Llegó el sábado. Cumpleaños de Justin. Sus 18. Me levanté temprano ya que quería darle una sorpresa, le
había comprado unas supras moradas, de su color favorito, una camiseta larga,
de las que le gustan a él, junto con unos pantalones de talle bajo, de esos que
tanto lleva. También le había escrito una carta, emotiva, de todo corazón. Sólo llevaba unas semanas saliendo con
Justin, pero era como si hubiéramos estado toda la vida juntos. Es más, nos
conocíamos de antes, aunque yo cuando llegué aquí no lo sabía. En fin, hablé con Pattie la noche anterior para poder ir
temprano a su casa. Me abrió la puerta. Llevaba un pijama muy gracioso, de unas
ovejitas.
-Buenos días linda, pasa. –Me dijo.
-Buenos días, Pattie.
-Sube a la habitación, con cuidado, Justin a la mínima que
oye un ruido se despierta.
-Sí, iré con cuidado – Y solté una pequeña carcajada.
Subí despacio las escaleras, con dos bolsas en mis manos,
donde llevaba los regalos. ‘Espero que le gusten’ pensaba todo el rato. Abrí
poco a poco la puerta de su habitación. Y ahí estaba. Parecía un angelito
durmiendo. Estaba destapado, sin
camiseta, y con unos pantalones largos del pijama. Lo típico que suelen llevar
los chicos sexys para dormir.
Dejé las bolsas en una silla que tenía en una esquina de su
habitación, justo debajo del póster de Bart Simpson. Me senté en una esquina de su cama y comencé a
acariciarlo. Primero por sus mejillas, luego hasta el cuello. Ese cuello que me
volvía loca. Ese cuello que me moría por besar.
Mi corazón latía muy rápido cuando estaba con él. De repente, abre medio ojo izquierdo y se frota la cara. Me
hizo gracia, parecía que no podía creer que estuviera a su lado, a esas horas
de la mañana.
-Felicidades, mi niño. Buenos días.
-Buenos días, princesa. Gracias. No esperaba levantarme y
tener ya mi regalo en mi cama.
-Jaja –Me sonrojé un poco. –Hablando de regalos…
Me levanté, cogí la bolsa, y la puse sobre la cama. Saqué
tres paquetes, cada uno era un regalo.
-Elige qué quieres abrir primero.
-Mmm… este.-Justin señaló una caja de un color anaranjado.
Ponía cara de emocionado, como un niño abriendo sus regalos
el día de navidad. Abrió la caja y eran
las supras, de su color favorito.
-Me encantan. -Se lanzó sobre mis labios y me dio un tierno
beso. –Ahora voy a abrir…. Esto.
Abrió una bolsa blanca y envuelta en papel de regalo se
encontraba una camiseta de color rosa clarito con unas letras en negro, que
llamaban la atención. No dudó en ponérsela.
-¿Me queda bien? Has acertado con la talla.
-Perfecta, aunque estás mejor sin ella.
Justin soltó una pequeña risa. Le hicieron gracia mis
palabras. Pero era la pura verdad, estaba mejor sin camiseta.
-Pues a tus órdenes, princesa. –Dijo quitándose la camiseta.
A continuación abrió el siguiente regalo. Los pantalones.
-Me encanta todo. Has acertado, cómo sabes que me gustan
bajos. Gracias.
Justin era ante todo agradecido. Y su sonrisa me transmitía
ese ‘gracias’ y un ‘me estás haciendo feliz’.
-Me alegro, eso quería yo, que te gustara todo.
-Me gusta todo lo que venga de ti.
-Espera, que aún falta una cosa.
-¿Más? –Dijo con cara de emoción.
-Bueno, este es más sentimental.
Saqué la carta. Me temblaban las manos. Estaba nerviosa. No
soy de las que suelen mostrar sus sentimientos, y menos a alguien que me
importa tanto.
-Ten, lee. –Dije entregándosela.
Y comenzó a leer en alto.
‘Quería escribirte esta carta en este día especial, para que
la guardes en algún sitio y cuando la veas te acuerdes de mi. No se me da bien
esto de expresar lo que siento por alguien, pero te aseguro que tú me haces
volar, que cuando estoy contigo soy la chica más feliz del mundo. Ahora estarás
pensando ‘Si llevamos poco tiempo, esta chica está loca’ y tienes razón, estoy
loca, pero por ti. Me siento una afortunada, afortunada por tenerte a mi lado.
Todo está pasando muy rápido, pero si es contigo me da igual todo.
Voy a contarte algo. El primer día que llegué miré hacia mi
ventana y te vi, ahí. Me gustaba lo que veía. Algo en mi me dijo que eras
especial. Una noche, tumbada en mi cama, comencé a escuchar unas melodías, unos
acordes de una guitarra y una dulce voz. Sabía que eras tú, y aún ni te
conocía. Pero, luego resulta que eres mi vecino y amigo de toda mi familia. Nos
presentan. Hablamos. Me invitas a tu casa. Me cuentas lo que te pasó. Me besas.
Siento mariposas en mi estómago aquella vez. Poco a poco nos vamos conociendo.
Me gustas más. Tardes juntos. Día en la piscina. Un pequeño enfado. Me entero
de todo. Me señalas aquel jardín y aquellas flores. ‘¿Sabes? Allí jugábamos de
pequeños, te hacia de rabiar, pero luego te regalaba unas de esas’.
El destino nos ha vuelto a unir, y yo quiero que nada nos
separe. Porque si estamos aquí, juntos, es por algún motivo. Por favor, no te separes de mí. Te necesito.
Sonríe. Sonríe hoy más que nunca. Hoy es tu cumpleaños y no
voy a permitir una mirada triste en tu rostro.
Felicidades, bonito. Disfruta
los 18 años.
PD: Te quiero.’
Al acabar de leer la carta alzó la mirada, y pude ver como
le brillaban los ojos.
-¿Te ha gustado? –Le pregunté, se había quedado como
impresionado.
Parecía que estaba volviendo a leer la carta, en voz baja,
casi ni lo escuchaba. Se acercó a mí, la
distancia de su cara a la mía era de unos pocos centímetros. Notaba su
respiración.
-Gracias, nunca me habían escrito algo tan bonito y
verdadero. Prometo no fallarte, prometo cuidarte, prometo no separarme de ti,
prometo no hacerte daño, prometo seguir haciéndote la chica más feliz del
mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario