Tu rastro.

sábado, 29 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 32.


-Cierra los ojos. –Me susurra a unos pocos centímetros de mi boca. Lo cual me provoca millones de escalofríos.

Noto como me los venda. Siento unos nervios en mi interior que no son normales. Escucho el ruido del motor. Me agarro fuertemente a él y logro escuchar su risa.

-Vamos, –Me acerco hacia su oído por instinto. -quiero escaparme ya.

Y arranca. Apoyo mi cabeza sobre su espalda. Me siento mejor que nunca. Estoy en una nube, pero una nube rígida, donde no hay peligro. No hay nada mejor que esto. Siento el aire acariciar mi cara. Mi larga melena se mueve agitadamente. Y mi estómago, no os podéis imaginar por lo que está pasando. Se ha convertido en un zoológico, donde ya no solo hay mariposas revoloteando por ahí.

Noto un rayo de luz, y es extraño. Tengo los ojos cerrados y vendados, ¿cómo es posible? Yo creo que es porque a su lado noto electricidad. Cuando estamos juntos, saltan las chispas que no son ni normales. Tenemos nuestras diferencias, entonces es cierto eso de que los polos opuestos se atraen. Maldita y cierta teoría. Pero por mucho que digan o puedan llegar a decir, nosotros vamos a romper las reglas. Y ahora mismo, pienso hacer locuras. Pienso revelarme. Voy a ser yo misma, a improvisar. Voy a vivir el momento. Únicamente nuestro momento.

Frena despacio, con cuidado. ¿Qué le pasa? Es muy raro en él, amante de la velocidad y el límite. Noto sus manos en mi cintura y me ayuda a bajar. Percibo su aroma. Suspiro. Más nervios.

-Vamos, princesa. –Me coge de la mano. Yo aún llevo la venda sobre mis ojos.

-¿Dónde estamos? –Pregunto, con curiosidad.

-Ah, -Ríe. –es un secreto.

Caminamos. Bueno, mejor dicho, me ayuda a caminar. Sigo sin ver nada. Huelo a tierra mojada. Escucho el movimiento de las hojas de los árboles. Me hago mil y una preguntas de dónde estaremos. Pero no me importa. Lo realmente importante es que estoy junto a él. Paramos. Acaricia mi mejilla y me besa despacio. Se aparta de mis labios. Intento buscarlo, pero no lo encuentro.

-Bebé, que estoy aquí detrás. –Ríe.

Noto sus manos en mi cintura. Comienza a besar poco a poco mi cuello. Me gusta este juego. Siento como me devora, pero no puedo verlo. Aunque eso es lo que hace esta situación especial, inesperada.

-¿Quieres saber dónde estamos? –Susurra sobre mi oído.

Acepto con la cabeza y sonrío. Siento sus delicadas manos quitar la venda que cubre mis ojos. Y ahí estamos, algo me decía que este lugar sería especial. Lo pensé desde la primera vez que lo vi. No miento. Sabía que ahí pasaría algo. Sé que ahí va a pasar algo. Estamos en ese lago. Me giro. Le miro a los ojos.

-Gracias por traerme aquí. –Le digo bajito.

Me mira también. Esa mirada que inquieta y enamora. Da un paso, dos. Nos quedamos frente a frente.

-Quiero hacer una locura. –Digo y se me escapa una pequeña risa.

-Somos jóvenes, hagámosla.

Está todo muy oscuro. Sólo nos iluminan la cantidad de estrellas que alumbran en el cielo, junto con la luna. Eso hace aún más bonito el lago. Me desabrocho el pantalón y me lo quito, quedándome en ropa interior en la parte inferior. También me descalzo y voy corriendo hacia el agua. Mojo mis pies. Está un poco fría. Me adentro un poco más y lo saludo con la mano desde aquí. Ríe. Se quita la camiseta y el pantalón y entra rápido. No para. Sin pausa. Como cuando un lince busca a su presa. Pero esta vez me buscaba a mí, y lo que quería era comerme a besos. Me alcanza y me derrito cuando humedece sus labios.

-¿Sabes qué? –Me pregunta.

-¿Qué?

-Quiero repetir mi segundo beso bajo el agua.

Entonces coloco mis manos en su nuca y me acerco a él. Mi corazón se va a salir del sitio porque sé que dentro de poco me va a besar. Y así es. Nos sumergimos y repetimos aquel mágico beso bajo el agua. Es una sensación diferente. Pensaba que algún día me cansaría de sus besos, pero me equivocaba. La cosa es que cada vez los necesito más.

-Me encantas. –Me dice colocándome el pelo tras la oreja. Me estoy derritiendo. Es muy dulce. Me pierdo en su mirada.

-A mi me encantas más. –Es lo único que me sale decirle.

-Shhhh. –Coloca su dedo índice sobre mi boca. –No sabes lo que siento, y te aseguro que yo más.

Me deja sin palabras esta vez. Es que no sé qué decirle. Decido robarle un beso. Y se gira, y otro. Cuando menos lo espera. Sé que le gusta, que le encanta. Me sumerjo y me aparto el pelo de la cara, me lo echo hacia atrás. Me acerco a él y sé que se muere por otro beso. Me coloco sobre su espalda y me sube hacia sus hombros. Río. Vamos hacia afuera. Camina despacio mientras estoy sobre él. Quizás tiene miedo de que pueda llegar a caerme o algo, pero yo me siento protegida. Me baja con cuidado y tiende una manta sobre la tierra. Se tumba ahí y me coloco encima de él.

-Estás demasiado sexy. –Dirige su mirada hacia mi pecho, donde la camiseta transparenta mi sujetador debido a que aún voy mojada. Me sonrojo. Ahora me mira a los labios, y otra vez a los pechos.

-Justin… -Me acerco más hacia su boca.

-¿Qué pasa, bebé? –Se muerde el labio y eso me pone aún más.

-Quiero hacerlo contigo, quiero que seas tú el primero. –No sé cómo he sido capaz de decir tal cosa sin tartamudear.

-Mel, cuando quieras. No hay prisa. 

-Ahora mismo.

-¿Estás segura?

-Sí. Ya.

Deslizo mi mano por su abdomen y bajo un poco más. Me acerco. Esto es peligroso, pero como dije, voy a hacer locuras. Aunque esto es diferente, porque cuando cometes una locura luego vienen las consecuencias, y yo sé que de esto no me voy a arrepentir.

Ahora su mano toma dirección hacia mi blusa. Desabrocha poco a poco, cuidadosamente cada uno de los botones que se encuentra en el camino. Me la acabo de quitar yo y la lanzo por ahí. Es de noche, apenas no se ve nada. Nadie nos puede ver. Nada va a estropear esto. Ahora el que se acerca peligrosamente es él. Sitúa su boca tan sólo a unos milímetros de la mía, se rozan. Me mira. Estoy temblando. Por una parte me asusta esto. Pero estoy con él. Todo va a salir bien.

-¿Segura? –Me pregunta. Estamos tan cerca que nuestras bocas se chocan.

-Segura. –Admito.

Entonces sus manos recorren mi espalda y se encuentran con mi sujetador. Lo desabrocha despacio. Me provoca escalofríos. Estoy muy nerviosa, pero tengo ganas. Ganas de hacerme suya. Aparto los tirantes de mis hombros. Justin se muerde el labio y va hacia mis pechos. Los acaricia, los besa. Se está desatando la pasión. Yo no dejo de revolver su pelo mojado, que me está volviendo loca. Me toca a mí. Recorro a besos desde su cuello hasta más abajo, donde me paro. Coloco mi dedo índice por la línea superior de sus bóxers. Es mi hora. Mis manos están temblando. Él lo nota. ''Tranquila'' me susurra bajito. Entonces los estiro hacia abajo y él se desprende de ellos más fácilmente. Nunca me había encontrado en una situación así. Me desprendo yo también de mis braguitas. Y ahora me coloco yo debajo de él. Me mira con ternura.

-Eres preciosa. –Dice sobre mis labios. -¿Estás lista?

-Sí. –Trago saliva.

Entonces me da un largo beso y al instante, comienzo a notarlo dentro de mí. Sí. Poco a poco. Va despacio. Es una sensación extraña. Me duele un poco. Deslizo mis manos sobre su espalda. Más. Cada vez me gusta más. Va tomando el control y ahora va un poco más rápido. Me lo esperaba peor. Siento millones de escalofríos. Me sonríe. Le sonrío. Continúa. Juraría que estoy volando. Pero no necesito alas, todo lo que necesito es él.

sábado, 22 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 31.


Para cualquier chica del mundo sería una incómoda situación estar compartiendo habitación con la madre de tu novio, pero este no era mi caso. Me sentía genial con ella, me trataba como una más de la familia. Justo teníamos al lado la de Justin. Íbamos a salir un rato y luego a cenar en algún restaurante. Pattie se maquilla y yo me asomo a un pequeño balcón que da al exterior, justo dónde se está acumulando más muchedumbre.





-Mel, ¿me veo bien así? –Me pregunta Pattie, acabando de pestañear debido al rimmel.

-Te ves preciosa.

-Gracias. Tú también.

Llaman a la puerta. Voy decidida a abrir. Él. Se dibuja una sonrisa en mi rostro y sin más me planta un beso en los labios.

-¿Ya estáis listas, mis chicas lindas? –Pregunta. Se le ve feliz y eso me encanta.

-Sí. –Se oye a Pattie a lo lejos.

Río y salimos al pasillo. Me coge la mano. Comienza a acariciarla. Me mira de esa forma tan suya. Me enamora cada vez más, aunque creo que es imposible. Noto algo en su mirada, pero no sé exactamente el qué.

-Bebé, hay cosas que han cambiado…

-¿A qué te refieres? –Le pregunto. Me estoy asustando.

-No sé si te gustará mi vida de ahora. Son todo flashes, cámaras. No existe tranquilidad.

-Con estar contigo me sobra, y soy feliz así.

Ahora soy yo la que decide besarle. Y se adueña de mis labios como de costumbre. Cómo me gusta eso. Cómo me gusta él. Cómo me gusta cada pequeño defecto suyo. Cómo me gustan sus carnosos labios.

-Ya estoy. ¿Nos vamos?

Pattie nos pilla sumergidos en uno de tantos besos. Justin ríe sobre mi boca.

-Sí, vamos. –Dice. Volviendo a reír.

Bajamos por el ascensor. Se logran escuchar los gritos del exterior. Scooter nos espera allí, en la salida. Justin va a un paso lento.

-¿Qué te pasa? –Le pregunto. -¿Tienes miedo a salir?

-No, tengo miedo a que no te guste esto.

-Justin, no te preocupes. Es tu sueño y yo estoy aquí contigo.

-No te sueltes, ¿vale? –Me coge de la mano.

Scooter abre la puerta del hotel. Cientos de gritos. ¿Cómo pueden chillar tan alto? Estoy sorprendida, pero orgullosa. Justin apreta con fuerza mi mano. También echaba de menos aquello. Esa protección que me transmitía. Salimos de allí y saluda con la mano a todas las chicas que lo están esperando. Y como él decía, nos vimos rodeados por miles de flashes. Nunca había experimentado algo así. Agaché mi cabeza y caminamos rápido hasta llegar al coche. Justin me abre la puerta y entro. Me relajo. Lanzo un suspiro. A los pocos segundos entra Justin y se sienta a mi lado. Coloca su mano sobre mi muslo. Millones de escalofríos.

-Increíble, ¿no? –Me dice.

-Sí. Me tendré que acostumbrar. –Le miro a los ojos.

-¿Te haces una idea de lo feliz que estoy ahora mismo? Tengo todo lo que quiero. –Su sonrisa me llena.

-Claro, ¿me tienes a mí, no? –Digo riendo.

-No, tú eres lo de menos. –Intenta parecer serio. Pero lo conozco. Y sé que cuando pone esa cara, es porque lo que dice, significa completamente lo contrario. Intenta hacer creer que lo dice, es verdad. Pero miente.

-Vale, vale… -Hago mi especial ‘carita de pena’.

-No te enfades, los sentimientos no se pueden cambiar. –Ríe.

-Vete a la mierda. –Miro hacia abajo y aparto su mano de mi muslo. Intento hacerme la enfadada. Pero miro a mi derecha y veo su carita de bebé. Mi bebé. Mi dulce bebé. -Te odio, Justin.

-Yo más. No me lo niegues que es verdad.

Vuelvo a agachar mi cabeza.


-En dos segundos vas a reírte. Lo sé. –Pone una cara graciosa. Abre los ojos con fuerza y saca la lengua. 

-No vale, eso es trampa. –Y me río.

-Me encanta verte sonreír. Por eso lo he hecho. –Me dice.

Y también sé que en este momento se está muriendo de ganas por besarme. Qué dulce es. Unos minutos y para el coche. Bajamos. Se acerca a mí y me rodea con su mano la cintura. Parece no haber ningún paparazzi. Me gusta. Lo prefiero. Noto que Justin está incómodo cuando hay alguno, por mí, por si lo paso mal.

Una cena tranquila. Scooter nos contaba los planes que tenía pendientes para que todo saliera bien.

-Vamos a visitar más radios y Justin cantará los nuevos temas que ha compuesto.

Estoy sentada al lado de Justin y noto su mano rozar mi muslo. Le miro y me mira.

-La verdad es que necesitaba algo así. Ahora estoy inspirado, por mis sentimientos. Gracias a ella. –Dice con una voz dulce.

Veo a Pattie sonreír. Se acerca un camarero. Tras estar media hora decidiendo  quién iba a pagar, Scooter decide hacerlo. Pattie reniega porque le parece mal. Justin tan solo ríe. Y yo, yo me río con él. Salimos y esta vez tampoco hay nadie. Es un poco tarde. 

Llegamos al hotel. Nosotros nos quedamos bajo, una chica le ha pedido un autógrafo a Justin. Tras aquello, pude contemplar su cara de alegría. Nos alejamos un poco de las pocas personas que rondaban por allí.

-He traído mi moto. -Me dice. Pero no entiendo lo que quiere insinuar con aquello. -Quiero hacer una locura. Vamos a escaparnos.

-Justin, no podemos. Nos van a seguir.

-No se van a dar cuenta.

-Justin...

-Ven, sígueme. -Me coge de la mano y bajamos unas escaleras. Puedo ver su moto. La señala.

-¿Estás seguro? -Le digo mirándole fijamente a los ojos.

-Sí. Nada nos va a impedir nuestro momento. 

-Me has convencido, Bieber. 

Me acerco peligrosamente hacia él y le robo un beso. A continuación le muerdo el labio inferior. Sus manos rodean mi cintura. Doy un pequeño salto y me subo a la moto. Ahora estoy un poco más alta que él. No dejo de saborear sus besos. No dejo de rozar sus labios. Un momento más. Otro momento mágico.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 30.


Sí. Ha llegado el día. Después de dos meses lo voy a ver.  No me lo creo. Le doy un beso a Ana en la mejilla y otro a Caitlin. Me despido de ellas y salgo del instituto a toda hostia. En cinco minutos llego a casa. Me doy una ducha refrescante y me arreglo. Me coloco un chaleco vaquero junto con unos pantalones cortos del mismo tono vaquero, una camiseta básica blanca, y unos botines color marrón claro. Me miro al espejo. No evito pegar un grito debido a la emoción. Al instante río en bajito y me dispongo a maquillarme. Base, raya negra y labios en un tono rojizo. Eso le vuelve loco, lo sé. Hago unas muecas y vuelvo a reír. Sólo voy a pasar el fin de semana con él, pero es que eso ya es demasiado y suficiente para alegrarme cada día. Cojo la pequeña maleta que llevo, me va a juego con mi ropa y acabo de darme cuenta. Bajo las escaleras sin pausa. Estoy feliz.

-Vamos, dame un abrazo, y disfruta. –Me dice Alisson, y le abrazo con fuerza.

-Disfrutaré.

Ryan también se encuentra ahí y me abalanzo hacia él por su espalda. Me coge y en el intento de darle un beso en la mejilla he rozado sus labios. Siento una sensación extraña. Se me queda mirando.

-Bueno, que me voy. –Rompo el silencio.

Me hace un gesto con la mano despidiéndose de mí. Cuántas despedidas he vivido en tan poco tiempo. Es increíble. Quién me lo iba a decir a mí. Salgo fuera donde me esperan mi padre y Pattie en el coche.

-----------------------------------------------------------------------------------------

-Ya hemos llegado. –Lanzo un suspiro y sonrío a Pattie.

-Sí. Al fin. –Me dice ella.

Bajamos del avión, recogemos las maletas y todo ese rollo sin importancia. Cogemos un bus que nos lleva directamente hacia el hotel donde se aloja Justin. Nos para justo en frente. Pattie y yo nos miramos extrañadas. No nos podemos creer lo que estamos viendo. Al menos unas 50 jovencitas con pancartas en las que se puede leer ‘WE LOVE JUSTIN’, otras gritan sin más, y algunas pocas están llorando. Nos acercamos un poco, pero un señor a lo lejos nos llama. No tengo ni idea de quién es, ni Pattie parece que tampoco. Nos acercamos más hacia el hotel pero aquel señor chilla ‘¡Pattie! ¡Melanie!’. ¿Quién es? Parece que ella sí lo ha reconocido.  Me toma la mano y me lleva hacia donde está aquel señor. En realidad no sé por qué le llamo señor, parece que le esté echando más de 40 años. Pero no es así. Tiene pinta de tener menos. Me llama la atención su gorra color verde oscuro.

-Hola, encantado. Yo soy Scooter Braun. –Le da la mano a Pattie en señal de saludo, y luego a mí. Ya sé quién es.

-Oh, el famoso Scooter. –Exclamo.

-Sí, bueno, para famoso ahora… -Se queda paralizado un momento. -….Justin. Venir, tenéis que entrar por la puerta trasera.

Le seguimos y logramos entrar. Es un hotel normal, me gusta la decoración. Subimos por el ascensor. Me miro en aquel espejo gigante y me arreglo un poco el pelo.

-¿Cómo nos has reconocido? –Le pregunto a Scooter.

-Justin me enseñó fotos.

-Ah. –Digo y elevo mis hombros.

Nos quedamos en silencio unos segundos hasta que se abre la puerta del ascensor. Salimos y nos dirigimos hasta el final del pasillo. No parece haber mucha gente en esa planta, por no decir nadie. Es extraño, pero me gusta.

-¿Entras tu primero? –Me pregunta Pattie. Yo afirmo. Estoy nerviosa.

Scooter me entrega una tarjetita que parece ser de esa habitación. La coloco en la ranura y se abre. Me tiembla todo el cuerpo. Doy un pequeño golpecito a la puerta indicando que estoy ahí.

-¿Scoot? –Sí, acabo de escuchar su voz y me pongo más nerviosa aún.

Doy tres pasos hacia delante, quizás cuatro. Lo veo. Está tumbado en la cama viendo la tele. No se ha percatado de que estoy ahí. Visualizo el mando que está a mi derecha sobre una cómoda. Lo cojo y apago la tele. Lo he hecho en señal de ‘Eh, ¿hola?, que me mires que estoy aquí’. Da resultado. Parece no creer lo que ve, parece no creer que ahora mismo tan solo nos separa un metro de distancia. No dice ni una palabra. Se acerca a mí. Ahora son centímetros. Los ojos le brillan, amo cuando le sucede eso. Nos quedamos sin palabras y damos paso al beso. Echaba de menos ese sabor. Ese movimiento de lengua que sólo él sabía hacer. Esas sensaciones eléctricas. Esas manos rodeando mi cintura. Es un beso largo. Dulce. Apasionado. Tierno. Separamos un segundo nuestras lenguas y no puedo evitar reír sobre su boca.

-Bebé. –Ahora ríe él sobre la mía. -¿Qué haces aquí?

-Me he escapado. –Digo bromeando. –Que va, hemos venido tu madre y yo, a visitarte.

-¿Mi madre también? –Lanza una de las mejores sonrisas. Parece un niño pequeño cuando le dan una chuchería y no puede evitar poner esa cara de felicidad.

-Sí. Está esperándote en el pasillo.

Me coge de la mano y me doy cuenta de cómo había extrañado esa sensación de notar su suave piel. Esa sensación de protección. Esa sensación de ‘Conmigo todo va a ir bien’. Salimos de la habitación y se encuentra con Pattie. Me emociono. Es un momento bastante bonito. Se abrazan con fuerza y escucho como Justin le susurra un ‘Mamá, te quiero’. Ojalá pudiera sentir yo esa sensación de abrazar a la persona que me ha dado la vida. Pero estoy sonriendo. Él me hace olvidarme de todos mis problemas. Él me hace sentirme especial. Lo estoy viendo sonreír, lo estoy viendo feliz y eso es lo que me provoca la sonrisa. Después, Justin le deposita un beso en la mejilla.

-Scoot, ¿tú lo sabías? –Le pregunta sin dejar de sonreír.

-No, no lo sabía. –Miente.

-Sí lo sabías, sí lo sabías. Traicionero. –Justin le da un golpe en la barriga. Él y sus bromas. Él y sus tonterías. Pattie y yo reímos también.

-Está bien… sí lo sabía. –Admite Scooter y volvemos a reír.

-¿A que tenía razón, eh? –Le pregunta Justin.

-Sí, es muy guapa. –Responde.

-Es preciosa. –Justin se acerca a mí y me deposita un tierno beso en la mejilla. Al instante se sonroja. Entonces, me doy cuenta de que se estaban refiriendo a mí. 

CAPÍTULO 29.


-¿No te alegras de que esté en camino de cumplir su sueño? –Me pregunta mi padre acariciándome el hombro.

-Sí. –Me giro y le miro a la cara. –Pero papá, es que lo echo mucho de menos.

-Tranquila.

Seca con la yema de sus dedos mis lágrimas y se va. Esto me ha vuelto más sentimental. No puedo con esta situación. Miles de ideas locas de nuevo recorren mi mente. Subo rápido las escaleras y me dirijo a mi habitación. Cierro la puerta con fuerza. Saco mi móvil y lo llamo. Tres pitidos. Cuatro. No lo coge. Estará ocupado. Maldigo interiormente. Es más que una necesidad hablar con él. Quiero escaparme de aquí. Quiero estar con él. Escucho unos pasos cada vez más cerca. Entonces abre la puerta. Es Ryan.

-Por favor, ayúdame. Necesito ir a Atlanta. –Le digo desconsoladamente.

-Mel, no puedes. Tienes que continuar tus estudios, ir allí sería perderte clases y papá no lo permitiría.

-Todo es una mierda…

-No digas eso.

-Sí, sí lo digo. Porque por alguien que quiere estar conmigo de verdad, ahora va y se tiene que ir. Un mes ha pasado, ¡un mes! Y no aguanto.

-Ven, dame un abrazo.

Me siento estúpida. Lo abrazo con fuerza y me transmite confianza. La confianza de un hermano. Aunque no lo seamos completamente lo siento así.  Nos separamos y le doy un beso en la mejilla.

-Por cierto, ¿tú no te ibas a comer con Ana? –Le pregunto.

-Le ha llamado su madre que venía su familia. Nos ha interrumpido justo cuando… bueno, nos íbamos a besar.

Eso me sonaba a algo. Recuerdo que la tía me llamó justo cuando Justin y yo también estábamos a punto de besarnos. Qué recuerdos. ¿Veis? Todo tiene algo que me recuerda a él. Cada frase, cada palabra.

-Pero tú por lo menos la has tenido cerca. –Le digo, son las únicas palabras que me han venido a la mente.

-No empecemos. Pronto lo verás, Mel.

-Eso espero. –Y resoplo.

Bajamos. Pongo la mesa junto con Ryan. Alisson está preparando la comida en la cocina, me acerco, huele rico.

-Mel, saca más cubiertos. Viene Pattie a comer. –Me dice. Siento un escalofrío en mi cuerpo.

Justo en ese instante llaman a la puerta.

-Debe ser ella. –Digo.

Me dirijo hacia la puerta y abro. Desde que se fue Justin la he visto muy pocos días. Me sonríe y le sonrío al instante. Es muy dulce, como él. Siento al pequeño en la trona y comenzamos a comer. Hablamos de todo, de todo menos de Justin. Supongo que porque saben que ese tema me duele. El caso es que se nota su ausencia. Ahora mismo estaría diciendo alguna tontería y al instante me guiñaría el ojo. Yo pondría mi labio inferior sobre el superior intentando hacer carita de pena, y él me sonreiría para que yo al momento lo hiciera también. Vale, ya. Paro.

-Oye, Mel. –Me dice Pattie. –Mi hijo te echa más de menos a ti que a mí, ¿cómo lo consigues?

Ya ha salido el tema. Yo que pensaba que no se pronunciaría el nombre de Justin...

-¿De verdad? –Una sonrisa abunda en mi cara. Ella ríe.

-Sí.

-Lo echo mucho de menos.

-Y yo, Mel.

-¿No sabes cuándo volverá?

-Aún anda liado. Ten esto.

Me da algo por bajo de la mesa. Parece que no se puede enterar nadie. Lo cojo y me dirijo hacia el salón, que no hay nadie. Me siento en el sofá y lanzo un suspiro. Es una especie de paquete. Espero que no sea nada malo. Decido pensar un poco antes de abrirlo, pero estoy impaciente. No aguanto más. Entonces veo aquello y creo un mar de lágrimas allí mismo. No lo puedo creer. Son dos tickets de vuelo para ir a Atlanta. Mi corazón se acelera a una manera impresionante. Las manos me tiemblan y casi no puedo sostener aquellos billetes.  Ahora comienzan a temblarme también las piernas. ¿Realmente estaba sucediendo eso? No. Aún no daba crédito. Esto era una broma. Una jodida broma. Alguien me abraza por detrás. Yo ni muevo un solo músculo.

-El mes que viene nos vamos.  –Me dice Pattie. Y me abraza. -¿Estás feliz, verdad?

-¿Feliz? Más que eso. Muchísimas gracias. –No puedo contener las lágrimas. Yo es que soy muy llorona, pero con las cosas que verdaderamente me importan.

-Es una sorpresa. Él no lo sabe, así que shhhhh. –Hace un gesto con su dedo índice sobre la boca.

-Pues se va a alegrar muchísimo.

No sabría como describir ese momento. Increíble. Sin palabras. Vivía de eso. De improvisaciones. Lo que más me gustaba. Lo que más me llenaba. Esos momentos tan inesperados pero mágicos a la vez.

domingo, 9 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 28.


{Un mes más tarde}

Me he despertado antes de lo que imaginaba. Desayuno tranquilamente, me ducho y me visto. Hoy hace un poco más de frío. El típico día en el que en vez de ir a la escuela te quedarías en casa durmiendo o leyendo un libro. Leer. Echo de menos aquello. Me gustan los libros de amor, ante todo. Creo que me traje uno. Sí, lo guardé en este cajón. ‘El amor es tu destino’, así se llama. Tiene un bonito título. Me acomodo y comienzo a hojearlo.






Mmm… tiene buena pinta. Ya leeré más. Llaman al timbre. Bajo las escaleras rápidamente. Es Romi. Me espera para irnos juntos al instituto. La verdad es que todos estos días me ha ayudado mucho a superar eso de que Justin no está aquí. Volví a pelearme con Paloma, de echo tengo aún la marca de sus uñas en mi cuello, y él me defendió. En clase soy la más aplicada, pero nadie me insulta por ello. Me llevo bien con todos y he hecho nuevos amigos. Caitlin, Ana y yo somos más que inseparables. Y… bueno, con Justin hablo todos los días por teléfono. Me cuenta que va muy bien por allí, que se levanta temprano para visitar radios y ya se está dando más a conocer. Necesito verlo, necesito uno de sus besos, una de sus caricias, y necesito que me susurre al oído cuánto me quiere. Cada hora, minuto, segundo lo llevo en mi cabeza. No hay manera de sacarlo de ahí.

-Hola, Mel.

-Hola. ¿Vamos?

Caminamos hacia el instituto. Está cerca, en pocos minutos llegamos. Me separo y subo hacia mi clase. Biología. Todo un tostón. No me gustan las ciencias, soy más de letras, aún así saco buenas notas. Entro risueña y me siento al lado de Ana. Aún no ha llegado la profesora.

-¿Qué haces? –Se está pintando las uñas sobre la mesa, y le pregunto.

-A la salida he quedado con Ryan, tía. Tengo que estar mona.

-Espero que os vaya bien, pero como entre el profesor creo que te esperará un castigo.

-Es verdad. Ya acabo.

Se sopla para se seque la pintura y lo guarda. Justo en ese instante entra Klein, el profesor. Nos pone un vídeo sobre vegetales. Hago como si prestara atención, pero en realidad estoy pensando en mis cosas. En él. En que me estoy desesperando y se me pasan cosas locas por la cabeza como coger el primer vuelo que salga de aquí rumbo Atlanta. Nunca me he sentido con la necesidad de hacer algo, hasta ahora. Es que no es un simple capricho, es que lo necesito. Mis palabras no son suficientes.

-Mel… -Me dice Ana, dándome un pequeño toque en la pierna.

-Dime.

-Estás pensando en Justin, ¿verdad?

-Sí. –Asumo en voz baja. –No te imaginas lo mucho que le echo de menos. ¿Tú crees que lo nuestro tiene futuro?

-Lo conozco perfectamente. Él cuando tiene algo que de verdad le importa, no lo deja ir. Y tú le importas, mucho.

-Es que.. –No llego a terminar la frase.

-¿Señoritas? ¿De qué hablan? –Nos interrumpe el profesor y coloca sus manos sobre nuestros pupitres.

-Ah, ya sabe, estábamos comentando el vídeo. –Miente Ana.

-Verdad. Pero ya nos callamos. –Asumo yo.

No nos quita la mirada de encima durante unos segundos y se va sin más. Nosotras reímos por lo bajo.

Acaban las clases. Veo a Ana ilusionada, y le noto algo nerviosa, aunque ella dice que no lo está. Le gusta mucho Ryan. Han sido amigos de toda la vida, pero este último mes se ha encariñado demasiado. Dice que es algo raro, la entiendo. La mayoría de las tardes se venía a mi casa a estudiar, y cuando lo veía se sonrojaba como un tomate. Me hacía mucha gracia. Me olía algo, pero nunca le pregunté. Hasta que un día me lo contó ella, me dijo algo así como ''me está empezando a gustar mucho Ryan''. Entonces, hice lo posible para dejarlos solos. A partir de ahí comenzaron a tontear, y bueno, me siento un poco la causante de esto, los uní yo. Hablaba con él todas las noches de ella, hasta que lo aburría. Pero lo conseguí. Hoy han quedado y ya veremos lo que pasa.

Salimos por la puerta del instituto y los veo juntos, abrazados. Cómo los envidio. Cómo desearía que Justin estuviera aquí. Y me lo imagino por unos segundos, con su chaqueta negra de cuero, sus pantalones vaqueros caídos, con su moto. Esperándome a la salida, sin dejar de quitarme el ojo de encima. Con esa mirada que tanto me transmite. Me acerco a él y me guiña un ojo. Pocos centímetros nos separan, entonces me besa intensamente. Suspira y ríe sobre mi boca. Entonces, es ahí cuando subimos a la moto y nos escapamos. Él. Yo. Sin rumbo. Pero, por desgracia, todo esto sólo está pasando en mi mente.

-¿Mel? –Es la voz de Ryan. Me giro y lo veo junto a Ana.

-Ryan, dime. –Le sonrío y aparento normalidad.

-¿Qué te pasa? –Me pregunta.

-No, nada. Estaba pensando.

-Hoy anda un poco despistada. –Le dice Ana.

-Mel, dile a papá que hoy no como en casa, ¿vale? Que… -Se queda pensando. –dile que he quedado con unos amigos.

-Vale, vale, tranquilo. Bueno, me voy. Ya me contaréis, eh. –Le guiño el ojo a Ana. Esta ríe.

Camino sola hasta casa. Conecto mis auriculares al móvil y pongo música. Mi única compañía en ese momento. Justin. Justin. Justin. Mi cabeza da vueltas. Todo, absolutamente todo me recuerda a él.

-Ya estoy en casa. –Digo en voz alta para que me oigan.

Llego y el pequeño viene corriendo a abrazarme. Le doy un beso en la mejilla.

-¡Mel! –Grita mi padre. -¡Ven, corre! ¡Justin está saliendo en la televisión!

¿Qué? Voy corriendo hacia el salón. No lo puedo creer. Está ahí, en la pantalla.

'Su nombre es Justin Bieber y ya ha causado toda una revolución en Youtube.'

Sale ese vídeo. El vídeo que grabé en su cumpleaños. El vídeo en el cual empezó todo. Estoy de pie frente al televisor y las lágrimas recorren mi rostro. No lo puedo creer. 

'Acordaros de esto porque sólo está empezando. Tiene 18 años y ¡está volviendo locas a las chicas!'

Y ahí cambian de noticia. 

viernes, 7 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 27.


No he podido dormir en toda la noche. Por una parte lo de Justin, se ha ido y no sé si volverá. Por otra parte empiezo hoy mi rutina. Estoy preocupada. No sé cómo serán las cosas a partir de ahora. Puede que cambien un poco o puede que se vuelvan totalmente diferentes.

En media hora empiezo mi primera clase. Aunque normalmente los primeros días no se suelen hacer grandes cosas. Voy directa a la ducha. El agua recorre cada milímetro de mi piel y me hace sentir bien. Salgo. Me seco. Voy hacia mi habitación con la toalla enrollada en el cuerpo. Pero me encuentro a Ryan en el pasillo. Se queda un poco sorprendido. Nunca me había visto así, la verdad. Lanzo una pequeña risa por lo bajo y entro a mi habitación. Comienzo a revolver mi armario en busca de algo adecuado. Mmm… ¿qué me pongo? Miro la hora. Tengo que decidirme ya. Quedan 15 minutos. Lanzo un suspiro. Me decanto por una blusa color azul claro y unos pantalones blancos de pitillo. Me miro al espejo. Volteo un par de veces para ver cómo me sienta. Y lista. Cojo mi mochila y bajo las escaleras. Casi tropiezo en el último escalón, pero logro mantener el equilibrio. Ryan me mira y ríe.

-¿Ya estás nerviosa y aún ni has entrado a clase? –Me dice.

-Tonto, es que –Miro a mi reloj. -¡¡sólo quedan 10 minutos!!

Voy corriendo hacia la cocina. Me cojo un zumo y me lo bebo al instante. Seguro que luego me sienta mal. Me paro en otro espejo y me arreglo un poco el pelo. Voy hacia el salón donde Ryan me está esperando para irnos y salimos. Vamos a un paso rápido, pues acabo de mirar mi reloj y ¡¡quedan dos minutos!!

Por fin llegamos. No hay casi gente. Es tarde. Subimos las escaleras. Ryan se tiene que ir hacia otro pasillo. Me quedo sola. Hasta que veo mi clase. Me acerco a la puerta, estoy temblando. Llamo a la puerta y asomo mi cabeza. ‘¿Se puede?’ pregunto a la profesora que se haya escribiendo algo en la pizarra. ‘Claro, señorita’, responde. Se hace el silencio. Y entro con toda la vergüenza del mundo. Tierra trágame. Todo el mundo me está mirando. Logro ver a Caitlin que me hace un gesto para que me siente a su lado. Escucho a unas chicas susurrar descaradamente sobre mí. No tengo ni  idea de lo que estarán diciendo. Coloco mi mochila en el respaldo de la silla y me siento.

-Mañana comenzamos la clase con normalidad. Este año va a ser duro, chicos. –Y continúa escribiendo en la pizarra.

-Perdona, -Logro reconocer esa voz. -¿qué pone ahí?

Al instante se gira. Y la veo. Es ella. Paloma. Está en mi clase. Me toca aguantarla todo el curso. Oh, no. Esto es peor de lo que pensaba. Me inundo en mis pensamientos. Justin, ojalá él estuviera aquí. ¿Qué estará haciendo ahora mismo? Saco mi móvil a escondidas de mi pantalón. Quiero enviarle un sms. Pero no quiero empezar mal las clases. Así que me decido a mirar la hora y lo vuelvo a meter en mi bolsillo.

-Mel, no te la juegues. Esta profesora es muy lista. –Me dice Caitlin, a lo bajito.

-Ya. No quiero que me coja manía o algo por el estilo. ¿Cómo se llama?

-Llámala ''Señorita Ruoph''.

Le asiento con la cabeza y sigo prestando atención…

*Pi, pi, pi* Hora de salir. Ya nos vamos a casa. Caitlin, Ana y yo salimos de clase cogidas de la mano. Como en las películas. Sonrío. Pero no encuentro el motivo. El caso es que estoy sonriendo. Me llevan hacia un pasillo donde están las taquillas.  Encuentro la mía. La abro y dejo algunos libros allí.

-Vaya. –Alguien me da un toquecito en el hombro. –Si ahora te veré todos los días.

-Eso parece, Romi. Cuánto tiempo. –Le saludo yo.

-¿Dónde te habías metido? –Me pregunta.

-Pues estuve un tiempo en casa del padre de Justin, trabajando.

-¿Trabajando? –La expresión de su cara cambió.

-Sí, bueno, cuidaba a sus hermanos.

-Ah, pues bien. A él tampoco lo he visto.

-Estaba conmigo. –Reí.

-¿Ah sí? Creía que te habías ido sola.

-¿Sola? ¿Con su padre? –Volví a reír. –No, menuda vergüenza.

-A todo esto… -Se sonrojó un poco. –Te iba a decir si quieres que mañana pase a por ti para venir… Pero supongo que Justin me partirá la cara.

-Justin no está. –Ahora es mi cara la que había cambiado de expresión.

-¿Cómo que no está? –Pregunta extrañado.

-Que no está. Está en Atlanta. –Intento parecer ocupada. –Bueno, me voy que tengo muchas cosas que hacer.

-Adiós, Mel.

Camino hacia casa con los pensamientos rebotando en mi cabeza. Sé que voy a estar día a día pensando en él. Sé que Justin no se va a ir de mi cabeza. Pero de lo que no estoy tan segura es de si volverá.  Saco mi móvil y marco rápidamente su número. Los dedos escriben solos. Tengo unas ganas inmensas de hablar con él, de escuchar su voz.

-¿Bebé? –Miles de escalofríos recorren mi cuerpo a velocidad de la luz.

-¡Justin! –Logro decir.

-¿Qué tal el primer día de instituto?

-La raíz cuadrada de 49 es Justin. Mel + Justin = Amor. –Suelto una leve risa. –No he dejado de pensar en ti, cielo.

-Qué casualidad. Yo no tuve clase de mates pero mi mente pensaba lo mismo. –Lo oigo reír. Mi corazón se acelera. -¿No me preguntas cómo me ha ido el día?

-¿Cómo le ha ido el día, Señor Bieber? –Le pregunto con una voz extraña. Y esta vez, consigo escuchar de nuevo su risa.

-Muy bien, princesa. Scooter me está enseñando varias cosas para seguir adelante. –Se oye un ruido como si alguien le hubiera arrebatado el móvil.

-¿Mel? ¿Melanie? –Me pregunta una voz desconocida.

-Sí, soy yo. ¿Tu quién eres?

-Soy Scooter. Encantado. Sólo quería decirte que traes loco al chaval, y que en un día que llevamos juntos ya me ha hartado de hablar tanto de ti. –Se escucha a Justin de fondo ‘Hey, man, ¡devuélvemelo!’. Río.

-Eh, bebé. –Ahora ya hablo con Justin. –Mañana hablamos más, ¿vale?

-Vale, amor.

-Te quiero.

-Yo más.

-No, yo más.

-Mentira. Te quiero más y no te voy a dejar tiempo a responder. –Y cuelga.

Este chico y su manera tan tonta de hacerme sonreír. Ya he llegado a casa. Le doy un beso a papá en la mejilla y subo las escaleras. Dejo la mochila sobre la cama. Hoy no me tumbo a pensar en los planes que hacer junto a él por la tarde. Ni paso la lengua sobre mi labio inferior para notar el sabor de su beso. Ni siento cosquilleos en mi estómago porque en unas horas lo volveré a ver. No. Porque él no está. Sólo me queda escuchar su voz. Y ahora que se ha ido me siento extraña, pequeña, sin él. Sentía un vacio enorme, me faltaba algo, me faltaba él.

martes, 4 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 26.


Toc. Toc. Toc. Llamé a la puerta. ‘¿Habrá llegado ya Mel?’ pude escuchar a Ryan decir tras la puerta. Entonces abrió. Me abalancé a sus brazos. Le he echado mucho de menos. Sonríe y noto como le brillan los ojos. Seguro que él también me ha echado en falta. Me bajo de sus brazos.

-¿Cómo te ha ido todo por allí?

-No sabes lo mal que lo he pasado… -Intento parecer seria.

-¿Qué? ¿Qué ha pasado?

-Confiaron en mí para que cuidara de los niños. Pero Jazzy acabó en el hospital y…

-¿Mel? ¿Qué hiciste? –Me pregunta sobresaltado. Empiezo a reírme.

-¡Estaba bromeando! –Digo sin dejar de reír. –Todo fue maravilloso, genial.

-¿Mágico? –Dijo imitándome.

-¡Ryan! –Le golpeé en la barriga con mi puño, cariñosamente. –Pues sí, fue mágico. –Alcé mis hombros.

Me acompañó hasta mi habitación para dejar mis cosas. Me senté en la cama y lancé un suspiro. Se sentó a mi lado.

-Mañana empezamos el instituto. ¿Lo sabías, no? –Me preguntó con cara de no tener ganas de nada.

-Sí. Todo va a ser tan diferente…

Iban a cambiar muchas cosas en mi vida. El instituto una de ellas. En Madrid iba a un colegio en el que sólo había hasta cuarto curso de la ESO. Yo ahora iba a empezar primer curso de bachiller y de todas formas me hubiera tenido que cambiar. Allí no tenía amigas. Y me estoy refiriendo a amigas de verdad. Era una buena estudiante, si alguien me hablaba era para que les pasara los apuntes o les explicara un temario de cualquier asignatura. En mi clase era la rara, sí, porque amo leer. Por eso. Todos me huían, pero realmente era yo la que quería huir de ellos. No cambiaría por nada del mundo lo que soy. Me gusta ser diferente. En mi escuela todas eran iguales. Sólo pensaban en maquillaje, en comer poco para parecerse a las modelos, en ponerse pantalones en los que enseñan medio culo y en los novios (a lo que yo llamaría mas bien ‘rollos’ porque no aguantaban ni dos días juntos, pero ellas los llamaban así). Por eso a muchos chicos les atraía. Veían en mí lo que no veían en las demás. O eso me decían. Me lié con muchos chicos, no lo niego. Pero es que en esos momentos no tenía otra cosa que hacer. Por eso, muchas me tenían una especie de envidia. Porque a mí me prestaban más atención que a ellas. Pero nunca sentí por ninguno lo que siento por Justin.

-Mel, ¿estás ahí?

-Sí, estaba pensando.

-¿En qué?

-En cómo ha cambiado mi vida desde que vine aquí. Allí, en Madrid, no tenía a nadie en la escuela y aquí me siento querida.

-Eres querida. Además, Caitlin y Ana irán contigo a clase.

-Ya, no sabes cuánto me alegro.

-Bueno, te dejo. Si necesitas que te ayude en algo me llamas.

-No, tranquilo. Es sólo ordenarme algo de ropa. –Le sonreí.

Salió de la habitación. Lo primero que hice fue coger el portátil y llevarlo sobre mi cama. Lo encendí. Me ponía nerviosa que tardara tanto. Por fin. Me conecto.

*Justin acaba de iniciar sesión*

¿Espero a que me hable o le hablo yo? Bah, decido hablarle. No aguanto ni 5 seguntos. Mi dedo está a punto de presionar la tecla cuando él se me adelanta.

• Justin dice:
Bb <3

•  Mel dice:
Hola amor.

•  Justin dice:
Me hace ilusión hablarte por aquí.

•  Mel dice:
Qué tontito estás.

•  Justin dice:
Pero me quieres.

•  Mel dice:
Por desgracia sí.

•  Justin dice:
¿Por desgracia?

•  Mel dice:
A veces tengo miedo de quererte tanto.

•  Justin dice:
Quiéreme todo lo que quieras, que no te vas a arrepentir.

•  Mel dice:
Ah, ¿sí?

•  Justin dice:
Sí, te lo prometo.

•  Mel dice:
Estás haciendo una promesa. Las promesas se cumplen.

•  Justin dice:
Esto no *dibujito de corazón roto* y esto sí *dibujito de corazón latiendo rápido*.

•  Mel dice:
Eres tan adorable…

•  Justin dice:
Con quien lo merece.

•  Mel dice:
¿Entonces merezco que seas tan tierno conmigo?

•  Justin dice:
Mereces lo más bonito.

•  Mel dice:
Entonces te merezco. Perfecto.

•  Justin dice:
Bb…

•  Mel dice:
¿Qué pasa? *Carita asustada*

•  Justin dice:
Joder…

•  Mel dice:
Justin, me estás asustando.

•  Justin dice:
En una hora me voy a Atlanta.

•  Mel dice:
¿Y?

•  Justin dice:
Me voy y no sé cuando volveré. Baja, por favor. Necesito darte un beso.

Me desconecto. Bajo lo más rápido posible. Papá se me queda mirando. Abro la puerta y la cierro al instante. Hace frío y un aire tremendo. Voy a paso rápido. Mi mente comienza a imaginarse cosas que no desearía. Y lo veo. Ahí. Sentado en aquel banco. Me mira. Le miro. Me acerco y me siento a su lado. Lleva una chaqueta azul marino. Se pone la capucha. Eso me mata porque está increíblemente sexy. Pero no dejo de pensar en lo que me acababa de decir.

-¿Entonces has tomado la decisión, no? –Decido romper aquel silencio.

-Sí. Scooter me paga el vuelo, y todo lo demás. Dice que si no me convence la idea, habré pasado unas vacaciones gratis, volveré a Stratford y todo seguirá igual. Igual si tú quieres…

-Sigues pensando que no te voy a esperar. Parece mentira que no me conozcas.

-Es que tengo miedo, -Puso su mano en mi barbilla y me acercó hacia él. –bebé.

-Y yo. –Tragué saliva. Su boca tan solo a unos pocos centímetros de la mía. No sé cómo estábamos aguantando tanto sin besarnos. –Cumplo mis promesas.

-Es que no puedo imaginarme allí sin tenerte a mi lado. –Me miró a los ojos durante unos segundos.

-Voy a esperar lo que haga falta, Justin.

-Y yo voy a besarte. Ya.

Era raro. Él nunca avisaba. Siempre me robaba los besos. Pero me dejó encantada con ese. Tan tierno. Tan dulce. Tan suave. Tan él. ¿Cómo voy a poder sobrevivir sin uno de ellos cada mañana, cada tarde, cada noche? Lo necesitaba más de lo que me imaginaba. No podía creer que nos íbamos a volver a separar. Pero ya hemos pasado por esto una vez. Y lo que no separa la distancia, no lo separa nadie. Voy a esperarle, por mucho que me cueste estar sin él todo este tiempo. Porque le quiero. Mucho.

-Me tengo que ir ya. -Dice acariciando mi mejilla. No deja de mirarme a los ojos. Los suyos iluminan toda la calle. Tienen un brillo increíble.

-Aún no me hago la idea… -Digo yo. Juraría que mis ojos también están brillando. 

Me toma por la cintura y nos damos un último beso. De despedida. Pero realmente con las esperanzas de que ese sea tan solo uno de los miles que nos quedan por darnos. Camino despacio rumbo a mi casa. Me giro. Veo que él también me está mirando. Le sonrío. Me sonríe. Abro la puerta y entro con cuidado. Es tarde y no quiero despertar a nadie. Subo hacia mi habitación. Voy directa hacia la ventana. Apoyo mis brazos sobre el borde. Hay un pequeño hueco y decido sentarme ahí. Veo como se apaga la luz de su cuarto. ¿Tardaré mucho en verla encendida de nuevo? A los pocos minutos lo veo con su maleta a punto de cargarla en el coche de Pattie. Se percata y me mira. Me muestra algo. Lleva en su muñeca... ¿mi pañuelo? Ha vuelto a sus andadas el pequeño ladronzuelo. Y eso me gusta. Porque sé que necesita de mí y por eso me lo ha quitado.