Tu rastro.
sábado, 14 de julio de 2012
CAPÍTULO 5.
-Buenos días, princesa. Estás preciosa durmiendo.
Abrí los ojos, me peiné lo posible rápidamente y lo vi ahí, sentado al lado de mi cama. Mi príncipe.
-Buenos días, Justin. ¿Me he dormido? ¿Qué hora es?
-No, Ryan me ha llamado para que te despertara. Pensé que te gustaría la idea.
-Sí, me gusta.
-Vamos, te preparo el desayuno. ¿Qué quieres para desayunar?
Me lancé, mis labios visualizaron los suyos y fueron en su busca. Mi lengua, su lengua.
-¿Sabes lo que quiero? Quiero desayunar tus besos de buena mañana, quiero comerlos al mediodía, de merienda por la tarde, por la noche, en la cena, y los quiero en los postres, también.
Entonces, ahí, comenzamos a infiltrarnos en una batalla de besos. Besos apasionados, sin límite, sin fronteras.
Más tarde, llegamos a la piscina. Estaban todos allí, nos vieron cogidos de la mano. Robert soltó un '' Por ahí viene la parejita '' y entendí que ya sabían todos lo nuestro. Los saludamos, yo un poco avergonzada por la situación, pero mostré mi sonrisa. Me tumbé hacia abajo en una hamaca blanca que había allí, me quité el vestidito que llevaba y me quedé en biquini. Era un biquini color yema que resaltaba mi moreno. Justin se puso sobre mi espalda, giré la cara, alcé la vista y le sonreí.
-¿Te vienes al agua? -Me dijo.
-Ahora luego, tengo que ponerme la crema, no quiero quemarme.
-Pues yo te la pondré, Mel. ¿Me permites?
-Por supuesto. -Asentí.
Cogió el bote con la protección, se puso un poco en su mano, y comenzó a restregármela delicadamente por los hombros. Poco a poco iba bajando. Notaba sus manos dulces por mi columna. De repente, deshizo el nudo con el que sujetaba mi parte superior del biquini y me susurró ''No te preocupes, no voy a hacer nada malo''. Sus palabras estaban llenas de paz, me llenaban de tranquilidad y seguridad. Cuando acabó, me lo abrochó con cuidado.
-Venga, ya estás lista.
-Sí, haber quien se tira antes al agua.
-Tú -Justin me cogió por la cintura- Venga, ¡al agua!
Primero nos sentamos al borde de la piscina. Metí un pie, estaba congelada. ''Cómo se nota que estoy en Canadá'', pensé.
Al fin, me decidí a entrar dentro. Él entró conmigo. Puse mis brazos alrededor de su cuello y él me dio un largo beso. Estaba en las nubes. Besos, más besos, sabor a verano. Hasta que alguien nos interrumpió.
-Eh, Justin, no sabía que ya habías encontrado a alguien. -Le dijo una chica.
Me sonaba su cara. Justin se giró y puso cara de asombro. La saludó, parecía distante, incómodo en aquella situación. Mientras, yo me preguntaba quién sería ella. Finalmente, ella se fue.
-¿Quién era?¿Tu ex, verdad? -Le pregunté, en un tono tranquilizador.
-Sí, era ella... Parece que haya querido molestar adrede.
-Ya, yo también he pensado lo mismo.
-Desde que me dejó y Ryan se enteró del porqué, él no ha querido saber nada de ella. Cree que por mi culpa no está con él, por eso me trata así e intenta hacer que lo pase mal.
-Qué mala persona. Pero no lo va a conseguir, por eso estoy yo aquí, porque quiero verte feliz, y esa sonrisa que tanto me gusta...
-Si ahora sonrío, es por tí, Mel. -Me besó en la frente, transmitiéndome confianza.
-Yo nunca te haré daño, lo prometo.
Otra vez, la comunicación pasó a ser no verbal. Nuestras lenguas hablaban por sí solas, nuestros besos eran como una alianza. Me hacía sentir especial con cada uno de ellos.
Más tarde, decidimos ir con los demás. Nos habíamos alejado ya demasiado. Ryan y yo nos dimos un abrazo. Justo en ese momento vi como alguien me ''mataba'' con la mirada. Una mirada llena de envidia, de odio, de fracaso y de falsedad. Sí, la mirada de Paloma. Sólo había abrazado a Ryan y ¿por ese echo tenía que mirarme así? Menuda amargada, ya me caía mal.
Me salí de la piscina con Ana y Caitlin. Comenzamos a hablar de nuestras cosas, les conté lo de Paloma. Ellas también me transmitían confianza. En ese momento, vi que Paloma llamó a Justin. Las tres nos quedamos mirándolos.
-¿Qué le estará diciendo?
-Lo más probable es que también quiera joderte a ti, Mel -Dijo Ana.
-Sí, ella es así. Hace eso con todo el mundo sin ninguna explicación. -Asintió Caitlin. -A mí también me hacía eso, hasta que le dejé las cosas claras.
-Pero, yo apenas la conozco. ¿Qué digo? No la conozco, ni ella me conoce a mí. -Añadí.
-Te recomiendo que pases de ella, cuanto más mejor. Pasa. Sólo quiere ser el centro de atención. -Me aconsejó Caitlin.
-Tienes razón, eso haré.
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