Tu rastro.

jueves, 17 de enero de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 3.



|Narra _____|

Me muerdo las uñas debido a los nervios que recorren mi interior y coloco la mochila sobre mis piernas dejando un hueco libre en el asiento de al lado. Saco del bolsillo más pequeño una caja de chicles y a continuación introduzco uno de menta en mi boca. Mastico discretamente mientras intento perderme en la música que desprenden mis cascos, pero no puedo dejar de pensar en lo que me espera, la universidad. No quiero dar una imagen que no muestre quien soy, pero tampoco quiero ser la rechazada por su propia personalidad. El cielo está completamente azul y no hay apenas nubes. Sin duda, hace un buen día. Espero que el tiempo acompañe a mi estado de ánimo, pues siempre suele fallar.

-Perdona, ¿puedo sentarme aquí? –me interrumpe una chica con una alta y larga coleta.
-Claro. –le sonrío.
-¿Eres nueva? –me pregunta.
-Sí, acabo de mudarme.
-Oh, pues encantada.
-Igualmente, ¿cómo te llamas?
-Vanessa, ¿y tú?
-_____. Bonito nombre.
-¿No conoces a nadie aquí?

 ¿De verdad está mostrando interés hacia mí? Resulta muy extraño. Me acomodo un poco en el asiento y resoplo.

-No. –hago una pequeña pausa tragando saliva. –Sólo a un estúpido, pero eso no cuenta.
-Entonces es fácil que lo conozca, ¿cuál es su nombre? –me pregunta intrigada mientras con su mano en la barbilla pone cara de pensativa.
-Justin. Justin Bieber.
-¿Justin? –eleva la voz y los de delante se giran. Creo que le ha escuchado todo el mundo.
-Shhhhh. –le hago un gesto para que baje la voz. -Sí, seguro que tiene el récord de los estúpidos.

Nos quedamos en silencio el resto del trayecto, unos diez minutos. El autobús se detiene poco a poco y me detengo a observar por la ventana. Parece ser que hemos llegado. Si lo que ven mis ojos es la universidad, es gigante.  Me recuerda a un museo que visité cuando era pequeña, tiene una estructura muy similar. Qué momentos aquellos en los que se podría decir que era feliz.

-¿Es eso?
-Sí. Es bonita, ¿verdad?

Afirmo con la cabeza. Me levanto situando la mochila tras mi espalda y me bajo un poco más la falda hasta la altura de mis rodillas. No me gusta nada este uniforme, me siento incómoda. Salimos poco a poco mientras se amontona la gente en el pequeño pasillo. Contemplo caras de cansancio, de pocas ganas, incluso se me escapa algún que otro bostezo debido a esto. Un chico de casi dos metros se coloca enfrente mía y no logro ver nada. Entonces Vanessa me coge de la mano y por fin salimos fuera de ahí.

-Gracias. Comenzaba a agobiarme.

Le sonrío y me devuelve la sonrisa. Me guía hacia dentro mientras observo los grupitos de niñas pijas que se van formando. Unas se miran las uñas e incluso se las liman en conjunto, otras cuchichean cosas que parecen ser interesantes y otras tan sólo se dedican a hacer un escáner con la vista a los chicos que se les pasan por delante. Vamos a donde se encuentran las listas con las clases indicadas. Tendré que estar por aquí. Persigo con mi dedo índice el recorrido de cada letra. Busco mi nombre, pero no lo encuentro por ningún lado. Volteo para ver si alguien se ha percatado de que ando perdida y ¡ajá! _____ Blair. Aquí estoy.

-¿Y bien? –me pregunta con los brazos en jarra.
-Modalidad B. –respondo insegura.
-¿Sí? ¡Aw, _____ que vamos juntas! –dice Vanessa entusiasmada. -¡Vamos!

Otra vez tira de mí y corriendo entre risas llegamos a la clase.

-Siento informarte de que toca ahora historia.

Abre la puerta y mis nervios comienzan a fluir aunque intento disimularlo lo mejor que puedo. Todos se quedan en silencio y me miran como si fuera lo más extraño que habían visto en sus vidas. Sí, soy nueva, ¿algún problema? Pero quitarme la mirada de encima. Visualizo un sitio y camino rápido hacia la última fila. Vanessa se queda hablando un instante con algunas compañeras y al rato se sienta sobre mi mesa balanceando sus pies. Comienzan a entrar chicos, chicos guapos, para qué mentir, pero el profesor todavía no ha aparecido.

-Te pillé. –baja de un saltito y apoya sus manos en la cómoda mesa. -Chaz Somers. Ha repetido curso. Le encanta el basket y es uno de los mejores jugadores de la universidad. Va con los populares, pero es diferente a los demás. Dicen que en el fondo es muy sensible.
-¿Y bien? -digo con discreción.
-Te gusta, eh. –me apunta con el lápiz y me separo un poco riendo.
-Es guapo. –admito.
-Tiene su punto. –dice mientras eleva los hombros.

‘Señoritos y señoritas, todos a sus respectivos sitios’. Se escuchan las palabras del profesor, un señor de estatura mediana con un bigote blanco y poco pelo, acompañado de unas palmas. Al segundo todos obedecen. Preparo el estuche junto con varios folios y me dispongo a atenderle cuando se acerca hacia a mí.

-Preséntese. Venga, póngase en pie.
-¿Yo?
-Sí, usted.

Vaya, me habla a mí. Un escalofrío hace un recorrido por mi cuerpo y me levanto despacio ante la mirada de todos mis nuevos compañeros. Algunas risas me desconciertan, pero me coloco frente a la pizarra y bajo de nuevo un poco más mi falda, no me gusta enseñar mis piernas. A continuación me arremango el suéter de lana tras echar para atrás mi melena. Aclaro mi voz. Nervios. Miedo. Un nudo en el estómago.

-Hola a todos. Me llamo _____, _____ Blair. –miro a la nada y un cúmulo de palabras se atrofian en mi mente. –¿Qué digo? La verdad es que no conozco a nadie ni tengo amigos, pero me gustaría crear amistades y tener un buen ambiente entre todos. -silencio. -Soy muy torpe para estas cosas, no sé continuar…
-Señorita Blair, ¿podría decirnos cuáles son sus aficiones?  
-Adoro la fotografía y la edición.
-¿Le gusta actuar?
-Nunca lo he hecho, pero me encantaría.
-¿Y cantar? Su padre me dijo que lo hacía bien.
-Sí, pero… no frente un público.
-Está bien. Le voy a plantear una cosa, -ante esta frase todos prestan la máxima atención. –nuestro centro va a realizar un musical y yo soy el encargado de organizar todo para que salga lo más perfecto posible. Competiremos contra otras universidades y la ganadora tendrá premio. Nada más ni nada menos que cuatro becas para estudiar en la mejor universidad de Londres con residencia incluida. He visto algo en usted, señorita Blair. Tiene el perfil apropiado para ser la protagonista, es lo que necesitamos. Dígame, ¿aceptaría?

Me quedo en blanco unos largos segundos y no reacciono. ¿A mí? ¿Me están proponiendo algo a mí? Me falta el aire y aspiro antes de asimilar las cosas. Mis piernas se enfrentan a pequeños temblores. _____, relaja.

-Está bien. Acepto. –digo con claridad.
-¡Perfecto! –exclama él.

Me siento un poco más calmada. De nuevo se produce un largo silencio que alguien se encarga de romper.

-Espere, yo quería ser la protagonista. –dice una voz que no identifico muy bien. Entonces logro ver a una chica rubia con largas extensiones en el pelo ponerse en pie.
-Sarah, no siempre tienes que serlo, deja la oportunidad a otras personas. –esta vez habla una voz masculina. Empieza a armarse un inmenso jaleo y todos se revotan. Incluso algunos comienzan a entablar una discusión.
-¡Silencio! –grita el profesor con apariencia de estar cabreado. -_____ será la protagonista, pero hay más papeles que ocupar. A partir de mañana podréis apuntaros.
-Pero, ¡yo no quiero tener un papel secundario! –ataca de nuevo la rubia.
-¿Hace falta que se lo repita? –dice de nuevo un poco más cabreado.

Sarah se dirige hacia a mí con muy mal genio y me da un toque fuerte en el hombro antes de salir de clase. Casi caigo al suelo pero me estabilizo y me quedo sorprendida. Unos chillan ante la escena mientras otros piden pelea. Qué equivocados están, no me conocen, no entraré en su juego. Vanessa viene corriendo preocupada.

-¿_____ estás bien? 
-Sí, sí. No te preocupes.
-Ella es así, ya te acostumbrarás. Te lo dice una de sus enemigas.
-¿Eres su enemiga? –río tontamente.
-Se podría decir que sí. Me odia.
-¿Pero le hiciste algo?
-No, nada. –coge su teléfono móvil que suena con una melodía bastante movida y se lo coloca en la oreja. Miro al suelo mientras habla apenas unos segundos. –Me tengo que ir, he quedado. –Me da un beso en la mejilla y se aleja sonriente. -¡Hasta mañana! Ah, y suerte con Física.

|Narra Justin|

Apoyado en la pared me desabrocho la chaqueta y la lanzo a mi moto como si de un trapo se tratara. El efecto de la gravedad casi hace que caiga al suelo, pero se muestra a mi favor. Me quedo en manga corta mostrando mis brazos cada vez más musculados. Esta camiseta me queda realmente bien y si fuera una tía, me follaría. Tengo un poder de seducción increíble. Saco del bolsillo de mi pantalón un cigarro para que se me haga más amena la espera y lo enciendo.

Pasa frente a mí una pareja de unos 30 años. El chico acaricia la enorme barriga de la que parece ser su mujer. Ella me mira con una cara extraña mientras doy una calada. Hay veces en las que desearía que mi vida diera un giro de 360 grados, pero sé que sólo no puedo. Ni tampoco quiero en estos momentos. Soy joven, tengo un físico que muchos envidian, y no me falta el dinero. Aunque me vendría bien una lección de vez en cuando.

Por fin baja los escalones de ese lugar que tanto odio. Debería estar ahí dentro atendiendo en las clases como un chico ''normal'', pero no me va ese rollo. Tiro la colilla al suelo y la apago con la suela de mi supra. Viene corriendo hacia mí con una sonrisa dibujada en la cara y pega un salto  para acabar enrollando sus piernas en mi cintura. La cojo lo más rápido que puedo y le transmito un poco de mi saliva en ese largo beso. A continuación y sin soltar palabra subimos a mi moto. Le presto mi casco y se agarra a mí al escuchar el motor. Arranco.
El mismo destino de siempre. Un lugar abandonado, donde nadie nos pueda ver. Hora de divertirse. Freno bruscamente para que nuestros cuerpos se peguen más en un pequeño choque entre sus pechos y mi espalda.

-Todavía no me has dado los buenos días. –susurra en mi oído. Bajo en un segundo y la agarro en brazos.
-Buenos días, sexy.
-¿Sabes? He conocido a una amiguita tuya.
-¿Una amiguita?
-Sí. _____ es muy maja.
-¿_____? Estás bromeando, ¿verdad?
-No, me dijo que te conocía, aunque creo que no le caes muy bien.
-Entonces el sentimiento es mutuo.
-Parece buena persona.
-No lo sé, sólo sé que aquí la que está buena eres tú.

Entonces aprieto su trasero y empiezo a calentarme. Mucho.

-Espera, una última cosa.
-Vanessa, dime rápido, no puedo esperar.
-Va a nuestra clase, y…

Le corto con un beso. No más palabras. Y menos que se refieran a ese bicho. Acción. Me mira provocadora mientras se desabrocha uno a uno los botones de su blusa. Me desprendo de mis pantalones y le muerdo los labios. Empieza el juego.  Meto mi mano por dentro de su corta falda y realizo un recorrido con mis dedos en sus partes íntimas. Me pone a mil por hora que me bese el cuello mientras le hago maravillas. Justin vuelve de nuevo a la carga. ¿Preparada? Queda menos para hacerte gritar de placer. 



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