Tu rastro.

martes, 9 de julio de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 18.


|Narra Justin|

Escucho unos cuantos chillidos desentonados pero no les presto más atención. Seguro que son cualquier grupo de chicas peleándose por las típicas cosas que pasan entre ellas. Chicos. Ropa. Fiestas. Moda. Son muy raras y la mayoría de veces no entiendo sus actitudes. Chicas… suspiro.

-Bro. –me mira Ryan y distingo algo en él que no me gusta nada. –Creo que algo ha pasado con _____.
-¿Qué? –un escalofrío maligno recorre todo mi cuerpo a velocidad de la luz. -¿_____? ¿Dónde?
-Ahí. –señala al final del pasillo donde se reúne un grupo de gente bastante grande.

Corro sin llamar la atención dejando a Ryan y a los demás atrás. Empujo a la gente apartándola con mis propias manos mientras las venas empiezan a hacerse notar en mi cuello amenazando con explotar. Esquivo y vuelvo a empujar a todo aquel que se interpone en mi camino y cuando el número de gente va reduciendo la encuentro en medio de toda esta multitud.

-¿Qué ha pasado? –aprieto mis puños. -¿_____?

Me mira sorprendida y sé que algo no anda bien. Me convierto en el centro de todas las miradas y yo simplemente me dedico a situarme delante suya.

-Fuera todo el mundo. –grito furioso. Me giro observando a toda esa gente. –He dicho que fuera.

Todos obedecen ante mis órdenes, la gran masa de gente concentrada ahora a nuestro alrededor desaparece en cuestión de segundos soltando varias malas palabras por lo bajo. Me agacho poniéndome de cuclillas delante de ella y percibo la tensión en sus ojos. También una vez ahí me doy cuenta de que está Vanessa justo a su lado. Y no me importa.

-Maldita sea, ¿qué ha pasado? –pregunto confuso pasando una mano hacia arriba y hacia abajo por mi cara.
-Sarah me tiró las culpas sobre algo que no había hecho, luego se enfadó, se encaró conmigo y al final me empujó per…
-¿Que te empujó? –la impido acabar. Mi cuerpo comienza a calentarse rápido. Muy rápido.
-Sí… -susurra moviendo sus hombros delicadamente. –Pero no importa.
-¿Cómo que no importa? –elevo mi tono de voz. –Cuéntame, _____. Quiero saber qué ha pasado.
-No te preocupes, de verdad… -dice juntando sus labios en una perfecta línea.
-No me gusta este juego. –digo negando con mi cabeza.
-No es ningún juego, Justin. Todo fue mi culpa. –interviene Vanessa. Su voz me impresiona–Pero fue inútil porque Sarah lo pagó con ella.
-¿Qué estás queriendo decir? –murmuro mientras noto mi corazón golpear con fuerza en mi pecho. -¿Fue tu culpa y dejaste que empujaran a… -mi mente se colapsa buscando la palabra adecuada. –a ella?
-Justin, no… -susurra _____ tirando de mi brazo impidiendo un nuevo enfrentamiento.
-¿No qué? –la miro mientras su tacto me relaja.
-Que Vanessa le contó que yo no tenía nada que ver, ella dio la cara por mí.
-¿Eso es verdad? –pregunto a Vanessa tragando saliva después con cuidado.
-Sí. Lo es… -admite ella poniéndose en pie. –Y ahora os dejo solos si me permitís, voy a encargarme de que nada de esto te perjudique, _____.
-Gracias. Te veo luego. -_____ le dedica una sonrisa.

Marchándose a un paso acelerado, nos quedamos solos en el pasillo la bicho y yo. Cojo sus manos tirándolas hacia arriba para que se ponga en pie y me acerco a ella acorralándola en la pared con mis brazos tendidos a la altura de sus hombros.

-Ahora explícame. No tengas miedo de contarme nada.
-Justin…
-Justin nada. Me preocupo por ti. –hago una pausa dando toques nerviosos con los zapatos contra el suelo. -¿O no lo notas?
-Lo que noto es que esa chica va contra mí. –suspira. -Y no sé qué he hecho.
-Ser lo que ella no es y conseguir lo que ella no consiguió. –respondo a su pregunta no formulada.
-¿Qué es lo que no consiguió? –me pregunta en un tono de confusión.
-A mí. –digo con voz ronca.
-Pero si…
-No busques los peros. Ese es el motivo. Ahora dime qué es lo que ha pasado o me enfadaré de una vez por todas. –exijo sin dejar de mirar esos ojos suyos.
-¿Sabes qué? Es extraña la manía que tienes de cortarme cuando hablo de nosotros.
-De eso hablaremos en otra ocasión. –digo serio mirándola fijamente. –Eres desesperante a veces.
-Vaya, gracias. –se encoge de hombros mientras mis brazos permanecen inmóviles contra la pared.
-No hay de qué, bicho. Ahora si no te importa…
-Lo sé. Sé lo que vas a decir, pero… ¿podemos ir a otro sitio? Aquí me siento incómoda. –dice tímidamente haciendo una mueca.
-Está bien. –murmuro sin apenas expresión en mi cara.

Dándole un pequeño golpe en su cadera con mi mano la atraigo a mí y coloco en su mejilla un húmedo beso. Ella ríe y sus mejillas se visten del color rojizo habitual cuando está conmigo. Es como una especie de tinte que aparece en su rostro cuando nuestras pieles permanecen en pleno contacto. Con las manos en los bolsillos del pantalón de mi uniforme y ella con los brazos inquietos de lado a lado provocando el movimiento de su falda giramos hacia la derecha. Después llegamos al final del pasillo en el que nos encontramos y abro la puerta silenciosamente para que nadie nos escuche. Pasando ella primero y yo después nos damos de bruces con el Sol que impacta enfurecido en nuestras caras. Hago una mueca y entrecierro los ojos debido a ello y cuando me percato ella está sentada en un banco de piedra con un sitio a su lado reservado para mí. Observo como cruza sus delgadas y elegantes piernas para colocar una encima de la otra. Toso adrede y me giro de lleno para tener una completa visión de su rostro.

-Dispara. –digo preparado para escucharla.
-Verás… -dice dirigiendo su mirada a sus dedos que juegan entre ellos traviesamente. –Le conté a Vanessa lo nuestro pero fue tarde. Como te dije, ella creía que Sarah estaba detrás de  todo lo que había sucedido entre vosotros. Entonces mis palabras no sirvieron de nada porque ella ya había preparado algo y atracó su taquilla de mala manera. –esconde los labios en su boca y continúa. –No sé exactamente los detalles, pero eso sucedió, entonces al salir de clase escuché un grito y me trajo malas sensaciones. Era ella y enseguida la encontré delante de mí renegando y chillando. Me dijo de todo y Vanessa salió finalmente en mi defensa admitiendo que fue ella la que hizo todo, pero Sarah no la creyó. O no quiso creerla. Y ahí fue cuando me empujó contra la pared y se fue molestamente a protestar a la directora.
-Será perra la muy cabrona… -digo pronunciando pausadamente cada palabra.
-Relax. No pasa nada. –girando un poco su cara me mira. -¿He hablado demasiado? –pregunta sosteniendo una dulce sonrisa en sus labios.
-Sí, en cambio te advierto una cosa. –me acerco a ella reduciendo el espacio.
-¿Qué cosa?
-A la próxima te callaré yo a mi manera. –susurro dejando mi aliento chocar contra sus labios.
-Sería divertido. ¿Entonces por qué no lo has hecho ahora? –eleva una ceja manteniendo una gota de humor en cada una de sus palabras.
-Porque este tema me interesaba. –aclaro mi voz. –Y me voy a encargar de que no vuelva a suceder.
-No, Justin, eso empeoraría las cosas.
-No te preocupes, sé lo que hago. –digo apartando un mechón de pelo de su rostro.
-Me sé defender solita, enserio.
-Pero es que bicho, yo no voy a defenderte, yo tan solo le voy a advertir de que como vuelva a poner sus manos encima de ti se va a arrepentir de haberlo hecho.
-¿Y si eso empeora las cosas? Ya sabes cómo es…
-No te va a hacer nada, de eso estoy seguro.
-¿Y por qué estás tan seguro?
-Nena, deja de acosarme a preguntas.
-¿Lo estoy haciendo? –frunce su ceño.
-Sí. –la señalo con mi dedo índice. –Exactamente ahora.
-Hmm. –emite un extraño quejido de su boca y rodea sus ojos deliberadamente. –No tienes ni idea de lo pesada que puedo llegar a ser a veces.
-No importa, yo también tengo mis contras. –elevo mis hombros y después los dejo caer.
-Vaya… -lleva un dedo a su barbilla. –Quién diría que el mismísimo Justin Bieber admitiera algo así. –dice ocultando su risa.
-Oye, tampoco he dicho nada que me perjudique. –pongo mis manos hacia arriba en señal de defensa.
-Eres un creído con el ego por las nubes. –carcajea manteniéndose cerca de mí.
-Cuéntame algo que no sepa. –me acerco provocador.
-Mmm… quizás que me encanta cuando estoy a esta distancia de ti.
-¿Sí? –curvo mis labios en una sonrisa.
-Sí. –me devuelve ahora ella una.
-¿Y qué tal así? –me aproximo rompiendo centímetros y convirtiéndolos en milímetros.
-Mejor. –sus labios casi rozando los míos.
-Maldita sea, estoy de acuerdo.

Acoplo mi mano derecha a su barbilla y comienzo a acariciar su piel con mi dedo pulgar. Reviso con mi vista cada rasgo de su cara. Sus finas cejas, sus ojos oscuros pero intensos, su pequeña y delicada nariz, y después me detengo en sus labios.

-Eres un provocador. –susurra ella percatándose.
-Y tú me estás volviendo loco.

Presiono mis labios contra los suyos sin más experimentando nuevas sensaciones. Abro la boca permitiendo el paso de su lengua por mi interior mientras ella enrolla sus brazos alrededor de mi cuello. Saboreando el beso ahora decido entrar a su boca sin permiso, advirtiendo que mi lengua ganará la batalla. Ella gruñe un segundo en bajo pero se deja llevar y continuamos desafiándonos mutuamente. Sonrío en uno de tantos besos y mi mandíbula continúa en pleno movimiento mientras nos volvemos a perder. Introduciendo mi lengua de nuevo en su boca ella acaricia mi nuca. Más besos, más ganas. Realizamos coreografías de todo tipo, marcando nuestros propios pasos. Convirtiendo el juego en pura adicción.

Mis manos inquietas deciden reposar en una zona más arriba de sus desnudas rodillas. Continuando con los besos abro los ojos un segundo observando su perfecta figura centrada en mí. Los cierro de nuevo y muerdo delicadamente su lengua impidiéndole el paso. Le transmito un poco más de mi saliva y nos quedamos quietos con los labios pegados y las mentes pensándose.

Acaricio su muslo trazando círculos en su piel mientras camino sin rumbo en sus ojos que se abren delirantes. Sus largas pestañas me llaman la atención. Despego poco a poco mis labios de los suyos cuando mi móvil interrumpe el momento emitiendo la melodía que utilizo como tono de llamada.

-¿Quién será la persona más inoportuna de este planeta? –pienso en alto haciéndola reír.

Miro a la pantalla de mi móvil con disgusto donde resalta el nombre de Ryan. Descolgando lo presiono contra mi oreja después de maldecir a mi querido amigo.

*-¿Dónde te metes, bro? –pregunta sobresaltado.
-Donde no te importa con _____.
- Ven corriendo al despacho de la directora.
-¿A qué viene esto?
-Aquí hay alguien que te necesita.
-Enseguida estoy ahí. –digo decidido pasando mi mano por mi frente frustrado.
-De acuerdo. Y no traigas a _____ si no quieres meterla en más problemas.
-¿Cómo? No voy a dejarla sola.
-Tú decides. Yo sólo te lo estoy diciendo.
-Maldita sea. –gruño por lo bajo. –Ya voy.*

Cuelgo finalizando la llamada y esbozo un largo e interminable suspiro. _____ me mira preocupada.

-¿Qué pasa? –me pregunta al instante.
-Tengo que arreglar unos asuntos. Te veré en clase, ¿vale? –digo poniéndome en pie mientras muerdo con rabia el interior de mi mejilla.
-Ha pasado algo y no me lo quieres decir. –esquiva mi mirada y se levanta también.
-No es nada importante, ni yo mismo sé qué es lo que pasa. –tirando de su muñeca hacia mí acorto la distancia. –Después te contaré, ¿de acuerdo?
-Vale… -dice agachando la cabeza y enseguida escondo detrás de su oreja el mechón de pelo que se cuela en su cara.
-Bicho. –murmuro con la voz calmada.
-¿Qué? –me mira ahora ella desconcertada.
-¿Confías en mí? –pregunto apoyando mi frente en la suya. La diferencia de altura lo permite.
-Supongo que sí.
-¿Supones?
-Confío en ti, Justin. No sé por qué, pero confío en ti.

Sus palabras me relajan y algo en todo mi cuerpo se libera. Es como si hubiera prendido un cigarro tras colocarlo en mis labios, como si me hubiera alimentado de esa sustancia que consigue tranquilizarme, y después hubiera exhalado el humo por mi boca provocándome una sensación de completa libertad. Pero resulta ser que ella es más fuerte que la droga. Mi droga.

Le doy un rápido beso en los labios y desaparezco de su lado entrando dentro de la universidad. Tomo dirección hacia donde me ha recalcado Ryan. Odio ese lugar, ese despacho me trae malos recuerdos. Pero buenos a la vez. Como cuando nos castigaron a _____ y a mí. Besé su mano y ni siquiera recuerdo por qué lo hice. Ahí ya comenzaba a despertar algo en mí, así que no se me ocurrió otra manera de captar su atención. Resulta que funcionó o quizás no. Quizás ya estaba rendida a mis pies y le sucedía lo mismo que a mí.

Subiendo las escaleras casi corriendo me paro unos segundos apoyado en la barandilla para respirar un poco. Secando con mi mano apresuradamente las gotas de sudor que aparecen en los extremos de mi cabello me paro frente a la puerta del despacho.

Tomo varias respiraciones antes de entrar y encontrarme el panorama que Dios sabe que había.

|Narra _____|

Y me deja ahí sola y confundida a la vez. Se va tras dejar un beso rápido y corto en mis labios. Deslizo mi lengua por ellos saboreando lo poco que me queda de él en este momento. Ha conseguido nublar mis pensamientos y también que ahora mismo me sienta en una maldita nube.  Me tambaleo sin querer y casi caigo al suelo. Me ha dejado completamente aturdida. Y aquí me encuentro.

Una brisa de aire mueve mi pelo y lo recojo en una coleta. Miro la hora en mi reloj y me doy cuenta de que todavía quedan 10 minutos para volver a entrar de nuevo a clase. Me siento en un rincón en el mismo suelo y encojo mis piernas rodeándolas con mis brazos. De pequeña siempre me ponía en esa posición, era cómoda y me sentía protegida de alguna manera. 

Llevo mi dedo índice a la boca y comienzo a morder mis uñas instintivamente.
Entrecerrando mis ojos mientras la brisa da de lleno en mi cara me paro a pensar en todo lo que he vivido hoy. No estoy acostumbrada a estas cosas. Nunca alguien había salido en mi defensa de esa manera en la que lo hizo Vanessa. En el colegio siempre se metían conmigo. Sufrí acoso por parte de algunos compañeros, pero no llegó muy lejos porque tenía personas en las que apoyarme que me aconsejaban sobre cómo actuar. Una de ellas era mamá. Mi apoyo, mi consejera y mi mejor amiga a la vez. Ejercía toda clase de papeles para mí. Con ella podía llorar hasta de la risa cuando tenía un día triste, siempre se encargaba de hacerme feliz. ¿Y ahora quién es capaz de reemplazarla? Nadie. Me arrebataron sin más a la persona que más necesitaría en estos momentos. Quizás el destino quiso que aprendiera a manejarme solita en este mundo tan repleto de maldad. Una vez me dijeron que la vida no es tan mala, la hacemos así las personas. ¿Y sabéis qué? Que estoy completamente de acuerdo.

¿Quién podría hacer de mis días negros un poco más grises? Un nombre aparece brillante en mi cabeza y la tambaleo intentando quitar el pensamiento de ahí.

La campana suena y me doy cuenta de que el tiempo ha pasado batiendo récords de velocidad. Me levanto y espolso mi trasero dando palmaditas con mis manos en él. Coloco la mochila en mi espalda y me dirijo a clase.


Una vez dentro me siento en mi silla y me percato de que el sitio a mi lado está vacío. Espero que Vanessa no se haya metido en un lío por mí. Muevo mi pierna derecha con nerviosismo mientras espero impacientemente a que aparezca por la puerta. Comienza a entrar gente por ella, compañeros míos, pero ni Justin ni Vanessa ni Sarah están entre ellos. Entonces de nuevo las malas sensaciones invaden mi cuerpo en cuestión de segundos esperándose lo peor.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


No hay comentarios:

Publicar un comentario