|Narra _____|
Llego a casa, no hay nadie. Justin tampoco
está. No he vuelto a verlo desde que discutimos. Necesito saber dónde está,
cómo se encuentra y si está solo. Lanzo las llaves al recibidor y me sirvo en
la cocina un vaso de agua. Finalizo y subo las escaleras. En una hora va a
venir Vanessa, ella me dejará un vestido para la fiesta. Y también dice que me
maquillará y todas esas cosas cursis que yo no he hecho en mi vida. Llego a mi
habitación y antes de entrar me detengo. Otra vez me perturban mis
pensamientos. Joder, no puedo dejar de pensar en él. Respiro hondo y me muerdo
el labio tratando de encontrar el sabor de los de Justin. Pero no, no da
resultado y me siento una completa estúpida. Entonces decido recurrir a mi
querido diario. Escribo. Escribo mucho sin tener en cuenta la hora. Y me
desahogo. Siempre funciona, nunca me abandona en mis peores momentos. Lo cierro
y lo escondo donde siempre. Mi móvil vibra.
De: Vanessa.
Ya estoy lista, ¡ay! ¡Te he cogido también unos
tacones que te quedarán geniales! Estoy de camino, en 10 minutos nos vemos.
¿Qué? ¿Diez minutos? ¿Enserio? Miro el reloj y
efectivamente, se me ha hecho tarde. Corriendo llego a la ducha y rápido me
baño de agua y me enjabono. Me siento mejor, aunque me es imposible sacarlo de
mi cabeza. Cuando acabo me enrollo en mil toallas y trato de secarme el pelo lo
más rápido posible. Tiempo récord. Creo que jamás en mi vida he logrado esto.
Llaman al timbre. Sí, lo he conseguido. Con una
toalla que cubre todo mi cuerpo, y el pelo todavía un poco húmedo, bajo las
escaleras rápido y abro.
-¡Tachán! –Vanessa gira sobre ella misma
mostrándome su modelito.
-Joder, hoy ligas. –digo abriendo mi boca a
medida que subo desde sus piernas hasta su abierto escote.
-¡Ay, nena! Eso espero. Seguro que tú también
ligas así. –me señala carcajeando. –Estás muy sexy, Blair.
-Qué graciosa eres, Vann. –simulo una sonrisa.
-Tú no necesitas ligar, tú ya tienes a tu
chico. –dice mientras entra dentro.
-Bueno… ¿vamos arriba? –trato de cambiar de
tema.
-¡Claro!
Subimos arriba y llegamos a mi habitación.
Vanessa deposita varias bolsas de plástico sobre mi cama y de una de ellas saca
un precioso vestido color beige.
-¿Te gusta?
-¡Me encanta! –exclamo sorprendida.
-Pues pruébatelo, venga.
Me lo tiende en la mano y unos pocos minutos
después aparezco en la habitación mostrándole cómo me sienta. Su boca forma una
O. No sé si eso es bueno o malo. Me acerco al espejo y… me gusto. ¡Me gusto!
¡No lo puedo creer! El vestido se pega a mi cuerpo definiendo mi figura
perfectamente y, aunque no es mi estilo, he de reconocer que me sienta
realmente bien. Doy una vuelta sobre mí misma y… joder, me marca demasiado el
trasero. Nunca me he visto así, tan…
-¡Es genial, Blair!
-¿De verdad?
-Creo que hoy todas las miradas van a ir hacia
ti.
-Bah, no digas eso.
-Ya verás.
Vuelvo a mirarme. Aún no asimilo que ese sea mi
cuerpo. Mi cuerpo metido en un vestido tan ajustado.
-Parece que vaya desnuda. –digo tirando la tela
del vestido más hacia abajo.
-Eres una exagerada.
-¡No! ¡Fíjate bien!
-Ya me he fijado bien, lo que pasa es que estás
acostumbrada a llevar tus camisetas anchas y ahora…
-Me siento rara.
-Eres rara.
-Vaya, gracias Vann.
Ella se ríe y ahora saca de otra bolsa unos
tacones. Madremía, espero que eso no sea para mí.
-Póntelos.
-¿Qué?
-Que te los pongas.
-Son muy altos.
-Pero te van a dar el toque perfecto.
Me descalzo y despacio y con miedo introduzco
el primer pie dentro del zapato, y después el otro. Wow. Pero yo no sé caminar
con esto, llevan mucho tacón.
-Tengo vértigo. –aclaro, provocando la risa de
mi amiga.
-Estás perfecta.
-Nunca he llevado una cosa tan alta en mis
pies.
-Pues ahora los llevas y los vas a llevar toda
la noche.
-Yo creo que voy a acabar descalza.
-No te quejes tanto, que aún no hemos
terminado.
Coge de su bolso un set de maquillaje, el más
grande que he visto en mi vida. Me siento en la silla de mi escritorio y ella
se coloca delante de mí. Me aplica la base y un poco de colorete. Seguido de
esto me hace la raya del ojo, finita por arriba, después de sombrear mis
párpados.
-Elige un color.
Me muestra varios pintalabios y me decanto por
el rojo.
-Es mi favorito.
Le regalo una de mis sonrisas. En realidad,
está haciendo grandes cosas por mí. Yo no le he pedido nada y se está
entregando completamente. Delinea mis labios y me devuelve la sonrisa.
-Suéltate el pelo, nena.
Le hago caso y mi cabello largo cae por mi
espalda desnuda. No lo llevo ni muy liso ni rizado, unas ondas marcan mis
puntas.
-Ya estás lista. Te odio, estás preciosa.
-Ya claro. –digo irónica.
-Compruébalo tú misma.
Me aproximo al espejo y… genial. Tiene razón. Me
veo muy bien. Sonrío satisfecha.
-¡Mil gracias, Vann! Me gusta el resultado.
-No me las des, tú eres así. La chica que estás
viendo eres simplemente tú.
Me encojo de hombros en forma de respuesta y mi
amiga me regala una mueca rara. Inmediatamente me llaman al móvil. Es un número
desconocido. Lo cojo.
-Hola bonita, ¿sabes quién soy?
La verdad es que su voz me resulta conocida,
pero…
-Soy Carlo.
Mi corazón sufre algo raro, así como un colapso
extraño.
-Ah vale, ¡no te reconocía!
-¿Estás lista?
Me muerdo el labio extrañada. Vanessa me mira
desconcertada.
-Mmm… sí, ¿pasa algo?
-¡No! ¡Perfecto! ¿Te importaría que pasara a
por ti?
Mi consciencia me grita al oído muy fuerte un ''Claro, por supuesto que me importa, tengo novio y no le va a hacer nada de
gracia''. Pero entonces recuerdo las palabras de Justin. Otra vez.
-Me parece bien, estamos Vanessa y yo aquí ya
preparadas.
¿Qué? ¿Qué acabo de decir? No, ______ Blair,
mal. Mal, joder. No deberías haber dicho eso.
-¿Entonces aceptas mi propuesta?
-Sí.
-Fenomenal. Mi amigo y yo pasaremos enseguida a
por vosotras.
-Pero… ¿sabes dónde vivo?
-Sé más de ti de lo que piensas.
Un escalofrío me sacude el cuerpo. Me quedo
muda, sin saber cómo reaccionar a sus palabras.
-¿_____? ¿Estás ahí?
-Sí, sí…
-Pero eso no es malo, no te preocupes ni
pienses que soy un acosador o algo por el estilo.
-No, no…
-Entonces enseguida te veo. Adiós, bonita.
-Hasta luego…
|Narra Justin|
-¿Te pasa algo, bro? –me pregunta Ryan tras
pegar un trago a su cubata.
-¿Por qué me tiene que pasar algo? –pego una
última calada al cigarrillo y lo lanzo al suelo con desprecio para luego
ahogarlo en la suela de mi zapato.
-Pues eso mismo te estoy preguntando, tío.
–dice dándome un pequeño golpe en el hombro.
-No me pasa nada. –miento. –Uno cargado, por
favor. –me dirijo al señor que se encarga de servir las bebidas en la barra.
-¿Ron? –me pregunta elevando la voz debido a
que la música está muy alta.
-Ron. –me limito a contestar.
A los pocos segundos lo tengo en mis manos, le
entrego unas cuantas monedas y el señor me afirma con la cabeza en señal de
agradecimiento. Doy un trago y la sustancia alcohólica baja por mi garganta
haciéndose notar en gran medida. Otro trago y la misma sensación.
-Todavía no me has contado lo que te traes con
_____. –insiste Ryan.
-No es el momento para hablar de eso. –le digo
serio. –Disfrutemos de la noche.
-Pero tío, si llevas una cara de amargado que
no te la quita ni una buena f*ollada. ¿Desde cuándo no…
-Desde hace mucho.
-¿Mucho cuánto es? ¿Dos días? –carcajea.
-No tío, mucho más.
-Vale, ya sé lo que te pasa. Tienes fiebre y
encima necesitas mojar, tu cara lo pide a gritos.
-¿Tan mala pinta tengo?
El cabrón de mi amigo se ríe, si él supiera…
Esto de estar mal con _____ me afecta tanto por dentro como físicamente. Joder.
Vuelvo a beber y trago con fuerza, intentando que el alcohol sane un poco mi
dolor. Me acabo el Ron y abandono el cubata en la barra.
Ryan y yo nos adentramos entre la multitud que
baila a ritmo de la canción que está sonando. Las chicas me miran deseosas y yo
muerdo el interior de mi mejilla a medida que avanzo para salir de ahí. Empieza a hacer calor. Una morena
de largas extensiones y piel delicadamente maquillada roza mi mejilla con su
mano. Me detengo a mirarla. Está buena, pero no estoy disponible para ella. Únicamente
lo estoy para una. Le regalo una sonrisa, lo máximo que va a poder disfrutar de
mí, y me marcho de ahí.
Nos reunimos con el resto de amigos.
|Narra _____|
Vanessa y yo estamos sentadas en los asientos
traseros. Una canción bastante pegadiza suena en la radio y puedo percibir cómo
Carlo la tararea por el movimiento de sus labios.
-Ya hemos llegado, chicas. –nos informa Jake.
Jake es su amigo, él está en el asiento de
copiloto. También es moreno y su abundante mata de pelo presenta unos cuantos
ricitos bien definidos. Estoy segura de que le gusta a Vanessa, además, él
tampoco le quita el ojo.
El coche se detiene y bajamos. Este lugar me
recuerda a algo. Bajo la luz de la Luna y unos cuantos focos de diversos
colores llamativos que alumbran una pista de baile improvisada, nos acercamos a
una larga barra donde parece ser que sirven bebida. Yo que nunca bebo… creo que
hoy me atreveré un poquito más. La música actúa en mí en forma de rebeldía. O
eso parece.
-¿Qué quieres, Blair? –grita Vanessa en mi
oído.
-No sé…. Yo no entiendo de esto. Me pediré lo
que tú te pidas. –digo yo ahora sobre sus oídos.
Ella me hace un gesto de aceptación elevando su
pulgar y yo simplemente me encojo de hombros. Entonces justo ahí, en mis
hombros, noto unas manos.
-Yo te invito. –me dice Carlo desde atrás
acercándose a mis mejillas.
-No, te invito yo que… -digo mientras rebusco
en mi pequeño bolso, pero sus manos me detienen.
-Basta. He dicho que yo pago. –me mira a los
ojos y… otra vez me encuentro perdida.
Tuerzo mis labios dándome por vencida y observo
cómo se acerca a la barra y hace un par de gestos a aquel señor. Éste
desaparece y enseguida trae dos cubatas de un color anaranjado donde se
distinguen un par de hielos.
-Toma.
Carlo me entrega el cubata y miro la sustancia
naranja que sostengo en mis manos con cara de asco.
-¿Qué es? –le pregunto haciendo una mueca extraña.
-Tú pruébalo, seguro que te gusta.
Y así hago. Acerco aquel vaso de plástico a mi
boca bajo la atenta mirada de Carlo y finalmente pego un largo trago casi sin
pensarlo. Es como… no sé explicarlo, como si una bomba atravesara mi garganta.
Pero me gusta.
-Está bueno. –digo sonriente.
Él me devuelve la sonrisa y bebe del suyo.
Entonces todo va sucediendo rápido. Me lo
termino y pido otro cubata, que esta vez lo pago con mi dinero. Y bebemos. Y
reímos. Los cuatro. Vanessa, Jake, Carlo y yo. No pensaba que fueran tan
graciosos y tan… amables.
Luego caen un par de chupitos. De Ron, creo. No
sé ni lo que estoy bebiendo. Sólo sé que estoy probando cosas nuevas y ricas.
Me estoy divirtiendo y la noche sólo está comenzando. La música cada vez está
más alta y yo balanceo como puedo mis caderas al ritmo de la música mientras me
sirven más bebidas. Creo que el alcohol se va apoderando de mi cuerpo poquito a
poco y lo comienzo a notar.
-¿Así que te gusta bailar? –me susurra Carlo al
oído.
-Bueno… sí. –carcajeo.
-¿Bailamos? –me propone sin despegarse de mí.
-Vale, pero… -busco con mi mirada a Vanessa y
al fin la encuentro echándose unas risas con Jake. Carlo se percata de que
estaba buscando a mi amiga.
-No te preocupes por ella, mírala, ellos van a
lo suyo.
Tira de mi mano y me arrastra donde se
encuentra toda la gente. Gente moviendo sus cuerpos exageradamente, otros con
más disimulo, gente con alcohol en sus venas, gente besándose, gente sudando. Gente
que busca divertirse y lo está haciendo. Como yo.
-Estás preciosa hoy, ¿te lo había dicho ya?
Carlo echa un mechón de pelo detrás de mi oreja
y yo sólo hago que sonreír. Y no sé por qué lo hago. No soy dueña de mi cuerpo
en estos momentos. Entonces apoya sus manos en mi cintura y empieza nuestro
baile.
Hoy… no sé cómo acabaré la noche.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
Omg, como puedes dejarla ahí? Tienes que seguirla.
ResponderEliminarAdoro la novela es perfecta. Asdfghjklñññ.
No se como lo haces...Es que es jodidamentr perfecto.Espero el siguiente ssdfghjkk.Sube pronto :)
ResponderEliminarSiguelaaaaaa
ResponderEliminar