Tu rastro.

jueves, 26 de julio de 2012

CAPÍTULO 11.


1 hora y media para la cena en casa de Justin. Iba a ser una cena con los familiares y amigos más íntimos. Luego, Ryan y los demás le iban a dar una sorpresa. Darían una fiesta en una pequeña casa que hay a las afueras de Stratford. Iba a acudir mucha gente. A Justin lo conocía la mayoría del pueblo.Abrí mi armario. No recordaba haberme traído tanta ropa. Rebusqué un poco. No encontraba nada adecuado. Al final me decidí por un vestido negro. Me miré al espejo, hacía tiempo que no me lo probaba, me quedaba bien.




Me lo quité, lo dejé encima de la cama y fui en dirección a la ducha. El agua estaba congelada. Después de pelear con el grifo, me duché y me enrollé en la toalla. Luego, me enrollé otra en el pelo. Y, en ese momento, sonó el teléfono.

-¿Si? –Dije extrañada. No sabía quien me podría estar llamando a esas horas.

-Cariño, soy la tía. –Me quedé en silencio un gran rato.-¿Estás ahí?

-Sí…

-Bueno, he hablado con tu padre, me ha contado todo.

-Sí, bueno, supongo que tendremos que hablar, y no vía telefónica.¿Todo bien?

-Todo bien, ¿y allí?

-Todo bien.  Te dejo que tengo que arreglarme, es el cumpleaños de Justin.

-Adiós, te quiero.

-Y yo.

Una conversación extraña. Fui al espejo. Me miro bien. Me acuerdo de Justin. Tengo una gran sonrisa en la cara, me hace feliz, me llena de felicidad el simple hecho de pensar en él. Me desenrollo la toalla. Suelto mi pelo. Lo peino. Cojo la base de maquillaje y la aplico sobre mi cara. Después un poco de sombras, y la raya del ojo. Finalmente, decido realzar mi sonrisa con un pintalabios rojo. Sé que eso le gusta a Justin, por eso lo hago. Dejo secar mi pelo, me gusta como queda al natural. Me coloco mi ropa interior, el vestido y unos zapatos de tacón. Mi colonia. La que tanto le gusta. Dejo caer las pequeñas gotas sobre mi cuello. Lista. Oigo un ‘tsssssssss’. Voy hacia la ventana. Me asomo.

-Eh, tú, la guapa esa de enfrente.  –Me dice desde su ventana.

-¿Qué me has estado espiando? –Dije riendo.

-Sí, ¿acaso no puedo? –Y me guiña el ojo.  -¿Vienes ya?

-Sí, iba a ir ya…

-Te espero.

Bajé rápidamente las escaleras. Me moría de ganas de volver a besarlo. Nos quedamos a unos pocos centímetros, y nos miramos de arriba abajo.

-Estás…-Dijimos a la vez. –Yo me reí.

-Estás precioso. –Le dije.

Iba con una camisa de pequeños cuadros, gris y negra. Unos pantalones caídos de los suyos, y unas supras color rojo. Se echó su pelo hacia atrás. Me encantaba.

-Estás preciosa. –Me dijo, dándome una vuelta.

La cena fue muy bien. Justin me presentó a unos familiares que habían venido de lejos.  Algunos eran músicos.

-Justin, cántanos algo. –Dijo uno de ellos, un señor que tendría unos 40 años.

-Sí, que cante. –Decían todos.

Justin cogió su guitarra, tragó saliva y empezó con unas melodías. Me miró. Sonrió. Le devolví la sonrisa.  Saqué la cámara de un pequeño bolso que llevaba y comencé a grabar.

-Bueno, esta canción la he compuesto yo para una persona especial.- En ese instante fui el centro de todas las miradas- Se llama ‘Die in your arms’.

Se concentró en su guitarra y aclaró un poco su voz. Comenzó a cantar.

‘Así que me amas, tanto como yo te amo… ‘
‘No hay manera de que yo pueda compartirte, eso sería romper mi corazón en pedazos… ‘
‘Si tan solo pudiera yo morir en tus brazos, no me importaría…’
‘Sé que amarte no es fácil, pero vale la pena intentarlo…’ 

Cuando acabó, todos empezaron a aplaudir. Pattie decía algo como ‘Ese es  mi niño’. A mí se me escaparon unas cuantas lágrimas. Cantó precioso. Tocó precioso. Yo estaba con Caitlin y Ana, ellas también estaban emocionadas. Más tarde se acercó a mí.

-¿Te ha gustado, princesa? –Me dijo acariciándome las mejillas.

-Has estado increíblemente perfecto. –Le dije.

En ese instante, todos empezaron a cantar ‘Cumpleaños feliz’ y Pattie sacó una gran tarta. Justin se acercó hacia la mesa donde la colocaron, y yo me puse a su lado.

-Pide un deseo, hijo. –Le dijo Pattie, con su dulce voz.

Justin me miró. Sonrió. Cerró los ojos y sopló las velas.

-Ya he pedido mi deseo. –Dijo, y me volvió a mirar.

Ryan cogió un poco de nata de la tarta, y con su dedo la estampó contra la nariz de Justin. Yo me reía, y todos los demás también.

-Me las pagarás. –Dijo Justin sin dejar de reírse.

Cogió el también un poco de nata y le hizo lo mismo.

-Foto, chicos. –Dije yo, apretando el botón de mi cámara y dejando salir el flash.

Justin se limpió, hasta dejar su nariz impecable de nata.

-Espera, quiero ahora una foto contigo. –Me dijo.

Nunca nos habíamos tomado una. Se acercó a mí. Estiré mis brazos para realizar la fotografía. Me cogió de la cintura y me besó la mejilla. Tic. Foto hecha. Preciosa. Salía yo un poco sonrojada y él besándome con cara dulce mi mejilla.

Justin estuvo un rato hablando con sus familiares, mientras, yo estaba con Ana y Caitlin.

-Se le ve muy feliz a tu lado. –Me dijo Caitlin, señalando a Justin.

-Es verdad. –Afirmó Ana.

-¿Más que con Paloma? –Les pregunté.

-Bueno, es diferente. Ella pasaba de él, aún estando juntos, y no lo pasaba muy bien. Discutían todos los días. –Dijo Caitlin.

-Qué asco me da la tipa esa, lo hacía sufrir. Lo peor es que ahora después va a estar en la fiesta. –Dijo Ana, con cara rara.

-¿Qué? ¿Tendré que soportar como me mira mal? Bueno, por Justin lo haré. –Dije esta vez yo.

-Sí, por desgracia. Organizamos todo, sin decirle nada a ella, pero no sé como se ha enterado que me ha dicho Ryan que viene. –Me contestó.

{1 hora más tarde}

-¿Qué?¿Todo esto lo habéis hecho por mí? Gracias. –Justin no paraba de sonreir.

Todo estaba perfectamente preparado. Era como una casa vieja, pero lo decoraron todo y parecía como nueva. Música. Alcohol. Luces.

-Pequeña, ¿quieres que te ponga? –Me dijo Justin, señalando a las bebidas.

Acepté. No solía beber mucho. Había veces que ni tan siquiera me gustaba el alcohol, pero hoy era un día especial, para celebrarlo. Tomé un pequeño sorbo. Parecía estar bastante cargado. Pero continué bebiendo.

La  noche transcurría bien. Justin estaba con sus amigos, y yo con las chicas. Bailábamos, nos divertíamos. No dejábamos de reir. Yo seguía bebiendo. Veía  borroso, el alcohol me iba afectando poco a poco. Las chicas me decían que parara de beber, pero no les hacía caso. Estaba pasándolo bien, no veía la necesidad.

Caitlin y yo decidimos salir un rato fuera, a tomar el aire. Me tropecé con algo, y casi caigo al suelo. Alguien me llama. Paloma. Oh, no. Ya quería amargarme la noche, pues la llevaba clara.

- Eh, tú, la novia de Bieber. Anda con más cuidado, por casi me chafas el vestido. –Me dijo, con cara de prepotente.

-Eh, tú, aprende a decir las cosas con más educación y a ser menos estúpida. –Le dije.

-¿Qué me has llamado?

-¿No lo has escuchado? ¿Aparte de estúpida también eres sorda?

-Mel, vámonos fuera. No entres en su juego. –Me dijo Caitlin.

Me cogió de la mano, llevándome hacia fuera. Pero Paloma me estiró del pelo.

-¿De qué vas? –Dije chillando.

-Oh, no chilles, no pretenderás amargarle el cumpleaños a tu novio, ¿no? –Me dijo, la muy zorra.

-Mira, ni lo menciones. Déjame en paz.

Me fui hacia a fuera con Caitlin, estaba de mal humor.

-¿De qué coño va la zorra esa?¿Por qué me hace eso?

-Tranquila, Mel. –Me dijo secándome unas cuantas lágrimas que se me habían caído.

-Déjame un rato sola, por favor. Pero no le digas nada a Justin, ¿vale?

-Vale, te espero dentro. No tardes mucho.

Y Caitlin se fue, como le dije. No había apenas luz, pero me fui a una esquina. No había nadie allí, y me senté. Noté un golpe en el hombro, algo que me recordó a alguien. Romi.

-Vaya, parece que siempre te encuentro mal, ¿qué te ha pasado ahora?

No podía ver casi nada. Estaba en una nube.  No solía decir palabrotas, pero mi estado en ese momento hacía que las soltase como si de cualquier cosa se tratara.

-Una zorra de mierda me ha estirado del pelo y buscaba pelea.
-¿Quién?

-Paloma.

-Pues se las va a ver conmigo.

-No, déjala. Enserio, gracias.

Me dio un beso en la mejilla. Yo le sonreí. No sabía muy bien lo que hacía ni decía.

-¿Te vienes a bailar? –Dije como pude, me temblaba la voz.

-No creo que a Justin le guste verme por ahí, es su fiesta.

-Bueno, pues bailamos aquí. Se puede escuchar la música.

Parecía extrañado. Normal. Sabía que no era muy consciente de lo que hacía. Me tomó de la mano, me cogió por la cintura, y bailamos. Cada vez se me acercaba más, más, más. Miraba mis labios.

-Quiero besarte. –Me dijo.

En ese momento se me pasó por la mente todo. Justin, su sonrisa, su mirada, su forma de transmitirme seguridad.

-No puedo. –Le dije, rotundamente. –Me voy a la fiesta, ya nos veremos.

Me fui. Lejos. Lejos de él. No lo necesitaba. Sólo quería ver a Justin en ese momento, y estar con él. Entré. La música me retumbaba. La cabeza me daba vueltas. Vi a Caitlin, que me sonrió y me hizo un gesto para que fuera a bailar con ella.

-¿Estás mejor? –Me dijo, dándome un gran abrazo.

-Sí, mucho mejor.

Bailamos un buen rato. La música que ponían era bastante buena.

-Te encontré. –Justin cogió por la cintura y me besó el cuello.

-Te estaba buscando. –Le dije, sin darme cuenta de que pronunciaba mal mis palabras.

-¿Has bebido mucho, verdad?

-Un poco… Bueno, sí.

-Tranquila, yo te cuido.

-Gracias.

-¿Gra qué?

-Gracias.

-Ni se te ocurra volverlo a decir, que para eso estoy aquí.

Iba a contestarle, pero me calló con un beso. Luego otro, uno más, respirar y otro. Infinitos besos, siempre el siguiente mejor que el anterior.

-Te quiero, mucho. –Me susurró al oído.

miércoles, 25 de julio de 2012

CAPÍTULO 10.


Llegó el sábado. Cumpleaños de Justin.  Sus 18. Me levanté temprano ya que quería darle una sorpresa, le había comprado unas supras moradas, de su color favorito, una camiseta larga, de las que le gustan a él, junto con unos pantalones de talle bajo, de esos que tanto lleva. También le había escrito una carta, emotiva, de todo corazón.  Sólo llevaba unas semanas saliendo con Justin, pero era como si hubiéramos estado toda la vida juntos. Es más, nos conocíamos de antes, aunque yo cuando llegué aquí no lo sabía. En fin, hablé con Pattie la noche anterior para poder ir temprano a su casa. Me abrió la puerta. Llevaba un pijama muy gracioso, de unas ovejitas.

-Buenos días linda, pasa. –Me dijo.

-Buenos días, Pattie.

-Sube a la habitación, con cuidado, Justin a la mínima que oye un ruido se despierta.

-Sí, iré con cuidado – Y solté una pequeña carcajada.

Subí despacio las escaleras, con dos bolsas en mis manos, donde llevaba los regalos. ‘Espero que le gusten’ pensaba todo el rato. Abrí poco a poco la puerta de su habitación. Y ahí estaba. Parecía un angelito durmiendo.  Estaba destapado, sin camiseta, y con unos pantalones largos del pijama. Lo típico que suelen llevar los chicos sexys para dormir.
Dejé las bolsas en una silla que tenía en una esquina de su habitación, justo debajo del póster de Bart Simpson.  Me senté en una esquina de su cama y comencé a acariciarlo. Primero por sus mejillas, luego hasta el cuello. Ese cuello que me volvía loca. Ese cuello que me moría por besar.  Mi corazón latía muy rápido cuando estaba con él. De repente, abre medio ojo izquierdo y se frota la cara. Me hizo gracia, parecía que no podía creer que estuviera a su lado, a esas horas de la mañana.

-Felicidades, mi niño.  Buenos días.

-Buenos días, princesa. Gracias. No esperaba levantarme y tener ya mi regalo en mi cama.

-Jaja –Me sonrojé un poco. –Hablando de regalos…

Me levanté, cogí la bolsa, y la puse sobre la cama. Saqué tres paquetes, cada uno era un regalo.

-Elige qué quieres abrir primero.

-Mmm… este.-Justin señaló una caja de un color anaranjado.

Ponía cara de emocionado, como un niño abriendo sus regalos el día de navidad.  Abrió la caja y eran las supras, de su color favorito.

-Me encantan. -Se lanzó sobre mis labios y me dio un tierno beso. –Ahora voy a abrir…. Esto.

Abrió una bolsa blanca y envuelta en papel de regalo se encontraba una camiseta de color rosa clarito con unas letras en negro, que llamaban la atención. No dudó en ponérsela.

-¿Me queda bien? Has acertado con la talla.

-Perfecta, aunque estás mejor sin ella.

Justin soltó una pequeña risa. Le hicieron gracia mis palabras. Pero era la pura verdad, estaba mejor sin camiseta.

-Pues a tus órdenes, princesa. –Dijo quitándose la camiseta.

A continuación abrió el siguiente regalo. Los pantalones.

-Me encanta todo. Has acertado, cómo sabes que me gustan bajos. Gracias.

Justin era ante todo agradecido. Y su sonrisa me transmitía ese ‘gracias’ y un ‘me estás haciendo feliz’.

-Me alegro, eso quería yo, que te gustara todo.

-Me gusta todo lo que venga de ti.

-Espera, que aún falta una cosa.

-¿Más? –Dijo con cara de emoción.

-Bueno, este es más sentimental.

Saqué la carta. Me temblaban las manos. Estaba nerviosa. No soy de las que suelen mostrar sus sentimientos, y menos a alguien que me importa tanto.

-Ten, lee. –Dije entregándosela.

Y comenzó a leer en alto.

‘Quería escribirte esta carta en este día especial, para que la guardes en algún sitio y cuando la veas te acuerdes de mi. No se me da bien esto de expresar lo que siento por alguien, pero te aseguro que tú me haces volar, que cuando estoy contigo soy la chica más feliz del mundo. Ahora estarás pensando ‘Si llevamos poco tiempo, esta chica está loca’ y tienes razón, estoy loca, pero por ti. Me siento una afortunada, afortunada por tenerte a mi lado. Todo está pasando muy rápido, pero si es contigo me da igual todo. 
Voy a contarte algo. El primer día que llegué miré hacia mi ventana y te vi, ahí. Me gustaba lo que veía. Algo en mi me dijo que eras especial. Una noche, tumbada en mi cama, comencé a escuchar unas melodías, unos acordes de una guitarra y una dulce voz. Sabía que eras tú, y aún ni te conocía. Pero, luego resulta que eres mi vecino y amigo de toda mi familia. Nos presentan. Hablamos. Me invitas a tu casa. Me cuentas lo que te pasó. Me besas. Siento mariposas en mi estómago aquella vez. Poco a poco nos vamos conociendo. Me gustas más. Tardes juntos. Día en la piscina. Un pequeño enfado. Me entero de todo. Me señalas aquel jardín y aquellas flores. ‘¿Sabes? Allí jugábamos de pequeños, te hacia de rabiar, pero luego te regalaba unas de esas’.
El destino nos ha vuelto a unir, y yo quiero que nada nos separe. Porque si estamos aquí, juntos, es por algún motivo.  Por favor, no te separes de mí. Te necesito.
Sonríe. Sonríe hoy más que nunca. Hoy es tu cumpleaños y no voy a permitir una mirada triste en tu rostro.
Felicidades, bonito. Disfruta los 18 años.
PD: Te quiero.’

Al acabar de leer la carta alzó la mirada, y pude ver como le brillaban los ojos.

-¿Te ha gustado? –Le pregunté, se había quedado como impresionado.

Parecía que estaba volviendo a leer la carta, en voz baja, casi ni lo escuchaba.  Se acercó a mí, la distancia de su cara a la mía era de unos pocos centímetros. Notaba su respiración.

-Gracias, nunca me habían escrito algo tan bonito y verdadero. Prometo no fallarte, prometo cuidarte, prometo no separarme de ti, prometo no hacerte daño, prometo seguir haciéndote la chica más feliz del mundo. 

lunes, 23 de julio de 2012

CAPÍTULO 9.


No daba crédito aún a todo lo que había sucedido, así que le dije a Justin que me dejara sola, ya que necesitaba descansar. En realidad, no era descansar, era pararme a pensar bien las cosas. Me di una refrescante ducha, me sequé, me puse mi colonia favorita ‘Sweet and sexy’ y me quedé en ropa interior tumbada en la cama.

‘Pensando para mis adentros’

Mel, ¿todo esto es real? Mamá no es mamá. El pueblo al que íbamos de viaje no era un simple pueblo, era donde había nacido, Stratford.  En realidad, yo no era española, era canadiense. ¿Cómo se las apañarían para cambiarme la nacionalidad? Todo esto es un lío, que llamen a un psicólogo, por favor. No, Mel, relájate. Haber, tengo que aceptar la realidad y punto. ¿Qué puedo hacer a estas alturas ya? Nada. Así que ya sé lo que voy a hacer mañana.  Voy a visitar a mi madre, a mi verdadera madre.Después de darle mil vueltas en la cabeza, caí rendida y entré en un profundo sueño.

Diez horas más tarde abrí los ojos. Estaba de lado, mirando hacia la pared, me giré y lo vi. También tumbado en la cama, a mi lado. Yo iba en ropa interior, con el sujetador y las bragas. Recuerdo que anoche me acosté así. Me tapé con la manta, por vergüenza.

-¿Qué haces aquí, Justin?

-Estaba preocupado, me había dicho tu padre que subier….-Le corté la palabra y le di un profundo beso.

-Gracias. No hacía falta, estoy bien. ¿Qué hora es?

-Las 5:30 de la mañana. Estás hecha una madrugadora, eh.

-Cariño, me había dormido antes de que saliera la luna y todo. ¿Tú no has dormido?

-Unos cinco minutos, si a eso se le puede llamar dormir.

-Bueno, ¿y qué hacemos ahora?

-Lo que quieras, mi amor. ¿Te puedes destapar, eh?

-Me da vergüenza.

-¿Vergüenza? Te he visto en biquini, que es prácticamente lo mismo. Además, soy tu novio, pero bueno, si no quieres que te vea así me giro y te cambias.

-No.-dije con mirada pícara- Ahora me la quito.

Me destapé, tiré la manta al suelo y me posé encima de Justin. Acerqué mi boca hacia la suya, rocé sus labios y nuestras lenguas comenzaron la búsqueda. Mi lengua buscaba su lengua. Su lengua buscaba la mía. Mientras, besos y más besos. Justin deslizó su mano recorriendo mi espalda y provocando un escalofrío en mí. Poco a poco su mano fue en dirección hacia más abajo.  Pero podía estar segura. Justin no iba a hacer nada más. Solo me masajeaba un poco. Me dejé llevar por el momento. Así que decidí que mi mano tomara camino hacia debajo de su camiseta. Estaba fuerte. El ambiente se estaba calentando, yo lo notaba.  Se quitó la camiseta, mucho mejor. Y allí estábamos, en mi habitación, él sólo con pantalones y yo en ropa interior. Continuamos, pero no llegamos a más. Estuvimos como una hora así.
Cuando acabamos, me susurró al oído ‘Eres perfecta’. Creía desmayarme en ese momento. Yo también pensaba lo mismo de él. Lo veía demasiado perfecto para mí.  No hice más que sonreir, no sabía reaccionar ante aquello.
Nos quedamos tumbados, aún era temprano, y él mientras jugaba con mi pelo. Hablábamos, reíamos, con Justin el tiempo se me pasaba muy rápido, de lo bien que me encontraba a su lado.

Por la mañana quería ir al cementerio, sin decírselo a nadie, ir yo sola, a visitar la tumba de mi madre. Supondría que estaría allí. Justin fue al salón, ya que mi padre le había preparado un espectacular desayuno. Mientras, yo me duché. Me puse una camisa de tirantes negra, de estas básicas. No quería ir al cementerio con colores ‘llamativos’, y me decidí por llevar ese vestuario.
Me despedí de Justin y salí por la puerta de casa en dirección al cementerio. En realidad, no tenía ni idea de cómo ir, pero preguntaba a la gente que veía por la calle y definitivamente, llegué. El cielo comenzó a nublarse, parecía que la situación estaba acorde con el tiempo. 

-¿Busca algo, señorita?

Un hombre se había percatado de que andaba perdida.

-Sí, bueno, voy a visitar a un familiar.

-Si necesita algo solo tiene que preguntarme, soy el guarda de aquí.

-Bueno, gracias de todas formas.

No quería que nadie me ayudara, quería encontrarla yo solita. Al fin, la encontré. Había una foto suya, y se parecía bastante a mí. La zona donde se encontraba estaba llena de flores de colores, había hasta cartas por allí. Di a entender que era una mujer querida en el pueblo.  Sentí algo dentro de mí. No la recordaba casi, y eso me hacía sentirme mal. Una pequeña lágrima recorrió mi rostro, y de repente, lo que dije antes, como si el tiempo mantuviera una relación con toda mi historia, comenzó a llover. Escuchaba la lluvia, cada vez más fuerte. Yo, estaba completamente mojada, pero no me importaba, quería quedarme más rato allí. Seguía llorando. Hasta que alguien por detrás me cogió por la cintura, y olí su aroma.

-¿Qué haces aquí? Estás empapada, vamos, te llevo a casa.

-He venido a verla, Justin. Lo necesitaba. Espera, no me quiero ir aún.

-Está lloviendo mucho, Mel. –Instantáneamente, me colocó una cazadora sobre mis hombros. –Mañana si quieres te acompaño, y la ves. Pero ahora tenemos que irnos, tu padre se enfadará si te ve así.

Qué rabia, quería quedarme más. Pero Justin tenía razón, y yo, cabezota y enfadada le di la razón como a un tonto. Me cogió de la mano. ‘Toma’ me dio el casco de su moto, y subí a ella. Me llevó a casa.

domingo, 15 de julio de 2012

CAPÍTULO 8.


-¿Ahora por dónde se va al parque? No sé volver. –Le pregunté a Romi.

-Bueno, pues que venga tu ‘chico’ a por ti, ¿no?

Me habló en un plan despectivo, ¿por qué cambiaba tan de repente su actitud hacia mí? No sabía que responderle, así que le pregunté.

-No me vas a acompañar, ¿verdad?

-No. –Me dijo, rotundamente.

-¿Por qué te comportas de esta manera conmigo?

-Porque te quiero,  te llevo queriendo más tiempo del que te imaginas y no soporto verte con otro.

-¿Qué?  Tú a mi no me conoces de nada. Hoy es la primera vez que te he visto.

-Te equivocas.

Estaba alucinando. Decía que me conocía, vamos a ver, si esta era la segunda vez que lo veía en mi vida.

-No estoy mintiendo, Mel. No quiero hacerte daño, no te lo voy a contar.

-¿Pero de qué hablas?

-Que no quiero hacerte daño…

-¿Daño? Cuéntamelo, por favor. –Me estaba alterando.

-No, no soy la persona apropiada para decírtelo.

-Por favor, me estás asustando. Dímelo. –Dije en un tono más alto.

-Las cosas no son como crees, ni las personas. Hay gente que te está engañando.

-¿Qué me estas queriendo decir?

-Este es tu lugar, donde naciste, no Madrid.  Tenías 6 años cuando viniste aquí con tu abuela, tú no sabías que este lugar era Stratford. Cuando me dijeron que venías de nuevo no lo podía creer.  Eras ese amor que tienes de pequeño y nunca lo olvidas. Siempre me has gustado. Te vi nacer, te vi crecer, sé que tienes un lunar en la parte trasera del cuello, sé que no tienes fotos de tu infancia, sé que eres zurda, sé que diste tus primeros pasos en esta misma plaza, sé que a los cuatro años te mudaste a Madrid, sé que la gente de aquí te mira extraño, porque saben quien eres. Te tengo que decir una cosa, no soy el apropiado para decírtelo pero tu madre murió cuando tenías 3 años. Clara, la que crees que es tu madre no lo es realmente. Clara, es tu tía. Al año siguiente de morir tu madre decidió hacerse cargo de ti, ser tu ‘nueva madre’ y mudarse lejos, junto a tu abuela. 

No estaba mintiendo. En ese instante, en mi cabeza apareció todo nublado, veía borroso, hasta que caí al suelo. Me desmayé completamente. 
Romi fue a buscar ayuda, pero no había nadie por esa zona. Cogió mi móvil, y marcó para llamar a Justin. Le contó todo lo que había pasado.
A los dos minutos vino, corriendo como nunca lo había visto antes. Estaba muy preocupado.

-Mel, ¿me escuchas? Despierta, por favor.

Yo no reaccionaba, ni siquiera lo veía, sólo podía escucharle lo mínimo.

-Por favor, abre los ojos. Dime algo. Esto no es posible, por favor. Abre los ojos. Mel, abre los ojos.

Justin estaba desconsolado.

-¿Cómo se te ocurre decírselo? Eres la persona menos indicada. Vete, por favor. No te quiero verte más, y menos después de esto. ¡Vete! –Dijo Justin gritando a Romi.

Ryan había ido a buscar a mi padre, a buscar ayuda. Nos quedamos solos en esa plaza. Solos Justin y yo. Me cogió y me llevó a un banco. Estaba encima de él, con sus manos cogía mi cara delicadamente para llevarla hacia su pecho, poco a poco empecé a notar sus caricias, notaba sus lágrimas que caían en mi cara, y de repente, desperté. Abrí los ojos.

-¿Mel? –Me abrazó como nunca antes.

Entonces, su rostro cambió completamente y se le veía más alegre.

-No sabes el susto que me has dado, no me voy a separar de ti ni un segundo, ¿me escuchas? Ni un segundo. Si te hubiera pasado algo… no sabría que hacer sin ti.

Era una situación extraña, muy extraña. Le sonreí. Me besó en la frente, y me sonrió también.

-Gracias por venir. –Le dije, fueron las primeras palabras que se me vinieron a la cabeza.

-Gracias a ti por existir. –Me dijo, mientras seguía acariciándome la mejilla.
Vinieron mi padre y Ryan, sobresaltados.

‘¿Qué ha pasado?’ Escuchaba a mi padre decir a lo lejos. Justin me ayudó a ponerme en pie. Colocó mi brazo derecho sobre su hombro, y mientras su brazo izquierdo rodeaba mi cintura, transmitiéndome plenamente seguridad.  Decidieron llevarme a casa. Todo el camino fue silencioso, y yo aún seguía con la duda de si aquello que me había dicho Romi era verdad, o no. No sabía cómo preguntárselo a papá, pero sin duda, se lo iba a preguntar.
Cuando llegamos, Justin me acompañó a la habitación. Me tumbé en la cama. Él se sentó a mi lado. Y empezaron las preguntas.

-Quiero que seas sincero conmigo, Justin. ¿Tu te sabes la historia, verdad?

-Sí…

-¿Y por qué no me has querido decir nada?

-Mel, yo no tengo nada que ver en esto. El más apropiado en contártelo era tu padre, él ha vivido la historia como ninguno.

-Me siento una estúpida.

-Eh, eh. No digas eso. Yo te quiero así, tal como eres.

-¿De verdad?

-De verdad. Te lo juro. Ven, que te voy a contar algo.

Me cogió de la mano y nos dirigimos hacia la ventana. Señalando un pequeño jardín que había entre su casa y la ‘’mía’’. Entonces me dijo:

-¿Ves esas flores? De pequeños jugábamos ahí, y yo siempre te regalaba una de ellas. Eran de un color rojizo, como se ponían tus mejillas cuando te decía algo bonito.

-¿Yo jugaba contigo?¿Ahí?¿Enserio?

-Sí, tú no me conocías pero yo a ti sí.


-Una vez me acuerdo que conocí a un chico, en un viaje. Siempre me hacía de rabiar, yo me enfada, pero al final me perdonaba y me regalaba una flor.

-Pues ese chico era yo, y ese viaje era a Stratford.

-Entonces, ¿yo te conocía de antes? Increíble.

-Quien diría que esa chica de trencitas con la que siempre me enfadaba iba a ser la persona más maravillosa que conozco ahora…

sábado, 14 de julio de 2012

CAPÍTULO 7.

Justin abrió la puerta de su casa, haciéndome un gesto caballeroso de ‘las chicas pasan primero’. Fuimos a la cocina, donde su madre, Pattie, preparaba la comida. Justin le besó en la mejilla a su madre y me presentó, aún no me conocía.

-Mamá, esta es Melanie. Nuestra nueva vecina.

-Encantada, Melanie –Se dirigió hacia mí, sonriendo.

-Igualmente, encantada. –Le dije amablemente.

-Tu padre me ha hablado mucho de ti, todo este tiempo, y bueno, es un orgullo que por fin te tenga aquí. ¿Te gusta Stratford?

-Sí, no estoy acostumbrada a este tipo de pueblos porque vivo en plena ciudad, pero me gusta mucho. La gente también es muy amable.

-Me alegro, y de hayas hecho amistad con mi hijo también, sinceramente. Bueno… ¿me ayudáis a poner la mesa?

-Claro –Dijimos Justin y yo a la vez, acto seguido nos miramos riéndonos.

Ayudamos a Pattie. A los pocos minutos llegaron mi padre, Alisson, Ryan y Charles, el peque. Una vez puesta la mesa, nos sentamos todos a comer. Yo estaba al lado de Justin, en una punta, no tenía a nadie más al lado. Los padres hablaban de sus cosas, Ryan, Justin y yo, de otras. De planes que hacer por la tarde y por la noche.
Debajo de la mesa no podía ver nadie la suave mano de Justin que acariciaba mi pierna. Aparentaba escuchar lo que le decía Ryan, pero en realidad sabía que estaba concentrado en rozar su piel y mi piel. De vez en cuando se reía, ante esa situación. Yo le entendía y me reía también. Ryan, no se enteraba de nada y de vez en cuando decía ‘¿De qué os reís?’ entonces, nos reíamos aún más. Amaba ver a Justin sonriendo, feliz. Su sonrisa significaba que estaba a gusto conmigo y que lo nuestro, podría llegar lejos. Habían pasado pocos días, no era posible, me estaba enamorando. De repente, mi padre pasó por detrás nuestra y nos cogió por los hombros.

-Haber, ¿nos podéis explicar qué pasa entre vosotros? –Soltó.

Justin no podía quitar esa sonrisa de su cara, yo, tampoco. Mis mejillas se volvieron rojizas, me suele pasar ante una situación así.

-Tu hija y yo… -Dijo Justin, pensando lo que decir a continuación- …nos estamos conociendo, eso.

-Bueno, creo que todos hemos entendido ese ‘Nos estamos conociendo’ –Dijo Ryan.

-¿Tu lo sabías, hijo?- Le preguntó Alisson.

-Sí, pero no quería decir nada aún.

-Eh, ¿pero cómo os habéis enterado todos? –Dijo riéndose Justin.

-Te recuerdo que esta mañana, en la puerta de mi casa, bueno… os he pillado, es lo que importa. –Respondió mi padre, el muy gracioso.- Pero Justin, quiero que la cuides.

-No lo dudes, la cuidaré como nunca lo he hecho antes con nadie.

En ese momento mi estómago sintió unas mil mariposas revoloteando por él. 

-Y tú, hija, pórtate bien. 

-Por supuesto, papá.

Notaba que Pattie no paraba de mirarme, hubo un momento en el que la miré, me miró, me sonrió y me dijo ‘guapa’ sin apenas alzar mucho la voz. 
Se hicieron las seis de la tarde y nos fuimos a dar una vuelta para buscar a los demás. Ryan se sentía un poco desplazado y decidió jugar con el móvil. Mientras, nosotros nos regalábamos besos y sonrisas.  Todo era perfecto, me sentía en las nubes, en un sueño, un sueño de esos que deseas que nunca acaben. 

Llegamos al parque. No había nadie aún, decidí llamar a mi madre haber que tal iba la abuela. Me senté dos bancos más lejos que ellos, para hablar. Me dijo que no me preocupara, que de momento todo iría bien. Le conté lo de Justin, que me encantaba este lugar. Hablamos un largo rato, contándonos nuestras cosas. Madre e hija. Le echaba mucho de menos.

Acabamos la conversación y escuché un ‘chhhhhs’. Alguien me llamaba, o buscaba mi atención. Se acercó a mi y me dio dos besos, saludándome.

-Ahora te veré por todos los lados, ¿o qué? –Dije bromeando, era Romi.

-Ojalá… oye, ¿tu estás con Justin?

-Nos estamos conociendo, ¿por? 

-No.. nada. Preguntaba. Como te vi con él, y vino esta mañana.. Oye, ¿me acompañas a la fuente? Así hago tiempo, que mis amigos hasta dentro de media hora no salen.

-Vale, pero me debes una, eh- Acepté a acompañarle.

La fuente estaba cerca, así que pensé que sería una estupidez decirle a Justin que en poco tiempo volvería al parque.

Llegamos, era fuente muy bonita, me gustaba. Ese sitio parecía romántico, ‘Aquí tendría que haber venido con Justin’- pensé. 

-¿Tienes calor?- Me preguntó.

-Un poco. –Contesté.

En ese instante me salpicó con el agua. Me mojó entera de la cintura hacia arriba. 
-¡Eres un bruto! –Grité y le pegué con mi puño bromeando.

-¿No tenías calor? Pues así estás mucho mejor, y en todos los sentidos. Ahora esa blusa blanca te sienta mucho mejor.

-¡Eh!

Bajé mi mirada y sí, se me transparentaba mi sujetador, por eso hizo ese comentario. Me fui hacia donde hacía Sol, para secarme, no quería que me viera así. 
Se sentó a mi lado, puso su mano sobre mi pierna, justo donde la había puesto Justin a la hora de la comida.

-Lo siento.- Le aparté la mano.

-¿Te molesta?¿Lo haces por Justin, verdad? –Me dijo, seriamente.

-Lo hago por mí, y por él. Por los dos. Quiero que salgan las cosas bien.

-¿Te crees que vas a estar mucho tiempo con él? Además, tú te vas y él se quedará aquí y buscará a otra.

Sus palabras me dolieron, porque además era la triste realidad.

-El tiempo lo decidirá todo… -Dije, sin apenas convencimiento.

Sonó mi móvil. Lo que faltaba en esa situación, era Justin. 

-*¿Dónde te has metido? No te encontramos en el parque*

-Mmm.. estoy… estoy yendo hacia allá.

-*¿Estas sola?*

-Sí, pero tranquilo que voy ya.-Mentí, no le quería decir que estaba con Romi- Ahora nos vemos.

-*Ven ya, recuerda las palabras de tu padre, tengo que cuidarte*

-Y recuerdo tus palabras… ‘la cuidaré como no lo he hecho con nadie antes’

-*Exacto, te quiero*

-Te quiero más.

CAPÍTULO 6.


Caitlin y Ana se fueron, era hora de comer y me dijeron si me acompañaban a casa, pero decidí esperar a Ryan. Me quedé sola en la hamaca. En ese momento sonó mi móvil, era un mensaje de mamá. Decía: ‘’Mel, ¿cómo lo estás pasando mi amor? Espero que bien, no te quería agobiar a llamadas pero te tengo que decir una cosa… la abuela ha tenido un pequeño accidente, se cayó y tiene fracturados varios huesos, se encuentra bien aunque está en el hospital, los médicos dicen que mejorará así que no hace falta preocuparse mucho. Ella te manda muchos saludos, y dice que no te alteres, que pronto se pondrá bien. Besos, te quiere mamá.’’ 

Me fui corriendo, hacía la nada, no sabía ni dónde iba. Sentía una gran impotencia ante aquella situación y se mezclaba con la rabia de Paloma. Estaba en la parte trasera a la piscina, me senté en un bordillo y comencé a llorar. No había nadie por allí, pero me tapé la cara con mis manos, no quería que nadie me viera. A los pocos minutos, alguien me dio un pequeño golpe en el hombro.

-¿Qué te pasa? ¿Puedo ayudarte en algo? –Me dijo un chico que no conocía de nada.

-No, gracias. –Respondí un poco borde.

El chico tendría mi edad. Resaltaban sus ojos azules y su pelo castaño. Era guapo y llamaba la atención, la verdad.

-No puedo dejarte aquí sola, desconsolada. ¿Eres de aquí? ¿Llamo a alguien? –Dijo el chico preocupado.

-Estaba en la piscina con unos amigos cuando mi madre me ha dado una mala noticia, no soy de aquí pero estoy con mi padre que sí vive aquí.

-Bueno, pues si necesitas algo ya sabes. Aquí estoy. Me llamo Romi, encantado.
-Melanie, encantada.

Escuché a alguien al fondo que gritaba mi nombre, era Justin. Venía rápido mientras se secaba con sus propias manos el pelo, que aún llevaba mojado.

-¿Qué haces aquí? ¿Qué haces con él? 

-Se llama Romi, y me estaba ayudando mientras tú te quedabas en la piscina con Paloma, ¿algún problema? –Mis palabras reprochaban que lo necesitaba ahora.

-Ya, él es el problema, no es una buena persona, venga, vámonos. –Me dijo Justin, tomándome la mano.

Romi se despidió de mi mientras se marchaba.

-No, Justin, yo me quedo aquí. 

-¿Te ha pasado algo? Cuéntame.

-Sí, me ha pasado. Mi madre me ha dicho que mi abuela está en el hospital, me he venido aquí llorando para que nadie me viera, mientras tú estabas con Paloma en la piscina.

-Eh, eh, tú sabes que te quiero a ti. Eso son celos, ¿verdad? –Me dijo, acariciándome la cara.

-Sí, te quiero.

-Y yo, no quiero verte mal. Ya verás como tu abuela se recupera.

Me dio un tierno besos, de los que me solía dar. Adorable. Siempre intentaba verme feliz, ¿y yo le respondía de esa manera? No lo merecía, tenía razón, los celos. Eso que me hace sacar la peor parte de mí. Justin sólo estaba hablando con ella, y porque ella le había llamado, no tenía nada por lo que preocuparme. 

-Bueno, ahora me toca a mí, ¿qué hacías con Romi? –Me preguntó.

-Me había visto aquí y se ha sentado a mi lado a preguntarme que me pasaba, ¿por qué no es una buena persona?

-Ya te contaré, es una larga historia. ¿Te acompaño a casa?

-Vale, vamos.

Durante el camino hablábamos, nos besábamos, reíamos. Llegamos a mi casa, y en ese momento salió mi padre. 

-Mira, a los dos os quería ver. Justin, hoy comemos en tu casa que tu madre nos ha invitado. –Dijo mi padre.

Entendí que nuestras ‘’familias’’ eran amigas, que su madre y Alisson se llevaban bastante bien. No sabía que la madre de Justin estaba separada, me lo contó mi padre. Vivían los dos solos.

Justin y yo fuimos juntos a su casa, mientras mi padre iría más tarde con Alisson y Charles, el hermano pequeño de Ryan. ¿Y Ryan? Se había quedado en la piscina, suponía que vendría luego con ellos. 

CAPÍTULO 5.


-Buenos días, princesa. Estás preciosa durmiendo. 

Abrí los ojos, me peiné lo posible rápidamente y lo vi ahí, sentado al lado de mi cama. Mi príncipe.

-Buenos días, Justin. ¿Me he dormido? ¿Qué hora es?

-No, Ryan me ha llamado para que te despertara. Pensé que te gustaría la idea.

-Sí, me gusta. 

-Vamos, te preparo el desayuno. ¿Qué quieres para desayunar?

Me lancé, mis labios visualizaron los suyos y fueron en su busca. Mi lengua, su lengua.

-¿Sabes lo que quiero? Quiero desayunar tus besos de buena mañana, quiero comerlos al mediodía, de merienda por la tarde, por la noche, en la cena, y los quiero en los postres, también. 
Entonces, ahí, comenzamos a infiltrarnos en una batalla de besos. Besos apasionados, sin límite, sin fronteras.

Más tarde, llegamos a la piscina. Estaban todos allí, nos vieron cogidos de la mano. Robert soltó un '' Por ahí viene la parejita '' y entendí que ya sabían todos lo nuestro. Los saludamos, yo un poco avergonzada por la situación, pero mostré mi sonrisa. Me tumbé hacia abajo en una hamaca blanca que había allí, me quité el vestidito que llevaba y me quedé en biquini. Era un biquini color yema que resaltaba mi moreno. Justin se puso sobre mi espalda, giré la cara, alcé la vista y le sonreí. 

-¿Te vienes al agua? -Me dijo.

-Ahora luego, tengo que ponerme la crema, no quiero quemarme.

-Pues yo te la pondré, Mel. ¿Me permites?

-Por supuesto. -Asentí.

Cogió el bote con la protección, se puso un poco en su mano, y comenzó a restregármela delicadamente por los hombros. Poco a poco iba bajando. Notaba sus manos dulces por mi columna. De repente, deshizo el nudo con el que sujetaba mi parte superior del biquini y me susurró ''No te preocupes, no voy a hacer nada malo''. Sus palabras estaban llenas de paz, me llenaban de tranquilidad y seguridad. Cuando acabó, me lo abrochó con cuidado.

-Venga, ya estás lista.

-Sí, haber quien se tira antes al agua.

-Tú -Justin me cogió por la cintura- Venga, ¡al agua!

Primero nos sentamos al borde de la piscina. Metí un pie, estaba congelada. ''Cómo se nota que estoy en Canadá'', pensé. 

Al fin, me decidí a entrar dentro. Él entró conmigo. Puse mis brazos alrededor de su cuello y él me dio un largo beso. Estaba en las nubes. Besos, más besos, sabor a verano. Hasta que alguien nos interrumpió.

-Eh, Justin, no sabía que ya habías encontrado a alguien. -Le dijo una chica. 

Me sonaba su cara. Justin se giró y puso cara de asombro. La saludó, parecía distante, incómodo en aquella situación. Mientras, yo me preguntaba quién sería ella. Finalmente, ella se fue.

-¿Quién era?¿Tu ex, verdad? -Le pregunté, en un tono tranquilizador.

-Sí, era ella... Parece que haya querido molestar adrede. 

-Ya, yo también he pensado lo mismo.

-Desde que me dejó y Ryan se enteró del porqué, él no ha querido saber nada de ella. Cree que por mi culpa no está con él, por eso me trata así e intenta hacer que lo pase mal.

-Qué mala persona. Pero no lo va a conseguir, por eso estoy yo aquí, porque quiero verte feliz, y esa sonrisa que tanto me gusta...

-Si ahora sonrío, es por tí, Mel. -Me besó en la frente, transmitiéndome confianza.

-Yo nunca te haré daño, lo prometo.

Otra vez, la comunicación pasó a ser no verbal. Nuestras lenguas hablaban por sí solas, nuestros besos eran como una alianza. Me hacía sentir especial con cada uno de ellos.
Más tarde, decidimos ir con los demás. Nos habíamos alejado ya demasiado. Ryan y yo nos dimos un abrazo. Justo en ese momento vi como alguien me ''mataba'' con la mirada. Una mirada llena de envidia, de odio, de fracaso y de falsedad. Sí, la mirada de Paloma. Sólo había abrazado a Ryan y ¿por ese echo tenía que mirarme así? Menuda amargada, ya me caía mal. 

Me salí de la piscina con Ana y Caitlin. Comenzamos a hablar de nuestras cosas, les conté lo de Paloma. Ellas también me transmitían confianza. En ese momento, vi que Paloma llamó a Justin. Las tres nos quedamos mirándolos. 

-¿Qué le estará diciendo?

-Lo más probable es que también quiera joderte a ti, Mel -Dijo Ana.

-Sí, ella es así. Hace eso con todo el mundo sin ninguna explicación. -Asintió Caitlin. -A mí también me hacía eso, hasta que le dejé las cosas claras. 

-Pero, yo apenas la conozco. ¿Qué digo? No la conozco, ni ella me conoce a mí. -Añadí.

-Te recomiendo que pases de ella, cuanto más mejor. Pasa. Sólo quiere ser el centro de atención. -Me aconsejó Caitlin.

-Tienes razón, eso haré.

CAPÍTULO 4.

Hablé con la ''pesada'' de mi madre, le conté que todo iba bien, un breve resumen de todo. No quería hablar mucho, estaba Justin esperándome. Estaba sentado en la cama, y cuando acabé de hablar con mi madre me hizo un gesto para que me sentara a su lado. Fui. Me quedé mirando hacia abajo, realmente era porque no sabía donde mirar. Me quedaría mirando su preciosa cara, pero mi vergüenza me mataba. 

-Creo que has venido aquí por alguna razón, puede que sea el destino. Algo me dice que estás aquí para olvidarla.

-¿De qué hablas, Justin? No te entiendo, de verdad.

-La chica por la que me has preguntado, la de la foto.

-¿A qué te refieres? 

-Estuve con ella, me enamoré, mucho. Pero ella de mi no, aunque me hacía pensar que sí. Me imaginé un largo futuro por delante junto a su lado, hasta que sucedió. Un día me contó todo, decía estar harta de mi, sin razón. Me dijo que estaba conmigo para dar celos a Ryan, sí, que no le importaba. En fin, todo fue un engaño por parte de ella. Por mi parte no, yo la quería muchísimo, la protegía, la cuidaba, la mimaba. -En ese momento su mirada perdida se encontró con la mía. -Todo el mundo me decía que me olvidara de ella, pero no podía. He estado un largo tiempo pensando en esos momentos que vivimos juntos, en todo, no he podido olvidarla. Hasta el día en el que te vi. Mi cabeza dio un vuelco, y ahora que estás a mi lado, mi corazón también lo ha dado. Estar a tu lado me ha hecho olvidarme de todo, de todo.

No pude reaccionar, no me dejó responder, su boca se lanzó en busca de la mía. Sus besos eran dulces, apasionados, transmitían confianza y deseo. De vez en cuando nuestras bocas se separaban, pero segundos después se volvían a encontrar. Se necesitaban la una a la otra. No podía creerlo, mi estómago se revolvía y sí, mil mariposas lo recorrían.

Después de pasar varias horas juntos, decidimos pasar a por Ryan y los demás. Fuimos al parque, nos sentamos todos, Ana me llamó y nos apartamos para hablar, me dijo que me tenía que contar algo.

-Oye, ya me ha contado Justin lo vuestro. Siento si te molesta, es que soy su mejor amiga, y soy de las que no soportan tampoco a Paloma.

-¿Paloma es su ex, no?

-Sí. Lo ha pasado muy mal, pero ahora parece tener claro lo que quiere, y es a ti, Melanie. No quiero que le hagas daño, por favor. 

-Por supuesto que no. A mi algo parecido me pasó con un chico, y sé por lo que ha pasado. Quiero disfrutar el tiempo que me queda aquí, y quiero disfrutarlo con él.

-De momento, aprovechar este tiempo. ¿Sabes una cosa? Lo malo va a ser que... bueno, va a llegar el día en el que te tengas que marchar de aquí.

-Sí...

-Y también lo pasará mal.

-Buf, Ana, por favor. Vamos a dejar que el tiempo lo arregle todo. 

-Bueno, que sepas que aquí me tienes para lo que necesites. Lo vuestro sólo lo sé yo, de momento, pero no diré nada si no quieres todavía.

-Gracias. -Nos dimos y abrazo y fuimos con los demás.

Durante ese rato con todos, Justin y yo nos cruzábamos las miradas. No lo resistía, lo tenía cerca y no lo podía besar. Se estaba haciendo de noche y nos teníamos que ir. Llegamos a casa y le conté a Ryan todo lo que había pasado. 

-¿En serio?

-Sí.

-Melanie y Justin, nueva pareja. No lo puedo creer. -Dijo bromeando.

-Haber, pareja con el sentido de la palabra no. Estamos empezando algo, no se sabe aún el qué. Te recuerdo que mi estancia aquí tiene un plazo.

-¿Y entonces que sois? ¿Amigos con derecho a roce?

-Que no lo sé, Ryan. Lo tendré que hablar con él.

-Dame un abrazo anda, me alegro mucho, por parte de los dos.

Nos abrazamos, nos vio mi padre y se quedó extrañado.

-Menudas confianzas ya, ¿no? -Dijo riéndose.

-Tienes una buena hija. -Le contesto Ryan.

-Vamos, ya está la cena echa. A cenar. 

Cenamos, nos pusimos a ver la tele y nos fuimos a dormir temprano. Yo estaba agotada. Di las buenas noches a todos, entré a mi habitación, me puse el pijama, y me tumbé en la cama.

-Chsssss, chssssss. -Alguien me llamaba.

Me asomé a la ventana, y ahí estaba. Me llamaba desde su ventana, era Justin.

-¿Qué haces despierto todavía? -Le dije con un tono de voz más alto para que me escuchara.

-Te estaba esperando. -Dijo, y me sonrió. -¿Quieres que pase mañana a por vosotros?

-Me parece bien, creo que hemos quedado para ir a la piscina con todos.

-Sí, vamos todos.

-Bueno... estoy cansada. Me voy a dormir ya...

-Yo también, buenas noches.

-Buenas noches.