Tu rastro.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 30.


Sí. Ha llegado el día. Después de dos meses lo voy a ver.  No me lo creo. Le doy un beso a Ana en la mejilla y otro a Caitlin. Me despido de ellas y salgo del instituto a toda hostia. En cinco minutos llego a casa. Me doy una ducha refrescante y me arreglo. Me coloco un chaleco vaquero junto con unos pantalones cortos del mismo tono vaquero, una camiseta básica blanca, y unos botines color marrón claro. Me miro al espejo. No evito pegar un grito debido a la emoción. Al instante río en bajito y me dispongo a maquillarme. Base, raya negra y labios en un tono rojizo. Eso le vuelve loco, lo sé. Hago unas muecas y vuelvo a reír. Sólo voy a pasar el fin de semana con él, pero es que eso ya es demasiado y suficiente para alegrarme cada día. Cojo la pequeña maleta que llevo, me va a juego con mi ropa y acabo de darme cuenta. Bajo las escaleras sin pausa. Estoy feliz.

-Vamos, dame un abrazo, y disfruta. –Me dice Alisson, y le abrazo con fuerza.

-Disfrutaré.

Ryan también se encuentra ahí y me abalanzo hacia él por su espalda. Me coge y en el intento de darle un beso en la mejilla he rozado sus labios. Siento una sensación extraña. Se me queda mirando.

-Bueno, que me voy. –Rompo el silencio.

Me hace un gesto con la mano despidiéndose de mí. Cuántas despedidas he vivido en tan poco tiempo. Es increíble. Quién me lo iba a decir a mí. Salgo fuera donde me esperan mi padre y Pattie en el coche.

-----------------------------------------------------------------------------------------

-Ya hemos llegado. –Lanzo un suspiro y sonrío a Pattie.

-Sí. Al fin. –Me dice ella.

Bajamos del avión, recogemos las maletas y todo ese rollo sin importancia. Cogemos un bus que nos lleva directamente hacia el hotel donde se aloja Justin. Nos para justo en frente. Pattie y yo nos miramos extrañadas. No nos podemos creer lo que estamos viendo. Al menos unas 50 jovencitas con pancartas en las que se puede leer ‘WE LOVE JUSTIN’, otras gritan sin más, y algunas pocas están llorando. Nos acercamos un poco, pero un señor a lo lejos nos llama. No tengo ni idea de quién es, ni Pattie parece que tampoco. Nos acercamos más hacia el hotel pero aquel señor chilla ‘¡Pattie! ¡Melanie!’. ¿Quién es? Parece que ella sí lo ha reconocido.  Me toma la mano y me lleva hacia donde está aquel señor. En realidad no sé por qué le llamo señor, parece que le esté echando más de 40 años. Pero no es así. Tiene pinta de tener menos. Me llama la atención su gorra color verde oscuro.

-Hola, encantado. Yo soy Scooter Braun. –Le da la mano a Pattie en señal de saludo, y luego a mí. Ya sé quién es.

-Oh, el famoso Scooter. –Exclamo.

-Sí, bueno, para famoso ahora… -Se queda paralizado un momento. -….Justin. Venir, tenéis que entrar por la puerta trasera.

Le seguimos y logramos entrar. Es un hotel normal, me gusta la decoración. Subimos por el ascensor. Me miro en aquel espejo gigante y me arreglo un poco el pelo.

-¿Cómo nos has reconocido? –Le pregunto a Scooter.

-Justin me enseñó fotos.

-Ah. –Digo y elevo mis hombros.

Nos quedamos en silencio unos segundos hasta que se abre la puerta del ascensor. Salimos y nos dirigimos hasta el final del pasillo. No parece haber mucha gente en esa planta, por no decir nadie. Es extraño, pero me gusta.

-¿Entras tu primero? –Me pregunta Pattie. Yo afirmo. Estoy nerviosa.

Scooter me entrega una tarjetita que parece ser de esa habitación. La coloco en la ranura y se abre. Me tiembla todo el cuerpo. Doy un pequeño golpecito a la puerta indicando que estoy ahí.

-¿Scoot? –Sí, acabo de escuchar su voz y me pongo más nerviosa aún.

Doy tres pasos hacia delante, quizás cuatro. Lo veo. Está tumbado en la cama viendo la tele. No se ha percatado de que estoy ahí. Visualizo el mando que está a mi derecha sobre una cómoda. Lo cojo y apago la tele. Lo he hecho en señal de ‘Eh, ¿hola?, que me mires que estoy aquí’. Da resultado. Parece no creer lo que ve, parece no creer que ahora mismo tan solo nos separa un metro de distancia. No dice ni una palabra. Se acerca a mí. Ahora son centímetros. Los ojos le brillan, amo cuando le sucede eso. Nos quedamos sin palabras y damos paso al beso. Echaba de menos ese sabor. Ese movimiento de lengua que sólo él sabía hacer. Esas sensaciones eléctricas. Esas manos rodeando mi cintura. Es un beso largo. Dulce. Apasionado. Tierno. Separamos un segundo nuestras lenguas y no puedo evitar reír sobre su boca.

-Bebé. –Ahora ríe él sobre la mía. -¿Qué haces aquí?

-Me he escapado. –Digo bromeando. –Que va, hemos venido tu madre y yo, a visitarte.

-¿Mi madre también? –Lanza una de las mejores sonrisas. Parece un niño pequeño cuando le dan una chuchería y no puede evitar poner esa cara de felicidad.

-Sí. Está esperándote en el pasillo.

Me coge de la mano y me doy cuenta de cómo había extrañado esa sensación de notar su suave piel. Esa sensación de protección. Esa sensación de ‘Conmigo todo va a ir bien’. Salimos de la habitación y se encuentra con Pattie. Me emociono. Es un momento bastante bonito. Se abrazan con fuerza y escucho como Justin le susurra un ‘Mamá, te quiero’. Ojalá pudiera sentir yo esa sensación de abrazar a la persona que me ha dado la vida. Pero estoy sonriendo. Él me hace olvidarme de todos mis problemas. Él me hace sentirme especial. Lo estoy viendo sonreír, lo estoy viendo feliz y eso es lo que me provoca la sonrisa. Después, Justin le deposita un beso en la mejilla.

-Scoot, ¿tú lo sabías? –Le pregunta sin dejar de sonreír.

-No, no lo sabía. –Miente.

-Sí lo sabías, sí lo sabías. Traicionero. –Justin le da un golpe en la barriga. Él y sus bromas. Él y sus tonterías. Pattie y yo reímos también.

-Está bien… sí lo sabía. –Admite Scooter y volvemos a reír.

-¿A que tenía razón, eh? –Le pregunta Justin.

-Sí, es muy guapa. –Responde.

-Es preciosa. –Justin se acerca a mí y me deposita un tierno beso en la mejilla. Al instante se sonroja. Entonces, me doy cuenta de que se estaban refiriendo a mí. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario