. Mel + Justin = Amor. –Suelto
una leve risa. –No he dejado de pensar en ti, cielo.
-Qué casualidad. Yo no tuve clase de mates pero mi mente
pensaba lo mismo. –Lo oigo reír. Mi corazón se acelera. -¿No me preguntas cómo
me ha ido el día?
-¿Cómo le ha ido el día, Señor Bieber? –Le pregunto con una
voz extraña. Y esta vez, consigo escuchar de nuevo su risa.
-Muy bien, princesa. Scooter me está enseñando varias cosas
para seguir adelante. –Se oye un ruido como si alguien le hubiera arrebatado el
móvil.
-¿Mel? ¿Melanie? –Me pregunta una voz desconocida.
-Sí, soy yo. ¿Tu quién eres?
-Soy Scooter. Encantado. Sólo quería decirte que traes loco
al chaval, y que en un día que llevamos juntos ya me ha hartado de hablar tanto
de ti. –Se escucha a Justin de fondo ‘Hey, man, ¡devuélvemelo!’. Río.
-Eh, bebé. –Ahora ya hablo con Justin. –Mañana hablamos más,
¿vale?
-Vale, amor.
-Te quiero.
-Yo más.
-No, yo más.
-Mentira. Te quiero más y no te voy a dejar tiempo a
responder. –Y cuelga.
Este chico y su manera tan tonta de hacerme sonreír. Ya he
llegado a casa. Le doy un beso a papá en la mejilla y subo las escaleras. Dejo
la mochila sobre la cama. Hoy no me tumbo a pensar en los planes que hacer
junto a él por la tarde. Ni paso la lengua sobre mi labio inferior para notar
el sabor de su beso. Ni siento cosquilleos en mi estómago porque en unas horas
lo volveré a ver. No. Porque él no está. Sólo me queda escuchar su voz. Y ahora
que se ha ido me siento extraña, pequeña, sin él. Sentía un vacio enorme, me
faltaba algo, me faltaba él.
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