Se les ha hecho tarde una vez más. Y es que
claro, no saben las cosas que conlleva estar a gusto con una persona. Las
agujas del reloj vuelan cuando están juntos. Vuelan a velocidades extremas y
quién sabe si peligrosas. Como si alguien manejara el objeto sostenido en sus
muñecas y les diera mil vueltas a las pequeñas varillas. Y es precisamente a
Justin a quien siempre le ha gustado la velocidad, pero ahora mismo desea que las
horas pasen lentas.
-¿Tienes hambre? –pregunta él cogiéndola por la
cintura. –Y no vale contestar que tienes hambre de mí. –carcajea. Ella le mira
con esa expresión que él conoce perfectamente.
-No cambiarás… Definitivamente, no tienes
remedio. –niega ella moviendo su cabeza de lado a lado perdiendo el control de
la sonrisa que aparece en sus labios.
-¿Pero tienes hambre o no? –continúa él ahora
cogiendo la mano de _____ y refugiándola en la suya mientras bajan por las
escaleras de la universidad.
-Un poco. –dice ella con timidez.
-¿Un poco? –eleva él una ceja.
-Bueno… un poco mucho. Me ruge la barriga de
una manera descomunal. –carcajea ella tirando detrás de su oreja unas cuantas
greñas de pelo.
Ambos dan un pequeño salto en el último escalón
soltando sus manos y después retoman el agarre propiciado por él. A ella le
encanta el calor que transfiere su piel. Sobretodo porque hoy la noche es un
poco más fría que ayer y nunca viene mal.
-¿Entonces te apetecen unos nuggets de pollo?
-¿Tú qué crees? –ella se gira a observarlo curvando
sus labios.
-Yo creo que debería llevarte a cenar a un buen
restaurante de lujo, pero hoy no hay mucho presupuesto nena, así que nos
conformaremos… -ella le corta.
-No te preocupes Justin, lo que importa es la
compañía y a mí me encanta estar contigo. Me da igual donde sea.
Ella le roba un beso en los labios y él después
recoge el sabor al instante con su lengua. Joder. Le ha dejado fascinado.
-Pero con tu compañía y en un buen restaurante con
música ambiental no me digas que no suena tentador.
-Suena tentador. –dispara ella atrevida. En los
labios de Justin se crea una sonrisa sin previo aviso. Espontánea.
-Esa es mi chica. –dice él pasando su brazo
izquierdo por los hombros de _____ y ella se nota impregnada de las mejores
sensaciones.
Llegan a un pequeño bar, tan solo dos hombres
bastante mayores están bebiendo cerveza apoyados en la barra. Uno tiene una
barba bastante abundante y blanca, a conjunto de su canoso pelo, se la rasca sin
discreción y clava su mirada en los dos adolescentes que acaban de atravesar la
puerta. El otro señor que le acompaña lleva puesta una camisa a cuadros rojos y
verdes, pero éste prefiere quedarse observando a _____ que ahora deposita su
bandolera en la mesa antes de sentarse. Una camarera se acerca ahí de inmediato
y apunta en su pequeña libretita lo que le dice Justin. _____ tan solo afirma
con la cabeza, él va a pagar, prefiere mantenerse al margen y no abusar.
Después de unos pocos minutos la camarera llega
con una bandeja sostenida en sus manos y les sirve aquella comida junto con un
par de refrescos.
-Que aproveche.
-Igualmente.
Devoran esos nuggets de pollo que tanto
ansiaban. Justin llena sus manos de aceite y ella le riñe entre risas. Él coge
una servilleta y la pasa por su boca y después por sus aceitosas manos.
-Tienes kétchup ahí. –señala ella hacia los
labios de él agitando su dedo índice. –Justo ahí.
Él curva sus labios y hace una mueca graciosa
ganándose una risa por parte de su chica. Le encanta hacerla reír, y aunque
ella no lo sepa es una de sus debilidades. Vaya, él nunca había tenido de eso,
pero ahora conoce perfectamente su significado y todas las acepciones que tiene
en el maldito diccionario.
-Aún así te dejarías besar por mí. –Justin pone
morritos y ella reniega por lo bajo.
-Límpiate, anda.
-Límpiame.
-No tienes tres años.
-Pero sí una novia muy linda.
Un pinchazo en el estómago de _____ y mil
mariposas revoloteando por él, como si se tratara del mismísimo Amazonas. Hace
apenas unas semanas era impensable que esas palabras salieran disparadas de la
boca de él, pero ya sabéis, estas historias tan improbables e imprevisibles son
las mejores, suelen decir.
Ella tragándose el poco orgullo que acumulaba
en su interior localiza con su vista un pequeño
servilletero que hay sobre la mesa y estira de él consiguiendo lo que quería.
Doblando una esquina de la servilleta la acerca a la boca de su chico que le
lanza miradas traviesas. Ella eleva su fina ceja y un suspiro se desliza por
sus labios antes de limpiar los de Justin.
-Gracias, bonita.
-No te acostumbres a que te haga caso. –murmura
ella y él ríe entre dientes.
-Me acostumbraré a que me hagas otras cosas.
–dice él disparándole una mirada que ella entiende perfectamente.
-A que te de una ostia, por ejemplo. –escupe
ella. Justin carcajea, no os podéis imaginar lo mucho que le gusta cuando saca
su genio de ese cuerpo tan pequeño.
-Joder nena, no te pases. –musita él intentando
hacer una mueca de tristeza, pero a ella no le convence.
-Eres un idiota.
-Oye, eres tú la que ha pensado mal. –Justin se
encoje de hombros y un suspiro escapa de su boca. –No fue mi culpa.
-Está bien… -susurra ella rodando sus ojos
cansada. -¿Nos podemos ir ya? Nos estarán esperando.
Él afirma con su cabeza y se pone en pie
echando por sus hombros su chupa de cuero negra que le da un aire extraño de
motero. Ella al percatarse ríe bajito y le sigue hasta la barra. Justin le
entrega un billete a la camarera tras sacarlo de su bolsillo y ella le devuelve
unas cuantas monedas de cambio. Salen del pequeño establecimiento con la
barriga llena y se dirigen a la moto que Justin tiene aparcada en la acera de
enfrente.
-Llevo falda. –dice ella mordiéndose el labio y
entrecruzando sus piernas. –Así que gírate. –ella hace un gesto con sus manos y
él le mira con una ceja elevada.
-¿Te recuerdo lo que pasó la última vez que me
dijiste eso? –pregunta él vacilante acercándose a ella y tomándola por la
cintura. Electricidad. Dinamita. Cuando acortan la distancia sucede. Y ella se
queda muda, temblándole hasta la bilis que sube por su garganta. –Me salté las
reglas, nena. –dice él en un susurro haciendo que un escalofrío rápido e
intenso recorra todo el cuerpo de _____. -Pero sube, que ahora está oscuro y no
voy a ver nada. –añade con la voz ronca. Una tonalidad de voz que volvería loca
a cualquier mujer de este mundo.
La calle está solitaria y podría producir hasta
escalofríos. Apenas unas dos farolas alumbran la zona y una de ellas parpadea
sin parar. En realidad da miedo. Pero ese miedo provocado más por nuestra
imaginación al ver todas esas películas un domingo por la noche antes de dormir
y refugiarnos entre nuestras sábanas buscando un poco de calor. Un gato cruza a
velocidad de un rayo el áspero asfalto. Justin camina cabizbajo mientras saca
un cigarrillo y lo prende entre sus labios. Aspira y después expulsa el humo que
sale decidido de su boca. Y ella una vez sentada en la parte trasera del
ciclomotor le mira frunciendo su ceño y creando unas pocas arrugas en su frente
que no se podrían percibir a simple vista.
-Odio que hagas eso.
-¿El qué? –Justin da otra calada y entrecierra
sus ojos. -¿Esto? –agita su mano donde sujeta aquel cigarrillo a medio
terminar.
-Sí. –afirma ella dejando escapar de sus labios
un suspiro.
Él se encoge de hombros y sin más tira al suelo
la colilla y ahoga el humo con la suela de su zapato. Se acerca a ella y le
tiende su chaqueta.
-Toma, póntela.
-Vas a pasar frío, Justin.
-¿Y? –arquea él una ceja arrogante.
-Que no quiero que… -le corta.
-Póntela.
Ella obedece y refunfuñando en voz baja encaja
perfectamente sus brazos en las mangas de la chupa negra. Él sube a la moto e
inmediatamente ella envuelve las abdominales de su chico con sus propios
brazos. Apoya la cabeza en su espalda y aspira su aroma, una mezcla entre su
perfume y humo. Pero humo del bueno. ¿Acaso eso existe? Ella se hace la misma
pregunta. Por mucho que odie el tabaco es casi imposible que no le guste algo
que forma parte de la rutina de él. Le abraza por detrás más fuerte una vez que
el ruido del motor llega a sus oídos e instintivamente una sonrisa se forma en
los labios de Justin y ella lo percibe por el espejo retrovisor.
-No me sueltes.
-No…
Y arranca tomando velocidades prohibidas, como
la de sus propios corazones.
..............................................................................................
|Narra _____|
El bolígrafo choca contra el papel de mi diario
provocando un sonido muy familiar. Enrollo mi pelo en una coleta y cierro los
ojos tras lanzar un largo suspiro. No sé por dónde empezar, tengo tantas cosas
que contarte pequeño… Pocas veces me he encontrado tan feliz como lo estoy
ahora. Realmente creo que nunca me he sentido así. Tú sabes que siempre sé
encontrar la palabra exacta a la hora de definir cómo me siento, pero ahora
mismo creo que se ha escondido en un cajón de mi habitación y se ha encerrado
con llave. Tú sabes que me encanta escribirte, pequeño diario, y que en ti
tengo escrita mi historia llena de dolor a conjunto de mis lágrimas. Pero ha
llegado el día de destruir todo lo que me hacía infeliz, de arrancar de mí esa
parte oscura que no me dejaba ver el Sol. Yo no era tan valiente como creía, fui
fuerte, sí, resistí, pero ahora he aprendido a arriesgar.
Bajo un poco la música, puede que me esté
desconcentrando. Y escribo. Me dejo el alma y abro mi corazón de par en par
plasmando en una nueva hoja todo sobre mí. Entonces ya no es una hoja, son dos.
Y luego tres. Y aumenta el número, ya no son tres, son cuatro, cinco, seis o
quizás siete. Clic. Cierro el bolígrafo y escondo mi diario en el sitio de
siempre. Me dirijo a la ducha y me adentro en ella para refrescarme y despejar
mi mente que raramente no se encuentra colapsada entre tanto tráfico y una
señal de stop. No, el stop ya no existe. Hoy hay algo que me dice que adelante,
que no ponga el freno de mano, que arranque a la velocidad que marca mi
corazón. Nadie va a impedir que me detenga en el semáforo en rojo, ni tan solo
en el amarillo. Yo me quedo con el verde, además, es uno de mis colores
favoritos.
Salgo de la ducha y entre toallas me seco
rápidamente. Me pongo mi ropa interior y luego me visto con el uniforme. Me
miro al espejo una vez vestida y decido soltar mi pelo. Dejo caer mi larga
melena por mis hombros y el resto por la espalda. Me echo un poco de colonia,
cojo mi bandolera y bajo a un paso rápido por las escaleras.
-Buenos días, cariño.
-Buenos días, papá.
Planto un beso tierno en su mejilla y me dirijo
a la cocina donde observo que me tiene el desayuno preparado. Me giro y coloco
ambas manos en mi cadera.
-No hacía falta que te preocuparas en
hacérmelo.
-Lo echaba de menos. –dice papá encogiéndose de
hombros. –Antes nunca te marchabas sin…
-Lo sé… Pero he crecido, ya no soy una niña y
sé hacérmelo yo solita. –digo sonriente mojando una galleta en el vaso de la
leche. Después la llevo a mi boca, está crujiente.
Pattie entra a la cocina y coloca un beso en la
parte superior de mi cabeza. Supongo que esa será su forma de darme los ''buenos
días''. ¿Y su hijo? ¿Qué manera utilizará él? Me acabo el desayuno y recojo
todo. Miro a mi reloj. Vaya, se me hace tarde. Me despido y salgo disparada
hacia la parada del autobús. Me pongo los auriculares y llego con la música a
todo volumen. Hoy me siento vital, raro en mí. Muevo mi pierna levemente
mientras espero a que llegue el autobús. Saco el móvil de mi bolsillo y
sonriendo entre dientes escribo un mensaje.
Para: Estúpido.
Seguro que te has quedado dormido o… seguro que
ya estás en la universidad. Bueno no, me quedo con lo primero. ¡Despierta
dormilón!
El autobús llega y hoy va más lleno de gente
que nunca. Subo y saludo al conductor que amable me regala una sonrisa. Camino
con cuidado entre la gente y no encuentro un maldito sitio para mí. Joder.
Refunfuño en voz baja y me dirijo a la parte del final donde parece ser que hay
un poco más de espacio. Recibo unos cuantos empujones y no puedo evitar lanzar
puñaladas con tan solo una mirada mía. Esto de madrugar tampoco es que me
siente muy bien y si encima hay gente que hace que eso empeore…
No hay ni un diminuto hueco, nada. De hecho es
un milagro que quepa el aire para llegar a nuestros pulmones. Subo más la
música de mis auriculares y me pierdo en ella unos largos minutos. Interminables,
diría yo. Alguien me golpea el hombro. Giro mi cara y un chico me está
observando de una manera extraña. No sabría calificar la expresión de su cara.
Pero es guapo, bastante guapo. Aunque nada comparado con Justin. Es moreno y
tiene los ojos azules. Un azul como el mar. Me sonríe y me quito un auricular.
-Perdona, ¿me has llamado? –le pregunto
moviéndome un poco sobre mis pies.
-¿Yo? No. –sonríe otra vez. Qué alegría de
buena mañana.
-Pensaba que… en fin. –muevo mi cabeza
negándome a mí misma.
Me giro de nuevo dándole la espalda a aquel
desconocido y vuelvo a ponerme el auricular. Música. Así sí. Nunca viene mal
antes de ir a clase.
De nuevo un toque en mi hombro. Cojo aire y me
giro. Se vuelve a repetir la misma situación que antes. Me mira. Le miro. Me
sonríe. Frunzo el ceño. Si no es él, ¿quién me molesta de aquella manera? A no
ser que la mujer que está sentada tenga un brazo elástico como la mujer de la
película de Los Increíbles de Disney… no, no puede ser. No hay más gente detrás
de mí. Sólo él. Vaya, tiene los dientes blancos. Muy blancos. ¿Por qué no deja
de sonreír? ¿Por qué no deja de mirarme? Y lo peor… ¿por qué me mira de esa
manera? ¡Me incomoda! Pero creo que me he quedado embobada mirando su sonrisa.
Joder. ¿Por qué me pasan estas cosas a mí?
Vuelvo a girarme y rezo para que el conductor acelere
y lleguemos a la maldita universidad de una vez por todas. Y sucede. Otra jodida
vez alguien me da unos toques a mi hombro. _____, ¿te has tomado las pastillas?
¿Qué pastillas? Yo no necesito de eso. Quizás esté loca. Quizás esté
alucinando. No me giro. No me voy a girar. Alguien se está riendo de mí,
seguro. Alguien se está cachondeando y me está poniendo de los nervios. Muevo
mi pie derecho nerviosa y de nuevo otros toques. ¿Enserio? Doy un giro rápido
encontrándome con el mismo chico que no me quita la mirada de encima.
-¿Eres tú? –pregunto precisamente no con una de
mis mejores caras.
-No. –carcajea mostrando su dentadura. –Yo no
he hecho nada.
-Alguien me está molestando y sé que eres tú. –digo
apoyando mi peso hacia un lado. –Nadie más puede ser, solo tú.
-Está bien… -murmura mirando hacia abajo y
luego se detiene en mis ojos. –He sido yo.
-Lo sabía. Me estabas tomando por loca y… no.
–elevo una ceja.
-Perdóname. No pretendía molestarte.
-Pues lo has hecho. –sueno brusca. -¿Qué
querías de mí?
-Soy un tipo vergonzoso y… bueno… -agacha la
cabeza. –te he visto varias veces por aquí y no veía la ocasión de hablar
contigo.
¿Qué? ¿Desde cuándo alguien se fija en mí? Sigo
siendo el mismo bicho raro. No he cambiado, sigo siendo yo, _____ Blair.
-Me estás tomando el pelo, ¿verdad? –pregunto
seria.
-No sería capaz de hacer eso a una chica tan
bonita como tú.
¿Está de broma? Sí. Esto no puede ser. Esto es
una broma. Una maldita broma. Río. No puedo contenerme la risa aunque no me
haga ni pizca de gracia la situación. Hago amago de darle la espalda y me coge
por el brazo deteniéndome. Me sorprendo.
-Hablo enserio. –susurra mirándome fijamente.
Me quedo en silencio. No sé qué decir. Estoy alucinando todavía. –Me llamo
Carlo. Un placer. –me tiende la mano y dudo unos segundos pero luego respondo a su saludo.
-_____, encantada.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
Siguelaaa
ResponderEliminarTe has matado en escribir el comentario, mi arma.
EliminarHazme el favor de seguirla cuanto antes. Dios mio asdfghjklñ ¿Pero prque escribes tan bien? ME ENCAAAANTA EL JUSTIN PERVERTIDO. Es que lo violaba alli mismo. Joder. Te veo a ti de mayor siendo escritora, en serio. Espero que la novela sea muuuuy larga para asi sacarme una sonrisa cada vez que visite tu blog durante bastante tiempo.
ResponderEliminarSi la sigues pronto rezo pa' que conozcas al Yastin, enserio:') Beesooooos:*
Omg, es perfecta. siguela cuando puedas, me muero por leer el siguiente capitulo
ResponderEliminarVamos, no me jodas. ¿Una novela así de buena y tan pocos comentarios? ¿Qué me estas comentando? (Esque en vez de decir "contando" yo soy guay y digo "comentando") En fin, siguela o me enfado y no respiro. Bueno, no. Que si no respiro me meuro y no podre leerla._. Vale, ya pasó... No estoy loca. Soy normal. I'm normal. Juasjuasjuasjuas. Sé hablar inglés. Jelou, jou ar yú? aim okei. Jiji... la chupo. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA vale ya esta, que soy normal. Ah bueno que me desbio del tema, que la sigas:') Te loveoooo veri mach<3
ResponderEliminar