Tu rastro.

miércoles, 17 de octubre de 2012

CAPÍTULO 36.


El jodido despertador me taladra la cabeza. Y es despertarme con ganas de ti, de tus besos, de tus caricias. Te necesito aquí, ahora. Pero la distancia se ha encargado de que eso no sea así, y por eso la odio. Pero ahora me toca seguir adelante, sonreír como sea. Porque sigo siendo tuya, sigues siendo mío. ¿Recuerdas, bebé? Somos uno desde aquel día. Es que quiero gritarle al mundo todo lo que nos queremos. Lo peor es que estoy hablando sola, pero tú sabes todo lo que siento. Y también sé que  ahora mismo estarás pensando en mí, en querer robarme un beso, en tirarte sobre mi cama y despertarme. Pero no es posible. Hoy, no es posible. Aunque recuerda todos los días que nos quedan juntos, porque no pienso quitarme ese collar que simboliza que lo nuestro sigue. Y que espero que sea eterno.

Me ducho y se me congelan las ideas. Bebé, tengo frío, necesito uno de tus cálidos abrazos. Me visto rápidamente. Seco mi pelo. Todo casi a velocidad de la luz, pues en diez minutos tengo que estar en el instituto. Hoy nos vamos de excursión y el autobús nos espera. Abro el armario y lo examino un poco. Veo su sudadera en un rincón y la huelo aspirando su dulce aroma. Justin, me haces falta. Enrollo una bufanda alrededor de mi cuello y es que se está empezando a notar que ya no estamos en verano. Cojo mi mochila y bajo por las escaleras a toda hostia. Saludo a papá y le deposito un beso en la mejilla.

-Hace frío, Mel, y aún dicen que bajarán más las temperaturas. Deberías abrigarte más.

-Llego tarde papá, tengo prisa, me voy.

-¡Adiós, cielo! ¡Y ten cuidado!

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii. –Finalizo. ‘Qué pesado’ pienso.

Y cierro la puerta. Salgo con un paso acelerado de casa, casi ‘mato’ a una pobre señora que ha intervenido en mi camino. Al fin llego y ahí están todos. Caitlin y Ana me ven.

-¿No serás tú la que desaparece sin más, verdad?

-No os lo dije, porque me vino de improviso. –Río. Las dos ponen cara de intriga.

-¡Cuenta, cuenta! –Dice Caitlin, mientras subimos al autobús. Nos sentamos al final, donde cabemos las tres ya que hay más asientos juntos.

-Pues… ya sabéis que me fui a Atlanta a visitar a Justin. –Me coloco en una posición cómoda y continúo. Abren los ojos como platos. –Y él no lo sabía. Todo el hotel por fuera rodeado de fans, una cosa increíble. Subí a su habitación y cuando me vio no lo podía creer. Cenamos con Pattie y su manager y luego…

-¿Luego qué? –Pregunta Ana con impaciencia.

-Luego nos escapamos.

-¿Qué os escapasteis? ¡Estáis locos! –Ríe con fuerza Ana.

-Ana, deja de preguntar y que continúe. –Esta vez Caitlin me da un pequeño golpecito en el hombro. –Mel, sigue.

-Me llevó con la moto a aquel lago que os conté. Y, bueno…

-¡Follásteis! –Exclama Ana.

-Shhhhhhh. –Pongo el dedo índice sobre sus labios indicándole que baje la voz.–No. Hicimos el amor.

-¿En serio? –Pregunta Caitlin, ya que Ana se ha quedado con la boca abierta.

-Sí. -Mis mejillas empiezan a cobrar color.

-Oh, qué tiernos. –Exclaman las dos a la vez. -¿Y cómo fue? Tenemos derecho como amigas a conocer todos los detalles.

-Mágico. Fue mágico. –Digo, sin más.

Después un largo rato hablando, al fin llegamos a nuestro destino. Bajamos y contemplo todo aquel parque de atracciones. Es gigante.

-A ver, chicos y chicas. Os repartiremos en grupos y cada uno tendrá un monitor. Debéis hacerle caso, sino habrán consecuencias. Ya sabéis, disfrutar. No olvidéis que hemos venido aquí para mejorar la convivencia entre compañeros y conocernos todos mejor. –Finaliza nuestra tutora. –Os dejo con Peter, él distribuirá los grupos.

-Robert, Matt, Caitlin, Asley, Cody y Melanie. Vosotros os venís conmigo–Hace una pequeña pausa. –Ah, Paloma. Tú también te vienes.

Lo que me faltaba. Tengo que soportar su cara de creída todo el día. Mel, relax. Suspiro profundamente y creo que ella lo nota. Me mira mal. Decido controlarme pero vuelve a hacerlo una vez más.

-¿Qué miras? ¿Me quieres dejar ya en paz? –Le digo, definitivamente.

-Miro lo que me da la gana.

-Pues disimula un poco.

-Eh, eh, chicas. Parad. –Nos separa el monitor. –Vamos, tenemos que entrar.

Le doy mi entrada y pasamos dentro. Echo mi vista hacia arriba y me entra un vértigo increíble de tan sólo mirar esa atracción. Yo es que no soy de las que se suben a cualquier cacharro de estos, les tengo un pánico increíble. Miedo es la palabra. Me dan miedo.

-¿Quién quiere subir? –Nos pregunta el monitor.

-¿A eso? –Digo sorprendida señalando hacia arriba.

-Claro que sí, Melanie. ¿Acaso no te atreves a montar? –Salta Paloma.

-Pues sí. Por supuesto que voy a subir. -¿Pero qué digo? Me pregunto a mí misma. –A ver si la que no se atreve eres tú.

-Calla, estúpida. Yo también subo. –Y coloca sus manos en su cintura en plan vacilona. Lo que yo digo, esta chica me pone de los nervios.

-Eh, no te pases Paloma. Basta ya. –Interviene Caitlin. Me toma de la mano. –Vamos, Mel. Yo subo contigo.

Nos separamos del grupo y nos colocamos en la cola.

-Cait, ¿sabes? Le tengo un pánico extremo a las alturas.

-¿Y qué haces aquí? –Pone cara de extrañada. –Anda, ves con los demás.

-No, ahora me subo. A ver de qué va la niñata esa, no la aguanto más. No sé lo que estoy haciendo, sólo sé que voy a vencer a mi miedo para callarle la boca.

-Mel, tranquila. -Me dice acariciándome el hombro.

En ese momento me suena el móvil. Miro a la pantalla y aparece su nombre. Me quedo sorprendida. Es él. Descuelgo.

-Bebé. –Escucho su voz.

-Mi amor. –Mi voz tiembla debido a que estoy hablando con él y a la presión que llevo encima.

-¿Qué pasa? ¿Pasa algo? –Noto su preocupación.

-No, sólo que gracias a la vacilona de tu ex voy a montarme en una atracción de una altura increíble y estoy muerta de miedo. Eso. –Puedo oír su dulce risa.

-¿De verdad? No te preocupes, no te va a pasar nada, cielo. ¿De acuerdo? Imagina que estoy allí cogiendo tu mano…

-Y transmitiéndome esa confianza que sólo tú sabes… -Avanzamos un paso más, ya nos toca. –Tengo que subir, deséame suerte.

-¿Ya? Te deseo toda la suerte del mundo, bebé. Si te pasara algo, no sé ni lo que haría.

-Me tengo que ir, te quiero mucho.

-Mel, te quiero mucho. Recuérdame.

Cientos de fuegos artificiales estallan en mi interior. ¿Cómo no te voy a recordar si eres lo mejor que me ha pasado? Pero ahora me toca enfrontarme a algo, y lo hago por orgullo. Porque no pienso permitir que nadie me infravalore.

Caitlin y yo nos sentamos en ese aparato con forma extraña. Nos colocan una barra de hierro por encima, donde nos podemos coger para no sufrir ningún daño. No sé por qué, pero no me fío de esa seguridad. Nos abrochamos los cinturones, también. Se pone en marcha. Subimos poco a poco de altura. Miro hacia abajo y juro que me va a entrar algo. Veo mis pies colgando y tanta altura bajo de ellos. No es posible, creo que me estoy empezando a marear. Recuerdo las palabras que me ha dicho Justin. Calma, Mel. Pero no consigo relajarme. La atracción coge más velocidad. Definitivamente, me mareo. Caitlin me pregunta si estoy bien. La noto preocupada. No puedo ni contestarle. Siento naúseas. No tengo fuerzas. Todo frena de repente, no sé cómo. Caigo. Todo negro. Oscuridad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario