Llegan a un tiempo récord. Justin reduce la velocidad y
apoya la punta de los pies en el suelo para estabilizarse. Frena e inclina la
moto hacia un lado para que _____ pueda bajar. Ella piensa que es un gesto
bastante caballeroso como para que lo realice esa misma persona que le falta el
respeto diciéndole cosas feas. Baja y lo espera apoyada en una pared inundada
de recuerdos de adolescentes que marcaban sus nombres en grafitis. Cada uno de
un color. Se le viene a la cabeza ese deseo suyo de salir de clase con alguien
tirando de su mano para a continuación plantarle un beso en los labios. Quiere
que los protagonistas de las historias de amor de los libros cobren vida. Sabe
que eso no existe, lo que no sabe son las cosas que le quedan por sentir.
Mientras su mente crea enlaces imaginarios observa cada
movimiento que realiza Justin.
-¿Qué toca ahora? –pregunta él guardando los cascos en un
pequeño maletero incorporado en la parte trasera de la moto.
-Filosofía. –responde ella con cierto asco en la palabra. Y
es que es una de las asignaturas que peor se le dan.
Él refunfuña bajito y se deciden a entrar por la inmensa
puerta grisácea de la universidad. El vigilante que allí se encuentra les
saluda simpáticamente y les muestra esa sonrisa que esconde bajo la negra
barba.
-¡Esperad! –los llama justo en el instante en el que van a
subir por las escaleras.
Les extraña su voz. Retroceden unos pasos y se giran prácticamente a la vez.
–Ha sido gracioso eso, -dice haciendo referencia a el gesto que acaban de cometer. –haríais una buena pareja para el musical.
Les extraña su voz. Retroceden unos pasos y se giran prácticamente a la vez.
–Ha sido gracioso eso, -dice haciendo referencia a el gesto que acaban de cometer. –haríais una buena pareja para el musical.
-¿Qué? –carcajea Justin. -¿Pareja? –lo hace de nuevo con más
intensidad y en el rostro de ella se dibuja una expresión de rabia. Odia que
hagan eso.
-Yo apostaría por vosotros. –añade rascándose la barbilla el
señor vigilante. _____ sonríe involuntariamente y éste se percata. -¿Cómo os
llamáis?
-Chaz. Chaz Somers. –miente él.
-_____. _____ Bieber. –le sigue ella.
-No mientas. –arquea las cejas como él sabe. Pasa la lengua
por los extremos de sus labios y _____ le mira atentamente. Pensamientos en lo
más oscuro y escondido de su mente le intentan decir algo, junto con su
consciencia.
-Bueno, creo que vais a llegar un poco tarde. –interrumpe rascando
de nuevo su barba. –Hasta luego, chicos.
Se despiden y vuelven a su camino.
-¿Carrera? –pregunta Justin desafiante.
-Uno… -_____ se prepara para impulsarse con la barandilla.
–dos… ¡tres!
Y salen disparados mientras una sonrisa se cuela en sus
rostros de manera inmediata. Parecen dos niños pequeños sin preocupaciones y
por un momento a ella se le olvidan todas las malas sensaciones. Nadie sabe el
significado del porqué. Quizás sea porque cuando está con él algo la desconecta
del mundo.
Casi se estampa contra la puerta, pero llega. Se apoya en
ella mientras su pecho golpea con fuerza debido a la risa. No aparece el 'perdedor'. Desata el coletero de su cabello y lo revuelve moviendo la cabeza
de un lado a otro. Después lo peina lo mínimo con sus dedos. Realmente ese toque
le queda demasiado bien. Su pelo es ondulado y largo, no debería esconderlo. El
color castaño con mechas más claras tiene un brillo especial, al igual que sus verdosos
ojos. Ahora tendría que plantarse frente al espejo y observarse bien. Esa
sonrisa con esos dientes tan perfectamente colocados debe ser la dueña de su
felicidad. Sus labios medianamente gruesos hacen que resalte todavía más. Y
tienen un color rojizo divertido. Entonces pone la mano sobre ellos intentando
ocultar su risueña expresión. Se acerca a la barandilla que da a un patio
interior y asoma mitad de su cuerpo por ella.
Él aparece por detrás cansado y con apariencia fatigada. Su
respiración es entrecortada y a medida que se acerca a ella por alguna razón
siente que le cuesta todavía más respirar. No tienen idea de nada. Es más, ni tan siquiera piensan que exista
una posibilidad de llevarse bien entre ellos. Son polos opuestos, y como dicen,
al final los polos opuestos acaban atraídos.
-¡Gané! –grita ella eufórica, apoyando ahora su trasero en
la barandilla.
-Campeona. –dice dándole un golpecito en la parte superior
de la cabeza. Ella reacciona con nerviosismo.
-¿Lo admitiste? –abre los ojos para que su expresión cobre
un aire de sorpresa.
-No, era irónico. –eleva sus hombros mostrándose en cierto
modo orgulloso. -Yo te gano en más cosas.
-¿En qué? –cruza los brazos colocándolos bajo sus pechos.
-En guapo. –ríe.
-Idiota. –suspira. Se gira bruscamente y al instante nota la
mano de Justin sobre su hombro. -¿Qué quieres? –dice sin apenas mirarle a la
cara.
Se queda callado, observando un punto fijo del suelo
mientras se sumerge en lo más hondo de su cabeza para quedarse ahí un rato tranquilo
pensando en cosas que ni él mismo entiende. Ella aparta su mano y vuelve a lo
que llama ‘la cruel realidad’. Pensaba que se estaban divirtiendo juntos.
Inspecciona con la
vista las hojas que desprende el gran árbol del patio agitadas por el viento. Es
como estar en lo más alto y caer. Puedes estar en la cima y al segundo bajo
tierra, pero también puedes estar en el suelo y tocar el cielo con la punta de
los dedos. Necesita un pequeño empujón para seguir hacia delante, polvos
mágicos que la ayuden a volar como en aquella película que tanto le gusta.
- Ahí te quedas. –dice enfadada pero muriéndose de ganas por
que le conteste.
Decidida a abrir por fin la puerta de clase le frena agarrando
de su brazo. Ese contacto entre sus pieles a ambos les produce un escalofrío. A
él se le eriza el vello en cuestión de milésimas de segundo. Sus miradas chocan
a unos pocos centímetros de distancia y él traga rápidamente saliva. El piar de
unos pocos pájaros invade el ambiente.
-Lo… -la alarma suena fuertemente dejando a él con una
frase a medio terminar. Se echa las manos a la cabeza. -¿Ha pasado una hora?
-No puede ser. Se habrán equivocado. –dice ella extrañada
por la situación.
-Eso va automático. –añade con completo convencimiento.
Se hace el silencio de nuevo.
-¿No me vas a pedir perdón? -_____ actúa.
-Nunca lo pido. Tienes que ser demasiado importante para que lo haga.
-Eres un estúpido asqueroso. –se le acerca con chulería. –No
eres nadie como para gastarme bromas de mal gusto que no tienen gracia. No
juegues conmigo, Justin. –se aproxima un poco más. –No juegues. –repite.
Él se aleja despacio. Camina hacia atrás y se golpea instantáneamente
con la puerta. Abre la boca tanto como si se dispusiera a pegar un bocado del
mejor helado, pero su expresión no es precisamente de placer. Se hace daño y a
los pocos segundos tiene a la profesora frente a él. Mientras tanto _____ se
queda paralizada observando la escena.
-Bieber, ¿siempre le tengo que llamar la atención?
-No fue mi culpa. –la mira sin disimulo alguno.
-¿Y usted? –se dirige a ella. ____ comienza a ponerse
nerviosa.
-Me estaba insultando. –se defiende.
-Sólo le decía verdades. –puntúa él.
-Y yo tan solo le advertía.
-¿Me culpas a mí de que seas un bicho raro?
-Imbécil. –levanta la mano desafiante. –Repite eso. ¡Repite
eso si eres tan valiente!
-B-i-c-h-o-r-a-r…
Y antes de acabar se gana una marca de la palma de su mano
en toda la mejilla. Él se lleva la mano allí a velocidad de la luz con
expresión de dolor de nuevo. La profesora se queda impactada sin saber qué
hacer y cuando reacciona los separa mientras ambos se insultan a gritos. Algunos
alumnos expectantes salen de sus clases para contemplar tal alboroto. Los
pájaros dejan a un lado su melodía como si estuvieran asustados.
-¡Te lo mereces! –alza la voz ella mientras unas lágrimas
asoman por sus ojos al no poder aguantar más presión.
-¡Silencio! ¡Castigados!
|Narra _____|
El sonido de las agujas del reloj invade la sala. Acompaño
el sonido golpeando flojito mis dedos contra la sólida mesa de madera. La
espera se hace eterna. Tic tac. Tic tac. Tic tac. Él tan solo mueve su pierna
izquierda de un lado a otro y apoya sus codos en ambas. Me hace gracia, pues su
cabeza tiembla a su ritmo, pero estoy cabreada. Y mucho.
De vez en cuando me mira de reojo, lo noto, pero paso
desapercibida. Para mí no existe. Estoy cansada de sus tonterías de niño de 5
años. ‘¡Qué madures!’ me apetece chillarle, pero me contengo. Siempre lo guardo
todo en el interior, es normal que un día explote. Lo peor es que ha batido el
récord en sacarme de quicio, no han pasado ni tres días y lo ha conseguido. ¡Enhorabuena,
campeón! Eres un completo estúpido.
El chirrido de la puerta interrumpe la conversación con mi
consciencia. Cierra bruscamente. La primera vez que veo a la directora y es
para un caso así… Adoro mi buena suerte. Nótese la ironía.
-Bieber y Blair…
Coloca un pie delante del otro y las manos
hacia atrás. Es alta. Bastante alta. Lo suficientemente para imponer a una
adolescente indefensa como yo.
-¿Qué hago con vosotros?
Parece que espera una respuesta. ¿Pero que se cree que soy
tan sinvergüenza? Hablo en singular, claro. Él lo es.
-¿Os parece bonito mantener una discusión en pleno centro?
Que estáis en la universidad, muchachos. Tenéis la suficiente edad como para
saber comportaros. No estáis en el patio de parvularios.
Silencio. Escucho las tripas de Justin de una manera
exagerada. Seguro que tiene hambre, y disimula apretando su abdomen con las dos
manos. Empiezo a coger un poco de frío y escondo mis puños en las mangas del
polo.
-Por cierto, encantada Señorita Blair. –me tiende la mano y
saco inmediatamente la mía del escondite que me había fabricado. La saludo.
–Una buena ocasión para conocerla, ¿verdad?
-Sí. –sonrío falsamente. Otra vez me noto observada por el
estúpido que tengo al lado.
-Su compañero ya es todo un experto en estas cosas. No
querrá seguir su mismo camino, ¿verdad?
-No. –niego hasta con la cabeza.
-Y me he enterado de que conviven juntos, ¿verdad?
-Sí. -¿Verdad? ¿Verdad? Qué pesada. Al grano.
-Pues lo único que se me ocurre es que él decida el castigo.
Ya ha experimentado de todo, así que tendrá que ser algo original.
-¿Yo? –pregunta sentándose correctamente y apoyando la
espalda en el respaldo de la silla. Como las personas normales, vaya.
-Obviamente, ¿quién sino? –parece seria. No me gusta esta
mujer.
-Vale. Ya se pasará algo por mi maravillosa mente.
¡Qué chistoso! Ahora va de graciosillo.
-No se pase de listo o si lo es, al menos no se ve reflejado en sus notas. –hace una pequeña pausa colocándose
las gafas más arriba. –Nos conocemos, Bieber.
¡Zas! Se lo ha dejado bien claro. Por dentro me muero de
risa. Eso sí ha sido bueno.
-Pues tendrá que pensar rápido. Mañana empezará el castigo.
–acopla sus dedos como si de un puzle se tratara.
-¿Mañana? Hecho. –se levanta decidido a irse.
-Eh, ¿dónde cree que va? No hemos terminado. –Parece que
sobro aquí. –Antes tiene que pedirle perdón.
-¿Y ella a mí no? –coloca los brazos en forma de jarra.
-Es usted quien le faltó el respeto.
-Perdone, -la interrumpo. –no hace falta. Él no perdona de
verdad, y para decir algo que no es sincero no hace falta perder el tiempo.
–añado.
-Tiene razón. –dice él sin apenas mirarme.
-Me da igual. De aquí no se va hasta que lo haga. –no
conseguimos convencerla.
Agacha la cabeza y avanza hacia a mí a un paso lento. Se
arrodilla justo enfrente mía y me coge de la mano sin más. Levanta la mirada y
logro ver mi reflejo en esos ojos color miel. Dibuja círculos sobre mi piel en
forma de caricias consiguiendo que ésta se me erice.
-¿Me perdonas? –susurra aproximándose a mi oído.
Dios mío. Algo ocurre en mi estomago que no es normal.
-Claro. –digo casi paralizada.
Se levanta tras dejar huella en mi piel con un beso un poco
más arriba de los nudillos. Parecía el típico príncipe de Disney cuando declara
su amor a la bella princesa. Nunca nadie me había dedicado algo así. Me sonríe
y algo ocurre. Algo diferente. Me gusta su sonrisa. Le devuelvo una mía y no sé
porqué.
-Ha estado magnífico. Ya podéis marcharos, y espero que no
se repita. –nos acompaña hasta la puerta. Nos está echando, en pocas palabras.
Ahora se dirige tan solo a Justin. –Mañana espero que tengas el castigo
pensado.
Afirma con la cabeza mientras yo salgo de la sala lo antes
que puedo. Él me sigue. Camino por el pasillo en busca… ¿de qué? No conozco
este lugar muy bien. Me giro en busca de ayuda y me lo encuentro muy cerca.
-¿Dónde vas? –me pregunta mientras observa detenidamente
como echo tras mi oreja un mechón de pelo.
-No lo sé. –respondo sosa.
-Ahora tenemos descanso, ¿dónde quieres ir?
-Te da igual donde vaya, ¿no? –coloco bien la mochila en mi
espalda.
-Puede que sí… o puede que no.
-Me confundes, Justin.
-No eres a la única que le pasa eso.
-Bueno, ¿qué quieres? Tengo prisa.
-¿Te está esperando el novio allá en la esquina? –sonríe pícaramente.
-No, pero como sigas con esas ironías lo que te esperará a
ti es otra buena ostia. Adiós. –mi mano me acompaña en la despedida. Me alejo
siguiendo ese desconocido camino que me decido a recorrer.
-¡Espera! –de nuevo lo escucho tras mi espalda. –Déjame presentarte
a tus amigos.
-Mmm… -dirijo mi mirada al techo. Interesante. –quieres que
se rían de mí, ¿verdad? Búscate otros planes, guapo.
-No, lo digo enserio. –esos ojos me intimidan.
-Que no. –miro hacia la derecha, no puedo mirarle a él. –Crees
que soy un objeto de burla y no tienes ni una mínima idea de nada.
-Vale. No te voy a obligar a hacer algo que no quieres. -noto algo en sus palabras.
Echo la mano izquierda hacia mi boca y comienzo a morderme las uñas. ¿Qué hacemos aquí uno enfrente del otro callados y sin mirarnos ni lo más mínimo? Seguro que espera un contestación mía, pero... ¿a qué? No me gusta hablar con idiotas. Bueno, quizás con él sí. No sé. Mi cabeza da vueltas.
-¡_____!
Escucho mi nombre y me suena esa voz.
-¡Te estaba buscando! -es Vanessa. Parece extrañada al ver que me encuentro con Justin. -¿Dónde estabas? -ambos se miran.
-Me estaban castigando gracias a alguien. -ahora lo miro yo. Él se ríe.
-Vamos a almorzar, me muero de hambre, ¿te parece bien?
-Me parece perfecto.
Coge de mi mano y me arrastra mientras nos alejamos de él, que sigue en el mismo punto de antes.
-Adiós, estúpido. -murmuro bajo, pero sé que me ha escuchado.
-Adiós, bicho. -y se va en una dirección contraria a la nuestra.
La gente se reúne en las escaleras y resulta una gran dificultad bajar por ellas. Vanessa no me suelta, como si me fuera a perder. Saco el bocadillo del bolsillo pequeño de la mochila y me decido a pegar un mordisco. Localizo varias caras que no son de mi agrado pero disimulo mirando a otras partes. Entre ellas la estúpida de Sarah. De pensar que tengo que verla de nuevo en clase, creo que me van a entrar arcadas. ¿De verdad alguien la aguanta? Porque yo no. Sé perfectamente que ese tipo de gente no va conmigo.
El atasco se va reduciendo y por fin salimos a un gran campus. Todo es verde, césped, naturaleza, y olor a bellotas. Me encanta. Mi paraíso. Debería haberme traído la cámara, esto es digno de fotografiar. Avanzamos hasta llegar a unos bancos de madera situados al lado de un pequeño lago. Magnífico.
-¿Aquí os bañáis en verano? -pregunto embobada contemplando mi alrededor.
-Yo nunca lo he hecho, pero los chicos más populares siempre lo hacen.
-¿Como Justin?
-Sí... -se sienta dejando un espacio a su lado para que me sitúe ahí. -Por cierto, ¿de qué lo conoces?
-Nuestros padres están juntos. Una larga historia... pero no nos llevamos muy bien.
-Ya veo.
-¿Y tú? ¿De qué lo conoces?
-_____, va a nuestra clase, ¿de qué lo voy a conocer? -ríe fuerte y me contagia.
-Es verdad, no me acordaba. Me he fijado en cómo os mirabais.
-¿Cómo? -pregunta echando a su boca una pizza pequeña del tamaño de un cacahuete.
-No sé, como si os gustarais.
-Que va. -vuelve a reír.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
¿Cuando subiras siguiente? Contestame por favor, esta genial esta novela para que la dejes. Un beso.
ResponderEliminarEstoy de exámenes por eso no tengo tanto tiempo para escribir, pero no la voy a dejar :).
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