Dicen que las mejores cosas suceden cuando menos lo
esperas. Que hay palabras que hieren y otras que reconfortan. Que a veces es mejor contener la
rabia y mostrar tu mejor sonrisa al mundo. Que nadie es perfecto, pero siempre
hay alguien perfecto para ti. El destino muchas veces nos sorprende. Nos hace
estamparnos frente la realidad, frente lo que nunca habíamos imaginado. Dicen
que los imposibles existen, yo creo más en lo improbable. Se define como
imposible aquello que no tiene facultad ni medios para llegar a ser o a suceder
y se define la palabra improbable como algo inverosímil que no se funde en una
razón prudente. Puestos a elegir yo me quedo con la segunda. Porque lo improbable es por definición
probable, lo que es casi seguro que no pase es que pueda pasar, y mientras haya
una posibilidad, media posibilidad entre mil millones que pase, vale la pena
intentarlo. Siempre dentro nuestra hay una mínima esperanza de que suceda un
pequeño milagro. Historias. Relaciones. Amor. No podemos predecir algo, pero
tampoco podemos afirmar que no va a suceder. Ellos no iban a ser menos. Yo creo
en los amores raros y en los no previstos.
_____ no esperaba que ese campamento marcara un antes y un
después en su vida. Llegó con la misión de sobrevivir y se va con la sensación
más bonita del mundo. ¿Sabéis de qué hablo? Estas cosas no se pueden definir,
ni explicar. Tan solo hay que sentirlas. Y cuando las sientes, te notas impregnada
de magia. La sangre no corre por el interior de tus venas, desfilan sensaciones
eléctricas. ¿Quién le iba a decir que una tormenta traería tantas cosas buenas
cuando ella precisamente odia los rayos y los truenos? Entonces es cierto eso
de que la tormenta los unió. A veces las cosas que menos nos gustan son las que
nos guían a un futuro mejor. Rebobinar al pasado, ¿verdad que ahora nada es
cómo pensabas e imaginabas? La vida es un cúmulo de pequeñas historias que van
dejando huella y marcan el futuro. Por eso hay que tener cuidado con cada paso
que das. Puedes avanzar o puedes caminar hacia atrás sin saberlo.
Todos suben al autobús y se sientan en sus respectivos
asientos. Sarah se coloca en la primera fila porque se marea y tiene que
tomarse unas pastillas. Además, así aprovecha para cotillear con los demás
profesores. Vanessa y _____ se sientan en la parte trasera y están más anchas
ya que hay más sitio libre. Justin se incorpora justo en el asiento de delante
de _____. Ella le mira con una ceja elevada y Vanessa estalla en risas pero se
cubre la boca con la mano enseguida.
-Vamos, ves ahí con él. –le dice Vanessa a su amiga en un
susurro para que solo ella pueda escucharla.
_____ niega con la cabeza y hace un gesto colocando el dedo
índice contra su boca indicando que se calle. Vanessa se encoge de hombros y se
da por vencida apoyando su cabeza en el cristal. Mientras _____ saca el iPod de
su bolsillo, conecta los auriculares y busca una carpeta que tiene de música
para los trayectos largos. Selecciona ahí y la música empieza a inundar sus
oídos con sus melodías favoritas. Ahora apoya ella su cabeza en el cristal y
cierra los ojos dejándose llevar. El motor se pone en marcha y el autobús
comienza a moverse dejando atrás ese lugar que ahora ocupa un pedacito de su corazón. Se van. Se alejan poco a poco. Este lugar ha sido algo
especial para nuestros protagonistas. Ella recuerda todo lo sucedido y sonríe
sin querer. Esas sonrisas son las mejores, las verdaderas. Enseguida su móvil
vibra y se da un tremendo susto.
De: Estúpido.
Podrías hacerme compañía.
Ella niega con la cabeza sonriendo tontamente mientras
escribe. Y le trae tantos recuerdos ese nombre con el que lo tiene grabado en su agenda...
Para: Estúpido.
Estaba intentando dormir.
De: Estúpido.
Puedes dormir apoyada en mi hombro mientras te hago caricias,
¿no te parece una buena idea?
Para: Estúpido.
Es demasiado arriesgado. Nos pueden ver.
De: Estúpido.
Joder. *Carita triste*
Para: Estúpido.
No te preocupes, me puedes dar caricias muchas otras veces.
De: Estúpido.
Prometo darte muchos mimos cuando lleguemos a casa.
Para: Estúpido.
Me parece genial, pero…
De: Estúpido.
¿Pero qué?
Para: Estúpido.
No quiero que te comportes como antes conmigo.
De: Estúpido.
Tú confía en mí.
Para: Estúpido.
Vale…
De: Estúpido.
Ahora te daría un beso.
Para: Estúpido.
Pues te vas a quedar con las ganas.
De: Estúpido.
Ya lo sé. Me gustó pasar la noche contigo.
Para: Estúpido.
¿Y eso qué tiene que ver?
De: Estúpido.
Quería que lo supieras, bicho.
_____ sonríe de nuevo sin querer. Y no sabe qué contestarle.
Pasan los segundos y muerde su labio inferior. Suelta un leve suspiro.
Enseguida su móvil vibra avisándole de algo. Abre el mensaje.
De: Estúpido.
¿Se duerme bien entre mis brazos?
Un escalofrío eléctrico pasa por la columna vertebral de ella a una
velocidad de la ostia. A menudo solía ver las carreras de coches con su
padre en su pequeño televisor, pero todo aquello que estaba sintiendo iba más
rápido que esos vehículos en un circuito. Es increíble. Y a _____ le encanta
sentirse así.
Para: Estúpido.
Bueno, no está mal…
De: Estúpido.
Reconoce que te encantó.
Para: Estúpido.
Yo no soy de decir esas cursiladas. Además, no te voy a
subir más el ego querido.
De: Estúpido.
Joder, esa actitud me pone demasiado.
Para: Estúpido.
Siempre estás pensando en lo mismo.
De: Estúpido.
Te equivocas. ¿Tú sabes en lo que pienso últimamente?
Para: Estúpido.
Pues no, no leo tu mente.
De: Estúpido.
Pienso en ti. A todas horas.
Para: Estúpido.
¿Y qué piensas de mí?
De: Estúpido.
Cosas extrañas que no había pensado nunca de nadie.
Para: Estúpido.
¿Y eso es bueno o malo?
De: Estúpido.
Eso es que me estás volviendo loco, nena.
Una ligera risa escapa de la boca de ella. Él no lo sabe,
pero cuando le confiesa cosas así a ella le encanta. No le van las cursiladas,
pero esa manera que tiene Justin de seducirla y ganársela con palabras la lleva
a la otra punta del universo. Y más si lee todo aquello con su voz. Su voz. Su
voz sí que la pierde.
Para: Estúpido.
Voy a descansar. Buen viaje.
De: Estúpido.
Descansa mi amor.
Sus palabras le sientan como una ducha de agua fría en el
pleno desierto. ¿Entendéis? _____ no puede medir su felicidad en estos
momentos. Está tan… bien. Cierra los ojos y vuelve a su posición inicial.
|Narra Justin|
Hemos llegado. Me giro y la observo. Sigue durmiendo.
Resulta tan… sacudo mi cabeza. Joder. Voy hacia ella y me coloco a su lado.
Noto como Vanessa me observa con una ceja elevada. No me importa. Es algo
extraño explicar esto pero es que cuando la veo se para el mundo y todo lo que
existe a nuestro alrededor.
-Eres una marmota, siempre te quedas dormida. –susurro aproximándome
a la oreja de mi chica.
Ella reniega en voz baja y se acomoda aún más en el
asiento.
-Vamos nena, despierta. –digo acariciando su mejilla
delicadamente con el dedo pulgar. –Ya hemos llegado.
Suelta un quejido y me río sin querer. Me gusta observarla
así, mientras vagabundea por sus sueños. Entonces no sé si es ella la única que
está soñando, quizás yo también lo esté haciendo. Ella ha sido sacada de uno de
ellos, sin duda. Frunzo mi ceño y pienso bien en la cursilada que acabo de
decir. Sacudo mi cabeza negándome a mí mismo.
En cuestión de segundos abre los ojos despacio, como un
bebé recién nacido, y me mira de esa manera tan suya. Sonrío y sus labios se
curvan también formando una sonrisa.
-¿Siempre me tienes que despertar tú o cómo está el asunto?
–dice mientras un bostezo escapa de su boca.
-Me gusta hacerlo. –digo plantando un beso en su mejilla. –Aunque
bueno si no quieres puedo llamar a otra… -me pongo en pie jugando con su
paciencia. -¡Sar…
-Ni se te ocurra. –tira de mi brazo con tanta fuerza que
hace que me siente. Carcajeo ante su actitud. Joder. Eso me acaba de poner a
cien.
-Ay Blair…–digo bajito acercándome a su boca. Ella babea
por dentro y lo sé. Mi amigo también se hace notar. –Con un Bieber no se juega.
–termino plantándome a apenas un centímetro de sus deliciosos labios.
-Eres un estúpido. –dice cogiendo aire. La noto nerviosa.
Típico. Río.
-Y tú estás deseando besar a ese estúpido. –me aproximo
más. Nuestros labios al borde de rozarse.
-¿Quién dice eso? –dice y elevo una ceja.
-Tu corazón. Lo puedo escuchar desde aquí. Cuidado que de
un momento a otro se te sale de ahí. –digo señalando hacia su pecho izquierdo
descaradamente.
-No conoces la vergüenza, de verdad. –sisea poniéndose en
pie y apartándome de su camino. Yo me quedo observando cómo hace su peculiar
recorrido por el pasillo del autobús. Todos se han ido. Muerdo mi labio
mientras mi vista escanea sus pasos y su silueta tan bien definida. -¿Pero
sabes qué, Bieber? –se gira y pone una mano en su cintura. ''Bieber''. Me gusta
cómo suena. Espera, miento. Me pone mucho cómo suena mi apellido en su
tentadora boca.
-¿Qué? –vacilo caminando hacia ella rompiendo la distancia.
Me observa detenidamente.
-Que quizás tengas razón y se me pueda salir el corazón,
pero a ti se te puede salir otra cosa. –dice mirando hacia mi entrepierna y me
percato. Miro hacia abajo también y carcajeo. –Así que ves con cuidado que
pones en peligro a tu cremallera.
-¿Qué? –carcajeo colocando mis manos en los bolsillos de mi
pantalón. –Tú también corres peligro, nena.
-Idiota. –ríe y se aleja de mí a un paso acelerado.
{2 horas después}
Hogar dulce hogar, en realidad te echaba de menos. Subo el
volumen de la radio dejándolo por las nubes aproximadamente. Música alta, todo
lo que necesito. Me desprendo de la ropa lanzándola al suelo y me adentro en la
ducha. Inmediatamente el agua caliente comienza a quemar en mi cuerpo. Oh.
Agradable sensación. Consigo relajarme varios minutos mientras mi temperatura
corporal va en aumento. El vapor del agua se hace presente en el ambiente. Mojo
mi cabello y lo embadurno de champú. Masajeo mi cuero cabelludo con los ojos
entrecerrados y después lo aclaro con agua. Mucha agua. Y caliente. Me podría
tirar horas aquí. Me enjabono todo el cuerpo y repaso mis abdominales. Cada vez
están más marcadas. Y mi V. Eso a las chicas las vuelve locas. Completamente
locas. Me empapo de agua de nuevo y sacudo mi pelo con desdén mojando toda la
mampara de la ducha. Salgo de ahí y enrollo una toalla blanca de algodón en mi
cintura tras secarme un poco. Revuelvo mi pelo y me quedo como 5 minutos
mirándome al espejo. Justin, ¿eres tú? Tienes cara de… bah. Alejo los
pensamientos de mi cabeza y me visto. Una camiseta blanca de tirantes y unos
pantalones grises de chándal. Cómodo y seductor a la vez para mi chica. Tenerla
en mi propia casa es todo un reto. Tendré que resistir para no devorarla cuando
me plazca. Además, ella no es una chica fácil. Pero estoy preparado. Tengo ya
varias cosas en mente.
|Narra _____|
Subo las pequeñas escaleras de madera. Me tumbo en la
litera de mi habitación dejando caer todo mi peso en el colchón. Extiendo los
brazos a mi alrededor y me siento libre. Añoraba estar entre estas cuatro
paredes, ya me he hecho con ellas en este poco tiempo que llevo aquí. Un aire
de locura golpea en mi cabeza y comienzo a saltar en la cama. Una brisa fresca
proveniente del ventanal revuelve mi pelo. Salto. Sigo saltando. Echaba de
menos sentirme cómoda y no dormir en un maldito saco más duro que una piedra. Al
final me dejo caer de nuevo y río sola. Me siento pequeña. Y eso es bueno.
Cuando somos pequeños no importan los problemas que tengamos, salimos al parque
y nos olvidamos de todo, jugamos con otros niños, nos manchamos de barro, mamá
nos regaña pero luego nos da todo el cariño necesario sabiendo que somos eso,
tan solo niños. Me quedo embobada mirando el techo y después parpadeo varias
veces queriendo alejar de mí esos recuerdos que causan punzadas en mi vientre. Ay…
lanzo un suspiro.
Papá me llama desde abajo para cenar. ''Ya voy'' digo en alto
mientras bajo por las escaleritas que tanto me encantan. Desde que llegué a
esta casa siento que todo está hecho a mi medida. Doy un pequeño salto en el
último escalón y después me quedo embobada unos segundos mirándome al espejo.
La verdad es que esta ropa me sienta mejor. Llevo puestos unos vaqueros un poco
más ajustados de lo normal (lo normal para mí es llevarlos anchos, muy anchos)
y una camiseta de media manga color roja a rayas blancas. Voy subiendo mi vista
y me paro en mi cuello. Maldita sea. Tengo la marca que me ''regaló'' Justin. Me
acerco a observarla con más detenimiento y puedo ver hasta la marca de sus
dientes clavados en mí. Joder. Se pasó. Abro el armario y rebusco entre mis
pañuelos. Escojo uno blanco y bastante fino pero es suficiente para taparme
todo aquello. Papá no me lo puede ver.
Me dirijo hacia la cocina después de bajar las escaleras y
Pattie me recibe con una gran sonrisa. Le devuelvo una mía también y la ayudo a
poner la mesa. Nos sentamos todos. La mesa es cuadrada, papá está a mi derecha,
Pattie a mi izquierda y Justin justo delante de mí. Pego la primera cucharada a
la sopa y me siento observada por sus ojos color miel. Dirijo mi mirada al
plato pero sus ojos siguen posados en mí. Me siento… demasiado incómoda. Elevo
ahora mi mirada encontrándome con sus ojos y eleva una ceja. A mí casi se me
escapa una risa. Esto es bastante raro.
-Hija, ¿no crees que deberías quitarte el pañuelo para
estar en casa? –me interroga papá y escucho la risa de Justin. Lo mato con mi
mirada.
-Tengo frío. –contesto lo primero que se me ocurre.
–Además, estoy refriada. –digo tosiendo aposta.
-¿No te abrigaste lo suficiente?
-Oh, sí. Bueno, es que hacía mucho frío allí. Y humedad, ya
sabes como me pongo siempre…
-Siempre tienes que caer mala. –dice papá negando con su cabeza.
-Pobre. –interviene Pattie. –Come que eso te dará fuerzas. -le
sonrío.
-Es que no sabéis cómo se puso el cielo en un momento.
–dice Justin haciendo gestos con sus manos. –Hubo una tormenta increíble y… -en
ese momento me mira fijamente. –comenzó a llover.
Un escalofrío me deja tiesa. La lluvia. Experimento miles
de sensaciones en mi interior. Ese es nuestro código secreto. Ahora lo
recuerdo.
-FLASHBACK-
Entonces se escucha un
fuerte trueno. El más fuerte que había escuchado hasta ahora. Las gotas
comienzan a golpear contra el tejado y van bajando hasta caer en nuestras
cabezas. Una traviesa risa escapa de mi boca. Está lloviendo, pero ha
desaparecido mi miedo. Se ha esfumado sin avisar. Comenzamos a empaparnos poco
a poco.
-Ese es el código.
-¿Qué?
-La lluvia, la tormenta.
-No te entiendo, Justin.
-Es nuestra forma de entendernos. Nuestro código secreto y de nadie más.
-¿Entonces la lluvia significa que me quieres?
Y afirma con su cabeza mientras empieza a llover con más intensidad.
-Sí, ______. La lluvia significa eso.
-FIN DEL FLASHBACK-
-FIN DEL FLASHBACK-
-¿Te gustó la lluvia? –la voz de Justin me despierta.
-Oh. –comienzo a ponerme nerviosa ante su atenta mirada
clavada en mí. –Sí, sí. Me encantó. –digo siguiéndole el juego.
-Fue una pasada. –dice Justin sin apartar su mirada de mí.
-Pero _____, cariño, si tú odias las tormentas. –dice papá
extrañado.
-Las odiaba. Ahora me encantan. –digo aproximando el vaso
de agua a mi boca. Estoy disecada y estas cosas me están dejando sin oxigeno.
-Las cosas cambian, Mathew. –dice Justin dándole un toque
en el hombro a mi padre.
A mí se me escapa una risita. Me pongo en pie y tras beber
de nuevo un sorbo de agua comienzo a meter mi plato y mis cubiertos en el
lavavajillas. Pattie me sigue y me da un toque con su cadera mientras tiene las
manos ocupadas.
-Estos hombres de hoy en día sí que no cambiarán. Siempre
nos tenemos que encargar las mujeres de todo. –susurra bajito riéndose de esa
manera tan dulce.
-Tienes razón, Pattie. No aprenderán. –digo y reímos a la
vez.
-¡Oye, que os he oído! –exclama Justin desde su sitio con
una sonrisa pícara en la boca.
-Enhorabuena, no padeces de sordera. Me alegro por ti.
–carcajeo bromeando.
-Mathew, tu hija se está volviendo una chica muy mala. –me
mira mordiéndose el labio y se dirige a mi padre que le mira sin saber qué
decir.
Entre Pattie y yo terminamos de recoger todo. Papá y Justin han desaparecido de la cocina en un abrir y cerrar de ojos. Me lavo las
manos y ella me observa de una manera extraña.
-¿Pasa algo? –le pregunto y termino forzando una sonrisa en
mis labios.
-No, nada. –se encoge de hombros.
-Ah, vale. –vuelvo a sonreír. Es una mujer muy dulce. Me
gusta para papá.
-Eres muy linda, _____. –me dice acariciando mi hombro.
-Te equivocas. –digo tímida. –Pero gracias.
-Eres todo lo contrario a mi hijo...
-Lo sé. -una risa casi inaudible espira de mi boca.
-¿Sabes qué? Aunque
él no lo sepa, sé que necesita a alguien como tú a su lado. -hace una pausa. En mi interior algo se revoluciona. ¿Qué está queriendo decir? -Él es muy cabezón y quizás estos primeros días te ha
tratado de esa manera porque no sabe cómo encajar la situación. Aunque parezca
muy fuerte por fuera, en su interior lleva escondidas muchas malas experiencias
por las que ha pasado. Su padre nos abandonó y bueno… -su rostro cambia y sus
ojos empiezan a brillar.
-Tranquila… -digo con una voz suave. –Nada en esta vida es
fácil para nadie, todos hemos sufrido de una manera u otra.
-Abrázame. –dice abriendo sus brazos y la abrazo. Huele a
un perfume que me trae muchos recuerdos. Es parecido al que usaba mamá. –Tu
padre está haciendo olvidarme de todos esos años de dolor. –dice acariciando mi
pelo.
-Y estoy segura de que lo seguirá haciendo. –añado yo
todavía aspirando su dulce aroma.
-Es un gran hombre. –termina diciendo.
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Una vez más gracias por leerme, subiré pronto.
Ah, y una cosita, si os está gustando votar en la pequeña encuesta esa de la derecha.
Os leo en #ImprobableDirección o en mi twitter.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
Lyd, seguro que he sido de las primeras en leerlo y la verdad no me estrañaria porque ya sabes que soy fan de tus palabras desde el primer capitulo. No solo de tus palabras, de la forma que tienes de plasmar los sentimientos de ambos sobre ' papel' porque eso no es facil, el saber como contar una buena historia, sin adelantarse y tejendola poco a poco para que todo tenga sentido... Enfin que yo entiendo que no son cosas de coser y cantar y la verdad es que a ti no se te da nada mal, y creo que esto, tu manera de dar las cosas poco a poco y al mismo tiempo hacer que sean enocionantes, y que en muchas ocasiones ponga la piel e gallina, es una de las cosas que maa me gustan de esta hisgoria, no solo ella en si misma, sino tu manera de plasmarla y de hacer que tanta gente se emocione y eso no es facil porque imaginacion tiene mucha gente pero talento muy pocos. Espero que realmente no la abandones, que sigas escribiendo de esta forma tan sincera, sobretodo en los sentimientos de ella, y a veces tan personal, como ai tu hubieras sentido algunas de esas cosas y por eso sabes exavtamente como contarlo, es algo que se me da muy bien notar. Espero sinceramente que no la abandones, creo que puedes y debes sacar mucho mas de esta maravillosa historia, y que no te canses de las pesadas de tus lectodas pidiendote capitulos tan amenudo. Espero que nunca te canses de imaginar y de relatar tus historias. Un beso sincero :)
ResponderEliminar@NilacrazyJustin
Pd: No tardes mucho en subir que ya tengo mas ganas de Blair y Justin. Y gracias por añadir mi foto, una vez mas.