Tu rastro.

jueves, 18 de julio de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 19.


La directora juguetea con sus uñas chocando contra la mesa de madera. Delante suya sentadas se encuentran Vanessa y Sarah. La primera con los brazos cruzados bajo el pecho y la segunda mirando al techo impacientemente mientras golpea delicadamente el suelo con el tacón de sus zapatos.

-¿Así que todo tiene que ver con el señorito Bieber?
-Sí. –dicen las dos al unísono.
-Este chico no aprenderá modales nunca… -murmura la directora en voz alta los pensamientos que le gustaría haber encerrado en su cabeza para ella misma. –Ahora vosotras os debéis una disculpa.
-No. –Sarah contesta enseguida negándose.
-Señorita, si quiere ir bien en este tiempo debe de hacerlo.
-¡Cuando me devuelva mis cosas! –exclama la rubia agitando sus manos.

Enseguida Justin se presenta sin llamar a la puerta. La atraviesa apresuradamente captando la atención de los presentes en ese despacho. Todas las miradas se centran en él que inmediatamente presiona la palma de sus manos contra la mesa causando un fuerte estruendo. La directora debido al susto se pone en pie mientras Vanessa y Sarah ni se inmutan.

-¿Qué es lo que pasa? –pregunta Justin sin expresión alguna en su cara.
-Que se encuentra otra vez en líos, señorito Bieber. –interviene la directora.
-No me llames así. –escupe él.
-Si su actitud ante estas señoritas fuese la correcta usted no estaría ahora mismo aquí. –se sienta suspirando la señora que dirige la universidad.
-Yo no he tenido nada que ver ahora. –Justin gruñe apretando sus dientes.
-Su expediente no es muy bueno que digamos. ¿Debería creerle? –ella apoya su barbilla en la palma de su mano.
-Me da igual lo que creas o no. Pero yo no he venido aquí por mí, sino por _____. –dice él conteniendo su ira.

Un silencio incómodo se hace presente en el aire mientras los celos por parte de Sarah salen a la luz dejando ver su rabia.

-¡Oh! –exclama la señora directora. -¿Por la chica con la que comparte un castigo?
-Sí. –murmura él por lo bajo tensando sus músculos.
-¿Y qué pretende? ¿Ser su súper héroe ahora después de haberla tratado de esa manera tan –hace una expresión de asco y mueve su mano con desdén. –repugnante?
-Eso no te importa. –Justin comienza a desesperarse ante la situación.
-Sí me importa, si tan bien os lleváis os quitaré el castigo. –ríe malévolamente. -¿No?
-Perdone, -interviene Vanessa tímidamente dando un paso hacia delante. –no creo que haya venido aquí para hablar del castigo.
-Usted señorita, mantenga la boca cerrada. Nadie le ha dado vela en este entierro. –contesta la directora frunciendo el ceño, creando más arrugas en su rostro poco juvenil. –Pero tiene razón. Estamos aquí por otros motivos.
-Por fin. –murmura Justin por lo bajo mientras rodea sus ojos.
-Oh, falta la señorita Blair para anunciar esto tan magnífico. –la directora comienza a dar pasos rodeando la sala. –Pero usted, -señala a Justin con su dedo índice. –ya que es tan buen amigo suyo ahora se encargará de comunicarle lo siguiente. –Justin afirma con su cabeza forzadamente. –Debido a sus malas actitudes en el centro, a los cuatro se os asignará el cargo de hacer de monitores para el campamento que tendrá lugar este fin de semana a las afueras de la ciudad. No cobraréis por vuestro trabajo, es un castigo y si no lo cumplís seréis expulsados sin más. Las normas son las normas.
-¿Qué? –exclama Sarah haciéndose viento con los movimientos de su mano. –Yo no hice nada para merecer el castigo.
-Tienes razón, mereces algo mucho peor. –añade Vanessa afirmando con su cabeza.
-Tú mereces un cambio de imagen. –contesta Sarah moviendo su melena rubia.
-Y tú de cerebro. –escupe Vanessa.
-¡Basta chicas! –interrumpe la directora con un tono elevado de voz. –Ya está bien. Además, compartiréis habitación.
-Eso si no se matan antes. –ríe Justin.
-Calla, idiota. –dice Vanessa golpeando el hombro de él.
-Sólo digo la verdad. –Justin se encoge de hombros.
-Bieber, deja sus estupideces para otro momento. Ahora os tenéis que marchar a clase.

Sarah sale la primera del despacho moviendo su trasero de lado a lado y sosteniendo su bolso en la mano derecha. Vanessa la sigue después tirando su mochila tras su espalda bruscamente y murmurando cosas sin sentido por lo bajo. Y Justin decide salir el último pero antes de atravesar la puerta el tono de voz de la directora le interrumpe a su salida.

-Oye, señorito Bieber.

Justin se gira inmediatamente y apoya su brazo en el marco de la puerta.

-¿Qué? –pregunta desagradable.
-¿Cómo lleváis el castigo?
-Estamos en ello.
-¿Sucede algo entre vosotros?
-¿Qué? –Justin mueve su cabeza como si no hubiera escuchado bien.
-Dije que si hay algo entre vosotros. Ya me entiendes, no es muy común que vengas aquí a defender a una chica.
-No. –Justin niega moviendo su cabeza de lado a lado. –Ni es común ni hay nada entre nosotros. –miente.
-Después de tanto castigo yo creo que le conozco demasiado.  Espero que estéis preparando un buen musical. Pronto se colgará un cartel en el tablón de anuncios.

Un sentimiento extraño recorre el estómago de Justin. En realidad no le gusta la idea de participar y ser el protagonista de un musical. Tiene miedo a lo que pueda pensar la gente cuando vea al chico malo de la universidad cantar e interpretar unos temas.

-¿Cuándo has dicho que se anunciará? –pregunta él provocando arrugas en su entrecejo.
-Pronto. –hace una pausa juntando sus dedos haciendo de ellos una misma pieza. –Y también pronto sabremos quienes participarán junto a vosotros.
-De acuerdo.
-Hágale saber a _____ todo.
-Sí. –rechista Justin haciendo amago de irse. -¿Puedo irme ya?
-Váyase a clases y mejore sus resultados que falta le hace.
-Muchas gracias. –exclama sarcásticamente él marchándose.

{5 horas más tarde}

_____ está sentada sobre la banqueta y desliza sus largos y delicados dedos por el piano desesperadamente causando melodías poco agradables para los oídos de cualquier espectador. Maldice en voz baja pero está impaciente y no sabe cómo descargar las sensaciones que acumula en su interior. En realidad la desespera el hecho de que todavía no ha vuelto a ver a Justin desde que la dejó para ''aclarar unos asuntos'' según le dijo. Le importa más de lo que imagina y se odia a ella misma por ello. A veces Justin puede ser de lo más adorable pero ella continúa sin apostar por lo suyo.

Teclea curiosa presionando las teclas de derecha a izquierda y luego al revés, de izquierda a derecha. Desliza la lengua por sus dientes y deja escapar de su boca un largo suspiro. Deshace su coleta colocando el coletero en su muñeca y continúa con su particular audición. Aprieta fuerte la yema de sus dedos contra las teclas blancas provocando melodías rápidas, confusas como sus pensamientos. Se deja llevar mientras con los ojos cerrados imagina su mundo perfecto. Una cabaña en el campo, grandes vistas, muchas ventanas iluminando el hogar, un perro y un conejo (lo que siempre ha deseado), una pecera gigante y entonces, aparece él sin querer. Justin se cuela en la mente de _____ sin pensarlo dos veces.

Enseguida nota su voz tras su espalda y piensa que se está volviendo loca. Completamente loca.

-¿Qué estás haciendo, bicho?

Ella agita su cabeza y abre los ojos al instante. Una pausa larga.

-Te dije que qué estás haciendo. –de nuevo la voz de Justin detrás de ella.

Siempre en el momento más inesperado.

-Ah, -aparta las manos rápidamente del piano y las sitúa en su regazo. –nada.
-Estabas tocando. –dice él caminando hacia su lado.
-¿Entonces para qué preguntas?
-¿Entonces para qué mientes?
-Déjalo, estúpido. –ella se da por vencida. –Otra vez has llegado tarde.
-Estaba fuera dando vueltas con la moto, necesitaba despejarme un poco.
-Yo también. –dice ella mordiendo su labio inferior. –Por eso estaba intentando tocar este instrumento tan extraño. –ríe ella provocando hoyuelos bajo de sus mejillas.
-Lo sé. Te estaba escuchando y en realidad no suenas tan mal. –él la abraza por detrás manteniendo sus pieles calientes juntas. Un escalofrío recorre toda la columna de ella.
-No mientas, sé que sonaba horrible. –dice ella levantando su mirada para encontrarse con la de Justin.
-Tan solo tienes que sentirlo. –murmura él contra su oreja erizando la piel de toda la zona de su cuello. –Mira… -deslizando sus dedos por los brazos de _____ la magia comienza a palparse en el ambiente. –Cierra los ojos y piensa en algo que te guste, en un lugar tranquilo, donde el silencio permita que escuches hasta tu propia respiración.

Ella le obedece enseguida descansando en sus párpados y perdiéndose en su mente mientras él refugia en las palmas de su mano las pequeñas manos de ella. Transfiriéndole calor y confianza empieza a sumergir sus dedos entrelazados con los de ella en las teclas. Pim. Un sonido revolotea en los oídos de ambos. Pim. Otra vez chocando juntos contra las teclas. Apretando un poco más fuerte haciendo más intensa la unión entre ambos Justin comienza a marcar un ritmo más rápido, guiándola. Y juntos deslizan sus dedos paso a paso mientras sus corazones comienzan a cobrar velocidades prohibidas.

-Ahora déjate llevar. Sigue con los ojos cerrados y comienza a crear la melodía de tu vida.
-No sé si lo voy a hacer bien, Justin.
-Tan solo confía en ti. No pienses en nada. –dice él apoyando la barbilla en el hombro de _____ y quitando el agarre de sus manos. –Tú puedes hacer esto sola.

Despegándose de él, _____ empieza a deslizar sus dedos con cuidado y despacio por el teclado. Haciendo hundir las teclas produce sonidos de diferentes clases.

-Tranquila. –vuelve a murmurar él cerca de su oído.

Con un poco más de confianza en ella misma lo vuelve a intentar. Ahora suena un poco mejor. Empieza a dar ritmo a sus propias melodías y él mientras tanto siente como el corazón se le encoge. 

-¿Mejor? –pregunta ella entrecerrando los ojos con miedo a la respuesta.
-Mucho mejor. –Justin le da un tierno beso en la parte superior de la cabeza. -¿Ves? Sólo tenías que relajarte un poco.
-Eso era difícil teniéndote a mi espalda, ¿sabes? -_____ hace una mueca y cruza los brazos bajo su pecho. Él se sienta encima del piano carcajeando.
-Suele pasar. –dice Justin rascando la parte posterior de su cuello.
-Eres un estúpido de los pies a la cabeza. –bromea ella.
-Pues siento informarte de que te han vuelto a castigar con el estúpido.
-¿Qué? –pregunta ella poniéndose en pie mientras su cara cobra una expresión extraña.
-Ya tenemos planes para el fin de semana, nena. –baja ahora él de su peculiar asiento.
-No entiendo. –dice ella acercándose a él y haciendo un gesto con su mano hasta su cabeza, como si le estuviera tomando por loco.
-Ven aquí y te lo explico. –apoyando sus codos en la parte superior del piano, Justin la atrae hacia él acogiéndola en sus musculados brazos. –Lo siento, es que me gusta tenerte cerca.

Ella admite tímidamente moviendo la cabeza mientras siente el brazo izquierdo de Justin rodear su hombro despacio. Empieza a ponerse nerviosa, a sentir. Las mariposas revolotean impacientemente en su estómago y su barriga se contrae. Le cuesta respirar y todos los músculos de su cuerpo se tensan. Ella se asusta, pero no sabe que el amor no viene con un libro de instrucciones. Que nadie nos avisa cuando nos montamos en el vagón del tren de las sensaciones. Y es que de repente sucede, y cuando te das cuenta puede que quizás sea demasiado tarde.

-¿Te he asustado o algo por el estilo? –pregunta Justin apretando su piel.
-No, no, tranquilo. –tartamudea ella.
-Ah, bueno. Eso está bien. –respira relajado él. –Te quería decir que… -ella lo corta.
-Estamos castigados de nuevo, ¿no? –eleva una ceja triunfal.
-Sí, pero con dos acompañantes más desgraciadamente.
-¿Quiénes se han unido? –pregunta ella entre risas.
-Tu amiga y tu enemiga. –dice Justin dando un toque en la nariz de _____ con su dedo índice.
-Ay. –reniega ella entrecerrando los ojos. –Definitivamente estas cosas solo me pasan a mí… -suspira.
-Eh, nena, yo voy a estar contigo. –dice él situándose justo delante de ella. Ella alza la vista encontrándose con los ojos color miel de Justin que le buscan impacientes.
-Y ese es el problema…
-¿Problema? –Justin sitúa su labio inferior encima del superior haciendo una mueca.
-Quiero decir… no estaremos solos.
-Pero ahora sí. –dice él presionando sus labios firmemente contra los de ella. –Mmm… -murmura él antes de volverla a besar. –Sabes bien. –la besa de nuevo sin dejarla hablar. –Me gustas mucho.

Ella permanece inmóvil mientras él lleva su pulgar decidido a acariciar sus rosadas mejillas. Ambos detendrían este momento para que perdurara por siempre. Se pasarían horas mirándose mutuamente. Ella contando sus lunares, que por cierto, la vuelve loca ese que tiene tan cerca de los labios, y el que está a la altura de su oreja izquierda también. Por no hablar de los del cuello, que mataría por tomar una fotografía de ellos. Son totalmente su perdición.

-Bicho, ¿qué haces para saber tan bien, eh? –susurra él contra sus labios mientras sus miradas permanecen en pleno contacto. –Me llevas por un camino por el que nunca había pasado. –Justin sitúa sus dos manos en el cuello de _____. -¿Sabes? Por un sitio completamente desconocido. De estos que pasas y todo te parece extraño. Y ni yo mismo me hago la idea de que estoy todo el puto día pensando en ti.
-Justin… -las mejillas de _____ empiezan a tintarse de rojo. –Te entiendo perfectamente porque me pasa lo mismo.
-No creo, nena. –él aparta el pelo de su cara. –No creo.
-¿Qué te hace no creerlo?
-No te puedo gustar más de lo que tú me gustas a mí. Es imposible. –ríe él mostrando sus dientes.
-Tú siempre dices que los imposibles no existen, ahora no te contradigas. –carcajea ella mientras unas pequeñas arruguitas se crean bajo sus ojos. -Eres tan tierno a veces…
-¿A veces? –Justin eleva una ceja.
-Sí, cuando quieres eres un estúpido.
-Pero te gusto así.

Justin se adueña nuevamente de sus labios y juega con su lengua moviéndola suavemente contra la de ella. Se pierden otra vez. Se buscan. Se desean. Se tienen ganas. Y ninguno tiene idea de lo que sucede con estas cosas. Él es alcohol puro, del fuerte. Un trago que quema toda tu garganta y llega como fuego a tu estómago. Ella es el bocado al helado más dulce. Adictivo. Sensual. Sin combinación. Sin nada más. Suave. Sencillo. Delicado.

Sus bocas pelean, luchan. Más besos. Y un mordisco en el labio inferior.

-Nunca pensé que un castigo sería tan divertido. –sisea él contra su boca.

|Narra _____ |

Es de noche. Salgo de la ducha, seco mi cabello y mi cuerpo. Me embadurno de cremas corporales mientras suena la radio. Me encantan estas mezclas, oler bien y sentirme fresa. El olor a coco llega al sentido de mi olfato y disfruto de esa increíble sensación. Desenrollo la toalla de mi cuerpo y me pongo la ropa interior. Después me coloco el pijama y me miro al espejo a la vez que quito la toalla de mi pelo dejándolo revuelto y húmedo empapando mis hombros. Lo peino un poco dejándolo parcialmente liso y suave. Sin nudos que estorben. Recojo el cuarto de baño y voy directa a mi habitación. Querido diario, es hora de que me escuches.

Me encanta encerrarme entre estas cuatro paredes y perderme en mi mundo. Sentirme alejada de los demás. Aquí solo me escucha mi mente y mi pequeño diario.

Lo saco del cajón y lo coloco en el escritorio frente a mí. Lo abro delicadamente. Huele tan bien… a limpio, a nuevo, ¿y sabéis qué? Es de las pertenencias más viejas que tengo. Escribo desde los 6 años, cuando me enseñó esa profesora tan joven y guapa a contar números, a sumar, a restar y lo más importante, a plasmar mis sentimientos en palabras. A esa edad no tenía ni idea, yo hacía garabatos que no se podían ni entender, pero con el paso del tiempo vas aprendiendo a dejarte llevar.

''Querido diario. Recuerdo que salí del colegio con mis dos trenzas a cada lado de la cabeza pegando brincos. Mamá me esperaba a la salida al lado de nuestro coche rojo. Fue verme y una sonrisa se instaló en su cara, nos queríamos tanto… Me tiré enseguida en sus brazos como si mi vida fuera únicamente en ello. Me preguntó que qué tal el día y le respondí que me habían mandado tarea para hacer. Teníamos que escribir cada día en una agenda o una libretita lo que hacíamos. Mamá me llevó a una papelería y tuvo una idea mejor. ''Te compraré un diario, pero cuidado, esto es para siempre'' me advirtió. Aferrada a su mano pasamos por las diversas estanterías y te vi. ''Quiero ese'' dije con voz acaramelada. Y desde ese momento no te has ido de mi lado. 
Mamá me confesó que ella también usaba uno, por eso veía tan buena idea hacerme dueña de ti.
Mi pecho se aprieta al recordar cosas como esta. La primera vez que te sentí en mis brazos supe que serías mi mejor amigo. Nadie me quería, ni me sentía querida, exceptuando a mamá y a papá, y tú me acogiste sin conocer mi historia, ni mis errores, ni mis metas en esta vida. Tú me dejaste entrar en tu mundo sin preguntas ni interrogantes. Tus páginas en blanco me pedían a gritos el quererme conocer. Y acepté.
Luego fui creciendo junto a ti. Día tras día te escribía, te contaba los insultos que me dedicaba la gente en clase, y lo bicho raro que resultaba ser para todo el mundo. La vez que me pusieron aparato de dientes y lo pasé tan mal porque todos se burlaban de mí. Pero había algo que me decía que todas las lágrimas derramadas se iban a convertir en sonrisas. Y ahora puedo lucir la mía perfectamente.
Y ahora te escribe una chica adolescente más mayor. ¿Sabes? Al igual que ese chico del que te hablé está empezando a ocupar todas tus páginas, también se está adueñando de mi cabeza. Es extraño. Y tengo miedo. Él me trata bien cuando estoy a su lado, pero no entiendo cómo se ha podido fijar en mí. Si soy el bicho raro de siempre. La chica que deja sus ojos en los libros, la que no sale de fiesta. Soy diferente y eso no me asusta. Pero me asusta que pueda hacerme daño. Estoy empezando a quererle. ¿Alguna chica adolescente me entiende? El miedo invade cada rincón de mi cuerpo porque siento cosas fuertes por el tipo duro de la universidad. Por mucho que él se acerque a mí, una parte de mí me pide a gritos desesperados que me aleje. Que huya. Que me esconda. Pero lo tengo en la puta habitación de al lado. En la misma maldita casa. Y su sonrisa puede con todo. Me hace sentirme segura de mí misma. Provoca en mí lo que nadie nunca antes había conseguido. Ojalá algún día pudiera presentártelo. Es muy guapo. Y sus ojos... Y su mirada... Y sus labios...''


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