Tu rastro.

domingo, 21 de octubre de 2012

CAPÍTULO 37.



| Narra Mel |


Silencio. Tan solo logro escuchar el ruido de unas máquinas que van al ritmo de mis pulsaciones. Me siento en una nube. Estoy en una especie de sueño. No noto ciertas partes de mi cuerpo y tampoco logro entender esto. Me pregunto qué me pasa. Abro los ojos poco a poco. Despacio. Contemplo dónde estoy. Una habitación oscura donde apenas alumbran unos pequeños rayos de luz que atraviesan las estrechas franjas de madera que cubren aquella ventana. Y ahí está ahí papá. Detiene su mirada en mí y cambia la expresión de su cara. Veo como sale de la habitación con rapidez. Parece que vaya a avisar a alguien de que me he despertado. Pero no recuerdo nada de lo que ha sucedido. A los pocos segundos aparece con una enfermera. Mientras, me da tiempo a dirigir mi mirada por todo mi cuerpo. Llevo puesto unos goteros y un aparato para respirar. Mis piernas están vendadas y mis brazos llenos de heridas. Lo que suelo ver en las películas que tanto asco me dan, pues ahora la protagonista soy yo. Y no especialmente de algo bueno.  Me pesan los ojos, estoy demasiado cansada. Como si un camión me hubiera pasado por encima unas cinco veces. Es algo extraño. Poco a poco se me van cerrando.

-Mel, soy papá. Despierta otra vez por favor. –Lo escucho. Incluso puedo percibir que está derramando lágrimas por el tono de su voz.

-Tranquilo. Cálmese. Quizás necesita descansar. –Le dice aquella enfermera.

-No puedo, es mi hija, y ha despertado. Llame a alguien, por favor.

Escucho el cierre de la puerta y deduzco que ha salido la enfermera de aquí. Ahora mismo no me sale ni el habla. Pero papá, si pudiera decirte algo, te diría que no te preocupes, que estoy bien, que te quiero. Que no llores por mí ni lo pases mal. Ahora es mi turno. Voy a hacer un gran esfuerzo, y voy a abrir los ojos que ni te imaginas cómo me cuesta hacer esto. Será una pequeña señal para decirte que todo va bien, que te tranquilices. Entonces, lo hago con cuidado. Y lo hago por ti.

-Mel, ¡estás despierta!

Su rostro refleja una gran felicidad. Yo apenas puedo sonreír, pero estoy segura de que él también nota que me estoy alegrando. Quiero comunicarme de alguna manera, pero todavía no me encuentro con las fuerzas suficientes.

-Mel, dime algo, por favor.

Pero no obtiene respuesta. Y me duele. Quiero decir algo, pero de mi cuerpo no salen palabras. Lo intenta de nuevo.

-¿Te encuentras mejor, cariño?-Me pregunta pausadamente.

-Sí. –Le dedico mi primera palabra después de todo esto. He reaccionado sin más. Percibo su emoción. –Papá, ¿qué me ha pasado?

-Hija… -Lo noto inquieto, cómo si no supiera qué decirme.

-Dime la verdad, no me asusto. Ya sé la situación. Sólo quiero saber qué me ha pasado, por qué estoy en la habitación de un hospital con máquinas a mi alrededor.

-Mira, -Se acomoda en un asiento que se encuentra a pocos centímetros de mí. –tuviste un accidente. Caíste desde una gran altura y la verdad es que es un milagro que sigas con vida.

Me quedo sin palabras. No sé qué decir porque no recuerdo nada de eso. Y me entra un miedo increíble. Me asusta la idea de que no recuerde algo o a alguien. Papá sonríe. Saca su teléfono móvil del bolsillo de su pantalón vaquero. Teclea un número a gran velocidad y se aleja. No tengo ni idea de a quién puede estar llamando.


| Narra Justin |


No he podido pegar ojo en toda la noche. Esto me supera. No aguanto más. Necesito estar cerca de ella. Odio tomar decisiones mientras renuncio a algo. Pero ahora me da igual todo, ella es más importante que todo esto. Suena mi teléfono y corro lo más rápido posible con la esperanza de que sea una buena noticia. Kenny me mira extraño. Deslizo el dedo por la pantalla táctil descolgando. Es su padre.

-Dime que está mejor, por favor. –Las manos me tiemblan y casi se me cae el móvil al suelo.

-Buenas noticias. Ha despertado.

-Ya voy para allá.

No me lo pienso dos veces. Meto en la maleta algunas camisetas que están tiradas sobre la cama. Recojo los demás trastos.

-Kenny, nos vamos.

-¿Dónde? Justin, tú esto no lo decides.

-Pues me voy. –Digo mientras voy metiendo cosas en bolsas.

-No puedes hacer eso, tío.

-Tengo 18 años, sí puedo.

-Pero… -Le corto.

-Que Mel ha despertado, joder.

Se queda en silencio. Cierro la maleta. Está completa y no cabe nada más ahí dentro. Me acerco al cuarto de baño y me miro al espejo. Hoy es diferente a otros días. No me veo bien. Abro el grifo y recojo con mis manos el agua para a continuación estamparla contra mi cara. Me mojo un poco el pelo y salgo a toda hostia a buscar a Scooter. Llamo a su puerta. Una vez, dos veces, a la tercera me abre.

-Scoot, vámonos.

-Hoy es día de descansar, Justin. ¿Dónde quieres ir? –Me mira con asombro y una cara de dormido que no se la aguanta.

-Mel ha despertado. Necesito verla, por favor.

-Estás loco. ¿Sabes que ya nada es igual que antes? No puedes salir a la calle sin más. Los fans están ahí, y crees que no pero inconscientemente corres peligro.

-¿Me estás diciendo que no puedo ir a visitar a mi novia que ha estado al borde de morir, porque soy famoso?

-No he querido decir eso.

-A veces hay que romper las reglas. Esta vez hay que hacerlo.

-Está bien, chavalote. –Me da un pequeño golpe en la barriga. –En un cuarto de hora salimos de aquí.

Salgo y cierro la puerta con cuidado. Me siento en el mismo pasillo del hotel. Una señora me mira con cara extraña. Seguro que piensa que qué hago ahí. Me olvido del mundo y pienso en ella, en su sonrisa. En las cosas increíbles que despierta en mí. No puedo estar sin ella, no soy yo. Cada día me doy cuenta de que la necesito más. Y por una parte tengo miedo. Miedo de que se enfade porque no puede ir antes a verla. Porque lo que ella no sabe es que la tengo presente cada segundo en mí. Sin ella, no puedo.


| Narra Mel |


Más tarde me encuentro con más ganas. La enfermera trae en una bandeja con sopa en un plato hondo y varias piezas de fruta.

-Tienes que comértelo todo, ¿vale? –Me dice con esa mirada tan penetrante. Tiene unos ojos azules preciosos. –Así cogerás fuerzas. –Lo coloca sobre mis piernas y sale de la habitación.

Estoy sola. Papá ha salido un momento y no ha vuelto a entrar. Decido encender la televisión para distraerme un poco. Este canal no. Este tampoco. Mejor pongo la radio. Me peleo varias veces con el mando, pues no encuentro el botón adecuado para cambiar el modo de televisión. Me despejo, la música me hace adentrarme en otro mundo.

Ya me he tomado la sopa y ahora pego el primer mordisco a la manzana. Está rica. Intento recordar aquel día, pero nada. No dejo de pensar en eso. ¿Qué más recuerdos habrán escapado de mi mente? Mi duda sigue ahí, en mi cabeza. Llaman a la puerta. No tengo tan sólo ni un segundo de tranquilidad.

-¿Se puede? –Dice una voz familiar desde allí.

-¡Ryan! –Digo sorprendida al verlo entrar. –Pasa, pasa.

-He salido corriendo del instituto para verte, todos me han preguntado por ti. –Se acerca a mí y me deposita un beso en la frente.

-¿Y Caitlin? ¿Y Ana?

-También. Estaban muy preocupadas y esta tarde pasarán a verte.

-¿A ellas no les sucedió nada?

-No… -Intenta cambiar de tema. –Bueno, ¿estás mejor?

-Sí, pero necesito despejarme. ¿Me haces un favor, Ryan?

-Claro, dime.

-Quiero mirar cómo llevo la cara.

-Estás bien, tranquila.

-Quiero saber cómo estoy ahora mismo.

-Sólo llevas algunos rasguños, nada más.

-Por favor…

-Vale, ¿te puedes mover?

-No. Pero ahí -Señalo a una pequeña mesita blanca que tengo delante. –hay un espejo.

Tengo miedo de no ser la misma, de haber cambiado, de ser diferente. Pero esto, es un secreto. Voy a aparentar normalidad.

miércoles, 17 de octubre de 2012

CAPÍTULO 36.


El jodido despertador me taladra la cabeza. Y es despertarme con ganas de ti, de tus besos, de tus caricias. Te necesito aquí, ahora. Pero la distancia se ha encargado de que eso no sea así, y por eso la odio. Pero ahora me toca seguir adelante, sonreír como sea. Porque sigo siendo tuya, sigues siendo mío. ¿Recuerdas, bebé? Somos uno desde aquel día. Es que quiero gritarle al mundo todo lo que nos queremos. Lo peor es que estoy hablando sola, pero tú sabes todo lo que siento. Y también sé que  ahora mismo estarás pensando en mí, en querer robarme un beso, en tirarte sobre mi cama y despertarme. Pero no es posible. Hoy, no es posible. Aunque recuerda todos los días que nos quedan juntos, porque no pienso quitarme ese collar que simboliza que lo nuestro sigue. Y que espero que sea eterno.

Me ducho y se me congelan las ideas. Bebé, tengo frío, necesito uno de tus cálidos abrazos. Me visto rápidamente. Seco mi pelo. Todo casi a velocidad de la luz, pues en diez minutos tengo que estar en el instituto. Hoy nos vamos de excursión y el autobús nos espera. Abro el armario y lo examino un poco. Veo su sudadera en un rincón y la huelo aspirando su dulce aroma. Justin, me haces falta. Enrollo una bufanda alrededor de mi cuello y es que se está empezando a notar que ya no estamos en verano. Cojo mi mochila y bajo por las escaleras a toda hostia. Saludo a papá y le deposito un beso en la mejilla.

-Hace frío, Mel, y aún dicen que bajarán más las temperaturas. Deberías abrigarte más.

-Llego tarde papá, tengo prisa, me voy.

-¡Adiós, cielo! ¡Y ten cuidado!

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii. –Finalizo. ‘Qué pesado’ pienso.

Y cierro la puerta. Salgo con un paso acelerado de casa, casi ‘mato’ a una pobre señora que ha intervenido en mi camino. Al fin llego y ahí están todos. Caitlin y Ana me ven.

-¿No serás tú la que desaparece sin más, verdad?

-No os lo dije, porque me vino de improviso. –Río. Las dos ponen cara de intriga.

-¡Cuenta, cuenta! –Dice Caitlin, mientras subimos al autobús. Nos sentamos al final, donde cabemos las tres ya que hay más asientos juntos.

-Pues… ya sabéis que me fui a Atlanta a visitar a Justin. –Me coloco en una posición cómoda y continúo. Abren los ojos como platos. –Y él no lo sabía. Todo el hotel por fuera rodeado de fans, una cosa increíble. Subí a su habitación y cuando me vio no lo podía creer. Cenamos con Pattie y su manager y luego…

-¿Luego qué? –Pregunta Ana con impaciencia.

-Luego nos escapamos.

-¿Qué os escapasteis? ¡Estáis locos! –Ríe con fuerza Ana.

-Ana, deja de preguntar y que continúe. –Esta vez Caitlin me da un pequeño golpecito en el hombro. –Mel, sigue.

-Me llevó con la moto a aquel lago que os conté. Y, bueno…

-¡Follásteis! –Exclama Ana.

-Shhhhhhh. –Pongo el dedo índice sobre sus labios indicándole que baje la voz.–No. Hicimos el amor.

-¿En serio? –Pregunta Caitlin, ya que Ana se ha quedado con la boca abierta.

-Sí. -Mis mejillas empiezan a cobrar color.

-Oh, qué tiernos. –Exclaman las dos a la vez. -¿Y cómo fue? Tenemos derecho como amigas a conocer todos los detalles.

-Mágico. Fue mágico. –Digo, sin más.

Después un largo rato hablando, al fin llegamos a nuestro destino. Bajamos y contemplo todo aquel parque de atracciones. Es gigante.

-A ver, chicos y chicas. Os repartiremos en grupos y cada uno tendrá un monitor. Debéis hacerle caso, sino habrán consecuencias. Ya sabéis, disfrutar. No olvidéis que hemos venido aquí para mejorar la convivencia entre compañeros y conocernos todos mejor. –Finaliza nuestra tutora. –Os dejo con Peter, él distribuirá los grupos.

-Robert, Matt, Caitlin, Asley, Cody y Melanie. Vosotros os venís conmigo–Hace una pequeña pausa. –Ah, Paloma. Tú también te vienes.

Lo que me faltaba. Tengo que soportar su cara de creída todo el día. Mel, relax. Suspiro profundamente y creo que ella lo nota. Me mira mal. Decido controlarme pero vuelve a hacerlo una vez más.

-¿Qué miras? ¿Me quieres dejar ya en paz? –Le digo, definitivamente.

-Miro lo que me da la gana.

-Pues disimula un poco.

-Eh, eh, chicas. Parad. –Nos separa el monitor. –Vamos, tenemos que entrar.

Le doy mi entrada y pasamos dentro. Echo mi vista hacia arriba y me entra un vértigo increíble de tan sólo mirar esa atracción. Yo es que no soy de las que se suben a cualquier cacharro de estos, les tengo un pánico increíble. Miedo es la palabra. Me dan miedo.

-¿Quién quiere subir? –Nos pregunta el monitor.

-¿A eso? –Digo sorprendida señalando hacia arriba.

-Claro que sí, Melanie. ¿Acaso no te atreves a montar? –Salta Paloma.

-Pues sí. Por supuesto que voy a subir. -¿Pero qué digo? Me pregunto a mí misma. –A ver si la que no se atreve eres tú.

-Calla, estúpida. Yo también subo. –Y coloca sus manos en su cintura en plan vacilona. Lo que yo digo, esta chica me pone de los nervios.

-Eh, no te pases Paloma. Basta ya. –Interviene Caitlin. Me toma de la mano. –Vamos, Mel. Yo subo contigo.

Nos separamos del grupo y nos colocamos en la cola.

-Cait, ¿sabes? Le tengo un pánico extremo a las alturas.

-¿Y qué haces aquí? –Pone cara de extrañada. –Anda, ves con los demás.

-No, ahora me subo. A ver de qué va la niñata esa, no la aguanto más. No sé lo que estoy haciendo, sólo sé que voy a vencer a mi miedo para callarle la boca.

-Mel, tranquila. -Me dice acariciándome el hombro.

En ese momento me suena el móvil. Miro a la pantalla y aparece su nombre. Me quedo sorprendida. Es él. Descuelgo.

-Bebé. –Escucho su voz.

-Mi amor. –Mi voz tiembla debido a que estoy hablando con él y a la presión que llevo encima.

-¿Qué pasa? ¿Pasa algo? –Noto su preocupación.

-No, sólo que gracias a la vacilona de tu ex voy a montarme en una atracción de una altura increíble y estoy muerta de miedo. Eso. –Puedo oír su dulce risa.

-¿De verdad? No te preocupes, no te va a pasar nada, cielo. ¿De acuerdo? Imagina que estoy allí cogiendo tu mano…

-Y transmitiéndome esa confianza que sólo tú sabes… -Avanzamos un paso más, ya nos toca. –Tengo que subir, deséame suerte.

-¿Ya? Te deseo toda la suerte del mundo, bebé. Si te pasara algo, no sé ni lo que haría.

-Me tengo que ir, te quiero mucho.

-Mel, te quiero mucho. Recuérdame.

Cientos de fuegos artificiales estallan en mi interior. ¿Cómo no te voy a recordar si eres lo mejor que me ha pasado? Pero ahora me toca enfrontarme a algo, y lo hago por orgullo. Porque no pienso permitir que nadie me infravalore.

Caitlin y yo nos sentamos en ese aparato con forma extraña. Nos colocan una barra de hierro por encima, donde nos podemos coger para no sufrir ningún daño. No sé por qué, pero no me fío de esa seguridad. Nos abrochamos los cinturones, también. Se pone en marcha. Subimos poco a poco de altura. Miro hacia abajo y juro que me va a entrar algo. Veo mis pies colgando y tanta altura bajo de ellos. No es posible, creo que me estoy empezando a marear. Recuerdo las palabras que me ha dicho Justin. Calma, Mel. Pero no consigo relajarme. La atracción coge más velocidad. Definitivamente, me mareo. Caitlin me pregunta si estoy bien. La noto preocupada. No puedo ni contestarle. Siento naúseas. No tengo fuerzas. Todo frena de repente, no sé cómo. Caigo. Todo negro. Oscuridad. 

CAPÍTULO 35.


-Justin, me tengo que ir ya. –Le deposito un beso en sus labios y me dispongo a caminar hacia el coche donde me espera Pattie.

-Espera. –Me coge del brazo y estira de él. Nos quedamos muy cerca. Ese gesto ha hecho que mi corazón lata a una velocidad increíble. –Ahora va a ser más difícil vernos. Pero te prometo que volveré a por ti.

-¿De verdad? No me olvides. –Estoy temblando.

-Nuestra promesa sigue en pie. Yo no la voy a romper.

-Ni yo. –Digo decidida.

-Mel…

-Dime.

-¿Me permites? –No deja paso a mi respuesta y me aparta el pelo situándolo sobre mi hombro derecho. Se coloca detrás de mí, noto su aliento y su respiración chocar contra mi cuello. Miles de escalofríos me recorren de arriba abajo, pasando por cada célula de mi cuerpo. Cierro los ojos, dejándome llevar por el momento. Noto sus delicados dedos  sobre mi piel y siento… siento… sinceramente no sabría explicar lo que siento. -Esto es para que lo lleves contigo, si te lo quitas, simbolizará que esto ha acabado. Así que tú decides.

Echo mi vista hacia abajo y veo aquel colgante. Es una ''J''. Sonrío tontamente y le miro a los ojos.

-No era necesario, pero lo pienso llevar si hace falta todos los días de mi vida.

-Eso es muy poco. –Sonríe pícaro.

-Te voy a echar de menos. –Coloco mis brazos alrededor de su cuello. Él se acerca poco a poco a mi boca.

-Y yo, bebé. –Acaricia con sus manos mis mejillas. Me besa despacio, como aprovechando este momento que seguramente tardemos en repetir. Su lengua hace una pequeña búsqueda y recorre cada milímetro de mi boca. Yo, simplemente, vuelo.

En fin, estas fueron nuestras últimas palabras. Acabo de llegar a Stratford. Aquí estoy, tumbada en mi cama contemplando el techo de mi habitación. No dejo de pensar qué será de nosotros. Enciendo una pequeña radio que está sobre mi escritorio y me dispongo a escuchar música. Pongo una cadena aleatoria. No sé ni lo que quiero ahora mismo, me estoy ahogando en mis propios problemas.  Supongo que todo esto son cosas de adolescentes. Eres joven y quieres vivir la vida. Deseas disfrutar cada segundo, hacer locuras. A veces prometes cosas que no sabes si se cumplirán, otras veces te centras tanto en algo que confías plenamente en que todo irá bien. El destino no está en mis manos. ¿Es que no os dais cuenta? Un día de manera involuntaria cometes cualquier hecho y eso puede tener un significado muy grande al cabo del tiempo. Yo ahora mismo no sé lo que debo hacer. Confío en Justin, pero mi cabeza se hace muchas preguntas. Quizás lo nuestro no tiene futuro y estoy renunciando a otras oportunidades con más chicos. Pero, Mel, ¿qué estás diciendo? Lo que te hace sentir Justin no lo ha conseguido nadie nunca. Cierto. Dejo mi mente en blanco.

Me he quedado dormida, pero una canción me despierta. Me había dejado la radio encendida.  

‘Across the ocean, across the sea…’

‘I love you, and everything is gonna be alright…’

Es su voz, es él. La música, la melodía, lo que dice. Todo. ¿Esto es una señal? ¿Por qué a mí? Me paro a escuchar la letra detenidamente. Tiene razón, todo va a ir bien. Lo mejor es que él me ha demostrado que todo eso es cierto.  Que las palabras no sirven si luego no se demuestran con hechos esos ‘te quiero’. Cierro los ojos. Me imagino que tengo su carita a tan sólo unos pocos centímetros de distancia, su nariz roza con la mía provocando que mis pulsaciones se disparen. Su tierna mirada está clavada en mí, y esos ojos reflejan todo lo que quiero. Pero antes me sonríe de esa manera tan suya. Se me va a salir el corazón de un momento a otro. Coge mi mano y la acaricia transmitiéndome plenamente su confianza. Se acerca más, me va a besar. Pero abro los ojos, y ahí no está. De vuelta a la realidad. Nadie dijo que fuera fácil, pero muchas veces, cuando queremos tanto algo, solo basta con cerrar los ojos muy muy muy fuerte e imaginarte que eso que deseas está ahí.

Cojo mi móvil y lo desbloqueo en busca de cualquier señal de Justin. Pero nada. Ni una llamada perdida, ni tan siquiera un sms. Me levanto y voy hacia el baño para lavarme la cara. Me quedé dormida sin quitarme el maquillaje y ahora al mirarme al espejo me doy cuenta de que parezco un mapache. Río bajito. No sé a qué viene esa ''felicidad'' pero al menos he sonreído.  Busco el coletero que llevo siempre en mi muñeca derecha y me dispongo a recogerme el pelo. Voy de nuevo a mi cama y enciendo el portátil. Ahí aparecemos nosotros, en el fondo de pantalla. Es una de la cantidad de fotos que tenemos juntos. Y aún recuerdo el día en que nos hicimos la primera… Clickeo sobre una carpeta que lleva nuestro nombre, donde guardo mil y un recuerdos. Bueno, quizás me pasé, no hemos vivido tanto, pero todo eso ha valido demasiado. Ninguno mejor que otro, todos igual de especiales. Paso imagen a imagen. Unas reflejan sonrisas de felicidad, otras miradas de complicidad. Me detengo en una foto.



Oh, recuerdo esto. La realicé desde mi teléfono móvil. Me encanta fotografiarle cuando no se da cuenta. Es más, creo que aún no sabe la existencia de esta foto. Mi bebé, te extraño. Me entran unas ganas terribles de llorar. Mi mano toma dirección hacia mi cuello y acaricio ese colgante.

Después me decido a entrar en twitter. Necesito saber de ti, como sea. No me paro a mirar nada, tan sólo publico un ''Ya te echo de menos''. Entro en su perfil y me entretengo un rato mirando los comentarios que él mismo responde a unas pocas fans afortunadas. Adoro la forma en la que se comunica con todas aquellas que lo siguen. Y hablo en femenino porque son la gran mayoría, aunque también recibe apoyo de muchos chicos adolescentes. Todos tienen algo en común, Justin les inspira. No importa de dónde vengas, ni lo que hagas, si tienes un sueño debes luchar para que se haga real. Eso es lo que él hace, feliz a la gente.

sábado, 13 de octubre de 2012

CAPÍTULO 34.


Necesito un reloj para parar el tiempo. No es posible, otra despedida más. Mi estado de humor depende de esas varillas que se mueven haciendo un pequeño ruidito. Tic tac tic tac. Pasan los segundos, los minutos, las horas. Sí, lo feliz que estaríamos si no dependiéramos de todo esto. El tiempo pasa toda hostia cuando estoy con él. No sabéis de qué hablo, ¿verdad? ¿O sí? Espera, ¿acaso estoy hablando con alguien? Quizás me esté volviendo loca. El caso es que estoy sentada en un sofá junto a varios miembros del equipo de Justin. Sí, hoy da su primer concierto y tengo la suerte de decir que aquí estoy para poder verlo. Quiero darle todo el ánimo posible, aunque de eso también se encargarán sus fans. En realidad me considero una más de ellas, se hacen llamar Beliebers. Yo formo parte de esto, desde el primer momento en el que esas melodías y su dulce voz traspasaron por mi ventana hasta llegar a mi habitación. Lo recuerdo como si todo hubiera sucedido ayer. ¿Qué sería de mí si eso no hubiera ocurrido? Sé que no sería quien soy ahora, sé que estaría hundida aún por lo de la abuela. También sé que no creería en mí, ni en lo que dictara mi corazón. Ahora soy diferente, más valiente, más luchadora. No pierdo las esperanzas ante cualquier cosa. He aprendido a creer en él, en mí y en nuestro destino.  Ese poder sobrenatural que guía la vida humana. Porque nosotros, estamos destinados a seguir unidos a pesar de la jodida distancia y los jodidos impedimentos.

Cinco minutos para que Justin salga al escenario. Muevo mi pierna derecha de una manera muy rápida. Es inevitable. Estoy nerviosa, impaciente.

-Eh, Mel. –Me llama Kenny, el guarda de seguridad. Lo conocí ayer y es bastante majo. Todos los miembros del equipo son muy divertidos. –Ven, Justin quiere verte antes de actuar.

Le sigo y caminamos por un pasillo estrecho y bastante largo. Al final hay una puerta y Kenny la abre. Ahí está. Revuelve su cabello mientras se mira al espejo. Aparezco por detrás y una sonrisa ilumina su rostro. No sabéis la sensación que me produce al saber que soy el motivo por el cual está sonriendo. Se gira. Me mira detenidamente, de arriba abajo. Llevo una camiseta de palabra de honor color salmón. Unos pitillos hacen que mis piernas parezcan más largas y sexys. Todo esto combinado con unos tacones de plataforma. Creo que se le va a caer la baba en breves. Me encanta que me mire así. Y también me encantaría leer su mente en estos momentos. No sé qué decirle porque apenas logro descifrar lo que pasa por mi mente.

-¡Cuatro minutos! –Grita una chica que lleva unas gafas de pasta bastante llamativas. Noto que Justin se pone algo nervioso.

-Tranquilo, bebé. –Me acerco hacia él, me coge tirándome de la cintura y me sienta en sus piernas.  Me giro un poco y me cambio de posición. Ahora estamos cara a cara. Kenny sale y cierra la puerta. Nos quedamos solos. –Todo va a salir bien.

-Eso espero. Si estás ahí, me vas a dar fuerzas para darlo todo en el escenario. Voy a hacer que te sientas orgullosa de mí. –Dice mientras me rodea con sus brazos.

-Yo ya estoy orgullosa de ti, Justin.

Apoyo mi cabeza en su hombro y estoy unos segundos sin moverme. Aspiro el aroma de su colonia. Me vuelve loca. Estoy perdida. Cambio de posición y le deposito un húmedo beso en el cuello. Me quedo con ganas de más, pero no tenemos tiempo. Llaman a la puerta, hora de salir de ahí. Justin se tiene que enfrentar al público y dejarlos a todos sorprendidos con su talento. Me mira con esos ojos color miel y me encuentro en la Luna. Se lanza a mis labios y se produce la magia. Qué beso. Sonrío en su boca y me separo poco a poco.

-Suerte. –Le digo por última vez antes de marcharme. Él me responde con una de sus sonrisas.

Se va por un lado y yo junto con Kenny por otro. Otra vez ese pasillo. Al fin entramos en el recinto. Estoy alucinando. Está todo al completo. Todo el mundo allí está gritando, deseando ver a Justin. Me siento junto a Pattie. Estamos a tan sólo unos pocos metros del escenario, en la parte derecha. Estoy temblando de nuevo. Las luces se apagan y tan sólo se logra ver en una gran pantalla una especie de cuenta atrás. Se detiene el tiempo y… 00:00:00. La gente empieza a saltar, a gritar aún más fuerte. Yo me contengo, pero juraría que estoy más nerviosa que todas esas chicas juntas. Justin va a aparecer de un momento a otro. Pattie me coge de la mano y me la acaricia. Igual de dulce que su hijo. Consigue tranquilizarme un poco. Entonces se escucha su voz. Me quedo paralizada. A los pocos segundos aparece en el escenario. Un gran foco de luz lo alumbra y empieza todo.




Ahora mismo está cambiándose de vestuario. En parte no lo entiendo, porque vista de la manera que sea, siempre está precioso y luce igual de bien. Queda una última canción. Se escucha la música, la reconozco. Sí, esta es la mía. La que dedicó únicamente para mí. Die In Your Arms. El bello se me eriza. Coge el micrófono. Lo agarra fuertemente. Y al instante comienzo a escuchar su voz. Tan transparente, tan dulce, tan especial. Noto como comienza una búsqueda con su mirada como si estuviera deseando ver a alguien. Y esa mirada se detiene en mí. No sé cómo, pero me está mirando. Los ojos le brillan y eso me contagia algo, me hace que los míos derramen unas pequeñas lágrimas. Me estoy emocionando. Lo ha conseguido. Desde que ha empezado la canción no ha apartado la vista de mí. Sonrío. No puedo dejar de hacerlo. Mi mente está en un constante ''Justin, estoy muy orgullosa de ti. Más de lo que imaginas''. Y acaba la canción. Pero hay algo que me sorprende.

-Esta canción es para ti, y lo sabes. -Hace una pequeña pausa, traga saliva y continúa. -Gracias por acudir. Gracias por escucharme y apoyarme. Hasta la próxima. Os quiero. 

No conseguiría explicar nunca todo lo que me ha hecho sentir con su voz. Ahora sí que estoy llorando. Llorando debido a la emoción. Todo lo que me ha transmitido con aquella sonrisa, con su voz... ha sido increíble. Pattie se percata y me da un abrazo. Ella también está emocionada. Caminamos juntas hacia el backstage. Está allí todo el equipo esperándolo. Me siento sobre las piernas de Kenny ya que me hace un gesto para que me incorpore ahí. Todos dicen cosas como ''Ha estado increíble'', ''El chaval ha estado mejor de lo que se esperaba''. Y es que, Justin lo había hecho magnífico. Al instante, se escucha un pequeño golpe en la puerta. Suponemos que es él. Todos nos levantamos y nos quedamos en pie. Entonces entra sonriente. Aplaudimos con fuerza. Tiene que notar nuestro apoyo. Él se para y comienza a aplaudirnos a nosotros.

-Grande, Justin. -Exclama Scooter. Y al segundo le da una palmada en la espalda. -Me has sorprendido.

Se dirige a Pattie que está a su lado. Se dan un fuerte abrazo y logro entender lo que ella le susurra al oído. Ahora llega mi turno. Se da cuenta de las lágrimas que han desprendido mis ojos y aún dejan huella en mi rostro. Se acerca poco a poco a mí y pasa su dedo con cuidado por mis mejillas. Me sonríe de esa manera tan suya. Coloca su mano en mi nuca y me acerca hacia él. Entonces me deposita un dulce beso en mis labios. Mis pulsaciones se disparan. La gente que se encuentra ahí empieza a aplaudir de nuevo. Y me decido a darle un gran abrazo. Me aferro con fuerza a él y le digo bajito al oído ''Estoy muy orgullosa de ti. Increíble, bebé''. 

Y este día, es para recordar. Ha demostrado todo lo que vale, todo lo que es, todo lo que ha luchado. Hoy es el comienzo de algo muy grande. El comienzo de un gran sueño. Porque todo se consigue, si no pierdes las esperanzas.

domingo, 7 de octubre de 2012

CAPÍTULO 33.


Una nueva sensación. Ha sido mágico. Me siento diferente, pero especial. Me da igual todo ahora mismo. Estoy mejor que nunca.

Tumbados boca arriba contemplando algunas de las pocas estrellas que alumbran allá en el cielo. Por un momento pienso en la abuela, en su sonrisa. En que me estará viendo desde una de aquellas, y me está protegiendo.  Justin me presta su chaqueta de cuero y me la pongo cuidadosamente. Coloco mi cabeza sobre su pecho. Ahora mismo detendría el tiempo. Sobran las palabras cuando hay tanto sentimiento. Acaricia mi mejilla y me planta un beso allí mismo. Al instante sonríe. Él también está feliz. Lo puedo notar. El ambiente nos transmite tranquilidad.

-¿Te he hecho daño? –Me pregunta.

-No. –Susurro y lanzo una pequeña risa. –Bueno… quizás un poco al principio.

-Lo siento, bebé. –Curva sus carnosos labios.

-Supongo que eso es lo normal, así que no te preocupes. ¿Yo que tal he estado?

-¿De verdad me estás preguntando eso? –Se acerca a mí. Su dedo índice toma dirección hacia mis labios y lo pasa sobre ellos con dulzura. Dirige su mirada hacia allí. Pero de pronto alza su mirada y se pierde en mis ojos. Me mira fijamente. Me quedo paralizada. Es increíble todo lo que me hace sentir. –Has estado perfecta. –Finaliza.

-Bah, no mientas. Sé que he sido un desastre. –Río a poca distancia de su deliciosa boca.

-Mel, -Traga saliva. –si te lo digo es porque es verdad.

-Qué vergüenza. –Lanzo en un murmullo.

-Estás muy boba tú, eh. –Se lame los labios. Oh, no. Otra vez. Eso es malditamente sexy.

-Lo aprendí de ti, Bieber.

-Pues me encanta.

Me planta un dulce beso con lengua de esos que no te cansarías nunca de repetir y vuelve a su posición. Yo también me coloco. Paso mi brazo derecho por su torso, me sentía con la necesidad de hacerlo, cosas como estas me hacen que parece que esté volando, flotando, soñando. Oigo su breve risa y alzo mi vista hacia arriba para contemplar su hermosa carita.

-Mira. –Señala hacia arriba. –Está amaneciendo.

Es precioso. Menos que él, por supuesto. Es una puesta de Sol de esas que te dejan con la boca abierta. El cielo cobra un color rosado que me encanta. Las nubes van desapareciendo poco a poco.

-Es precioso contemplar esto. –Digo y suspiro al segundo.

-Y más a tu lado. –Dice él.

Justin, ¿cómo lo consigues? ¿Por qué despiertas increíbles sensaciones dentro de mí? ¿Por qué me haces soñar despierta? ¿Por qué me dices estas cosas que me dejan sin respiración?

-Me quedaría horas y horas aquí, contigo… -Continúa. Le corto.

-Pero tenemos que irnos… ¿no?


----------------------------------------------------------------------------------------

Llegamos al hotel antes de que sea demasiado tarde como para que nos descubran los paparazzis. Nos subimos en el ascensor y me miro en ese gran espejo que ocupa la mayor parte de aquello. Llevo unos pelos horribles. Miro hacia mi muñeca y encuentro el coletero que siempre me acompaña para casos urgentes como este. Recojo mi larga melena con mi mano y me hago la coleta. Justin me mira extrañado.

-¿Qué? –Le digo al verlo con aquella expresión.

-Nada. Que estás preciosa de todas las maneras.

Sonrío. No lo puedo ocultar. Es escuchar su voz y que se cree un nudo en mi estómago difícil de deshacer. Tiene magia.

Ahora él también se mira y hace una pequeña mueca. Ya estamos en nuestra planta. Me da un beso en la mejilla y continuamos. Llegamos al final del pasillo y me coloco en frente de la habitación que comparto con Pattie. Busco en mis bolsillos con la esperanza de encontrar la tarjeta necesaria para poder abrir. Justin se percata de esto.

-Bebé, que te quedas en mi habitación. –Me coge de la mano y tira de ella.

-Vale, me gusta la idea. –Digo divertida

Abre la puerta de su habitación. Entramos. A la derecha se encuentra el cuarto de baño y entra en él. Decido ir más hacia delante y me siento en la cama. Saco mi móvil y escucho cómo Justin abre el grifo y el agua empieza a correr. Entro en twitter, una de mis redes sociales preferidas. Y ahí viene mi asombro. Mis menciones están llenas. La gente me ha empezado a descubrir y cientos de niñas me preguntan si soy la novia de ''su novio''. Me quedo extrañada, pero sonrío. Decido publicar un tweet. Digo algo así como:

‘Gracias por ser así conmigo. Te quiero’

Seguro que siembro el pánico en muchas adolescentes. Me paro a pensar. Vale, lo borro. Rectifico y finalmente pongo:

‘Gran día.’

Eso está mejor. Vaya, esto de ser la novia de alguien que está empezando a coger fama es más difícil de lo que esperaba. Guardo mi móvil de nuevo en el bolsillo y veo salir a Justin del baño. No. Sin camiseta y con el pelo mojado. Pedazo de novio que tengo. Algo me dice en mi interior que mantenga la calma, pero ¿cómo está tan increíblemente bueno? Dios, Mel, tú antes no estabas tan salida. Tú antes no decías ni pensabas estas cosas. Me río. Hasta llego a carcajear. Creo que Justin se ha dado cuenta y me mira extraño.

-¿Qué te pasa? –Dice sonriéndome. Encima me sonríe. Buuuuuuuuuuuuuuuum. Mis hormonas se revolucionan. Eso mismo me pregunto yo, ¿qué me pasa? Le respondería básicamente algo como ‘que me vuelves loca’, pero no, soy más de callarme esas cosas, y muchas veces luego me llego a arrepentir. Bah, se lo digo. Pero se me adelanta. -¿Te vuelvo loca, verdad?

-¿Justin? Me has leído la mente. –Hago una expresión de extrañeza con mi cara.

-Lo sé. Pero tranquila, tú también me vuelves loco. –Se acerca peligrosamente a mí.

-Justin…

-¿Qué?

-Bésame.

-Eso no se pide, princesa. 

Y otra vez esas mariposas en mi estómago. Me asusta el echo de quererle tanto. De necesitar sus besos como a nada en este mundo. Me levanto en busca de su boca y noto su respiración agitada. Aunque él no me lo diga, sé que también tiene unas ganas enormes de rozar mis labios de nuevo. A veces es bueno callarse lo que uno siente, y otras veces no. Pero yo es que con él no me resisto. Se lanza hacia mi boca en busca de perdernos en un nuevo mundo que sólo él y yo conocemos. Creamos magia. Juntos. No sé ahora mismo qué sería sin él. Me coge por la cintura y me tira en la cama. Se pone sobre mí y vuelve a robarme más besos. No me canso. No se cansa. Nos deseamos demasiado.

-Me encantas. –Susurra sobre mi oído mientras aparta un mechón de mi pelo que se ha colado sobre mi cara. Decido quitarme la coleta y revolver mi melena mientras río, pues me mira con una cara entre graciosa y embobada.

-Bebé, nunca olvides lo de hoy. Por favor. -Digo en un tono bajito.

-¿Quién te ha dicho que lo vaya a hacer? Si quieres te lo recuerdo todos los días de mi vida. –Su sonrisa en ese momento me transmite cosas inexplicables.





Me acerco más a él. Adoro tenerlo cerca. Tan cerca que casi ni respire. Junto mi nariz con la suya, símbolo de sinceridad, de confianza. Reímos cerca. Justin, te diría que disfrutemos el momento, pero es que tenemos todo el tiempo del mundo para hacerlo. Y cada momento a tu lado es un recuerdo más en mi corazón, como si se disparara el flash y se hiciera una fotografía, pues ahí mantengo cada instante que hemos vivido. Mi pequeño baúl de recuerdos es mi corazón, que se hace cada vez más grande gracias a ti. Y solo gracias a ti, bebé.