Toc. Toc. Toc. Llamé a la puerta. ‘¿Habrá
llegado ya Mel?’ pude escuchar a Ryan decir tras la puerta. Entonces abrió. Me
abalancé a sus brazos. Le he echado mucho de menos. Sonríe y noto como le
brillan los ojos. Seguro que él también me ha echado en falta. Me bajo de sus
brazos.
-¿Cómo te ha ido todo por allí?
-No sabes lo mal que lo he pasado…
-Intento parecer seria.
-¿Qué? ¿Qué ha pasado?
-Confiaron en mí para que cuidara de los
niños. Pero Jazzy acabó en el hospital y…
-¿Mel? ¿Qué hiciste? –Me pregunta
sobresaltado. Empiezo a reírme.
-¡Estaba bromeando! –Digo sin dejar de
reír. –Todo fue maravilloso, genial.
-¿Mágico? –Dijo imitándome.
-¡Ryan! –Le golpeé en la barriga con mi
puño, cariñosamente. –Pues sí, fue mágico. –Alcé mis hombros.
Me acompañó hasta mi habitación para dejar
mis cosas. Me senté en la cama y lancé un suspiro. Se sentó a mi lado.
-Mañana empezamos el instituto. ¿Lo
sabías, no? –Me preguntó con cara de no tener ganas de nada.
-Sí. Todo va a ser tan diferente…
Iban a cambiar muchas cosas en mi vida. El
instituto una de ellas. En Madrid iba a un colegio en el que sólo había hasta
cuarto curso de la ESO. Yo ahora iba a empezar primer curso de bachiller y de
todas formas me hubiera tenido que cambiar. Allí no tenía amigas. Y me estoy
refiriendo a amigas de verdad. Era una buena estudiante, si alguien me hablaba
era para que les pasara los apuntes o les explicara un temario de cualquier
asignatura. En mi clase era la rara, sí, porque amo leer. Por eso. Todos me huían,
pero realmente era yo la que quería huir de ellos. No cambiaría por nada del
mundo lo que soy. Me gusta ser diferente. En mi escuela todas eran iguales.
Sólo pensaban en maquillaje, en comer poco para parecerse a las modelos, en
ponerse pantalones en los que enseñan medio culo y en los novios (a lo que yo
llamaría mas bien ‘rollos’ porque no aguantaban ni dos días juntos, pero ellas
los llamaban así). Por eso a muchos chicos les atraía. Veían en mí lo que no
veían en las demás. O eso me decían. Me lié con muchos chicos, no lo niego.
Pero es que en esos momentos no tenía otra cosa que hacer. Por eso, muchas me
tenían una especie de envidia. Porque a mí me prestaban más atención que a
ellas. Pero nunca sentí por ninguno lo que siento por Justin.
-Mel, ¿estás ahí?
-Sí, estaba pensando.
-¿En qué?
-En cómo ha cambiado mi vida desde que
vine aquí. Allí, en Madrid, no tenía a nadie en la escuela y aquí me siento
querida.
-Eres querida. Además, Caitlin y Ana irán
contigo a clase.
-Ya, no sabes cuánto me alegro.
-Bueno, te dejo. Si necesitas que te ayude
en algo me llamas.
-No, tranquilo. Es sólo ordenarme algo de
ropa. –Le sonreí.
Salió de la habitación. Lo primero que
hice fue coger el portátil y llevarlo sobre mi cama. Lo encendí. Me ponía
nerviosa que tardara tanto. Por fin. Me conecto.
*Justin acaba de iniciar sesión*
¿Espero a que me hable o le hablo yo? Bah,
decido hablarle. No aguanto ni 5 seguntos. Mi dedo está a punto de presionar la
tecla cuando él se me adelanta.
• Justin
dice:
Bb <3
• Mel
dice:
Hola amor.
• Justin
dice:
Me hace ilusión hablarte por aquí.
• Mel
dice:
Qué tontito estás.
• Justin
dice:
Pero me quieres.
• Mel
dice:
Por desgracia sí.
• Justin
dice:
¿Por desgracia?
• Mel
dice:
A veces tengo miedo de quererte tanto.
• Justin
dice:
Quiéreme todo lo que quieras, que no te
vas a arrepentir.
• Mel
dice:
Ah, ¿sí?
• Justin
dice:
Sí, te lo prometo.
• Mel
dice:
Estás haciendo una promesa. Las promesas
se cumplen.
• Justin
dice:
Esto no *dibujito de corazón roto* y esto
sí *dibujito de corazón latiendo rápido*.
• Mel
dice:
Eres tan adorable…
• Justin
dice:
Con quien lo merece.
• Mel
dice:
¿Entonces merezco que seas tan tierno
conmigo?
• Justin
dice:
Mereces lo más bonito.
• Mel
dice:
Entonces te merezco. Perfecto.
• Justin
dice:
Bb…
• Mel
dice:
¿Qué pasa? *Carita asustada*
• Justin
dice:
Joder…
• Mel
dice:
Justin, me estás asustando.
• Justin
dice:
En una hora me voy a Atlanta.
• Mel
dice:
¿Y?
• Justin
dice:
Me voy y no sé cuando volveré. Baja, por
favor. Necesito darte un beso.
Me desconecto. Bajo lo más rápido posible.
Papá se me queda mirando. Abro la puerta y la cierro al instante. Hace frío y
un aire tremendo. Voy a paso rápido. Mi mente comienza a imaginarse cosas que
no desearía. Y lo veo. Ahí. Sentado en aquel banco. Me mira. Le miro. Me acerco
y me siento a su lado. Lleva una chaqueta azul marino. Se pone la capucha. Eso
me mata porque está increíblemente sexy. Pero no dejo de pensar en lo que me acababa
de decir.
-¿Entonces has tomado la decisión, no?
–Decido romper aquel silencio.
-Sí. Scooter me paga el vuelo, y todo lo
demás. Dice que si no me convence la idea, habré pasado unas vacaciones gratis,
volveré a Stratford y todo seguirá igual. Igual si tú quieres…
-Sigues pensando que no te voy a esperar.
Parece mentira que no me conozcas.
-Es que tengo miedo, -Puso su mano en mi
barbilla y me acercó hacia él. –bebé.
-Y yo. –Tragué saliva. Su boca tan solo a
unos pocos centímetros de la mía. No sé cómo estábamos aguantando tanto sin
besarnos. –Cumplo mis promesas.
-Es que no puedo imaginarme allí sin
tenerte a mi lado. –Me miró a los ojos durante unos segundos.
-Voy a esperar lo que haga falta, Justin.
-Y yo voy a besarte. Ya.
Era raro. Él nunca avisaba. Siempre me
robaba los besos. Pero me dejó encantada con ese. Tan tierno. Tan dulce. Tan
suave. Tan él. ¿Cómo voy a poder sobrevivir sin uno de ellos cada mañana, cada
tarde, cada noche? Lo necesitaba más de lo que me imaginaba. No podía creer que
nos íbamos a volver a separar. Pero ya hemos pasado por esto una vez. Y lo que
no separa la distancia, no lo separa nadie. Voy a esperarle, por mucho que me
cueste estar sin él todo este tiempo. Porque le quiero. Mucho.
-Me tengo que ir ya. -Dice acariciando mi
mejilla. No deja de mirarme a los ojos. Los suyos iluminan toda la calle.
Tienen un brillo increíble.
-Aún no me hago la idea… -Digo yo. Juraría
que mis ojos también están brillando.
Me toma por la cintura y nos damos un
último beso. De despedida. Pero realmente con las esperanzas de que ese sea tan
solo uno de los miles que nos quedan por darnos. Camino despacio rumbo a mi casa. Me giro. Veo que él
también me está mirando. Le sonrío. Me sonríe. Abro la puerta y entro con
cuidado. Es tarde y no quiero despertar a nadie. Subo hacia mi habitación. Voy
directa hacia la ventana. Apoyo mis brazos sobre el borde. Hay un pequeño hueco
y decido sentarme ahí. Veo como se apaga la luz de su cuarto. ¿Tardaré mucho en
verla encendida de nuevo? A los pocos minutos lo veo con su maleta a punto de
cargarla en el coche de Pattie. Se percata y me mira. Me muestra algo. Lleva en
su muñeca... ¿mi pañuelo? Ha vuelto a sus andadas el pequeño ladronzuelo. Y eso
me gusta. Porque sé que necesita de mí y por eso me lo ha
quitado.
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