Tu rastro.

domingo, 29 de septiembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 33.


Eres el conductor del mejor coche de la competición, tienes que llegar lejos, superarte. ¿La meta? La felicidad. Y solemos creer que la máxima felicidad se alcanza al lado de una persona. Nunca sabemos lo que nos espera, ni todas las sensaciones que nos quedan por experimentar. Ni con quién. La gente se enamora una vez, dos, hasta tres veces. No hay reglas, el corazón no viene con instrucciones. Tal vez un día te levantas y un huracán se cuela en tu vida revolucionando todo. Entonces todo ha cambiado. Puede que hoy no puedas vivir sin una persona, y mañana ya la has olvidado al completo. Se esfuma. Tu corazón se encoge. El cielo se vuelve oscuro, pero a lo mejor no llueve.

Se acaban de conocer pero siempre hay una primera impresión que envuelve tus pensamientos. A ella le crea cierta inseguridad, pero su estado anímico le hace olvidar todas las malas sensaciones, así que las aparta a un rincón muy oscuro y perdido. 

El autobús frena y el cuerpo de Carlo choca con el de _____ sin querer.

-Perdona, ¿te he hecho daño?
-No, no te preocupes.

Él le lanza una sonrisa inquieta y ella aprovecha la ocasión para salir de allí. Camina decidida rodeada de gente desconocida y sube las escaleras que ayer mismo bajó de la mano del chico que hace que pierda la noción del tiempo. Lo recuerda y comienza a sentir la electricidad por sus piernas. Entra y llega hasta su taquilla en la que deja varios libros quitando peso de su bandolera. Tiene los hombros destrozados. La cierra y se asegura de que lo ha hecho bien. Apoya su espalda en ella y lanza unos cuantos suspiros dejando salir el aire que presiona su pecho. No sabe porqué pero desde que ha bajado del autobús una sensación ha sacudido todo su cuerpo. Y precisamente de una manera brusca e incómoda.

|Narra _____|

La primera hora ha sido una completa mierda y la segunda más de lo mismo. Suena el timbre. Libertad por unos pocos minutos, ya era hora. Observo el pupitre de Vanessa y está reluciente.

-Qué rápida eres. –le digo guardando los apuntes en mi bandolera.
-No, es que tú eres muy lenta. –carcajea ella esperándome con una mano apoyada en su cadera. –Venga Blair, quiero ver el Sol y notar el aire chocando en mi cara ya.
-Impaciente. –digo bufando a un pelo que se ha colado en mi cara. Cierro la cremallera de mi bandolera y miro a mi amiga. –Ya está, ¿contenta? –pregunto sin dejar de reír y ella me mira con una ceja por encima de la otra.
-Sí. ¡Vamos!

Tira de mi mano y mi cuerpo se deja llevar como si fuera una hoja recién caída de un árbol agitada por el aire. No sé a qué vienen tantas prisas. Mi muñeca incluso comienza a sentir dolor, me agarra muy fuerte, como si no quisiera soltarme. Yo creo que ahora estamos corriendo, o volando. Necesito un poco de aire, parar y refrescarme. Nos chocamos varias veces contra la gente, gente conocida o desconocida, ni me he detenido para observarlos. Visualizo una multitud a lo lejos y en mi mente aparece un cartel en rojo que me avisa de problemas. Yo siempre tan negativa. Vanessa y yo nos detenemos a unos escasos metros.

-Ven, tienes que ver esto.

Vuelve a tirar de mi mano, esta vez con menos fuerza. Pero un gran interrogante sigue en mi cabeza. Nos acercamos donde está toda esa gente y de repente una cabeza se gira y me mira de arriba abajo. Suelta de su boca algunas palabrejas en voz baja y unos cuantos murmullos silenciosos retumban en mis oídos. Entonces se giran más cabezas, y me miran a mí. Hablan en voz baja mientras no despegan sus miradas de mí. Joder, ¿tengo algo en la cara? ¿Qué está pasando?

-Tranquila.

Mi amiga se percata de que me he puesto más tensa que un poste eléctrico, pero no consigue calmarme. Esas miradas me intimidan lo suficiente para ponerme nerviosa. Y yo no suelo ponerme nerviosa, dato importante. Mi pecho comienza a subir y a bajar notablemente. De mis manos baja una pequeña gotita de sudor deslizándose por mi muñeca hasta acabar en uno de mis dedos. La gente se aparta y me hace paso. Esto es muy raro. No entiendo nada, hasta que alguien estalla.

-¿Tú eres _____? –me pregunta un chico de piel bastante clara y pelo rubio platino.
-Sí. –murmuro levemente manteniéndome atada al suelo.
-¿_____ Blair? –vuelve a interrogarme. Todo el mundo está en silencio contemplándonos.
-Sí. –otra vez mi voz suena frágil. Como si se fuera a romper.

Toda la gente que se mantiene quieta a nuestro alrededor, se acercan a mí y me llueven halagos. Halagos que mis oídos nunca se habían permitido el lujo de escuchar. Ahora sí que no entiendo nada. Tendré que sacar el paraguas y frenar la situación. Aunque… me gusta. ¿Pero por qué me dicen todas esas cosas? ¿Qué he hecho? ¿A qué se debe? ¿Por qué le están diciendo cosas bonitas a un bicho raro como yo?

-Nunca nadie se había atrevido, te admiro. –me dice una chica con el pelo castaño un poco más arriba de sus hombros.
-¿Qué? –muevo mi cabeza negando.
-Que eres muy valiente. –se decanta a decirme la misma chica.
-No entiendo nada… ¿Pero por qué?
-¿Cómo que por qué? Nunca nadie le había quitado el puesto a Sarah. Y llegas tú nueva y le arrebatas el protagonismo en el musical. Eres la única que se ha atrevido a hacer algo así.

Me quedo en una especie de shock y mi mente se estanca. Respirar se me hace más difícil y me pincha la vena sensible. Mojo mis labios exhausta y sigo sin asimilar todo esto.

-Esta mañana han colgado el cartel y no sabes cómo nos hemos alegrado de no ver el nombre de esa repelente ahí. –dice el chico rubio señalando a la pared donde salta a la vista el tablón de anuncios.

Me acerco para verlo atónita con los ojos bien abiertos y me detengo justo enfrente de aquel cartel. Y el silencio se vuelve una sensación agradable. Mi nombre aparece en cursiva justo al lado del de Justin. MUSICAL DE FINAL DE CURSO protagonizado por Justin Bieber y _____ Blair. ¿Y Justin? ¿Qué pensará de esto? Me abstengo del pensamiento y continúo en mi burbuja pero sin ahogarme.

-¿_____? –noto cómo Vanessa sacude mi brazo.
-¿Si? –pregunto anonadada y me siento como si hubiera estado bajo el efecto de alguna droga. Qué cosa más extraña.
-¡Enhorabuena! –exclama abrazándome fuerte. Tan fuerte que creo que me voy a quedar sin oxígeno.
-Gracias… -murmuro y siento pinchazos detrás de mis ojos.

Nos quedamos abrazadas unos largos minutos y la gente va despejando el pasillo dándome la impresión de que se vuelve mucho más ancho. Antes me veía acorralada entre las paredes.

-Tú… tú… -tartamudeo y consigo recomponerme. -¿Tú sabías que esta gente estaba aquí?
-Claro nena, ¿por qué creías que tenía tanta prisa? Temía que se fueran, ¡quería que los vieras! –contesta entusiasmada.
-No… no lo esperaba. –digo alucinando todavía. ¿De verdad que no me he tomado ninguna pastilla?
-En eso consistía. –ríe ella.

Nos dirigimos al campus. Me encojo de hombros confundida y quiero esconder mi cabeza en mi cuello. O bajo tierra. Me siento observada por todo el mundo ahora. ¿Y todo esto es por el musical? ¿Por ''enfrentarme'' a Sarah? Al menos hay gente que me entiende. Eso nunca había sido así y me alegro de ir rompiendo las reglas poco a poco y dictando mis propios pasos. Ahora solo queda hacerlo mil pedazos y tirarlo al contenedor más cercano.

Trato de disimular con mi móvil. Justin todavía no ha contestado a mi mensaje. Decido llamarle. Pi… Pi… Pi… y así repetidas veces. Suena, pero no lo coge. No ha acudido a clase y es raro. Raro porque eso lo hacía antes y me da mala espina. No dejo de moverme. Voy de un lado a otro. Casi choco con una farola que ni emite luz.

-¿Algo va mal? –me pregunta Vanessa que observa detenidamente como tambaleo mi pierna nerviosa.
-Sí. –contesto seca.
-Pues cuéntame y alegra esa cara.
-Es solo que… no sé. –resoplo agobiada.
-¿No sabes? –eleva su fina ceja y frunce sus labios.
-Sí sé. Joder, Justin no ha acudido a clase y encima no responde al teléfono. Pensarás que es una tontería pero realmente no lo… -me corta.
-Nena, frena. Stop. Respira. –carcajea.
-A mí no me causa gracia.

Me giro y mi melena baila en el aire por unos segundos. Me marcho dejando a Vanessa sola. Escucho un ''¡Espera!'' salir decidido de su boca pero no doy marcha atrás. No, ahora sí que ya no estoy de humor. Camino sin un rumbo fijo. Me agobio. Necesito encerrarme en mi habitación y escribir. Escribir durante horas dejando mi mente entre las nubes que traviesas intentan cubrir el Sol. Hace tiempo que no viajo donde antes. Era clienta VIP cuando todo era oscuridad. Frecuentaba demasiado y así me iba. Mal. Pero ahora quiero escaparme allí aunque sea unos segundos. Necesito ahogar mis penas antes de que ellas me ahoguen a mí.

Entro en el lavabo de chicas y abro el grifo haciendo un estanque de agua en mis manos para a continuación estamparlo contra mi cara. Y hecho. Me empapo. Froto mis ojos fuertemente y me miro al espejo. Menos mal que no me maquillo porque sino en este preciso momento parecería un mapache con todo el rímel esparcido entre mis mejillas. Se me notan las ojeras. Me encuentro mareada de repente y me encierro en el baño. Me siento justo en la tapa y miro si hay cobertura. La hay. Perfecto. Vuelvo a marcar su número y vuelvo a llamar. Otra vez. Otra maldita vez no lo coge. Mi vista comienza a nublarse y es señal de que en mis ojos va a comenzar a llover. Y no quiero. _____, aguanta. Quiero camuflarme, no existir por unos minutos. Quiero ver oscuridad. Y parece que mis peticiones se cumplen. De repente todo se vuelve oscuro. Alguien ha apagado la luz. ¿Es mi imaginación o de verdad hay monstruos como los de antes aquí? Comienzo a temblar y me abrazo a mis rodillas situadas a la altura de mi pecho. Hace frío. Quiero gritar. Huir. Contener mis lágrimas. Pero no, una gotita sale sin pensar deslizándose por las esquinas de mis ojos. Cuanto tiempo. Todo me queda grande y yo me estoy volviendo pequeña. Diminuta. Las paredes me van aprisionando. Otra lágrima. He vuelto, pero solo de visita. Me odio en este momento. Esta sensación es horrorosa y siento una presión muy grande en el pecho. A lo mejor también recibo una puñalada en el alma. Cierro los ojos. Justin viene a mi cabeza de manera instantánea y como si fuera una ráfaga de fotos que aparecen ordenadamente en mi cabeza. Me encanta. Sus ojos color miel. Sus labios. Sus mejillas. Su sonrisa inquieta. Su cuello. Sus lunares que andan vagabundos por su piel. Lanzo un largo suspiro y pensar en él me relaja. Mis pulsaciones se calman y reducen la velocidad. Frenan de golpe. Y aún me sigo preguntando cómo lo consigue. Limpio mis lágrimas con mis propias manos y las hago desaparecer. Intento autoconvencerme de que no ha sucedido nada, no he vuelto a visitar a los monstruos que antes aporreaban a mi puerta cada dos por tres. Soy fuerte. Sí, _____ eres fuerte. ¿Lo recuerdas? Te has mantenido así durante todo este tiempo. ''Nunca nadie se había atrevido, te admiro''. ''Eres muy valiente''. Las palabras de esa gente logran causar un efecto positivo en mí. Trago saliva y miro la hora que brilla en la pantalla de mi móvil. ¡Joder! ¡Que ya estarán entrando todos de nuevo a clase! ¡Voy a llegar tarde! ¡Me van a castigar! ¡Y esta vez sin Justin! Oh no. Jodido infierno. Tropiezo con mis propios pies y trato de salir de ahí. Pero todo se queda en el intento. La manivela no gira. No puede ser, si no he puesto el pestillo. Vuelvo a intentarlo y no funciona. Escucho unas risitas cerca. ¿Qué? ¿Cómo es posible? ¿Monstruos otra vez? No, no, no. No puede ser. Aporreo la puerta. Más risas, esta vez las escucho mejor. Espera. Esa risa la conozco. Maldita sea, prefiero volverme loca a que sea lo que estoy pensando. Me duele la muñeca de tanto intentar abrir. No puedo. Ahora las risas se perciben más lejos.

-¿Hay alguien ahí? –chillo. Me escuece hasta la garganta. He elevado demasiado el tono de voz.

No obtengo una respuesta. Vuelvo a gritar. Esta vez mucho más fuerte. Las risas desaparecen de repente. En un chasquido todo se ha derrumbado encima de mí. Y  precisamente yo me encuentro entre los escombros. Todo pesa. Mis ojos no dejan de derramar lágrimas. Justin, ¿dónde estás? Te necesito.

Con las pocas fuerzas que me quedan consigo sujetar el móvil entre mis manos y marcar su número por milésima vez. Por favor, contesta… Mis manos tiemblan y sudan a la vez y casi se me resbala el maldito aparato. Lo apoyo contra mi oreja. Justin, por favor… Cógelo, te necesito más que nunca. Pero nada. No lo coge. Me doy por vencida y estampo el móvil contra el suelo. Ahí se desvanece entre varios pedazos. Jodida mierda. Estoy perdida. Quiero… huir. Mi corazón retoma velocidades que pocas veces he alcanzado. Me va a dar un ataque si no consigo controlarme. Pero ahora mismo no encuentro ningún motivo que me relaje. Ahora tengo calor. Mucho calor. Me abanico con mis propias manos. La oscuridad se ha apoderado de mí en unos pocos segundos. Se ha colado en mi cuerpo. Me cuesta respirar. Estoy atrapada entre estas cuatro paredes que apenas puedo percibir con mi vista. Han apagado la luz. Y eso convierte todo en peor. Estoy perdida y por favor, que alguien acuda a mi rescate.

Un nudo en mi garganta no me permite tragar saliva. Miedo. Aquí, haciéndome compañía justo a mi lado. No puedo darme por vencida, tengo que salir de aquí. Pero apenas puedo sostenerme en pie. Doy golpes contra la puerta con mis puños. No voy a renunciar, no me voy a quedar todo el día aquí. Mis manos están rojas y mis nudillos a punto de sangrar.

-¡Por favor! ¡Sacadme de aquí!

Entre gritos y más gritos lo único que escucho es mi propio eco. Entonces vuelvo al pasado y más imágenes vienen a mi cabeza. ¿Por qué todo esto tiene que sucederme a mí? ¿Qué he hecho? Lloro. No puedo ocultar mi llanto. Pero no dejo de aporrear la puerta. Dolor. Por dentro y por fuera. Dolor en lo más profundo de mí. Las lágrimas recorren toda mi cara bajando en cascada desde mi barbilla hasta mi cuello. Deslizo mi espalda por la puerta bajando poco a poco hasta que toco el suelo. Se siente frío y húmedo. Echo mi cabeza hacia atrás y entonces me congelo al escuchar unos pasos. No puedo creerlo. Quizás sea producto de mi imaginación. Y cada vez están más cerca. Mis pulsaciones se aceleran. Esto puede ser o muy bueno o muy malo, no existe el término medio.

-¿_____? ¿Eres tú?

Su voz grave me suena pero no lo suficiente para reconocerla.

---------------------------------------
Y todo esto no se queda aquí. 
Comentarme qué os parece y esas cosas, me hace mucha ilusión. 
Por cierto, leo toooodos los comentarios y xbdyuegdigwdufwed ¿sabéis?

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


3 comentarios:

  1. Muy bien mujer, son las casi las cuantro de la mañana, me tengo que levantar a las siete. Me han entrado una ganas terribles de entrar aqui. I ea. Si antes no tenia sueño, ahora menos.¿PERO CÔMO SE TE OCURRE DEJARLO AHÍ EH? ¿CÓMO? ¿Que me estas comentando? Siguela s no quieres que muera. ¿Por favor? Me mataaaaaaas, joder. Escribes tan asdfghjkkñ, ¿Sabeh lo que te quiero desíh? SIGUELA EH, QUE ME ENFADO. <3

    ResponderEliminar
  2. Oh por dios no puedes dejarlo ahí! Siguela cuanto antes...

    ResponderEliminar