Tu rastro.

sábado, 14 de septiembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 29.


-¿Entonces sigues enfadada, nena? –pregunta Justin arqueando una ceja.
-Sí.

Inmediatamente la libera de su agarre y se quita de encima suya para acomodarse justo a su lado. Dos adolescentes en el bosque, de noche, tumbados sobre la verde y húmeda hierba. Una luna que da de lleno en sus rostros y los envuelve de un tono gris. Se puede escuchar la suave y ligera brisa de aire que golpea contra ellos. El crujido de unas cuantas ramas no consigue asustarlos. El tiempo se para. Contemplan el cielo estrellado en pleno y absoluto silencio, como si les fuera la vida en ello. Se sienten perdidos, pero desean encontrarse mutuamente.

Él decide romper el silencio, respondiendo a todas las dudas de ella, como si fuera un vagabundo en su cabeza escuchando sus pensamientos.

-Recuerdo su música. –susurra él sin pestañear visualizando cada punto brillante del cielo. –También los acordes de su vieja guitarra. –tose aclarando su garganta. -Mi padre nos abandonó cuando apenas tenía unos pocos meses de vida, pero por muy increíble que parezca si escuchara su voz sería capaz de reconocerla. Mamá se encargó de mí desde entonces, ella sola. Quizás por eso soy su niño consentido y mimado, como piensas desde la primera vez que me viste. –una sonrisa ilumina su rostro recordando el momento. –Crecer sin el apoyo y el cariño de un padre es duro. Me hubiera gustado tanto salir a pasear con él, hacer travesuras de pequeño, o ir de pesca al río a la luz del día… -se muerde el interior de la mejilla conteniendo las lágrimas, aunque sus ojos están brillantes, muy brillantes. –Es esa espina que llevo clavada dentro y no se va, por mucho que quiera. Siempre hay algo que me recuerda a él. Sobretodo la música. Es inevitable. Intento huir del pasado, pero lo peor no es eso, es que para ello recurro a mi guitarra, a mi voz. Y eso es muy contradictorio. Él era músico, no sé si todavía continúa siéndolo pero mi madre me decía que cantaba para mí cuando yo estaba en su barriga y tenía el tamaño de un cacahuete. –ella ríe ante lo último. -¿Te acuerdas que te dije que me escapaba aquí a cantar? –Justin se gira visualizando como ella afirma con la cabeza. –Llevo algo dentro, algo en forma de música. Supongo que lo habré heredado de él. Me encanta la música, pero a la vez me da calambre y siento miedo.
-¿Miedo?
-Sí.
-¿Pero por qué?
-Me recuerda a mi padre y... no quiero ser como él.
-Eso no significa que vayas a ser como él.
-Es que no me entiendes…

Justin suspira acoplando las manos por detrás de su cabeza exhausto. Resopla varias veces concienciándose de lo que acaba de hacer. Ha confesado uno de sus grandes secretos. Ni más ni menos. Y a ella. A su chica. A _____. No se explica porqué lo ha hecho, si ni siquiera ha tratado este tema con su madre porque le viene grande. Muy grande, inmenso. Siempre lo ha mantenido en silencio, para él, ahogándolo con el alcohol, con el tabaco, con las chicas en la cama sin control. Ese hueco vacío en su corazón le llevó a todo eso, a ser quien es hoy. El rebelde y popular Justin Bieber. Pero nunca es tarde para cambiar, para que aparezca alguien y destape la maldita venda de tus ojos. Propiciando libertad. Sus claros ojos color miel necesitaban verlo por ellos mismos. Con claridad. Ahora todo es transparente. Más fácil. El aire no pesa. Las horas no cesan. El mundo está más a sus pies. Con ella tiene un tipo de conexión especial que le permite llegar a la felicidad por un camino más fácil. Sin piedras ni baches. Sin problemas que molesten o lastimen. Ella, ella le hace tomar una dirección diferente. A un nuevo lugar, con destino a su corazón. Improbable. Era muy improbable que ahora la mirara de una manera diferente, que revolucionara sus sentimientos en un abrir y cerrar de ojos. No son lo que buscan, pero se han encontrado. Se han encontrado en el camino y quizás la culpa sea del destino que quería presenciar cómo las cosas cambian, maduran, se transforman y no hay una regla que dicta lo que tiene que ser o no ser. Ellos son. Sin duda. Son mitad. Son uno. O son dos. Quizás no se sabe. Pero ahora mismo, encajan como las perfectas piezas de un puzzle. No hace falta forzarlas, ya están preparadas para ser unidas. Las crearon así, para que encajaran, para cuadrar a la perfección, llegando a formar algo que puede ser grande, muy grande.

_____ le observa de reojo, se siente mal ahora. Mal porque no ha sabido comprenderlo, ni ser un pilar base para la finca que quieren construir juntos. Ella a veces también está rota, tiene sus días buenos (la mayoría a su lado) y sus días malos. Y tienen otra cosa en común. Esos días malos los crea ella misma, en su cabeza, al recordar. Los recuerdos pueden destruir tu presente, pero ella no está dispuesta a permitir que eso suceda. Se lleva una mano a la boca y muerde su dedo índice mientras piensa. 

-Siento haberme portado así, como una niñata. –susurra con la voz débil y diminuta.
-Aquí el único niñato he sido yo.
-Bueno, lo hemos sido los dos y punto. –ella intenta zanjar el tema.
-Vale. –sonríe él aliviado. –Pero quiero que sepas que nunca había sido tan sincero con alguien como lo he sido contigo. –dice Justin cogiendo la mano de ella y apoyándola en su pecho. –Todo lo que he confesado lo llevo guardado aquí durante mucho tiempo –lleva su mano hacia la parte que señaliza su corazón. –y algo me ha dicho que tú eras la indicada para sacarlo todo fuera.

Ella no puede evitar esbozar una sonrisa y mirarle con la misma cara de atontada con la que le mira siempre.

-¿Te sientes mejor ahora? –pregunta _____ sin apartar la mano de él.
-Mucho mejor. –confiesa él.
-Yo también tengo muchas cosas guardadas, demasiadas. –dice ella mordiendo su labio levemente.
-¿Y no las quieres sacar? –pregunta él apretando su mano fuerte, transfiriéndole calor.
-Sí, pero mi corazón no está abierto.
-Ah, ¿no?
-No. –ella hace una mueca con sus labios. -¿Quieres la llave?

Lo que él no sabe es que la llave ya la tiene. La consiguió poco a poco, con sus piques, sus tonterías, sus enfados, con esas sensaciones extrañas que producía en ella a pesar de todo. Con su sonrisa, esa que hace que el mundo se pare y tiene la cura para todas las enfermedades.

-Me encantaría.
-Vas a ser el primero que lo abra, ten cuidado. –dice ella con la peculiar dulzura que le caracteriza.
-Joder, entonces eso me gusta más. –sonríe ahora él. Aprovecha y tira de _____ aproximándola a él, colocándola en el hueco que hay entre sus piernas, apoyando su cabeza en su pecho. Ahora sí. Están más cerca, formando su peculiar puzzle.
-Esto es información privilegiada. –bromea ella elevando su mirada para dar con los ojos de él.
-Yo ya me siento un privilegiado por estar contigo. –susurra él acariciando el pelo de ella. Ella se relaja bajo su tacto.
-Nunca he sido lo que la gente quería que fuese. Ya me entiendes, tú lo has podido comprobar con tus propios ojos. -_____ traga saliva despacio, no sabe cómo decir todo aquello. - Crecí siendo una niña normal, no muy diferente a las demás, pero a medida que pasaba el tiempo no me sentía como ellas, como las niñas de mi clase. Comenzaron a meterse conmigo. Yo no salía por ahí, prefería encerrarme en mi cuarto a leer libros, a escuchar mi música, a ver mis pelis favoritas… Pero no entendían aquello. Yo era… la rara. Y eso no era bueno para ellas, yo me sentía bien en mi mundo. Después comenzaron los insultos día tras día, las amenazas y bueno… -una lágrima sale decidida de su ojo izquierdo. Justin inmediatamente la seca con su puño. –me hacían cosas crueles, muy crueles, que no desearía que le hicieran ni a mi peor enemigo. Intentaban dejarme en ridículo delante del mayor número de gente posible. Yo no sabía manejar la situación, no sabía cómo llevar todo aquello. 
-Pero pudiste con todo eso, ¿verdad? –dice Justin acariciando ahora su mejilla.
-Sí, pero eso no fue lo peor.
-Joder… -susurra él bajito.
-Mi madre, mi única y mejor amiga se tuvo que ir por culpa del maldito cáncer. –un río de lágrimas se forma en las mejillas de ella.
-No llores, por favor. –dice Justin secando de nuevo sus lágrimas. Siente un pinchazo en su interior, nunca había visto a _____ así. –No puedo verte así.

Pero ella no puede esconder eso, es algo que por mucho cemento que le eche encima no se va a ir. Toma unas cuantas respiraciones y los susurros de Justin en su oído logran calmarla poco a poco. Necesitaba aquello. Sentirse protegida, con candado, en sus brazos. Justin la aprieta más fuerte propiciándole seguridad y ese cariño especial.

-No estás sola en esto, ahora estoy yo. –vuelve a susurrar en su oído. Ella sonríe como respuesta. No sabe cuánto le agradece aquello. –Aquí estoy, justo aquí. –las palabras de Justin actúan en forma de medicina.
-Gracias. –murmura ella bajito, no le salen las palabras. Él planta un beso cariñoso en su cuello.
-No me las des. Joder, eres tan fuerte… -susurra él ahora dedicándole un beso en la mejilla. Un beso tierno lleno de amor.
-Tú también lo eres, Justin.
-Pero es que yo… -niega él moviendo su cabeza de lado a lado, negándose a sí mismo. –no te tendría que haber tratado así.
-Bueno…
-Bueno nada. Todo mi pasado me ha llevado a la ruina y tú desde que pusiste el primer pie en mi casa cambiaste eso poco a poco.
-No exageres.
-No exagero. –exclama él. –Tú me has hecho ver el lado bueno de las cosas. Mis ojos veían todo lo malo de este puto mundo, pero tú me enseñaste que me equivocaba, entonces apareciste y te vi a ti. A ti, joder. –traga saliva recomponiendo sus palabras. –Me enseñaste a tomar una dirección diferente. Yo no iba por el buen camino, de hecho creo que todavía estoy intentando girar el timón y cambiar el rumbo. Pero eso, eso te lo debo a ti. ¿Y sabes lo mejor?
-Dime lo mejor.
-Lo mejor es que estoy experimentando las mejores sensaciones del mundo contigo.

_____ traga saliva. Se gira y se planta a tan solo un centímetro de la cara de Justin. Él se sorprende al ver la poca distancia que los separa. Puede observar perfectamente sus ojos rotos, pero a la vez fuertes. Sus mejillas mojadas, pero a la vez suaves y perfectamente moldeadas. Su mirada perdida, pero inquietante. Sus labios inflados y rojos, que le piden a gritos ser devorados y mordidos por él. Realmente se está dando cuenta de que lo que tiene ahí delante, a un palmo de su cara, es un corazón verdadero, una chica que ha sufrido y necesita ser feliz de una maldita vez. Necesita a alguien que haga de sus días los mejores y de su pasado un agujero oscuro que sólo sirva para enterrar más errores. Necesita romper todos los relojes, y adueñarse del tiempo, convirtiendo los minutos en segundos. Rápido. Como sus pulsaciones.Y él se presenta como voluntario.

-Nunca me habían dicho algo así. –murmura ella a la vez que sus mejillas se tiñen de un color rojizo. –Creo que…
-Te quiero. –susurra él claro.
-¿Qué dices…? –pregunta ella como si no hubiera entendido bien sus palabras.
-Que te quiero. –afirma. –Te quiero.

Ella se queda perpleja mientras las palabras van llegando a su oído y van siendo procesadas por su mente. Bien procesadas. Un cúmulo de sensaciones se reúnen en su interior. Es la primera vez que le dice ''te quiero'' y por ella, que no fuera la última vez.

-Yo también te quiero.

Y siguen con sus confesiones, con sus miradas de complicidad. La luna es la única testigo y el tiempo se hace cómplice. Corazones acelerados, sentimientos locos, cosquillas en la barriga. Hoy la noche es larga y no existe mañana. Comparten secretos, depositando una gotita de confianza uno a otro. Y así hasta llenar poco a poco el vaso. Quizás se salga el agua, pero no importa, pegaremos un trago y que sea lo que Dios quiera.

|Narra _____|

-Justin…
-¿Qué pasa?
-Tienes sangre ahí. –digo repasando el contorno de sus labios con mi dedo índice. -¿Cómo te lo has hecho? –pregunto formando unas pequeñas arrugas en mi frente.
-Quizás sea por el golpe de antes.

Joder. Me detengo a mirar sus labios. Están hinchados, sobretodo el inferior. Incluso diría que está un poco morado. Y tiene sangre. Se ha dado un golpe, pues vaya golpe. Le sienta bien. Está malditamente sexy.

-Eso te pasa por ir como un loco por la carretera.
-Me gusta la velocidad.
-Pues te vendría bien frenar un poco.
-¿No me vas a curar, nena?

Río mirándolo con una ceja más alta que la otra. Qué directo. No se anda con rodeos, va al grano. Pero me gusta. Adoro que sea así. Unas mariposas se cuelan en mi estómago produciéndome cosquillas. Sonríe sin vergüenza. Vaya, y tanto que sin vergüenza. Eso él no lo conoce.

-¿Quieres que te cure? –pregunto con voz seductora. Él se pone tenso.
-¿De verdad me estás preguntando eso? –carcajea envolviendo su brazo por mi cintura.  Estamos en una postura un tanto… joder, ¿cuándo me he vuelto tan malpensada?
-Calla y cierra la boca. –le ordeno. Me mira travieso.
-No, sino no puedo besarte.
-Shhhh. –le silencio aproximándome a su boca. Mis pulsaciones se disparan nerviosas y juraría que las suyas también. –Joder, tiene mala pinta. ¿No te duele? -pregunto sin apartar la vista de sus carnosos labios.
-No. –frunce su ceño. –Seguro que es una tontería. Tú besa. –dice serio. Como si eso fuera la fórmula mágica que funcionara.
-Eres un obsesionado de los besos. –río y él eleva sus cejas sorprendido.
-De tus besos. –recalca. Yo carcajeo y muerdo mi labio sabiendo el efecto que produce en él. –No provoques. –vaya, me ha pillado.
-Eres muy exigente. –me defiendo.
-Y tú muy sexy, ¿lo sabías? –dice llevando una mano a mi trasero. Me da un pequeño apretón ahí y yo me sobresalto.
-¿Y estas confianzas, nene?
-¿No puedo hacerte así? –vuelve a darme un apretón. Joder. Muerdo mi labio más fuerte.
-Puedes hacer lo que quieras conmigo, mientras te comportes bien. –susurro acercándome a él peligrosamente.
-Joder nena eso me acaba de poner a cien. Deberías controlar tus palabras. –carcajea a la vez que se acerca a mis labios. Nuestras narices se rozan y una leve risita esfuma de mi boca como el humo del café caliente.
-Contrólate tú. –disparo. Él ríe. Y estamos muy cerca. Diría que casi sonríe contra mis labios y no sabéis la magnifica sensación que produce ese simple hecho en mi estómago.

|Narra Justin|

-Contrólate tú. –dice pícara.
-¿Acaso no sé controlarme? –elevo una ceja desafiante.
-No. –ríe.

Maldita sea. ¿A qué se refiere? Yo antes sabía manejar la situación y no me preocupaba por nada ni por nadie. Las chicas me obedecían, pero ella… ella es diferente. ''Contrólate tú''. No, no puedo controlar nada cuando estoy cerca de ti. Ojalá. No pude controlar mis sentimientos, emprendieron un viaje a Júpiter cuando vieron tu sonrisa. Y al tenerte cerca todo se para, joder. No me pidas que controle, porque cuando te tengo a unos pocos centímetros las sensaciones se magnifican, mi pulso se dispara, y mi boca reclama la tuya a voces, a gritos y si hace falta te canta la canción más bonita del mundo.

-¿Qué miras? –pregunta sacándome de mis pensamientos.
-Te miro a ti.
-Pues deja de hacerlo.
-¿No te gusta?
-No.
-Pues eres muy bonita.

Otra vez se sonroja y se esconde en las greñas que rebeldes se cruzan en su cara tapándome la perfecta visión de su rostro. Aparto el pelo de ahí y lo escondo detrás de su oreja. Así sí. Sonrío. Y me observa. Escanea mis labios con su vista. Madremía, líbrame del pecado pero es que ahora mismo…

-¿Cuándo vas a aceptar que te mueres de ganas por comerme la boca? –digo descarado, pero no acepto una respuesta y me lanzo a sus labios.

Es miel dulce. Es mejor que todas las combinaciones posibles de alcohol. Atrapo su lengua y la mordisqueo en medio del beso. Joder, me encanta y no lo puedo evitar. Me cuesta respirar, pero no cedo. Muerdo su labio inferior, ella sonríe de esa manera tan… no sabría definirla. Giro descaradamente y me sitúo encima de ella, aprisionándola, justo como hace unos minutos, pero esta vez es diferente. Coloco mis rodillas a ambos lados de ella e intento no perder el control. Ella enrolla sus brazos en mi cuello como hace habitualmente y se eleva un poco para robarme un beso. Un beso dulce, pero apasionado a la vez. Al despegarme del beso vuelvo a morder su labio. Arquea su espalda. Joder. Beso su barbilla y clavo mis dientes ahí. De su boca escapa un suspiro que consigue ponerme duro, muy duro. Bajo realizando un tour de mis labios por su cuello. Beso. Mordisco. Más besos. Más mordiscos. Deslizo mi lengua por su piel. Joder. Es muy dulce, como algodón de azúcar, pero mejor. Abandono su cuello y vuelvo a sus labios. Jugueteo un poco. El Bieber que llevo dentro se apodera de la situación. Ella gruñe bajito percatándose de que la quiero devorar, la quiero hacer mía. Aunque ya es mía, pero de otra manera. Restriego mi miembro sin querer contra su muslo. Un gemido escapa de su boca. Toda la sangre se concentra en mi entrepierna. Control. No quiero perder el control. Sus manos traviesas menean mi pelo como si la fiesta acabara de empezar. Es la reina de la pista. Y he de admitir que ahora mismo, también de mi corazón. Entre más besos nos perdemos, no me canso, no se cansa, nos deseamos tanto que a mí me da vértigo. Los besos son largos y parecen no tener fin. Y oye, por mí que no lo tuvieran.

Me acomodo mejor sobre ella, sin dejar caer todo mi peso en su diminuto cuerpecito. Separamos nuestras bocas reclamando un poco de oxígeno. Joder, es brutal. Cojo aire y le robo un beso.

-¿Sigues diciendo que no me sé controlar, bicho?
-Ajá. –afirma moviendo delicadamente su cabeza. Y ahora me roba un tímido beso.
-Y sabes que te estás equivocada, ¿verdad?
-¿Por qué iba a estarlo?
-Porque si no me supiera controlar te haría el amor aquí mismo de una manera tan exagerada que mañana no podrías ni caminar.


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7 comentarios:

  1. Asdfghjkl nueva lectora! Siguela. No la dejes ahí. Sube pronto <3

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  2. Dios, me he sentido tan identificada en la parte de las confesiones... Parecia que sabias lo que me habia pasado a mi con un chico. Increible lo que me has hecho sentir, gracias. Capitulo perfecto como siempre, Justin es jodidamente adorable. Espero el siguiente con ganas! ;) Un beso! xx

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  3. Holaaaaa!
    Que decirte, increiblr, como siempre... Es que, sinceramente, tu, no tirnes talento, tu eres el talento. Sigue así, llegarás MUY lejos!

    Carrie.

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  4. Asdfghjkdsfh el final <3
    Atte: @leligravagna (twitter)

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