|Narra _____|
De nuevo me encuentro sola bajo el mismo árbol. Mi árbol.
Pero ahora está todo oscuro, es de noche por fin. He decidido aislarme, los
recuerdos del pasado no dejan de golpear en mi cabeza brutalmente. Escucho unos
cuantos grillos realizar sus peculiares cantos y a algún que otro pajarito que
irá a buscar un nido para pasar esta fría noche. Sí, hace frío. Mucho frío.
Además, el aire comienza a soplar con fuerza. Es como si de repente todo se
hubiera vuelto contra mí. Como si hubiera cometido un error y esté recibiendo
mi castigo. A veces me pregunto qué es lo que he hecho mal en esta vida. Sólo
falta que llueva y me empape. Rezaré para que nada de eso ocurra.
Mi sudadera ancha me abriga lo suficiente y el pañuelo de
mamá sigue en mi cuello. Y de ahí no se va a mover. Si tengo que quedarme toda
la noche aquí por ello, lo haré. No me fío nada de Sarah. Esta tarde me he dado
cuenta de su sucia mirada. Y sé que es sucia porque he conocido más como la de
ella. En mi clase había muchas. Soy toda una experta en eso de que la gente me
haga daño y al final una acaba conociendo perfectamente a su enemigo.
En la escuela ya sufrí acoso por parte de algunos
compañeros. Y el silencio fue mi gran amigo y consejero. Bueno, y mi querido
diario. Pero yo digo y diré siempre que cada batalla te hace más fuerte. No
importa que hayas sido vencida o hayas ganado. Eso te servirá para ser una
completa guerrera. Y así soy yo. Soy básicamente lo que he vivido. Por eso no
suelo confiar fácilmente en la gente, ni juzgo a los demás por su aspecto, ni
insulto a alguien sin motivos.
Mojo mis labios con mi propia lengua y deshago mi coleta
dejando caer mi melena por mi espalda. Unas cuantas greñas rebeldes se cuelan
en mi cara, pero el aire se encarga de apartarlas de ahí.
Empieza a hacer más frío y más viento. Me odio a mí misma
por no haber cogido ese abrigo de lana que tanto calienta. Está en mi tienda de
campaña, pero no me quiero acercar ahí. Notarán mi presencia. En cambio, si
desaparezco como ahora ni notarán mi ausencia. O quizás sí. Tal vez Vanessa se
dé cuenta. Bueno no, ahora está ocupada con su nueva compañera. No quiero ni
recordar su nombre, pero es inevitable. Maldita estúpida. Ahora se entretiene
con sus amenazas. Pero no sabe que yo este juego ya lo he vivido. Y lo más
importante, he aprendido a jugar.
|Narra Justin|
Miro por enésima vez la hora. ¿Dónde se habrá metido? ¿Por
qué no viene? ¿Estará enfadada? Llevo las manos a mi cabeza y empiezo a remover
mi pelo tirando de las puntas cabreado. ¿Habrá sido mi culpa? Tiro más fuerte.
Me hago daño, pero no importa. Vuelvo a tirar desesperado. Resoplo unas cuantas
veces y tiro todo mi peso sobre el saco de dormir dándome por vencido. Cojo mi
móvil. Mierda. No hay cobertura. No puedo llamarla.
-¿Se puede?
Una voz desde fuera me reclama. Sus pasos se escuchan cerca
y visualizo su silueta. Joder, no es _____.
-Hola, Bieber.
-Hola, Sarah.
-Echo de menos eso de que me llames ‘nena’. –dice tocándose
el pelo sensualmente.
Me quedo en silencio.
-Ahora se lo dices a otra, ¿verdad?
-No. –miento y trago saliva.
-Sé que me ocultas la verdad. –da un paso acercándose a mí. –Pero
ya me encargaré de ello.
-¿Qué? –frunzo mi ceño confuso.
-Que pronto volveremos a estar juntos.
-Nunca hemos estado juntos. –afirmo y me echo hacia atrás.
-Pues lo estaremos, nene. De eso no te preocupes. –muerde su
labio y después pasa su lengua por los extremos.
-¿A qué has venido aquí? ¿No tienes otra cosa que hacer como
pintarte las uñas o esas cosas que soléis hacer tú y tu grupito? –comienza a
ponerme de mal humor.
-Oh, no te alteres… Me iba ya. Tan sólo me pasaba a… -hace
una ligera pausa y observo cómo revisa con su mirada todo a su alrededor. Como
si estuviera haciendo algún tipo de inspección. –a ver qué tal estabas.
-Nos conocemos.
-Demasiado, nene. –se acerca más a mí. –Demasiado.
-Sé que tus intenciones no son buenas. –muerdo el interior
de mi mejilla mientras observo su cuerpo de infarto. No, Justin. Aparta la
vista de ahí. –Y no voy a caer en tu tentación.
-Caerás, nene. –coloca la palma de su mano en mi barbilla y
se muerde los labios. Maldita sea.
-Por favor, vete. Me pillas en un mal momento. –digo
deshaciéndome de su agarre.
-¿Y si no fuera un mal momento?
-No pasaría nada. –afirmo seguro de mí mismo. –Vete.
-Vale, ya me voy. Pero dale recuerdos a la bicho raro de mi
parte. –carcajea alejándose.
-¿No sabrás tú dónde está?
Y se va. Sale dejándome con una sensación desagradable en el
cuerpo.
Vuelvo a mirar a mi reloj. Las agujas continúan avanzando y
_____ no está. No he sabido nada de ella desde la hora de comer. Soy un
imbécil. Y me estoy dando cuenta de que me importa más de lo que imaginaba.
Me quito la camiseta y me pongo una sudadera para combatir
mejor el frío de fuera. Me coloco la capucha y me aseguro de que nadie me ha
visto salir del refugio. Espera. No he parado a admirar mis abdominales en el
espejo. Justin, tío, ¿de verdad estás cambiando? No, no lo pregunto. Justin,
tío, estás cambiando. Lo afirmo. Además, no estoy cambiando, me está cambiando
ella. Me detengo a ver la luz del interior de la tienda de campaña de la
directora para asegurarme de que no puede ser testigo de mi escapada.
Y huyo. Está oscuro. No sé dónde voy. Sólo sé que gracias a
la luz de mi iPhone puedo continuar mi camino. Me alejo más del campamento. No
tengo ni la mínima idea de dónde me encuentro. No sé dónde estoy. Me he
perdido. Encima aquí tampoco hay cobertura. Mierda. Maldita sea. Escucho un
trueno a lo lejos. Pero no tengo miedo. Estoy tranquilo. Quiero encontrarla,
estar con ella. Y no sé por qué, pero todo eso me ha traído hasta aquí.
Grito. Grito su nombre. Y no hay respuesta.
Retrocedo un poco y me clavo unos cuantos pinchos en los
pantalones. Joder. Mi boca suelta una larga serie de palabras malsonantes sin
parar. Y así continúo.
|Narra _____|
Escucho un trueno y me tapo los oídos mientras me encojo yo
misma. Rodeo con los brazos mis rodillas. Siempre he tenido miedo a las
tormentas y parece que se avecina una. Y fuerte. Pero eso no es lo que me preocupa ahora. Quiero tenerte
cerca. Eso es lo peor. Me he tirado todas las putas horas pensando en ti y tú ni
siquiera eres capaz de preocuparte por mí. Seguro que estás pasándotelo bien.
Mientras yo sigo aquí, sola. Odiando a esas personas que me quieren ver lejos
de ti.
Una gota de lluvia cae en mi mejilla. Miro al cielo. Negro.
Pocas estrellas. Muchas nubes oscuras y grises. Otro trueno. Me pongo en pie
buscando un refugio. Camino desorientada, además, tengo ganas de llorar. Está
todo demasiado oscuro. Tengo miedo. Va a empezar a llover.
Mi vista capta el lugar de madera donde hemos comido hoy. Me
aproximo hacia allí decidida. Mis botas chocan contra las hojas tendidas en el
suelo. Algunas están empapadas tan solo de la humedad. Y escucho mis propios
pasos. Es lo único que mis oídos pueden percibir. El resto es todo silencio. Un
silencio escalofriante típico de las películas de miedo. Juraría que estoy en
una de ellas. Lo que me extraña de mí misma es que no me haya montado una en mi
cabeza con lo dramática que soy. Un día escribiré sobre ello.
El aire comienza a hacerse notar salvajemente golpeando mis
mejillas. Me encuentro agobiada en la nada. Mis labios comienzan a tiritar.
Escondo mis puños en la sudadera que me protege. Respiro angustiada. Escucho
unos pasos cerca de mí. Estoy asustada, no lo niego. Camino hacia atrás sin
mirar. Entonces me golpeo con algo.
Grito.
Mi grito suena en toda la zona haciendo incluso eco.
-Tranquila bicho, soy yo.
Y sus palabras me sientan bien.
-Deberías mirar por donde caminas.
-Deberías ser más agradable.
-Y tú más agradecida.
-¿Por qué?
-Porque venido aquí solo para buscarte.
Le miro atónita recuperándome todavía del susto.
-¿Tú…?
-Sí. –contesta decidido. –Me he escapado de ese puto
campamento solo para ver dónde estabas.
-Bueno… -digo nerviosa. –Gracias. Supongo.
-Estaba preocupado. ¿Qué hacías a estas horas por aquí?
-Despejarme, lo necesitaba…
-Estás loca. No lo vuelvas a hacer.
-No soy la única que se marcha sin dar explicaciones.
–escupo recordando lo sucedido a la hora de comer.
-Alguien está echando humo aquí.
-Puede que estés en lo cierto. –hago una mueca burlona.
-Perdóname por lo de antes, no era mi intención hablarte de esa manera.
-Esto me recuerda a algo.
-FLASHBACK-
-¿No me vas a pedir perdón? -_____ actúa.
-Nunca lo pido. Tienes que ser demasiado importante para que lo haga.
-Eres un estúpido asqueroso. –se le acerca con chulería. –No eres nadie como para gastarme bromas de mal gusto que no tienen gracia. No juegues conmigo, Justin. –se aproxima un poco más. –No juegues. –repite.
----------
-Eh, ¿dónde cree que va? No hemos terminado. –Parece que sobro aquí. –Antes tiene que pedirle perdón.
-¿Y ella a mí no? –coloca los brazos en forma de jarra.
-Es usted quien le faltó el respeto.
-Perdone, -la interrumpo. –no hace falta. Él no perdona de verdad, y para decir algo que no es sincero no hace falta perder el tiempo. –añado.
-Tiene razón. –dice él sin apenas mirarme.
-Me da igual. De aquí no se va hasta que lo haga. –no conseguimos convencerla.
Agacha la cabeza y avanza hacia a mí a un paso lento. Se arrodilla justo enfrente mía y me coge de la mano sin más. Levanta la mirada y logro ver mi reflejo en esos ojos color miel. Dibuja círculos sobre mi piel en forma de caricias consiguiendo que ésta se me erice.
-¿Me perdonas? –susurra aproximándose a mi oído.
Dios mío. Algo ocurre en mi estomago que no es normal.
-Claro. –digo casi paralizada.
Se levanta tras dejar huella en mi piel con un beso un poco más arriba de los nudillos. Parecía el típico príncipe de Disney cuando declara su amor a la bella princesa. Nunca nadie me había dedicado algo así. Me sonríe y algo ocurre. Algo diferente. Me gusta su sonrisa. Le devuelvo una mía y no sé porqué.
-FIN DEL FLASHBACK-
-Justin, ¿soy lo suficientemente importante para ti?
-¿Por qué me preguntas eso, bicho?
-Tú no sueles pedir perdón, me lo dijiste un día.
-¿Lo recuerdas todavía?
-Claro. Cuando nos castigaron, esa vez creo que fue la única que me perdonaste de verdad, ¿lo hiciste?
-Solo lo hice para irme de aquel maldito despacho.
-Mentira. -río, sabiendo que está bromeando. -Sigues haciéndote el tipo duro, pero conmigo ya no funciona.
-Ah, ¿no?
-No. -vuelvo a reír.
-¿Entonces qué funciona contigo?
-No lo sé, sólo sé que tú has funcionado a la perfección.
Silencio. Otro trueno esta vez más intenso nos sorprende a los dos.
-¿No tienes miedo? –pregunta mirando al cielo.
-No. –me hago la dura. –No todas las chicas somos así.
-Estás asustada y lo puedo ver en tus ojos, nena. –sonríe con
dulzura.
-Vale… -admito rodeando mis ojos. –Quizás un poco. Pero solo
un poco. –me cruzo de brazos.
-¿Entonces me estás diciendo que sí que tienes miedo?
-Bueno…
-Ven aquí.
Atrapa mi boca enseguida. Coloca sus dos palmas de la mano
en mis mejillas y me da un beso que me llena de las mejores sensaciones. Inesperado.
Lo recibo con ganas y enrollo mis brazos en su cuello a la vez que él en mi
cintura. Me elevo un poco poniéndome de puntillas y al finalizar sonreímos como
dos niños pequeños.
-No podía aguantar más.
Continuamos con otro beso. Este más largo. Me quedo sin
aliento y con miles de escalofríos atrapados en mi cuerpo. Nunca me he sentido
así. Nunca me han hecho sentir así. Mi corazón lo nota. Nota que algo se
acciona en mi interior poco a poco y va consumiéndome sin cesar.
Acaricio su cuello con delicadeza y siento que no hay cosa en
este momento que me haga más feliz. Su suave piel es mi debilidad. Junto con
sus besos. Ah, y me olvidaba de sus gruesos labios. Atrapo el inferior entre
mis dientes suavemente y lo estiro saboreándolo bien.
-Me gustas mucho, _____.
-¿Has dicho _____?
-Sí.
-¿Te has dejado el orgullo en casa, verdad? –río provocando
hoyuelos en mis mejillas.
-Soy capaz de dejarlo en cualquier sitio por ti.
-Eso suena bien. A mí también me gustas mucho, Justin.
Me envuelve en sus brazos y me estremezco al sentir su
tacto. Estamos unos largos segundos abrazados. Acurruco mi cabeza en el hueco
de su hombro a su cuello y me tranquilizo al notar el calor de su piel. Resulta
increíble.
-¿Sabes una cosa?
-¿Qué?
-Es la primera vez que me pasa y no sé la manera adecuada de
decírtelo.
-No me asustes, por favor. –suplico. Escucho su risa cerca
de mi oído.
-No, no. Es solo que… nunca me cansaría de estar así
contigo. Ya sabes, aquí juntos abrazados. Ya puede llover a mares, ya pueden
caer mil rayos a nuestro alrededor que no te soltaría, bicho.
-Yo tampoco dejaría que me soltases, Justin.
Sonríe y me encanta el hecho de haber provocado esa sonrisa.
-Necesito una respuesta. Sabes perfectamente que no soy
mucho de expresar mis sentimientos y me cuesta mucho decir las cosas…
-¿De qué hablas?
Inmediatamente coge mis manos y entrelaza nuestros dedos. Me
tenso. Sus ojos brillan de una manera especial.
-Sé que no es el escenario más bonito, ni tampoco hace un
Sol resplandeciente…
-Justin, no vengas con rodeos. Por favor, dímelo.
-_____, ¿quieres ser mi chica?
Un escalofrío eriza todo el vello de mi cuerpo. No podía
imaginar que… oh. Mi corazón bombea a una fuerza sobrenatural. No lo esperaba.
No ahora.
-Claro que quiero pero…
-¿Pero? –eleva una ceja.
Las palabras de Sarah aparecen en un cartel con miles de luces
en mi mente. Ella es capaz de hacerme la vida imposible, pero si le rechazo
estaré arrepentida toda mi vida. Un nuevo debate se produce en mi cabeza.
-¿Te pasa algo, nena?
Agarra mi cuello y planta un beso en mi frente que me deja
en las nubes. Estoy nerviosa, preocupada y desconcertada.
-Justin…
-¿Qué?
-Que sí quiero, no importa lo demás.
-¿Estás segura?
-No he estado más segura en mi vida.
Y me lanzo a su boca desesperadamente. Sus manos se acoplan
divertidas en mi cintura y las mías bailan revolviendo su pelo mientras hacemos
más profundo el beso.
-Oye…
-Dime bicho.
-¿Y qué hay de nuestro código?
Entonces se escucha un fuerte trueno. El más fuerte que
había escuchado hasta ahora. Las gotas comienzan a golpear contra el tejado y
van bajando hasta caer en nuestras cabezas. Una traviesa risa escapa de mi boca. Está
lloviendo, pero ha desaparecido mi miedo. Se ha esfumado sin avisar. Comenzamos
a empaparnos poco a poco.
-Ese es el código.
-¿Qué?
-La lluvia, la tormenta.
-No te entiendo, Justin.
-Es nuestra forma de entendernos. Nuestro código secreto y
de nadie más.
-¿Entonces la lluvia significa que me quieres?
Y afirma con su cabeza mientras empieza a llover con más
intensidad.
-Sí, ______. La lluvia significa eso.
-------------------------------------
Espero que os esté gustando.
#ImprobableDirección.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
JODER. JODER. JODER. JODER. JODER. JODER. JODER.
ResponderEliminarBueno después de 5 minutos asimilando lo cuqui que ha sido lo último. Me paso a decirte que !POR FIN TENGO UN BLOG! JEJEJEJJEJE
Ya puedo comentar y decirte lo que me ha parecido. *_* y si quieres pasarte y leerte alguna entrada mía. Eres bienvenida. Besitos love&peace.