Tu rastro.

martes, 4 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 26.


Toc. Toc. Toc. Llamé a la puerta. ‘¿Habrá llegado ya Mel?’ pude escuchar a Ryan decir tras la puerta. Entonces abrió. Me abalancé a sus brazos. Le he echado mucho de menos. Sonríe y noto como le brillan los ojos. Seguro que él también me ha echado en falta. Me bajo de sus brazos.

-¿Cómo te ha ido todo por allí?

-No sabes lo mal que lo he pasado… -Intento parecer seria.

-¿Qué? ¿Qué ha pasado?

-Confiaron en mí para que cuidara de los niños. Pero Jazzy acabó en el hospital y…

-¿Mel? ¿Qué hiciste? –Me pregunta sobresaltado. Empiezo a reírme.

-¡Estaba bromeando! –Digo sin dejar de reír. –Todo fue maravilloso, genial.

-¿Mágico? –Dijo imitándome.

-¡Ryan! –Le golpeé en la barriga con mi puño, cariñosamente. –Pues sí, fue mágico. –Alcé mis hombros.

Me acompañó hasta mi habitación para dejar mis cosas. Me senté en la cama y lancé un suspiro. Se sentó a mi lado.

-Mañana empezamos el instituto. ¿Lo sabías, no? –Me preguntó con cara de no tener ganas de nada.

-Sí. Todo va a ser tan diferente…

Iban a cambiar muchas cosas en mi vida. El instituto una de ellas. En Madrid iba a un colegio en el que sólo había hasta cuarto curso de la ESO. Yo ahora iba a empezar primer curso de bachiller y de todas formas me hubiera tenido que cambiar. Allí no tenía amigas. Y me estoy refiriendo a amigas de verdad. Era una buena estudiante, si alguien me hablaba era para que les pasara los apuntes o les explicara un temario de cualquier asignatura. En mi clase era la rara, sí, porque amo leer. Por eso. Todos me huían, pero realmente era yo la que quería huir de ellos. No cambiaría por nada del mundo lo que soy. Me gusta ser diferente. En mi escuela todas eran iguales. Sólo pensaban en maquillaje, en comer poco para parecerse a las modelos, en ponerse pantalones en los que enseñan medio culo y en los novios (a lo que yo llamaría mas bien ‘rollos’ porque no aguantaban ni dos días juntos, pero ellas los llamaban así). Por eso a muchos chicos les atraía. Veían en mí lo que no veían en las demás. O eso me decían. Me lié con muchos chicos, no lo niego. Pero es que en esos momentos no tenía otra cosa que hacer. Por eso, muchas me tenían una especie de envidia. Porque a mí me prestaban más atención que a ellas. Pero nunca sentí por ninguno lo que siento por Justin.

-Mel, ¿estás ahí?

-Sí, estaba pensando.

-¿En qué?

-En cómo ha cambiado mi vida desde que vine aquí. Allí, en Madrid, no tenía a nadie en la escuela y aquí me siento querida.

-Eres querida. Además, Caitlin y Ana irán contigo a clase.

-Ya, no sabes cuánto me alegro.

-Bueno, te dejo. Si necesitas que te ayude en algo me llamas.

-No, tranquilo. Es sólo ordenarme algo de ropa. –Le sonreí.

Salió de la habitación. Lo primero que hice fue coger el portátil y llevarlo sobre mi cama. Lo encendí. Me ponía nerviosa que tardara tanto. Por fin. Me conecto.

*Justin acaba de iniciar sesión*

¿Espero a que me hable o le hablo yo? Bah, decido hablarle. No aguanto ni 5 seguntos. Mi dedo está a punto de presionar la tecla cuando él se me adelanta.

• Justin dice:
Bb <3

•  Mel dice:
Hola amor.

•  Justin dice:
Me hace ilusión hablarte por aquí.

•  Mel dice:
Qué tontito estás.

•  Justin dice:
Pero me quieres.

•  Mel dice:
Por desgracia sí.

•  Justin dice:
¿Por desgracia?

•  Mel dice:
A veces tengo miedo de quererte tanto.

•  Justin dice:
Quiéreme todo lo que quieras, que no te vas a arrepentir.

•  Mel dice:
Ah, ¿sí?

•  Justin dice:
Sí, te lo prometo.

•  Mel dice:
Estás haciendo una promesa. Las promesas se cumplen.

•  Justin dice:
Esto no *dibujito de corazón roto* y esto sí *dibujito de corazón latiendo rápido*.

•  Mel dice:
Eres tan adorable…

•  Justin dice:
Con quien lo merece.

•  Mel dice:
¿Entonces merezco que seas tan tierno conmigo?

•  Justin dice:
Mereces lo más bonito.

•  Mel dice:
Entonces te merezco. Perfecto.

•  Justin dice:
Bb…

•  Mel dice:
¿Qué pasa? *Carita asustada*

•  Justin dice:
Joder…

•  Mel dice:
Justin, me estás asustando.

•  Justin dice:
En una hora me voy a Atlanta.

•  Mel dice:
¿Y?

•  Justin dice:
Me voy y no sé cuando volveré. Baja, por favor. Necesito darte un beso.

Me desconecto. Bajo lo más rápido posible. Papá se me queda mirando. Abro la puerta y la cierro al instante. Hace frío y un aire tremendo. Voy a paso rápido. Mi mente comienza a imaginarse cosas que no desearía. Y lo veo. Ahí. Sentado en aquel banco. Me mira. Le miro. Me acerco y me siento a su lado. Lleva una chaqueta azul marino. Se pone la capucha. Eso me mata porque está increíblemente sexy. Pero no dejo de pensar en lo que me acababa de decir.

-¿Entonces has tomado la decisión, no? –Decido romper aquel silencio.

-Sí. Scooter me paga el vuelo, y todo lo demás. Dice que si no me convence la idea, habré pasado unas vacaciones gratis, volveré a Stratford y todo seguirá igual. Igual si tú quieres…

-Sigues pensando que no te voy a esperar. Parece mentira que no me conozcas.

-Es que tengo miedo, -Puso su mano en mi barbilla y me acercó hacia él. –bebé.

-Y yo. –Tragué saliva. Su boca tan solo a unos pocos centímetros de la mía. No sé cómo estábamos aguantando tanto sin besarnos. –Cumplo mis promesas.

-Es que no puedo imaginarme allí sin tenerte a mi lado. –Me miró a los ojos durante unos segundos.

-Voy a esperar lo que haga falta, Justin.

-Y yo voy a besarte. Ya.

Era raro. Él nunca avisaba. Siempre me robaba los besos. Pero me dejó encantada con ese. Tan tierno. Tan dulce. Tan suave. Tan él. ¿Cómo voy a poder sobrevivir sin uno de ellos cada mañana, cada tarde, cada noche? Lo necesitaba más de lo que me imaginaba. No podía creer que nos íbamos a volver a separar. Pero ya hemos pasado por esto una vez. Y lo que no separa la distancia, no lo separa nadie. Voy a esperarle, por mucho que me cueste estar sin él todo este tiempo. Porque le quiero. Mucho.

-Me tengo que ir ya. -Dice acariciando mi mejilla. No deja de mirarme a los ojos. Los suyos iluminan toda la calle. Tienen un brillo increíble.

-Aún no me hago la idea… -Digo yo. Juraría que mis ojos también están brillando. 

Me toma por la cintura y nos damos un último beso. De despedida. Pero realmente con las esperanzas de que ese sea tan solo uno de los miles que nos quedan por darnos. Camino despacio rumbo a mi casa. Me giro. Veo que él también me está mirando. Le sonrío. Me sonríe. Abro la puerta y entro con cuidado. Es tarde y no quiero despertar a nadie. Subo hacia mi habitación. Voy directa hacia la ventana. Apoyo mis brazos sobre el borde. Hay un pequeño hueco y decido sentarme ahí. Veo como se apaga la luz de su cuarto. ¿Tardaré mucho en verla encendida de nuevo? A los pocos minutos lo veo con su maleta a punto de cargarla en el coche de Pattie. Se percata y me mira. Me muestra algo. Lleva en su muñeca... ¿mi pañuelo? Ha vuelto a sus andadas el pequeño ladronzuelo. Y eso me gusta. Porque sé que necesita de mí y por eso me lo ha quitado. 


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