Tu rastro.

domingo, 1 de diciembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 40.


Ella corre tras él, con el hombro descubierto debido al desgarre de su vestido, envolviéndose en calor con sus propios brazos. Muerta de frío, pero lo que de verdad la ha dejado pálida ha sido su voz dura y seca.

-¿De verdad?
-¿Me ves con cara de estar bromeando, _____? 

_____, pocas veces la llama así.  Ella se queda muda, anclada al suelo sin querer moverse ni un maldito centímetro.

-Sabes que estoy cabreado. –Justin entierra su mirada en el asfalto. -¿Lo sabes, verdad? –eleva su mirada dando con los ojos de ella.
-Sí… -balbucea ella nerviosa, moviéndose sobre sus pies. No sabe qué hacer, ni qué decir, tan solo quiere huir. Huir con él. Y lejos de este oscuro lugar.
-¿Un sí? ¿Eso es todo? –escupe él, bajándose de la moto y caminando entre luces que parpadean indecisas en aquella calle vacía. Ella le sigue con la mirada. Observa cómo él saca un cigarrillo, esos que tanto odia ver entre sus labios, y lo prende haciendo una nube de humo a su alrededor.
-Justin… -interrumpe ella, todavía temblando.
-¿Qué quieres? –dice él con desprecio, apoyándose en la pared mientras se lleva el cigarro a la boca y llena sus pulmones de humo.
-Quiero que te tranquilices y que no me hables de esa manera. –ella quiere tomar posesión.

Pellizcando el interior de su mejilla se acerca pasito a pasito a él. Justin la mira de reojo, intentando negarse a sí mismo que el funcionamiento de su corazón vaya más deprisa a medida que se acerca. Lo que no sabe es que a ella también le sucede lo mismo. Da igual que estén enfadados, o que peleen, o que se odien unos segundos, los más largos y pesados de sus vidas. El corazón no engaña a la cabeza, el corazón lleva el timón de las sensaciones.

-Nada de esto hubiera pasado si me hubieras hecho caso y te hubieras alejado de él desde un primer momento. –se decide a decir él, ahogando en la suela de su zapato la colilla que acaba de lanzar al suelo.

La voz seca y ronca de Justin consigue erizar el vello de ella, todavía muerta de frío, de pánico. Esa sensación de impotencia, de querer huir y no poder, no se ha marchado de su cuerpo. Parece que quiere quedarse un rato más, ¿pero acaso alguien la ha invitado?

-Tú no te has quedado atrás. –murmura ella, escondiendo un mechón de pelo detrás de oreja. –Además, yo no he hecho nada.

Él exhala un suspiro impaciente y trata de recomponerse, intenta mantener la compostura, pero le cuesta. Esto no está siendo fácil para él. Sin duda, no lo es para ninguno de los dos.

-Yo no quería nada con esa chica. Parece mentira que aún no sepas que solo te quiero a ti.
-¿A mí? Eso lo dicen tus palabras, no es lo que has demostrado. –ella mueve sus brazos en alto. Él se acerca con ojos oscuros.
-Es lo que tengo que demostrar delante de toda esa maldita gente. –dice señalando hacia un punto invisible del asfalto. -¿Por qué? –eleva el tono de voz consiguiendo asustar a _____ que da un paso hacia atrás. –Porque no nos pueden ver juntos. ¿Es eso lo que no demuestro, eh? ¿Es eso? ¿Cómo quieres que demuestre si tú misma me impides ser yo delante de ellos, eh? Yo ya no soy Justin Bieber, el que cada noche lleva a una chica a su cama y nunca se cansa de repetir. Ya no soy ese. ¿Por qué tengo que fingir ser alguien que dejé de ser hace tiempo? ¿Sabes exactamente cuánto tiempo?
-No…
-Treinta y ocho días.
-¿Treinta y ocho?
-Sí. Exactamente treinta y ocho días desde que llegaste aquí.

La garganta de ella se seca, se le hace difícil tragar saliva al recordar todo. El principio. El comienzo de algo improbable, muy improbable de suceder. Dos corazones enfrentados, opuestos, y en el fondo heridos.

El silencio se hace presente. Únicamente sus respiraciones cortan la brisa de aire que empieza a invadir ligeramente el ambiente. Ella se acurruca abrazándose a sí misma para protegerse del frío. Él, con los ojos como el mismísimo hielo se desprende de la chaqueta de cuero que cubría su cuerpo y se la tiende a ella en la mano.

-Toma, vas a pasar frío.

Ella, tiritando y con los labios morados, acepta la entrega de ésta y la coloca alrededor de sus hombros. Justin se percata y siente un pinchazo en el estómago que no le gusta nada. Le duele, le hace herida.

-¿Te encuentras bien?
-Bueno… -susurra ella con la voz débil y pesada. Sus ojos cristalinos dicen todo lo que su boca calla y él lo puede percibir.

Justin la funde en un abrazo inesperado, justo lo que ella necesitaba, su calor, su protección. Ella cierra los ojos fuerte, tratando de controlar las lágrimas amenazadoras que quieren deslizarse por sus mejillas.

Pasan unos largos minutos abrazados, bajo la luz de la Luna, en silencio. Un silencio que es cómodo para vivir toda una vida junto a él.

-No me pidas que me controle cuando se trata de ti… No voy a permitir que nadie te haga daño.

Ella suspira más relajada, sabiendo que con él cerca nada va a ir mal.

-Siento haberme comportado como un capullo.
-No te disculpes, yo también lo he hecho mal. -_____ alza la mirada, sumergiéndose en sus ojos color miel. Qué bonita sensación.
-Me has llevado a la desesperación, no lo vuelvas a hacer.
-Tú has hecho que me diera un ataque de celos.
-Yo tampoco me he quedado atrás.
-¿Tú? ¿Celos? -_____ frunce su ceño y Justin sonríe al ver la expresión de su cara.
-Sí, ¿qué pasa?
-Pensaba que tú no tenías de eso.
-Cuando alguien se acerca a ti sí. –dice él acariciando su largo pelo. Ella satisfecha dibuja una media sonrisa en sus labios.
-Bueno, yo me he contenido para no arrancarle los pelos a esa sinvergüenza que se acercaba tanto a tu boca. 

Justin ríe. La misma sonrisa que llevaba de complemento principal ese día que se conocieron. Esa sonrisa limpia, sana, con pocas imperfecciones, que hacen del tipo duro el chico más tierno del mundo.

-No te rías. –dice ella cubriéndole la boca con sus manos intentando ponerle freno a la risa burlona de Justin. Él las detiene situando las suyas justo encima. Se miran detenidamente, como hacía unos cuantos días que no se miraban de esa manera.

Justin tira de ella por la cintura, aproximándola a él mientras sus labios piensan cómo besarla. Sus rostros se aproximan por puro instinto hasta que se encuentran tan cerca que pueden verse reflejados en el brillo de sus ojos.

-¿Entonces estabas celosa porque la morena estaba cerca de mi boca, nena?

Ella asiente con la cabeza mientras observa curiosa sus labios. Después levanta la mirada para ver cómo Justin la mira con deseo, admiración, con esa mirada que no dedica a cualquier chica. Sólo a ella. Única y exclusivamente a ella.

-Pues no tenías motivos. Sólo te dejo a ti besarlos, sólo son para ti.

Sus palabras aceleran más el corazón de ella, que sonríe tontamente.

-Está en tus manos, nena. –dice él con la voz sensual y rozando su nariz con la de ella.
-¿Me permites, estúpido?
-No pidas permiso y hazlo.

_____ tira de su barbilla y roza delicadamente sus labios, con dulzura. Él cierra los ojos, sintiéndola. Ella se percata y sonríe sobre ellos para después besarlos. Los besa e introduce su lengua en la boca de Justin. Despacio. Como la primera vez. Con un poco de miedo combinado con picardía. Esa que tanto le gusta a él. Entonces los besos se vuelven más rápidos, juguetones, combinando sabores, haciéndole partícipes de esas extrañas sensaciones. Calambres en sus pieles. Escalofríos. El vello se eriza. Las agujas del reloj quedan en el olvido. La Luna vuelve a ser testigo del ritmo de sus corazones acelerados.

|Narra Justin|

Besa tan bien que no sé cómo he podido seguir probando otros labios que no fueran los suyos tanto tiempo. Traviesa mueve su lengua al ritmo de la mía. Y juegan ardiendo en silencio a un juego de niños. Así me siento yo. Como un niño corriendo detrás de la pelota. Y si ella no está, soy ese niño al que le roban la piruleta de la boca. Y hablando de bocas, la suya es miel. Pero yo me derrito en ella.

-Entonces los chicos malos a veces también se ponen celosos…
-Así es. Y las chicas buenas a veces los vuelven locos. Como tú a mí.

_____ se sonroja y vuelve a besarme. Esta vez lento, vacilando a mi corazón. Sonrío en el beso, no lo puedo evitar.

-Hoy estás preciosa. –susurro, tragando saliva despacio.
-Y tú muy mentiroso.
-He conseguido sonrojarte. Ya van dos veces. –sonrío satisfecho, deslizando mi pulgar por una de sus rosadas mejillas.

Pero por mucho que consiga, en esta cosa de dos no soy el vencedor. Hablando de logros, ella bate el récord. Ha conseguido robarme el corazón y la cabeza, y eso nadie nunca lo había hecho.

-Juegas con ventaja, eso no vale. –dice haciendo una mueca de tristeza colocando el labio inferior por encima del superior.
-No, eres tú quien me vuelve loco, pero yo lo sé disimular mejor.
-¿Sí? –me mira pícara. -¿Cómo lo haces? –pregunta tirando de su labio inferior débilmente.
-Se llama control, nena. –carcajeo. –Y cuesta aplicarlo mucho, sobretodo cuando te muerdes el labio. –la atraigo más hacia mí llevando mis manos a su trasero y aprieto fuerte mientras me dirijo rápido a su boca. No espero una contestación. La beso. Con ganas. Como nunca había besado a otra chica. Mi lengua recorre su dulce boca mezclando sabores, los mejores, los más exquisitos. Entonces me encargo yo de morder su labio. Y gruñe bajito, pero no importa, me gusta. Me gusta como absolutamente todo de ella. Tiro de su labio enganchándolo con mis dientes despacio y abrimos los ojos casi a la vez. –Te quiero.
-Yo también te quiero, Justin.

Sonrío. Sonrío como un completo gilipollas cuando tiene delante suya a lo que más desea. Así me siento.

-Ven. –dice tirando de mi mano.
-¿Dónde quieres ir, nena?
-Sólo ven. Luego soy yo la de las preguntas. –responde con cierto reproche, como una niña pequeña. Y no lo sabe, pero me encanta.
-Está bien, bicho. –digo riendo.

De la mano caminamos hasta un extremo de la calle, donde puede percibirse un poco más de luz. Me quedo observando nuestros dedos entrelazados. Nunca en mi vida pensé estar de esta manera con ella. Su piel y piel. Un simple gesto que ahora mismo lleva el rumbo de mi vida. Y lo digo completamente seguro.

Se queda quieta mirándome y después se desprende de mi chaqueta, tirándola al suelo como si fuera un objeto sin valor. Ríe y elevo una ceja incrédulo. No sé qué está pasando, ni qué desea en estos momentos, pero mientras no se borre esa sonrisa de sus labios me da igual todo.

Se encoje de hombros y se acerca despacio a mí, devorándome los labios con la mirada. Joder. Qué peligroso es esto.

-¿Escuchas la canción? –me pregunta con los ojos brillantes y serenos.

Se puede percibir la música un poco más cerca. Esta es una canción lenta, quizás muy parecida a la de antes. Muevo mi cabeza afirmando.

-Quiero bailar contigo, Justin.

Incorpora sus manos en mis respectivos hombros e instintivamente llevo mis manos a su cintura. Me regala una sonrisa y al segundo yo le invito a una mía. Nuestros rostros están muy cerca, apunto de rozarse. Y empezamos a movernos lentamente al ritmo de esa bonita canción. Sin decir palabra, nuestras miradas mantienen una conversación llena de complicidad.

-Me encanta estar así contigo. –confiesa tímida enroscando sus brazos en mi cuello.
-A mí más.

Niega con la cabeza y después vergonzosa esconde su rostro en mi hombro mientras no dejamos de bailar despacio. Tan despacio que creo que mis pies van solos. Y congeniamos perfectamente a pesar de ser una colilla mal apagada y un libro recién abierto. Eso somos.

-¿Sabes qué, Justin? –me mira de esa manera tan suya que me conformo con tenerla ahí.
-¿Qué?
-Sé que no llevamos mucho tiempo ni somos como esas parejas normales que ves paseando por la calle con…
-Sh… -la silencio y me acerco más a su boca. Mira mis labios y después espera en mis ojos unos segundos. –Dime, nena.
-Bueno… yo… -dirige su mirada hacia otro lado y luego vuelve a mis ojos. –No quiero que me dejes.
-Si lo hiciera, estaría dejando escapar el mayor logro de mi vida.

Nunca me había sentido tan cómodo diciendo esas palabras. Entonces la beso sin explicación, como si se fuera a acabar el mundo ahora mismo. Y me corresponde a su perfecta manera. Me besa, la beso. Intercambiamos saliva y retamos a nuestros corazones acelerados. Iniciamos promesas y empezamos a tirar por la borda todos esos papeles llenos de estúpidos prototipos.


Por una vez en mi vida creo en la magia. Nunca imaginé decir esto, ni siquiera pasaba por mi cabeza en mis peores pesadillas. Pero ahora creo en la magia. La magia es ella. La magia somos nosotros. Ella y yo. 

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No sé lo que os habrá parecido pero os confieso 
que este es uno de mis capítulos favoritos. 
Me he basado en muchas cosas personales y me ha encantado escribirlo.
Espero que tanto como a vosotras leerlo.
Mil gracias por estar ahí y comentar todo.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

4 comentarios:

  1. Me encanta *.* este capitulo ha sido increible. Me ha encantado. Porfin se reconciliaron y ha sido todo tan bonito akdfka escribes genial, me gusta mucho como explicas cada sentimiento en la novela. Siguela pronto!
    PD: soy @dreamersmile_ leo tu novela desde hace tela de tiempo y ahora aunque no comente mucho como antes que sepas que siempre te leo :)

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  2. No me canso de leer el capitulo, es mas que perfecto. Lo digo en serio siguela pronto, mas bien, siguela ya de ya. Necesito saber que va a pasar ahora.

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    1. Omg, es perfecto. Siguela cuando puedas. Escribes genial y la historia es avsusbsusbdhbeisksjs, me entiendes?

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