Tu rastro.

sábado, 26 de enero de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 4.



|Narra _____|

''Querido diario. Gracias por ser mi mejor amigo, por aceptarme, por permitir que me exprese lo mejor que puedo sin tener que darle explicaciones a nadie. Tú me entiendes. ¿Sabes? Hay veces en las que quisiera desaparecer de este mundo, pero luego me paro a pensar en las cosas que me quedan por hacer y retiro mis pensamientos a un lugar oscuro de mi mente. Quiero subir a lo alto de la Torre Eiffel y notar la ciudad bajo mis pies, quiero emborracharme en la playa, despertar con la persona que quiera estar a mi lado y ver amaneceres juntos, bailar un vals empapada mientras llueva, sentir mariposas revoloteando por mi estómago al tenerle cerca, fotografiar cada rincón del mundo. Necesito que alguien me haga creer en los sueños. ¿Dónde estás? ¿Dónde te escondes? Una vez alguien me dijo que hay ocasiones en las que tienes tan cerca algo que te cuesta verlo. Nunca le di importancia a mis complejos, lo sabes, pero por eso me pregunto día a día ‘¿Por qué nadie me acepta tal y como soy?’. Hoy especialmente te escribo porque me ha sorprendido algo, mi profesor me ha escogido para ser la protagonista del musical de la universidad. ¡Es la primera vez que alguien hace una cosa así por mí! Si dijera que no estoy emocionada me crecería la nariz al mentir como a ese tal Pinocho. Sólo que existe una gran diferencia, él está hecho de madera y yo soy puro sentimiento en cada centímetro de mi piel. Me tengo que despedir, papá me llama desde abajo para que vaya a cenar. Te quiero, pues, si tú no me escucharas, ¿quién lo haría? ¡Hasta mañana!''

Clic. Cierro el bolígrafo y lo guardo en mi estuche que está a punto de estallar. Me gusta tenerlo lleno de rotuladores de diferentes colores y formas. Aspiro. El olor a pizza llega hasta los orificios de mi nariz provocándome aún más hambre. Agacho mi cabeza y me doy cuenta de que todavía voy en ropa interior. Acabo de salir de la ducha y mi cabello permanece un poco mojado. Aplico crema corporal por cada poro de mi piel y a continuación me hecho colonia. Una de las pocas maneras de sentirme libre. Fresca. Sana. Recojo la ropa que hay tirada por mi habitación y la clasifico donde corresponde. Ante todo soy ordenada. Odio ver las cosas donde no toca, por eso, mamá debería estar aquí con nosotros. Siento una punzada en mi interior y retomo lo que estaba haciendo. Será mejor. Rebusco bajo la almohada para ponerme el pijama. Sí, ahí lo guardo. Manías, supongo. Me coloco frente al espejo del baño, lavo mi cara despejando mis pensamientos y después la seco con la toalla.

-¡_____, te estamos esperando! –otro aviso desde lo más profundo de la garganta de papá.

Bajo las escaleras al compás y lo más rápido que  puedo. Incluso se me cae una de las zapatillas por el camino. Los veo ahí, a los tres sentados esperándome. La primera cena ''familiar''.

-Por fin. –murmura Justin que me mira detenidamente.
-Lo siento. –toso con fuerza adrede. –No puedo hacer mil cosas a la vez.
-No lo jures. –ríe él.

También lleva puesto un pijama gracioso. Nunca pensé que al chico malo le gustarían los pantalones de Super Mario Bros. Lo conjunta con una camiseta básica blanca. Vaya. Sé que en realidad esconde algo. Tiene una parte misteriosa que me inquieta. Me siento frente a él. Pattie me sirve un vaso de agua y se lo agradezco con un tímido ''gracias''. Bebo despacio. En realidad estaba sedienta. No me gusta el gas y además no bebo alcohol. Ni tan siquiera lo he probado. Como dije, una adolescente de 17 años que no se emborracha no se ve todos los días. Soy una especie en extinción.

Están callados y me incomoda ese silencio. Apenas tres palabras se cruzan en la mesa desde que me he sentado. Limpio mi boca con la servilleta que tengo a la izquierda de mi plato. Ese que no he usado, por cierto.  ¿Desde cuándo la pizza lo necesita? Dos bocados y acabo. Recojo lo que puedo con ayuda de Pattie.

-¿Puedes colocar los vasos en el lavavajillas?
-Por supuesto.

Papá y Justin parecen haber escapado de la cocina. Observo cómo Pattie se quita un curioso delantal color rojizo y enciende una pequeña radio situada al lado del microondas.

-Nunca viene mal un poco de música para relajarse. –me dice mostrando sus dientes en una curvada sonrisa. -¿Qué sueles escuchar?
-Pop. Sobretodo pop. ¿Y  usted? –maldigo a mi conciencia. _____, ¿qué haces? Sabes que a las mujeres no nos gusta que nos traten de ‘’usted’’.
-Oh, discúlpame. Háblame como… -su expresión se vuelve algo triste. Lo noto. –Como si fuera una amiga, _____.
-Lo siento, no pretendía…
-Tranquila. –se acerca a mí a un paso lento. –Sé que no puedo actuar contigo como tu madre, pero si lo deseas, me meto en el papel.

Mis ojos comienzan a cobrar el típico brillo que cuando están a punto de derramar agua. Me muerdo en labio inferior para evitar romper a llorar. Mamá, sigues estando tan presente en mi vida como el primer día…

-Muchas gracias.

Son las únicas palabras que salen de mi boca en ese momento. Pattie me acaricia la mejilla y echa hacia atrás de mi oreja un mechón de pelo. Le agradezco el gesto con una sonrisa fingida y rota.

Una hora más tarde me encuentro tirada en la cama. Mi iPod a todo volumen hace que me relaje y crea un mar de pensamientos dentro de mi cabeza. Por supuesto, me decido a navegar en ellos. Cierro los ojos y me adentro en ese viaje.

Batería baja. Momentos como este son odiosos. Desconecto los auriculares y los pongo en la mesita de noche. Seco con la punta de los dedos algunas pequeñas lágrimas que asoman por mi rostro. De repente escucho algo golpear suavemente el ventanal de la habitación y me levanto con curiosidad para ver de qué se trata. Abro decidida y una corriente de aire choca bruscamente contra mí revolviendo mi pelo y dejándolo como si acabara de pelearme con un gato callejero. La puerta se cierra fuertemente ante el impacto causando un estruendo. Cierro rápidamente el ventanal y me dirijo a comprobar si se habrá roto algo cuando lo encuentro frente a mí.

-¿Qué ha sido ese ruido? –me pregunta un Justin con los ojos entrecerrados y el pelo revuelto mientras desliza su mano por él. 

Noto una pequeña explosión en mi entrepierna y me odio a mí misma. Así está malditamente bueno. _____, mira hacia el suelo. Clava tu mirada ahí. No lo mires. Stop. Mis hormonas se revolucionan en un abrir y cerrar de ojos, ¿a qué se debe esta reacción?

-¿Contestas? –vaya, me he quedado embobada y de nuevo me pregunta levantando una ceja.
-El… el aire. –tartamudeo nerviosa. Qué hago, interrogo a mi mente la cual no encuentra una respuesta. –Ha sido el aire.
-Pues me has despertado. –dice como si le debiera algo.
-¿Y?
-¿Te gusta que te despierten?
-No. Bueno… adiós.

Me incomoda un poco la situación y le empujo con delicadeza hacia fuera, pero no se mueve ni un centímetro. Sus pies están clavados en el suelo. Me mira desafiante y noto un pinchazo en mi interior. Parece que mi cuerpo me esté advirtiendo de algo.

-Bieber.
-Blair.
-¿No vas a salir?
-No, me quedo aquí un rato. Ahora te toca aguantarme, sino haberte pensado eso de hacer ruido.
-Ni que lo hubiera hecho con mala intención… -digo bajito.

Cierra la puerta despacio y se toma la mayor confianza del mundo para sentarse sobre mi cama. Le observo con una expresión curiosa y tiro mi pelo hacia atrás. Me doy cuenta de que he dejado mi diario sobre el escritorio y lo aparto de allí rápidamente para meterlo en el primer cajón que localiza mi vista.

-¿Qué es eso?
-Ah, nada…
-Creía que ''la nada'' era invisible, y he visto algo.
-Unos apuntes de Historia. –humidifico mis labios en un rápido segundo. –Por cierto, ¿no asistes a clase? Eres un auténtico chico malo. –escupo la última palabra.
-Tú eres un bicho raro. Eso es peor. –alza la vista y vuelve a centrarla en la pantalla de su iPhone. –Mañana me tienes en tu misma clase, por desgracia.
-Si al final acabarás enamorándote de mí. –digo en un tono burlesco.

Lanza una carcajada y me mira de nuevo con esos ojos de lince. Algo tiene esa mirada que no logro descifrar. Pero sigue siendo un auténtico capullo.

-Tu cama es más cómoda, me quedo aquí. –y se tumba boca abajo escondiendo su cabeza entre los brazos.
-¿Qué? No. –respondo inmediatamente. Vale, yo soy la ''nueva'' aquí, pero no me va a echar de la que ahora es mi habitación. –Sal de ahí, que luego tendré que dormir con tus huellas en mis sábanas.

Escucho su dulce risa. ¿Dulce? Sí, es extraño. Como yo, vaya. ¿Por qué hablo de esta manera sobre él si es un gilipollas inmaduro? ¿Ahora qué hago? Me aproximo  y me planto de rodillas ante el individuo que se ha colado en mi cama. Le doy un golpecito en el brazo a la vez que rebotan pensamientos en mi cabeza que no lograría calificar. Gira su cara para clavar su mirada en mí y me incomoda el hecho de estar tan cerca de él, por lo que decido alejarme un par de centímetros. Eleva la ceja y entrecierra los ojos.

-Desde aquí pareces menos bicho. –dice y muerde su labio. Una acción que provoca un yo que sé en mí.
-Desde cualquier perspectiva pareces un niñato. –sonrío divertida.
-Vaya piropo. –exclama irónicamente. –Dame tu número de móvil.
-¿Para qué?
-Dámelo.

Cojo un bolígrafo del primer color que pillo, morado, y le tomo la mano para apuntárselo allí. El contacto de su piel con la mía crea que un escalofrío recorra por mi médula espinal.

-Es mi color favorito. –me siento a su lado.
-¿De verdad? –parece sorprendido.
-Claro.
-También es el mío. –se levanta y eleva sus brazos estirándose después de lanzar un largo bostezo. –Ya tenemos una cosa en común, Blair.
-La única, afortunadamente.

Me mira desafiante y me inquieta.

-Tengo sueño. –dice mientras camina lento y  arrastrando los pies en dirección a su habitación.
-¿Buenas noches? –elevo una ceja. Maleducado.
-Sueña conmigo. –está de espaldas, pero se gira. –Por cierto, bonito pijama, Blair.
-Gracias. –me decanto a decir en un tono borde.


----------------------------------------------------


Alguien me tambalea por los hombros mientras escucho su voz de recién levantado. Tengo las manos bajo mi mejilla derecha y no las quiero despegar de ahí.

-_____, despierta. En 5 minutos tenemos que estar en la universidad. Vamos.

En un segundo pego un salto rápidamente y la primera imagen que capto de buena mañana es su cara.

-¡5 minutos! –vuelve a repetir.
-No me grites ya a estas horas. –mi voz suena un poco ronca. -¡Y salte de aquí que me vista!
-De acuerdo. Te espero bajo. No tardes.

Me desvisto a toda ostia y me coloco el uniforme que se encuentra colgado recién planchado en la silla. Con complejo de coche Ferrari voy hacia el cuarto de baño para peinarme el cabello pero me acabo decantando por una coleta. Sonrío al espejo. Papá siempre me ha dicho que tengo una sonrisa preciosa. Llevé aparato de dientes, y es hora de mostrarla. Cargo la mochila en mi espalda mientras bajo las escaleras. Doy un saltito en el último escalón y debido a esto casi beso el suelo. Corro hacia afuera donde me espera Justin montado en su moto.

-2 minutos, me has sorprendido. –se coloca el casco y me tiende otro para mí.
-¿Me vas a llevar tú? –pregunto todavía adormilada rascándome el ojo izquierdo.
-Sí, ¿algún problema?
-Tu compañía, pero casi nada. –bromeo.
-Otra cosa más que tenemos en común, no nos soportamos.

Coloca las llaves y el motor comienza a escucharse fuertemente. Subo apoyando mis manos en su cintura y logro contemplar su sonrisa a través del retrovisor.

-Sujétate bien, porque llegamos tarde. No quiero más problemas. –parece duro. -Y ponte el casco.
-Vale. -lo coloco en mi cabeza obedeciéndole.
-Ahora agárrate a mí. 
-¿Me vas a obligar?
-Si no quieres matarte, agárrate.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.





No hay comentarios:

Publicar un comentario