Tu rastro.

domingo, 25 de agosto de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 23.


|Narra _____|

De nuevo me encuentro sola bajo el mismo árbol. Mi árbol. Pero ahora está todo oscuro, es de noche por fin. He decidido aislarme, los recuerdos del pasado no dejan de golpear en mi cabeza brutalmente. Escucho unos cuantos grillos realizar sus peculiares cantos y a algún que otro pajarito que irá a buscar un nido para pasar esta fría noche. Sí, hace frío. Mucho frío. Además, el aire comienza a soplar con fuerza. Es como si de repente todo se hubiera vuelto contra mí. Como si hubiera cometido un error y esté recibiendo mi castigo. A veces me pregunto qué es lo que he hecho mal en esta vida. Sólo falta que llueva y me empape. Rezaré para que nada de eso ocurra.

Mi sudadera ancha me abriga lo suficiente y el pañuelo de mamá sigue en mi cuello. Y de ahí no se va a mover. Si tengo que quedarme toda la noche aquí por ello, lo haré. No me fío nada de Sarah. Esta tarde me he dado cuenta de su sucia mirada. Y sé que es sucia porque he conocido más como la de ella. En mi clase había muchas. Soy toda una experta en eso de que la gente me haga daño y al final una acaba conociendo perfectamente a su enemigo.

En la escuela ya sufrí acoso por parte de algunos compañeros. Y el silencio fue mi gran amigo y consejero. Bueno, y mi querido diario. Pero yo digo y diré siempre que cada batalla te hace más fuerte. No importa que hayas sido vencida o hayas ganado. Eso te servirá para ser una completa guerrera. Y así soy yo. Soy básicamente lo que he vivido. Por eso no suelo confiar fácilmente en la gente, ni juzgo a los demás por su aspecto, ni insulto a alguien sin motivos.

Mojo mis labios con mi propia lengua y deshago mi coleta dejando caer mi melena por mi espalda. Unas cuantas greñas rebeldes se cuelan en mi cara, pero el aire se encarga de apartarlas de ahí.

Empieza a hacer más frío y más viento. Me odio a mí misma por no haber cogido ese abrigo de lana que tanto calienta. Está en mi tienda de campaña, pero no me quiero acercar ahí. Notarán mi presencia. En cambio, si desaparezco como ahora ni notarán mi ausencia. O quizás sí. Tal vez Vanessa se dé cuenta. Bueno no, ahora está ocupada con su nueva compañera. No quiero ni recordar su nombre, pero es inevitable. Maldita estúpida. Ahora se entretiene con sus amenazas. Pero no sabe que yo este juego ya lo he vivido. Y lo más importante, he aprendido a jugar.

|Narra Justin|

Miro por enésima vez la hora. ¿Dónde se habrá metido? ¿Por qué no viene? ¿Estará enfadada? Llevo las manos a mi cabeza y empiezo a remover mi pelo tirando de las puntas cabreado. ¿Habrá sido mi culpa? Tiro más fuerte. Me hago daño, pero no importa. Vuelvo a tirar desesperado. Resoplo unas cuantas veces y tiro todo mi peso sobre el saco de dormir dándome por vencido. Cojo mi móvil. Mierda. No hay cobertura. No puedo llamarla.

-¿Se puede?

Una voz desde fuera me reclama. Sus pasos se escuchan cerca y visualizo su silueta. Joder, no es _____.

-Hola, Bieber.
-Hola, Sarah.
-Echo de menos eso de que me llames ‘nena’. –dice tocándose el pelo sensualmente.

Me quedo en silencio.

-Ahora se lo dices a otra, ¿verdad?
-No. –miento y trago saliva.
-Sé que me ocultas la verdad. –da un paso acercándose a mí. –Pero ya me encargaré de ello.
-¿Qué? –frunzo mi ceño confuso.
-Que pronto volveremos a estar juntos.
-Nunca hemos estado juntos. –afirmo y me echo hacia atrás.
-Pues lo estaremos, nene. De eso no te preocupes. –muerde su labio y después pasa su lengua por los extremos.
-¿A qué has venido aquí? ¿No tienes otra cosa que hacer como pintarte las uñas o esas cosas que soléis hacer tú y tu grupito? –comienza a ponerme de mal humor.
-Oh, no te alteres… Me iba ya. Tan sólo me pasaba a… -hace una ligera pausa y observo cómo revisa con su mirada todo a su alrededor. Como si estuviera haciendo algún tipo de inspección. –a ver qué tal estabas.
-Nos conocemos.
-Demasiado, nene. –se acerca más a mí. –Demasiado.
-Sé que tus intenciones no son buenas. –muerdo el interior de mi mejilla mientras observo su cuerpo de infarto. No, Justin. Aparta la vista de ahí. –Y no voy a caer en tu tentación.
-Caerás, nene. –coloca la palma de su mano en mi barbilla y se muerde los labios. Maldita sea.
-Por favor, vete. Me pillas en un mal momento. –digo deshaciéndome de su agarre.
-¿Y si no fuera un mal momento?
-No pasaría nada. –afirmo seguro de mí mismo. –Vete.
-Vale, ya me voy. Pero dale recuerdos a la bicho raro de mi parte. –carcajea alejándose.
-¿No sabrás tú dónde está?

Y se va. Sale dejándome con una sensación desagradable en el cuerpo.

Vuelvo a mirar a mi reloj. Las agujas continúan avanzando y _____ no está. No he sabido nada de ella desde la hora de comer. Soy un imbécil. Y me estoy dando cuenta de que me importa más de lo que imaginaba.

Me quito la camiseta y me pongo una sudadera para combatir mejor el frío de fuera. Me coloco la capucha y me aseguro de que nadie me ha visto salir del refugio. Espera. No he parado a admirar mis abdominales en el espejo. Justin, tío, ¿de verdad estás cambiando? No, no lo pregunto. Justin, tío, estás cambiando. Lo afirmo. Además, no estoy cambiando, me está cambiando ella. Me detengo a ver la luz del interior de la tienda de campaña de la directora para asegurarme de que no puede ser testigo de mi escapada.

Y huyo. Está oscuro. No sé dónde voy. Sólo sé que gracias a la luz de mi iPhone puedo continuar mi camino. Me alejo más del campamento. No tengo ni la mínima idea de dónde me encuentro. No sé dónde estoy. Me he perdido. Encima aquí tampoco hay cobertura. Mierda. Maldita sea. Escucho un trueno a lo lejos. Pero no tengo miedo. Estoy tranquilo. Quiero encontrarla, estar con ella. Y no sé por qué, pero todo eso me ha traído hasta aquí.

Grito. Grito su nombre. Y no hay respuesta.

Retrocedo un poco y me clavo unos cuantos pinchos en los pantalones. Joder. Mi boca suelta una larga serie de palabras malsonantes sin parar. Y así continúo.

|Narra _____|

Escucho un trueno y me tapo los oídos mientras me encojo yo misma. Rodeo con los brazos mis rodillas. Siempre he tenido miedo a las tormentas y parece que se avecina una. Y fuerte. Pero eso no es lo que me preocupa ahora. Quiero tenerte cerca. Eso es lo peor. Me he tirado todas las putas horas pensando en ti y tú ni siquiera eres capaz de preocuparte por mí. Seguro que estás pasándotelo bien. Mientras yo sigo aquí, sola. Odiando a esas personas que me quieren ver lejos de ti.

Una gota de lluvia cae en mi mejilla. Miro al cielo. Negro. Pocas estrellas. Muchas nubes oscuras y grises. Otro trueno. Me pongo en pie buscando un refugio. Camino desorientada, además, tengo ganas de llorar. Está todo demasiado oscuro. Tengo miedo. Va a empezar a llover.

Mi vista capta el lugar de madera donde hemos comido hoy. Me aproximo hacia allí decidida. Mis botas chocan contra las hojas tendidas en el suelo. Algunas están empapadas tan solo de la humedad. Y escucho mis propios pasos. Es lo único que mis oídos pueden percibir. El resto es todo silencio. Un silencio escalofriante típico de las películas de miedo. Juraría que estoy en una de ellas. Lo que me extraña de mí misma es que no me haya montado una en mi cabeza con lo dramática que soy. Un día escribiré sobre ello.

El aire comienza a hacerse notar salvajemente golpeando mis mejillas. Me encuentro agobiada en la nada. Mis labios comienzan a tiritar. Escondo mis puños en la sudadera que me protege. Respiro angustiada. Escucho unos pasos cerca de mí. Estoy asustada, no lo niego. Camino hacia atrás sin mirar. Entonces me golpeo con algo.

Grito.

Mi grito suena en toda la zona haciendo incluso eco.

-Tranquila bicho, soy yo.

Y sus palabras me sientan bien.

-Deberías mirar por donde caminas.
-Deberías ser más agradable.
-Y tú más agradecida.
-¿Por qué?
-Porque venido aquí solo para buscarte.

Le miro atónita recuperándome todavía del susto.

-¿Tú…?
-Sí. –contesta decidido. –Me he escapado de ese puto campamento solo para ver dónde estabas.
-Bueno… -digo nerviosa. –Gracias. Supongo.
-Estaba preocupado. ¿Qué hacías a estas horas por aquí?
-Despejarme, lo necesitaba…
-Estás loca. No lo vuelvas a hacer.
-No soy la única que se marcha sin dar explicaciones. –escupo recordando lo sucedido a la hora de comer.
-Alguien está echando humo aquí.
-Puede que estés en lo cierto. –hago una mueca burlona.
-Perdóname por lo de antes, no era mi intención hablarte de esa manera. 
-Esto me recuerda a algo.

-FLASHBACK-

-¿No me vas a pedir perdón? -_____ actúa.
-Nunca lo pido. Tienes que ser demasiado importante para que lo haga.
-Eres un estúpido asqueroso. –se le acerca con chulería. –No eres nadie como para gastarme bromas de mal gusto que no tienen gracia. No juegues conmigo, Justin. –se aproxima un poco más. –No juegues. –repite.

----------

-Eh, ¿dónde cree que va? No hemos terminado. –Parece que sobro aquí. –Antes tiene que pedirle perdón.
-¿Y ella a mí no? –coloca los brazos en forma de jarra.
-Es usted quien le faltó el respeto.
-Perdone, -la interrumpo. –no hace falta. Él no perdona de verdad, y para decir algo que no es sincero no hace falta perder el tiempo. –añado.
-Tiene razón. –dice él sin apenas mirarme.
-Me da igual. De aquí no se va hasta que lo haga. –no conseguimos convencerla.

Agacha la cabeza y avanza hacia a mí a un paso lento. Se arrodilla justo enfrente mía y me coge de la mano sin más. Levanta la mirada y logro ver mi reflejo en esos ojos color miel. Dibuja círculos sobre mi piel en forma de caricias consiguiendo que ésta se me erice.

-¿Me perdonas? –susurra aproximándose a mi oído.

Dios mío. Algo ocurre en mi estomago que no es normal.

-Claro. –digo casi paralizada.

Se levanta tras dejar huella en mi piel con un beso un poco más arriba de los nudillos. Parecía el típico príncipe de Disney cuando declara su amor a la bella princesa. Nunca nadie me había dedicado algo así. Me sonríe y algo ocurre. Algo diferente. Me gusta su sonrisa. Le devuelvo una mía y no sé porqué.

-FIN DEL FLASHBACK-

-Justin, ¿soy lo suficientemente importante para ti?
-¿Por qué me preguntas eso, bicho?
-Tú no sueles pedir perdón, me lo dijiste un día.
-¿Lo recuerdas todavía?
-Claro. Cuando nos castigaron, esa vez creo que fue la única que me perdonaste de verdad, ¿lo hiciste?
-Solo lo hice para irme de aquel maldito despacho.
-Mentira. -río, sabiendo que está bromeando. -Sigues haciéndote el tipo duro, pero conmigo ya no funciona.
-Ah, ¿no? 
-No. -vuelvo a reír.
-¿Entonces qué funciona contigo?
-No lo sé, sólo sé que tú has funcionado a la perfección.

Silencio. Otro trueno esta vez más intenso nos sorprende a los dos.

-¿No tienes miedo? –pregunta mirando al cielo.
-No. –me hago la dura. –No todas las chicas somos así.
-Estás asustada y lo puedo ver en tus ojos, nena. –sonríe con dulzura.
-Vale… -admito rodeando mis ojos. –Quizás un poco. Pero solo un poco. –me cruzo de brazos.
-¿Entonces me estás diciendo que sí que tienes miedo?
-Bueno…
-Ven aquí.

Atrapa mi boca enseguida. Coloca sus dos palmas de la mano en mis mejillas y me da un beso que me llena de las mejores sensaciones. Inesperado. Lo recibo con ganas y enrollo mis brazos en su cuello a la vez que él en mi cintura. Me elevo un poco poniéndome de puntillas y al finalizar sonreímos como dos niños pequeños.

-No podía aguantar más.

Continuamos con otro beso. Este más largo. Me quedo sin aliento y con miles de escalofríos atrapados en mi cuerpo. Nunca me he sentido así. Nunca me han hecho sentir así. Mi corazón lo nota. Nota que algo se acciona en mi interior poco a poco y va consumiéndome sin cesar.

Acaricio su cuello con delicadeza y siento que no hay cosa en este momento que me haga más feliz. Su suave piel es mi debilidad. Junto con sus besos. Ah, y me olvidaba de sus gruesos labios. Atrapo el inferior entre mis dientes suavemente y lo estiro saboreándolo bien.

-Me gustas mucho, _____.
-¿Has dicho _____?
-Sí.
-¿Te has dejado el orgullo en casa, verdad? –río provocando hoyuelos en mis mejillas.
-Soy capaz de dejarlo en cualquier sitio por ti.
-Eso suena bien. A mí también me gustas mucho, Justin.

Me envuelve en sus brazos y me estremezco al sentir su tacto. Estamos unos largos segundos abrazados. Acurruco mi cabeza en el hueco de su hombro a su cuello y me tranquilizo al notar el calor de su piel. Resulta increíble.

-¿Sabes una cosa?
-¿Qué?
-Es la primera vez que me pasa y no sé la manera adecuada de decírtelo.
-No me asustes, por favor. –suplico. Escucho su risa cerca de mi oído.
-No, no. Es solo que… nunca me cansaría de estar así contigo. Ya sabes, aquí juntos abrazados. Ya puede llover a mares, ya pueden caer mil rayos a nuestro alrededor que no te soltaría, bicho.
-Yo tampoco dejaría que me soltases, Justin.

Sonríe y me encanta el hecho de haber provocado esa sonrisa.

-Necesito una respuesta. Sabes perfectamente que no soy mucho de expresar mis sentimientos y me cuesta mucho decir las cosas…
-¿De qué hablas?

Inmediatamente coge mis manos y entrelaza nuestros dedos. Me tenso. Sus ojos brillan de una manera especial.

-Sé que no es el escenario más bonito, ni tampoco hace un Sol resplandeciente…
-Justin, no vengas con rodeos. Por favor, dímelo.
-_____, ¿quieres ser mi chica?

Un escalofrío eriza todo el vello de mi cuerpo. No podía imaginar que… oh. Mi corazón bombea a una fuerza sobrenatural. No lo esperaba. No ahora.

-Claro que quiero pero…
-¿Pero? –eleva una ceja.

Las palabras de Sarah aparecen en un cartel con miles de luces en mi mente. Ella es capaz de hacerme la vida imposible, pero si le rechazo estaré arrepentida toda mi vida. Un nuevo debate se produce en mi cabeza. 

-¿Te pasa algo, nena?

Agarra mi cuello y planta un beso en mi frente que me deja en las nubes. Estoy nerviosa, preocupada y desconcertada.

-Justin…
-¿Qué?
-Que sí quiero, no importa lo demás.
-¿Estás segura?
-No he estado más segura en mi vida.

Y me lanzo a su boca desesperadamente. Sus manos se acoplan divertidas en mi cintura y las mías bailan revolviendo su pelo mientras hacemos más profundo el beso.

-Oye…
-Dime bicho.
-¿Y qué hay de nuestro código?

Entonces se escucha un fuerte trueno. El más fuerte que había escuchado hasta ahora. Las gotas comienzan a golpear contra el tejado y van bajando hasta caer en nuestras cabezas. Una traviesa risa escapa de mi boca. Está lloviendo, pero ha desaparecido mi miedo. Se ha esfumado sin avisar. Comenzamos a empaparnos poco a poco.

-Ese es el código.
-¿Qué?
-La lluvia, la tormenta.
-No te entiendo, Justin.
-Es nuestra forma de entendernos. Nuestro código secreto y de nadie más.
-¿Entonces la lluvia significa que me quieres?

Y afirma con su cabeza mientras empieza a llover con más intensidad.

-Sí, ______. La lluvia significa eso.



-------------------------------------
Espero que os esté gustando.
#ImprobableDirección.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.



1 comentario:

  1. JODER. JODER. JODER. JODER. JODER. JODER. JODER.
    Bueno después de 5 minutos asimilando lo cuqui que ha sido lo último. Me paso a decirte que !POR FIN TENGO UN BLOG! JEJEJEJJEJE
    Ya puedo comentar y decirte lo que me ha parecido. *_* y si quieres pasarte y leerte alguna entrada mía. Eres bienvenida. Besitos love&peace.

    ResponderEliminar