Tu rastro.

domingo, 29 de septiembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 33.


Eres el conductor del mejor coche de la competición, tienes que llegar lejos, superarte. ¿La meta? La felicidad. Y solemos creer que la máxima felicidad se alcanza al lado de una persona. Nunca sabemos lo que nos espera, ni todas las sensaciones que nos quedan por experimentar. Ni con quién. La gente se enamora una vez, dos, hasta tres veces. No hay reglas, el corazón no viene con instrucciones. Tal vez un día te levantas y un huracán se cuela en tu vida revolucionando todo. Entonces todo ha cambiado. Puede que hoy no puedas vivir sin una persona, y mañana ya la has olvidado al completo. Se esfuma. Tu corazón se encoge. El cielo se vuelve oscuro, pero a lo mejor no llueve.

Se acaban de conocer pero siempre hay una primera impresión que envuelve tus pensamientos. A ella le crea cierta inseguridad, pero su estado anímico le hace olvidar todas las malas sensaciones, así que las aparta a un rincón muy oscuro y perdido. 

El autobús frena y el cuerpo de Carlo choca con el de _____ sin querer.

-Perdona, ¿te he hecho daño?
-No, no te preocupes.

Él le lanza una sonrisa inquieta y ella aprovecha la ocasión para salir de allí. Camina decidida rodeada de gente desconocida y sube las escaleras que ayer mismo bajó de la mano del chico que hace que pierda la noción del tiempo. Lo recuerda y comienza a sentir la electricidad por sus piernas. Entra y llega hasta su taquilla en la que deja varios libros quitando peso de su bandolera. Tiene los hombros destrozados. La cierra y se asegura de que lo ha hecho bien. Apoya su espalda en ella y lanza unos cuantos suspiros dejando salir el aire que presiona su pecho. No sabe porqué pero desde que ha bajado del autobús una sensación ha sacudido todo su cuerpo. Y precisamente de una manera brusca e incómoda.

|Narra _____|

La primera hora ha sido una completa mierda y la segunda más de lo mismo. Suena el timbre. Libertad por unos pocos minutos, ya era hora. Observo el pupitre de Vanessa y está reluciente.

-Qué rápida eres. –le digo guardando los apuntes en mi bandolera.
-No, es que tú eres muy lenta. –carcajea ella esperándome con una mano apoyada en su cadera. –Venga Blair, quiero ver el Sol y notar el aire chocando en mi cara ya.
-Impaciente. –digo bufando a un pelo que se ha colado en mi cara. Cierro la cremallera de mi bandolera y miro a mi amiga. –Ya está, ¿contenta? –pregunto sin dejar de reír y ella me mira con una ceja por encima de la otra.
-Sí. ¡Vamos!

Tira de mi mano y mi cuerpo se deja llevar como si fuera una hoja recién caída de un árbol agitada por el aire. No sé a qué vienen tantas prisas. Mi muñeca incluso comienza a sentir dolor, me agarra muy fuerte, como si no quisiera soltarme. Yo creo que ahora estamos corriendo, o volando. Necesito un poco de aire, parar y refrescarme. Nos chocamos varias veces contra la gente, gente conocida o desconocida, ni me he detenido para observarlos. Visualizo una multitud a lo lejos y en mi mente aparece un cartel en rojo que me avisa de problemas. Yo siempre tan negativa. Vanessa y yo nos detenemos a unos escasos metros.

-Ven, tienes que ver esto.

Vuelve a tirar de mi mano, esta vez con menos fuerza. Pero un gran interrogante sigue en mi cabeza. Nos acercamos donde está toda esa gente y de repente una cabeza se gira y me mira de arriba abajo. Suelta de su boca algunas palabrejas en voz baja y unos cuantos murmullos silenciosos retumban en mis oídos. Entonces se giran más cabezas, y me miran a mí. Hablan en voz baja mientras no despegan sus miradas de mí. Joder, ¿tengo algo en la cara? ¿Qué está pasando?

-Tranquila.

Mi amiga se percata de que me he puesto más tensa que un poste eléctrico, pero no consigue calmarme. Esas miradas me intimidan lo suficiente para ponerme nerviosa. Y yo no suelo ponerme nerviosa, dato importante. Mi pecho comienza a subir y a bajar notablemente. De mis manos baja una pequeña gotita de sudor deslizándose por mi muñeca hasta acabar en uno de mis dedos. La gente se aparta y me hace paso. Esto es muy raro. No entiendo nada, hasta que alguien estalla.

-¿Tú eres _____? –me pregunta un chico de piel bastante clara y pelo rubio platino.
-Sí. –murmuro levemente manteniéndome atada al suelo.
-¿_____ Blair? –vuelve a interrogarme. Todo el mundo está en silencio contemplándonos.
-Sí. –otra vez mi voz suena frágil. Como si se fuera a romper.

Toda la gente que se mantiene quieta a nuestro alrededor, se acercan a mí y me llueven halagos. Halagos que mis oídos nunca se habían permitido el lujo de escuchar. Ahora sí que no entiendo nada. Tendré que sacar el paraguas y frenar la situación. Aunque… me gusta. ¿Pero por qué me dicen todas esas cosas? ¿Qué he hecho? ¿A qué se debe? ¿Por qué le están diciendo cosas bonitas a un bicho raro como yo?

-Nunca nadie se había atrevido, te admiro. –me dice una chica con el pelo castaño un poco más arriba de sus hombros.
-¿Qué? –muevo mi cabeza negando.
-Que eres muy valiente. –se decanta a decirme la misma chica.
-No entiendo nada… ¿Pero por qué?
-¿Cómo que por qué? Nunca nadie le había quitado el puesto a Sarah. Y llegas tú nueva y le arrebatas el protagonismo en el musical. Eres la única que se ha atrevido a hacer algo así.

Me quedo en una especie de shock y mi mente se estanca. Respirar se me hace más difícil y me pincha la vena sensible. Mojo mis labios exhausta y sigo sin asimilar todo esto.

-Esta mañana han colgado el cartel y no sabes cómo nos hemos alegrado de no ver el nombre de esa repelente ahí. –dice el chico rubio señalando a la pared donde salta a la vista el tablón de anuncios.

Me acerco para verlo atónita con los ojos bien abiertos y me detengo justo enfrente de aquel cartel. Y el silencio se vuelve una sensación agradable. Mi nombre aparece en cursiva justo al lado del de Justin. MUSICAL DE FINAL DE CURSO protagonizado por Justin Bieber y _____ Blair. ¿Y Justin? ¿Qué pensará de esto? Me abstengo del pensamiento y continúo en mi burbuja pero sin ahogarme.

-¿_____? –noto cómo Vanessa sacude mi brazo.
-¿Si? –pregunto anonadada y me siento como si hubiera estado bajo el efecto de alguna droga. Qué cosa más extraña.
-¡Enhorabuena! –exclama abrazándome fuerte. Tan fuerte que creo que me voy a quedar sin oxígeno.
-Gracias… -murmuro y siento pinchazos detrás de mis ojos.

Nos quedamos abrazadas unos largos minutos y la gente va despejando el pasillo dándome la impresión de que se vuelve mucho más ancho. Antes me veía acorralada entre las paredes.

-Tú… tú… -tartamudeo y consigo recomponerme. -¿Tú sabías que esta gente estaba aquí?
-Claro nena, ¿por qué creías que tenía tanta prisa? Temía que se fueran, ¡quería que los vieras! –contesta entusiasmada.
-No… no lo esperaba. –digo alucinando todavía. ¿De verdad que no me he tomado ninguna pastilla?
-En eso consistía. –ríe ella.

Nos dirigimos al campus. Me encojo de hombros confundida y quiero esconder mi cabeza en mi cuello. O bajo tierra. Me siento observada por todo el mundo ahora. ¿Y todo esto es por el musical? ¿Por ''enfrentarme'' a Sarah? Al menos hay gente que me entiende. Eso nunca había sido así y me alegro de ir rompiendo las reglas poco a poco y dictando mis propios pasos. Ahora solo queda hacerlo mil pedazos y tirarlo al contenedor más cercano.

Trato de disimular con mi móvil. Justin todavía no ha contestado a mi mensaje. Decido llamarle. Pi… Pi… Pi… y así repetidas veces. Suena, pero no lo coge. No ha acudido a clase y es raro. Raro porque eso lo hacía antes y me da mala espina. No dejo de moverme. Voy de un lado a otro. Casi choco con una farola que ni emite luz.

-¿Algo va mal? –me pregunta Vanessa que observa detenidamente como tambaleo mi pierna nerviosa.
-Sí. –contesto seca.
-Pues cuéntame y alegra esa cara.
-Es solo que… no sé. –resoplo agobiada.
-¿No sabes? –eleva su fina ceja y frunce sus labios.
-Sí sé. Joder, Justin no ha acudido a clase y encima no responde al teléfono. Pensarás que es una tontería pero realmente no lo… -me corta.
-Nena, frena. Stop. Respira. –carcajea.
-A mí no me causa gracia.

Me giro y mi melena baila en el aire por unos segundos. Me marcho dejando a Vanessa sola. Escucho un ''¡Espera!'' salir decidido de su boca pero no doy marcha atrás. No, ahora sí que ya no estoy de humor. Camino sin un rumbo fijo. Me agobio. Necesito encerrarme en mi habitación y escribir. Escribir durante horas dejando mi mente entre las nubes que traviesas intentan cubrir el Sol. Hace tiempo que no viajo donde antes. Era clienta VIP cuando todo era oscuridad. Frecuentaba demasiado y así me iba. Mal. Pero ahora quiero escaparme allí aunque sea unos segundos. Necesito ahogar mis penas antes de que ellas me ahoguen a mí.

Entro en el lavabo de chicas y abro el grifo haciendo un estanque de agua en mis manos para a continuación estamparlo contra mi cara. Y hecho. Me empapo. Froto mis ojos fuertemente y me miro al espejo. Menos mal que no me maquillo porque sino en este preciso momento parecería un mapache con todo el rímel esparcido entre mis mejillas. Se me notan las ojeras. Me encuentro mareada de repente y me encierro en el baño. Me siento justo en la tapa y miro si hay cobertura. La hay. Perfecto. Vuelvo a marcar su número y vuelvo a llamar. Otra vez. Otra maldita vez no lo coge. Mi vista comienza a nublarse y es señal de que en mis ojos va a comenzar a llover. Y no quiero. _____, aguanta. Quiero camuflarme, no existir por unos minutos. Quiero ver oscuridad. Y parece que mis peticiones se cumplen. De repente todo se vuelve oscuro. Alguien ha apagado la luz. ¿Es mi imaginación o de verdad hay monstruos como los de antes aquí? Comienzo a temblar y me abrazo a mis rodillas situadas a la altura de mi pecho. Hace frío. Quiero gritar. Huir. Contener mis lágrimas. Pero no, una gotita sale sin pensar deslizándose por las esquinas de mis ojos. Cuanto tiempo. Todo me queda grande y yo me estoy volviendo pequeña. Diminuta. Las paredes me van aprisionando. Otra lágrima. He vuelto, pero solo de visita. Me odio en este momento. Esta sensación es horrorosa y siento una presión muy grande en el pecho. A lo mejor también recibo una puñalada en el alma. Cierro los ojos. Justin viene a mi cabeza de manera instantánea y como si fuera una ráfaga de fotos que aparecen ordenadamente en mi cabeza. Me encanta. Sus ojos color miel. Sus labios. Sus mejillas. Su sonrisa inquieta. Su cuello. Sus lunares que andan vagabundos por su piel. Lanzo un largo suspiro y pensar en él me relaja. Mis pulsaciones se calman y reducen la velocidad. Frenan de golpe. Y aún me sigo preguntando cómo lo consigue. Limpio mis lágrimas con mis propias manos y las hago desaparecer. Intento autoconvencerme de que no ha sucedido nada, no he vuelto a visitar a los monstruos que antes aporreaban a mi puerta cada dos por tres. Soy fuerte. Sí, _____ eres fuerte. ¿Lo recuerdas? Te has mantenido así durante todo este tiempo. ''Nunca nadie se había atrevido, te admiro''. ''Eres muy valiente''. Las palabras de esa gente logran causar un efecto positivo en mí. Trago saliva y miro la hora que brilla en la pantalla de mi móvil. ¡Joder! ¡Que ya estarán entrando todos de nuevo a clase! ¡Voy a llegar tarde! ¡Me van a castigar! ¡Y esta vez sin Justin! Oh no. Jodido infierno. Tropiezo con mis propios pies y trato de salir de ahí. Pero todo se queda en el intento. La manivela no gira. No puede ser, si no he puesto el pestillo. Vuelvo a intentarlo y no funciona. Escucho unas risitas cerca. ¿Qué? ¿Cómo es posible? ¿Monstruos otra vez? No, no, no. No puede ser. Aporreo la puerta. Más risas, esta vez las escucho mejor. Espera. Esa risa la conozco. Maldita sea, prefiero volverme loca a que sea lo que estoy pensando. Me duele la muñeca de tanto intentar abrir. No puedo. Ahora las risas se perciben más lejos.

-¿Hay alguien ahí? –chillo. Me escuece hasta la garganta. He elevado demasiado el tono de voz.

No obtengo una respuesta. Vuelvo a gritar. Esta vez mucho más fuerte. Las risas desaparecen de repente. En un chasquido todo se ha derrumbado encima de mí. Y  precisamente yo me encuentro entre los escombros. Todo pesa. Mis ojos no dejan de derramar lágrimas. Justin, ¿dónde estás? Te necesito.

Con las pocas fuerzas que me quedan consigo sujetar el móvil entre mis manos y marcar su número por milésima vez. Por favor, contesta… Mis manos tiemblan y sudan a la vez y casi se me resbala el maldito aparato. Lo apoyo contra mi oreja. Justin, por favor… Cógelo, te necesito más que nunca. Pero nada. No lo coge. Me doy por vencida y estampo el móvil contra el suelo. Ahí se desvanece entre varios pedazos. Jodida mierda. Estoy perdida. Quiero… huir. Mi corazón retoma velocidades que pocas veces he alcanzado. Me va a dar un ataque si no consigo controlarme. Pero ahora mismo no encuentro ningún motivo que me relaje. Ahora tengo calor. Mucho calor. Me abanico con mis propias manos. La oscuridad se ha apoderado de mí en unos pocos segundos. Se ha colado en mi cuerpo. Me cuesta respirar. Estoy atrapada entre estas cuatro paredes que apenas puedo percibir con mi vista. Han apagado la luz. Y eso convierte todo en peor. Estoy perdida y por favor, que alguien acuda a mi rescate.

Un nudo en mi garganta no me permite tragar saliva. Miedo. Aquí, haciéndome compañía justo a mi lado. No puedo darme por vencida, tengo que salir de aquí. Pero apenas puedo sostenerme en pie. Doy golpes contra la puerta con mis puños. No voy a renunciar, no me voy a quedar todo el día aquí. Mis manos están rojas y mis nudillos a punto de sangrar.

-¡Por favor! ¡Sacadme de aquí!

Entre gritos y más gritos lo único que escucho es mi propio eco. Entonces vuelvo al pasado y más imágenes vienen a mi cabeza. ¿Por qué todo esto tiene que sucederme a mí? ¿Qué he hecho? Lloro. No puedo ocultar mi llanto. Pero no dejo de aporrear la puerta. Dolor. Por dentro y por fuera. Dolor en lo más profundo de mí. Las lágrimas recorren toda mi cara bajando en cascada desde mi barbilla hasta mi cuello. Deslizo mi espalda por la puerta bajando poco a poco hasta que toco el suelo. Se siente frío y húmedo. Echo mi cabeza hacia atrás y entonces me congelo al escuchar unos pasos. No puedo creerlo. Quizás sea producto de mi imaginación. Y cada vez están más cerca. Mis pulsaciones se aceleran. Esto puede ser o muy bueno o muy malo, no existe el término medio.

-¿_____? ¿Eres tú?

Su voz grave me suena pero no lo suficiente para reconocerla.

---------------------------------------
Y todo esto no se queda aquí. 
Comentarme qué os parece y esas cosas, me hace mucha ilusión. 
Por cierto, leo toooodos los comentarios y xbdyuegdigwdufwed ¿sabéis?

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 32.


Se les ha hecho tarde una vez más. Y es que claro, no saben las cosas que conlleva estar a gusto con una persona. Las agujas del reloj vuelan cuando están juntos. Vuelan a velocidades extremas y quién sabe si peligrosas. Como si alguien manejara el objeto sostenido en sus muñecas y les diera mil vueltas a las pequeñas varillas. Y es precisamente a Justin a quien siempre le ha gustado la velocidad, pero ahora mismo desea que las horas pasen lentas.

-¿Tienes hambre? –pregunta él cogiéndola por la cintura. –Y no vale contestar que tienes hambre de mí. –carcajea. Ella le mira con esa expresión que él conoce perfectamente.
-No cambiarás… Definitivamente, no tienes remedio. –niega ella moviendo su cabeza de lado a lado perdiendo el control de la sonrisa que aparece en sus labios.
-¿Pero tienes hambre o no? –continúa él ahora cogiendo la mano de _____ y refugiándola en la suya mientras bajan por las escaleras de la universidad.
-Un poco. –dice ella con timidez.
-¿Un poco? –eleva él una ceja.
-Bueno… un poco mucho. Me ruge la barriga de una manera descomunal. –carcajea ella tirando detrás de su oreja unas cuantas greñas de pelo.

Ambos dan un pequeño salto en el último escalón soltando sus manos y después retoman el agarre propiciado por él. A ella le encanta el calor que transfiere su piel. Sobretodo porque hoy la noche es un poco más fría que ayer y nunca viene mal.

-¿Entonces te apetecen unos nuggets de pollo?
-¿Tú qué crees? –ella se gira a observarlo curvando sus labios.
-Yo creo que debería llevarte a cenar a un buen restaurante de lujo, pero hoy no hay mucho presupuesto nena, así que nos conformaremos… -ella le corta.
-No te preocupes Justin, lo que importa es la compañía y a mí me encanta estar contigo. Me da igual donde sea.

Ella le roba un beso en los labios y él después recoge el sabor al instante con su lengua. Joder. Le ha dejado fascinado.

-Pero con tu compañía y en un buen restaurante con música ambiental no me digas que no suena tentador.
-Suena tentador. –dispara ella atrevida. En los labios de Justin se crea una sonrisa sin previo aviso. Espontánea.
-Esa es mi chica. –dice él pasando su brazo izquierdo por los hombros de _____ y ella se nota impregnada de las mejores sensaciones.

Llegan a un pequeño bar, tan solo dos hombres bastante mayores están bebiendo cerveza apoyados en la barra. Uno tiene una barba bastante abundante y blanca, a conjunto de su canoso pelo, se la rasca sin discreción y clava su mirada en los dos adolescentes que acaban de atravesar la puerta. El otro señor que le acompaña lleva puesta una camisa a cuadros rojos y verdes, pero éste prefiere quedarse observando a _____ que ahora deposita su bandolera en la mesa antes de sentarse. Una camarera se acerca ahí de inmediato y apunta en su pequeña libretita lo que le dice Justin. _____ tan solo afirma con la cabeza, él va a pagar, prefiere mantenerse al margen y no abusar.

Después de unos pocos minutos la camarera llega con una bandeja sostenida en sus manos y les sirve aquella comida junto con un par de refrescos.

-Que aproveche.
-Igualmente.

Devoran esos nuggets de pollo que tanto ansiaban. Justin llena sus manos de aceite y ella le riñe entre risas. Él coge una servilleta y la pasa por su boca y después por sus aceitosas manos.

-Tienes kétchup ahí. –señala ella hacia los labios de él agitando su dedo índice. –Justo ahí.

Él curva sus labios y hace una mueca graciosa ganándose una risa por parte de su chica. Le encanta hacerla reír, y aunque ella no lo sepa es una de sus debilidades. Vaya, él nunca había tenido de eso, pero ahora conoce perfectamente su significado y todas las acepciones que tiene en el maldito diccionario.

-Aún así te dejarías besar por mí. –Justin pone morritos y ella reniega por lo bajo.
-Límpiate, anda.
-Límpiame.
-No tienes tres años.
-Pero sí una novia muy linda.

Un pinchazo en el estómago de _____ y mil mariposas revoloteando por él, como si se tratara del mismísimo Amazonas. Hace apenas unas semanas era impensable que esas palabras salieran disparadas de la boca de él, pero ya sabéis, estas historias tan improbables e imprevisibles son las mejores, suelen decir.

Ella tragándose el poco orgullo que acumulaba en su interior localiza con su vista un  pequeño servilletero que hay sobre la mesa y estira de él consiguiendo lo que quería. Doblando una esquina de la servilleta la acerca a la boca de su chico que le lanza miradas traviesas. Ella eleva su fina ceja y un suspiro se desliza por sus labios antes de limpiar los de Justin.

-Gracias, bonita.
-No te acostumbres a que te haga caso. –murmura ella y él ríe entre dientes.
-Me acostumbraré a que me hagas otras cosas. –dice él disparándole una mirada que ella entiende perfectamente.
-A que te de una ostia, por ejemplo. –escupe ella. Justin carcajea, no os podéis imaginar lo mucho que le gusta cuando saca su genio de ese cuerpo tan pequeño.
-Joder nena, no te pases. –musita él intentando hacer una mueca de tristeza, pero a ella no le convence.
-Eres un idiota.
-Oye, eres tú la que ha pensado mal. –Justin se encoje de hombros y un suspiro escapa de su boca. –No fue mi culpa.
-Está bien… -susurra ella rodando sus ojos cansada. -¿Nos podemos ir ya? Nos estarán esperando.

Él afirma con su cabeza y se pone en pie echando por sus hombros su chupa de cuero negra que le da un aire extraño de motero. Ella al percatarse ríe bajito y le sigue hasta la barra. Justin le entrega un billete a la camarera tras sacarlo de su bolsillo y ella le devuelve unas cuantas monedas de cambio. Salen del pequeño establecimiento con la barriga llena y se dirigen a la moto que Justin tiene aparcada en la acera de enfrente.

-Llevo falda. –dice ella mordiéndose el labio y entrecruzando sus piernas. –Así que gírate. –ella hace un gesto con sus manos y él le mira con una ceja elevada.
-¿Te recuerdo lo que pasó la última vez que me dijiste eso? –pregunta él vacilante acercándose a ella y tomándola por la cintura. Electricidad. Dinamita. Cuando acortan la distancia sucede. Y ella se queda muda, temblándole hasta la bilis que sube por su garganta. –Me salté las reglas, nena. –dice él en un susurro haciendo que un escalofrío rápido e intenso recorra todo el cuerpo de _____. -Pero sube, que ahora está oscuro y no voy a ver nada. –añade con la voz ronca. Una tonalidad de voz que volvería loca a cualquier mujer de este mundo.

La calle está solitaria y podría producir hasta escalofríos. Apenas unas dos farolas alumbran la zona y una de ellas parpadea sin parar. En realidad da miedo. Pero ese miedo provocado más por nuestra imaginación al ver todas esas películas un domingo por la noche antes de dormir y refugiarnos entre nuestras sábanas buscando un poco de calor. Un gato cruza a velocidad de un rayo el áspero asfalto. Justin camina cabizbajo mientras saca un cigarrillo y lo prende entre sus labios. Aspira y después expulsa el humo que sale decidido de su boca. Y ella una vez sentada en la parte trasera del ciclomotor le mira frunciendo su ceño y creando unas pocas arrugas en su frente que no se podrían percibir a simple vista.

-Odio que hagas eso.
-¿El qué? –Justin da otra calada y entrecierra sus ojos. -¿Esto? –agita su mano donde sujeta aquel cigarrillo a medio terminar.
-Sí. –afirma ella dejando escapar de sus labios un suspiro.

Él se encoge de hombros y sin más tira al suelo la colilla y ahoga el humo con la suela de su zapato. Se acerca a ella y le tiende su chaqueta.

-Toma, póntela.
-Vas a pasar frío, Justin.
-¿Y? –arquea él una ceja arrogante.
-Que no quiero que… -le corta.
-Póntela.

Ella obedece y refunfuñando en voz baja encaja perfectamente sus brazos en las mangas de la chupa negra. Él sube a la moto e inmediatamente ella envuelve las abdominales de su chico con sus propios brazos. Apoya la cabeza en su espalda y aspira su aroma, una mezcla entre su perfume y humo. Pero humo del bueno. ¿Acaso eso existe? Ella se hace la misma pregunta. Por mucho que odie el tabaco es casi imposible que no le guste algo que forma parte de la rutina de él. Le abraza por detrás más fuerte una vez que el ruido del motor llega a sus oídos e instintivamente una sonrisa se forma en los labios de Justin y ella lo percibe por el espejo retrovisor.

-No me sueltes.
-No…

Y arranca tomando velocidades prohibidas, como la de sus propios corazones.

..............................................................................................

|Narra _____|

El bolígrafo choca contra el papel de mi diario provocando un sonido muy familiar. Enrollo mi pelo en una coleta y cierro los ojos tras lanzar un largo suspiro. No sé por dónde empezar, tengo tantas cosas que contarte pequeño… Pocas veces me he encontrado tan feliz como lo estoy ahora. Realmente creo que nunca me he sentido así. Tú sabes que siempre sé encontrar la palabra exacta a la hora de definir cómo me siento, pero ahora mismo creo que se ha escondido en un cajón de mi habitación y se ha encerrado con llave. Tú sabes que me encanta escribirte, pequeño diario, y que en ti tengo escrita mi historia llena de dolor a conjunto de mis lágrimas. Pero ha llegado el día de destruir todo lo que me hacía infeliz, de arrancar de mí esa parte oscura que no me dejaba ver el Sol. Yo no era tan valiente como creía, fui fuerte, sí, resistí, pero ahora he aprendido a arriesgar.

Bajo un poco la música, puede que me esté desconcentrando. Y escribo. Me dejo el alma y abro mi corazón de par en par plasmando en una nueva hoja todo sobre mí. Entonces ya no es una hoja, son dos. Y luego tres. Y aumenta el número, ya no son tres, son cuatro, cinco, seis o quizás siete. Clic. Cierro el bolígrafo y escondo mi diario en el sitio de siempre. Me dirijo a la ducha y me adentro en ella para refrescarme y despejar mi mente que raramente no se encuentra colapsada entre tanto tráfico y una señal de stop. No, el stop ya no existe. Hoy hay algo que me dice que adelante, que no ponga el freno de mano, que arranque a la velocidad que marca mi corazón. Nadie va a impedir que me detenga en el semáforo en rojo, ni tan solo en el amarillo. Yo me quedo con el verde, además, es uno de mis colores favoritos.

Salgo de la ducha y entre toallas me seco rápidamente. Me pongo mi ropa interior y luego me visto con el uniforme. Me miro al espejo una vez vestida y decido soltar mi pelo. Dejo caer mi larga melena por mis hombros y el resto por la espalda. Me echo un poco de colonia, cojo mi bandolera y bajo a un paso rápido por las escaleras.

-Buenos días, cariño.
-Buenos días, papá.

Planto un beso tierno en su mejilla y me dirijo a la cocina donde observo que me tiene el desayuno preparado. Me giro y coloco ambas manos en mi cadera.
-No hacía falta que te preocuparas en hacérmelo.
-Lo echaba de menos. –dice papá encogiéndose de hombros. –Antes nunca te marchabas sin…
-Lo sé… Pero he crecido, ya no soy una niña y sé hacérmelo yo solita. –digo sonriente mojando una galleta en el vaso de la leche. Después la llevo a mi boca, está crujiente.

Pattie entra a la cocina y coloca un beso en la parte superior de mi cabeza. Supongo que esa será su forma de darme los ''buenos días''. ¿Y su hijo? ¿Qué manera utilizará él? Me acabo el desayuno y recojo todo. Miro a mi reloj. Vaya, se me hace tarde. Me despido y salgo disparada hacia la parada del autobús. Me pongo los auriculares y llego con la música a todo volumen. Hoy me siento vital, raro en mí. Muevo mi pierna levemente mientras espero a que llegue el autobús. Saco el móvil de mi bolsillo y sonriendo entre dientes escribo un mensaje.

Para: Estúpido.
Seguro que te has quedado dormido o… seguro que ya estás en la universidad. Bueno no, me quedo con lo primero. ¡Despierta dormilón!

El autobús llega y hoy va más lleno de gente que nunca. Subo y saludo al conductor que amable me regala una sonrisa. Camino con cuidado entre la gente y no encuentro un maldito sitio para mí. Joder. Refunfuño en voz baja y me dirijo a la parte del final donde parece ser que hay un poco más de espacio. Recibo unos cuantos empujones y no puedo evitar lanzar puñaladas con tan solo una mirada mía. Esto de madrugar tampoco es que me siente muy bien y si encima hay gente que hace que eso empeore…

No hay ni un diminuto hueco, nada. De hecho es un milagro que quepa el aire para llegar a nuestros pulmones. Subo más la música de mis auriculares y me pierdo en ella unos largos minutos. Interminables, diría yo. Alguien me golpea el hombro. Giro mi cara y un chico me está observando de una manera extraña. No sabría calificar la expresión de su cara. Pero es guapo, bastante guapo. Aunque nada comparado con Justin. Es moreno y tiene los ojos azules. Un azul como el mar. Me sonríe y me quito un auricular.

-Perdona, ¿me has llamado? –le pregunto moviéndome un poco sobre mis pies.
-¿Yo? No. –sonríe otra vez. Qué alegría de buena mañana.
-Pensaba que… en fin. –muevo mi cabeza negándome a mí misma.

Me giro de nuevo dándole la espalda a aquel desconocido y vuelvo a ponerme el auricular. Música. Así sí. Nunca viene mal antes de ir a clase.

De nuevo un toque en mi hombro. Cojo aire y me giro. Se vuelve a repetir la misma situación que antes. Me mira. Le miro. Me sonríe. Frunzo el ceño. Si no es él, ¿quién me molesta de aquella manera? A no ser que la mujer que está sentada tenga un brazo elástico como la mujer de la película de Los Increíbles de Disney… no, no puede ser. No hay más gente detrás de mí. Sólo él. Vaya, tiene los dientes blancos. Muy blancos. ¿Por qué no deja de sonreír? ¿Por qué no deja de mirarme? Y lo peor… ¿por qué me mira de esa manera? ¡Me incomoda! Pero creo que me he quedado embobada mirando su sonrisa. Joder. ¿Por qué me pasan estas cosas a mí?

Vuelvo a girarme y rezo para que el conductor acelere y lleguemos a la maldita universidad de una vez por todas. Y sucede. Otra jodida vez alguien me da unos toques a mi hombro. _____, ¿te has tomado las pastillas? ¿Qué pastillas? Yo no necesito de eso. Quizás esté loca. Quizás esté alucinando. No me giro. No me voy a girar. Alguien se está riendo de mí, seguro. Alguien se está cachondeando y me está poniendo de los nervios. Muevo mi pie derecho nerviosa y de nuevo otros toques. ¿Enserio? Doy un giro rápido encontrándome con el mismo chico que no me quita la mirada de encima.

-¿Eres tú? –pregunto precisamente no con una de mis mejores caras.
-No. –carcajea mostrando su dentadura. –Yo no he hecho nada.
-Alguien me está molestando y sé que eres tú. –digo apoyando mi peso hacia un lado. –Nadie más puede ser, solo tú.
-Está bien… -murmura mirando hacia abajo y luego se detiene en mis ojos. –He sido yo.
-Lo sabía. Me estabas tomando por loca y… no. –elevo una ceja.
-Perdóname. No pretendía molestarte.
-Pues lo has hecho. –sueno brusca. -¿Qué querías de mí?
-Soy un tipo vergonzoso y… bueno… -agacha la cabeza. –te he visto varias veces por aquí y no veía la ocasión de hablar contigo.

¿Qué? ¿Desde cuándo alguien se fija en mí? Sigo siendo el mismo bicho raro. No he cambiado, sigo siendo yo, _____ Blair.

-Me estás tomando el pelo, ¿verdad? –pregunto seria.
-No sería capaz de hacer eso a una chica tan bonita como tú.

¿Está de broma? Sí. Esto no puede ser. Esto es una broma. Una maldita broma. Río. No puedo contenerme la risa aunque no me haga ni pizca de gracia la situación. Hago amago de darle la espalda y me coge por el brazo deteniéndome. Me sorprendo.

-Hablo enserio. –susurra mirándome fijamente. Me quedo en silencio. No sé qué decir. Estoy alucinando todavía. –Me llamo Carlo. Un placer. –me tiende la mano y dudo unos segundos pero luego respondo a su saludo.
-_____, encantada.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


domingo, 22 de septiembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 31.


|Narra Justin|

La observo apoyado en la pared con los brazos cruzados. Está depositando varios libros en su taquilla, parece estar muy concentrada en ello. Dirijo mi mirada hacia la derecha y luego hacia la izquierda. Ya se han ido todos. Joder, cómo ansiaba este momento. Estar con ella a solas.

El pasillo está vacío. Por fin. Es hora de actuar. Ella no me ha visto todavía, no sabe que estoy aquí. Me acerco a un paso lento y me detengo justo detrás de ella a unos pocos centímetros. Sí, bicho, estoy tras tu espalda. Aspiro el dulce olor a vainilla que desprende su pelo y mis sentidos se alteran. Lamo mis labios y coloco mis manos frente a sus ojos impidiéndoles la visión.

-¿Me echabas de menos? –susurro con voz ronca cerca de su oído. Ella mueve la cabeza levemente afirmando un sí. –Yo también bicho, odio esto de tener que escondernos. -digo dejando chocar mi aliento contra su cuello débilmente. Mi corazón se acelera de manera inhumana cuando me aparta las manos, se gira y enrosca sus brazos alrededor de mi cuello. Y sin más comienza a comerme la boca sin permiso, infringiendo la ley. Despacio. Lento. Su lengua se mueve lenta saboreando la mía. No me lo esperaba. Un beso profundo, de estos sin prisa, pero que a la vez no quieres pausar. Cierro los ojos y la siento. Mis manos se acoplan perfectamente a las curvas de su cintura.
-Pero siempre nos queda la lluvia. –susurra despegándose de mis labios.
-Y la lluvia nunca se acaba. –digo deslizando la yema de mi pulgar por sus pómulos.
-No te vuelvas tan cursi, mi amor.
-Reconoce que te gusto así.
-No. –ríe.
-Sí, nena.
-¿Ves? –eleva una ceja riendo.
-¿Qué veo?
-Pasas de chico romántico a chico engreído en menos de dos segundos.
-Joder, qué máquina.
-Qué idiota.
-No sabes cuánto me gusta que me insultes. –digo atrapando mi labio inferior con mis dientes a la vez que la acerco más a mí. Ella ríe esquivando mi mirada. –Ya te estás poniendo nerviosa. No es para tanto, nena.
-No me pongo nerviosa… -niega con su cabeza. Pero yo sé que somos un conjunto y nuestros corazones van al unísono.
-No lo niegues, que eso me gusta. –deslizo mi mano derecha a lo largo de su cintura y se estremece. –¿Ves? –sonrío. –Te pones nerviosa y lo sé porque miras a otro lado y tus mejillas se inflan vistiéndose de rojo.
-Qué observador. –dice y carcajeo. –No te rías imbécil. –vuelvo a reír. -¡Que no te rías! –exclama golpeándome en el pecho sin ningún resultado. No la suelto y no puede escapar de mí.
-¿Te he dicho ya que me encanta cuando te cabreas? –murmuro bajito acercándome a sus labios y metiendo mi mano por bajo del polo color beige de su uniforme sintiendo su piel. Dios. Esto es electricidad pura. Mantengo mi mano caliente ahí, en su cintura, dibujando pequeños círculos invisibles con la yema de mis dedos.
-Sí, me lo has dicho un par de veces. –susurra clavando su mirada en mis labios y después me mira a los ojos gritándome en silencio que la bese ya.
-Pues no aprendes… Verás… Estás irresistible con este uniforme. –me mojo los labios y miro su definida silueta de arriba abajo descaradamente. Ella se sonroja de nuevo y vuelve a apartar la mirada de mí.
-No me digas esas cosas.
-¿Por qué? –la desafío y me acerco más a sus deliciosos labios. Mi mano ahora subiendo un poco más hacia su espalda. Me mira por fin. No responde. –Me encantas de una manera que no es normal. –susurro con calma. Más cerca. Unos pocos milímetros nos separan.
-Yo creo que exageras. –dice con su peculiar sonrisa sostenida en sus labios que en breves voy a devorar como si no hubiera mañana.
-Yo creo que te voy a comer. Ahora.

Doy un paso más y me mira juguetona seduciéndome sin apenas tocarme. Joder, eso nunca lo había conseguido nadie. Sólo ella. Chocamos nuestros labios brutalmente con deseo. Un deseo insostenible difícil de controlar. Nuestras lenguas se vuelven amigas íntimas. Compartimos saliva y me pierdo en su boca importándome una mierda todo lo demás. Quiero perderme contigo. Escaparnos, hacer travesuras, guerras de almohadas y aprenderme de memoria cada milímetro de tu piel. Ahora mis manos recorren tu espalda. Estás suave. Eres dulce y todavía ni te he probado bien. Pero lo puedo notar. Eres la chica perfecta escondida en una adolescente que pasa desapercibida del mundo. Y aún me queda mucho que conocer de ti. Y a ti de mí. Pero lo haremos, eso ya lo sabemos. No hay prisa. Hay tiempo y lo más importante, hay ganas. Ganas de comernos el mundo y la boca. Juntos. Poco a poco vas marcando más territorio en mi cabeza y joder, te estás volviendo mi rutina y mi perdición. Mis manos andan locas por tu espalda. Caricias. Y más besos. Algunos un tanto salvajes, con mordiscos incluidos.

Camina hacia atrás y la sigo sin despegar nuestras bocas. Mi corazón va a mil por segundo. Mi respiración…. Bah, ni siquiera tengo tiempo para eso. La beso más. Choca su espalda contra su propia taquilla sin querer y una risa escapa de su boca.

-Joder nena, anda con cuidado.

Vuelve a reír y me contagio. Mis pulsaciones en plena carrera. Apoyo mis manos a ambos lados de su cabeza. Me muerdo el labio. Esto significa algo. Eres mía y ahora mismo te voy a disfrutar un poco si tú me dejas.

-Permíteme señorita.

Aparto su pelo hacia un lado y me dirijo como un vampiro a su cuello.

-Lo siento nena, pero es muy tentador.

Encima tiene dos pequeños lunares que contorneo con mi pulgar. Y actúo. Beso lentamente la zona de su garganta y bajo despacio marcando territorio con mi lengua. Ella eleva su barbilla mientras escucho su entrecortada respiración. Empieza el tour. Beso despacio su piel y después la engancho entre mis dientes intentando no causarle dolor. Beso. Absorbo. Muerdo. Deslizo mis labios un poco más hacia abajo. Aspiro su olor y un escalofrío recorre mi columna vertebral. Un pequeño mordisco. Subo con las pilas cargadas ahora hacia arriba por la zona de su mandíbula y planto un par de besos ahí. Quizás más de un par. Ella cierra los ojos y sé que se muere de deseo. Sus manos se sitúan en la zona de mi pecho y estira ella esta vez de mi polo del uniforme. Mientras yo sigo con mi recorrido de besos. Llego a sus labios. Abre los ojos y una leve sonrisita se formula en mis labios inconscientemente.

-Te quiero. –susurro antes de recaer en su boca.

Nuestras lenguas pelean de nuevo. Mi cuerpo se pega más al de ella. Joder, qué bien estaría montárselo en pleno pasillo del instituto. Y sin nadie. Beso a beso llego a estirar el lóbulo de su oreja. Otro beso ahí. De repente todas las luces que alumbraban nuestros cuerpos ardiendo se apagan. Ella eleva una ceja y me mira con cara de asombro.

-¿Qué pasa? –me pregunta con la boca medio abierta.
-No tengo ni idea, normalmente el conserje no desconecta todo hasta la noche y aún son las cinco de la tarde.
-Habrá sido un pequeño fallo.
-Seguramente, pero seguimos estando solos en el edificio. –presiono mis labios contra los suyos y me aparta enseguida. -¿Qué haces?

Me hace un gesto extraño y llevo mi mirada a la derecha. Vale, nos acabamos de meter en un buen lío. Me separo de mi chica enseguida y acoplo mis manos en los bolsillos. Ella tímida agacha la cabeza y se coloca mejor la falda tirándola hacia abajo.

-Deberían de estar ensayando, no comiéndose las bocas mutuamente. –dice en un tono de voz alto la directora.
-No es lo que parece… -digo negando con mi cabeza como si no fuera posible que nos acabaran de pillar.
-Buen intento señorito Bieber, pero mi vista funciona correctamente, para su información.
-Lo… lo sentimos. –interviene _____ con un frágil tono de voz.
-Míralo por el lado positivo, sin un poco de feeling no se puede representar bien un musical. –digo encogiéndome de hombros.
-Muy gracioso, pero… no está mal esa forma de pensar.

¿Qué? ¿No me ha gritado? ¿No se ha puesto furiosa? ¿Me ha dado la razón la cascarrabias de la directora? ¿Me ha dicho que no está mal mi forma de pensar la señora que me odia a más no poder? Para mi asombro se lo ha tomado  bien.

-¿No nos vas a castigar? –pregunto extrañado frunciendo mi ceño como si eso no fuera posible.
-No. Me parece una buena idea que se tomen esto tan… enserio –pronuncia con efusión. –Pensaba que no se meterían tanto en el papel.

Carcajeo. No lo puedo evitar. _____ me echa una mirada que podría llegar a matarme y enseguida me pongo serio.

-Espero que me sorprendan cuando llegue el gran día.
-Lo haremos. –dice mi chica con autoridad. Me gusta. –Confíe en nosotros.
-Bueno, solo espero no verla con un bombo el día del musical. Contrólense, señoritos. Contrólese, Bieber. –me mira ahora a mí. Contengo mi risa.
-Me controlaré. –contesto burlón.
-Le estoy hablando seriamente. –me apunta con su dedo. –Ahora déjense de mimos y continuar con el castigo.

Afirmamos con la cabeza a la vez y observamos con los pies anclados en el suelo y sin realizar ningún movimiento como la directora se aleja.

-Sin comentarios. –dice _____ abriendo sus ojos y poniendo una cara graciosa. Yo no puedo evitar estallar en risas.
-Yo ya estoy acostumbrado a estas cosas. –me acerco a ella y en cambio ella da un paso hacia atrás y cruza sus brazos enfadada.
-¿Te han pillado ya con otras chicas? –pregunta elevando una ceja sin gracia.
-Claro. –carcajea. -Pero eso pasaba antes de que aparecieras tú.
-Pues no necesitaba saber esa información. –dice refunfuñona.
-Ay Blair… -doy un paso más y toco su pelo delicadamente. –Sabes que ninguna se compara a ti. –susurro elevando su barbilla con mi dedo índice.
-Ahora no trates de seducirme así. –dice apartando su barbilla de mi agarre. Río una vez más.
-Estás muy tonta. Ya te he dicho mil veces que… -me corta.
-Que vale. Déjalo.

Me dedica una última mirada y camina en dirección contraria a mí alejándose. Me quedo embobado apoyando mi brazo en su taquilla observando su peculiar andar.

-Oye bicho. –elevo mi tono de voz para que me escuche. ya está a unos cuantos metros de distancia de mí.
-¿Qué? –se gira a disgusto.
-¿De dónde has sacado ese carácter? –carcajeo.
-De donde no te importa, imbécil.

Y esta situación me recuerda a antes. Ella la chica enfadona y yo el que la cabrea. Me gusta hacerlo, llevarla al límite, desafiarla.  Quizás lo haga por una razón, por la mejor parte, la reconciliación.

La sigo a un paso lento sin prisa. Vaya, ya ha entrado al salón de actos ya que escucho la puerta al cerrarse fuertemente.

Una vez dentro camino por ahí con las manos en mis bolsillos mientras ella como una niña sin preocupaciones corre por la pasarela hasta subir al escenario. Se gira percatándose de que estoy ahí y noto cómo me observa. Se sienta en el suelo de parqué al borde del escenario y deja caer sus delgadas piernas moviéndolas levemente en el aire. Suspiro. Cojo un montón de papeles situados encima del piano y me percato de que son las escenas que tenemos que representar. Mi nombre aparece en casi todas las páginas. Joder. Miro al frente y no me imagino todo aquello repleto de gente esperando ver nuestras actuaciones. Será tan raro… aunque bueno, yo puedo con esto. Me he planteado varias veces renunciar al maldito castigo y dejar esta mierda. No me pueden obligar a hacer algo en contra de mi voluntad. Pero es que luego pienso en ella y sé que le defraudaría. La veo ilusionada con esto, más bien creo que para ella no es un castigo, sino un regalo. Y puede que para mí también lo sea. No voy a renunciar a más cosas en mi vida, voy a seguir hacia adelante, luchando para ser el hombre que mamá quiere que sea. Será difícil, por supuesto, pero todo lo que merece la pena lo es. Centro mi vista en ella. Sin duda, lo es.

Me detengo en una página y empiezo a leerla. Después de un rato concentrado en ello me siento a su lado y parece incomodarle mi presencia. Canturrea una canción por lo bajo y me hace gracia. La melodía me suena familiar y la sigo con un par de silbidos. Me mira elevando una ceja confusa y yo carcajeo. No hablamos, parecemos dos imbéciles pero de verdad. Coloco todos aquellos papeles sobre su regazo y los coge en sus manos. Los comienza a ojear con cierto interés y me causa gracia la expresión de su cara. Eleva la vista y me mira. Puedo notar que sigue un tanto molesta.

-¿Qué te parece? –pregunto sin dejar de mirar a sus ojos.

Pero no contesta. Me siento estúpido hablando solo.

-Yo ya tengo una escena favorita. –continúo.
-Ah. –murmura a desgana ignorándome.
-¿No me vas a preguntar cuál es?
-No.
-Vamos nena, lo estás deseando.
-No me importa cuál es tu estúpida escena favorita.
-¿Segura?
-Segurísima.
-¿Tienes cosquillas?

Me anticipo a su respuesta y comienzo a hacer cosquillas en su barriga. Ella abre su boca tratando de decir algo pero lo único que sale de ella son carcajadas. Se muere de risa y de mis labios se deslizan varias también. Cae hacia atrás dejando su espalda chocar contra el suelo y me acomodo yo también sin dejar de hacer mi faena. Ríe más. No puede parar de reír. Se mueve como si fuera un gusano de pesca de lado a lado y yo no ceso.

-¡Para! ¡Para Justin me vas a matar!

Y reímos los dos. Continúa con sus peculiares movimientos a los que une el de sus piernas que inconscientemente me golpean. Patalea como si fuera una niña pequeña. Intenta apartar mis manos de ella pero parece ser que no recuerda que yo soy más fuerte.

-Te dije que si estabas segura de lo que decías.
-Vale, vale, está bien. ¡Me arrepiento!

Pero eso no es suficiente. Continúo jugando. Me la comería a besos ahora mismo. Está irresistible sonriendo como nunca, mostrando sus dientes blancos y formando esas arruguitas bajo de sus ojos que aparecen sin más.

-¡Justin! ¡Por favor! –exclama entre risas.
-Formula la pregunta mágica.
-¿Qué? ¡No me acuerdo ya! –ríe estremeciéndose bajo mi tacto.
-Pues recuerda nena, no es tan difícil.
-¡Vale! ¡Pero para! –carcajea atrapando mis manos. Paro. –Tu escena favorita.
-¿Qué? –elevo una ceja. –Pregúntalo bien. –digo con una expresión un tanto cómica.
-¿Cuál es tu escena favorita? –me pregunta con la respiración todavía agitada. Su pecho sube y baja y joder… muerdo el interior de mi mejilla.
-¿Mi escena favorita?
-Ajá.
-La número veinticuatro.
-¿Qué pasa en esa escena?
-Algo que te va a gustar.
-Dímelo. –susurra risueña.
-Tienes que adivinarlo, sino no vale. –mi ego me hace guiñar un ojo y ella frunce el ceño cual niña caprichosa.
-Se me dan muy mal las adivinanzas. –dice colocándose en la postura de antes olvidando las cosquillas. Me acerco y a medida que lo hago mis pulsaciones van como locas.
-Te voy a dar una pista, pero sólo si me dejas practicar la escena después.
-Eres malo.
-Y tú preciosa.
-Deja de decirme esas cosas.
-No lo puedo evitar. –con mis brazos la atraigo a mí. Nos tumbamos en el suelo de parqué del escenario. Todas las luces impactan como nosotros. Parece que estemos en una película rodada en Las Vegas.
-Dime la pista… -dice jugueteando con mi corbata. Acaricio su pelo.
-Empieza por 'te' y acaba por 'beso'. –sonrío.
-Mmm… qué difícil. –rodea sus ojos mientras viaja con sus dedos por mi pecho.
-Eres muy mala en este juego. –carcajeo.
-Estaba bromeando, estúpido. –gruñe por lo bajo.
-¿Pero me vas a besar o no?


Me mira traviesa hacia arriba y arrugo mis labios. Me sonríe y no entiendo lo que trama con esa sonrisa expulsada de sus labios. De repente el mundo se vuelve nuestro y siento sus labios sobre los míos apoderándose de la situación. Sigo su ritmo, al principio lento y luego algo más rápido. Qué bien se mueve. Deslizo mi mano por sus desnudos muslos y la tentación de viajar hacia arriba se vuelve mayor en mi mente. Ella con su discreta falda del uniforme y yo con las ganas de romperla a bocados. Me encantaría dejarla en braguitas rogándome con esos labios que se las quitara con mis dientes. Con un giro rápido me planto encima de ella. No te lo esperabas eh bicho. Y mientras juega más con mi pelo yo voy acoplando pequeños besos sobre su cuello terminando la faena que nos interrumpieron. Ahora sí estamos solos. Tú y yo. Con mil cosas por hacer, pero regalándonos un momento más en nuestras vidas. Entonces murmuro contra tu boca que te quiero y que por mucho que nos tengamos que esconder, te voy a seguir queriendo.

------------------
Si queréis el siguiente ya sabéis donde os leo. #ImprobableDirección, mi twitter, o podéis comentarme aquí también.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.