La tarde va oscureciendo. Las nubes van cubriendo el cielo
haciendo de él un color blanco espeso y el Sol poco a poco va desapareciendo.
Se esconde con cuidado, es su rutina de siempre. Hay cosas que nunca cambian.
Como los domingos de lluvia viendo una buena película tumbada en el sofá, el
humo que desprende el café al calentarlo, las ganas de huir de casa cuando
discutes con tus padres, o esas explosiones en tu interior que se producen cuando
ves a esa persona que te gusta tanto.
Pero ellos siguen charlando, regalándose sonrisas y
conociéndose un poco más. Cada cinco minutos se roban un pedacito de corazón.
Ella lo pega con celo, porque tiene un miedo increíble y no quiere ilusionarse
para acabar hundiéndose como el Titanic. En cambio, él utiliza permanente, es
un poco más valiente y se atreve a apoderarse de esas sensaciones. ¿Por qué
sabéis qué? A veces nos tenemos que arriesgar. Nadie gana sin haberlo intentado
antes. No es malo apostar, arriesgarse, tener el valor suficiente para asumir
lo que dicta tu corazón y no tu cabeza. También es de sabios dejarse llevar.
A medida que la Luna salía de su escondite y se interponía
ahí arriba, el frío iba haciéndose notar. Las agujas del reloj continuaban con
su particular tic tac avanzando, dejando atrás cada segundo, minuto y hora. Sí, ya han
pasado horas, pero quién se lo diría a ellos que están disfrutando comiendo
helado como dos niños pequeños el primer día de excursión en la escuela. La gente abandonaba la cafetería, pero ellos ni se daban
cuenta y seguían en ese rincón. Su rincón.
-¿Quién es? –Justin pega el teléfono móvil a su oreja. –Ah,
sí, mamá. ¿Enserio? No puede ser… Ya vamos a casa, no os preocupéis. Hasta
ahora. –una breve pausa. –Yo también te quiero, sexy.
-¿Quién era? –le pregunta ella asombrada pero sin borrar su
sonrisa.
-Mi madre. Es tarde. –dice él levantándose y haciendo un
gesto para que ella le siga.
-No sabía que la llamas sexy. –carcajea cargando con la
mochila en su espalda. Justin la observa.
-Oh, no. –Justin le arrebata ese objeto cargado de libros.
–Déjame llevarla a mí.
-De acuerdo. Gracias. –murmura inflando sus mejillas.
-De nada, bicho. –sonríe él acercándose a la barra.
–Cóbrame, John. –dice tendiéndole un billete en la mano.
-Aquí tienes. –John le devuelve unas cuantas monedas. –Ya
sabes que puedes pasarte siempre que quieras.
-Y sabes que es todo un placer para mí venir aquí. –Justin se
despide chocando su mano formando un puño.
Abandonan el recinto. Se percatan de que las estrellas
comienzan a brillar ahí arriba y las farolas están encendidas alumbrando las
calles oscuras y vacías de la zona. Stratford es un pueblo de un tamaño medio pero en estas
épocas del año la gente no suele salir. Tan sólo los adolescentes abandonan sus
casas para divertirse fuera de ellas.
-Vaya, el tiempo ha volado. –susurra _____ una vez montada
en el vehículo.
-Sí, ha pasado demasiado rápido. –dice él observándola por el espejo
retrovisor tiritando. -¿Tienes frío?
-Un poco. –admite ella mordiendo su labio inferior
tímidamente.
-Toma. –Justin se quita la chaqueta al instante. –Yo te la
presto.
-No hace falta, Justin. Te vas a morir de frío. –dice _____
rechazando su propuesta.
-Que te la pongas. No me obligues a ponértela yo mismo. –él
gira su cuello mirándola fijamente.
-Pero… yo… tú vas a pasar frío.
-No importa. Póntela.
-Justin… de verdad, que no pasa nada.
-_____ Blair me voy a enfadar contigo como no te pongas la
maldita chaqueta.
-Odio seguir tus instrucciones. –reniega ella cubriendo sus
brazos con las mangas y protegiéndose del frío con la chaqueta de cuero. –Ya
está.
-Muy bien, nena.
-Y tú te vas a constipar.
-¿Qué importa? Abrázame un poco y me refugias del frío,
vamos. –dice él.
Pasando sus manos por los brazos descubiertos de Justin, _____ los acaricia suavemente un par de veces erizándole el vello. Le abraza por detrás
hundiendo su cabeza en la espalda dura y fuerte de Justin. Sus brazos rodean su
cuerpo un poco más arriba de su cintura por la altura de sus abdominales y allí
entrelaza sus propios dedos. La verdad es que funciona para entrar en calor. Él aspira hondo mientras la chica que le
vuelve loco le abraza. A Justin un escalofrío por su columna vertebral le deja
casi tieso y sin aliento. Y ella prefiere perderse en su mundo imaginario
mientras siente sus cuerpos pegados y casi completamente unidos de nuevo
creando esa burbuja en la que sólo existen ellos.
-Oye. –dice ella en un casi inaudible sonido.
-Dime, bicho.
-Ha sido un placer pasar la tarde contigo.
-¿Enserio?
-Sí, no te estoy mintiendo.
-Entonces lo estoy haciendo bien, ¿no?
-Estás siendo un hermanastro muy… como lo llamaría yo… -él
nota algo vibrar tras su espalda, la risa de _____.
-¿Cariñoso? ¿Amable? –continúa él su frase.
-Digamos que sí.
-Oh, fenomenal. –hace una pausa antes de disponerse a
arrancar. –Tú estás siendo muy receptiva también.
-Idiota. –vuelve a reír ella.
Comienzan a viajar bajo la fría noche que les viene encima.
Velocidad, sensaciones desconocidas y ruido se mezclan haciendo de una noche
más una difícil de olvidar.
|Narra _____ |
Me cuesta respirar estando aferrada a él. El viento menea
salvajemente mi melena. Siempre he tenido miedo a la velocidad, a sobrepasar
los límites y ahora mismo me encuentro circulando a Dios sabe cuántos
kilómetros por hora. Los árboles pasan desapercibidos
apenas sin distinguirse, se quedan atrás mientras todo se ve borroso. Descanso
mis párpados y me tranquilizo acariciando su camisa.
Me encanta estar tras su espalda y cuando vuelvo al mundo
real ya estamos en casa. Hogar dulce hogar. Hemos llegado. El silencio se rompe
con los ladridos de un perro a unos cuantos metros de nosotros, apenas se puede
oír.
-Casi me quedo dormida. –me sincero poniendo un pie en el
suelo.
-Eres muy extraña, de verdad.
-¿Quieres dejar de decir eso?
-Nena, no te molestes por esa tontería.
-Vale, déjalo…
Camino despacio hacia la puerta principal y busco mi llavero
en el bolsillo más pequeño de la mochila. Esto me lleva un largo rato y en
estos momentos odio llevar tantas cosas siempre conmigo que no sirven de nada.
¿Sabes? Soy de esas que guardan todos los recuerdos, las estupideces más grandes,
soy incapaz de tirar nada porque siento que rompo una parte de mi vida. Supongo
que por eso me gusta tanto la fotografía, me encanta capturar momentos y
congelarlos para el resto de mis días.
Coloco las llaves en la cerradura y giro el pomo despacio
provocando un ligero ruido. Justin me sigue detrás y me giro comprobándolo.
-Por fin lo conseguiste. –bromea sacándome la lengua.
Entramos al salón de estar donde se encuentran papá y Pattie
mirando la televisión.
-Hola. –saludo fingiendo una sonrisa.
-Eso… hola. –me sigue Justin.
-La cena os lleva esperando una hora… -dice Pattie señalando
hacia la cocina.
-Yo no tengo hambre. Además, estoy agotada. –murmuro tocando
mi barriga.
-¿Se puede saber dónde estabais? –pregunta papá con cara de
pocos amigos.
-El castigo se ha alargado. –interviene Justin.
-Bueno, al menos os habrá servido de lección. –dice Pattie
entrelazando sus dedos. –Ahora tomar algo de comida y a la cama chicos, es
demasiado tarde.
-Buenas noches. –me despido deslizando mis pies en otra dirección.
Subo las escaleras lo mejor que puedo y al llegar a mi
habitación me tumbo en la cama desconectando todos mis sentidos. El sueño se
hace presente en mí y no tardo en caer rendida en la fresca almohada.
{Al día siguiente}
-Buenos días, papá. –coloco un beso en su mejilla y después
abro la nevera.
-Buenos días, cariño. ¿Qué tal has dormido?
-Bien… caí rendida, así que dormí muy bien. –digo vertiendo
la leche en una taza. -¿Y tú?
-Muy bien, aunque de vez en cuando me entraban ganas de
matar al perro del vecino. –ríe bromeando. –Cuando empieza a ladrar no para.
-Yo estaba tan metida en mis sueños que ni me enteré.
–carcajeo y a continuación termino de
beber mi vaso de leche. Después lo llevo al fregadero y lo lleno hasta
arriba del agua del grifo.
-Me voy a trabajar, hija. Estudia y presta atención en
clase. –acaricia mi espalda y abandona la cocina.
-Sí papa… -digo rodeando mis ojos.
Escucho el golpe de la puerta al cerrarse y me dirijo a la
sala de estar para mirarme en el inmenso espejo que ocupa casi toda la pared.
Recojo mi pelo en la misma coleta de siempre y me dispongo a salir a un paso
moderado. Es la primera vez que no hago tarde. Camino sola hasta la parada del
autobús y cuando llega entro directa para sentarme en la parte trasera. Vanessa
me espera y me siento justo a su lado como esperaba.
-¿Estás mejor? –pregunto en un hilo de voz.
-Bueno… se podría decir que sí. –finge una sonrisa.
-Eso espero.
Un silencio incómodo se apodera del ambiente hasta que por
fin llegamos a la universidad. Bajamos del autobús entre la gente y sin
dirigirnos una palabra más continuamos nuestro camino por los pasillos. Me paro
en mi taquilla y descargo unos cuantos libros, menos peso para mi espalda que
está destrozada. Cierro con el candado y me aseguro de que lo he hecho
correctamente. Me giro y observo a Vanessa jugueteando con unas llaves rosas de
un tamaño diminuto entre sus dedos.
-No sabía que ahora Sarah te había contagiado sus gustos.
–bromeo señalando hacia sus manos.
-Ah, ¿te refieres a esto? –Vanessa coloca las llaves ahora
en la palma de su mano haciéndome saber. –Precisamente son de ella.
-¿Qué? ¿Qué haces tú con…
-Se las quité. –contesta sin dejarme terminar.
-Dios mío, ¿por qué? –pregunto sorprendida.
-Ahora la que se va a joder es ella. –dice echando su melena
hacia atrás.
-¿Que ella qué?
-Le tengo preparada una sorpresita. –ríe con malicia. –Ella
se quedará con Justin, pero yo me quedo con sus pertenencias más preciadas.
-Vanessa, dime que esto es una broma. –susurro preocupada y
tirando de su brazo para reunirnos lejos de la multitud de gente que se
concentra en el pasillo.
-No, no lo es. –niega moviendo su cabeza de lado a lado.
-Dios mío, sí lo es. –digo tratando de autoconvencerme.
-_____ no lo es. Ella tiene que pagar por lo que me ha hecho.
–dice abriendo sus ojos intimidándome.
-¿Qué te ha hecho?
-Alejarme de Justin, bueno más bien convencerle para que se
aleje de mí. –con las manos en alto exclama. -¡¿Acaso lo olvidaste?!
Cierro mis ojos delicadamente y suspiro procesando mis
pensamientos. Oh, no. ¿Por qué estas cosas me suceden a mí? Paso una mano por
mi pelo intentando tranquilizarme.
-Vanessa, verás… -digo en un susurro.
-¿Qué pasa? –me mira inquietada.
-Sarah no tiene la culpa de lo que ha pasado con Justin.
–trago saliva fuertemente reconfortándome.
-Ah, ¿no? ¿Y quién la tiene? La conozco perfectamente,
_____.
-La tengo yo. –digo clavando mi mirada en el suelo y
enterrándome a mí misma ahí.
-¿Qué? ¿Pero qué estás diciendo?
-Que soy yo la culpable. Bueno, no del todo. –sacudo mi
cabeza. –Quiero decir que Justin te ha rechazado por mí.
-Ahora estás bromeando tú, ¿verdad? –asiente con su cabeza.
-No, Vanessa. ¿Tengo cara de que esto sea una broma? –me señalo
a mí misma con el dedo índice.
-No…
-Pues ya está. Lo siento, te lo tendría que haber dicho
antes pero no me atrevía… -muerdo mi labio inferior.
-Entonces… ¿Justin y tú estáis juntos?
-No, bueno, no sé. Es algo raro.
-Me alegro. –sonríe acariciando mi hombro.
-¿Qué? –pregunto extrañada.
-Que me alegro por vosotros, de verdad.
-¿Enserio? –respiro aliviada.
-Sí. Él te gusta, ¿verdad? –me sorprende su pregunta.
-Sí… -vuelvo a morder mi labio tímidamente.
-Y a él le gustas. Créeme, la forma en la que hablaba sobre
esa extraña que resultabas ser tú lo decía todo. Además, te debo yo una
disculpa. No debí de buscarlo, ya sabes…
-No te preocupes. –me lanzo hacia ella y nos abrazamos
mutuamente. –No fue sólo tu culpa…
-Lo sé, pero pude haberlo evitado y no lo hice, al
contrario.
-¿Cómo es que no te has enfadado conmigo? Te oculté todo lo
que sentía por él… -murmuro y en mi voz se nota una pizca de arrepentimiento.
-Eres mi amiga, simplemente. –se encoge de hombros. –Sé que
lo ocultaste para no hacerme daño… En cambio yo hice cosas peores. Lo siento.
-Tranquila, eso ya pasó, ¿vale? –digo deshaciéndome de sus
brazos. –Ahora vamos a clase si no queremos que el profesor nos castigue.
Y la misma rutina de siempre. Buscamos la clase
correspondiente y pasamos entre la gente mientras noto quemar en mi cuerpo la
mirada de Sarah y su grupito de niñas pijas consentidas. En realidad no conozco
a la mayoría, pero supongo que serán como ella. Sobretodo si observas en clase
cómo se liman las uñas mientras la profesora explica cualquier materia.
Nos sentamos y coloco el libro en la mesa con
desprecio. Odio las matemáticas. Y la profesora tampoco me agrada mucho. Me
paro a leer la primera página y alguien da un pequeño golpe a mi hombro. Levanto
mi mirada y mi estómago se revuelve en cuestión de segundos.
-Hola hermanita. –murmura Justin dedicándome una sonrisa de
las suyas.
-Idiota, no me llames así. –me quejo. Él se sienta justo
detrás de mí y le sigo con mis ojos.
-Siéntete afortunada por el hecho de que te haya saludado.
–me guiña el ojo y a continuación carcajea delicadamente.
-Pero hoy no me has dado los buenos días. –frunzo mi ceño.
-Nena, si yo fuera tú no recriminaría eso.
-¿Por qué?
-Porque puedo darte las buenas noches. –se muerde el labio
inferior y luego pasa su lengua por el mismo sitio. -¿Sabes?
-Idiota, no hables en alto que nos pueden escuchar. –digo
disminuyendo el volumen de mi voz.
-¿Y qué?
-Que mancharías tu propia reputación.
-¿Eso crees?
-Sí…–escondo mi cuello entre mis hombros.
-Eres tan negativa, nena…
-Yo lo llamo ser realista.
{Más tarde}
Hora del recreo. La gente sale disparada en el segundo en el
que la alarma da el primer aviso. Los libros desaparecen. El ruido de las
sillas retumba en todos los oídos. Las mochilas se cargan en la espalda. Los
grupos se van formando. Y ahí nos quedamos mirándonos Vanessa y yo, leyéndonos
la mente.
-Me quería morir. –dice rodeando sus ojos cansada.
-No, aquí no te mueras. Es un lugar bastante odioso, ¿no
crees? –carcajeo mientras salimos de clase.
-¿Bastante? Bastante es poco.
-No podría estar más de acuer…
Mi frase se queda a medias. Un grito repelente me
interrumpe. El sonido provoca mi piel de gallina y me causa ciertas sensaciones
negativas.
-¿Qué ha sido eso, Vanessa? –pregunto extrañada creando gran
cantidad de arrugas en mi frente.
-Creo que sé lo que es… -murmura mordiendo su labio y
golpeando el talón de sus manoletinas en el suelo.
-¿Qué es? –pregunto asustada abriendo mis ojos y mi boca sin
querer.
-Sarah. Maldita sea.
No le da tiempo a continuar y una gran masa de gente se
acerca a nosotras. Y delante está ella, irradiando furia de sus ojos, agitando
sus manos con rabia, caminando a su manera perfectamente coordinada.
-¡_____ Blair! –vuelve a gritar encarándose a mí, situándose
justo enfrente mía.
Todo el mundo me mira y se colocan a nuestro alrededor
indiscretamente. Detrás de ella está su grupo de amigas cruzadas de brazos con
un pie más delante que el otro. Pretenden intimidarme pero no lo consiguen.
-¿Qué quieres? –murmuro con desprecio.
-¿Has sido tú la que ha hurgado en mi taquilla?
-No.
-¡Mentira! –agita sus manos hacia arriba.
-¿Quieres dejar de chillar y armar escándalo? Yo no he sido,
te vuelvo a repetir. –digo con mi normal tono de voz. Mi actitud es la
adecuada.
-Sé que has sido tú, maldito bicho raro asqueroso. –susurra
escupiendo sus palabras duramente haciendo herida en mi interior.
-Prefiero ser un bicho raro a estar llena de maquillaje por
fuera y podrida por dentro. –digo con completo convencimiento.
-No me conoces, bicho raro.
-Ni tú a mí, en cambio tus acciones hablan por sí solas.
-Sólo quiero que me devuelvas lo que me has quitado,
estúpida.
-Yo no te he quitado nada. –digo alejándome de ella dando un
paso atrás y mostrando mis manos vacías.
-Eso no me demuestra nada. Sé que has sido tú. –dice
señalándome con sus largas y moldeadas uñas.
-Ella no ha sido. –anuncia Vanessa apartándome a un lado.
–He sido yo.
-Oh, qué bonito defender a tu amiguita. –Sarah agita su mano
y ríe a la vez.
-La estoy defendiendo porque ella no ha sido y si no me
crees yo misma me voy a encargar de que no vuelvas a ver todas esas porquerías.
-¿Porquerías? –ríe. –Vanessa, esas porquerías de las que
hablan valen más que tú.
-Para ti sin duda, que le das más valor a las cosas
materiales que a una persona. ¿Pero sabes qué? Por eso te vas a quedar sola y
amargada. –lanza mi amiga en su defensa.
-Voy a ir al despacho de la directora y que ella misma
juzgue lo que habéis hecho. –lloriquea Sarah. -¡Adiós!
Me empuja contra la pared y hace crujir mi espalda antes de
irse. Hago una mueca de dolor y mientras unas personas la siguen otras deciden
quedarse a mi alrededor para preguntarme lo ocurrido. Me escurro por la pared
hacia abajo mientras maldigo interiormente y muerdo mi labio con fuerza
intentando ocultar el dolor. Cierro los ojos y me muero de rabia por dentro. No puedo permitir que siga saliéndose con la suya. Aprieto fuertemente descargando todo lo contenido en mis puños y mis lágrimas amenazan con caer, pero resisto. Resisto y acudo a un rincón de mi cabeza donde existe un poco de tranquilidad. Y en ese rincón está él. No sé si creer en las casualidades pero justo en el momento en el que visualizo su imagen en mi mente escucho su voz retumbando por las paredes del pasillo.
-¿Qué ha pasado? -Justin aparta a la gente que se reúne a mi alrededor sin importarle el daño que pueda causar. -¿_____?
Nuestras miradas conectan y chocan impactando fuertemente.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario