Miércoles por la mañana. _____ se estremece bajo las sábanas
mientras siente su tacto y aspira el limpio olor que desprenden. Varios
mechones de pelo se cuelan juguetonamente en su cara y los aparta
cuidadosamente. Balbucea cosas sin sentido que no se pueden entender y el
despertador sigue aporreando en sus oídos de forma violenta y molesta.
Lo mismo le sucede a Justin. De una manotada y con los ojos
entrecerrados se deshace de la alarma. Pasa una mano por su cara con una
expresión cansada y al instante revuelve su pelo dejándolo en punta. Si _____
le viera observaría sus carnosos labios inflados y un poco más rosados de lo
normal. Los moja pasando la lengua por los extremos y por fin se levanta.
Planta el primer pie en el suelo y luego tras una pausa mientras se le escapa
un largo bostezo coloca el otro. Camina descalzo y en bóxers hacia su armario
tocando su ombligo traviesamente con su dedo índice. Se viste rápido con su
uniforme y deja su camisa de botones entreabierta permitiendo estar al
descubierto el principio de sus pectorales. También deja caídos sus pantalones
dándole un aire chulesco que no haría falta añadir a su expediente.
Al percatarse de la hora ambos salen a toda prisa
coincidiendo en el pasillo que comparten sus habitaciones.
Parece que a _____ se le corta la respiración y en cuestión
de un segundo aparece una sonrisa simpática dibujada en su cara.
-Buenos días, bicho. –susurra Justin con una voz áspera y
dura pero que pondría a mil por hora a cualquier chica.
Recuperándose del sobresalto que le ha causado ver la imagen
del chico con el que esa misma noche ha soñado, contesta con el corazón en un
puño.
-Buenos días, Justin.
-¿Te llevo o prefieres…
-Llévame en la moto. –no le deja acabar de formular la
pregunta. –Llévame si no causo molestia, claro. –dice una _____ avergonzada
ante su propia actitud tan repentina.
-Se nota que me echabas de menos. –ríe él acoplando las
manos en los respectivos bolsillos de su pantalón. –Deberías disimular un poco
más.
-No tengo que disimular nada. –ella eleva una ceja
divertida.
-Las ganas de estar conmigo sí. –carcajea Justin de nuevo.
-Eso solo sucede en tus sueños, Bieber. Un honor que sueñes
conmigo. –agita su mano con desdén.
-Te veías preciosa gritando mi nombre. –guiña un ojo
seductor.
-¡Eres un estúpido idiota! –bromea _____ apuñalando su pecho
un tanto descubierto.
-Eh, eh, eh, bicho. –Justin coge esas mismas manos que le
estorban y las coloca tras la espalda de ella dejándola inmóvil. -¿Qué crees
que haces? –susurra aproximando sus labios a sus oídos.
_____ perpleja y con la sangre corriendo a velocidad de
campeonato regula su agitada respiración. Su pecho sube y baja a un ritmo de
infarto y sus mejillas comienzan a tintarse del color de las amapolas. No está acostumbrada a estas cosas, ella era más de imaginar
a los personajes de las novelas, pero llegó inesperadamente alguien que sin
saberlo, cambiaría todos sus planes y le haría sentir la electricidad del
primer rayo que ilumina su habitación en las noches de tormenta.
-Nena, dime que te dejo sin aliento como tú me dejas a mí.
–vuelve a susurrar contra su oreja haciendo que las piernas de _____ se
debiliten.
Ella se limita a morder su labio inferior con la impotencia
de no poder hacer otra cosa. Traslada sus pensamientos oscuros a un cajón y lo
cierra con llave, tirándola después al mar que su propia imaginación ha creado.
-Nena… -Justin muerde el lóbulo de su oreja y lo estira con
cuidado. –Dime algo… o directamente te devuelvo lo que hiciste ayer… -lame con
su lengua justo ahí y luego la desliza hacia abajo.
-Justin… -murmura ella con la voz entrecortada.
-Dime… -susurra él contra la piel de su cuello.
-Ahí no… -advierte _____. –Prohibido.
-No hablemos de cosas prohibidas, por favor. –Justin actúa
plantando un húmedo beso en su tentador cuello.
-Existen cosas prohibidas, ¿sabías?
-¿Cómo qué?
-Como dar estos buenos días, no me avisaste. –enfatiza la
última palabra. –Así que por favor… aparta tu boc…
Justin muerde con fuerza la suave piel de su cuello haciendo
interrumpir a _____. Un leve gemido escapa de su boca y adivinad cómo se siente
ella. Pero por dentro se está muriendo viva. Está tragando saliva conteniendo
la temperatura de su cuerpo que aumenta notablemente por segundos. Está
liberando angustias y desatando cuerdas que llevaban a presión mucho tiempo.
-Adivina lo que haría ahora contigo. –Justin abandona el
cuello y se planta a unos pocos centímetros de su cara.
-No. –dice ella moviendo su cabeza de lado a lado. –No
quiero saberlo.
-Algún día lo sabrás. –él mordisquea ahora la punta de su
nariz.
-Y algún día tendremos que continuar hablando de cosas
prohibidas. –a ella se le escapa una risa.
-Ah, ¿que ahora hay normas? –pregunta él vacilante.
-No, pero por lo menos deberías avisar cuando… -hace una
pausa. –en fin…
-Oye, no es mi culpa que me levante con ganas de ti y justo
te cruces en mi camino. –eleva su ceja derecha.
-Ni es mi culpa compartir un mismo pasillo. –tose aposta
ella.
La voz de Mathew, el padre de _____, se escucha exclamando
sus nombres desde el piso de abajo. Ella se pone nerviosa e inmediatamente se
separa de él como si les fueran a descubrir.
-Tranquila, no pasa nada. –dice Justin haciendo un signo de
calma con sus manos.
-¡Vais a llegar tarde de nuevo! –otra vez la voz de Mathew.
-¡Ya bajamos, papá! –grita ella tras resoplar.
–Bicho…
-¿Qué? –pregunta ella sorprendida con una ceja más elevada
que la otra.
-Que menos mal que te hago caso y me aguanto las ganas de
comerte los labios.
-Te dije que podrías resistir. –sonríe _____ mostrando sus
blancos dientes.
|Narra Justin|
Sabía que ella me mantenía cuerdo, que con ella estaba todo
bajo control. Tenía los pies en la Tierra y la mente en las estrellas. Me
sentía vivo como nunca antes me había sentido. Y a medida que transcurría el
tiempo estaba más seguro de mí mismo y de mis sentimientos. Pero eso no quería
decir que dejara de ser el chico con la chaqueta de cuero negra y el cigarro
entre los labios. Pero algo se revolucionaba en mí y alteraba todos mis
pensamientos sin más.
-Oye, bicho.
-¿Qué?
-Tu padre te reclama, espérame en mi moto.
-Mmm… -rodea sus ojos. –Vale. –hace una mueca que me causa
risa. –Pero odio que me mandes.
-No te estoy ordenando nada, te estoy recomendando lo que
hacer. –sonrío a mi manera y al segundo la atraigo a mí. -¿Lo entiendes?
–murmuro contra su pelo.
-Sí… -resopla y se separa de mis brazos. –Te veo bajo. ¡Y no
tardes! –exclama mientras camina y me percato del buen trasero que tiene.
-Está bien...
Me dirijo a mi paso al cuarto de baño a hacer mi peculiar
photoshoot frente al espejo. Mojo mis manos tras abrir el grifo y colocarlas
bajo él. Peino con ellas mi pelo dejándolo más puntiagudo y con un efecto
mojado que me hace más irresistible. Lo admito.
Hago varias muecas abriendo y cerrando mis ojos, elevando y
bajando mis cejas. Hecho un poco de gomina a mi cresta rematando el toque final
y me lavo los dientes deprisa. Enjuago mi boca y escupo. Me la enjuago de nuevo
y vuelvo a escupir. Un poco de colonia y listo.
Bajo las escaleras a la vez que tarareo una canción y me
encuentro con mamá en el último escalón con los brazos cruzados. Tiene una
expresión en su cara que no sabría calificar. Normalmente sabría reconocerla
pero esta vez no.
-¿Qué pasa? –pregunto preocupado.
-Nada, hijo. Tan sólo quería verte.
-Qué raro. –hago una pausa mientras bajo del escalón. -¿Ha
pasado algo?
-No, nada. –dice con
una expresión triste.
-No me mientas, mamá… -digo mirándola fijamente.
-Es que… tengo miedo de que crezcas. –vuelve a decir con la
misma cara.
-¿Es por eso?
-Sí… lo estás haciendo muy deprisa y no quiero perderme lo
mejor de ti. –sus ojos brillan impactando en todo mi cuerpo.
-No pienses así. Anda, dame un abrazo. –la refugio en mis
brazos y puedo notar como se estremece en ellos. –No me hagas tan viejo.
–exclamo bromeando.
-La vieja aquí soy yo… -dice pasando su mano por mi espalda.
Pasan unos segundos y seguimos abrazados.
-Bueno, -una voz grave procedente de la garganta de Mathew
suena. –siento interrumpir el momento pero –mamá se gira de inmediato. –me toca
a mí ahora un poco de tu madre, si me permites, y mi hija te está esperando.
–dice con una sonrisa en la cara.
-Oh, sí, bueno… te la presto. –carcajeo refiriéndome a mamá.
Ella ríe también.
-Esto… ve con _____, hijo. Llegáis tarde como siempre.
Mierda. Me olvidaba de lo más importante. Me están esperando
y yo aquí como si nada. Me despido dejando un tierno beso en la mejilla de mi
madre y con un choque de manos de Mathew. Salgo a toda ostia y cierro la puerta
causando un estruendo.
Llegando a un paso vacilante la encuentro subida en la
moto jugando con el casco entre sus manos. Entrecierro mis ojos debido al Sol
que impacta con fuerza e impidiéndome la visión de la belleza que tengo
delante. Mojo mis labios como de costumbre y apoyo una mano en el manillar.
-¿Qué te ha llevado tanto tiempo? –pregunta intrigada.
Río haciéndole desesperar mientras me mira incrédula.
-Verás, me han surgido unos imprevistos… ya sabes. Pelearme
con dragones, serpientes y cosas que escupían fuego. –intento parecer serio.
-¿Enserio? Oh, has sobrevivido.
-Sí, aquí me ves.
-Qué valiente, Bieber.
-Sin duda, Blair.
-Y… ¿no había ninguna princesa por el camino?
-Sí, una especie de eso. –me encojo de hombros. –Pero no era
como estas de los cuentos que esperan a su príncipe en el castillo. No, no,
nada de eso. –niego con mi cabeza.
-Ah, ¿no? –dice siguiéndome el juego.
-No, ella mas bien me esperaba en mi moto.
-Oh, -agita su mano. –interesante. Entonces… ¿ahora cómo
sigue la historia? –pregunta tocándose el pelo.
-La historia no ha empezado. –hago una pausa subiéndome
dispuesto a arrancar. –Todavía.
-Me gusta. –escucho su voz tras mi espalda. –No es una
historia muy común.
-Por eso la hace especial. –la observo por el espejo
retrovisor.
-Ya, cuando continúe me cuentas más, ¿vale? –da un pequeño
toque en mi hombro.
-Claro. Eso quiere decir que estás preparada para escucharla
¿no?
-Sí. Estoy impaciente. –visualizo la sonrisa que se crea en
su rostro.
Y arranco. El ruido
del motor potente llega a nuestros oídos y juraría que hasta el vecino que está
cortando el césped del jardín lo podría haber escuchado. Salimos de camino a la
universidad mientras ella se agarra fuerte a mí.
-¿Tienes miedo, bicho?
-No.
-Pues acelero.
Aumento la velocidad como tanto me gusta. Me provoca
sensaciones de libertad y la adrenalina necesaria para tocar las nubes que se
encuentran ahí arriba tapando el cielo azul. Centro mi vista en la carretera
mientras el contacto de sus manos alrededor de mis abdominales hacen que me
sienta en una isla desierta.
Mientras conduzco nos imagino a los dos en una playa.
Estamos solos y ella aparece con su melena larga y ondulada expulsada en todas
las direcciones debido a la brisa de aire que impacta dulcemente contra su
cabello. Está descalza y sus pies mojados debido a la ola que acaba de
empaparlos caminan divertidos hacia mí. Yo me quedo quieto esperando, pero
realmente no me puedo mover. Mis pies están clavados en la arena caliente y no
me dejan continuar. Lo intento de nuevo pero no puedo. Es como si estuvieran
atados, como si fuera una especie de ancla en el suelo. Y no sé a qué es
debido, pero cuando me doy cuenta la tengo delante de mí con esa sonrisa que
tanto me apetece besar. Sus ojos me miran traviesos pidiendo algo.
El claxon de un coche pita fuertemente retumbando en mis
tímpanos y agito mi cabeza volviendo a la realidad.
-Justin, ¿por qué paras?
Y me doy cuenta de que yo mismo desde que he comenzado a
imaginar nuestra propia historia no me he movido ni un centímetro del suelo.
Vuelvo a acelerar sin contestar a su pregunta.
En unos minutos llegamos y dejo mi moto en el sitio de
siempre. Tengo como mi hueco reservado. La gente no aparca sus vehículos aquí,
este sitio es mío. Freno y mis oídos descansan sin escuchar apenas ruido que
los estorbe.
-Nos van a matar. –susurra _____ dejando el casco en la
parte trasera de la moto.
-¿Por qué? –pregunto elevando una ceja confuso.
-Porque es tarde y ahora no nos dejarán entrar a clases. –me
mira con los ojos más abiertos de lo habitual.
-Tranquila, sí nos dejarán.
-Claro, como eres Justin Bieber… -exclama irónicamente
alejándose de mí.
-Eh, espera. –me sitúo corriendo a su lado. –Sí, soy Justin
Bieber y siempre funciona.
-¿Ser un chulito, dices? –escupe. Y no sé si está bromeando
o no.
-Ser el chico más popular.
-Oh, cuidado. –carcajea.
Entramos y saludamos al conserje que nos devuelve una
simpática sonrisa.
-Llegáis tarde, chicos. –advierte.
Y _____ me mira al instante haciendo una mueca y provocando
pequeñas arrugas en su frente. Quizás no lo sabe, pero sus pequeños gestos, sus
más mínimas tonterías producen un vuelco en todo mi cuerpo que no sería capaz
de definir. Más que nada porque es demasiado increíble y desconocía estas
sensaciones al cien por cien. Pero luego apareció.
Subimos las escaleras sin hacer la peculiar carrera de
siempre (en la que pierdo en innumerables ocasiones) y seguimos en silencio
hasta la clase correspondiente. Una vez allí fuera ella apoya su espalda en la
pared y coloca los brazos bajo su pecho.
-No me apetece nada entrar. –resopla. -¿Y a ti?
-Tampoco. -río moviendo mi cabeza.
{3 horas más tarde}
Nunca había deseado tanto que sonara la maldita campana
anunciando el descanso. Me he aburrido tanto que casi me quedo dormido en mi
propio pupitre con la cabeza apoyada en mi mano. Me pregunto si se me habrá
quedado la marca.
-La baba, bro. –me señala Ryan riendo.
-Era demasiado aburrido. –choco su mano en forma de saludo
mientras caminamos hacia fuera.
-Lo sé, pero la profesora te miraba con una cara extraña.
Pensaría que te habrías convertido en momia.
-Tío, es que las matemáticas no son mi debilidad
precisamente.
-Ni las matemáticas ni nada, bro. Por cierto, tengo que ir a
la taquilla que tengo que dejar el libro. –dice despidiéndose de mí.
-Te veo bajo, ¿no?
-Sí, esperadme en el campus. –exclama mientras camina en
otra dirección distinta a la mía.
Los demás ya estarán bajo. Es raro caminar sólo por estos
pasillos. Siempre voy rodeado de gente, riendo y haciendo tonterías. También
ahuyentando a los que se interponen en nuestro camino.
Continúo recto dispuesto a bajar las escaleras mientras
observo unas cuantas minifaldas. Vaya. Mis favoritas andan por aquí. Muerdo el
interior de mi mejilla observando piernas largas, delgadas, unas más morenas y
otras menos bronceadas. Todas perfectamente depiladas.
Hay chicas que sólo sirven para viajar entre esas curvas,
como si fueran de usar y tirar. Un día tengo una noche salvaje contigo y al
otro me olvido de ti. El 99% de las chicas de la universidad son así. Y luego,
luego está ella. Llamémosla la diferente, la rara, la bicho. Todavía no me he
permitido el lujo de hacer algo más allá con ella, ¿pero sabéis qué? Aunque sea
Justin Bieber, el chico mujeriego, no tengo esos planes en mente porque me hace
volar con tan solo rozar mi piel. Y cuando me toca yo rozo las estrellas y
todos los cometas que vaguean por el espacio.
Una vez bajo me dirijo al pasillo que da a la parte en la
que me reúno con los demás. Con los bolsillos en mis manos y caminando a mi
peculiar estilo alguien tira de mi brazo haciendo que frene por completo.
-Hola. –escuchar su voz hace que elimine todos los planes en
mente.
-¿Qué quieres, Vanessa? –pregunto con una expresión seria y
cansada.
-Que me expliques lo que está pasando. –dice agria.
Presiono mis labios juntos sin saber qué hacer ni qué decir.
En mi mente viajan todo tipo de excusas, mentiras y un sinfín de cosas. Centro
mi mirada en la pared, sus ojos arden de rabia y no quiero permanecer en
contacto con ellos.
-Nada. –murmuro.
-¿Nada? –eleva su tono de voz a la vez que agita sus manos
hacia arriba. -¿Y por qué me dijiste eso ayer?
-No es de tu incumbencia. –digo ahora mirando al suelo y
moviendo mis pies. –Sólo quiero que te quede claro.
-No me digas eso, Justin… -agita su cabeza de lado a lado.
–No puedo creerlo.
-¿Y creías que íbamos a estar siempre así?
-No, pero… no de esta manera.
-Yo no te prometí nada, sólo diversión.
-Pero tus hechos demostraban lo contrario.
-¿Hechos? ¿Follarte sin más son hechos? –digo cogiéndola del
brazo y llevándola a un rincón donde nadie nos pudiera escuchar.
-No era sólo eso y lo sabes. –susurra irritada.
-¿Qué era entonces? Dímelo tú. –paso mi mano hacia arriba y
abajo por mi cara estresado.
-Era más que eso. Yo sentía cosas cada vez que lo hacíamos,
¿sabes? –vuelve a gritar.
-Exactamente. Tú lo has dicho. –la señalo con mi dedo
índice. –Tú sentías cosas, yo no. –recalco.
-Me estás mintiendo. No puedo creerlo. –dice de nuevo
moviendo su cabeza.
-¿El qué? ¿Qué haya encontrado a alguien que no sirve sólo
para unos cuantos polvos? Lo siento pero es así. –habla mi consciencia en alto.
Enseguida la miro y en sus ojos empieza a crearse un brillo
que indica la amenaza de unas lágrimas. Deja caer todo su peso en la pared y
poco a poco se escurre hacia abajo. Cubre con su mano derecha su rostro y me
sitúo delante de ella de cuclillas.
-Oye, no pretendía decírtelo de esa manera. –susurro
intentando no sonar brusco.
-Déjame en paz. –dice con la voz temblorosa.
-Lo siento. –digo mordiendo mi labio inferior.
-No, no lo sientes. Sino no lo hubieras dicho de esa manera.
–enfatiza.
-Me has hecho tú ponerme así.
-Vale. –aparta la mano de su cara dejando la completa visión
de ella. –Ahora dime quién es esa chica.
Mis temores comienzan a cobrar vida y a hacerse realidad.
Quien me conoce sabe que nunca me pongo nervioso, incluso cuando tengo que
hacer algo en público o interpretar una canción para mi madre, pero esta vez
los temblores de mis manos empiezan a hacerse notar.
Trago saliva pesadamente provocando el movimiento de mi nuez
marcado en la zona de mi garganta. Mojo bien mis labios y después los coloco
dentro de mi boca presionando mis dientes con fuerza.
Maldita sea. ¿Qué hago? ¿Qué digo?
Esquivo su mirada por milésima vez y me pongo en pie
espolsando mis pantalones.
-Me tengo que ir.
Huyo sin más dejándola ahí sentada en el frío suelo y con
sus brazos envolviendo sus piernas. Me sorprende el hecho de que me haya dejado
ir, sin ninguna explicación.
Una parte de mi corazón se retuerce y se siente mal conmigo
mismo. Justin, eres un capullo. Lo peor es que lo sé y lo sabía cuando actuaba
con ella y con las demás chicas. Pero ahora entiendo todo y le encuentro un
sentido gracias a _____. Ella me ha enseñado a experimentar esas sensaciones y
si ahora mismo se fuera con otro yo me sentiría un completo fracasado. Sería
una mierda y no permitiría que jugara conmigo. Pero eso es lo que hago yo.
Mi mente empieza a calentarse pensando cosas que nunca
hubiera llegado a imaginar que yo mismo pensaría. La temperatura corporal de mi
cuerpo empieza a aumentar y me dirijo a la primera fuente que localiza mi
vista. Mojo mis manos y mi cara y a continuación las seco
agitándolas en el aire.
|Narra _____|
Vanessa ha desaparecido. Si estaba a justo a mi lado hace un
segundo. Me dijo que le sujetara la lata de Coca-Cola, me despisté en mi propio
mundo y cuando me doy cuenta ya no está. Vuelvo a dar una vuelta sobre mí misma
y sigue sin aparecer. No sé donde se ha metido pero aquí no está.
Camino apresuradamente no sé hacia donde. Distingo algunos
rostros conocidos entre la multitud que se concentra en las escaleras y me
adentro entre ellos. Me siento como si fuera un detective privado o algo. Miro
detenidamente cada rostro que encuentro a mi alrededor pero ninguno es el de
Vanessa.
Escapo de nuevo de toda la gente y salgo al exterior. Camino
con la cabeza en alto por el campus y me dirijo a una zona en la que nunca
había estado. Todos los universitarios almuerzan, ríen. Algunos fuman y en
cambio otras parejas incomodan a los que están a su alrededor. Y entre esos
grupitos de gente que expulsa humo por sus bocas está el de Justin. Me siento
en un banco de madera que encuentro cerca y coloco mi mochila al lado como
compañera. Entrecierro mis ojos pretendiendo mejorar la visión de la zona y no
consigo distinguirle entre ellos. Veo a Ryan, a Chaz y a otro chico que creo
que su nombre es Logan. Pero él no está ahí.
Mi cabeza comienza a atormentarse. Siento dentro de mí algo
que me inquieta y no me deja casi respirar. Los peores presentimientos fluyen
por mi mente y navegan por todo mi cuerpo haciendo que llegue al extremo de la
estupidez.
¿Y si ahora mismo está con Vanessa? ¿Y si ella se fue de mi
lado para irse con él? Sin dudar un segundo saco el móvil de mi bolsillo y voy
directa a enviar un mensaje al estúpido. Muerdo mi labio inferior y cierro los
ojos meditando lo que voy a hacer interiormente. _____ Blair, ¿qué estás
haciendo?
Mamá me dijo un día que nunca pidiera explicaciones por todo
a un chico, que si realmente quería estar conmigo vendría él a conquistar mi
corazón. Pero a veces es tan difícil esperar… Y más duro es esperar algo que
nunca sucederá.
Bloqueo la pantalla del teléfono móvil y de nuevo la
desbloqueo. Lo pienso mejor.
Para: Vanessa.
¿Dónde estás?
Toda clase de respuestas golpean contra mí fuertemente,
haciéndome sentir débil, confusa, inválida. Estoy nerviosa, ansiosa por una
maldita respuesta que me lleve a saber algo. Algo de toda esta confusión.
Mis manos comienzan a sudar como si de repente me hubiera
mudado a vivir al desierto. No dejo de moverlas y mis piernas tampoco se quedan
quietas. Suspiro un par de veces y cuando menos lo espero el móvil vibra.
De: Vanessa.
Por favor, ven al pasillo que lleva al campus.
Para: Vanessa.
Enseguida estoy ahí.
Engancho la mochila en mi espalda y a un paso rápido me
dirijo a ese pasillo. Entro y está completamente vacío, no veo a nadie. Camino
moviendo mi cabeza en todas las direcciones y a medida que me acerco al final
oigo unos sollozos.
-¿Vanessa?
Pero nadie contesta. Me acerco más. Una pequeña figura
refugiada en sí misma se esconde en una esquina.
-¿Vanessa eres tú?
Y levanta la cabeza dejando ver sus ojos repletos de
lágrimas y un rostro completamente húmedo. Corro lo más rápido que puedo hacia
ella y me arrodillo delante suya.
-¿Qué ha pasado? –pregunto preocupada. –Dios mío, ¿qué te
pasa?
Sus lágrimas empiezan a empapar a una velocidad más rápida
su cara y mi corazón se encoge. No me gusta ver a la gente así. Acaricio su
brazo intentando calmarla.
-Tranquila, sólo dime lo que te pasa. –digo en un tono
suave.
Me mira y seca con sus propias manos sus mejillas mojadas
completamente.
-Jus… -cierra los ojos y continúa. –Justin…
-Cuéntame… -susurro acariciando su rodilla suavemente.
-Seguro que es culpa de Sarah… -su labio inferior tiembla.
-Tranquila… dime.
-Se ha acabado. –agacha la mirada. –Lo que fuera que fuese esto se ha
terminado.
Mi consciencia
empieza a dar saltos de alegría pero la realidad la tengo delante de mí y
estoy viendo con mis propios ojos a mi amiga llorar.
-Me dijo que ha encontrado a una que no solo sirva para
tirársela como hace conmigo… -rompe a llorar de nuevo. Esconde su cabeza entre
sus piernas.
-Vanessa… no llores por favor.
-¿Por qué? ¿Sabes lo cruel que es que digan eso en tus
propias narices?
-Sé que debe ser duro, pero por favor, no te vengas hacia
abajo.
-Es imposible, _____.
-No, ¡para nada! –exclamo. –Si te ha sucedido esto es por
algo, porque vas a encontrar a alguien mejor para ti.
-No creo…
-¡Pues cree! –coloco mis manos en sus hombros y la balanceo.
–Cree. ¿O querías estar así siempre? ¿Sufriendo, pensando con quien estará y
viviendo en un tormento en torno a él?
-La verdad es que no…
-¡Y tanto que es la verdad!
-Pero lo peor es que es culpa de Sarah. Seguro. –murmura con
rabia.
Mi vello se eriza a medida que escupe las palabras de su
boca. Se nota la furia que lleva dentro en cada una de ellas. Y lo peor es que
la culpa no es de Sarah, es mía. _____, ya estás metida en un buen lío. Encima
no sé cómo salir de esta. Si mentirle o contarle la verdad que va a doler…
-Eso no lo sabes. –digo mordiendo el interior de mi mejilla.
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