Tu rastro.

martes, 6 de agosto de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 21.


|Narra _____ |

-Despierta dormilona. –susurra una voz grave en mi oído.

Abro los ojos en cuestión de una milésima de segundo y me giro encontrándome con su cara. Justin ríe dulcemente a mi lado. Mi cabeza estaba apoyada en la ventana y mis manos pegadas a mis mejillas. Inmediatamente las despego de ahí. Frunzo mi ceño y muerdo el interior de mi mejilla a la vez.

-¿Qué… qué pasa? –tartamudeo.
-No pasa nada.
-¿Qué haces aquí? –le miro confusa.
-¿Molesto?
-No, para nada. Pero no te había visto antes…
-Ya. Había cambiado mi sitio a Vanessa. Ya sabes que me encanta observarte.
-No digas eso. –me sonrojo. –Todavía tengo sueño, ¿por qué me has despertado?
-Porque estamos llegando.
-¿Queda mucho?
-Si estamos llegando es que queda poco, nena.
-¿Pero cuánto?
-Basta ya de tantas preguntas que ahora mismo no puedo callarte.
-Oh, juego con ventaja.
-Sólo por ahora. Cuando estemos solos te ganaré yo, bicho.
-¿Por qué?
-Porque te voy a besar hasta quedarme sin aliento. –susurra bajito cerca de mi oído.

Todo mi cuerpo se congela en una milésima de segundo. Muerdo más fuerte el interior de mi mejilla aguantándome las ganas de besar sus labios y unirme por siempre a ellos. Me pregunto si realmente me ha despertado o sigo perdida en mis profundos sueños. Pero descarto la segunda opción cuando noto su aliento cerca de mis mejillas. Es real, aunque cuesta aceptarlo. Nunca he sido capaz de admitir algo así pero… es perfecto para mí.

Los escalofríos no cesan y mi mente deja de trabajar por completo. De nuevo se para el tiempo, el mundo y todo lo que nos rodea. Es extraño porque sólo existimos Justin y yo. El pasota y la bicho. El chico popular y la chica rara de la universidad. Dos personas completamente diferentes pero que sienten algo conjunto. Nos deseamos. Nos buscamos. Y además, ninguno de los dos nos hemos enamorado nunca. Pocas cosas tenemos en común. Quizás esta sea la oportunidad que nos ha querido dar el destino. Pero ya sabes, no podemos ver el futuro, aunque sí lo podemos predecir y si ahora mismo me preguntan que qué es lo que veo en él aparecen sus ojos color miel mirándome impacientes mientras sus carnosos labios me piden otro beso más. De esos largos, jugosos y que saben a gloria. De esos que acaban con un mordisco en el labio inferior. De esos que te dejan con ganas de tirarte toda la noche enganchada a él.

Muy gracioso el destino, nunca sabemos lo que nos tiene preparado…

Miro el reloj de mi mano izquierda y ya ha pasado la hora de comer. Mi estómago precisamente en este momento ruge recordándomelo. Pensando y pensando han pasado los minutos y me quedo mirando por el cristal como una niña pequeña viendo nevar por primera vez a través de la ventana de la habitación. Pero aquí no hay tráfico, ni contaminación, ni gente paseando por las aceras. Ni nieva ni hace tanto frío. El paisaje no es blanco, es verde. Tan sólo unas pocas luces iluminan el asfalto de la carretera. Y tampoco hay mucho jaleo. El autobús está en silencio salvo algunas palabras que se escapan en voz baja de vez en cuando.

-Acabamos de llegar, espero que hayan tenido un buen viaje. Ahora cogerán vuestras pertenencias y se les asignará una tienda de campaña que tendrán que compartir por parejas de dos. Allí dormirán y el resto de actividades se realizarán al aire libre en pleno contacto con la naturaleza. Todas ellas serán impartidas por vuestros monitores: Sarah Polimon, Vanessa Braun, _____ Blair y Justin Bieber. Ellos os indicarán qué hacer y debéis hacerles caso, ¿de acuerdo? Os quiero ver organizando vuestras cosas en las tiendas ahora mismo. ¡Vamos chicos!

Órdenes de la directora. Nos levantamos de los respectivos asientos y salimos fuera. Observo varios rostros de niños con sus mochilas colgando en sus espaldas, gorras con visera en sus cabezas y expresiones de emoción. Siento una punzada en mi interior. Me encantaría volver a mi infancia, jugar al escondite, peinar a mis muñecas, mancharme de chocolate, correr por el parque con otros niños sin preocupaciones, y todas esas cosas que solía hacer. De nuevo me sumerjo en mi propia burbuja, pero Vanessa interrumpe mi momento.

-¡Vamos! ¡Tenemos que coger un buen sitio! –dice emocionada tirando de mi muñeca.
-No sé quién está más contenta, si tú o todos los niños. –río mientras camino deprisa debido a que no deja de tirar de mí.
-Puede que estemos empatados, pero corre, ¡nos van a ganar!
-De acuerdo, de acuerdo. –digo casi sin aliento preparada para la carrera.

Y corremos. Por un momento me olvido de todos los trastos que llevo y corro como nunca. Río. Ríe. No dejamos de reír. Mi corazón va muy rápido pero no dejo de correr. Por el camino casi me tropiezo con alguna que otra piedra, pero eso no resulta ningún obstáculo. Llegamos. Me apoyo en el tronco de un árbol y mi pecho sube y baja rápido. Estoy agotada y esto tan solo acaba de empezar. Puede que Vanessa tenga razón y todo esto no vaya a ser tan aburrido.

-Lo conseguimos. –dice ella también fatigada y con la lengua fuera.
-¡Sí! Ahora tenemos que elegir la que queremos… ¿no?
-A mí me gustaría dormir en esa. –señala a una tienda de campaña de color rojo que está en una esquina. –Así estamos un poco más apartadas del resto.
-Me parece bien. A mí también me gusta.

Curiosas nos acercamos y dejamos las mochilas y demás en su interior. Es espaciosa y lo suficientemente grande para que quepan dos personas allí. Corre un poco de aire y me entretengo mirando cómo mueve un poco la tela que nos cubre.

-¡Mira _____! Ya estoy lista. –exclama Vanessa.
-¿Cómo eres tan rápida? –pregunto sorprendida.

Está tirada sobre su saco de dormir que ha tendido en unos pocos segundos en el suelo.

-No me gusta el desorden, quiero que esté ya todo preparado. –dice encogiéndose de hombros.
-Vale pues… voy a hacer lo mismo que tú.

Desenrollo mi saco de dormir y lo tiendo en el suelo. Me arrodillo y paso mis manos alisándolo para que quede perfecto. Me pongo en pie orgullosa y me aplaudo a mí misma.

-Oh, aprendes rápido _____.
-Sí, y además he sido más rápida que tú. –sonrío burlona.
-Oye, alguien te está contagiando su ego. –se burla ahora ella de mí.
-¡Oh! –me cubro la boca sorprendida con mis manos. -¡Retira eso! –exclamo señalándola con mi dedo índice mientras no dejo de reír.
-No, no, no, de eso nada. –niega con su cabeza.
-Retíralo. –continúo riendo.
-No… ¿Sabes por qué? –ahora me mira seria. Noto cuando sus miradas son sinceras y ahora mismo lo están siendo. No sé si preocuparme.
-¿Por qué, Vanessa? –me tumbo en mi saco de dormir apoyando mi cabeza en mi mano.
-Porque estoy feliz de que por fin vayan bien las cosas. Antes me preocupaba mucho por… todo y por él. Ahora tú has conseguido que lo despeje de mi cabeza, aunque sea un poco.
-¿Ya lo has olvidado?
-¿A Justin?
-Claro.
-Bueno… como dicen, no se acuesta una queriendo a una persona y deja de quererla cuando se levanta. Pero es que lo nuestro era tormentoso. No era amor, era algo que nos perjudicaba a los dos.
-Y sobretodo a ti. –añado volviéndola a señalar.
-Sí… -muerde su labio arrepentida. –Lo nuestro era diversión y nada más. Y si soy sincera sé que puedo estar perfectamente sin él, ¡no necesito a nadie! –agita sus manos en alto.
-Esa es la actitud. –sonrío dejando ver mis dientes.
-Me enseñaste a mirar las cosas de otra manera, _____. Y tenías razón.
-Oh, me alegra mucho ver que dices eso.
-Gracias. –me dedica una agradable sonrisa.
-Para eso están las amigas.

Ahora se escucha el piar de unos cuantos pájaros. Me relaja este lugar. Cierro mis ojos mientras me paro a pensar unos segundos y como siempre, algo me interrumpe.

-¿Quién hay aquí?

Vanessa y yo nos miramos confusas. Alguien va a entrar a nuestro pequeño territorio. Nuestros ojos se abren de inmediato. Los pasos de esa persona se escuchan cada vez más cerca. Baja la cremallera de la tienda y se da a conocer. Es la directora.

-¿Qué hacen aquí, señoritas?

Vanessa y yo volvemos a compartir miradas.

-Llegamos antes y escogimos esta tienda de campaña… -se defiende Vanessa.
-Ya pero ustedes están castigadas y la que escoge todo en el castigo soy yo, no ustedes.
-¿Entonces no podemos estar aquí? –intervengo yo.
-Usted no.
-¿Por qué?
-Las parejas son de dos, señorita.
-¡Y somos dos! –exclama Vanessa desesperándose.
-No me escuchó bien lo que le dije la última vez. Su pareja es otra.
-¿Quién?

La directora se echa a un lado y nuestros ojos impactan contra la malévola sonrisa de Sarah. ¿Qué hace aquí? ¿También viene a molestar?

-Hola chicas. –dice sonriendo tan falsa como su melena rubia.
-Vanessa, esta será su compañera de tienda de campaña.
-No puede ser… -hace una pausa Vanessa. -¡Pero si ya hemos organizado todo! –protesta.
-No importa. Usted no tiene que desorganizar nada, pero su amiga sí.
-¿Yo? –pregunto nerviosa moviendo mis pies discretamente.
-Sí, usted no va a dormir aquí.
-¿Y entonces dónde duermo? –pregunto desesperada.
-En la tienda de campaña que está justo a nuestra izquierda, señorita. Ya puede ir trasladando sus pertenencias.
-P…pe.. pero… -tartamudeo.
-No hay peros que valgan. Haga lo que le he dicho.
-De acuerdo. –admito conteniendo mi rabia interior.
-Rápido, ese es mi sitio. –me dice Sarah con aires de superioridad.
-Te esperas, impaciente. –digo recogiendo mis cosas y cargando con la mochila en mi espalda.
-Es que me cuesta respirar tu mismo aire, ¿sabes? –dice la repelente.
-Oh, pobre… Qué pena me das. Enserio. –admito seria chocando con su hombro para salir de ahí.
-Tú sí que me das pena, bicho raro.
-Maleducada. –me despido matándola con la mirada. –Hasta luego Vanessa, después te veo.
-¡Hasta luego! –me sonríe.
-Ah, y suerte… -digo riendo.
-La necesitaré. –carcajea ahora ella.

Salgo y el viento choca contra mi cara salvajemente haciéndome recordar lo mucho que amo esto. El Sol, los árboles con sus hojas agitadas por el viento, aire limpio. Respiro hondo sintiéndome fresca unos largos segundos y dirijo mi mirada a mi izquierda. Ajá. Ese va a ser mi pequeño hogar este fin de semana.

Me acerco y bajo la larga cremallera permitiendo a mis ojos ver todo su interior. ¿Voy a estar sola? ¿No tengo una compañera? ¿Por qué siempre tengo que ser la apartada? ¿Por qué no me pueden tratar como a una más? Todos somos personas, todos respiramos, tenemos dos ojos, una nariz, una boca, dos orejas, sentidos y un corazón que late. ¿Por qué discriminar? ¿Por no ser tan fácil como las demás? ¿Por no vestir como ellas? ¿Por no provocar a cada chico que se acerca a mí? Entonces estoy orgullosa de ser la rara. Y siempre me he sentido así.

Dejo todos mis trastos a un lado y coloco el saco de dormir en tierra por segunda vez en menos de 10 minutos. Estúpida directora. No me gusta esa mujer. Parece que yo no le caiga muy bien.

Me agacho buscando un poco de perfume en mi mochila para sentirme más en casa y dejar un aroma como el de mi habitación. Entonces escucho unos pasos detrás de mí.

-Hola.

Su voz. Su maldita voz ronca que me vuelve loca. Mi cuerpo ya se altera. _____, mantén la calma.

-Hola. –digo elevando mi mirada para ver la sonrisa de Justin en acción.
-Primero te cuelas en mi habitación, ahora en mi tienda de campaña… Ay bicho, ¿no te estarás enamorando de mí?
-¿Perdona? Es mi –enfatizo. –tienda de campaña.
-¿Quién ha dicho eso? –ríe.
-La directora me mandó aquí. –me pongo en pie.
-¿Estás bromeando? –pasa su mano por su pelo dejándolo más revuelto.
-No. –niego con mi cabeza. -¿Por qué iba a hacerlo? Yo iba a instalarme con Vanessa y ya teníamos todo preparado cuando entonces entró ella diciendo que yo me tenía que marchar.
-¿Y que te instalaras aquí? –eleva una ceja.
-Sí.
-Vaya… Ahora me pone las cosas más fáciles.
-¿No me digas que tú también vas a dormir aquí? –mi corazón da un vuelco.
-Voy a dormir aquí, bicho.

Me siento un puto poste eléctrico. Miles de escalofríos recorren mi médula espinal.

-¿Te has quedado muda?
-No. Estaba pensando.
-Sé que te encanta saber que estos días vas a dormir aquí, conmigo.
-No voy a dormir contigo, estúpido. Así que ves relajando tu miembro.
-Bicho, no pretendas hacerte la dura.
-No me hago la dura, es lo que hay.
-Y me gustas así. -se acerca a mí. -¿Sabías eso, verdad?
-Mmm... -muerdo mi labio inferior. -Puede.
-Ahora puedo besarte sin que nos vea nadie. -murmura atrayéndome a él por la cintura.
-¿Tantas ganas tienes de besarme?
-Sí.
-Pues hazlo.

El resto es historia. 

-------------------------------------------------------
Bueno este capítulo ha sido cortito pero prefiero escribir capítulos más cortos pero subir antes, ¿no? 
Espero sorprenderos más con el siguiente, este ha sido algo sosillo, lo siento. 
De nuevo gracias por vuestros comentarios. 
Os leo en #ImprobableDirección, ya sabéis.
Gracias por leerme.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


No hay comentarios:

Publicar un comentario