|Narra Justin|
Escucho unos cuantos chillidos desentonados pero no les
presto más atención. Seguro que son cualquier grupo de chicas peleándose por
las típicas cosas que pasan entre ellas. Chicos. Ropa. Fiestas. Moda. Son muy
raras y la mayoría de veces no entiendo sus actitudes. Chicas… suspiro.
-Bro. –me mira Ryan y distingo algo en él que no me gusta
nada. –Creo que algo ha pasado con _____.
-¿Qué? –un escalofrío maligno recorre todo mi cuerpo a
velocidad de la luz. -¿_____? ¿Dónde?
-Ahí. –señala al final del pasillo donde se reúne un grupo
de gente bastante grande.
Corro sin llamar la atención dejando a Ryan y a los demás
atrás. Empujo a la gente apartándola con mis propias manos mientras las venas
empiezan a hacerse notar en mi cuello amenazando con explotar. Esquivo y vuelvo
a empujar a todo aquel que se interpone en mi camino y cuando el número de
gente va reduciendo la encuentro en medio de toda esta multitud.
-¿Qué ha pasado? –aprieto mis puños. -¿_____?
Me mira sorprendida y sé que algo no anda bien. Me convierto
en el centro de todas las miradas y yo simplemente me dedico a situarme delante
suya.
-Fuera todo el mundo. –grito furioso. Me giro observando a
toda esa gente. –He dicho que fuera.
Todos obedecen ante mis órdenes, la gran masa de gente
concentrada ahora a nuestro alrededor desaparece en cuestión de segundos soltando
varias malas palabras por lo bajo. Me agacho poniéndome de cuclillas delante de
ella y percibo la tensión en sus ojos. También una vez ahí me doy cuenta de que
está Vanessa justo a su lado. Y no me importa.
-Maldita sea, ¿qué ha pasado? –pregunto confuso pasando una
mano hacia arriba y hacia abajo por mi cara.
-Sarah me tiró las culpas sobre algo que no había hecho,
luego se enfadó, se encaró conmigo y al final me empujó per…
-¿Que te empujó? –la impido acabar. Mi cuerpo comienza a
calentarse rápido. Muy rápido.
-Sí… -susurra moviendo sus hombros delicadamente. –Pero no
importa.
-¿Cómo que no importa? –elevo mi tono de voz. –Cuéntame,
_____. Quiero saber qué ha pasado.
-No te preocupes, de verdad… -dice juntando sus labios en
una perfecta línea.
-No me gusta este juego. –digo negando con mi cabeza.
-No es ningún juego, Justin. Todo fue mi culpa. –interviene Vanessa. Su voz me impresiona–Pero fue inútil porque Sarah lo pagó
con ella.
-¿Qué estás queriendo decir? –murmuro mientras noto mi
corazón golpear con fuerza en mi pecho. -¿Fue tu culpa y dejaste que empujaran
a… -mi mente se colapsa buscando la palabra adecuada. –a ella?
-Justin, no… -susurra _____ tirando de mi brazo impidiendo un
nuevo enfrentamiento.
-¿No qué? –la miro mientras su tacto me relaja.
-Que Vanessa le contó que yo no tenía nada que ver, ella dio
la cara por mí.
-¿Eso es verdad? –pregunto a Vanessa tragando saliva después
con cuidado.
-Sí. Lo es… -admite ella poniéndose en pie. –Y ahora os dejo solos
si me permitís, voy a encargarme de que nada de esto te perjudique, _____.
-Gracias. Te veo luego. -_____ le dedica una sonrisa.
Marchándose a un paso acelerado, nos quedamos solos en el
pasillo la bicho y yo. Cojo sus manos tirándolas hacia arriba para que se ponga
en pie y me acerco a ella acorralándola en la pared con mis brazos tendidos a
la altura de sus hombros.
-Ahora explícame. No tengas miedo de contarme nada.
-Justin…
-Justin nada. Me preocupo por ti. –hago una pausa dando
toques nerviosos con los zapatos contra el suelo. -¿O no lo notas?
-Lo que noto es que esa chica va contra mí. –suspira. -Y no
sé qué he hecho.
-Ser lo que ella no es y conseguir lo que ella no consiguió.
–respondo a su pregunta no formulada.
-¿Qué es lo que no consiguió? –me pregunta en un tono de
confusión.
-A mí. –digo con voz ronca.
-Pero si…
-No busques los peros. Ese es el motivo. Ahora dime qué es
lo que ha pasado o me enfadaré de una vez por todas. –exijo sin dejar de mirar
esos ojos suyos.
-¿Sabes qué? Es extraña la manía que tienes de cortarme
cuando hablo de nosotros.
-De eso hablaremos en otra ocasión. –digo serio mirándola
fijamente. –Eres desesperante a veces.
-Vaya, gracias. –se encoge de hombros mientras mis brazos
permanecen inmóviles contra la pared.
-No hay de qué, bicho. Ahora si no te importa…
-Lo sé. Sé lo que vas a decir, pero… ¿podemos ir a otro
sitio? Aquí me siento incómoda. –dice tímidamente haciendo una mueca.
-Está bien. –murmuro sin apenas expresión en mi cara.
Dándole un pequeño golpe en su cadera con mi mano la atraigo
a mí y coloco en su mejilla un húmedo beso. Ella ríe y sus mejillas se visten
del color rojizo habitual cuando está conmigo. Es como una especie de
tinte que aparece en su rostro cuando nuestras pieles permanecen en pleno
contacto. Con las manos en los bolsillos del pantalón de mi uniforme y ella con
los brazos inquietos de lado a lado provocando el movimiento de su falda giramos
hacia la derecha. Después llegamos al final del pasillo en el que nos
encontramos y abro la puerta silenciosamente para que nadie nos escuche.
Pasando ella primero y yo después nos damos de bruces con el Sol que impacta
enfurecido en nuestras caras. Hago una mueca y entrecierro los ojos debido a
ello y cuando me percato ella está sentada en un banco de piedra con un sitio a
su lado reservado para mí. Observo como cruza sus delgadas y elegantes piernas
para colocar una encima de la otra. Toso adrede y me giro de lleno para tener
una completa visión de su rostro.
-Dispara. –digo preparado para escucharla.
-Verás… -dice dirigiendo su mirada a sus dedos que juegan
entre ellos traviesamente. –Le conté a Vanessa lo nuestro pero fue tarde. Como
te dije, ella creía que Sarah estaba detrás de
todo lo que había sucedido entre vosotros. Entonces mis palabras no
sirvieron de nada porque ella ya había preparado algo y atracó su taquilla de
mala manera. –esconde los labios en su boca y continúa. –No sé exactamente los
detalles, pero eso sucedió, entonces al salir de clase escuché un grito y me
trajo malas sensaciones. Era ella y enseguida la encontré delante de mí
renegando y chillando. Me dijo de todo y Vanessa salió finalmente en mi defensa
admitiendo que fue ella la que hizo todo, pero Sarah no la creyó. O no quiso
creerla. Y ahí fue cuando me empujó contra la pared y se fue molestamente a
protestar a la directora.
-Será perra la muy cabrona… -digo pronunciando pausadamente
cada palabra.
-Relax. No pasa nada. –girando un poco su cara me mira. -¿He
hablado demasiado? –pregunta sosteniendo una dulce sonrisa en sus labios.
-Sí, en cambio te advierto una cosa. –me acerco a ella
reduciendo el espacio.
-¿Qué cosa?
-A la próxima te callaré yo a mi manera. –susurro dejando mi
aliento chocar contra sus labios.
-Sería divertido. ¿Entonces por qué no lo has hecho ahora?
–eleva una ceja manteniendo una gota de humor en cada una de sus palabras.
-Porque este tema me interesaba. –aclaro mi voz. –Y me voy a
encargar de que no vuelva a suceder.
-No, Justin, eso empeoraría las cosas.
-No te preocupes, sé lo que hago. –digo apartando un mechón
de pelo de su rostro.
-Me sé defender solita, enserio.
-Pero es que bicho, yo no voy a defenderte, yo tan solo le
voy a advertir de que como vuelva a poner sus manos encima de ti se va a
arrepentir de haberlo hecho.
-¿Y si eso empeora las cosas? Ya sabes cómo es…
-No te va a hacer nada, de eso estoy seguro.
-¿Y por qué estás tan seguro?
-Nena, deja de acosarme a preguntas.
-¿Lo estoy haciendo? –frunce su ceño.
-Sí. –la señalo con mi dedo índice. –Exactamente ahora.
-Hmm. –emite un extraño quejido de su boca y rodea sus ojos
deliberadamente. –No tienes ni idea de lo pesada que puedo llegar a ser a
veces.
-No importa, yo también tengo mis contras. –elevo mis hombros
y después los dejo caer.
-Vaya… -lleva un dedo a su barbilla. –Quién diría que el
mismísimo Justin Bieber admitiera algo así. –dice ocultando su risa.
-Oye, tampoco he dicho nada que me perjudique. –pongo mis
manos hacia arriba en señal de defensa.
-Eres un creído con el ego por las nubes. –carcajea
manteniéndose cerca de mí.
-Cuéntame algo que no sepa. –me acerco provocador.
-Mmm… quizás que me encanta cuando estoy a esta distancia de
ti.
-¿Sí? –curvo mis labios en una sonrisa.
-Sí. –me devuelve ahora ella una.
-¿Y qué tal así? –me aproximo rompiendo centímetros y
convirtiéndolos en milímetros.
-Mejor. –sus labios casi rozando los míos.
-Maldita sea, estoy de acuerdo.
Acoplo mi mano derecha a su barbilla y comienzo a acariciar
su piel con mi dedo pulgar. Reviso con mi vista cada rasgo de su cara. Sus
finas cejas, sus ojos oscuros pero intensos, su pequeña y delicada nariz, y
después me detengo en sus labios.
-Eres un provocador. –susurra ella percatándose.
-Y tú me estás volviendo loco.
Presiono mis labios contra los suyos sin más experimentando
nuevas sensaciones. Abro la boca permitiendo el paso de su lengua por mi
interior mientras ella enrolla sus brazos alrededor de mi cuello. Saboreando el
beso ahora decido entrar a su boca sin permiso, advirtiendo que mi lengua
ganará la batalla. Ella gruñe un segundo en bajo pero se deja llevar y
continuamos desafiándonos mutuamente. Sonrío en uno de tantos besos y mi
mandíbula continúa en pleno movimiento mientras nos volvemos a perder. Introduciendo
mi lengua de nuevo en su boca ella acaricia mi nuca. Más besos, más ganas.
Realizamos coreografías de todo tipo, marcando nuestros propios pasos.
Convirtiendo el juego en pura adicción.
Mis manos inquietas deciden reposar en una zona más arriba
de sus desnudas rodillas. Continuando con los besos abro los ojos un segundo
observando su perfecta figura centrada en mí. Los cierro de nuevo y muerdo
delicadamente su lengua impidiéndole el paso. Le transmito un poco más de mi
saliva y nos quedamos quietos con los labios pegados y las mentes pensándose.
Acaricio su muslo trazando círculos en su piel mientras
camino sin rumbo en sus ojos que se abren delirantes. Sus largas pestañas me
llaman la atención. Despego poco a poco mis labios de los suyos cuando mi móvil
interrumpe el momento emitiendo la melodía que utilizo como tono de llamada.
-¿Quién será la persona más inoportuna de este planeta?
–pienso en alto haciéndola reír.
Miro a la pantalla de mi móvil con disgusto donde resalta el
nombre de Ryan. Descolgando lo presiono contra mi oreja después de maldecir a
mi querido amigo.
*-¿Dónde te metes, bro? –pregunta sobresaltado.
-Donde no te importa con _____.
- Ven corriendo al despacho de la directora.
-¿A qué viene esto?
-Aquí hay alguien que te necesita.
-Enseguida estoy ahí. –digo decidido pasando mi mano por mi
frente frustrado.
-De acuerdo. Y no traigas a _____ si no quieres meterla en
más problemas.
-¿Cómo? No voy a dejarla sola.
-Tú decides. Yo sólo te lo estoy diciendo.
-Maldita sea. –gruño por lo bajo. –Ya voy.*
Cuelgo finalizando la llamada y esbozo un largo e
interminable suspiro. _____ me mira preocupada.
-¿Qué pasa? –me pregunta al instante.
-Tengo que arreglar unos asuntos. Te veré en clase, ¿vale?
–digo poniéndome en pie mientras muerdo con rabia el interior de mi mejilla.
-Ha pasado algo y no me lo quieres decir. –esquiva mi mirada
y se levanta también.
-No es nada importante, ni yo mismo sé qué es lo que pasa.
–tirando de su muñeca hacia mí acorto la distancia. –Después te contaré, ¿de
acuerdo?
-Vale… -dice agachando la cabeza y enseguida escondo detrás
de su oreja el mechón de pelo que se cuela en su cara.
-Bicho. –murmuro con la voz calmada.
-¿Qué? –me mira ahora ella desconcertada.
-¿Confías en mí? –pregunto apoyando mi frente en la suya. La
diferencia de altura lo permite.
-Supongo que sí.
-¿Supones?
-Confío en ti, Justin. No sé por qué, pero confío en ti.
Sus palabras me relajan y algo en todo mi cuerpo se
libera. Es como si hubiera prendido un cigarro tras colocarlo en mis labios,
como si me hubiera alimentado de esa sustancia que consigue tranquilizarme, y
después hubiera exhalado el humo por mi boca provocándome una sensación de
completa libertad. Pero resulta ser que ella es más fuerte que la droga. Mi
droga.
Le doy un rápido beso en los labios y desaparezco de su lado
entrando dentro de la universidad. Tomo dirección hacia donde me ha recalcado
Ryan. Odio ese lugar, ese despacho me trae malos recuerdos. Pero buenos a la
vez. Como cuando nos castigaron a _____ y a mí. Besé su mano y ni siquiera
recuerdo por qué lo hice. Ahí ya comenzaba a despertar algo en mí, así que no
se me ocurrió otra manera de captar su atención. Resulta que funcionó o quizás
no. Quizás ya estaba rendida a mis pies y le sucedía lo mismo que a mí.
Subiendo las escaleras casi corriendo me paro unos segundos
apoyado en la barandilla para respirar un poco. Secando con mi mano
apresuradamente las gotas de sudor que aparecen en los extremos de mi cabello
me paro frente a la puerta del despacho.
Tomo varias respiraciones antes de entrar y encontrarme el
panorama que Dios sabe que había.
|Narra _____|
Y me deja ahí sola y confundida a la vez. Se va tras dejar
un beso rápido y corto en mis labios. Deslizo mi lengua por ellos saboreando lo
poco que me queda de él en este momento. Ha conseguido nublar mis pensamientos
y también que ahora mismo me sienta en una maldita nube. Me tambaleo sin querer y casi caigo al suelo.
Me ha dejado completamente aturdida. Y aquí me encuentro.
Una brisa de aire mueve mi pelo y lo recojo en una coleta.
Miro la hora en mi reloj y me doy cuenta de que todavía quedan 10 minutos para
volver a entrar de nuevo a clase. Me siento en un rincón en el mismo suelo y
encojo mis piernas rodeándolas con mis brazos. De pequeña siempre me ponía en
esa posición, era cómoda y me sentía protegida de alguna manera.
Llevo mi dedo
índice a la boca y comienzo a morder mis uñas instintivamente.
Entrecerrando mis ojos mientras la brisa da de lleno en mi
cara me paro a pensar en todo lo que he vivido hoy. No estoy acostumbrada a
estas cosas. Nunca alguien había salido en mi defensa de esa manera en la que
lo hizo Vanessa. En el colegio siempre se metían conmigo. Sufrí acoso por parte
de algunos compañeros, pero no llegó muy lejos porque tenía personas en las que
apoyarme que me aconsejaban sobre cómo actuar. Una de ellas era mamá. Mi apoyo,
mi consejera y mi mejor amiga a la vez. Ejercía toda clase de papeles para mí. Con
ella podía llorar hasta de la risa cuando tenía un día triste, siempre se
encargaba de hacerme feliz. ¿Y ahora quién es capaz de reemplazarla? Nadie. Me
arrebataron sin más a la persona que más necesitaría en estos momentos. Quizás
el destino quiso que aprendiera a manejarme solita en este mundo tan repleto de
maldad. Una vez me dijeron que la vida no es tan mala, la hacemos así las
personas. ¿Y sabéis qué? Que estoy completamente de acuerdo.
¿Quién podría hacer de mis días negros un poco más grises?
Un nombre aparece brillante en mi cabeza y la tambaleo intentando quitar el
pensamiento de ahí.
La campana suena y me doy cuenta de que el tiempo ha pasado
batiendo récords de velocidad. Me levanto y espolso mi trasero dando palmaditas
con mis manos en él. Coloco la mochila en mi espalda y me dirijo a clase.
Una vez dentro me siento en mi silla y me percato de que el
sitio a mi lado está vacío. Espero que Vanessa no se haya metido en un lío por
mí. Muevo mi pierna derecha con nerviosismo mientras espero impacientemente a
que aparezca por la puerta. Comienza a entrar gente por ella, compañeros míos,
pero ni Justin ni Vanessa ni Sarah están entre ellos. Entonces de nuevo las
malas sensaciones invaden mi cuerpo en cuestión de segundos esperándose lo
peor.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario