Tu rastro.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 32.


Se les ha hecho tarde una vez más. Y es que claro, no saben las cosas que conlleva estar a gusto con una persona. Las agujas del reloj vuelan cuando están juntos. Vuelan a velocidades extremas y quién sabe si peligrosas. Como si alguien manejara el objeto sostenido en sus muñecas y les diera mil vueltas a las pequeñas varillas. Y es precisamente a Justin a quien siempre le ha gustado la velocidad, pero ahora mismo desea que las horas pasen lentas.

-¿Tienes hambre? –pregunta él cogiéndola por la cintura. –Y no vale contestar que tienes hambre de mí. –carcajea. Ella le mira con esa expresión que él conoce perfectamente.
-No cambiarás… Definitivamente, no tienes remedio. –niega ella moviendo su cabeza de lado a lado perdiendo el control de la sonrisa que aparece en sus labios.
-¿Pero tienes hambre o no? –continúa él ahora cogiendo la mano de _____ y refugiándola en la suya mientras bajan por las escaleras de la universidad.
-Un poco. –dice ella con timidez.
-¿Un poco? –eleva él una ceja.
-Bueno… un poco mucho. Me ruge la barriga de una manera descomunal. –carcajea ella tirando detrás de su oreja unas cuantas greñas de pelo.

Ambos dan un pequeño salto en el último escalón soltando sus manos y después retoman el agarre propiciado por él. A ella le encanta el calor que transfiere su piel. Sobretodo porque hoy la noche es un poco más fría que ayer y nunca viene mal.

-¿Entonces te apetecen unos nuggets de pollo?
-¿Tú qué crees? –ella se gira a observarlo curvando sus labios.
-Yo creo que debería llevarte a cenar a un buen restaurante de lujo, pero hoy no hay mucho presupuesto nena, así que nos conformaremos… -ella le corta.
-No te preocupes Justin, lo que importa es la compañía y a mí me encanta estar contigo. Me da igual donde sea.

Ella le roba un beso en los labios y él después recoge el sabor al instante con su lengua. Joder. Le ha dejado fascinado.

-Pero con tu compañía y en un buen restaurante con música ambiental no me digas que no suena tentador.
-Suena tentador. –dispara ella atrevida. En los labios de Justin se crea una sonrisa sin previo aviso. Espontánea.
-Esa es mi chica. –dice él pasando su brazo izquierdo por los hombros de _____ y ella se nota impregnada de las mejores sensaciones.

Llegan a un pequeño bar, tan solo dos hombres bastante mayores están bebiendo cerveza apoyados en la barra. Uno tiene una barba bastante abundante y blanca, a conjunto de su canoso pelo, se la rasca sin discreción y clava su mirada en los dos adolescentes que acaban de atravesar la puerta. El otro señor que le acompaña lleva puesta una camisa a cuadros rojos y verdes, pero éste prefiere quedarse observando a _____ que ahora deposita su bandolera en la mesa antes de sentarse. Una camarera se acerca ahí de inmediato y apunta en su pequeña libretita lo que le dice Justin. _____ tan solo afirma con la cabeza, él va a pagar, prefiere mantenerse al margen y no abusar.

Después de unos pocos minutos la camarera llega con una bandeja sostenida en sus manos y les sirve aquella comida junto con un par de refrescos.

-Que aproveche.
-Igualmente.

Devoran esos nuggets de pollo que tanto ansiaban. Justin llena sus manos de aceite y ella le riñe entre risas. Él coge una servilleta y la pasa por su boca y después por sus aceitosas manos.

-Tienes kétchup ahí. –señala ella hacia los labios de él agitando su dedo índice. –Justo ahí.

Él curva sus labios y hace una mueca graciosa ganándose una risa por parte de su chica. Le encanta hacerla reír, y aunque ella no lo sepa es una de sus debilidades. Vaya, él nunca había tenido de eso, pero ahora conoce perfectamente su significado y todas las acepciones que tiene en el maldito diccionario.

-Aún así te dejarías besar por mí. –Justin pone morritos y ella reniega por lo bajo.
-Límpiate, anda.
-Límpiame.
-No tienes tres años.
-Pero sí una novia muy linda.

Un pinchazo en el estómago de _____ y mil mariposas revoloteando por él, como si se tratara del mismísimo Amazonas. Hace apenas unas semanas era impensable que esas palabras salieran disparadas de la boca de él, pero ya sabéis, estas historias tan improbables e imprevisibles son las mejores, suelen decir.

Ella tragándose el poco orgullo que acumulaba en su interior localiza con su vista un  pequeño servilletero que hay sobre la mesa y estira de él consiguiendo lo que quería. Doblando una esquina de la servilleta la acerca a la boca de su chico que le lanza miradas traviesas. Ella eleva su fina ceja y un suspiro se desliza por sus labios antes de limpiar los de Justin.

-Gracias, bonita.
-No te acostumbres a que te haga caso. –murmura ella y él ríe entre dientes.
-Me acostumbraré a que me hagas otras cosas. –dice él disparándole una mirada que ella entiende perfectamente.
-A que te de una ostia, por ejemplo. –escupe ella. Justin carcajea, no os podéis imaginar lo mucho que le gusta cuando saca su genio de ese cuerpo tan pequeño.
-Joder nena, no te pases. –musita él intentando hacer una mueca de tristeza, pero a ella no le convence.
-Eres un idiota.
-Oye, eres tú la que ha pensado mal. –Justin se encoje de hombros y un suspiro escapa de su boca. –No fue mi culpa.
-Está bien… -susurra ella rodando sus ojos cansada. -¿Nos podemos ir ya? Nos estarán esperando.

Él afirma con su cabeza y se pone en pie echando por sus hombros su chupa de cuero negra que le da un aire extraño de motero. Ella al percatarse ríe bajito y le sigue hasta la barra. Justin le entrega un billete a la camarera tras sacarlo de su bolsillo y ella le devuelve unas cuantas monedas de cambio. Salen del pequeño establecimiento con la barriga llena y se dirigen a la moto que Justin tiene aparcada en la acera de enfrente.

-Llevo falda. –dice ella mordiéndose el labio y entrecruzando sus piernas. –Así que gírate. –ella hace un gesto con sus manos y él le mira con una ceja elevada.
-¿Te recuerdo lo que pasó la última vez que me dijiste eso? –pregunta él vacilante acercándose a ella y tomándola por la cintura. Electricidad. Dinamita. Cuando acortan la distancia sucede. Y ella se queda muda, temblándole hasta la bilis que sube por su garganta. –Me salté las reglas, nena. –dice él en un susurro haciendo que un escalofrío rápido e intenso recorra todo el cuerpo de _____. -Pero sube, que ahora está oscuro y no voy a ver nada. –añade con la voz ronca. Una tonalidad de voz que volvería loca a cualquier mujer de este mundo.

La calle está solitaria y podría producir hasta escalofríos. Apenas unas dos farolas alumbran la zona y una de ellas parpadea sin parar. En realidad da miedo. Pero ese miedo provocado más por nuestra imaginación al ver todas esas películas un domingo por la noche antes de dormir y refugiarnos entre nuestras sábanas buscando un poco de calor. Un gato cruza a velocidad de un rayo el áspero asfalto. Justin camina cabizbajo mientras saca un cigarrillo y lo prende entre sus labios. Aspira y después expulsa el humo que sale decidido de su boca. Y ella una vez sentada en la parte trasera del ciclomotor le mira frunciendo su ceño y creando unas pocas arrugas en su frente que no se podrían percibir a simple vista.

-Odio que hagas eso.
-¿El qué? –Justin da otra calada y entrecierra sus ojos. -¿Esto? –agita su mano donde sujeta aquel cigarrillo a medio terminar.
-Sí. –afirma ella dejando escapar de sus labios un suspiro.

Él se encoge de hombros y sin más tira al suelo la colilla y ahoga el humo con la suela de su zapato. Se acerca a ella y le tiende su chaqueta.

-Toma, póntela.
-Vas a pasar frío, Justin.
-¿Y? –arquea él una ceja arrogante.
-Que no quiero que… -le corta.
-Póntela.

Ella obedece y refunfuñando en voz baja encaja perfectamente sus brazos en las mangas de la chupa negra. Él sube a la moto e inmediatamente ella envuelve las abdominales de su chico con sus propios brazos. Apoya la cabeza en su espalda y aspira su aroma, una mezcla entre su perfume y humo. Pero humo del bueno. ¿Acaso eso existe? Ella se hace la misma pregunta. Por mucho que odie el tabaco es casi imposible que no le guste algo que forma parte de la rutina de él. Le abraza por detrás más fuerte una vez que el ruido del motor llega a sus oídos e instintivamente una sonrisa se forma en los labios de Justin y ella lo percibe por el espejo retrovisor.

-No me sueltes.
-No…

Y arranca tomando velocidades prohibidas, como la de sus propios corazones.

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|Narra _____|

El bolígrafo choca contra el papel de mi diario provocando un sonido muy familiar. Enrollo mi pelo en una coleta y cierro los ojos tras lanzar un largo suspiro. No sé por dónde empezar, tengo tantas cosas que contarte pequeño… Pocas veces me he encontrado tan feliz como lo estoy ahora. Realmente creo que nunca me he sentido así. Tú sabes que siempre sé encontrar la palabra exacta a la hora de definir cómo me siento, pero ahora mismo creo que se ha escondido en un cajón de mi habitación y se ha encerrado con llave. Tú sabes que me encanta escribirte, pequeño diario, y que en ti tengo escrita mi historia llena de dolor a conjunto de mis lágrimas. Pero ha llegado el día de destruir todo lo que me hacía infeliz, de arrancar de mí esa parte oscura que no me dejaba ver el Sol. Yo no era tan valiente como creía, fui fuerte, sí, resistí, pero ahora he aprendido a arriesgar.

Bajo un poco la música, puede que me esté desconcentrando. Y escribo. Me dejo el alma y abro mi corazón de par en par plasmando en una nueva hoja todo sobre mí. Entonces ya no es una hoja, son dos. Y luego tres. Y aumenta el número, ya no son tres, son cuatro, cinco, seis o quizás siete. Clic. Cierro el bolígrafo y escondo mi diario en el sitio de siempre. Me dirijo a la ducha y me adentro en ella para refrescarme y despejar mi mente que raramente no se encuentra colapsada entre tanto tráfico y una señal de stop. No, el stop ya no existe. Hoy hay algo que me dice que adelante, que no ponga el freno de mano, que arranque a la velocidad que marca mi corazón. Nadie va a impedir que me detenga en el semáforo en rojo, ni tan solo en el amarillo. Yo me quedo con el verde, además, es uno de mis colores favoritos.

Salgo de la ducha y entre toallas me seco rápidamente. Me pongo mi ropa interior y luego me visto con el uniforme. Me miro al espejo una vez vestida y decido soltar mi pelo. Dejo caer mi larga melena por mis hombros y el resto por la espalda. Me echo un poco de colonia, cojo mi bandolera y bajo a un paso rápido por las escaleras.

-Buenos días, cariño.
-Buenos días, papá.

Planto un beso tierno en su mejilla y me dirijo a la cocina donde observo que me tiene el desayuno preparado. Me giro y coloco ambas manos en mi cadera.
-No hacía falta que te preocuparas en hacérmelo.
-Lo echaba de menos. –dice papá encogiéndose de hombros. –Antes nunca te marchabas sin…
-Lo sé… Pero he crecido, ya no soy una niña y sé hacérmelo yo solita. –digo sonriente mojando una galleta en el vaso de la leche. Después la llevo a mi boca, está crujiente.

Pattie entra a la cocina y coloca un beso en la parte superior de mi cabeza. Supongo que esa será su forma de darme los ''buenos días''. ¿Y su hijo? ¿Qué manera utilizará él? Me acabo el desayuno y recojo todo. Miro a mi reloj. Vaya, se me hace tarde. Me despido y salgo disparada hacia la parada del autobús. Me pongo los auriculares y llego con la música a todo volumen. Hoy me siento vital, raro en mí. Muevo mi pierna levemente mientras espero a que llegue el autobús. Saco el móvil de mi bolsillo y sonriendo entre dientes escribo un mensaje.

Para: Estúpido.
Seguro que te has quedado dormido o… seguro que ya estás en la universidad. Bueno no, me quedo con lo primero. ¡Despierta dormilón!

El autobús llega y hoy va más lleno de gente que nunca. Subo y saludo al conductor que amable me regala una sonrisa. Camino con cuidado entre la gente y no encuentro un maldito sitio para mí. Joder. Refunfuño en voz baja y me dirijo a la parte del final donde parece ser que hay un poco más de espacio. Recibo unos cuantos empujones y no puedo evitar lanzar puñaladas con tan solo una mirada mía. Esto de madrugar tampoco es que me siente muy bien y si encima hay gente que hace que eso empeore…

No hay ni un diminuto hueco, nada. De hecho es un milagro que quepa el aire para llegar a nuestros pulmones. Subo más la música de mis auriculares y me pierdo en ella unos largos minutos. Interminables, diría yo. Alguien me golpea el hombro. Giro mi cara y un chico me está observando de una manera extraña. No sabría calificar la expresión de su cara. Pero es guapo, bastante guapo. Aunque nada comparado con Justin. Es moreno y tiene los ojos azules. Un azul como el mar. Me sonríe y me quito un auricular.

-Perdona, ¿me has llamado? –le pregunto moviéndome un poco sobre mis pies.
-¿Yo? No. –sonríe otra vez. Qué alegría de buena mañana.
-Pensaba que… en fin. –muevo mi cabeza negándome a mí misma.

Me giro de nuevo dándole la espalda a aquel desconocido y vuelvo a ponerme el auricular. Música. Así sí. Nunca viene mal antes de ir a clase.

De nuevo un toque en mi hombro. Cojo aire y me giro. Se vuelve a repetir la misma situación que antes. Me mira. Le miro. Me sonríe. Frunzo el ceño. Si no es él, ¿quién me molesta de aquella manera? A no ser que la mujer que está sentada tenga un brazo elástico como la mujer de la película de Los Increíbles de Disney… no, no puede ser. No hay más gente detrás de mí. Sólo él. Vaya, tiene los dientes blancos. Muy blancos. ¿Por qué no deja de sonreír? ¿Por qué no deja de mirarme? Y lo peor… ¿por qué me mira de esa manera? ¡Me incomoda! Pero creo que me he quedado embobada mirando su sonrisa. Joder. ¿Por qué me pasan estas cosas a mí?

Vuelvo a girarme y rezo para que el conductor acelere y lleguemos a la maldita universidad de una vez por todas. Y sucede. Otra jodida vez alguien me da unos toques a mi hombro. _____, ¿te has tomado las pastillas? ¿Qué pastillas? Yo no necesito de eso. Quizás esté loca. Quizás esté alucinando. No me giro. No me voy a girar. Alguien se está riendo de mí, seguro. Alguien se está cachondeando y me está poniendo de los nervios. Muevo mi pie derecho nerviosa y de nuevo otros toques. ¿Enserio? Doy un giro rápido encontrándome con el mismo chico que no me quita la mirada de encima.

-¿Eres tú? –pregunto precisamente no con una de mis mejores caras.
-No. –carcajea mostrando su dentadura. –Yo no he hecho nada.
-Alguien me está molestando y sé que eres tú. –digo apoyando mi peso hacia un lado. –Nadie más puede ser, solo tú.
-Está bien… -murmura mirando hacia abajo y luego se detiene en mis ojos. –He sido yo.
-Lo sabía. Me estabas tomando por loca y… no. –elevo una ceja.
-Perdóname. No pretendía molestarte.
-Pues lo has hecho. –sueno brusca. -¿Qué querías de mí?
-Soy un tipo vergonzoso y… bueno… -agacha la cabeza. –te he visto varias veces por aquí y no veía la ocasión de hablar contigo.

¿Qué? ¿Desde cuándo alguien se fija en mí? Sigo siendo el mismo bicho raro. No he cambiado, sigo siendo yo, _____ Blair.

-Me estás tomando el pelo, ¿verdad? –pregunto seria.
-No sería capaz de hacer eso a una chica tan bonita como tú.

¿Está de broma? Sí. Esto no puede ser. Esto es una broma. Una maldita broma. Río. No puedo contenerme la risa aunque no me haga ni pizca de gracia la situación. Hago amago de darle la espalda y me coge por el brazo deteniéndome. Me sorprendo.

-Hablo enserio. –susurra mirándome fijamente. Me quedo en silencio. No sé qué decir. Estoy alucinando todavía. –Me llamo Carlo. Un placer. –me tiende la mano y dudo unos segundos pero luego respondo a su saludo.
-_____, encantada.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Te has matado en escribir el comentario, mi arma.

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  2. Hazme el favor de seguirla cuanto antes. Dios mio asdfghjklñ ¿Pero prque escribes tan bien? ME ENCAAAANTA EL JUSTIN PERVERTIDO. Es que lo violaba alli mismo. Joder. Te veo a ti de mayor siendo escritora, en serio. Espero que la novela sea muuuuy larga para asi sacarme una sonrisa cada vez que visite tu blog durante bastante tiempo.
    Si la sigues pronto rezo pa' que conozcas al Yastin, enserio:') Beesooooos:*

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  3. Omg, es perfecta. siguela cuando puedas, me muero por leer el siguiente capitulo

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  4. Vamos, no me jodas. ¿Una novela así de buena y tan pocos comentarios? ¿Qué me estas comentando? (Esque en vez de decir "contando" yo soy guay y digo "comentando") En fin, siguela o me enfado y no respiro. Bueno, no. Que si no respiro me meuro y no podre leerla._. Vale, ya pasó... No estoy loca. Soy normal. I'm normal. Juasjuasjuasjuas. Sé hablar inglés. Jelou, jou ar yú? aim okei. Jiji... la chupo. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA vale ya esta, que soy normal. Ah bueno que me desbio del tema, que la sigas:') Te loveoooo veri mach<3

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