Tu rastro.

lunes, 19 de agosto de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 22.



Vanessa y Sarah se disponen a mantener una buena relación de compañeras, aunque aún no saben ni ellas cómo han llegado a ponerse de acuerdo.

-¿Demasiado informal? –pregunta Sarah girando sobre sí misma mostrando su modelito a Vanessa.
-¿A eso lo llamas informal? –Vanessa abre los ojos como platos.
-Bueno, sí… -la rubia se muerde el labio.

Lleva unos pantalones ajustados color fucsia con unas botas marrones por encima a juego de su chaleco. Bajo de él lleva una blusa color beige.

-Entonces tienes un problema. –carcajea ahora la morena.
-Oye, ¿qué hay de eso de llevarnos bien? –Sarah frunce su ceño.
-Sigue en pie, pero eso no significa que no vaya a ser sincera contigo.
-De acuerdo compañera, si al final acabaremos siendo amigas ya lo verás. 
-No creo. -ríe Vanessa rodeando sus ojos.

El silbato suena y da aviso de que todos tienen que reunirse fuera. Es hora de la comida, aunque se ha hecho un poco tarde debido a los retrasos en la carretera del autobús. Los niños salen de sus pequeños refugios ilusionados con sonrisas dibujadas en sus caras, no importa que a más de uno le falten algunos dientes que pusieron bajo la almohada al ratoncito Pérez.
Todos se disponen a formar un círculo perfecto.

|Narra Justin|

-Qué pesados. –murmuro entre dientes con rabia.
-Tenemos que salir fuera. –dice _____ espolsando sus pantalones.
-¿Y hace falta armar ese jaleo?
-Claro que sí, Justin. Si no lo hicieran no nos enteraríamos.
-Nena, ¿por qué nunca te quejas de nada? –la atrapo con mis manos y las envuelvo en su cintura. –Explícamelo.
-No sé. –se encoge de hombros mientras me mira hacia arriba para dar con mis ojos. –No hay necesidad de hacerlo.
-Tengo que aprender muchas cosas de ti. –acaricio sus suaves mejillas.
-No tengo tantas cosas buenas como crees.
-Eso es porque no quieres creerlo tú.
-Bueno dejando a un lado que no soy una creída tampoco tengo nada que creerme.
-¿Lo dices enserio?
-Sí. Quizás tú me ves con otros ojos. –sonríe haciendo que mi estómago se revuelva.
-Todos los ojos de este mundo verían lo mismo que yo, nena.
-¿Por qué estás tan seguro?
-Porque eres tan dulce… Simplemente se te ve a primera vista. –beso su frente y me aparto lo más mínimo continuando con nuestro contacto visual.
-En realidad apenas me conoces.
-¿Eso crees, bicho? –elevo una ceja confuso.
-Sí. –ríe. –No conoces mi carácter, ni cuando me enfado… -la corto.
-¿Perdona? ¿Te recuerdo la marca que dejaste en mi mejilla a los pocos días de conocernos?
-Ups… Se me olvidaba. –muerde su labio inferior tirando de él delicadamente. –En realidad fue al día siguiente de verte por primera vez. Me ponías de los nervios, y aún hay veces que lo sigues haciendo.
-¿Alguna faceta que no conozca de ti? –la atraigo más hacia mí.
-Mmm… -vuelve a morderse el labio. –Ya lo descubrirás.
-Oye nena, eso suena tentador. Muy tentador.
-Tienes que limpiar tu mente, está muy sucia. –ríe.
-¿De verdad? –sacudo mi cabeza de lado a lado. –No lo sabía. –me hago el sorprendido.

Ella simplemente ríe y me quedo completamente enganchado a su sonrisa. Creo que es de las más bonitas que he visto. Me llena. Me gusta verla sonreír. Y si digo que me gusta quiero decir que pasaría horas mirándola y no me cansaría.

-Oye bicho.
-Dime.
-No me habías contado que tus labios escondían esa sonrisa.

Se ruboriza ante mis ojos que queman en los suyos como fuego. No sé por qué, pero es muy… muy… tierna. Justin, aterriza, tú nunca dices cosas así. Suena muy cursi.

-Y tú no me habías contado que tenías una parte tan dulce. –me apunta con su dedo índice en mi pecho a la vez que me mira traviesa.
-Verás… eso es algo que solo conoces tú. 

Y tengo razón, porque ella ha sido la única que ha despertado esa parte en mí.

-Vaya… ¿Entonces es un secreto?
-Algo así, bicho.
-Lo guardaré en silencio chico piedra.
-¿Chico piedra?
-Sí, nunca expresas lo que sientes. Salvo ahora.
-Nunca me habían dicho algo así. –carcajeo.
-Vine yo para arruinar eso. –hace una mueca con sus labios. –Salgamos fuera o nos castigarán por…
-¿Tercera vez?
-Ajá.
-Las señoritas primero.
-Idiota. No te pega nada ese tipo de cosas.
-¿Entonces qué quieres chico duro o chico dulce?
-Quiero a Justin. –agarra mi barbilla y se eleva para plantarme un firme beso en los labios. –Me conformo con eso.

Apoya su peso de nuevo en sus zapatos y se separa lo más mínimo de mí cuando engancho mis brazos a su cintura. Muerdo mi labio inferior y me acerco a su entrecortada respiración.

-Espera, nena.

No quiero separarme de sus labios. Me aproximo más a ellos y rápido enrosco mi lengua con la suya. Ellas bailan solas. Y cada nuevo baile es mejor que el anterior. La beso de nuevo y ella acepta. Es tímida y reservada pero sigue mi juego. Un beso más. El último beso. Nuestros labios se despegan poco a poco. Abro los ojos detenidamente y siento como mi cuerpo se retuerce ante su dulce sonrisa.

-Vamos.

Doy un toque en su cadera y salimos de inmediato.

{30 minutos más tarde}

-Ponme agua, Vanessa. Por favor y gracias. –ordena cariñosamente _____.
-De acuerdo señorita. –bromea Vanessa.
-Oye, está rica la comida. –digo yo intentando sacar tema de conversación.

Me encuentro incómodo rodeado de tres chicas. La situación en sí es incómoda. No son unas chicas cualquieras. Está la rubia obsesionada conmigo, la morena con la que decidí zanjar nuestras aventuras por la otra chica que ahora mismo está bebiendo de su vaso de agua y me vuelve completamente loco. Además, con las tres he tenido algo. Llamemos X a lo que tuve con Sarah. Llamemos Y a lo que tuve con Vanessa. Pero luego está _____, que no le puedo poner nombre porque es completamente diferente a lo que estoy acostumbrado. Es como salir de la rutina. Nuevas sensaciones. Libertad. Seguridad. Un trato distinto.

-Pues a mí no me gusta. –escupe Sarah con cara de asco. –Ni la comida ni el lugar ni el uniforme que tenemos que llevar.
-¿Siempre te tienes que quejar de todo? –pregunta sarcásticamente _____.
-Es que una chica como yo no está acostumbrada a la ordinariez. –vuelve a poner esa cara.
-A mí el uniforme sí que me gusta. Resaltará mis curvas. –añade Vanessa.
-A mí todo me sienta bien. –aclara Sarah. –Así que no me preocupo.
-Yo me conformo con lo que sea. Estamos castigados y nos tenemos que adaptar a lo que haya, no se tienen que adaptar ellos a nosotros. –interviene de nuevo _____.
-Chicas, no os preocupéis por el maldito uniforme. A todas os quedará bien. –digo yo harto de escuchar todo el rato lo mismo.
-Gracias por la aclaración, nene. –me guiña un ojo Sarah.
-Llámame Justin.

A _____ se le escapa una risa traviesa.

-De acuerdo, Justin. –enfatiza y después lanza un largo suspiro.
-Oye, ¿estáis preparados para tratar con niños mocosos? Porque yo no. –intenta cambiar de tema Vanessa.
-Claro que sí. Bah, no son niños mocosos, a mí me encantan. Son adorables.
-Si te escupen o te intentan lanzar por un precipicio no te parecerán tan adorables. –dice la rubia con maldad.
-A lo mejor es a ti a la que le gustaría hacer eso. -dice _____.
-No te pases, bicho raro. -se defiende Sarah.

El tema de conversación se alarga y mientras realizan sus pequeñas disputas yo juego con mi tenedor a dar golpes en el plato. Empiezo a marcar ritmos a pequeñas escalas y cuando me doy cuenta he empezado a componer una canción en mi cabeza. Vuelvo a lo de antes y comienzo a marcar el mismo ritmo. Suena bien. Las chicas siguen discutiendo, o hablando, o a saber. Ahora mi pie derecho se mueve solo acompañando al sonido que yo mismo estoy produciendo. Tic. Tic. Tic. Suena bien y soy el único que se percata. Entonces empiezo a recordar. Esto me ha salido de manera involuntaria, yo no quería. De pequeño sí lo hacía... Y paro. Intento escapar de nuevo. Esto me recuerda tanto a él. La misma mierda de siempre me consume por dentro y empiezo a vivir momentos pasados en mi cabeza.

-Voy a salir fuera un momento.

Me levanto de la silla e intento sonar lo menos brusco posible.

-Te acompaño.
-No, _____.

Ella se queda extrañada y me mira triste. Seguro que nota que me pasa algo. Agacha su cabeza y mira al suelo encogiéndose de hombros.

-Necesito estar solo un momento.

|Narra _____|

¿Pero quién se cree que es para hablarme de esa manera? Estúpido. Si dijera que no me ha sentado mal mentiría. Odio que me hablen con desprecio. Y más él.

Noto como la mirada de Vanessa quema en mis mejillas. Se ha hecho el silencio y lo odio. ¡Qué habléis! Estos momentos incómodos son lo peor. Respiro hondo y cojo aire intentando… ¿Intentando qué? No lo sé ni yo.

-¿Te pasa algo bicho raro?

La que faltaba. Sarah siempre metiéndose donde no la llaman.

-¿Te importa si me pasa algo? –digo brusca.
-¿Quién es la que busca jaleo ahora? –dice ahora ella tirándome en cara.
-No busco nada, y menos contigo. Déjame en paz. –contesto sacando el móvil de mi bolsillo.
-Está bien, mientras no te acerques a Justin…
-Soy un bicho raro, tranquila, no tienes de qué preocuparte. –digo convencida. Aunque si ella supiera…
-Pero me das mala espina. Últimamente pasáis mucho tiempo juntos y eso no me gusta nada. –cruza los brazos bajo su pecho.
-Vivimos en la misma casa, compartimos castigos, vamos a la misma clase… ¿qué quieres? –digo agitando mis manos en alto.
-Relax chicas, por favor. –interviene Vanessa.
-Se pone histérica, déjala. –Sarah da un toquecito al hombro de mi amiga.
-Os estaba hablando a las dos. –dice ella.
-Oh, de acuerdo. Sólo iba a decirle a _____ que…

El silbato interrumpe a Sarah. Me levanto apresuradamente sin darle importancia a lo que me iba a decir la estúpida rubia. Cojo mi bandeja con los respectivos cubiertos y algún que otro rastro de comida y vacío lo que corresponde a la basura. Apilo mi plato y mis cubiertos junto con los de los demás y observo cómo los niños comienzan a hacer una fila de dos en dos.

El comedor es lo suficientemente grande para que quepamos todos. Además, la madera le da un aire muy rústico que me encanta. También hay muchas ventanas que permiten la entrada de la luz del exterior, haciendo el lugar más entrañable.

Salgo de ahí buscando el perfecto lugar fuera para ponerme a pensar. Siempre necesito unos minutos alejada de la gente, del mundo, de todo el alboroto. Aunque no sé si está peor el mundo exterior o mi propia mente. Necesito ordenar mis propios pensamientos.

Localizo un árbol de un tamaño soprendentemente grande que hace una sombra estupenda. Ese va a ser mi espacio ahora. Corre una ligera brisa de aire. Me siento en un pequeño tronco que sobresale de sus enormes raíces y saco mi diario de la bandolera. Me gusta llevarlo conmigo. Sobretodo cuando no lo puedo esconder por casa. Este es un lugar completamente desconocido para nosotros y no me fío de dejarlo en cualquier esquina.

Coloco alrededor de mi cuello el pañuelo que me regaló mamá. Qué bonito es. Me encanta llevarlo. Y ella siempre me decía que resaltaba el color de mis ojos. Desenrollo los auriculares y los conecto a mi iPod. La música comienza a inundar mis oídos. Me gusta. Así sí. Tranquilidad. Mi mundo. Mi burbuja. Y empiezo a escribir. Escribo mi día de hoy, confuso y extraño. Me inspiro. Pasan los minutos y mi cabeza da para más. Me he imaginado una pequeña historia. Entonces la plasmo en mi diario. La escribo en las páginas del final. No sé porqué, pero lo hago. Me sumerjo en mi propia historia. 

Es de noche, las estrellas brillan en el negro cielo haciéndose notar con valentía. Una me llama la atención y sé que es mamá. Siempre está presente. Estoy tumbada en tierra, en un lugar que no conozco muy bien. El aire da de lleno en mis mejillas y mueve las hojas de los árboles creando un ambiente tranquilizador. Pero no estoy sola. Alguien me acompaña. Alguien que hace que todo mi cuerpo se revolucione en menos de un segundo. Mi cabeza está apoyada sobre su pecho. Puedo escuchar los latidos de su corazón. No dejan de ir a velocidades de infarto y me pregunto a qué se deberá. Alzo mi barbilla y mi mirada para contemplar su rostro. Y ahí lo veo. Con sus brazos echados hacia atrás y sus ojos brillando más de lo normal por el efecto de la noche.

-¿Dónde has comprado ese pañuelo?

Una voz me sorprende. Cierro rápido mi diario y lo guardo lo más rápido que puedo. Me giro y me encuentro a Sarah detrás de mí.

-¿Qué quieres?
-Te he preguntado que dónde has comprado ese pañuelo.
-Donde no te interesa. –contesto seca poniéndome en pie. Enseguida noto sus uñas clavar en mi cuello y me retuerzo del dolor. Maldita sea. -¿Qué haces? –me siento, justo como ella quería.
-Esta conversación no ha acabado. No te muevas del sitio, bicho raro. –dice con rabia. –Ahora dime dónde te has comprado el maldito pañuelo.
-Yo no me lo compré. –escupo.
-Ah, ¿no? ¿Entonces quién lo hizo? ¿El hada madrina? –carcajea plantándome cara.
-No. Mi madre. –digo mordiendo el interior de mi mejilla y conteniendo mis ganas de darle una bofetada en toda la cara.
-Oh, tu madre…
-Sí.
-Tenía un buen gusto por lo visto, qué pena que no viva…
-¿Qué sabes tú de ella? –me pongo en pie desesperada. Comienzo a alterarme.
-Sé más de tu vida de lo que crees.
-No me das miedo, Sarah. He conocido a mucha gente como tú, por desgracia, y te aseguro que no te tengo miedo.
-Oh, qué pena… -susurra con malicia.
-¿Qué quieres de mí ahora?
–Solo he venido a advertirte algo, bicho raro. Ni se te ocurra dormir hoy con Justin.
-Comparto tienda de campaña con él. ¿Dónde quieres que duerma?
-Fuera, donde sea. Pero ahí no.
-Eres una p*** celosa.
-_____, no soy tonta. –dice y me contengo la risa. ¡Que no es tonta! Es lo siguiente. –He visto la forma en la que te mira.
-¿Y qué ha deducido tu impecable inteligencia? -digo burlona. 
-Que hay algo entre vosotros.
-Justin y yo no tenemos nada, no sé qué hacemos hablando de esta tontería.
-Dejó lo nuestro por alguien y sé que ese alguien eres tú.
-Yo no tengo la culp… -me corta.
-No eres tan inocente como todo el mundo cree. Me has robado a mi chico.
-Yo no he hecho nada y si me permites ahora mismo me voy. –me giro pero inmediatamente estira de mi brazo.
-No, tú aún no te vas. -dice ahora apretando en mi muñeca.
-Más te vale soltarme.

Enseguida me suelta y visualizo todo el mal que hay en su mirada.

-Bicho raro, vas a tener que elegir entre ese bonito pañuelo o Justin… -ríe produciendo escalofríos en todo mi cuerpo. Escalofríos con malas sensaciones.
-¿Qué?
-Si esta noche compartes tienda de campaña con Justin olvídate de tu querido pañuelo.
-Ni se te ocurra.
-Ah, y otra cosa. A partir de hoy vas a fingir que nos llevamos bien.
-¿Qué dices? ¿Estás loca?
-Haz lo que te digo o tus acciones tendrán sus consecuencias.

-----------------------------------
Os dejo con la intriga
¡De nuevo gracias por leerme!

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


2 comentarios: