Tu rastro.

domingo, 23 de junio de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 15.



Miércoles por la mañana. _____ se estremece bajo las sábanas mientras siente su tacto y aspira el limpio olor que desprenden. Varios mechones de pelo se cuelan juguetonamente en su cara y los aparta cuidadosamente. Balbucea cosas sin sentido que no se pueden entender y el despertador sigue aporreando en sus oídos de forma violenta y molesta.

Lo mismo le sucede a Justin. De una manotada y con los ojos entrecerrados se deshace de la alarma. Pasa una mano por su cara con una expresión cansada y al instante revuelve su pelo dejándolo en punta. Si _____ le viera observaría sus carnosos labios inflados y un poco más rosados de lo normal. Los moja pasando la lengua por los extremos y por fin se levanta. Planta el primer pie en el suelo y luego tras una pausa mientras se le escapa un largo bostezo coloca el otro. Camina descalzo y en bóxers hacia su armario tocando su ombligo traviesamente con su dedo índice. Se viste rápido con su uniforme y deja su camisa de botones entreabierta permitiendo estar al descubierto el principio de sus pectorales. También deja caídos sus pantalones dándole un aire chulesco que no haría falta añadir a su expediente.

Al percatarse de la hora ambos salen a toda prisa coincidiendo en el pasillo que comparten sus habitaciones.

Parece que a _____ se le corta la respiración y en cuestión de un segundo aparece una sonrisa simpática dibujada en su cara.

-Buenos días, bicho. –susurra Justin con una voz áspera y dura pero que pondría a mil por hora a cualquier chica.

Recuperándose del sobresalto que le ha causado ver la imagen del chico con el que esa misma noche ha soñado, contesta con el corazón en un puño.

-Buenos días, Justin.
-¿Te llevo o prefieres…
-Llévame en la moto. –no le deja acabar de formular la pregunta. –Llévame si no causo molestia, claro. –dice una _____ avergonzada ante su propia actitud tan repentina.
-Se nota que me echabas de menos. –ríe él acoplando las manos en los respectivos bolsillos de su pantalón. –Deberías disimular un poco más.
-No tengo que disimular nada. –ella eleva una ceja divertida.
-Las ganas de estar conmigo sí. –carcajea Justin de nuevo.
-Eso solo sucede en tus sueños, Bieber. Un honor que sueñes conmigo. –agita su mano con desdén.
-Te veías preciosa gritando mi nombre. –guiña un ojo seductor.
-¡Eres un estúpido idiota! –bromea _____ apuñalando su pecho un tanto descubierto.
-Eh, eh, eh, bicho. –Justin coge esas mismas manos que le estorban y las coloca tras la espalda de ella dejándola inmóvil. -¿Qué crees que haces? –susurra aproximando sus labios a sus oídos.

_____ perpleja y con la sangre corriendo a velocidad de campeonato regula su agitada respiración. Su pecho sube y baja a un ritmo de infarto y sus mejillas comienzan a tintarse del color de las amapolas. No está acostumbrada a estas cosas, ella era más de imaginar a los personajes de las novelas, pero llegó inesperadamente alguien que sin saberlo, cambiaría todos sus planes y le haría sentir la electricidad del primer rayo que ilumina su habitación en las noches de tormenta.

-Nena, dime que te dejo sin aliento como tú me dejas a mí. –vuelve a susurrar contra su oreja haciendo que las piernas de _____ se debiliten.

Ella se limita a morder su labio inferior con la impotencia de no poder hacer otra cosa. Traslada sus pensamientos oscuros a un cajón y lo cierra con llave, tirándola después al mar que su propia imaginación ha creado.

-Nena… -Justin muerde el lóbulo de su oreja y lo estira con cuidado. –Dime algo… o directamente te devuelvo lo que hiciste ayer… -lame con su lengua justo ahí y luego la desliza hacia abajo.
-Justin… -murmura ella con la voz entrecortada.
-Dime… -susurra él contra la piel de su cuello.
-Ahí no… -advierte _____. –Prohibido.
-No hablemos de cosas prohibidas, por favor. –Justin actúa plantando un húmedo beso en su tentador cuello.
-Existen cosas prohibidas, ¿sabías?
-¿Cómo qué? 
-Como dar estos buenos días, no me avisaste. –enfatiza la última palabra. –Así que por favor… aparta tu boc…

Justin muerde con fuerza la suave piel de su cuello haciendo interrumpir a _____. Un leve gemido escapa de su boca y adivinad cómo se siente ella. Pero por dentro se está muriendo viva. Está tragando saliva conteniendo la temperatura de su cuerpo que aumenta notablemente por segundos. Está liberando angustias y desatando cuerdas que llevaban a presión mucho tiempo.

-Adivina lo que haría ahora contigo. –Justin abandona el cuello y se planta a unos pocos centímetros de su cara.
-No. –dice ella moviendo su cabeza de lado a lado. –No quiero saberlo.
-Algún día lo sabrás. –él mordisquea ahora la punta de su nariz.
-Y algún día tendremos que continuar hablando de cosas prohibidas. –a ella se le escapa una risa.
-Ah, ¿que ahora hay normas? –pregunta él vacilante.
-No, pero por lo menos deberías avisar cuando… -hace una pausa. –en fin…
-Oye, no es mi culpa que me levante con ganas de ti y justo te cruces en mi camino. –eleva su ceja derecha.
-Ni es mi culpa compartir un mismo pasillo. –tose aposta ella.

La voz de Mathew, el padre de _____, se escucha exclamando sus nombres desde el piso de abajo. Ella se pone nerviosa e inmediatamente se separa de él como si les fueran a descubrir.

-Tranquila, no pasa nada. –dice Justin haciendo un signo de calma con sus manos.
-¡Vais a llegar tarde de nuevo! –otra vez la voz de Mathew.
-¡Ya bajamos, papá! –grita ella tras resoplar.
–Bicho…
-¿Qué? –pregunta ella sorprendida con una ceja más elevada que la otra.
-Que menos mal que te hago caso y me aguanto las ganas de comerte los labios.
-Te dije que podrías resistir. –sonríe _____ mostrando sus blancos dientes.

|Narra Justin|

Sabía que ella me mantenía cuerdo, que con ella estaba todo bajo control. Tenía los pies en la Tierra y la mente en las estrellas. Me sentía vivo como nunca antes me había sentido. Y a medida que transcurría el tiempo estaba más seguro de mí mismo y de mis sentimientos. Pero eso no quería decir que dejara de ser el chico con la chaqueta de cuero negra y el cigarro entre los labios. Pero algo se revolucionaba en mí y alteraba todos mis pensamientos sin más.

-Oye, bicho.
-¿Qué?
-Tu padre te reclama, espérame en mi moto.
-Mmm… -rodea sus ojos. –Vale. –hace una mueca que me causa risa. –Pero odio que me mandes.
-No te estoy ordenando nada, te estoy recomendando lo que hacer. –sonrío a mi manera y al segundo la atraigo a mí. -¿Lo entiendes? –murmuro contra su pelo.
-Sí… -resopla y se separa de mis brazos. –Te veo bajo. ¡Y no tardes! –exclama mientras camina y me percato del buen trasero que tiene.
-Está bien...

Me dirijo a mi paso al cuarto de baño a hacer mi peculiar photoshoot frente al espejo. Mojo mis manos tras abrir el grifo y colocarlas bajo él. Peino con ellas mi pelo dejándolo más puntiagudo y con un efecto mojado que me hace más irresistible. Lo admito.

Hago varias muecas abriendo y cerrando mis ojos, elevando y bajando mis cejas. Hecho un poco de gomina a mi cresta rematando el toque final y me lavo los dientes deprisa. Enjuago mi boca y escupo. Me la enjuago de nuevo y vuelvo a escupir. Un poco de colonia y listo.
Bajo las escaleras a la vez que tarareo una canción y me encuentro con mamá en el último escalón con los brazos cruzados. Tiene una expresión en su cara que no sabría calificar. Normalmente sabría reconocerla pero esta vez no.

-¿Qué pasa? –pregunto preocupado.
-Nada, hijo. Tan sólo quería verte.
-Qué raro. –hago una pausa mientras bajo del escalón. -¿Ha pasado algo?
 -No, nada. –dice con una expresión triste.
-No me mientas, mamá… -digo mirándola fijamente.
-Es que… tengo miedo de que crezcas. –vuelve a decir con la misma cara.
-¿Es por eso?
-Sí… lo estás haciendo muy deprisa y no quiero perderme lo mejor de ti. –sus ojos brillan impactando en todo mi cuerpo.
-No pienses así. Anda, dame un abrazo. –la refugio en mis brazos y puedo notar como se estremece en ellos. –No me hagas tan viejo. –exclamo bromeando.
-La vieja aquí soy yo… -dice pasando su mano por mi espalda.

Pasan unos segundos y seguimos abrazados. 

-Bueno, -una voz grave procedente de la garganta de Mathew suena. –siento interrumpir el momento pero –mamá se gira de inmediato. –me toca a mí ahora un poco de tu madre, si me permites, y mi hija te está esperando. –dice con una sonrisa en la cara.
-Oh, sí, bueno… te la presto. –carcajeo refiriéndome a mamá. Ella ríe también.
-Esto… ve con _____, hijo. Llegáis tarde como siempre.

Mierda. Me olvidaba de lo más importante. Me están esperando y yo aquí como si nada. Me despido dejando un tierno beso en la mejilla de mi madre y con un choque de manos de Mathew. Salgo a toda ostia y cierro la puerta causando un estruendo. 

Llegando a un paso vacilante la encuentro subida en la moto jugando con el casco entre sus manos. Entrecierro mis ojos debido al Sol que impacta con fuerza e impidiéndome la visión de la belleza que tengo delante. Mojo mis labios como de costumbre y apoyo una mano en el manillar.

-¿Qué te ha llevado tanto tiempo? –pregunta intrigada.

Río haciéndole desesperar mientras me mira incrédula.

-Verás, me han surgido unos imprevistos… ya sabes. Pelearme con dragones, serpientes y cosas que escupían fuego. –intento parecer serio.
-¿Enserio? Oh, has sobrevivido.
-Sí, aquí me ves.
-Qué valiente, Bieber.
-Sin duda, Blair.
-Y… ¿no había ninguna princesa por el camino?
-Sí, una especie de eso. –me encojo de hombros. –Pero no era como estas de los cuentos que esperan a su príncipe en el castillo. No, no, nada de eso. –niego con mi cabeza.
-Ah, ¿no? –dice siguiéndome el juego.
-No, ella mas bien me esperaba en mi moto.
-Oh, -agita su mano. –interesante. Entonces… ¿ahora cómo sigue la historia? –pregunta tocándose el pelo.
-La historia no ha empezado. –hago una pausa subiéndome dispuesto a arrancar. –Todavía.
-Me gusta. –escucho su voz tras mi espalda. –No es una historia muy común.
-Por eso la hace especial. –la observo por el espejo retrovisor.
-Ya, cuando continúe me cuentas más, ¿vale? –da un pequeño toque en mi hombro.
-Claro. Eso quiere decir que estás preparada para escucharla ¿no?
-Sí. Estoy impaciente. –visualizo la sonrisa que se crea en su rostro.

Y arranco.  El ruido del motor potente llega a nuestros oídos y juraría que hasta el vecino que está cortando el césped del jardín lo podría haber escuchado. Salimos de camino a la universidad mientras ella se agarra fuerte a mí.

-¿Tienes miedo, bicho?
-No.
-Pues acelero.

Aumento la velocidad como tanto me gusta. Me provoca sensaciones de libertad y la adrenalina necesaria para tocar las nubes que se encuentran ahí arriba tapando el cielo azul. Centro mi vista en la carretera mientras el contacto de sus manos alrededor de mis abdominales hacen que me sienta en una isla desierta.

Mientras conduzco nos imagino a los dos en una playa. Estamos solos y ella aparece con su melena larga y ondulada expulsada en todas las direcciones debido a la brisa de aire que impacta dulcemente contra su cabello. Está descalza y sus pies mojados debido a la ola que acaba de empaparlos caminan divertidos hacia mí. Yo me quedo quieto esperando, pero realmente no me puedo mover. Mis pies están clavados en la arena caliente y no me dejan continuar. Lo intento de nuevo pero no puedo. Es como si estuvieran atados, como si fuera una especie de ancla en el suelo. Y no sé a qué es debido, pero cuando me doy cuenta la tengo delante de mí con esa sonrisa que tanto me apetece besar. Sus ojos me miran traviesos pidiendo algo.

El claxon de un coche pita fuertemente retumbando en mis tímpanos y agito mi cabeza volviendo a la realidad.

-Justin, ¿por qué paras?

Y me doy cuenta de que yo mismo desde que he comenzado a imaginar nuestra propia historia no me he movido ni un centímetro del suelo. Vuelvo a acelerar sin contestar a su pregunta.

En unos minutos llegamos y dejo mi moto en el sitio de siempre. Tengo como mi hueco reservado. La gente no aparca sus vehículos aquí, este sitio es mío. Freno y mis oídos descansan sin escuchar apenas ruido que los estorbe.

-Nos van a matar. –susurra _____ dejando el casco en la parte trasera de la moto.
-¿Por qué? –pregunto elevando una ceja confuso.
-Porque es tarde y ahora no nos dejarán entrar a clases. –me mira con los ojos más abiertos de lo habitual.
-Tranquila, sí nos dejarán.
-Claro, como eres Justin Bieber… -exclama irónicamente alejándose de mí.
-Eh, espera. –me sitúo corriendo a su lado. –Sí, soy Justin Bieber y siempre funciona.
-¿Ser un chulito, dices? –escupe. Y no sé si está bromeando o no.
-Ser el chico más popular.
-Oh, cuidado. –carcajea.

Entramos y saludamos al conserje que nos devuelve una simpática sonrisa.

-Llegáis tarde, chicos. –advierte.

Y _____ me mira al instante haciendo una mueca y provocando pequeñas arrugas en su frente. Quizás no lo sabe, pero sus pequeños gestos, sus más mínimas tonterías producen un vuelco en todo mi cuerpo que no sería capaz de definir. Más que nada porque es demasiado increíble y desconocía estas sensaciones al cien por cien. Pero luego apareció.

Subimos las escaleras sin hacer la peculiar carrera de siempre (en la que pierdo en innumerables ocasiones) y seguimos en silencio hasta la clase correspondiente. Una vez allí fuera ella apoya su espalda en la pared y coloca los brazos bajo su pecho.

-No me apetece nada entrar. –resopla. -¿Y a ti?
-Tampoco. -río moviendo mi cabeza.

{3 horas más tarde}

Nunca había deseado tanto que sonara la maldita campana anunciando el descanso. Me he aburrido tanto que casi me quedo dormido en mi propio pupitre con la cabeza apoyada en mi mano. Me pregunto si se me habrá quedado la marca.

-La baba, bro. –me señala Ryan riendo.
-Era demasiado aburrido. –choco su mano en forma de saludo mientras caminamos hacia fuera.
-Lo sé, pero la profesora te miraba con una cara extraña. Pensaría que te habrías convertido en momia.
-Tío, es que las matemáticas no son mi debilidad precisamente.
-Ni las matemáticas ni nada, bro. Por cierto, tengo que ir a la taquilla que tengo que dejar el libro. –dice despidiéndose de mí.
-Te veo bajo, ¿no?
-Sí, esperadme en el campus. –exclama mientras camina en otra dirección distinta a la mía.

Los demás ya estarán bajo. Es raro caminar sólo por estos pasillos. Siempre voy rodeado de gente, riendo y haciendo tonterías. También ahuyentando a los que se interponen en nuestro camino.

Continúo recto dispuesto a bajar las escaleras mientras observo unas cuantas minifaldas. Vaya. Mis favoritas andan por aquí. Muerdo el interior de mi mejilla observando piernas largas, delgadas, unas más morenas y otras menos bronceadas. Todas perfectamente depiladas.

Hay chicas que sólo sirven para viajar entre esas curvas, como si fueran de usar y tirar. Un día tengo una noche salvaje contigo y al otro me olvido de ti. El 99% de las chicas de la universidad son así. Y luego, luego está ella. Llamémosla la diferente, la rara, la bicho. Todavía no me he permitido el lujo de hacer algo más allá con ella, ¿pero sabéis qué? Aunque sea Justin Bieber, el chico mujeriego, no tengo esos planes en mente porque me hace volar con tan solo rozar mi piel. Y cuando me toca yo rozo las estrellas y todos los cometas que vaguean por el espacio.

Una vez bajo me dirijo al pasillo que da a la parte en la que me reúno con los demás. Con los bolsillos en mis manos y caminando a mi peculiar estilo alguien tira de mi brazo haciendo que frene por completo.

-Hola. –escuchar su voz hace que elimine todos los planes en mente.
-¿Qué quieres, Vanessa? –pregunto con una expresión seria y cansada.
-Que me expliques lo que está pasando. –dice agria.

Presiono mis labios juntos sin saber qué hacer ni qué decir. En mi mente viajan todo tipo de excusas, mentiras y un sinfín de cosas. Centro mi mirada en la pared, sus ojos arden de rabia y no quiero permanecer en contacto con ellos.

-Nada. –murmuro.
-¿Nada? –eleva su tono de voz a la vez que agita sus manos hacia arriba. -¿Y por qué me dijiste eso ayer?
-No es de tu incumbencia. –digo ahora mirando al suelo y moviendo mis pies. –Sólo quiero que te quede claro.
-No me digas eso, Justin… -agita su cabeza de lado a lado. –No puedo creerlo.
-¿Y creías que íbamos a estar siempre así?
-No, pero… no de esta manera.
-Yo no te prometí nada, sólo diversión.
-Pero tus hechos demostraban lo contrario.
-¿Hechos? ¿Follarte sin más son hechos? –digo cogiéndola del brazo y llevándola a un rincón donde nadie nos pudiera escuchar.
-No era sólo eso y lo sabes. –susurra irritada.
-¿Qué era entonces? Dímelo tú. –paso mi mano hacia arriba y abajo por mi cara estresado.
-Era más que eso. Yo sentía cosas cada vez que lo hacíamos, ¿sabes? –vuelve a gritar.
-Exactamente. Tú lo has dicho. –la señalo con mi dedo índice. –Tú sentías cosas, yo no. –recalco.
-Me estás mintiendo. No puedo creerlo. –dice de nuevo moviendo su cabeza.
-¿El qué? ¿Qué haya encontrado a alguien que no sirve sólo para unos cuantos polvos? Lo siento pero es así. –habla mi consciencia en alto.

Enseguida la miro y en sus ojos empieza a crearse un brillo que indica la amenaza de unas lágrimas. Deja caer todo su peso en la pared y poco a poco se escurre hacia abajo. Cubre con su mano derecha su rostro y me sitúo delante de ella de cuclillas.

-Oye, no pretendía decírtelo de esa manera. –susurro intentando no sonar brusco.
-Déjame en paz. –dice con la voz temblorosa.
-Lo siento. –digo mordiendo mi labio inferior.
-No, no lo sientes. Sino no lo hubieras dicho de esa manera. –enfatiza.
-Me has hecho tú ponerme así.
-Vale. –aparta la mano de su cara dejando la completa visión de ella. –Ahora dime quién es esa chica.

Mis temores comienzan a cobrar vida y a hacerse realidad. Quien me conoce sabe que nunca me pongo nervioso, incluso cuando tengo que hacer algo en público o interpretar una canción para mi madre, pero esta vez los temblores de mis manos empiezan a hacerse notar.
Trago saliva pesadamente provocando el movimiento de mi nuez marcado en la zona de mi garganta. Mojo bien mis labios y después los coloco dentro de mi boca presionando mis dientes con fuerza.

Maldita sea. ¿Qué hago? ¿Qué digo?

Esquivo su mirada por milésima vez y me pongo en pie espolsando mis pantalones.

-Me tengo que ir.

Huyo sin más dejándola ahí sentada en el frío suelo y con sus brazos envolviendo sus piernas. Me sorprende el hecho de que me haya dejado ir, sin ninguna explicación.
Una parte de mi corazón se retuerce y se siente mal conmigo mismo. Justin, eres un capullo. Lo peor es que lo sé y lo sabía cuando actuaba con ella y con las demás chicas. Pero ahora entiendo todo y le encuentro un sentido gracias a _____. Ella me ha enseñado a experimentar esas sensaciones y si ahora mismo se fuera con otro yo me sentiría un completo fracasado. Sería una mierda y no permitiría que jugara conmigo. Pero eso es lo que hago yo.

Mi mente empieza a calentarse pensando cosas que nunca hubiera llegado a imaginar que yo mismo pensaría. La temperatura corporal de mi cuerpo empieza a aumentar y me dirijo a la primera fuente que localiza mi vista. Mojo mis manos y mi cara y a continuación las seco agitándolas en el aire.

|Narra _____|

Vanessa ha desaparecido. Si estaba a justo a mi lado hace un segundo. Me dijo que le sujetara la lata de Coca-Cola, me despisté en mi propio mundo y cuando me doy cuenta ya no está. Vuelvo a dar una vuelta sobre mí misma y sigue sin aparecer. No sé donde se ha metido pero aquí no está.

Camino apresuradamente no sé hacia donde. Distingo algunos rostros conocidos entre la multitud que se concentra en las escaleras y me adentro entre ellos. Me siento como si fuera un detective privado o algo. Miro detenidamente cada rostro que encuentro a mi alrededor pero ninguno es el de Vanessa.

Escapo de nuevo de toda la gente y salgo al exterior. Camino con la cabeza en alto por el campus y me dirijo a una zona en la que nunca había estado. Todos los universitarios almuerzan, ríen. Algunos fuman y en cambio otras parejas incomodan a los que están a su alrededor. Y entre esos grupitos de gente que expulsa humo por sus bocas está el de Justin. Me siento en un banco de madera que encuentro cerca y coloco mi mochila al lado como compañera. Entrecierro mis ojos pretendiendo mejorar la visión de la zona y no consigo distinguirle entre ellos. Veo a Ryan, a Chaz y a otro chico que creo que su nombre es Logan. Pero él no está ahí.

Mi cabeza comienza a atormentarse. Siento dentro de mí algo que me inquieta y no me deja casi respirar. Los peores presentimientos fluyen por mi mente y navegan por todo mi cuerpo haciendo que llegue al extremo de la estupidez.

¿Y si ahora mismo está con Vanessa? ¿Y si ella se fue de mi lado para irse con él? Sin dudar un segundo saco el móvil de mi bolsillo y voy directa a enviar un mensaje al estúpido. Muerdo mi labio inferior y cierro los ojos meditando lo que voy a hacer interiormente. _____ Blair, ¿qué estás haciendo?

Mamá me dijo un día que nunca pidiera explicaciones por todo a un chico, que si realmente quería estar conmigo vendría él a conquistar mi corazón. Pero a veces es tan difícil esperar… Y más duro es esperar algo que nunca sucederá.

Bloqueo la pantalla del teléfono móvil y de nuevo la desbloqueo. Lo pienso mejor.

Para: Vanessa.
¿Dónde estás?

Toda clase de respuestas golpean contra mí fuertemente, haciéndome sentir débil, confusa, inválida. Estoy nerviosa, ansiosa por una maldita respuesta que me lleve a saber algo. Algo de toda esta confusión.

Mis manos comienzan a sudar como si de repente me hubiera mudado a vivir al desierto. No dejo de moverlas y mis piernas tampoco se quedan quietas. Suspiro un par de veces y cuando menos lo espero el móvil vibra.

De: Vanessa.
Por favor, ven al pasillo que lleva al campus.

Para: Vanessa.
Enseguida estoy ahí.

Engancho la mochila en mi espalda y a un paso rápido me dirijo a ese pasillo. Entro y está completamente vacío, no veo a nadie. Camino moviendo mi cabeza en todas las direcciones y a medida que me acerco al final oigo unos sollozos.

-¿Vanessa?

Pero nadie contesta. Me acerco más. Una pequeña figura refugiada en sí misma se esconde en una esquina.

-¿Vanessa eres tú?

Y levanta la cabeza dejando ver sus ojos repletos de lágrimas y un rostro completamente húmedo. Corro lo más rápido que puedo hacia ella y me arrodillo delante suya.

-¿Qué ha pasado? –pregunto preocupada. –Dios mío, ¿qué te pasa?

Sus lágrimas empiezan a empapar a una velocidad más rápida su cara y mi corazón se encoge. No me gusta ver a la gente así. Acaricio su brazo intentando calmarla.

-Tranquila, sólo dime lo que te pasa. –digo en un tono suave.

Me mira y seca con sus propias manos sus mejillas mojadas completamente.

-Jus… -cierra los ojos y continúa. –Justin…
-Cuéntame… -susurro acariciando su rodilla suavemente.
-Seguro que es culpa de Sarah… -su labio inferior tiembla.
-Tranquila… dime.
-Se ha acabado. –agacha la mirada. –Lo que fuera que fuese esto se ha terminado.

Mi consciencia  empieza a dar saltos de alegría pero la realidad la tengo delante de mí y estoy viendo con mis propios ojos a mi amiga llorar.

-Me dijo que ha encontrado a una que no solo sirva para tirársela como hace conmigo… -rompe a llorar de nuevo. Esconde su cabeza entre sus piernas.
-Vanessa… no llores por favor.
-¿Por qué? ¿Sabes lo cruel que es que digan eso en tus propias narices?
-Sé que debe ser duro, pero por favor, no te vengas hacia abajo.
-Es imposible, _____.
-No, ¡para nada! –exclamo. –Si te ha sucedido esto es por algo, porque vas a encontrar a alguien mejor para ti.
-No creo…
-¡Pues cree! –coloco mis manos en sus hombros y la balanceo. –Cree. ¿O querías estar así siempre? ¿Sufriendo, pensando con quien estará y viviendo en un tormento en torno a él?
-La verdad es que no…
-¡Y tanto que es la verdad!
-Pero lo peor es que es culpa de Sarah. Seguro. –murmura con rabia.

Mi vello se eriza a medida que escupe las palabras de su boca. Se nota la furia que lleva dentro en cada una de ellas. Y lo peor es que la culpa no es de Sarah, es mía. _____, ya estás metida en un buen lío. Encima no sé cómo salir de esta. Si mentirle o contarle la verdad que va a doler…

-Eso no lo sabes. –digo mordiendo el interior de mi mejilla.

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