|Narra _____|
La niebla se esfuma. De repente todo se ve más
claro. ¿Conocéis la sensación que se produce al ponerte las gafas por primera
vez en tu vida? Pues he sentido algo parecido. La luz aparece iluminando
incluso el rincón más oscuro y puedo respirar tranquila.
-Voy a tirar la puerta abajo, ¿vale?
-Vale. –afirmo y aún se puede percibir el miedo
en mi voz.
-Échate hacia un lado. –me dice esa voz todavía
desconocida.
-Ya está. –digo acurrucándome en una esquina.
Aprieto los ojos muy fuerte. Como cuando hay
tormenta y quiero desaparecer. Como cuando deseamos algo mucho y pedimos el
rescate de la hada madrina de la Cenicienta. A ella sí que le concedían los
deseos, maldita afortunada. Pero yo no he salido de un cuento ni mucho menos me
convertiré en princesa. Tampoco quiero zapatos de cristal, yo voy bien cómoda
con mis Converse o cualquier zapato plano.
A los pocos segundos se escucha un fuerte
estruendo y la puerta cae golpeando contra el sólido suelo. Yo continúo con los
ojos cerrados. El miedo no se ha esfumado de mi cuerpo todavía e incluso me
siento un tanto mareada. Los poros de mi piel continúan abiertos.
-¿Estás bien?
Abro los ojos y me encuentro delante de mí a la
persona que menos esperaba. ¿Este chico nunca dejará de sonreír? Carlo me
tiende una mano ayudándome a ponerme en pie. Le miro fascinada y me rindo en
sus brazos sin pensarlo dos veces. Necesitaba algún tipo de refugio. Está
fuerte.
-Gracias. –susurro apoyando mi cabeza en su
hombro. –Gracias, mil gracias.
-No hay de qué. –dice pasando una mano por mi
espalda hacia arriba y hacia abajo.
Me separo de él y le miro con una ceja elevada.
Él pasa su mano por debajo de mis ojos secando las lágrimas aún presentes.
-¿Cómo que no hay de qué? Me has… -pienso
rápidamente en la palabra que voy a formular. -salvado.
-Era lo que debía hacer. –dice mojándose los
labios y por un momento me recuerda a Justin. Me quedo en silencio y agacho mi
mirada enterrándola en el suelo. –Menos mal que te he escuchado.
-Hubiera muerto deshidratada ahí dentro. –digo
pasando una mano por mi frente sudorosa.
-No digas eso.
-Es la verdad.
Me agacho y recojo lo que queda de mi móvil.
Vaya, sí que lo lancé con fuerza. No sé si tendrá arreglo.
-Anda, vamos fuera a que nos dé el aire un
poco, ¿te parece bien?
-Sí…
Salimos de aquella pesadilla y a medida que
camino voy ordenando mis pensamientos. Aún sigo asustada interiormente. Carlo
se para unos segundos a hablar con el conserje que nos permite salir y yo
aprovecho para atarme bien los cordones de los zapatos.
-¿Seguro que podemos salir? –le pregunto
asegurándome de que estamos haciendo lo correcto.
-Sí, confía en mí.
Carlo me da su palabra y atravesamos la gran
puerta de la universidad. El aire fresco impacta en mí de inmediato regalándome
lo que necesitaba, sentirme libre por fin. Abro mis brazos horizontalmente
creyéndome pájaro y dejando que esas magníficas sensaciones que me regala la
naturaleza se queden dentro de mí tras impactar con fuerza.
-Qué bien se te ve así. –dice clavando su
mirada por todo mi cuerpo.
Le dedico a Carlo una mirada de pocos amigos y
él ríe. Seguro que a Justin no le causa muy buena impresión aunque… bueno, él me
ha rescatado del hoyo tan profundo en el que me encontraba y Justin ni siquiera
ha sido capaz de cogerme el teléfono.
-¿Te pasa algo? –me pregunta observándome con
el ceño fruncido.
-No, no me pasa nada.
-¿Estás segura o lo dices para que te deje en
paz?
-Lo digo para que me dejes en paz.
-Vaya, qué agradecida.
-Que hayas tirado la puerta para sacarme de
aquel maldito servicio no significa que seas mi amigo. –digo clara acelerando
el paso y sentándome en un banco que encuentro cerca.
-No sabía que tenías tan mal genio. –me sigue y
se sienta a mi lado, pero manteniendo la distancia.
-Es normal que no lo sepas, no me conoces.
-¿Por qué antes estabas tan bien conmigo y
ahora me hablas así?
Pues por una única y exclusiva razón… Justin.
Ha sido pensar en él y cambiar el rumbo, girar el timón.
-Ya has tenido tu minuto de gloria, ahora no
hace falta que me tires nada en cara. –escupo suspirando e intentando mantener
la calma.
Transcurren unos minutos y no cruzamos ni una
palabra ni media. Estamos un tanto tensos los dos. Respiro hondo y después
expulso el aire por mi nariz delicadamente. Me encuentro en una marea en pleno
océano y no sé si continuar navegando o tirarme por la borda. Y lo creáis o no,
tomar una decisión no es fácil.
Juego con el móvil entre mis manos y lo miro
con preocupación. Está prácticamente destrozado y dudo mucho que funcione.
-¿Qué le ha pasado? –me pregunta Carlo
rompiendo el silencio.
-Funcionó como método anti-estrés.
-¿Así que cuando estás estresada lanzas tu
móvil? –ríe.
-No, pero a falta de papel y un bolígrafo pues…
-¿Escribes?
-Sí. Bueno, más o menos. Nada profesional.
-A mí también me gusta escribir.
-Conozco a pocos chicos así.
-¿Me estás diciendo que soy un chico especial?
-No.
De nuevo silencio. No sé por qué insiste tanto
en… bah. Estoy deseando irme de aquí ya.
|Narra Justin|
Una serie más de abdominales. Estoy empapado de
sudor. Las gotas bajan por mi cuello decididas a seguir su recorrido más abajo.
Acabo. Suficiente por hoy. Paso una toalla por mi cara y bebo un sorbo de
agua fría. Joder, qué bien sienta.
Me levanto de la máquina y una chica con unas
mallas demasiado ajustadas y un top rosa de deporte se divierte clavando su
mirada en mi torso desnudo. Ahora paso mi toalla justo por esa zona y la misma
chica me mira con ojos de gata. Además, los tiene verdes y llaman mucho la
atención. Paso por su lado y me dirijo a las duchas individuales. Me refresco,
me visto y salgo con mi pelo húmedo hacia arriba bañado de gomina.
Saco el móvil de mi bolsillo y mis ojos se
alarman. Más llamadas perdidas, todas de ella. Espero que no se haya enfadado,
aunque conociéndola… pero me encanta que se cabree. Espero que le guste lo que
le tengo preparado. Si le hubiera respondido al mensaje o hubiera contestado a
una de las llamadas me habría cazado.
Exhalo un suspiro y monto en mi moto. Decido
llamarla, ya habrá salido de clase.
*Hola, este es el buzón de voz de _____ Blair,
lo siento, llámame más tarde o si es importante deja tu mensaje.*
Sonrío como un estúpido al escuchar su voz.
Joder, hace horas que no la escucho y la echaba de menos. ¿Cómo es posible?
Vuelvo a llamar.
*Hola, este es el buzón de voz de _____ Blair,
lo siento, llámame más tarde o si es importante deja tu mensaje.*
Sus palabras actúan en el formato de mi canción
favorita para mis oídos. Me… esa sensación que no se puede explicar porque está
más allá de lo inimaginable. Su voz me produce cosas a las que no sabría
ponerles un nombre. Es dulce. Como sus besos y como su piel.
Como un completo adicto enganchado a ella mis
dedos teclean otra vez su número, van solos, se guían por el instinto.
*Hola, este es el buzón de voz de _____ Blair,
lo siento, llámame más tarde o si es importante deja tu mensaje.*
''Si es importante deja tu mensaje''. Qué
tentador.
-Hola bicho, sonaba muy tentador esto de…
bueno, sólo quería decirte que te quiero y por eso te dejo este mensaje, para
que lo escuches siempre que quieras. Me muero de ganas por besarte, así que
prepárate.
Clic. Cuelgo. El mensaje se ha guardado
correctamente y llegará a su buzón de voz. Suspiro antes de arrancar. Conduzco sin
dejar de pensar en ella. Voy a recogerla a la puerta de la universidad, aunque
ella no lo sepa y aunque nos tengamos que esconder, correré el riesgo.
Semáforo en rojo. Venga… vamos. Muevo mi pierna
impacientemente. Verde. Giro hacia la derecha y luego todo recto. Odio este
camino que recorro casi todos los días pero ahora que el motivo es diferente
podría decir que me gusta. Aparco en la zona de las motos y coloco mi cadena.
Aunque todo el mundo sabe que ésta es mi moto y nadie se atrevería a ponerle un
dedo encima.
Bajo de ella y coloco bien mi gorra hacia
atrás. Meto las manos en mis bolsillos y camino vacilante. Rebusco en uno de
ellos y saco un cigarrillo del paquete para 5 segundos después colocarlo entre
mis labios. Lo prendo con sutileza y aspiro sintiendo el humo bajar por mi
garganta produciéndome placer. Doy unas cuantas caladas más mientras estoy
pendiente de la hora y me lo termino antes de acercarme más. Lo tiro al suelo y
lo chafo con la suela de mi supra.
Me coloco las gafas de sol intentando ocultar
mi identidad al máximo posible. No quiero que nadie me reconozca y menos si voy
a estar cerca de ella. Tenemos que seguir escondiéndonos, cumpliendo nuestro
código secreto. Me miro en el espejo retrovisor de un coche y me aproximo. Aún
no ha salido nadie, aunque hay un chico y una chica manteniendo una especie de
conversación en un banco a unos seis metros de mí. Seguro que esperarán a
alguien como yo.
La chica me llama la atención. Va con el
uniforme y tiene las piernas delgadas y colocadas una encima de otra justo como
lo hace _____. Espera. Entrecierro mis ojos con el objetivo de mejorar la
visión y… es ella. Sí, es ella. Es mi chica. ¿Qué hace con ese tipo?
Me acerco sin pensármelo dos veces y ella al
percatarse se pone inmediatamente en pie. Dos metros. Uno. Nos encontramos cara
a cara y maldita sea, se está mordiendo el labio.
-Just… -la corto.
-¿Así que no me cogías el móvil porque estabas
con el imbécil ese?
-¿Qué? No. –frunce su ceño y mueve su cabeza de
lado a lado levemente.
-¿Me estás negando que vengo a por ti con toda
la maldita ilusión de verte y te encuentro aquí fuera con… -ahora me corta
ella.
-¿Con quién me ha rescatado y gracias a él
estoy aquí mientras tú no me cogías el puto teléfono? Pues sí.
Engancho mi mano en su muñeca y tiro de ella
hacia mí recortando la distancia. La alejo de aquel tipo que ni siquiera
conozco tras lanzarle una mirada asesina. Chaval, por si no te has enterado eso
quiere decir un ''no vuelvas a acercarte a mi chica''. Mi respiración es
entrecortada y un nudo se crea en mi garganta impidiéndome el paso de saliva.
-¿Qué te ha rescatado? ¿Qué dices?
-Lo que oyes.
-Explícame eso. –digo acercándola más a mí.
-No. –dice desafiante despegándose de mi
agarre. –Explícame qué estabas haciendo tú para no cogerme el maldito móvil.
-Eso no importa ahora. –digo apretando mi
mandíbula con fuerza.
-¿Estabas con alguna chica, verdad? –me
pregunta histérica golpeando mi pecho. -¿Verdad? –eleva la voz.
-Pero maldita sea. ¿De qué hablas?
-No has fallado ni un puto día al instituto
desde que estamos juntos, ¿y lo haces ahora? ¿Por qué? ¿Has quedado con alguna?
–dice sollozando pero controlando sus lágrimas. Siento un pinchazo en mi
estómago.
-¿Qué hacías con ese chico? –pregunto
ignorándola por completo y volviendo a tirar de su muñeca para encontrarla más
cerca. Me mira con rabia y yo a ella de la misma manera.
-Estaba tomando el aire ya que Sarah y alguna
de sus amiguitas me encerraron en el baño y él me saco de allí. ¿Ya te ha
quedado claro? –se suelta de un manotazo. –Ahora déjame en paz.
Se aleja a un paso acelerado y me quedo como un
idiota anclado al suelo sin saber qué hacer. ¿Sarah ha sido capaz de hacer eso?
Mi mente procesa la información poco a poco y a medida que lo hace me enfurezco
más. Aprieto mis manos formando puños en ellas y mantengo mi dentadura
firmemente mientras lanzo fuego con mi mirada a un chico que pasa por ahí con
una cámara colgando de su cuello. Un fuego capaz de producir un incendio. Noto
el veneno conducir por mis venas y mis pulsaciones van en aumento.
Cuando me
doy cuenta y regreso a la Tierra _____ se ha esfumado. No la veo por ningún
lado. ¿Dónde habrá ido? Joder, no conoce casi esta zona. Mi corazón late tan
fuerte que me duele el pecho e inmediatamente corro hacia mi moto en su busca.
Arranco. Y salgo disparado con todas mis esperanzas puestas en llevarla a casa
y tranquilizarla. Aunque quizás yo no sea el adecuado para hacerlo ya que
siento al mismísimo diablo en mi interior. No puedo verla con otro chico. Me da
igual que la haya rescatado o lo que mierdas sea.
Voy en dirección contraria y me da igual, ella
ha venido por aquí. Reduzco la velocidad fijándome bien en la gente que camina
con tranquilidad por la acera. ¿Podré ser yo así algún día? ¿Un chico tranquilo
y normal sin problemas? Me sobran preguntas, me faltan respuestas. Ignoro a las
comeduras de cabeza y el ruido de mi motor resuena en todas las paredes de la
calle. _____, joder, ¿dónde te escondes?
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Empieza a oscurecer y a caer la noche. Justin anda
como un loco desesperado registrando cada calle de Stratford en busca de algo
que le aproxime a ella. Ella va dejando huellas firmes entre farolas encendidas
que alumbran lo más mínimo. Un suspiro escapa de su boca. Hace frío y no tiene
abrigo. Se ha perdido y tampoco le funciona el móvil. Necesita el calor de
Justin y su orgullo le ha alejado de él. ¿Algo puede ir peor?
Da una patada a una lata de Coca-Cola que se
cuela en su camino y la lleva tres metros más lejos. Sigue caminando sin rumbo
y sin prisa prestando atención a la cosa más estúpida que la dirija en una
dirección alejada de este mundo. Un bostezo marchita de su boca. El sueño se
hace presente en cada poro de su piel pero ahora mismo no tiene dónde ir. Es la
primera vez que se encuentra perdida de verdad. Y así se queda. Una mano en su
corazón rogando que la vuelvan a rescatar por segunda vez en un día.
El ruido de una moto interrumpe sus
pensamientos. ''Siempre tan molestas…'' piensa para sus adentros. Y es que ella
odia todo lo relacionado con la velocidad. Lo ve peligroso, negro y oscuro. La
calle está vacía y tiene miedo. Decide caminar deprisa y a los pocos segundos
escucha por detrás ese ruido que le parece tan molesto. Se gira. Una moto la persigue. Ella camina más rápido, huyendo. No tiene ni la más mínima idea de
quién es ese chico vestido con ropa oscura y un casco que no le permite dar a
conocer su identidad. Otro interrogante más en su cabeza. La moto acelera
quedándose justo al lado de _____. Ella se sorprende al ver un par de ojos
brillantes mirándola sin disimulo alguno. Conoce perfectamente ese brillo y ese
color miel. Se detiene y todo su cuerpo se congela.
-Sube. –dice Justin con la voz ronca.
-No quiero. -dice ella vacilante dando un paso hacia atrás.
-¿Quieres seguir perdida? Porque yo arranco y me voy.
Ella traga saliva despacio procesando lo que le acaba de decir. Sabe que Justin no sería capaz de dejarla ahí, lo sabe. Pero también es ella misma la que se está negando a su oferta.
-Maldita sea Blair, sube a la moto.
Blair. Hace tiempo que no la llama así. Se siembra una mezcla de confusión por todo su cuerpo y ella sin decir nada se acerca y hace amago de
colocarse en la parte trasera pero se ve interrumpida de nuevo por su voz.
-No. –la voz de él suena áspera. –Aquí delante.
Exigente como él sólo. Ella hace una mueca
extrañada y sorprendida a la vez. Justin se echa un poco hacia atrás dejando espacio delante suya y ella se acerca y manosea el asiento pasando su mano por
él antes de subir.
-Y no me pidas que me gire aunque lleves falta.
–añade él serio y a la vez pícaro.
Un largo suspiro escapa de la boca de _____
reconfortándola. Se mantiene quieta en el suelo sin moverse ni un centímetro.
-Vamos Blair, no querrás que te suba yo…
Ella niega con la cabeza rotundamente pero por dentro miles de cohetes acaban de explotar. Al fin sube en un impulso y su estómago
empieza a retorcerse poco a poco. Justin se acerca más a ella pegando su pecho
con la espalda de ella y sin decir nada, nada más que silencio, clava su
barbilla en el hombro izquierdo de _____ y le susurra un ''Nena, perdóname'' al
oído. Todo el vello de ella se eriza y sus pulsaciones emprenden un viaje a
Júpiter. Él sonríe victorioso al ver como ella cierra los ojos al sentir su
respiración chocar contra su cuello. Sin duda, ambos conocen sus puntos
débiles. Ella está volando y el agujero oscuro en su cabeza ha desaparecido, se
ha cerrado llevándose con él todas las malas sensaciones.
-¿Me perdonas, bonita? -dice él ahora posando una mano sobre el muslo descubierto de ella.
-No me vas a comprar con palabras bonitas.
-¿Comprarte a ti? -pregunta él riendo. Qué actitud tan extraña, hace nada estaba rabiando y ahora... -Tú ya eres mía. -termina diciendo deslizando su mano un poco más hacia arriba.
Ella es electricidad en este instante. La mano de Justin en su muslo le regala escalofríos llenos de magia. Se muerde el labio. No quiere ablandarse. Traga saliva. Pequeñas caricias que se convierten en grandes sensaciones. Él abandona de ahí la mano y ahora la acopla en su cadera. Ella siente de nuevo la respiración acelerada y agitada de Justin en su cuello. Y él ya sabe que el cuello es la zona
adecuada para firmar un tratado de paz. Así que Justin planta un beso ahí mismo, de
esos prohibidos. Suave. Sencillo y delicado. Y ella maldice todo porque encima
no puede disimular que se está derritiendo por dentro y que miles de
escalofríos hacen carreras por toda su espalda. Cierra los ojos estremeciéndome
bajo su tacto. Su corazón no entiende de control.
-Ahora estate quieta y no te muevas, voy a ir
rápido. –susurra él cerca, muy cerca, de la mejilla de _____ mientras coloca un mechón de
pelo detrás de su oreja. Ella afirma con la cabeza a la vez que traga saliva
lentamente y él pega más su cuerpo al suyo creando en su barriga nudos que
tardará en desenredar. –Muy bien. –dice él con la voz ronca y arranca antes de
que alguna palabra escape de su boca
Son lo que están viviendo. Son fuego que no quiere convertirse en cenizas. Son batallas ganadas con simples caricias que llevan a tu corazón a un lugar mejor. Son tormentas eléctricas color rosa. Son las cosas que les quedan por vivir. Son diferentes, pero están batiendo récords y traspasando fronteras. Son una luz en un túnel, hielo en la playa, una taza de café caliente una mañana de invierno. Son ignorantes en un mundo donde las verdades se clavan por la espalda. Son un código secreto, un maldito código que cumplen porque no imaginan sus corazones sin latir al compás.
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Jess, este capítulo te lo dedico a ti, que me llevas leyendo desde el primer capítulo escrito que comencé a subir.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
Omg, siguela cuando puedas. Es perfecta y escribes genial, de verdad. adoro la novela, asdfghjklñññ.
ResponderEliminarMe encanta cuando se reconcilia, la parte final de la moto!! Siguela pronto porfa :)
ResponderEliminarSiguelaaaa
ResponderEliminarAsdfghjkdsfh <3 me encanta!!!!!
ResponderEliminarAtte: @leligravagna (twitter)