|Narra Justin|
Cloe me lleva a una sala que desconocía
completamente. Mis latidos aumentan a cada paso que doy. Estoy más cerca de ver
el resultado, de verla a ella. Percibo unos cuantos flashes de cámaras y varios
focos de colores claros apuntando a una chica. Está de espaldas. Parece una
modelo. Sus piernas delgadas y perfectamente delineadas me hacen saber que es
ella, mi chica. Me acerco más a paso lento. Cloe me empuja despacio por la
espalda.
-Vamos, acércate. Pero no hagas ruido que ella
no sabe que estás aquí.
-¿No lo sabe? –digo en un susurro.
-No, queremos ver cómo actúa cuando te vea.
Estamos perdidos. Locamente perdidos y sin
salida. Nos van a pillar. Van a saber que no estamos actuando, que nos
queremos, porque al menos eso es lo que reflejan mis ojos y no lo puedo evitar.
Y también conozco su mirada, ella no me mira como mira a los demás. Entonces
sí, nos van a pillar.
La tengo cerca, pero todavía no me puede ver.
Remueve su pelo justo como le dice la chica que sujeta una cámara de fotos
profesional y echa la parte superior de su cuerpo hacia delante, dejándome unas
vistas magníficas de su estupendo trasero. Joder. Me muerdo el labio sin
poderlo evitar y me aproximo más. La sangre empieza a arder por mis piernas,
subiendo y concentrándose en mis partes íntimas. Definitivamente inevitable. Me
voy a poner cachondo en una sesión de fotos para un musical. Qué raro suena
eso.
-_____, ahora alza las manos y enróllalas en tu
propio cuello de manera sexy.
-Pero yo no sé hacerlo sexy.
-Hazlo, tú puedes.
_____ hace justo lo que le dicen. Y a mí me
falta el aliento. Me aproximo más y aprovecho para atacar. Me planto justo
detrás de ella y aspiro su aroma sin que se dé cuenta. Joder. Soy el tío más
afortunado del mundo. Mis latidos empiezan a cobrar vida demasiado rápido.
Todavía no se ha percatado de que estoy aquí, tras su espalda.
-¿Lo estoy haciendo bien? –pregunta con un aire
de inocencia que me encanta.
Yo tomo aire y engancho sin permiso mis manos
en su cintura. Entonces me atrevo a susurrar en su oído.
-Lo estás haciendo perfecto, bicho.
En ese instante me mira y puedo notar cómo se
queda sin aliento. Acaparamos el centro de las miradas y los flashes salen
disparados hacia nosotros de dos en dos. Me mira como si no pudiese creer que
estoy ahí, mientras yo me pierdo en sus ojos. Joder, qué guapa está. No… no
parece ella, pero en verdad sí. Está cambiada, la observo, y es ahí cuando me
doy cuenta de que la quiero de todas las maneras posibles. Arreglada, sin
arreglar, con una coleta alta o con el pelo suelto cubriendo sus desnudos
hombros, con sus jerséis anchos o con vestidos ajustados que, como decía Cloe,
me dan ganas de hacerla mía ahí mismo.
-Estás preciosa. –le susurro bajito, sólo para
que ella me escuche.
-Gracias. –contesta tímida regalándome una
corta sonrisa. -¿Qué haces aquí?
-¿Qué te parece que hago aquí? –detengo mi
mirada en sus labios cubiertos de un rojo que me encantaría destrozar a
mordiscos. Me acerco más a su cuerpo enrollando mis manos en su cintura y miro
a una de las cámaras. Flashes de nuevo.
-Pues no lo sé. –dice tras mostrar una dulce
sonrisa a la cámara a la que yo mismo prestaba atención para que nos realizasen
otra captura. –Quizás esperaba más que cayera un meteorito en medio de todo
esto que han montado a que tú te presentases aquí como si nada. –ríe.
-Lo lógico y lo normal está de más. –digo tras
mojar mis labios. –Prefiero lo raro y lo improbable. –me decanto a decir cerca
de su cuello mientras deslizo mi nariz por ahí. Ella se estremece y puedo
sentir como en su piel comienza a sentirse la electricidad.
-¡Genial, chicos! –exclama Cloe. -¡Lo estáis
haciendo genial!
Ahora giro a _____ por la cintura y la coloco
frente a mí. Nos quedamos unos pocos
segundos observándonos detenidamente. La aproximo a mí y ella coloca sus
manos en mis respectivos hombros.
-Nunca imaginaba verte con una americana, chico
malo. –dispara en voz baja.
-Yo nunca imaginaba ver con mis propios ojos un
cuerpo de escándalo en ese vestido tan… -muerdo mi labio inferior y la miro
como sólo la miro a ella. –provocador. –dirijo mi mirada a su escote. Joder.
¿Pretenden que le haga el amor aquí mismo o qué?
-No me mires así. –dice ella ahora jugando con
el nudo de mi corbata. –Que yo también sé hacerlo, pero me reservo. –desliza
sus dedos por mi abdomen y vuelven hasta mi corbata. Sabe jugar, sabe jugar
bien.
-Por Dios nena, no me digas esas cosas aquí.
-¿Por qué?
-Porque no creo que quieras ver como estallan
mis pantalones aquí mismo mientras estamos rodeados de personas con sus camaritas.
Lanza una risa inocente y se separa de mí con
toda la inocencia del mundo. Me quedo hipnotizado observando su figura caminar
hacia una pequeña terraza que se encuentra fuera. Los fotógrafos la siguen y
cuando me doy de bruces con la realidad decido a seguirlos.
_____ me espera ahora en un escenario
completamente diferente. Más… exótico. Y espero que no suponga a su vez algo
más caliente. Temo no controlar mis ganas de ella delante de toda esa gente,
porque si estuviéramos solos, no sé qué habría sido de nosotros. Apoya su
espalda en el tronco de una pequeña palmera y posa indiferente ante las cámaras
mientras yo me acerco y me mira de una manera atrevidamente sexy que me
encanta. Abre un poco la boca y trata de decirme algo, pero no lo permito,
cubro su boca con mi dedo índice y me acerco más. Flashes impactando de nuevo
en nuestros cuerpos.
-Justin, cógela en brazos.
Me giro para reconocer la voz de una señora con
gafas de pasta negra y una alta coleta que recoge toda su melena.
-¿Qué? –pregunto arrugando mi frente.
-Que la cojas en brazos, queremos capturar
varias instantáneas así.
Vale, he captado el mensaje. Esbozo un largo
suspiro desesperado y tomo a _____ por la cintura para sostenerla en mis
brazos. Ella instintivamente enrolla sus piernas alrededor de mi cuerpo. Nunca
habíamos estado… en esta postura. Es extraño, pero me gusta. Aunque estaría
mejor si desapareciera toda esa gente con sus objetivos puestos en nosotros.
-Ahora ______, tú tienes que enrollar tus
brazos en su cuello. –vuelve a decir aquella señora esta vez a mi chica.
Mis brazos tiemblan y no se debe al hecho de que
esté sosteniendo el peso de _____ en ellos. Tiemblan porque la vuelvo a tener
ahí, su boca a escasos centímetros de la mía. Vuelvo a perder mi mirada en sus
gruesos y apetecibles labios cubiertos de rojo.
-Quiero quitarte el pintalabios, nena.
-Cuidado, Justin. –me susurra bajito para que nadie pueda escucharla.
-Tranquila, no te voy a besar. –afirmo yo.
-Acercaros un poco más. –ordena Cloe. –Como si
os fuerais a besar.
-Mierda. –maldigo en voz baja. -Creo que alguien me ha escuchado.
-¿No me quieres besar? –pregunta ella elevando
una ceja. Yo sonrío al ver la expresión de su cara.
-Maldita sea, claro que quiero.
-Pues hazlo y punto. –dice mirándome fijamente
después de mirar mi boca como si fuera un caramelo que está a punto de devorar.
Me aproximo a su boca olvidando todo lo que nos
puede caer encima y fijo mi mirada de nuevo en sus labios con el objetivo de
besarlos. Mis brazos ahora tiemblan más. Ella acopla sus manos en mis mejillas,
entonces sin pensarlo más rozo mis labios con los suyos. Cierro los ojos,
perdiéndome en su dulce tacto. Mi corazón se acelera y un nudo en mi garganta
no permite el paso de saliva. Tampoco lo necesito. Sólo el contacto de sus
labios con los míos me hace sentir bien. Y nunca me había sentido así. La
verdad es que… acojona. Acojona como todas las primeras veces.
Entonces, cuando el minutero del reloj se
detiene, cuando en la cabeza no cabe lugar para sueños, unos aplausos nos
detienen. Separo mis labios de los suyos y observo como _____ esboza una
sonrisa impresionada. Todos los fotógrafos han dejado sus cámaras en el suelo y
nos funden en aplausos con sus manos.
-¡Qué grandes actores!
-¡Vais a hacer un gran musical!
-¡Increíbles! ¡Sois increíbles!
Entre muchas otras cosas. ______ y yo nos
miramos, no sabemos lo que nos espera.
-¿Eso es que lo estamos haciendo bien, verdad?
–me pregunta en un hilo de voz.
-Claro. –contesto encogiéndome de hombros.
–Supongo que sí.
Un señor con el brazo derecho cubierto de tatuajes me felicita dándome unas cuantas palmadas en los hombros.
-No hacía falta besarla, pero tú lo hiciste, qué grande. Bien hecho, Bieber.
-No ha sido para tanto, de todas formas gracias por el cumplido. -contesto yo absorto de todo lo que está sucediendo a mi alrededor.
La señora de las gafas de pasta negra y la alta
coleta ahora también se acerca a nosotros
despegando el móvil de su oreja.
-Me temo que estáis haciendo un gran trabajo,
enhorabuena.
-Gracias. –respondemos al unísono.
-Acabo de hablar con la empresa de producción
del musical y he dado una opinión muy subjetiva sobre vosotros. Me gustaría que
dierais un paso más, confío en vuestra complicidad en el escenario aunque me
han comentado que no os lleváis precisamente de la mejor de las maneras. Por
tanto, lo que habéis hecho es admirable. Así que dejarme ir un poco más allá
con vosotros. Venid conmigo.
Hace un gesto con su mano y la seguimos
atónitos, impacientes por saber qué es lo que nos espera ahora. Pero únicamente
_____ y yo. Toda esa gente en compañía de sus cámaras de fotos profesionales se
quedan charrando entre ellos. ¿Por qué no vienen?
-Podéis esperarme aquí, en unos minutos estará todo preparado.
Llegamos
a la parte superior del edificio, es un ático bastante amplio donde se pueden
contemplar las mejores vistas de la ciudad. Las barandillas que lo rodean son
de un cristal apto para la gente que no tiene vértigo. Parece un poco
arriesgado asomarse, así que eso está hecho para mí.
-No Justin, no te acerques. –escucho su voz
tras mi espalda y juraría que mi corazón se vuelve de cristal. Me giro y sin
signo de preocupación en mi cara le dedico una sonrisa.
-¿Por qué?
-Simplemente porque me preocupo por ti y no
quiero que te mates cayendo al vacío.
Río. Doy un paso más acercándome para ver con
mis propios ojos la ciudad a mis pies mientras el aire da de lleno en mi cara.
Me acerco más, al borde de apoyar mi mano en la barandilla, cuando su mano fría
me detiene tirando de mi brazo. Otra vez me giro a observar su cara de
preocupación. Consigue hacerme reír de nuevo.
-No es gracioso. –balbucea intentando hacerme
creer que está enfadada.
-Sí que lo es. Venga bicho, que no pasa nada,
¿acaso crees que me va a pasar algo? Si no fuera seguro no estaríamos aquí.
Cruza sus brazos bajo su pecho y frunce el
ceño.
-Nena, no te enfades. Va… -la atraigo hacia a
mí y ella hace amago de apartarse. Pero no funciona porque está atrapada entre
mis brazos. -¿Quieres que nos asomemos juntos?
-Ni se te ocurra. –contesta refunfuñona. Trago
saliva. Sabe perfectamente lo mucho que me pone con esa actitud.
-Vamos, nena…
-Que no.
En un segundo la cojo en brazos mientras
patalea y dice cosas sin sentido, pero consigo hacerlo. La mayoría de los
edificios están bajo nosotros, apenas se pueden distinguir los coches que son
conducidos por las largas carreteras y ni hablar de las personas que intentan
cruzar los pasos de peatones. _____ y yo nos quedamos en silencio observando
todo aquello. Ella me agarra fuerte, sus brazos apretando fuerte mi cuello,
pero no me importa. Me importa el hecho de estar viendo una maravilla teniendo
una maravilla a mi lado, aunque esté al borde de ser estrangulado.
El viento acaricia nuestros rostros despacio,
revuelve un tanto mi pelo y el suyo también. Pero es una agradable sensación.
-Justin, bájame. Muy bonito todo pero bájame,
por favor. –dice cubriendo mis labios de delicados besos rápidos.
-Precioso, ¿verdad?
-Sí, precioso, pero bájame ya que estoy a punto
de desmayarme.
-No dejarás de ser un bicho raro, eh. –digo
sonriendo al horizonte. –Mi bicho. –recalco, presionando mis labios en su
mejilla.
-Eres malo conmigo. Bájame, por favor. –vuelve
a repetir, cubriendo de nuevo mis labios con los suyos. Sabe que así va a ganar
ella. –Venga, nene… bájame. –muerde mi labio inferior con ternura y cuando está
a punto de soltarlo lo vuelve a atrapar entre sus dientes. –No seas tan malo,
no aquí.
-Joder… -me lanzo a su boca y le robo un par de
besos. –Está bien. –la bajo de mis brazos y al tocar con sus pies el suelo
puedo ver el alivio en su cara.
-Gracias, estúpido. –dice tirando de mi corbata
mientras recorta los centímetros que nos separan. Me mira a los ojos y se
muerde el labio descarada. –Es que tenía vértigo.
-¿Sí? ¿Vértigo? –pregunto yo aguantando mis
ganas de besarla.
-Ajá, -afirma jugando con mi corbata. –así es.
-Yo también siento vértigo, ¿sabes de qué?
-¿De qué?
-De tu escote.
No sé cómo sus labios se acoplan perfectamente
a los míos en un segundo. No hay tiempo para respirar, ni para tomar un poco de
aire, nuestras lenguas pelean por salir vencedoras en una batalla de dos.
Abandono sus labios y me dirijo a su cuello, donde implanto algunos mordiscos
desesperados. Bajo un poco más, dejando húmedos besos por su clavícula. Joder,
qué bien sabe. Y mejor si deja estampar su entrecortada respiración en mis oídos.
Puedo escuchar cómo gime en voz baja y eso consigue ponerme a mil por hora. El
corazón se me va a salir del sitio y tendré un serio problema. Eso si no se me
sale antes otra cosa del pantalón.
-Me encantas, te lo juro. –murmuro contra su
dulce piel.
Y prosigo con los besos. Absorbo la piel de su
cuello, vuelvo a morder. Delicias de la vida. Soy un jodido afortunado por
poder hacer esto. Y me doy cuenta de que lo quiero seguir haciendo mucho más
tiempo. No más chicas. Sólo ella. Sólo la quiero a ella. Deslizo mi lengua
hacia la parte baja de su cuello, muerdo. Un poco más hacia abajo. Y ahí está
su escote. Me detengo. Me falla la respiración. La sangre está al borde de
quemar todo mi cuerpo. Mi miembro ya está contento para toda la semana. No la
he hecho mía y ya estoy duro. Muy duro. Beso su piel sin parar, olvidando todo
y olvidándome de todos.
-¿Ensayando
un poco, Blair y Bieber? –la voz de la directora nos interrumpe.
Los ojos casi salen de mis órbitas. ¿Qué está
haciendo aquí? ¿No se supone que debe estar en su despacho de la universidad?
Sí, en ese que conozco a la perfección gracias a sus innumerables castigos.
Noto como _____ se tensa a mi lado.
-No estáis solos aquí, señoritos. Espero que mi
mente borre esa escena de mi cabeza, ha sido… repugnante. –mueve su muñeca con
desdén. -¿Estaban ensayando, verdad?
-Claro. –afirmo yo rascándome la nuca.
-Por supuesto, señora directora. –contesta
_____ dando un paso hacia ella.
-Sí que se toman enserio el trabajo… -dice
mientras crea círculos imaginarios mientras camina. –De todas formas olvidaré
lo que acaban de ver mis preciados ojos. Todo sea por un buen musical.
¿Qué le pasa a esta mujer? Ella sabe cómo soy,
sabe que me tiro… bueno, me tiraba a
todas las tías buenas de la universidad. ¿Y ahora hace como si no sucediera
nada? Es extraño. Pero sin duda, es bueno.
----------------------
Gracias a todas esas personas que capítulo a capítulo comentan y consiguen sacarme sonrisas, y sobretodo, me animan a compartir aquí lo que me gusta hacer.
Espero que estéis disfrutando las Navidades.
Intentaré subir lo más pronto posible, pero también tengo vida social, familia, y muchas cosas que hacer aparte de esto así que perdonarme, ¿vale?
Besitooooooooooooos.
Besitooooooooooooos.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
OMG, adoro tu novela y tu forma de escribir. En serio es tan perfecta que duele. Síguela cuando puedas :}
ResponderEliminarEscribes de una forma que pones los pelos de punta a cualquiera chica!! Perfecto el capitulo y la novela entera ^^
ResponderEliminarFelicees fiestas!!
Estoy sufriendo sae? esto es un sin vivir jooooo, sube, te lo pido porfavor:'(<3
ResponderEliminarporfa porfa porfa porfa porfa porfa sube otro capitulo que me estoy muriendo de ganas de saber que pasas con rayitas y justin
ResponderEliminar