Tu rastro.

domingo, 15 de julio de 2012

CAPÍTULO 8.


-¿Ahora por dónde se va al parque? No sé volver. –Le pregunté a Romi.

-Bueno, pues que venga tu ‘chico’ a por ti, ¿no?

Me habló en un plan despectivo, ¿por qué cambiaba tan de repente su actitud hacia mí? No sabía que responderle, así que le pregunté.

-No me vas a acompañar, ¿verdad?

-No. –Me dijo, rotundamente.

-¿Por qué te comportas de esta manera conmigo?

-Porque te quiero,  te llevo queriendo más tiempo del que te imaginas y no soporto verte con otro.

-¿Qué?  Tú a mi no me conoces de nada. Hoy es la primera vez que te he visto.

-Te equivocas.

Estaba alucinando. Decía que me conocía, vamos a ver, si esta era la segunda vez que lo veía en mi vida.

-No estoy mintiendo, Mel. No quiero hacerte daño, no te lo voy a contar.

-¿Pero de qué hablas?

-Que no quiero hacerte daño…

-¿Daño? Cuéntamelo, por favor. –Me estaba alterando.

-No, no soy la persona apropiada para decírtelo.

-Por favor, me estás asustando. Dímelo. –Dije en un tono más alto.

-Las cosas no son como crees, ni las personas. Hay gente que te está engañando.

-¿Qué me estas queriendo decir?

-Este es tu lugar, donde naciste, no Madrid.  Tenías 6 años cuando viniste aquí con tu abuela, tú no sabías que este lugar era Stratford. Cuando me dijeron que venías de nuevo no lo podía creer.  Eras ese amor que tienes de pequeño y nunca lo olvidas. Siempre me has gustado. Te vi nacer, te vi crecer, sé que tienes un lunar en la parte trasera del cuello, sé que no tienes fotos de tu infancia, sé que eres zurda, sé que diste tus primeros pasos en esta misma plaza, sé que a los cuatro años te mudaste a Madrid, sé que la gente de aquí te mira extraño, porque saben quien eres. Te tengo que decir una cosa, no soy el apropiado para decírtelo pero tu madre murió cuando tenías 3 años. Clara, la que crees que es tu madre no lo es realmente. Clara, es tu tía. Al año siguiente de morir tu madre decidió hacerse cargo de ti, ser tu ‘nueva madre’ y mudarse lejos, junto a tu abuela. 

No estaba mintiendo. En ese instante, en mi cabeza apareció todo nublado, veía borroso, hasta que caí al suelo. Me desmayé completamente. 
Romi fue a buscar ayuda, pero no había nadie por esa zona. Cogió mi móvil, y marcó para llamar a Justin. Le contó todo lo que había pasado.
A los dos minutos vino, corriendo como nunca lo había visto antes. Estaba muy preocupado.

-Mel, ¿me escuchas? Despierta, por favor.

Yo no reaccionaba, ni siquiera lo veía, sólo podía escucharle lo mínimo.

-Por favor, abre los ojos. Dime algo. Esto no es posible, por favor. Abre los ojos. Mel, abre los ojos.

Justin estaba desconsolado.

-¿Cómo se te ocurre decírselo? Eres la persona menos indicada. Vete, por favor. No te quiero verte más, y menos después de esto. ¡Vete! –Dijo Justin gritando a Romi.

Ryan había ido a buscar a mi padre, a buscar ayuda. Nos quedamos solos en esa plaza. Solos Justin y yo. Me cogió y me llevó a un banco. Estaba encima de él, con sus manos cogía mi cara delicadamente para llevarla hacia su pecho, poco a poco empecé a notar sus caricias, notaba sus lágrimas que caían en mi cara, y de repente, desperté. Abrí los ojos.

-¿Mel? –Me abrazó como nunca antes.

Entonces, su rostro cambió completamente y se le veía más alegre.

-No sabes el susto que me has dado, no me voy a separar de ti ni un segundo, ¿me escuchas? Ni un segundo. Si te hubiera pasado algo… no sabría que hacer sin ti.

Era una situación extraña, muy extraña. Le sonreí. Me besó en la frente, y me sonrió también.

-Gracias por venir. –Le dije, fueron las primeras palabras que se me vinieron a la cabeza.

-Gracias a ti por existir. –Me dijo, mientras seguía acariciándome la mejilla.
Vinieron mi padre y Ryan, sobresaltados.

‘¿Qué ha pasado?’ Escuchaba a mi padre decir a lo lejos. Justin me ayudó a ponerme en pie. Colocó mi brazo derecho sobre su hombro, y mientras su brazo izquierdo rodeaba mi cintura, transmitiéndome plenamente seguridad.  Decidieron llevarme a casa. Todo el camino fue silencioso, y yo aún seguía con la duda de si aquello que me había dicho Romi era verdad, o no. No sabía cómo preguntárselo a papá, pero sin duda, se lo iba a preguntar.
Cuando llegamos, Justin me acompañó a la habitación. Me tumbé en la cama. Él se sentó a mi lado. Y empezaron las preguntas.

-Quiero que seas sincero conmigo, Justin. ¿Tu te sabes la historia, verdad?

-Sí…

-¿Y por qué no me has querido decir nada?

-Mel, yo no tengo nada que ver en esto. El más apropiado en contártelo era tu padre, él ha vivido la historia como ninguno.

-Me siento una estúpida.

-Eh, eh. No digas eso. Yo te quiero así, tal como eres.

-¿De verdad?

-De verdad. Te lo juro. Ven, que te voy a contar algo.

Me cogió de la mano y nos dirigimos hacia la ventana. Señalando un pequeño jardín que había entre su casa y la ‘’mía’’. Entonces me dijo:

-¿Ves esas flores? De pequeños jugábamos ahí, y yo siempre te regalaba una de ellas. Eran de un color rojizo, como se ponían tus mejillas cuando te decía algo bonito.

-¿Yo jugaba contigo?¿Ahí?¿Enserio?

-Sí, tú no me conocías pero yo a ti sí.


-Una vez me acuerdo que conocí a un chico, en un viaje. Siempre me hacía de rabiar, yo me enfada, pero al final me perdonaba y me regalaba una flor.

-Pues ese chico era yo, y ese viaje era a Stratford.

-Entonces, ¿yo te conocía de antes? Increíble.

-Quien diría que esa chica de trencitas con la que siempre me enfadaba iba a ser la persona más maravillosa que conozco ahora…

No hay comentarios:

Publicar un comentario