Tu rastro.

jueves, 3 de enero de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 1.



|Narra _____|

Nos mudamos. ¿Cómo será Toronto? ¿Cómo será mi nueva vida? Lo que tengo muy claro es que no voy a cambiar. Papá está muy ilusionado con su chica, a pesar de ello creo que es demasiado pronto como para irnos a vivir a su casa. Aunque yo lo llamaría mansión. Es gigante, o al menos eso parece en las fotos. Punto positivo. Lo malo es que tiene un hijo de mi edad o un poco más mayor. Sólo lo he visto en fotos y parece el típico chico chulo-prepotente.  No me va ese ‘’rollo’’ a mí. Suelo tener un sexto sentido y algo me dice que será como los demás. Quiero decir, me tratará mal o simplemente seré invisible para él.

-¿Estás lista, _____? –pregunta papá reduciendo la velocidad del coche.
-No. La verdad es que no.
-Tranquila, las cosas irán igual o mejor.
-Espero que mejor… ¿No crees que esto es un poco precipitado? ¿Te olvidarás de mamá?
-Eso nunca, cielo. –frena bruscamente y me mira a los ojos con una expresión algo triste que no lograría calificar. –El primer amor es el verdadero, y ella fue el mío. Nadie la reemplazará, ni creo que existan historias como la nuestra.
-¿Cómo os conocisteis? No he escuchado todavía la historia.
-Verás… las mejores cosas suceden cuando menos te lo esperas. Nos presentaron. No te voy a mentir y si te soy sincero, no me llamó la atención a primera vista. Al principio tu madre era demasiado vergonzosa, coincidíamos pocas veces al quedar con los amigos. Hasta que un día me choqué con su mirada y vi en ella algo especial. No me preguntes el qué. Y a partir de ahí notaba que mi corazón latía con más fuerza cuando la tenía cerca. Incluso me ponía nervioso y en cierta manera no era el mismo cuando estaba presente. Entonces me declaré, por la vía rápida. No aguantaba más sin decírselo. Y cuando ella me dijo que también sentía lo mismo, juraría que fui el hombre más feliz del mundo.
-Hoy en día las cosas son diferentes. Yo quiero que alguien sienta eso por mí…
-Algún día. No saben apreciar el tesoro que eres.
-Tú mismo lo has dicho. Y el tesoro se guarda dentro…

La gente no suele apreciar lo que valgo por dentro, porque nadie se detiene a hacerlo. Miran el maldito exterior en vez de lo que hay en el corazón de uno mismo. Si fuera un chico, me enamoraría de mí. ¿Por qué no? Soy una adolescente que sueña con que alguien lo haga algún día, pero no la típica que no aguanta sin estar una semana besando a chicos a diestro y siniestro.  

Lo abrazo. Fuerte. Al fin y al cabo es con la única persona que puedo hacerlo. Arranca de nuevo y continúa recto. Una rotonda y tira hacia la derecha dónde se pueden contemplar grandes chalets con sus respectivos jardines. Una zona completamente pija. ‘Señor, ¿dónde me han metido’ pienso en mis interiores mientras papá sigue conduciendo ahora más despacio buscando nuestro próximo destino. Juego con mis dedos a moverlos sin parar debido a los nervios. Un juego extraño, lo sé. Apreto con fuerza mis dientes y el miedo comienza a apoderarse de mí. Miedo al rechazo. Aunque ya estoy muy bien acostumbrada. Saco mi móvil para verme lo más mínimo en el reflejo y me peino un poco la coleta.

-Aquí es.
-¡Aw!

Lanzo un pequeño chillido desentonado y a continuación río sola. Papá me mira extraño. Recórcholis, lo admito. Soy demasiado rara. Se abre una gran puerta de garaje y yo alzo la vista flipando tan sólo mirando a través de la ventanilla. Entramos. Menudo garaje. Yo viviendo en esta planta ya sería feliz. Descargamos las maletas y demás trastos. Entonces se oye la voz de una mujer llamando a mi padre. Es ella, Pattie. Su novia. Se me hace extraño decir eso.

-¡Cariño! –me llama, me giro y les pillo dándose un beso.  Siento cómo me duele ver esa escena. -_____, esta es Pattie.
-Encantada. –digo dándole dos besos y con una sonrisa.
-Igualmente, ¿tú eras _____, no?
-Sí.

Es bastante guapa y más joven que mamá. Sus ojos de un color verde azulado me llaman la atención. Tiene un pelo largo, liso y bonito. Y le saco casi una cabeza, es demasiado bajita. Haré como me gusta que hagan conmigo, juzgaré su interior cuando la conozca.

-¡Justin! ¡Baja a ayudar con las cosas! ¡Ya han venido! –grita aunque suena fino debido a su dulce voz.
-¡Voy! –se escucha a lo lejos.

|Narra Justin|

Maldita sea. En estos momentos odio tener una casa de tres pisos. Hoy estoy un poco vago, así que con toda la tranquilidad del mundo me dirijo al baño y me lavo los dientes mientras observo lo guapo que me encuentro hoy. Bueno, como todos los días. Uno se acaba acostumbrando. Echo un poco de fijador en mi cresta y ¡hostia! ¡que voy a conocer a la famosa _____! Digo famosa porque mamá no para de hablarme de ella. Que si le trate como una hermana, que si le respete, que si le presente a todos mis amigos, blablablabla… ¿Y si está buena? Sería lo mejor poder divertirme con ella en mi propia cama sin que nadie lo pudiera impedir. O devorarla en cada rincón de la casa. Buscarla por las noches para… Seguro que cae en la tentación y no se resiste a mis encantos. Bajo las escaleras a toda hostia mientras imagino todas las maravillosas expectativas sobre ella. Creo que incluso me he puesto nervioso y algo contentillo. Casi resbalo en el último escalón, pero todo controlado. Abro la puerta al bajar y ahí están. Me acerco a ellos.

-Hola. –dice algo simpática.

¿Pero qué clase de bicho es este? Encima me sonríe. Deaj. Menuda decepción.

-Justin, saluda. –me dice mamá mientras casi exploto en un estallido de risa.

¿Está de broma? ¿Quiere que salude a eso? Muy a mi pesar no me queda más remedio que darle dos besos. No sabe lo afortunada que es en este momento. Le doy la mano a Mathew, su padre,  e intento huir de allí lo más rápido posible.

-¡Justin! –otra vez me llama la pesada.
-¿Qué quieres?
-Que ayudes. Venga.
-Mamá… -rechisto y pongo mi mejor cara de no haber roto en la vida un plato.
-Enséñale a _____ la casa mientras ayudo a Mathew con todo.

Lo que me faltaba, ahora no me podré despegar ni un segundo del bicho este. Acepto con la cabeza y le hago un gesto para que me siga. Subo las escaleras de nuevo, tratando de estar lo más lejos posible de ella. Sí, como si tuviera una enfermedad contagiosa. Primer piso. Me rasco la nuca y noto como me observa.

-¿Qué miras?
-Nada.
-Vale. –aclaro mi voz y continúo. –Bueno… este es el salón. Allí está la cocina, -digo señalando el final del pasillo. –y a la derecha un servicio.
-Es muy bonita la casa…

‘Justamente lo contrario que tú’, pienso. Pero me quedo en silencio. Quiero acabar ya con esto, como si fuera un completo infierno, y ni tan sólo estamos dos minutos juntos. Se apoya en la pared y cruza sus brazos como si tratara de esperar algo.

-¿Te aburres? –le pregunto.
-Sí. Me has pillado.
-¿Subimos ya?
-Sí.

Parece que sigo sus instrucciones. No, Justin, tú haces siempre lo que te da la gana. Me giro para ver si me sigue mientras subo las escaleras y casi me estampo contra el pilar de arriba. ¿Qué me pasa? Se da cuenta y suelta en una bocanada de aire la risa que llevaba dentro. La rabia recorre mis venas. No me gusta que se rían de mí, y menos monstruos como éste. La escucho cada vez más cerca. Vaya, parece un pato mareado andando. Aprovecho la distancia. Ahora o nunca. Paso desapercibido de ella. Voy directo a mi habitación sin más cuando me llama.

-¡Eh! ¡Eh!

Pero sigo ignorándola. Me tumbo en mi cama boca arriba y me acomodo poniendo las manos en la nuca. Cómoda posición. Me quedo un instante contemplando el techo azul de mi habitación. Y aparece por la puerta.

-¿Qué haces aquí? –pregunto sin apenas realizar ni un movimiento.
-Me has abandonado, ¿qué quieres que haga?
-Tu habitación está ahí al lado. Izquierda. Adiós.
-¿Y ya?
-¿Qué más quieres?
-Qué simpático eres, exploraré la casa yo sola.

¿Exploraré? Ni que esto fuera un viaje en submarino. Se va, por fin. Me quedo solo. Enciendo mi televisor de pantalla plasma y decido viciarme un poco a los videojuegos. 



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario