Ella corre tras él, con el hombro descubierto
debido al desgarre de su vestido, envolviéndose en calor con sus propios
brazos. Muerta de frío, pero lo que de verdad la ha dejado pálida ha sido su
voz dura y seca.
-¿De verdad?
-¿Me ves
con cara de estar bromeando, _____?
_____, pocas veces la llama así. Ella se queda muda, anclada al suelo sin
querer moverse ni un maldito centímetro.
-Sabes que estoy cabreado. –Justin entierra su
mirada en el asfalto. -¿Lo sabes, verdad? –eleva su mirada dando con los ojos
de ella.
-Sí… -balbucea ella nerviosa, moviéndose sobre
sus pies. No sabe qué hacer, ni qué decir, tan solo quiere huir. Huir con él. Y
lejos de este oscuro lugar.
-¿Un sí? ¿Eso es todo? –escupe él, bajándose de
la moto y caminando entre luces que parpadean indecisas en aquella calle vacía.
Ella le sigue con la mirada. Observa cómo él saca un cigarrillo, esos que tanto
odia ver entre sus labios, y lo prende haciendo una nube de humo a su
alrededor.
-Justin… -interrumpe ella, todavía temblando.
-¿Qué quieres? –dice él con desprecio,
apoyándose en la pared mientras se lleva el cigarro a la boca y llena sus
pulmones de humo.
-Quiero que te tranquilices y que no me hables
de esa manera. –ella quiere tomar posesión.
Pellizcando el interior de su
mejilla se acerca pasito a pasito a él. Justin la mira de reojo, intentando negarse
a sí mismo que el funcionamiento de su corazón vaya más deprisa a medida que se
acerca. Lo que no sabe es que a ella también le sucede lo mismo. Da igual que
estén enfadados, o que peleen, o que se odien unos segundos, los más largos y
pesados de sus vidas. El corazón no engaña a la cabeza, el corazón lleva el
timón de las sensaciones.
-Nada de esto hubiera pasado si me hubieras
hecho caso y te hubieras alejado de él desde un primer momento. –se decide a
decir él, ahogando en la suela de su zapato la colilla que acaba de lanzar al
suelo.
La voz seca y ronca de Justin consigue erizar
el vello de ella, todavía muerta de frío, de pánico. Esa sensación de
impotencia, de querer huir y no poder, no se ha marchado de su cuerpo. Parece
que quiere quedarse un rato más, ¿pero acaso alguien la ha invitado?
-Tú no te has quedado atrás. –murmura ella,
escondiendo un mechón de pelo detrás de oreja. –Además, yo no he hecho nada.
Él exhala un suspiro impaciente y trata de
recomponerse, intenta mantener la compostura, pero le cuesta. Esto no está
siendo fácil para él. Sin duda, no lo es para ninguno de los dos.
-Yo no quería nada con esa chica. Parece
mentira que aún no sepas que solo te quiero a ti.
-¿A mí? Eso lo dicen tus palabras, no es lo que
has demostrado. –ella mueve sus brazos en alto. Él se acerca con ojos oscuros.
-Es lo que tengo que demostrar delante de toda
esa maldita gente. –dice señalando hacia un punto invisible del asfalto. -¿Por
qué? –eleva el tono de voz consiguiendo asustar a _____ que da un paso hacia
atrás. –Porque no nos pueden ver juntos. ¿Es eso lo que no demuestro, eh? ¿Es
eso? ¿Cómo quieres que demuestre si tú misma me impides ser yo delante de
ellos, eh? Yo ya no soy Justin Bieber, el que cada noche lleva a una chica a su
cama y nunca se cansa de repetir. Ya no soy ese. ¿Por qué tengo que fingir ser
alguien que dejé de ser hace tiempo? ¿Sabes exactamente cuánto tiempo?
-No…
-Treinta y ocho días.
-¿Treinta y ocho?
-Sí. Exactamente treinta y ocho días desde que
llegaste aquí.
La garganta de ella se seca, se le hace difícil
tragar saliva al recordar todo. El principio. El comienzo de algo improbable,
muy improbable de suceder. Dos corazones enfrentados, opuestos, y en el fondo
heridos.
El silencio se hace presente. Únicamente sus
respiraciones cortan la brisa de aire que empieza a invadir ligeramente el
ambiente. Ella se acurruca abrazándose a sí misma para protegerse del frío. Él,
con los ojos como el mismísimo hielo se desprende de la chaqueta de cuero que
cubría su cuerpo y se la tiende a ella en la mano.
-Toma, vas a pasar frío.
Ella, tiritando y con los labios morados,
acepta la entrega de ésta y la coloca alrededor de sus hombros. Justin se
percata y siente un pinchazo en el estómago que no le gusta nada. Le duele, le hace
herida.
-¿Te encuentras bien?
-Bueno… -susurra ella con la voz débil y
pesada. Sus ojos cristalinos dicen todo lo que su boca calla y él lo puede
percibir.
Justin la funde en un abrazo inesperado, justo
lo que ella necesitaba, su calor, su protección. Ella cierra los ojos fuerte,
tratando de controlar las lágrimas amenazadoras que quieren deslizarse por sus
mejillas.
Pasan unos largos minutos abrazados, bajo la
luz de la Luna, en silencio. Un silencio que es cómodo para vivir toda una vida
junto a él.
-No me pidas que me controle cuando se trata de
ti… No voy a permitir que nadie te haga daño.
Ella suspira más relajada, sabiendo que con él
cerca nada va a ir mal.
-Siento haberme comportado como un capullo.
-No te disculpes, yo también lo he hecho mal. -_____
alza la mirada, sumergiéndose en sus ojos color miel. Qué bonita sensación.
-Me has llevado a la desesperación, no lo
vuelvas a hacer.
-Tú has hecho que me diera un ataque de celos.
-Yo tampoco me he quedado atrás.
-¿Tú? ¿Celos? -_____ frunce su ceño y Justin
sonríe al ver la expresión de su cara.
-Sí, ¿qué pasa?
-Pensaba que tú no tenías de eso.
-Cuando alguien se acerca a ti sí. –dice él
acariciando su largo pelo. Ella satisfecha dibuja una media sonrisa en sus
labios.
-Bueno, yo me he contenido para no arrancarle
los pelos a esa sinvergüenza que se acercaba tanto a tu boca.
Justin ríe. La misma sonrisa que llevaba de
complemento principal ese día que se conocieron. Esa sonrisa limpia, sana, con
pocas imperfecciones, que hacen del tipo duro el chico más tierno del mundo.
-No te rías. –dice ella cubriéndole la boca con
sus manos intentando ponerle freno a la risa burlona de Justin. Él las detiene
situando las suyas justo encima. Se miran detenidamente, como hacía unos
cuantos días que no se miraban de esa manera.
Justin tira de ella por la cintura,
aproximándola a él mientras sus labios piensan cómo besarla. Sus rostros se
aproximan por puro instinto hasta que se encuentran tan cerca que pueden verse
reflejados en el brillo de sus ojos.
-¿Entonces estabas celosa porque la morena estaba
cerca de mi boca, nena?
Ella asiente con la cabeza mientras observa
curiosa sus labios. Después levanta la mirada para ver cómo Justin la mira con
deseo, admiración, con esa mirada que no dedica a cualquier chica. Sólo a ella.
Única y exclusivamente a ella.
-Pues no tenías motivos. Sólo te dejo a ti
besarlos, sólo son para ti.
Sus palabras aceleran más el corazón de ella,
que sonríe tontamente.
-Está en tus manos, nena. –dice él con la voz
sensual y rozando su nariz con la de ella.
-¿Me permites, estúpido?
-No pidas permiso y hazlo.
_____ tira de su barbilla y roza delicadamente
sus labios, con dulzura. Él cierra los ojos, sintiéndola. Ella se percata y
sonríe sobre ellos para después besarlos. Los besa e introduce su lengua en la
boca de Justin. Despacio. Como la primera vez. Con un poco de miedo combinado
con picardía. Esa que tanto le gusta a él. Entonces los besos se vuelven más
rápidos, juguetones, combinando sabores, haciéndole partícipes de esas extrañas
sensaciones. Calambres en sus pieles. Escalofríos. El vello se eriza. Las agujas
del reloj quedan en el olvido. La Luna vuelve a ser testigo del ritmo de sus
corazones acelerados.
|Narra Justin|
Besa tan bien que no sé cómo he podido seguir
probando otros labios que no fueran los suyos tanto tiempo. Traviesa mueve su
lengua al ritmo de la mía. Y juegan ardiendo en silencio a un juego de niños.
Así me siento yo. Como un niño corriendo detrás de la pelota. Y si ella no
está, soy ese niño al que le roban la piruleta de la boca. Y hablando de bocas,
la suya es miel. Pero yo me derrito en ella.
-Entonces los chicos malos a veces también se
ponen celosos…
-Así es. Y las chicas buenas a veces los
vuelven locos. Como tú a mí.
_____ se sonroja y vuelve a besarme. Esta vez
lento, vacilando a mi corazón. Sonrío en el beso, no lo puedo evitar.
-Hoy estás preciosa. –susurro, tragando saliva
despacio.
-Y tú muy mentiroso.
-He conseguido sonrojarte. Ya van dos veces.
–sonrío satisfecho, deslizando mi pulgar por una de sus rosadas mejillas.
Pero por mucho que consiga, en esta cosa de dos
no soy el vencedor. Hablando de logros, ella bate el récord. Ha conseguido
robarme el corazón y la cabeza, y eso nadie nunca lo había hecho.
-Juegas con ventaja, eso no vale. –dice
haciendo una mueca de tristeza colocando el labio inferior por encima del superior.
-No, eres tú quien me vuelve loco, pero yo lo
sé disimular mejor.
-¿Sí? –me mira pícara. -¿Cómo lo haces?
–pregunta tirando de su labio inferior débilmente.
-Se llama control, nena. –carcajeo. –Y cuesta
aplicarlo mucho, sobretodo cuando te muerdes el labio. –la atraigo más hacia mí
llevando mis manos a su trasero y aprieto fuerte mientras me dirijo rápido a su
boca. No espero una contestación. La beso. Con ganas. Como nunca había besado a
otra chica. Mi lengua recorre su dulce boca mezclando sabores, los mejores, los
más exquisitos. Entonces me encargo yo de morder su labio. Y gruñe bajito, pero
no importa, me gusta. Me gusta como absolutamente todo de ella. Tiro de su
labio enganchándolo con mis dientes despacio y abrimos los ojos casi a la vez. –Te
quiero.
-Yo también te quiero, Justin.
Sonrío. Sonrío como un completo gilipollas
cuando tiene delante suya a lo que más desea. Así me siento.
-Ven. –dice tirando de mi mano.
-¿Dónde quieres ir, nena?
-Sólo ven. Luego soy yo la de las preguntas.
–responde con cierto reproche, como una niña pequeña. Y no lo sabe, pero me
encanta.
-Está bien, bicho. –digo riendo.
De la mano caminamos hasta un extremo de la
calle, donde puede percibirse un poco más de luz. Me quedo observando nuestros dedos
entrelazados. Nunca en mi vida pensé estar de esta manera con ella. Su piel y
piel. Un simple gesto que ahora mismo lleva el rumbo de mi vida. Y lo digo
completamente seguro.
Se queda quieta mirándome y después se
desprende de mi chaqueta, tirándola al suelo como si fuera un objeto sin valor.
Ríe y elevo una ceja incrédulo. No sé qué está pasando, ni qué desea en estos
momentos, pero mientras no se borre esa sonrisa de sus labios me da igual todo.
Se encoje de hombros y se acerca despacio a mí,
devorándome los labios con la mirada. Joder. Qué peligroso es esto.
-¿Escuchas la canción? –me pregunta con los
ojos brillantes y serenos.
Se puede percibir la música un poco más cerca.
Esta es una canción lenta, quizás muy parecida a la de antes. Muevo mi cabeza
afirmando.
-Quiero bailar contigo, Justin.
Incorpora sus manos en mis respectivos hombros
e instintivamente llevo mis manos a su cintura. Me regala una sonrisa y al
segundo yo le invito a una mía. Nuestros rostros están muy cerca, apunto de
rozarse. Y empezamos a movernos lentamente al ritmo de esa bonita canción. Sin
decir palabra, nuestras miradas mantienen una conversación llena de
complicidad.
-Me encanta estar así contigo. –confiesa tímida
enroscando sus brazos en mi cuello.
-A mí más.
Niega con la cabeza y después vergonzosa
esconde su rostro en mi hombro mientras no dejamos de bailar despacio. Tan
despacio que creo que mis pies van solos. Y congeniamos perfectamente a pesar
de ser una colilla mal apagada y un libro recién abierto. Eso somos.
-¿Sabes qué, Justin? –me mira de esa manera tan
suya que me conformo con tenerla ahí.
-¿Qué?
-Sé que no llevamos mucho tiempo ni somos como
esas parejas normales que ves paseando por la calle con…
-Sh… -la silencio y me acerco más a su boca.
Mira mis labios y después espera en mis ojos unos segundos. –Dime, nena.
-Bueno… yo… -dirige su mirada hacia otro lado y
luego vuelve a mis ojos. –No quiero que me dejes.
-Si lo hiciera, estaría dejando escapar el
mayor logro de mi vida.
Nunca me había sentido tan cómodo diciendo esas
palabras. Entonces la beso sin explicación, como si se fuera a acabar el mundo
ahora mismo. Y me corresponde a su perfecta manera. Me besa, la beso.
Intercambiamos saliva y retamos a nuestros corazones acelerados. Iniciamos
promesas y empezamos a tirar por la borda todos esos papeles llenos de
estúpidos prototipos.
Por una vez en mi vida creo en la magia. Nunca
imaginé decir esto, ni siquiera pasaba por mi cabeza en mis peores pesadillas.
Pero ahora creo en la magia. La magia es ella. La magia somos nosotros. Ella y
yo.
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No sé lo que os habrá parecido pero os confieso
que este es uno de mis capítulos favoritos.
Me he basado en muchas cosas personales y me ha encantado escribirlo.
Espero que tanto como a vosotras leerlo.
Mil gracias por estar ahí y comentar todo.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
Me encanta *.* este capitulo ha sido increible. Me ha encantado. Porfin se reconciliaron y ha sido todo tan bonito akdfka escribes genial, me gusta mucho como explicas cada sentimiento en la novela. Siguela pronto!
ResponderEliminarPD: soy @dreamersmile_ leo tu novela desde hace tela de tiempo y ahora aunque no comente mucho como antes que sepas que siempre te leo :)
No me canso de leer el capitulo, es mas que perfecto. Lo digo en serio siguela pronto, mas bien, siguela ya de ya. Necesito saber que va a pasar ahora.
ResponderEliminarOmg, es perfecto. Siguela cuando puedas. Escribes genial y la historia es avsusbsusbdhbeisksjs, me entiendes?
Eliminarsiguelaaa porfisss siguela *-+
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