Tu rastro.

jueves, 30 de agosto de 2012

CAPÍTULO 24.




El despertador me taladró la cabeza. Maldita sea. Era muy pronto. Pero tenía que estar en pie por si los niños se despertaban. Me levanté. Pasé por la habitación de Justin. No estaba. Ya se habría ido. Como cada mañana, me dirigí hacia el baño para lavarme la cara. Estampé el agua  contra mi cara y me sentí como nueva. Noté como alguien tocaba mi pierna. Bajé la vista, y era Jazzy estirándome del pantalón.

-¡Pequeña! Buenos días. –Dije, cogiéndola en brazos.

-Buenos días, Mel. –Me dijo con su dulce voz.

-¿Qué haces despierta tan temprano? –Le pregunté.

-Estaba asustada. He tenido una pesadilla, -Hizo cara de lástima. - y un monstruo me comía. Pero Justin dice que cuando sueñe cosas malas no tenga miedo, porque él me protege y me dice ‘Recuerda que soy un ninja’. –Dijo imitándolo. Reí cuando con aquello.

Yo recuerdo que de pequeña,  pasaba también miedo por las noches. Muchas veces me era imposible coger el sueño. Creía que saldría algo raro de mi armario y me atacaría. Pensamientos de toda niña pequeña. Una vez, fui a casa de mi abuela a dormir. Aunque dormía en su cama, con ella, seguía con miedo. Hasta que se dio cuenta y me entregó algo. 'Cuando no puedas dormir, abraza esto con fuerza.  Cuando seas mayor y se te pase el miedo, regálaselo a una niña especial para ti, para que se sienta más fuerte’. Fue ahí cuando me entregó ese osito de peluche. Le tenía un cariño inmenso, porque sucedió como ella me dijo, y me calmaba por las noches.

Llevé a la pequeña hacia mi habitación.

- Mira. –Saqué de mi maleta aquel osito de peluche. –Esto es para ti. Te lo regalo.

-Oh, qué bonito. –Me dio un tierno beso en la mejilla. –Muchas gracias, Mel.

-Me lo regaló una persona especial, pero te lo mereces y ahora te lo regalo yo a ti. Cuando tengas miedo, abrázalo muy muy muy fuerte, ya verás cómo se te pasa el miedo.

-Eres la mejor.

-Tú, princesa. ¿Quieres que bajemos a tomar el desayuno?

-¡Siiiiiiii! –Dijo, con entusiasmo.

Parecía tener hambre. Así que despertamos a Jaxon y bajamos a la cocina. Les preparé lo que querían para desayunar. Yo me cogí una pieza de fruta. No tenía muchas ganar de comer. Los siento en la mesa, y recibo en ese instante un sms.

Buenos días, bebé. No sé si estarás despierta a estas horas pero es que se me hace raro no verte por las mañanas y necesitaba un poco de ti. Espero que los pequeños no te agobien mucho. Si los llevas al parque se divertirán y puedes estar un rato sin tenerlos encima. Esta tarde es para nosotros, recuérdalo. Solos tú y yo. Bueno, decirte que te quiero y poco más. Me voy, que como mi padre me pille con el móvil me mata.

Solté una pequeña y breve carcajada. Decidí responderle.

Buenos días, mi amor. A mí también se me hace extraño, pero un día de estos hacemos una escapada, cuando no tengamos nada que hacer. Por la tarde… hum… ya veremos si la vecina no interrumpe nada. Yo no aseguro nada aún. Ah, ya te contaré lo que me ha dicho tu hermana ¡¡ninja!!  Jajajajajajajaja. Te quiero mucho.

Enviado. Cada vez que me acordaba de lo de 'Recuerda que soy un ninja' no podía dejar de reír. Ais, Justin. Me vuelves loca hasta con tus tonterías.

-¿Era mi hermanito, verdad? –Me preguntó Jazzy.

-Sí. Me ha dicho que os gusta ir al parque, ¿queréis que vayamos?

-¡Siiii! –Gritaron los dos pequeños a la vez.

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Por la tarde. Justin, Michelle y yo. Sí, ya se había colado en nuestros planes. Pero no pensaba preocuparme. Hoy me sentía con ganas de comerme el mundo. No sabía por qué, pero así era. Me quité el vestido para quedarme en biquini. Justin no me quitaba la mirada de encima. Nos íbamos a bañar en aquel lago. Me acerqué poco a poco para rozar el agua con la puta de mis pies. Estaba un poco fría. Entonces, noté sus suaves manos en mi cintura.

-Hola ninja. –Me giré, y le di un tierno beso en los labios.

Sonrió en mi boca. 1827387554 sensaciones eléctricas por mi cuerpo. Le miré a sus ojos. Con el reflejo del Sol se le veían más bonitos. Me perdí en su mirada durante unos segundos.  Y es que no os podéis ni imaginar lo que transmiten esos ojos color miel.

-¡Vamos! –Me cogió por el aire mientras nos metíamos hacia adentro. -¡Al agua!

-¡Justin! ¡Está fría!

-Yo te caliento, bebé. –Dijo riendo.

-¡Suéltame! –Reía esta vez yo. Salpicándole con el agua.

Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y enrollé mis piernas en su cintura. Me olvidé de todo lo que nos rodeaba. Me olvidé de Michelle que andaba por ahí. Me olvidé de todo. Porque como ya sabéis, cuando estoy con Justin me encuentro en un mundo donde solo existimos él y yo. Me acerqué lentamente a sus labios. Y comencé a besarlos sin parar. Como si no tuvieran fin. Quería devorarlos. Saborearlos. Succionarlos. Morderlos. La pasión se estaba apoderando de mí lentamente. Deslicé mis manos sobre su espalda desnuda y mojada. Luego, subí mis manos por su cuello hasta que llegué a su cabello. Le revolví el pelo que llevaba un poco húmedo. Me volvía loca. Él bajaba sus manos hacia mi trasero y me apretaba con fuerza. Me apegué más hacia su cuerpo. Hasta que pude notar algo. Su erección. Me acerqué más y más. No dejaba de besarlo. Y cuando yo paraba, era él quien hacia la búsqueda en dirección a mis labios. Hubo un momento en el que parecía que íbamos a estallar. Un momento en el que casi sobrepasamos los límites.

-Bebé, para. –Dije, susurrándole dulcemente al oído. –Tenemos una intrusa.

Me sumergí bajo del agua y nos decidimos a salir. Justin me envolvió la toalla por mi cuerpo. Fuera hacia un poco de frío, y estaba temblando. Michelle me echó una mirada que no sabría cómo interpretarla.

-Oye, ¿cuánto lleváis juntos? –Preguntó.

-Casi tres meses, ¿por? –Respondió Justin, con una cara extraña.

-Ah, eso es muy poco. –Me volvió a echar esa mirada. –Creía que llevaríais más.

-¿Tú que eres toda una experta en el amor o qué? –Le pregunté yo. No me pensaba callar. Y Justin me miró raro.

-Más o menos… -Será estúpida, pensé.

-Bueno, -Intentó cambiar de tema Justin. -¿Y tú tienes novio?

-¿Qué estás interesado? –Respondió con aire de vacilar.

-No le van las chicas como tú. –Respondí al segundo. Sin dejar contestar a Justin.

-Eh, Melanie, que era broma. –Y le guiñó un ojo a Justin. Él le sonrió.

¿Qué jueguecito se traían? Cada vez aguantaba menos a Michelle. Y cada vez aguantaba menos que Justin hablara con ella como si la conociera de toda la vida. Dejé la toalla en tierra. Me puse mi vestidito. Y fui en dirección a la casa. Realmente no sabía volver, pero todo era intentarlo y dejar a Justin preocupado. Sí. Quería que se preocupara por mí, por saber lo que me pasaba en ese momento, aunque seguramente lo imaginaba. Me llamó un par de veces, pero solo fui capaz de girarme, decir un ‘adiós’ y seguir en la dirección que había tomado. Me encontré rodeada de árboles. Por un momento pasé miedo. Definitivamente, no sabía dónde estaba. Miré hacia arriba y lo único que lograba ver era un pequeño rayo de Sol a través de las hojas. Busqué mi móvil en mis bolsillos. No había cobertura. Oh, sí, me encontraba perdida en un bosque. Guay. Solté una pequeña carcajada sin sentido. No sabía el por qué. Me sentía rara. Sola. Sin salida.

-Bebé. –Alguien dio un toquecito en el hombro.

-¿Qué? –Me giré sobresaltada. -¡Me has dado un gran susto!

-¿Qué haces aquí?

-Me había perdido.

-Suele pasar cuando una novia se enfada con su novio y coge rumbo decidida hacia algún sitio sin más.

-Justin, estás tonto.

-No, estoy enamorado. –Dijo mojándose los labios.

-¿A sí? ¿De quién? –Hago como si buscara alguien y miro alrededor. -¿Dónde te la has dejado?

-Ven. –Me coge de la mano y salimos de todo aquello. Ya no hay tantos árboles. Por fin. Libertad. Podemos ver el lago. Nos acercamos. –Estoy enamorado de esa. –Dijo señalando al agua, en el cual me podía ver reflejada. –Es hermosa, ¿verdad?

Noté un pinchazo en el interior. Miles de escalofríos recorriendo mi cuerpo. Electricidad. No sé cómo era capaz de provocar esas sensaciones en mí. Le miré a los ojos y otra vez su mirada. Bajé la vista esta vez hacia sus carnosos labios. ¿Tenía algo que no me enamorara? Todo me gustaba de él. Estábamos en silencio. Sólo podían escucharse el movimiento de las hojas de los árboles debido al viento y unos cuantos pájaros que volaban por allí. Miré hacia arriba. El cielo estaba precioso. Nunca había visto algo como aquello. El Sol se estaba escondiendo y eso le daba un tono precioso. Un color salmón tintaba todas y cada una de las nubes. El momento era el ideal. Puse mi dedo índice sobre sus labios. Y comencé a acercar mi boca hacia la suya. Despacio. Lento. No había prisa. Pim. El roce de sus labios me provocó de nuevo esas sensaciones. Y nuestras lenguas comenzaron su juego favorito.




Y ahí pasamos el resto de la tarde. Abrazados. Juntos. Viviendo nuestro momento. Hasta que oscureció. Hubiera dado todo para que se detuviera el tiempo. Nunca había vivido un momento tan bonito en mi vida.

martes, 28 de agosto de 2012

CAPÍTULO 23.


Mi mente me decía que aguantara. Caminé a paso rápido, alejándome de ellos. Hasta que llegamos a casa.

-Adiós, hasta mañana.

-Adiós, Michelle. –Contestó Justin.

-Adiós. –Sonreí falsamente y entré.

Fui hacia el comedor, donde los pequeños estaban viendo en la televisión unos muñecos que parecían de plastilina. Jazzy me miró y me dedicó una tierna sonrisa. Yo le devolví otra. Subí por aquellas escaleras en forma de espiral hasta la que era, en ese momento, mi habitación. Saqué mi iPod de mi bolsillo, y me tumbé en la cama, dispuesta a escuchar música. Sí, era de esas tontas que cuando se encontraban mal se ponían canciones para estar peor. No me gustaba contarle mis problemas a la gente. Yo los guardaba para mí. La música era como un recurso que utilizaba para sentirme comprendida. Significaba mucho para mí. Conectaba los auriculares, y me destinaban a otro mundo alejado de la realidad…

-Despierta, bebé. –Abrí poco a poco mi ojo derecho. –Te has quedado dormida.

¿Qué? Lo primero que vi al despertar fue su preciosa sonrisa. Me quedé paralizada ante aquello. Demasiado hermoso. No pude evitar sonreírle también, y a continuación lanzar un suspiro. Eché mi vista hacia mi reloj y vi que era la hora de la cena. Estiré un poco mis brazos para desperezarme. No dejaba de mirarme con curiosidad y a continuación rió dulcemente. En realidad, me dormí pensando lo cabreada que estaba con él, porque parecía hacerle más caso a la vecina que a mí. Pero fue levantarme, ver aquella sonrisa, su tierna mirada y olvidarme de todo. No sé cómo consiguió hacer desaparecer esos pensamientos que tuve en mi mente, pero lo hizo. Justin continuaba despertando esa magia dentro de mí.

-Esta vez no puedo traerte la cena a la cama, debemos ir bajo, -Me dijo, acariciando mi cabello. –pero te prometo que alguna vez lo haré. Toda princesa merece sentirse bien.

-No te preocupes. –Dije esta vez yo. -¿Bajamos?

-Pero antes déjame robarte un beso.

-No, esta vez te lo regalo yo.

Mis labios tomaron la misma dirección que cada día. Un beso. Otro. Otro más. Y otro. Pero no me cansaba. Sus labios tenían algo de especial. Y su boca el don de provocar sensaciones en mí para no dejar de saborearla. Otra vez de nuevo los mismos pinchazos de siempre en mi estómago. Cada día más fuertes. Más sentidos. Separamos nuestros labios de una vez, aunque nos costara. Bajamos por las escaleras sonriendo. Éramos felices, nos hacíamos felices mutuamente. Justin se tiró en el sofá encima de Jaxon, con cuidado, y comenzó a jugar con él. Mientras, fui en dirección a la cocina. Saludé a Jeremy, que se encontraba preparando una gran tortilla de patatas.

-Tiene buena pinta. –Dije, absorbiendo con mis pulmones el olor tan rico que desprendía la cena.

-Lo he hecho en honor a ti. –Me sonrió.

-¿De verdad? Otro día os cocino yo una, típica española. –Le sonreí. -¿Te ayudo en algo?

-No, gracias. Pero llama al niño grande, -Dijo refiriéndose a Justin. -y ponéis la mesa.

Solté una pequeña risa y me dispuse a llamar a Justin mientras pasaba un trapo para limpiar el mantel. Vino inmediatamente. En unos minutos acabamos de servir todo. Ayudé al pequeño Jaxon a sentarse sobre su trona de madera. Y comenzamos a cenar. Me sentía muy bien en aquel ambiente. Como si formara parte de la familia, como si fuera una más.

-Mañana comenzamos con el trabajo. –Dijo Jeremy, dirigiéndose a mí. –Volveremos por la tarde. Espero que los niños no te den mucha faena.

-Tranquilo, yo me las apaño. –Dije, con aire de responsabilidad.

-Cualquier cosa que necesites siéntete como en tu casa. En la nevera hay comida, puedes prepararte lo que quieras. No hay problema.

-Papá, Mel es responsable. No hay de qué preocuparse. –Soltó Justin, y a continuación dirigió su mirada hacia mí.

-¡Y sabe hacerme trencitas en el pelo! –Balbuceó Jazzy.

Comenzamos a reírnos. Justin casi escupe un trozo de tortilla que llevaba en la boca. Le miré y se percató. Comencé a reírme más. Pegó un trago a su vaso de agua, tragándose la risa, y se tranquilizó.

-Maldita sea. –Dijo, y estalló a reír.

Acabamos de cenar y recogimos todo. Jeremy se subió junto a los niños para dormir. Mañana tendría que levantarse pronto, tanto él como Justin. Pero nos quedamos unos minutos viendo la televisión.

-Tenemos muchos planes que hacer juntos. –Dijo Justin, y se tumbó en mi lado. Apoyando su cabeza en una de mis piernas.

-¿Te estás refiriendo a mí o a Michelle? –Puse un tono no muy adecuado para la situación, que al segundo acabé arrepintiéndome por ello.

-¿Cómo? –Puso una cara extraña.

-Nada. –Lancé un suspiro.

-¿Estás celosa?

-No. –Dije, rotundamente.

-Vale, estás celosa. –Rió.

-¿Cómo voy a estar celosa si eres tú mi novio?

-Tienes razón. Pero estás celosa. –Volvió a reír.

-Tonto.

-Boba.

-Imbécil.

-Guapa.

-Niñato.

-Preciosa.

-Inmaduro.

-Bebé. –Iba a decir algo pero me calló con un beso. Luego se separó poco a poco. –Vamos arriba.

Se levantó y me tendió su mano para que me levantara yo también. Subí rápidamente las escaleras. Caminaba a un paso rápido para llegar lo antes posible a su cama. Y me tumbé allí. Lancé una pequeña risa. Vino Justin. Cerró la puerta. Giré mi cara y pude ver como reía él también. Dios, su risa. Se acercó lentamente y se puso encima de mí. Yo estaba boca abajo y no podía levantarme. Me tenía atrapada. Doblemente atrapada. Atrapada en su cama y atrapada en un juego, en el juego del amor.

-No te voy a dejar escapar hasta que me prometas una cosa. –Murmuró sobre mi oído. Podía notar su respiración agitada.

-Dime.

-Prométeme que si me tengo que ir me esperarás.

-Te lo prometo. –Alcé mi vista y pude ver sus ojos brillando.

Se hizo el silencio un buen rato. Hasta que se quitó de encima de mí y se tumbó justo a mi lado. Se apoyó sobre su almohada. Su cara frente a la mía. Nos quedamos mirándonos un largo rato. Nos lo decíamos todo con esas miradas.

-Me voy a dormir. Dulces sueños, -Besé su mejilla. –bebé. -Y me levanté.

-Espera. –Me cogió del brazo, impidiendo que avanzara hacia mi habitación. –Mira, si no quieres no me acerco más a Michelle. Ni vamos con ella al lago. Lo que sea. Pero si te sientes mal por eso, lo haré.

-No te preocupes. –Solté su mano de mi brazo. Acaricié su mejilla. –Soportaré lo que sea  por ti.

-Haré lo que sea por ti. –Asumió.

Me dediqué a ir en dirección a mi habitación. Me paré en la puerta, y me giré.

-Buenas noches, sueña lindo.

-Buenas noches, soñaré contigo.

lunes, 27 de agosto de 2012

CAPÍTULO 22.


Primer día en aquella casa. Miro el reloj y era temprano aún. Necesitaba ir al servicio a lavarme la cara y esas cosas. Pero antes, tenía que pasar por la habitación de Justin, ya que estaban comunicadas. Abro la puerta con cuidado, sin hacer apenas ruido. Y lo veo. Ahí. Tirado boca abajo en la cama, sin camiseta y con sus bóxers. Me entraron unas ganas inmensas de recorrer todo su cuerpo a besos. Y para qué mentir, unas ganas inmensas de hacerle el amor. Parecía un ángel recién caído del suelo. Caminé poco a poco hasta salir de la habitación. Cerré con cuidado. El pasillo era muy largo. Menos mal que el baño se encontraba en frente. Abrí el grifo y llené mis manos de agua para a continuación estamparla en mi cara. Me miré al espejo y sonreí sin más. Salí. Otra vez de nuevo a pasar por la habitación de mi angelito. Mis pies descalzos la recorrieron pasito a pasito. Hasta que me tropecé con algo. Maldita sea. Casi beso el suelo. En ese instante, oigo una pequeña risa proveniente de la cama.

-Casi te matas. –Me dice Justin.

-Lo sé. –Arrugo mis labios.

-Ven, túmbate aquí conmigo un rato. –Me dice, deslizando su mano sobre las sábanas de su cama.

Me acerco y me coloco allí. Me mira fijamente. Creo que los colores en mi cara van a aparecer de un momento a otro. Yo voy con mi camiseta de tirantes, y el pantalón corto del pijama. ¿Pero él? Va provocando. Como dije anteriormente, sin camiseta y con bóxers.

-Estás preciosa ya de buena mañana. –Y echa un mechón de mi pelo detrás de mi oreja cuidadosamente.

-No me hagas sonrojarme. –Dije, sonriendo.

-Pues tus mejillas están cobrando color.

Se acerca a mí y me pega un pequeño mordisco en una de ellas. Se para. Esta vez va hacia mis labios. Juega un poco con ellos, hasta que nuestras lenguas se unen. Después de un largo beso, Justin ríe sobre mi boca, y eso hace que un escalofrío recorra todo mi cuerpo. Me separo un poco.

-Tengo miedo. –Le digo a pocos centímetros de su cara. –No quiero perderte.

-Nunca me vas a perder. Nunca te voy a dejar ir. –Dice mientras roza su nariz contra la mía. -¿Lo entiendes?

-Sí. –Trago saliva. –Pero si…

-Shhhh. –Pone su dedo índice sobre mis labios. –Que si me voy, te voy a llevar conmigo.

-No todo es tan fácil, Justin.

-Lo sé. No es fácil que quiera contactar conmigo una persona para ser mi manager. No es fácil tener que irme para cumplir mi sueño. No es fácil tener lejos a las personas que más quieres. No es fácil, pero es lo que hay. Y te prometo, que vamos a estar juntos cumpliendo eso que tanto deseamos. Tú eres mía, yo soy tuyo. Y así será para siempre. Cree en mí.

-Creo en ti, -Nuestras miradas lo trasmiten todo. –bebé.

Me levanté. Lo dejé en la cama tumbado como me alejaba, igual que en las películas. Abrí la puerta de mi habitación y la cerré al instante. En verdad, Justin podría entrar en cualquier instante. Estábamos al lado, y nadie nos vería. Cogí mi ropa interior, una camiseta color rosado y un pantalón corto blanco. Me dispuse a salir de la habitación bajo la atenta mirada de Justin. Dirección a la ducha. Abrí el grifo y comenzó a chorrear el agua sobre mí. Mojé mi largo cabello. Apliqué los champús, geles y cremas adecuados. Amaba echarme esos potingues. Me dejaban la piel suave. Dejé el agua correr sobre mi cuerpo, y en ese instante escuché un ruido. Salí de la ducha. Enrollé una toalla sobre mi cuerpo y otra sobre mi pelo. Eché la vista hacia dónde había dejado mi ropa interior. No puede ser. No estaba. ¿Ahora qué hago? Pensé. Rebusqué en cada rincón, pero ni rastro. Decidí entrar a la habitación de Justin.

-¿No serás tú el ladrón de mi ropa interior, verdad? –Reí y me coloqué enfrente de la puerta, cerrándola.

Se quedó paralizado varios segundos. Parecía no creer lo que estaba viendo. Si sólo estaba con la toalla enrollada, bah, no era para tanto.

-P..pe..pero.. –Tartamudeó. –yo no he sido.

-No me mientas. Va, que quiero cambiarme.

-Si así estás bien. –Su mirada recorrió cada parte de mi cuerpo, de arriba abajo.

-Imbécil. –Dije riendo.

-Me gusta tu sujetador. –Lo cogió, se acercó a mí, y me lo dio. –Ah, y tus braguitas. –Me las dio también.

-Gracias. –Reí. –A mí tus bóxers.

Y salí de la habitación sin más. Dejándolo con unas ganas inmensas de besarme. Entré de nuevo al servicio y me vestí. Peiné mi cabello dejándolo completamente liso. Decidí no maquillarme, no sabía lo que íbamos a hacer hoy. Era domingo y no habíamos hecho ningún plan. Volví a entrar a su habitación.

-¿No te ha desaparecido nada más? –Preguntó riéndose.

-No. –Me senté en su cama y miré hacia abajo, sin sentido.

-Pues anda con cuidado.  Estás preciosa con la toalla enrollada en tu cuerpo.

-No te creas, que tú también corres peligro.

Deslicé mi mano sobre sus abdominales. Él mordió sus labios y eso significaba una cosa. Se abalanzó sobre mis labios robándome un beso. Casi me quedo sin respiración. Me senté sobre él y comencé a besar su cuello. Notaba que le gustaba por la cara que ponía. Él ponía sus manos sobre mi cintura. Puse mis brazos alrededor de su cuello. Le di un tierno beso. Abren la puerta.

-Hermanito, -Era Jazzy. -¿vais a bajar a desayunar?

Me quité inmediatamente de encima de Justin. Él rió.

-Pequeña, te tendré que enseñar a llamar a la puerta antes de entrar. –Y soltó una pequeña carcajada. –Ahora bajamos.

{Por la tarde}

-Estos son los nuevos vecinos.

Jeremy nos presentó a unos señores, y a su hija que tendría más o menos mi edad. No me dio muy buena impresión la primera vez que la vi, la verdad. Miró a Justin con cara de deseo, y eso ya sí que era tocar mi territorio. Espero que no empezaran mal las cosas.

-Y este es mi hijo, Justin, y su novia, Melanie.

Por si no le había quedado claro, ya lo sabía. Me miró con una cara desafiante. ¿Se podía saber de qué iba? Cogí a Justin de la mano y nos fuimos hacia la puerta para salir.

-Esperad, llevaros a Michelle un rato. No tiene amigos aquí y así os conoce, y conoce también la zona.

Lo que faltaba. Ahora nos la teníamos que llevar. ¿No se daba cuenta de que iba a ir de sujeta velas? No pintaba nada allí con nosotros.

-Hola, -Dijo intentando aparentar dulzura. -¿dónde vamos?

-En realidad no íbamos a ningún sitio en concreto, -Respondió Justin. –pero podemos ir al lago.

-¿Al lago? ¡Qué bien! –Rió Michelle.

Los tres salimos en dirección al lago. Me pasé todo el camino en silencio. Mientras, Justin y Michelle hablaban sobre sus grupos favoritos de música. Parecía que a ella también le gustaba mucho cantar. Compartían un mismo sueño. Ya tenían algo en común. Pero como siguiera tonteando con él lo que iba a tener es mi mano en su cara.

-Ya hemos llegado.

Era precioso aquel lugar. El agua era tan clara y limpia que se transparentaban las rocas que había en el fondo. Había un árbol que  hacía una gran sombra en tierra. Me quedé contemplándolo unos cuantos segundos. Fue como un amor a primera vista, como el que tuve con Justin. Algo en mí me decía que tenía algo de especial. Que algo ocurriría allí marcando mi vida. Era un estúpido presentimiento, pero así era. Justin me abrazó por detrás y apoyó su cabeza en el hombro. Nos quedamos mirando el paisaje.

-Mañana venimos solos, tú y yo. -Susurré a lo bajito para que solo él me escuchara.

-Me parece perfecto.

-Es que es precioso. –Dije.

-¿Cómo yo? Lo sé. –Noté su ligera risa en mi oído.

-Eres un creído, pero te quiero.

El simple echo de estar apoyado sobre mí, provocaba que mis tripas se revolvieran despertando todos mis sentidos. Mi corazón latía a toda hostia. Un día de estos se me iba a salir del sitio. ¿Nunca habéis querido tanto algo hasta el cierto punto de tener miedo a que te lo quiten? Pues eso sentí cuando Michelle se acercó hacia nosotros interrumpiendo nuestro momento. 

-Mañana podríamos venir a bañarnos, ¿no? -Dijo.

-Bueno, es que mañana habíamos quedado para venir solos. -Dije yo, sin descaro alguno.

-No pasa nada, ya vendremos otro día tú y yo. -Finiquitó Justin.

Y eso me sentó como si me hubieran pegado un puñetazo en mi barriga. No exagero. Ya tenía que venir la puta vecina a incordiar, pero lo peor era que Justin le seguía el royo. Seguro que le daba pena porque estaba sola. Lo conozco demasiado bien. Pero es que teníamos nuestros planes, él y yo. No él, yo y Michelle.


viernes, 24 de agosto de 2012

CAPÍTULO 21.



El día junto a los niños fue agotador. Tanto Justin como yo acabamos con un gran cansancio. Nos pasamos el día jugando con los pequeños. Eran muy tiernos y parecí agradarles. Pero hoy tocaba hacer una cosa diferente, hoy conocería a su padre, Jeremy. Creo que me dijo que se llamaba así. Supongo que pasaré un poco de vergüenza, suelen decir que los padres son más ‘duros’ que las madres. Pattie fue un amor conmigo la primera vez que la conocí, espero que esta vez pase lo mismo.

Toc, toc, toc. Llamé a la puerta. Creo que me temblaban un poco las piernas.

-Por fin, -Dijo Justin, haciéndome paso para que entrara. –creía que no vendrías.

-Me había quedado dormida. Ayer acabé agotada.

Escuchaba un pequeño jaleo debido a los niños. Fuimos al salón y Jazzy vino corriendo a saludarme. Le besé en la mejilla. Era muy tierna. Pude ver que un hombre me sonreía mientras. Supongo que sería ese su padre.

-Papá, esta es Mel. –Me presentó Justin.

-Encantada. –Le saludé.

-Igualmente. Yo me llamo Jeremy.

Llevaba puesta una camiseta negra de tirantes que dejaba ver los diversos tatuajes que tenía en los brazos. Parecía un chico agradable. Era joven para tener a un hijo con 18 años ya, pero se le veía buena persona. Los padres de Justin eran humildes, según decía mi propio padre.

-Ven, -Me dijo Justin, mientras me agarraba por la cintura. –te tengo que enseñar una cosa.

Fuimos a su habitación. Me senté en su cama. Encendió el portátil con más prisa que nunca y se sentó a mi lado. ¿Qué estaba pasando? No tenía ni la más mínima idea. Ponía cara de emoción. Yo, por el contrario, cara de intriga.

-Vas a alucinar. –Dijo, y a continuación me dio un tierno beso en la mejilla.

Se encendió y pude contemplar su fondo de pantalla. Él y yo. Sonreí como una tonta, una tonta enamorada. Entró en su cuenta de Youtube. Entonces me hice una idea de lo que iba la cosa. Tendría muchas más visitas que la otra vez. Seguro. Y por ese simple echo se le vería tan emocionado. Lo sabía.

-Scooter, se llama Scooter. –Comenzó. –Quiere contactar conmigo. Dice que le gustaría que habláramos para que pudiera seguir adelante en esto de la música. Es un primer paso para alcanzar mi sueño, Mel.

Me quedé paralizada durante un instante. No era lo que pensaba, era algo más que eso. La verdad es que no sabía si alegrarme o no. En parte me horrorizaba esa idea.

-¿Qué pasa, bebé? –Se percató. Me miraba fijamente.

-No, nada. –Respondí. Intentaba aparentar emoción y entusiasmo. -¡Me parece genial!

-Creo que me voy a tomar un tiempo para pensármelo.

-¿Por qué? Si es tu sueño.

-Pero eso significaría renunciar a muchas cosas.

-¿Cómo a mí?

-Sí.

Mi corazón dio un vuelco en ese instante. Tenía razón. Por eso tenía miedo de aquello. Porque supondría abandonar Stratford por un tiempo, centrarse en lo suyo, y no tendría apenas tiempo para descansar, ni para mí. No, yo no me pensaba rendir. Lo nuestro tenía que seguir adelante como fuera. Pero sería dar paso otra vez a la maldita distancia. Lo que más odio en este mundo.

-¿Me estás queriendo decir que lo vamos a dejar? –No sabría cómo definir la cara que puso en aquel momento. Era todo un poema.

-No, -Se aclaró un poco la voz y continuó. –si me esperas no.

-¿Crees que te voy a esperar?

-Espero que sí.

-Quédate con la última palabra que has dicho. –Se hizo un breve silencio en la habitación.

-¿Se puede? –Dijo Jeremy, llamando a la puerta.

-Sí, pasa papá.

-He hablado con el padre de Mel. Os vais a venir a pasar varias semanas a Toronto. Tú –Dijo refiriéndose a Justin. –me ayudarás en el negocio, y tú –Dijo esta vez refiriéndose a mí. –cuidarás a los niños mientras trabajamos. Estábamos buscando una chica que se hiciera cargo de ellos, pero tú pareces perfecta para esto, además, los niños están contentos contigo. ¿Qué os parece?

-Genial. –Justin y yo nos miramos.

-Pero, ¿cuándo nos vamos? –Preguntó Justin.

-Mañana mismo.


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Ayudé a Jazzy a desabrocharse el cinturón. Bajé del coche. Jeremy abrió el maletero. Cogimos cada uno nuestra maleta. Menuda mansión. ¿Enserio eso era suyo? Según me había contado Justin, su padre ganaba bastante dinero. Pero él prefería vivir con su madre, porque le había criado desde pequeño, y a él, el dinero no le suponía la felicidad. Aunque también quería muchísimo a su padre, que lo veía dos o tres veces al mes. Caminamos por un pequeño camino señalizado por unas rocas muy bien diseñadas, hasta que paramos en la puerta. Desde aquí abajo, alzaba mi vista y se veía todo mucho más grande. Creo que lo pasaremos bien aquí. Aunque, con Justin, como si me quedo debajo de un puente a vivir, la diversión está asegurada.

-¿Y las llaves? –Dijo Jeremy, mientras las buscaba.

-Oh, papá. –Añadió Justin, con un tono gracioso. –Las tiene Jaxo.

El pequeño tenía las llaves en la boca, las estaba chupando. ''Qué normales son en esta familia'', pensé. Y reí sin querer. Jeremy le quitó las llaves al segundo.

-Están llenas de babas. –Reía Justin. –Eso no se hace,  Jaxo. –Le dijo al pequeño.

Al abrir la puerta te encontrabas un salón bastante grande, con muebles modernos de colores rojo y blanco, que combinaba a la perfección con el tono gris de la pared. A través de las diversas ventanas que rodeaban aquello, pasaban pequeños rayos de Sol que iluminaban ese salón. Me quedé fascinada. La escalera era de un color plateado y tenía forma de espiral. Justin me guió para subir. En aquella planta estaban las habitaciones.

-Mira, Mel, te voy a enseñar mi habitación. –Me dijo Jazzy, cogiéndome de la mano.

Aquello era el sueño de cada niña de su edad. Paredes rosas, una cama de princesas, con miles de muñecos alrededor. Bebés que parecían incluso reales. Una estantería llena de Barbies. Cajas registradoras, como si fueran de una tienda real. Tenía hasta su propia cocinita. Y en la pared en la cual estaba pegada a su cama había un pequeño cuadro que decía ''Princess Jazmin''.

-¡Qué bonita, pequeña! –Le dije, pegándole un pequeño toque a su diminuta nariz. –Casi tan preciosa como tú.

Jazzy rió, y su hermano mayor parecía ponerse celoso. Entonces nos guió hacia la del otro pequeño, Jaxon. Esta era más pequeña y totalmente diferente. Esta vez la estantería no estaba repleta de Barbies, sino de coches de juguete. A continuación Justin bajó al pequeño de sus brazos.

-¿Os quedáis aquí jugando, vale? Que yo voy a enseñarle el resto de las habitaciones a Mel.

-Vale hermanito. –Admitió Jazzy.

Obviamente, sabía que Justin quería quedarse conmigo un rato a solas. Me guió hasta la que supuse que sería su habitación. Entramos. Cerró la puerta y me apoyó contra la pared.

-Bebé.

-¿Qué?

-Quiero besarte, ya.

Me cogió por la cintura. No me dio tiempo ni a reaccionar y ya estaba sumergida en aquel tierno beso. El momento en el que su lengua se encontraba con la mía provocaba que mi estómago estuviera repleto de fuegos artificiales  a punto de estallar. Y cuando ese beso terminó y mordió mi labio inferior con dulzura, los fuegos hicieron ‘buuuuuuuum’.

-Lo necesitaba. No sé cómo he podido aguantar todo el trayecto sin besarte. –Dijo acariciando mis labios. –Te quiero muchísimo.

La tentación se apoderó nuevamente de nosotros. No podíamos estar el uno frente al otro sin poder rozar nuestros labios. Porque a eso lo llamaba yo de una manera. Magia. Nos hacía darnos cuenta de lo mucho que nos queríamos. Un amor que sube, llega hasta las nubes y allí vuela. Jugábamos a querernos tanto hasta el punto en el que nos diera igual si doliera. A su lado todo era diferente. Era un sueño. Pero no me despertéis. Aunque tengo que asumirlo, es la realidad. Yo esto sólo lo había experimentado en los libros de amor que me prestaba la tía. Pero ahora lo estaba viviendo yo misma. Yo era la protagonista de esta historia.

Más tarde, me enseñó la que iba a ser mi habitación por una semana. Sólo podía accederse a través de su habitación. Raro, pero así era. Las paredes eran de una tonalidad azul clara, y también era un espacio bastante iluminado. La cama era bastante grande, más a lo que estaba yo habituada. Al lado se situaba el armario. Y en una esquina un pequeño piano. Espera, estoy recordando algo. Creo que él también se ha percatado.  Me acerco. Tiene enfrente un pequeño taburete y me siento allí.

-FLASHBACK-

Me llevó hacia donde se encontraba el piano, me hizo un gesto caballeroso indicando que me sentara. Cogió mis manos, y me dijo 'déjate llevar'. Sus manos junto a las mías, mis dedos tocaban unas melodías que sonaban bastante bien, mi piel, su piel, tenía su cabeza junto a la mía, notaba su respiración por mi cuello, lo tenía justo a mi lado, seguíamos tocando. Separó sus manos, ahora iban en dirección hacia mi cara, me apartó el pelo delicadamente, y me susurró un 'eres preciosa' al oído. Entonces.. sonó mi móvil. Era mi madre, tan inoportuna como siempre. Aún no la había llamado, estaría preocupada.

-FIN DEL FLASHBACK-

Noto su respiración detrás de mí. Los latidos de mi corazón van a una velocidad incalculable. Ahora recuerdo aquel día, y lo comparo. Esta vez sentía millones de cosas más. Quién me iba a decir a mí que en este momento estaría locamente enamorada de él.

-Ahora nadie nos puede interrumpir el momento. –Dice, y noto que se acuerda de aquella vez.

Su boca se dirige hacia mi cuello. Que lo recorre a pequeños besos. Besos dulces, como él. Mi mano va en busca de su mano, y una vez la encuentro, la acaricio. Le transmito que todo va bien. La suelta por un instante. Ahora la yema de sus dedos recorre delicadamente por mi pierna desnuda. Me provoca escalofríos y de un momento a otro creo que voy a comenzar a volar. Le agarro de la barbilla. Lo acerco poco a poco a mí. Busco su boca. Sus besos. Su lengua. Busco de nuevo esas sensaciones tan maravillosas que son imposibles de describir. Por fin mis labios chocan contra los suyos. Y se produce la magia de nuevo. Nunca desearía separarme de ellos. La pasión se apodera de nosotros y notamos que no podemos estar el uno sin el otro. Nuestros besos eran especiales, esenciales, necesarios, mágicos, tiernos, dulces. De todas las maneras y de todos los sabores. Pero cada uno de ellos me transportaba a un mundo del que no tomaría un viaje de vuelta. De esos que desearías quedarte allí, junto a él, sin moverte. Y es que Justin, cada día me enamoras más. Frena un poco. No quiero llegar al límite, aún.

martes, 21 de agosto de 2012

CAPÍTULO 20.


No sé ni cómo Justin pudo manejar la moto hasta casa. Decía que le dolía todo. No tenía un buen aspecto, así que decidí que subiéramos a mi habitación mientras Ryan despistaba a papá, que estaba despierto en el salón. Se sentó en la cama y fui a por un pequeño botiquín que tenía en el servicio. Cogí algodón. Lo mojé con alcohol de curar y delicadamente lo pasé por sus labios apenas rozándolos.

-Escuece. –Dijo haciendo una mueca de dolor.

-Tranquilo, bebé.

Esta vez iba a cuidar yo de él. Era toda una tentación para mí rozar sus labios con aquel pequeño algodón y no poder besarlos. Y a veces me asustaba, porque no era un simple deseo, sino una necesidad. Mis latidos avanzaban a toda velocidad tras cada suspiro que lanzaba. Justin, ¿cómo provocas estas sensaciones en mí? Me hacía esa pregunta muchas veces al día, pero nunca obtenía respuesta. Y es que en esto del amor muchas veces no entiendes el por qué de los sentimientos. No entiendes el por qué el  simple echo de tener a esa persona a unos pocos centímetros  haga que tu corazón esté al borde de estallar. Ni entiendes el por qué esas mariposas revolotean cada rincón de tu estómago. Me siento como un pájaro que está aprendiendo a agitar sus alas para comenzar a volar. Estoy descubriendo sentimientos nuevos, que nunca había sido capaz de experimentar. Yo es que no soy muy experta en esto del amor, pero Justin me está enseñando.

-Hay una mejor solución para curarme. -Me dijo mientras me miraba fijamente.

-¿Cuál?

-Tus besos.

Se me salió el corazón del sitio. No sabría cómo explicar esto. Este sentimiento. Su labio se había quedado un poco hinchado debido al golpe, pero me tentaba más. Le daba un punto de chico malo mezclado con un toque sexy. No me pude resistir. Fui acercando mi boca hacia la suya, poco a poco, no había prisa. Los dos nos moríamos de ganas por probarnos de nuevo. A unos pocos milímetros se encontraba su boca de la mía. Notaba su respiración. Me lancé en busca de su lengua y de cada rincón de su boca. Entonces me perdí en aquel tierno beso. Me adentré en un mundo donde sólo existíamos él y yo. Donde la realidad supera a la ficción, porque esto, era real. Nuestras lenguas se declaraban inseparables. Él se adueñaba de mi boca, yo de la suya. Todo esto era increíble.





-Ya estoy curado. –Dijo mientras se tiraba hacia atrás, tumbándose en mi cama.

-¿Entonces soy una buena enfermera?

-Si mejoras en eso del alcohol, puedes llegar a ser una perfecta enfermera. –Y se rió.

-Pues la próxima vez que te cure otra, -Dije, para hacerle de rabiar un poco. -¿vale?

-No, -Se levantó y me robó un beso. –yo te quiero a ti, solo a ti.

Era tarde, se tenía que ir a su casa. Pattie estaría preocupada. Nos dimos un beso de buenas noches y salió por la puerta de mi habitación. Fui directa a la ventana, lo vería pasar por allí. Efectivamente. Al pasar, alzó su mirada hacia arriba y me vio. Me sonrió de esa manera tan suya… despierta, Mel. Me puse mi pijama, encendí mi portátil y me posé en la cama. Se acababa de ir y ya lo echaba de menos. Necesitaba un poco de él. Así que me metí en Youtube y vi esos vídeos que estaban subidos. Solo habían dos, pero eso me llenaba lo suficiente para adentrarme en un mundo mágico. En nuestro mundo. Cogí mis cascos y comencé a escuchar su dulce voz. Increíble. ¿No os pasa que cuando sentís algo tan fuerte  no sabéis como expresarlo? Pues eso me pasa en este momento. Y es que cada pequeño detalle de él me encantaba.

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Nuevo día. Hice lo mismo que todas las mañanas. Una vez vestida, alguien llamó a la puerta de mi habitación.

-¿Se puede? –Era la voz de papá.

-Sí, -Contesté. –pasa, pasa.

-Cariño, hoy Alisson y yo celebramos nuestro aniversario, ¿podrías hacerte cargo del pequeño? Ya sabes que a Ryan no le va mucho eso de cuidar a niños, por eso he pensado en ti.

-Claro, yo me hago cargo, papá. Además, sabes que me encantan los niños.

-Perfecto. Nos vamos en cinco minutos. Charles aún está durmiendo, pero cuando se levante dale la papilla que hay en la encimera de la cocina, ¿vale? Si necesitas algo me llamas, volveremos por la noche.

-No te preocupes, pasarlo bien. –Y le di un beso en la mejilla.

Acompañé a mi padre hasta el salón, allí estaba Alisson y se dieron un tierno beso. Me entró una especie de escalofrío. Ellos sobrepasaban los 40 años y se les veía enamorados, muy enamorados. Aunque sé que papá siempre tendrá el recuerdo de mamá, pero hay veces en las que debemos pasar página. Estoy segura de que ella lo mira desde el cielo y estará contenta al verlo feliz con otra mujer que también le hace sonreír. Me llaman mucho la atención. Normalmente veo por la calle a parejas ya mayores y no se les nota  esa complicidad. En cambio, a papá y a Alisson se les nota completamente esa chispa. Yo quería sentir eso también a los 30, 40, o 70 años de edad. Y lo quería sentir siempre hacia la misma persona. No os he dicho el nombre, pero sabéis por quien lo digo.

Escuché unos pequeños lloros en la habitación. Fui hacia allí, Charles se acababa de despertar. Lo cogí en brazos y le di un beso en la mejilla. Me encantaba el olor que desprendía, a bebé. Como Justin. Él olía también a bebé, y tenía la piel suave. Lo llevé a la cocina y lo senté en aquella trona. Le puse el babero y me dispuse a que le diera la primera cucharada. Ponía cara de felicidad. Le gustaba comer, y debido a eso se le formaban aquellos mofletes. Pero era muy gracioso. Balbuceaba algunas cosas que no lograba entender. Hablaba poco, aunque a veces hablaba con bastante claridad. Lo normal a sus casi 3 años. Llaman a la puerta.

-Voy a abrir un segundo, no te muevas guapo. –Le dije mientras apartaba su plato por si lo tiraba al suelo.

Fui a abrir la puerta, no tenía ni idea de quién sería. Pero ahí apareció Justin cogido de la mano de una niña pequeña, y sosteniendo en brazos a un niño que parecía tener menos edad.

-¿Podemos pasar? –Me dijo plantándome un beso en la mejilla.

-Claro. –Les hice un gesto para que entraran en casa.

Justin bajó de sus brazos al pequeño, y junto con la otra niña se fueron directos al salón. Justin me cogió de la mano y se acercó a mí.

-Hay una cosa que no te había contado. Mi padre tiene dos hijos con la mujer con la que está, y bueno, son ellos. –Dijo señalando a los niños. –Han venido hoy a visitarnos.

-No pasa nada, ¿hay algún misterio más en tu vida? –Dije sonriéndole a apenas unos dos centímetros de su cara.

-Ninguno. Lo demás lo descubrirás tú cuando quieras. –Me dio un dulce beso en los labios y me llevó al salón.

-Jazzy, Jaxon. Venir. –Dijo, llamándolos. Los pequeños corrieron hacia él. –Esta es Mel, ¿a que es guapa?

-Sí, -Dijo la pequeña con un dulce hilo de voz.

-Oh, tú también eres muy guapa. –Dije dándole un pequeño beso en la mejilla.

-Jaxon se ha quedado embobado mirándote, ya sabes lo que piensa. –Me dijo Justin, riéndose.

-Hola, ¿te llamas Jaxon? –Le pregunté yo al pequeño.

-Sí.. –Dijo, parecía tener vergüenza.

-Bonito nombre. –Respondí.

-¡Meeeeel! –Me llamaba Charles desde la cocina, me había olvidado de él.

Fui a por él, lo cogí en brazos y lo llevé hasta el salón. Vio a los pequeños y parece que se conocían ya de antes. Decidí dejarlo en el suelo y fue corriendo a abrazarlos.

-¡Charlsss! –Dijo Jazzy. –Cuanto tiempo. Te he traído un dibujo, ¡dáselo, Justin!

-Oh, -Dijo Justin entregándole aquel dibujo a Charles. –aquí lo tienes, te lo hizo mi hermanita con toda su ilusión.

Era un dibujo muy gracioso. La pequeña dibujaba bien para su corta edad. En el dibujo aparecía una casa, un árbol en una esquina, el Sol arriba, y Jazzy, Jaxon y Charles jugando con una pelota. Los niños se quedaron viendo la tele. Justin y yo nos sentamos en el sofá, regalándonos caricias.

-Creo que hoy va a ser un día agotador, -Le dije a Justin. –me toca encargarme del pequeño.

-Bueno, yo te puedo ayudar. Además, si traigo a Jazzy y a Jaxon se puede distraer con ellos.

-Son muy tiernos tus hermanitos.

-Como tú. –Me dijo y me plantó un beso corto en los labios.

La pequeña Jazzy nos miró extraños. Cogió un papel y los rotuladores que había dejado sobre la mesa y comenzó a dibujar. A los dos minutos se acercó a nosotros mostrándonos su dibujo. Aparecía una chica vestida de princesa, con corona incluida, besando a un chico, también vestido de príncipe. Al fondo se podía encontrar una montaña y un castillo a lo lejos.

-Mirad, estos sois vosotros. –Dijo, señalando su dibujo.

-¡Qué bien dibujas, Jazzy! –Le dije.

-¡Oh! –Dijo Justin, cogiendo a la pequeña en brazos. -¡Eres toda una artista!

Jazzy nos sonrió, y le susurró algo a Justin en el oído. Pero logré escuchar  ''¿Sois novios, verdad?''. Entonces él respondió ''Sí, ¿te gusta como la novia de tu hermanito mayor?'' y la pequeña asintió con la cabeza. A continuación, Justin le empezó a hacer cosquillas y Jazzy se moría de la risa.

-Tengo una idea. –Dijo Justin, mirando su reloj. -¿Qué tal si nos vamos al parque a comer?

Dicho y hecho. Justin me ayudó a preparar unos sándwiches, que por cierto, salieron deliciosos. Cogí la comida del pequeños y fuimos en dirección al parque. La tarde fue estupenda.

lunes, 20 de agosto de 2012

CAPÍTULO 19.


Entré en mi habitación y me encontré sobre la cama un vestido y una nota. Había algo escrito en ella. Me quedé muy extrañada, pero comencé a leerla.

‘A las 20:00 paso a por ti. Nos vamos de cena. Te he dejado un vestido, no te obligo a ponértelo pero estoy seguro de que te quedará perfecto. No cojas dinero, yo pago todo, princesa.’

Una sonrisa tonta se dibujó en mi cara sin apenas darme yo cuenta. Fui hacia la ducha. Me desvestí. Entré. Encendí el grifo y miles de gotas recorrieron mi cuerpo.  Entonces  comencé a reirme, sin explicación alguna. Fue como un estallido de felicidad. Sentí la necesidad de coger el móvil y llamarle diciéndole que era el mejor novio del mundo mundial. Pero paré. Quería ser dura y tampoco quería ser ‘demasiado fácil’ para él. Quiero decir, lo he pasado mal con los chicos todo este tiempo y tengo miedo a que Justin me falle. Mi última relación fue al principio un cuento de hadas, exactamente lo mismo que estoy viviendo ahora con él. Pero luego empezaron los malos rollos, las compañías, la fiesta, el tabaco y el alcohol, por parte de Tom, mi ex. Cambió radicalmente y de ser su todo pasé a ser nada. Esa fue la primera vez que me enamoré y desde ahí no he querido saber nada de chicos. Hasta que Justin apareció en mi camino. Pero tengo que ser fuerte. Tengo que creer en él, en sus promesas. En su ‘nunca digas nunca’, porque yo dije una vez después de lo de Tom que nunca me enamoraría más, y aquí me tenéis, hasta las trancas de ese chico con los ojos color miel.

Vaya, mi mente daba para mucho. Me apliqué jabón en el cuerpo. Después en el pelo. Me enjuagué con el agua y me enrosqué en la toalla. Sequé mi pelo y a continuación me puse la ropa interior. Visualicé aquel vestido. Decidí probármelo. Era de un color blanco tostado. Resaltaba mi moreno. Por la parte de detrás estaba formado por pequeños hilos que hacían transparentar parte de mi espalda. Era precioso, la verdad. Y me quedaba bien. Me miré al espejo como unas cien veces. Después, lo conjunté con unos zapatos del mismo color y con un poco de tacón. No veía la necesidad de ir tan arreglada.

-Mel, ¡baja que está Justin esperando! –Gritó mi tía.

Me hice un recogido rápidamente. Apliqué una base de maquillaje sobre mi rostro, una sombra color gris y finalmente la raya del ojo. Quedaba el último toque, la colonia. Cerré apresuradamente la puerta de mi habitación y bajé poco a poco la escalera  bajo la atenta mirada de Justin. Estaba jugando con el peque en el salón, pero se levantó y realizó una especie de escáner con sus ojos hacia mi cuerpo. Se quedó parado varios segundos hasta que me tuvo a unos centímetros de cercanía.

-¡Eh! Despierta. –Le dije depositándole un pequeño beso sobre sus labios.

-Te queda mejor de lo que imaginaba.

-Gracias.

Me despedí y dije que no volvería muy tarde. Justin se rió. ¿Por qué se reía? Estaba cansada y esta noche tenía pensado acostarme pronto. Pero ya había venido él cambiando mis planes. Y eso me encantaba. Lo nuestro era improvisado, sin planes. Improvisando, la vida me iba mucho mejor.

Justin tenía moto, y yo miedo de subir a ella. No sabía por qué, pero no me causaban buenas sensaciones. Resulta que íbamos a ir a un restaurante un poco lejos de aquí y teníamos que montar en ella. Maldecía aquella situación interiormente, ya que no llevaba el vestuario adecuado.

-Justin, eres muy listo, sabiendo que íbamos a ir en moto me regalas un vestido para ponérmelo hoy. –Dije entre risas.

-Pero tú estás enamorada de ese ''listo''. –Puso una cara graciosa diciendo aquello.

-Lo sé. –Admití. –Dame el casco, anda.

-Toma.

Me entregó el casco y me miró fijamente mientras me lo ponía. Ahora no sabía subir a la moto sin que se me viera nada. Me sentía un poco incómoda ante aquella situación. Justin subió a la moto, se puso el casco y me miró con cara extraña.

-No pretenderás que te ayude a subir, ¿verdad? –Dijo riéndose.

-No, sé hacerlo yo solita. –Dije mientras hacía un impulso para subir.

-Venga, -Tendió su mano. –Coge de mi mano.

Le hice caso y subí milagrosamente. Miré a los alrededores para comprobar que nadie había visto nada.

-Agárrate fuerte, -Dijo arrancando la moto. –llegamos tarde.

Entonces aceleró y me agarré a él fuertemente. Cerré los ojos. Pero los abrí a los cinco segundos. Imposible. Era imposible aquello. Tenía un gran miedo a las motos, y digo tenía porque ese miedo desapareció. ¿Qué estaba pasando? La causa era Justin. Me sentía protegida a su lado. Algo mágico había dentro de mí y recorría cada parte de mi cuerpo. Estaba abrazada a él y esa era la mejor sensación del mundo. Si fuera por mí, no me soltaba nunca. Iba rápido. Nunca había ido a tanta velocidad. Pero sentía algo en mi interior que decía que todo iba a ir bien a su lado. Me transmitía sensaciones que sería incapaz de describir. En fin, es lo que tiene estar loca por alguien.

Diez minutos más tarde paramos en un pequeño restaurante. Bajamos de la moto. Era bonito y acogedor. Me gustaba bastante.  El lugar estaba bien iluminado. Entramos y un señor que trabajaba allí nos indicó dónde sentarnos.

-Me gusta este sitio, -Dije con una sonrisa. –y me gusta que me hayas traído aquí.

Justin me devolvió la sonrisa. Iba a decir algo pero un camarero se nos acercó.

-Perdonen, ¿qué quieren de bebida? –Preguntó.

-¿Champagne? –Preguntó Justin mirándome. Afirmé. –Pues dos copas de champagne por favor.

El camarero se lo anotó en una lista que llevaba y se fue. Justin me cogió de la mano. Estábamos uno enfrente del otro. Muy romántico todo. Me encantaba.

-Tendré que aprovechar mis 18 años. –Dijo con una sonrisa graciosa. –Parecemos un matrimonio ya.

-¿Tanto aparentamos? –Reí.

-Ya lo creo, además, el escote ese que llevas te queda fenomenal y creo que el camarero se ha percatado de eso. Pero como vuelva a dirigir la mirada no sale vivo de aquí. –Esta vez reía él, aunque lo que dijo parecía decirlo seriamente.

El resto de la cena transcurrió tranquilamente, aunque se me pasó demasiado rápido. Cuando estaba con Justin era como si las horas fueran minutos. Salimos fuera y, espera, ¿qué hacían todos ahí? Estában Ryan, Caitlin, Ana, Chaz y los demás. Las chicas iban también con vestido y los chicos un poco más arreglados de lo habitual.

-Vámonos, -Dijo Ryan mientras me hacía un gesto con la mano. –nos vamos a celebrar que te quedas aquí, como te prometí.

-¿Qué? –Dije divertida mientras les seguía y Justin me tomaba la mano. –Yo no sabía nada.

-De eso se trataba. –Dijo Caitlin risueña.

-Venga, ¡vamos! Que está lleno de gente. –Esta vez hablaba Ana.

Se escuchaba música y seguimos aquel sonido. Me quedé hablando con las chicas mientras Justin reía con los demás. Llegamos a aquel sitio. Estaba al aire libre y había un dj pinchando canciones bastante movidas. Los chicos fueron a por un poco de alcohol y nosotras comenzamos a bailar.

-Eh, Mel, ese chico de ahí no te quita ojo. –Dijo Ana señalando a un chico.

-Pues será Justin quien le arranque el ojo como siga mirándote. –Añadió Caitlin.

Comenzamos a reírnos. Eso sí, no dejábamos de bailar y aquel chico tampoco dejaba de mirarme. Apenas le veía la cara, estaba lejos de mí. Hasta que noté que alguien me dijo algo al oído. Olí su perfume y me desconcertó completamente. 

-Eh, bebé. –Me dijo Justin con un cubata en la mano. -¿Quieres un poco?

-Te dije la última vez que no bebería más…

-Si te controlas, puedes hacerlo. Toma.

Pegué un trago de aquello. Parecía ron y estaba un poco cargado.

-No te pases tu esta vez, ¿eh? –Le dije. –Que tienes que ir en la moto.

-Y tengo que llevarte a casa, tienes razón. –Me dio su vaso. –Ten, que no voy a beber más.

Esta vez bebí de nuevo. Y comencé a bailar junto a él. Me robaba besos de vez en cuando. Me encantaba aquello. Pero notaba que ese chico aún me miraba. Me sentía incómoda ante aquello. Justin se fue un momento, no escuché muy bien donde me dijo que iba. Entonces me quedé con las chicas.

-Mel, por ahí viene, -Me dijo Caitlin, avisándome. –por ahí detrás.

Me giré y lo vi. No lo podía creer, era el mismo. El mismo chico que me persiguió en Madrid junto a sus amigos. El mismo de la gorra. Era él.

-¿Qué quieres? –Le dije. -¿Qué haces aquí?

-Eh, eh, guapa. Sólo he venido a saludarte. Veo que me recuerdas, ¿verdad? –Me dijo mientras se acercaba a mí cada vez más.

-Pues sí, me acuerdo, y no recuerdo algo precisamente bueno. Así que, adiós.

Cada vez lo tenía más cerca. Me di cuenta de que tenía unos ojos verdosos de un color precioso. Pero, Mel, frena. Mándalo a la mierda. Me fui hacia afuera huyendo de él y toda la multitud. Caitlin y Ana me miraron con cara extraña. El chico aún me seguía.

-¡Déjame ya! –Grité a unos 5 centímetros de su cara.

Entonces me agarró fuertemente de la cintura e intentó besarme, pero en unos segundos lo vi tirado en el suelo. Alguien se abalanzó encima suya y comenzó a pegarle sin parar. No lograba ver quien era. Intenté separarlos y lo vi. Era Justin. Se giró para verme y justo en ese instante el chico estampó su puño contra su cara. La boca de Justin comenzó a sangrar. No pude ante esa situación. Busqué ayuda. Un chico vino corriendo rápidamente y me ayudó a separarlos. 

-¡No te vuelvas a acercar a ella! -Gritaba Justin, que no dejaba de sangrar. -¡Como te acerques una vez más te mato! ¿Te enteras?

-Justin, para, por favor, vámonos a casa. -Le dije intentando tranquilizarlo, mientras le agarraba por el brazo.