Tu rastro.

miércoles, 25 de julio de 2012

CAPÍTULO 10.


Llegó el sábado. Cumpleaños de Justin.  Sus 18. Me levanté temprano ya que quería darle una sorpresa, le había comprado unas supras moradas, de su color favorito, una camiseta larga, de las que le gustan a él, junto con unos pantalones de talle bajo, de esos que tanto lleva. También le había escrito una carta, emotiva, de todo corazón.  Sólo llevaba unas semanas saliendo con Justin, pero era como si hubiéramos estado toda la vida juntos. Es más, nos conocíamos de antes, aunque yo cuando llegué aquí no lo sabía. En fin, hablé con Pattie la noche anterior para poder ir temprano a su casa. Me abrió la puerta. Llevaba un pijama muy gracioso, de unas ovejitas.

-Buenos días linda, pasa. –Me dijo.

-Buenos días, Pattie.

-Sube a la habitación, con cuidado, Justin a la mínima que oye un ruido se despierta.

-Sí, iré con cuidado – Y solté una pequeña carcajada.

Subí despacio las escaleras, con dos bolsas en mis manos, donde llevaba los regalos. ‘Espero que le gusten’ pensaba todo el rato. Abrí poco a poco la puerta de su habitación. Y ahí estaba. Parecía un angelito durmiendo.  Estaba destapado, sin camiseta, y con unos pantalones largos del pijama. Lo típico que suelen llevar los chicos sexys para dormir.
Dejé las bolsas en una silla que tenía en una esquina de su habitación, justo debajo del póster de Bart Simpson.  Me senté en una esquina de su cama y comencé a acariciarlo. Primero por sus mejillas, luego hasta el cuello. Ese cuello que me volvía loca. Ese cuello que me moría por besar.  Mi corazón latía muy rápido cuando estaba con él. De repente, abre medio ojo izquierdo y se frota la cara. Me hizo gracia, parecía que no podía creer que estuviera a su lado, a esas horas de la mañana.

-Felicidades, mi niño.  Buenos días.

-Buenos días, princesa. Gracias. No esperaba levantarme y tener ya mi regalo en mi cama.

-Jaja –Me sonrojé un poco. –Hablando de regalos…

Me levanté, cogí la bolsa, y la puse sobre la cama. Saqué tres paquetes, cada uno era un regalo.

-Elige qué quieres abrir primero.

-Mmm… este.-Justin señaló una caja de un color anaranjado.

Ponía cara de emocionado, como un niño abriendo sus regalos el día de navidad.  Abrió la caja y eran las supras, de su color favorito.

-Me encantan. -Se lanzó sobre mis labios y me dio un tierno beso. –Ahora voy a abrir…. Esto.

Abrió una bolsa blanca y envuelta en papel de regalo se encontraba una camiseta de color rosa clarito con unas letras en negro, que llamaban la atención. No dudó en ponérsela.

-¿Me queda bien? Has acertado con la talla.

-Perfecta, aunque estás mejor sin ella.

Justin soltó una pequeña risa. Le hicieron gracia mis palabras. Pero era la pura verdad, estaba mejor sin camiseta.

-Pues a tus órdenes, princesa. –Dijo quitándose la camiseta.

A continuación abrió el siguiente regalo. Los pantalones.

-Me encanta todo. Has acertado, cómo sabes que me gustan bajos. Gracias.

Justin era ante todo agradecido. Y su sonrisa me transmitía ese ‘gracias’ y un ‘me estás haciendo feliz’.

-Me alegro, eso quería yo, que te gustara todo.

-Me gusta todo lo que venga de ti.

-Espera, que aún falta una cosa.

-¿Más? –Dijo con cara de emoción.

-Bueno, este es más sentimental.

Saqué la carta. Me temblaban las manos. Estaba nerviosa. No soy de las que suelen mostrar sus sentimientos, y menos a alguien que me importa tanto.

-Ten, lee. –Dije entregándosela.

Y comenzó a leer en alto.

‘Quería escribirte esta carta en este día especial, para que la guardes en algún sitio y cuando la veas te acuerdes de mi. No se me da bien esto de expresar lo que siento por alguien, pero te aseguro que tú me haces volar, que cuando estoy contigo soy la chica más feliz del mundo. Ahora estarás pensando ‘Si llevamos poco tiempo, esta chica está loca’ y tienes razón, estoy loca, pero por ti. Me siento una afortunada, afortunada por tenerte a mi lado. Todo está pasando muy rápido, pero si es contigo me da igual todo. 
Voy a contarte algo. El primer día que llegué miré hacia mi ventana y te vi, ahí. Me gustaba lo que veía. Algo en mi me dijo que eras especial. Una noche, tumbada en mi cama, comencé a escuchar unas melodías, unos acordes de una guitarra y una dulce voz. Sabía que eras tú, y aún ni te conocía. Pero, luego resulta que eres mi vecino y amigo de toda mi familia. Nos presentan. Hablamos. Me invitas a tu casa. Me cuentas lo que te pasó. Me besas. Siento mariposas en mi estómago aquella vez. Poco a poco nos vamos conociendo. Me gustas más. Tardes juntos. Día en la piscina. Un pequeño enfado. Me entero de todo. Me señalas aquel jardín y aquellas flores. ‘¿Sabes? Allí jugábamos de pequeños, te hacia de rabiar, pero luego te regalaba unas de esas’.
El destino nos ha vuelto a unir, y yo quiero que nada nos separe. Porque si estamos aquí, juntos, es por algún motivo.  Por favor, no te separes de mí. Te necesito.
Sonríe. Sonríe hoy más que nunca. Hoy es tu cumpleaños y no voy a permitir una mirada triste en tu rostro.
Felicidades, bonito. Disfruta los 18 años.
PD: Te quiero.’

Al acabar de leer la carta alzó la mirada, y pude ver como le brillaban los ojos.

-¿Te ha gustado? –Le pregunté, se había quedado como impresionado.

Parecía que estaba volviendo a leer la carta, en voz baja, casi ni lo escuchaba.  Se acercó a mí, la distancia de su cara a la mía era de unos pocos centímetros. Notaba su respiración.

-Gracias, nunca me habían escrito algo tan bonito y verdadero. Prometo no fallarte, prometo cuidarte, prometo no separarme de ti, prometo no hacerte daño, prometo seguir haciéndote la chica más feliz del mundo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario