Tu rastro.

domingo, 17 de noviembre de 2013

''Improbable Dirección'' Capítulo 39.


|Narra Justin|

La noche avanza a un ritmo que no esperaba. Me hace falta la droga más potente que afecta a mi cuerpo, ella. Cojo mi iPhone como puedo y sosteniendo un cigarrillo entre mis labios, decido escribirle un mensaje.

Para: Mi chica.
Siento haberte dicho todo eso… de verdad…

Pero mi orgullo detiene mis dedos y borro el mensaje. No, no soy capaz de enviárselo. Guardo de nuevo mi móvil en el bolsillo de mi pantalón vaquero.

-Estás serio. –Caitlin me quita el cigarrillo de la boca.
-Dámelo. –reniego.
-¿Ves? Estás serio. –hace una mueca de tristeza. –No eres tú.
-No estoy teniendo mi mejor día y ya está. –digo robándole el cigarrillo ahora yo a ella.
-¡Eh! –se queja. –No me gusta que fumes.
-Es lo que hay. –añado encogiéndome de hombros.

Me agobio y decido despejarme buscando el remedio de siempre. Más alcohol. Eso hará que al menos no piense en… joder, ¿por qué la tengo a todas horas en mi cabeza?

Abandono la zona en la que se encuentran mis amigos y me sumerjo, esta vez solo, entre toda esa gente que baila sin parar. La música retumba en mis oídos y decenas de cuerpos sudorosos se pegan al mío mientras avanzo. Pero alguien me lo impide. Es ella, la misma chica morena de antes. Me corta el paso agarrándome del brazo.

-Hola, guapo. –susurra en mi oído sin soltarme.
-¿Te conozco? –pregunto con una ceja elevada.
-No, pero para eso estamos. –dice atrevida mojándose los labios. -¿Dónde ibas?
-A la barra a por más bebida, pero no contaba con que me fueran a secuestrar sin más. –respondo divertido.
-Oh, -se acerca a mis labios. –yo si quieres te puedo dar bebida.
-Prefiero pagarla, soy un tipo legal. –río sin gracia haciendo aumentar el número de centímetros que nos separan.
-Eso me gusta… -añade deslizando su mano traviesa por mi cuello. Muerdo mi lengua.

Entonces una de las luces que iluminan mareadas el lugar rebota en mis ojos y aparto mirada hacia otra parte. No sé si se trata de una alucinación pero… ahí esta _____. Mi corazón empieza a ponerse nervioso, contagiando a mi pulso.  Pestañeo varias veces. Sí, joder, es ella. ¿Qué hace aquí? ¿Qué hace bailando con… Me mira. Nuestras miradas chocan. Me acaba de mirar. Y sé que se ha puesto nerviosa. Y el gilipollas ese le susurra algo al oído. Pero nuestras miradas continúan en plena conexión. Nunca me he sentido así de… impotente. Cojo a la morena por la cintura y empiezo a moverme con ella al ritmo de la música.

-Oye, ¿cómo te llamas?
-Shasha.

Ella me mira a los ojos, pero yo aparto mi mirada para centrarla en _____. Ella también me mira mientras baila al compás pegada a ese amiguito suyo. Aprovecho la ocasión para jugar.

-Hueles muy bien, Shasha. –digo aproximándome al cuello de la morena y aspirando un aroma que realmente es una mezcla de tabaco y alcohol.

_____ observa la escena con los ojos llenos de furia. Me encanta. Ahora me toca a mí. Que empiece el juego. Cojo de la mano a Shasha y las sensaciones son nulas, invisibles, transparentes. Es lo inverso a todo lo que la piel de _____ provoca en mi estómago. Tanto que me siento extraño.

Tiro de ella aproximándonos hacia donde se encuentra _____, que no ha apartado sus ojos de nosotros ni un instante. No sabe disimular. _____ ahora enrolla sus brazos alrededor del cuello del tío ese. ¿Qué hace? Él envuelve sus manos en la cintura de mi chica y le sonríe. No. Para, imbécil. Él la mira con ojos de cordero degollado cuando en realidad se trata de la oveja negra camuflada con un jersey de lana blanco. 

Me toca actuar a mí. Es mi momento y tomo a Shasha por la cintura mientras me muerdo el labio. Ella me mira extrañada preguntándose a qué se debe el cambio radical de comportamiento al que me he sometido.

-Eres muy lindo. –la morena desliza su dedo índice por mi mejilla hasta terminar en mis labios.
-Tú también.

Shasha pega un sorbo a su bebida color rojo y me ofrece situándome el cubata a escasos milímetros de mi boca. Esa boca que está deseando besar.

-¿Quieres?

Acepto y pego un gran trago. Joder. Quema. Está cargado. La chica es valiente. Me sonríe pestañeando mientras yo decido beber un poco más, quizás abusando, pero necesito un poco de descontrol ahora mismo. Despego el cubata de mis labios y se lo devuelvo con un guiño de ojos incorporado. Entonces me encuentro un tanto mareado, perdido, sin rumbo.

-Te has manchado por aquí…

La morena se acerca a mi boca y pasa su lengua poco tímida por debajo de mis labios, sin rozarlos. Me quedo paralizado, asimilando que está muy cerca de besarme. Pero no se atreve del todo y recoge la supuesta bebida derramada por mi barbilla. Y la limpia con su propia lengua, sorprendiéndome. La agarro del brazo, deteniéndola ante la posibilidad de… algo. Y reniega. No le parece bien y frunce su ceño. ¿Acaso no sabes, querida, que te estoy utilizando?

Me giro para observar si _____ nos está mirando. Y efectivamente. _____ aprieta con fuerza los labios. Está que echa humo. Y normal. Joder, qué sexy. Me está gustando esto de ponerla celosa. Va a explotar, pero esto aún no ha terminado.

|Narra _____|

¡Será estúpido! ¡Sinvergüenza! ¿Acaso se cree que… ¡Pues sí, estoy muerta de celos! Y estoy conteniendo ahora mismo la ira que corre a velocidades extremas por todo mi cuerpo mientras mi cabeza me dice que le estire de los pelos a esa morena hasta dejarla calva. ¡Se va a enterar! ¡Y él también! ¡Que es mi chico!

-¿Te pasa algo, bonita? –Carlo me acaricia el pelo y desliza su mano un poco más hacia abajo por mi espalda.
-No. –finjo una sonrisa.
-Sé que me estás mintiendo.

Rodeo mis ojos y de nuevo otra sonrisa aparece mintiendo en mi boca.

-Estoy genial.

Y sin más le planto un beso en la mejilla. Sé que eso le ha gustado y a Justin, que no deja de mirar, le ha puesto furioso. Es más, está cerca, y puedo distinguir su vena marcada en su cuello. Ojalá pudiera estar en su mente unos segundos y disfrutaría sabiendo todo eso que está pasando por ahí. Y vuelve a susurrarle algo a esa morena en el oído, y joder, ahora soy yo la que está jodida. Pero no puedo dejar de mirar, me quedo observando cómo bailan sin preocupaciones aparentemente. ¡Pero ella casi le besa! ¡Será zorra! ¡Encima él se dejaría! Cabrón.

Justin me mira. Todo desaparece, se esfuma, se marchita como el humo del café caliente. Esos que me hacían compañía las mañanas frías de invierno junto con un libro. Trago saliva. Sus ojos color miel están clavados en los míos. Parece que me quieren decir algo. Entonces Carlo ahora engancha ambas manos en mi cintura y me da varios toques ahí.

-Eh.
-¿Qué pasa? –pregunto frunciendo el ceño.
-Te estaba tratando de decir algo y creo que no te has enterado de nada.
-Lo siento… -musito tirando débilmente de mi labio inferior. -¿Qué decías?
-Esta canción es una de mis favoritas… -dice escondiendo su cabeza en mi cuello. Me detengo a escuchar la canción. Es lenta. –Nunca la había bailado con una chica… -susurra contra mi oído sin despegar su mejilla del pelo que se cuela en las mías. –Así que eres la primera…

Coloco mi mano en su hombro y sigo sus movimientos. Movimientos lentos. La verdad es que yo tampoco había bailado una canción de este tipo con un chico. Mis entrañas se revuelven. Cierro los ojos y no quiero saber nada del mundo. Entierro mi rostro en el hombro de Carlo y… me imagino a mí misma bailando con Justin. Pegando nuestros cuerpos al ritmo de una canción tan bonita, tan lenta, tan… romántica. Y me siento mal, porque estoy haciéndolo con la persona equivocada. Y ahora mismo saldría corriendo de aquí para refugiarme en sus fuertes brazos. Y contarle cuánto le quiero, aunque sea de la más pesada de las maneras y me mire con su ceja elevada pero con esa sonrisa sostenida en sus carnosos labios. Esos que tanto extraño. Esos que no me cansaría de devorar, ni de besar. Esos que cada vez que me susurran un ''bicho'' me hacen coger un avión al paraíso de las sensaciones, de esos con billete con ida pero no de vuelta.

|Narra Justin|

Ahí está. A unos dos… quizás tres metros. Bailando con ese tipo que debería ser yo. Esquivo su mirada y vuelvo a susurrarle a la morena lo primero que llega a mis labios. No pretendo nada con ella, tan sólo jugar un poco. Pero otra vez más me equivoco y maldigo por dentro. La morena, lanzada, desliza su mano derecha por mi muslo subiendo poquito a poco. Y la detiene muy cerca de mi miembro. Joder. Me está poniendo malo, pero no es nada comparado con _____. Ella no tiene esa electricidad, ni esa chispa. Es caliente, pero no quema como mi chica.

En otro intento de besarme, esta vez más descarado, giro la cara encontrándome a _____ muy cerca. Su mirada traspasa mis ojos. Un escalofrío deja tiesa toda mi columna vertebral. Pestañeo un par de veces e intento tragar la poca saliva que almacena mi boca. Pero no está sola, ese gilipollas rodea su cintura, apoyando la barbilla en su hombro. Y besa su mejilla haciendo que mi chica sonría, pero sé que está pensando en mí, no en él. Por eso no deja de mirarme. Pero en un segundo todo cambia, él la voltea y de repente desaparecen, haciendo que perdamos el contacto visual, lo único que nos unía en estos momentos. La pierdo de vista en un abrir y cerrar de ojos. Empiezo a ponerme nervioso y el alcohol está haciendo su efecto en mí. Mi cabeza da vueltas.

-¿Sí o no?
-¿Qué?
-¿No me estabas haciendo caso? –replica la morena.
-No, ahora déjame en paz.

Sin pensarlo dos veces la dejo ahí, sola entre tanta gente, justo como la había encontrado al principio. Camino rápido empujando a todo ser que me encuentro en el camino hasta que al fin consigo salir de toda esa multitud de gente reunida moviendo sus cuerpos sin sentido. Una mala sensación me sacude todo el cuerpo. Ese chico no me trae muy buena espina. Me subo en mi moto y volteo toda la zona oscura, apenas unas pocas farolas emiten la poca luz anaranjada que parpadea sobre el asfalto y alumbra lo más mínimo. La noche se vuelve más fría y la Luna es testigo de ello. Freno, dejando marca de mi derrape en una calle que considero apropiada para aspirar el humo de mi cigarrillo. Me siento tan frágil como él, sostenido en mis labios, dependiendo de un frágil movimiento que puede acabar con su corta vida. Más frío. No me gustan las noches así. Mis labios empiezan a tiritar solos, haciendo temblar la colilla que finalmente cae al suelo, haciéndome temer mis propias sospechas.

La música se escucha lo suficientemente lejos, pero una voz más cercana impacta en mis oídos.

-¡Que me dejes! ¡Déjame, por favor! ¡Suéltame!

Esta vez, mis labios se vuelven hielo al distinguir su voz.

-¡_____!

Grito desgarrando mi garganta. La idea de ver a ese tipo poniéndole un dedo encima me parte el corazón en dos, sin piedad. Mis puños se vuelven rojos apretando lo más fuerte posible el manillar de la moto. Arranco rápido, sin apenas acordarme de respirar, haciendo retumbar el sonido escandaloso por todas las paredes del lugar.

Logro percibir una sombra en un callejón y freno inmediatamente, abandonando el vehículo en medio de una calle desconocida, acompañada de la soledad y un gato negro que cruza decidido el asfalto.

-¡Que me sueltes!

Otra vez su voz, su voz rota. Corro con el corazón en un puño y las pulsaciones a setecientos por segundo. Siento una presión en el pecho al ver al tipo ese presionando su cuerpo al de mi chica contra la pared. Ella con la manga del vestido desgarrada deja ver su sujetador negro, oscuro como mis ojos en estos momentos llenos de furia.

-Deja de gritar, mañana no te acordarás de esto, preciosa.
-¡No voy tan borracha, idiota! ¡Déjame en paz!

No, eso ya no lo permito. Siento el calor, la furia, el fuego quemando las venas de mi cuello. Soy un mechero prendido en la boca del enemigo.

---------------------------

Él anclado al suelo, sin saber cómo reaccionar, comparándose con el mismísimo diablo. Ella temblando de frío, de miedo, desprotegida delante de la bestia un día disfrazada de amigo.

Justin, perdiendo hasta el control en sí mismo, agarra por el cuello a Carlo consiguiendo liberar a _____ de sus sucias manos. Ni siquiera se para a mirarle a los ojos, ya tendrá tiempo, demasiado. Justin lo empuja hacia el suelo y Carlo propicia un grito de dolor al escuchar crujir sus propios huesos de la espalda al impactar contra el suelo. Hace el intento de levantarse, pero Justin rápido se planta encima de él, descargando puñetazos contra su mandíbula hasta que acaba sangrando.

-¿Qué hacías poniendo tus manos encima de mi chica, eh?

Carlo hace el amago de contestar pero se gana otro puñetazo, esta vez dirección a su nariz. Su expresión de dolor lo dice todo.

-¡Justin, para!

Ella, hecha lágrimas y con el maquillaje de los ojos esparcido por sus mejillas, aparece por detrás, tratando de no hacer más grave la situación. Justin hace caso omiso a sus palabras, está cabreado, lleno de furia, una furia que vuelve a descargar en el rostro de Carlo.

Y otro grito de dolor escapa de su boca, resonando por las paredes oscuras e inhóspitas de aquel callejón.

-No vuelvas –Justin lo agarra por la camiseta levantándolo unos palmos del suelo. –a acercarte a ella, ¿me entiendes?

Carlo titubea un frágil ''no'' mientras la sangre, ahora proveniente de su nariz, se desliza por su barbilla y acaba en su cuello.

-Dilo claro. –amenaza Justin con voz ronca.
-No volveré… -Carlo tose y lleva las manos temblorosas a su abdomen. –a tocarla.

Justin se pone en pie y lanza una patada a su barriga, haciendo a Carlo encogerse de nuevo en el suelo, estremeciéndose de dolor.

-Más te vale o al mínimo intento acabarás mucho peor.

Justin cabizbajo, sin dirigir su mirada a una _____ temblando apoyada en la pared sin saber qué decir, emprende dirección hacia la salida de aquel callejón.

-¿Me vas a dejar aquí? –la voz débil de ella hace eco en el inquietante lugar.
-Es lo que te has buscado. –responde Justin seco, sin girarse.

-------------------
Os leo en #ImprobableDirección o en mención.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

2 comentarios:

  1. Como puedes dejarla ahí? Siguela pronto. No pueden estar enfadados, tienen que estar bien y juntos.
    Tu novela es perff en serio, escribes genial.

    ResponderEliminar
  2. PERO COMO LA DEJAS ASI. POR FAVOR. AY. SIGUE.

    ResponderEliminar