|Narra Justin|
-Hasta mañana, bro.
-Que aproveche el castigo. –dice Ryan guiñando su ojo.
-Gracias, yo también te quiero. –bromeo.
Me despido de los chicos con nuestro particular choque de
hombros y empiezo a dirigirme por el pasillo que lleva al salón de actos. Tarareo
una de mis canciones favoritas en voz baja mientras camino y cuando llego abro
la puerta despacio. Las luces están encendidas y eso significa que ella está
aquí ya preparada.
-El chico malo de nuevo llega tarde…
Observo su perfecta silueta dibujada en el escenario con
los brazos en jarra. Intenta parecer seria pero sé que una sonrisa se le va a
escapar a medida que me voy acercando.
-Y la chica bicho estaba deseando verme aparecer por la
puerta.
-¿Enserio? –lleva una mano a su boca.
-Enserio. –me coloco delante suya. –Ahora tenemos que
empezar con esta mierda. –digo dirigiendo mi mirada a la cantidad de papeles
que se encuentran amontonados encima del piano.
-A mí me gusta. –se encoge de hombros. –No es tan pesado.
-Si tú lo dices… -deslizo mis supras por el parqué. -¿Has
leído las escenas?
-Sí, son un poco comprometedoras. –dice avergonzada. –Ya
sabes.
-¿Por qué? –la miro elevando una ceja mientras me acomodo
en el taburete.
-Porque no todos los días actúo cariñosamente con un
chico delante de un público.
-Bueno, eso hace las cosas más fáciles.
-¿Qué cosas? –se acerca a un paso moderado hacia mí.
-Nuestras cosas. –enfatizo.
-Ah, vale. –curva su espalda y de un salto se sienta en la
parte superior del piano. Empieza a balancear sus piernas como si fuera una
niña pequeña. –Por cierto, de eso tenemos que hablar.
Me pilla desprevenido y un nudo comienza a formarse en mi garganta
impidiendo el paso de saliva. En las películas siempre suelen temer a esos ''tenemos que hablar''. A mí nunca me han acojonado tanto como ahora. Mi
abdomen se contrae y aparento normalidad por fuera. Mi fachada siempre oculta
todo lo que llevo dentro de mí.
-Adelante. –elevo mi cabeza como símbolo de que puede
empezar a hablar.
-Verás… -dice en un hilo de voz. –Estoy en un problema por
tu culpa.
-¿Qué problema? –mi expresión cambia completamente.
-Mmm… -juega con sus dedos. –tú sabrás.
-Nena, si la idea es volverme loco lo estás consiguiendo.
Eleva una ceja divertida y comienza a reír. Su risa es
dulce, me gusta, pocas veces la he escuchado. Es como un sonido que se queda
grabado en tu cabeza en forma de melodía. Suena muy cursi, pero esto me está
matando.
-Dispara de una maldita vez. –mi voz suena ronca.
-Las cosas se piden por favor… -imita la voz de una niña
pequeña y me trae unos cuantos recuerdos.
Me pongo en pie quitando mi maldito culo del taburete y me
aproximo a ella mientras muerdo mi labio inferior. Mi cintura está a la altura
de sus rodillas y apoyo mis manos en ellas.
-Señorita Blair, ¿quiere hacerme el favor de contarme lo que
pasa?
-Así perfecto, Bieber.
-Lo sé. –vuelvo a morder mi labio. –Ahora dime…
-Menos exigencias. –esconde un mechón de pelo detrás de su
oreja. –Resulta que esta mañana me he encontrado a alguien llorando en el
pasillo. Adivina quién era.
Hago el impulso de hablar pero inmediatamente coloca su dedo
índice contra mi boca silenciándome.
-Sh… escúchame. –dice ahora pasando su dedo pulgar por mi
barbilla. –Me dijo esa persona que encontraste a alguien. –trago saliva debido
al efecto que sus palabras causan sobre mí. –A alguien que no es ella y ahora
está mal. No debiste ser tan brusco y aunque seas un cabezón admite que lo
fuiste.
-Lo fui.
-Pues hiciste mal…
-Lo hice por ti, ¿así me lo pagas?
-Bueno, si quieres te robo un beso.
-No, no me lo robes. –acaricio su muslo descubierto con
delicadeza. -Regálamelo.
-Bueno, -hace una mueca con sus labios. –no nos desviemos de
tema.
-Pero bicho, me debes un beso.
Sus mejillas se tintan de rojo y agacha su mirada haciéndome
saber que se muere de vergüenza.
-¿Qué hacemos? –pregunta encogiéndose de hombros.
-¿Le dijiste que esa chica eres tú?
-No. –dice en un tono como si fuera evidente. -¿Estás loco?
¿Cómo se lo voy a decir?
-Tranquila, sólo preguntaba.
-Lo peor es que cree que Sarah es la culpable.
-Eso le pasa por meterse donde no le llaman…
-Eso te pasa por tirarte a cualquiera. –escupe y sus
palabras se clavan como flechas en mí.
-Eh bicho, deberías de aprender a hablar en pasado ya sobre
ese tema. –la acerco a mí tirando de su cintura. –Ahora sólo existes tú para
mí.
-No te pega nada eso de ponerte romántico. –ríe bajito.
-No me he puesto romántico. –niego moviendo mi cabeza.
-Sí lo has hecho. –sonríe dejando ver su perfecta dentadura.
-No, no lo he hecho.
-Pero si es tierno…
-Pero a mí no me van esas cosas.
-Me apuesto lo que sea a que por dentro eres todo un
sensible.
-No apuestes conmigo, nena. O perderás.
-Jum. –hace una mueca con sus labios. –No estoy de acuerdo.
-¿No te han enseñado a no retar a los tipos duros?
-No, enséñame tú.
Acoplo mis manos en sus mejillas y la acerco a mí
permitiendo que tan sólo un puto centímetro separe nuestras bocas. Mi corazón
me advierte de que está al borde y late con fuerza. En verdad, también lo estoy
retando a él.
-¿Te estás atreviendo a desafiarme, bicho?
-Supongo que sí.
-No te veo muy convencida.
Aproximo un poco más mis labios a los suyos. Incluso juraría
que se están vistiendo de un color rojo que hacen que los desee aún más.
-Ay Blair,
Blair, Blair…
-¿Qué?
-¿No puedes notar eso?
-No. ¿El qué?
-Tu corazón.
-¿Mi corazón qué?
-Está latiendo más deprisa.
-¿Lo puedes escuchar?
-Sí, va a compás con el mío.
De nuevo dirijo mi mirada a sus carnosos labios. Quiero
jugar con ellos, mordisquearlos, saborearlos hasta dejarlos sin sabor. Me
gustan. Ahora detengo mi mirada en su refinada y diminuta nariz. Y luego en sus
ojos que brillan esperanzados chocando con los míos color miel. Por último hago
un escáner con mi vista mientras mis sentidos se alteran queriendo romper la poca
distancia que existe entre nosotros.
-Nunca he pedido un beso a una chica. –murmuro con
sinceridad.
-¿Y?
-Que hay veces en las que tenemos que romper todos los
esquemas.
-No entiendo, Justin…
-Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?
-Claro.
-Bésame. –trago saliva pesadamente. –Por favor.
Y parece que no duda en lanzarse a mi boca. Mis palabras han
provocado un efecto en ella que me llena de placer. Nuestras bocas se unen
después de andar separadas pero buscándose incondicionalmente. Por fin noto su
traviesa lengua dentro de mí y la recibo como nunca antes había hecho. Dejo de
pensar y todo mi ser se concentra en nosotros y en nuestro momento. Agarro su
nuca y acoplo mis manos en los extremos profundizando el beso. Agacha su cabeza
adaptándose más a mi altura debido a que está sentada en ese gran instrumento
negro.
Continúa la diversión, el reto, el favor. Nuestros sabores
se mezclan y me transmite la dulzura necesaria haciendo escapar todos los
problemas de mi cabeza. No perdemos el contacto y sus manos recorren mi brazo
hacia arriba y hacia abajo. Y continuamos batallando hasta que despegamos poco
a poco nuestros labios y se inclinan formando una sonrisa instintiva que se
forma en nosotros al mismo tiempo. Ella también se percata del pequeño detalle.
-Me ha encantado. –susurra.
-Te dije que no me retaras. A veces los chicos malos jugamos
sucio.
-Pues quiero que juegues sucio más a menudo.
-Bicho…
-¿Qué?
-No me tientes… sabes perfectamente que te besaría cien
veces más ahora mismo.
-A veces las chicas buenas no somos tan tontas.
-Mmm… eso me gusta.
Empujando mi pecho haciendo que dé unos cuantos pasos hacia
atrás baja de su improvisado asiento y apoya ahora sus brazos en él junto con
su espalda.
-Oye, -me mira mientras lleva uno de sus dedos a su boca.
-¿y ahora cómo le explicamos esto a Vanessa?
-Tú la conoces mejor… tú sabrás. –acoplo mis manos en los
bolsillos del pantalón.
-¿Perdona? No creo que la conozca mejor que tú… Quiero decir…
-Déjalo, yo hablaré con ella.
-No, déjame hacerlo a mí.
-Bicho, ¿entonces para qué preguntas?
-Porque no sé qué decirle. Maldita sea, qué complicado es
esto.
-Ni lo imaginas.
Pasamos el resto de la tarde organizando las escenas entre
unas cuantas discusiones tontas. Ya sabéis, tenemos formas de pensar muy
diferentes y es inevitable. De vez en cuando me sentaba cómodamente en una de
las butacas con los brazos cruzados mientras observaba cada uno de sus
movimientos. Unas veces se percataba de que me quedaba embobado mirándola y
otras no.
También me he dado cuenta de algo, tiene una gran
imaginación. El montón de libros que tiene en la estantería de su habitación
han servido para algo.
{Más tarde}
-¿Te llevo a casa? –pregunto subiéndome en la moto.
-Bueno… si no quieres que me pierda por el camino sí. –dice
moviéndose sobre sus pies.
-No quiero que te pierdas por el camino. Sube.
-Está bien. ¿Pero tú dónde vas?
-He quedado.
-¿Con quién? –coloca los brazos bajo su pecho.
-¿Y tanta pregunta a qué viene, bicho? –carcajeo.
Gruñe por lo bajo y en un impulso se coloca detrás de mí
correctamente sentada.
-Vamos, arranca. –me ordena intentando pasar desapercibida.
-No, nena. ¿No estarás celosa?
-No… -arrastra la ''o''.
-Pues deberías estarlo.
-¿Por qué?
-Porque he quedado con una chica morena que además tiene un
trasero que… -me muerdo los labios pensando en ella.
-Pues vete con ella. –murmura con furia.
-Eso es lo que voy a hacer. No lo voy a pensar ni dos veces.
-Ya estás tardando.
-Mucho.
-Encima te atreves a decírmelo en mi
cara, eres un estúpido. –hace el intento de bajar de la moto pero la freno
cogiéndola del brazo.
-¿Dónde crees que vas?
-Donde sea pero lejos de ti. –se esconde en los mechones de
pelo que cubren su cara.
-No, tú te vienes conmigo.
-Já. –con voz de cría hace una mueca. –Ni pensarlo.
-Eh, nena, pero mírame. –tiro de su barbilla y la coloco
cerca de mí. –Así mejor.
-¿Qué quieres? –murmura con desprecio.
-Pasar un rato más contigo. –continúo sin soltarla. -¿Qué te
parece?
-Mal. –musita de nuevo con ese tono de voz.
-No, tú también quieres estar conmigo y no lo niegues.
-Lo que tú digas. –rodea los ojos.
Acoplo los labios dentro de mi boca y echo detrás de su
oreja las greñas que cubren sus rosadas mejillas. Ante mi tacto se estremece y
cierra los ojos instintivamente sintiéndome más. Sé que ella también está en
esta extraña burbuja que nos envuelve y nos vuelve ciegos, tontos, estúpidos,
pero crea nuevas sensaciones que ayudan a seguir adelante.
-¿Te apetece tomar un helado?
-¿A qué viene eso, Justin?
-¿Te apetece o no?
-Sí.
-Perfecto. –hago una pausa mientras acaricio su mejilla y
continúo. -¿Has visto como sí que había quedado con una morena de escándalo?
-Eres un imbécil. –una sonrisa se forma en sus labios sin
querer. –Me lo había creído.
-Y te habías puesto celosa. –junto nuestras narices y rozo
la mía con la suya delicadamente. –La bicho se había puesto celosa.
-Puede. –admite con timidez a la vez que se encienden sus
mejillas.
-Entonces… ¿helado de chocolate?
-Yo de nata.
Me da un beso rápido en los labios. Apenas juntándolos un
segundo sin lengua ni nada, pero me ha pillado desprevenido y me gusta. La
actitud que tiene hacia mí me gusta y ella en sí me gusta también. Estoy en una fase que no me reconozco. Desconozco completamente este mundo. Nunca había pensado
cursiladas de este tipo y si Ryan escuchara mis pensamientos se pasaría todo el
día riéndose de mí.
La llevo a mi rincón favorito de la zona, Café Paillard. La
última vez que estuvimos aquí las cosas no funcionaron bien y percibo la cara
de _____ al darse cuenta también de la situación. Me siento incómodo por un
momento, pero decido seguir adelante. Ahora sí que nadie puede arruinar nuestro
momento.
-FLASHBACK-
Mis ojos se abren al instante como si hubiera visto a un fantasma o a
cualquier ser sobrenatural. La chica rubia a la que está atendiendo es Sarah. Y
yo me encuentro esperando a tomar algo con _____. Nosotros dos. Solos. La
sangre comienza a hervir por mis venas.
-¿Qué pasa, Justin? –pregunta _____ preocupada.
-Nada. –contesto sin apartar mi mirada de Sarah.
-Estás mintiendo. Al menos podrías mirarme a los ojos. –le hago caso.
-No pasa nada, -murmuro. -es sólo que… -alguien me interrumpe.
-Vaya, vaya, vaya… -reconozco esa voz acompañada del ruido de unos tacones.
–No esperaba encontrarme a vosotros dos aquí. –ríe malévolamente.
-Sarah. –susurro con rabia. –No te importa.
-Claro que sí, no me habías contado que quedabas con… -hace una pausa.
–esto.
-Métete en tus asuntos. –amenazo.
-¿No me invitáis a un café? Me encantaría haceros compañía. –vuelve a reír.
-¿No ves que no? Vete. –entrecierro los ojos con furia.
-No me voy a ir, Bieber. Me debes algo. –se muerde el labio provocando.
-Lo que debo es dejarte sola, como mereces. Vamos, _____. Vámonos.
Tiro de _____ agarrándola por la muñeca apretando fuerte. Quizás
descargando la rabia contenida en ella. Salimos los más rápido posible de allí
despidiéndome de John y anulando la comida que con ansias esperaba.
-¿Me puedes soltar ya? Me haces daño. –exclama.
-FIN DEL FLASHBACK-
-¿Pasa algo? –pregunto antes de abrir la puerta del local.
-No, nada. –miente. Y lo noto.
-Sé que no hay muy buenos recuerdos desde la última vez pero
eso no significa nada ahora.
-Lo sé, Justin. Vamos a entrar, no pasa nada.
Le sonrío a mi manera y abro permitiéndole el paso, dejando
que ella entre primero. Como un auténtico caballero. Aunque tenga fama de
mujeriego, egocéntrico y rompecorazones, siempre que trato con una chica hago
que se sienta bien. Es una filosofía que me ha inculcado mi madre desde
pequeño, y aunque a veces no funcione del todo bien siempre intento manejarlo
lo mejor posible.
-Buenas tardes. –saludo a John, el jefe del local que
siempre me recibe con una sonrisa de oreja a oreja.
-Qué bien tenerte por aquí. –me saluda él.
Con mi mano derecha rodeando la cintura de _____ caminamos a
la primera mesa que vemos vacía. Nos sentamos uno delante del otro y comienza a
teclear la pantalla de su móvil.
-¿Qué haces? –pregunto intrigado.
-Hablar.
-¿Con quién?
-Vaya… -se apoya en su codo y me mira divertida. –Ahora eres
tú el que se pone celoso.
-¿Quién ha dicho eso? –hundo mi cabeza en mis hombros.
-Tú. –me señala con su dedo índice en plan burlón.
-Oye bicho, nadie dijo nada. –cojo su mano y la atrapo
contra la mesa.
-Suéltame. –dice infantilmente mirando mi agarre a su
muñeca. -Estoy hablando con mi padre, Justin.
-Mmm… bueno vale. Pero no te voy a soltar.
-¿Por qué? ¿He hecho algo?
-Sí, me has ordenado algo y ya sabes que no me gusta que me
manden.
-Eres un estúpido a veces, ¿lo sabías?
-Bicho, -extendiendo mi cuerpo sobre la mesa sin apenas
apoyarme en ella me aproximo a su oído. -¿no ves que me encanta rozar tu piel?
Se queda en silencio y vuelvo a mi sitio. Sigo en contacto
con su piel sin soltarla. Me siento y ella esquiva mi mirada rápidamente. Rasco
mi nuca y toso colocando mi mano cubriendo mi boca. Llega la misma camarera de
siempre y saca el bolígrafo para tomar nota de su bolsillo.
-Hola, ¿qué desean tomar?
-Dos helados, por favor. Uno de nata y otro de chocolate. –digo
sin apartar la mirada de _____.
-De acuerdo, enseguida os sirvo.
-Vale, señorita.
La camarera me guiña un ojo seductora pero no provoca nada
en mí. La bicho frunce su ceño y me doy cuenta de que ha dado resultado lo que
buscaba. Al instante aparta su mano de mi agarre y la refugia de mí.
-¿Quién se cree que es? –murmura emitiendo furia de sus
ojos.
Una ligera risa escapa de mi boca y se percata.
-¿Y tú de qué te ríes?
-De tus celos, nena. Me hacen gracia.
-No tengo por qué tener celos si no somos nada.
-¿Así que no soy nada para ti? –arrugo mi frente confundido.
-No he querido decir eso, estúpido. Nosotros en verdad somos
como hermanastros o algo así.
-Suena raro. –río y me apoyo en mis codos haciéndolos
temblar. -¿Has pensado en decirle a tu padre que te mola tu hermanito mayor?
-Te odio. –murmura mirándome a través de esos ojos castaños.
–En realidad sí lo he pensado, pero ahora te vas a quedar con las ganas.
-¿De verdad eres tan vengativa? –pestañeo varias veces
seguidas.
-No lo sabes tú bien… -carcajea contagiándome la risa.
-Está bien, está bien. –digo poniendo las manos en alto
bromeando.
--------------------------------------------
¿Os está gustando? Comentar en #ImprobableDirección
Allí os leo
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario