Tu rastro.

viernes, 20 de septiembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 30.


|Narra _____|

Me encuentro a Vanessa y corro hacia a ella rápido deslizándome con mis pies por el estrecho pasillo de la universidad. Se extraña, pero me envuelve en sus brazos recibiendo mi abrazo.

-Nena, nena, nena. –dice con ambas manos en mis hombros y mirándome de arriba abajo con una sonrisa en la cara. -¿A qué se debe tanta alegría?
-¡Estoy feliz! –digo entusiasmada.
-Ya lo veo, nena. ¿Y eso a qué se debe? –me pregunta entre carcajadas llevando la conversación a otro sentido.
-No pienses mal, Vann. Te veo las intenciones. –respondo elevando mi fina ceja.
-Pero es por Justin, ¿a que sí?
-Sí. –afirmo con timidez. Ella me aprieta la mejilla y me da un pequeño estirón haciendo una expresión graciosa con su cara.
-Oisssssss. –alarga la 's'. –Qué tiernos sois.
-Y qué raro suena escuchar eso por tu parte. –digo haciendo una mueca.
-Ya he pasado página. Ahora me fijo en otros chicos… -dice tomando de mi mano y arrastrándome hacia el interior de la clase correspondiente.
-¿Qué? ¿Cómo? ¿En quién? ¿Por qué? –la atosigo a preguntas mientras me siento encima de mi pupitre.
-Vaya, tanta felicidad te afecta a la cabeza. –dice sentándose justo a mi lado.
-¿En quién te has fijado?
-Mmm… en muchos chicos. La universidad está llena de…

En ese momento entran por la puerta Justin y su grupo de amigos. Entre ellos Chaz y Ryan, para mi gusto son los más simpáticos, aunque no los conozco más allá de lo que me ha contado Justin de ellos. Supongo que no sabrán nada de mi relación secreta con su amigo, el chulito del grupo, que va caminando con las manos en los bolsillos del pantalón hacia su sitio situado justo detrás de mí. Pasa por mi lado y roza mi brazo dedicándome una mirada que perfectamente sé entender. Y empiezan a hacerse presentes mis nervios tontos.

Me giro para continuar hablando con Vanessa, pero escucho las carcajadas de Justin y su pandilla detrás de mí. Siempre arman jaleo. Yo me dedico a hacer oídos sordos y sigo con la conversación con mi amiga.

-Es alguno de ellos, ¿verdad?
-¿Tú por quién apuestas?
-Mmm… -centro mi mirada en un punto fijo del techo y después miro a los ojos de mi amiga que me observa impaciente. –Yo creo que Ryan te vuelve loca. –añado sincera.
-¿Qué? ¿Cómo lo sabes? –pregunta nerviosa moviendo sus piernas como si se fuera a producir un terremoto.
-¿He acertado?
-¡Sí!
-¡Joder, soy la mejor! –exclamo.
-_____ Blair, ¡eres una maldita adivina!
-Tengo un sexto sentido que siempre se cumple. –digo echando mi pelo a un lado, dejándolo caer por mi hombro derecho. –Haríais buena pareja.
-¿Enserio?
-Claro. Además, eso no importa, míranos a Justin y a mí. –susurro bajito para que nadie pueda escucharme.
-Tienes razón. ¿Tú crees que…
-¿Qué podrías gustarle? –termino de formular su pregunta sonriendo victoriosa.
-Ajá. –afirma con la cabeza.
-Yo creo que sí, Vann. Esas cosas nunca se saben, pero tampoco hay que darse por vencida. –hago una pausa situando mi libro y mi estuche de colores encima del pupitre. -¿Te gusta? –ella mueve la cabeza regalándome un 'Sí' con ello. –Pues entonces lucha por él.

Entonces entra la profesora y es hora de olvidar todo y centrarse en la asignatura. Atiendo durante toda la clase, aunque me resulta complicado teniendo a Justin tras mi espalda, pero lo consigo. Reto superado. Me siento bien conmigo misma. Participo varias veces durante la clase y Vanessa ríe por lo bajo sorprendida ante mi actitud. Aunque no tiene porqué sorprenderse, yo siempre he sido de sacar buenas notas y dejarme los ojos en cada página de los libros.

Una clase más y suena el timbre. Mi estómago ruge y me muero de hambre, ya era hora de salir de aquí. Todos se levantan de sus asientos eufóricos, y eso que todavía no ha terminado la mañana. Me giro disimuladamente y me percato de que Justin ya se ha esfumado. Qué impaciente es.

-¿Por qué sonríes de esa manera?
-No he sonreído, Vann.
-Sí lo estabas haciendo, señorita. –coloca la mochila en su espalda y salimos de clase. Yo saco mi sándwich vegetal de mi bandolera y pego un mordisco.
-Pues… habrá sido una alucinación tuya. –digo encogiéndome de hombros y bajamos las escaleras al compás.
-No me engañes, estabas pensando en él. –dice mi amiga con una sonrisa en sus labios. No sabía yo que me conocía tanto en tan poco tiempo.
-Pues sí, lo estaba haciendo. –admito tímida.

Salimos al campus y observamos toda diversidad de adolescentes. Aspiro el aroma que desprenden los abetos y caminamos hacia nuestro banco. Nos sentamos y almorzamos como toca.

-Míralo. Está ahí. –dice Vanessa señalando a alguien a lo lejos.
-¿Quién es el que está ahí? –pregunto con los ojos entrecerrados mejorando mi visión.
-¡Ryan! –exclama entusiasmada. –Ay, _____, mírame, ¿estoy bien peinada? –dice manoseando su pelo rápidamente.
-Estás muy guapa. –carcajeo. Pero digo la verdad. Ella siempre va muy bien arreglada y peinada.
-¿Te estás cachondeando de mí?
-No, tonta, te lo digo de verdad.
-Más te vale Blair. –ríe ahora ella bromeando.

|Narra Justin|

-Oye, ¿esa de ahí no es _____? –me pregunta Ryan dándome un codazo.
-Sí. –afirmo seco. -¿Qué pasa con ella tío?

Él no sabe nada de lo nuestro. Bueno, ni él ni nadie. Es nuestro secreto. Uno más añadido a la lista, vaya.

-Nada, no pasa nada. Pero…
-¿Pero qué? –me adelanto a él.
-¿No decías que te gustaba?

Joder, no sé cómo lo hace pero siempre acaba pillándome. Me rasco la nuca y trato de disimular lo mejor posible mirando al horizonte. Tengo buenas dotes de actor. Un bostezo escapa de mi boca y lo anulo enseguida. O mejor dicho, me hace anularlo el pesado de Ryan con sus preguntitas.

-Tío, ¿te gusta o no?
-¿Desde cuándo te interesa eso? ¿No estarás loco por mí, verdad? –carcajeo y saco mi móvil del bolsillo.
-Me he vuelto gay, no me podía resistir a tus encantos. –bromea él poniendo voz de chica y pestañeando varias veces como si realmente estuviera enamorado de mí.
-Tarde o temprano todos os sumáis a la lista, si es que soy irresistible. –me encojo de hombros y pienso en que si _____ me hubiera escuchado ahora mismo me diría algo como ''Tienes el ego por las nubes, anda, bájalo''. Sonrío inconscientemente. Ayer lo pasamos bien, aunque me dejó con todo el calentón. Eso ya es rutina para mí, me tendré que acostumbrar. Pero es que esto es tan… raro. Antes con una chica siempre acababa la faena, lo que empezábamos se terminaba, pero es que ahora ya no sigo esas reglas. Pienso en ella el 99% del día. Joder, Justin, qué marica te has vuelto.
-¿Sí o no? –Ryan me mira con el ceño fruncido.
-¿Qué?
-Que si vienes a jugar o no.
-¿A qué?
-Justin tío estás atontado, no te enteras. –Ryan me lanza un balón e instintivamente lo atrapo en mis manos.
-¿Básquet? –pregunto con una ceja elevada mirando el balón que tengo entre mis manos.
-No, vamos a jugar a las muñecas. Tú eres el papá y yo soy la mamá. –dice sarcástico. Joder. Estallo en risas.
-De acuerdo, de acuerdo. Sólo sé más específico. –digo encogiéndome de hombros y devolviéndole el balón lanzándolo con fuerza.
-Estás atontado, tío.

Quizás sí lo esté. Entre risas y bromas llegamos a la cancha de baloncesto. Subo un poco mis pantalones pero no demasiado y me mojo los labios. Un grupo de chicas entre el público me miran indiscretas baboseando por mí. Me encanta esto. Remuevo mi pelo y lo mojo en una fuente cercana. Que empiece el partido.

Hemos jugado bien. Los minutos pasan como si fueran segundos. Último remate y… ¡CANASTA! Suena el timbre. Fin.

-Sabía que ganaríamos. –choco la mano de Chaz.
-Siempre lo hacemos, no es la primera vez que demostramos quién manda aquí. –dice vencedor.
-Oye chicos, -interviene Ryan. –podríamos pelarnos las siguientes clases.
-¡Sí! –exclama con efusión Chaz alzando sus brazos y haciendo gestos extraños.
-Yo ya no me puedo permitir ese lujo. –digo y me miran como si hubiera dicho algo fuera de lugar. –Demasiadas infracciones ya.
-¿Bieber? ¿Pero qué… -le corto.
-No quiero que me expulsen de la universidad.
-¿Desde cuándo te importa eso, bro?
-Desde que sé apreciar las cosas importantes.
-Joder, qué raro estás. –Ryan me da un toque en el hombro.
-¿Tan raro es eso? –pregunto con un tono desesperadamente elevado.
-Sí, tan raro como tu chica. –carcajea Ryan.
-No te pases. –le apunto con mi dedo índice sobre su pecho. La expresión de mi cara no es precisamente la mejor. –Y no es mi chica. –recalco mintiendo.
-Joder, era broma. –dice él con las manos en alto.
-Pues que no vuelva a escuchar algo así de tu maldita boca. –le advierto apretando más fuerte sobre su pecho y me marcho, dejándolos atrás.

Hago el recorrido de siempre hasta llegar dentro. Me da la sensación de que el ambiente hoy está más revuelto que de normal. Manoseo mis pantalones mientras camino asegurándome de que llevo el móvil encima, aunque casi preferiría no llevarlo porque ni un maldito mensaje de ella ha llegado. Puede que me preocupe demasiado ahora por las tonterías a las que antes no hacía ni puto caso. Siempre escuchaba a Cloe, mi mejor amiga, quejándose de que su novio tardaba en contestar a un puñetero mensaje. Yo pensaba ''joder, menuda tontería, estará ocupado el chaval'' pero ahora entiendo todo. Cuando te importa tanto una persona imaginas todo aquello que te gustaría que pasara a su lado, te creas fantasías en tu cabeza y cuando algo falla y no sigue la dirección esperada de tus planes empieza un sinfín de preguntas a todas horas. Y yo estoy comenzando con mis paranoias.

-¡Justin! –alguien me llama y me giro al instante. Precisamente en ella estaba pensando…
-¡Cloe! ¿Cómo estás? Hace tiempo que no sé de ti. –digo rascándome la barbilla.
-¡Bien! Estoy genial. –una cálida sonrisa se forma en sus labios. -¿Y tú?
-Ahí vamos, bien todo.
-¡Cuánto me alegro! -dice parándose a mirar mi uniforme. -¿Desde cuándo te lo pones? –pregunta extrañada.
-Desde que soy un tipo legal. –carcajeo elevando mis hombros.
-¡Tú nunca has sido eso! –me da un pequeño empujón bromeando.
-¿Cómo que no? Me estoy volviendo responsable, Cloe.
-Pues ya era hora. –dice sin dejar de sonreír. –Oye, precisamente contigo quería hablar.
-¿Conmigo? ¿Qué he hecho mal? –digo haciendo una mueca graciosa.
-¡Deja de hacer el tonto! –ríe. Yo elevo mis manos en señal de defensa.
-Está bien. Es que echaba de menos estas cosas contigo. –digo dulce. Guardo un cariño muy especial hacia ella, pero solo como amigos.
-Oh, yo también echaba de menos esas payasadas.
-Lo sabía.
-Eres un imbécil. –carcajea. –Sobretodo porque no me contaste que eres el protagonista del musical.
-¿Qué? –me vuelvo pálido enseguida. -¿Cómo te has enterado?
-Ya han publicado todo en el tablón de anuncios.

Mi estómago comienza a revolverse. Yo… no puedo. No quiero actuar ni cantar delante de un público. Soy Justin Bieber. Ahora todo el mundo se enterará y adiós a mi reputación.

-¿Te preocupa? –me sorprende su pregunta.
-¿Qué? No, no, para nada. –niego moviendo mi cabeza haciéndole creer que no estoy mintiendo.
-Ah, parecía… -dice encogiéndose de hombros.
-¿Qué es lo que me querías decir? –voy al grano.
-Mmm… adivina. Algo que me gusta mucho. –dice sonriendo traviesa. La veo feliz.
-No sé, pueden ser muchas cosas.
-¡Me han encargado como la estilista del musical!
-¿De verdad? –pregunto asombrado.
-¡Sí!
-Joder, cuánto me alegro.

La abrazo. Ella siempre ha soñado con tener sus propios diseños y esas cosas que suelen gustar tanto a las chicas de moda y esas cursiladas. Un día le hizo un vestido a mamá, a ella le encantó, incluso quería ponerle un precio al propio regalo pero mi amiga no lo permitió. La verdad es que era una pasada y a mamá le sentaba realmente bien. Era negro y le hacía un buen tipo, incluso parecía más delgada.

-Estoy encantada, no puedo creer todavía que me eligieran a mí.
-Te lo mereces. –curvo mis labios formando una sonrisa.
-Supongo… -suspira. –Ahora me tengo que ir a clase, ya hablamos sobre esto.
-Pues sí, se nos va a hacer tarde. –digo mirando al reloj situado en mi muñeca izquierda.
-¡Hasta luego!
-¡Ya hablamos, Cloe!

Nos despedimos y a un paso acelerado llego a mi clase. Lo sabía, ya es tarde. Ojalá y me dejen entrar… aunque precisamente este profesor me tiene algo de manía. Bueno, como todos.

-¿Puedo entrar? Se me ha hecho un poco tarde… -digo adentrándome al interior con los labios escondidos en la boca.
-Pase, pero le quiero ver en silencio toda la hora. –me dice el viejo gruñón.


Le hago un gesto alzando mi dedo pulgar y él gruñe en voz baja. Me encanta sacarle de sus casillas. Contengo mi risa y me dirijo a mi sitio. Miro a mi chica, me sonríe y le devuelvo la sonrisa. Le sienta increíblemente bien el uniforme, a mí se me cae la baba. Me siento en mi lugar mordiéndome el labio inferior y dirijo mi mirada a su trasero. Un escalofrío recorre toda mi médula espinal. Es mía, joder. Qué bien suena eso. Mía. De nadie más. Nadie la puede mirar, sólo yo. Y que alguien se atreva a hacerlo porque le parto la cara en el intento. 

----------------------
Sé que este capítulo ha sido más sosillo y tal, pero prometo sorprenderos más adelante.
Leo todos vuestros comentarios, tanto los del twitter como los del blog y estoy muy agradecida. Enserio, mil gracias. Siento no poder contestaros a todas, por eso desde aquí os mando mi peculiar saludo. 
GRACIAS Y MUCHOS BESOS.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

2 comentarios: