Vanessa y Sarah se disponen a mantener una buena relación de
compañeras, aunque aún no saben ni ellas cómo han llegado a ponerse de acuerdo.
-¿Demasiado informal? –pregunta Sarah girando sobre sí misma
mostrando su modelito a Vanessa.
-¿A eso lo llamas informal? –Vanessa abre los ojos como
platos.
-Bueno, sí… -la rubia se muerde el labio.
Lleva unos pantalones ajustados color fucsia con unas botas
marrones por encima a juego de su chaleco. Bajo de él lleva una blusa color
beige.
-Entonces tienes un problema. –carcajea ahora la morena.
-Oye, ¿qué hay de eso de llevarnos bien? –Sarah frunce su
ceño.
-Sigue en pie, pero eso no significa que no vaya a ser
sincera contigo.
-De acuerdo compañera, si al final acabaremos siendo amigas ya lo verás.
-No creo. -ríe Vanessa rodeando sus ojos.
El silbato suena y da aviso de que todos tienen que reunirse
fuera. Es hora de la comida, aunque se ha hecho un poco tarde debido a los
retrasos en la carretera del autobús. Los niños salen de sus pequeños refugios
ilusionados con sonrisas dibujadas en sus caras, no importa que a más de uno le
falten algunos dientes que pusieron bajo la almohada al ratoncito Pérez.
Todos se disponen a formar un círculo perfecto.
|Narra Justin|
-Qué pesados. –murmuro entre dientes con rabia.
-Tenemos que salir fuera. –dice _____ espolsando sus
pantalones.
-¿Y hace falta armar ese jaleo?
-Claro que sí, Justin. Si no lo hicieran no nos
enteraríamos.
-Nena, ¿por qué nunca te quejas de nada? –la atrapo con mis
manos y las envuelvo en su cintura. –Explícamelo.
-No sé. –se encoge de hombros mientras me mira hacia arriba
para dar con mis ojos. –No hay necesidad de hacerlo.
-Tengo que aprender muchas cosas de ti. –acaricio sus suaves
mejillas.
-No tengo tantas cosas buenas como crees.
-Eso es porque no quieres creerlo tú.
-Bueno dejando a un lado que no soy una creída tampoco tengo
nada que creerme.
-¿Lo dices enserio?
-Sí. Quizás tú me ves con otros ojos. –sonríe haciendo que
mi estómago se revuelva.
-Todos los ojos de este mundo verían lo mismo que yo, nena.
-¿Por qué estás tan seguro?
-Porque eres tan dulce… Simplemente se te ve a primera
vista. –beso su frente y me aparto lo más mínimo continuando con nuestro
contacto visual.
-En realidad apenas me conoces.
-¿Eso crees, bicho? –elevo una ceja confuso.
-Sí. –ríe. –No conoces mi carácter, ni cuando me enfado… -la
corto.
-¿Perdona? ¿Te recuerdo la marca que dejaste en mi mejilla a
los pocos días de conocernos?
-Ups… Se me olvidaba. –muerde su labio inferior tirando de
él delicadamente. –En realidad fue al día siguiente de verte por primera vez.
Me ponías de los nervios, y aún hay veces que lo sigues haciendo.
-¿Alguna faceta que no conozca de ti? –la atraigo más hacia
mí.
-Mmm… -vuelve a morderse el labio. –Ya lo descubrirás.
-Oye nena, eso suena tentador. Muy tentador.
-Tienes que limpiar tu mente, está muy sucia. –ríe.
-¿De verdad? –sacudo mi cabeza de lado a lado. –No lo
sabía. –me hago el sorprendido.
Ella simplemente ríe y me quedo completamente enganchado a
su sonrisa. Creo que es de las más bonitas que he visto. Me llena. Me gusta
verla sonreír. Y si digo que me gusta quiero decir que pasaría horas mirándola
y no me cansaría.
-Oye bicho.
-Dime.
-No me habías contado que tus labios escondían esa sonrisa.
Se ruboriza ante mis ojos que queman en los suyos como
fuego. No sé por qué, pero es muy… muy… tierna. Justin, aterriza, tú nunca
dices cosas así. Suena muy cursi.
-Y tú no me habías contado que tenías una parte tan dulce.
–me apunta con su dedo índice en mi pecho a la vez que me mira traviesa.
-Verás… eso es algo que solo conoces tú.
Y tengo razón, porque ella ha sido
la única que ha despertado esa parte en mí.
-Vaya… ¿Entonces es un secreto?
-Algo así, bicho.
-Lo guardaré en silencio chico piedra.
-¿Chico piedra?
-Sí, nunca expresas lo que sientes. Salvo ahora.
-Nunca me habían dicho algo así. –carcajeo.
-Vine yo para arruinar eso. –hace una mueca con sus labios.
–Salgamos fuera o nos castigarán por…
-¿Tercera vez?
-Ajá.
-Las señoritas primero.
-Idiota. No te pega nada ese tipo de cosas.
-¿Entonces qué quieres chico duro o chico dulce?
-Quiero a Justin. –agarra mi barbilla y se eleva para plantarme
un firme beso en los labios. –Me conformo con eso.
Apoya su peso de nuevo en sus zapatos y se separa lo más
mínimo de mí cuando engancho mis brazos a su cintura. Muerdo mi labio inferior
y me acerco a su entrecortada respiración.
-Espera, nena.
No quiero separarme de sus labios. Me aproximo más a ellos y
rápido enrosco mi lengua con la suya. Ellas bailan solas. Y cada nuevo baile es
mejor que el anterior. La beso de nuevo y ella acepta. Es tímida y reservada
pero sigue mi juego. Un beso más. El último beso. Nuestros labios se despegan
poco a poco. Abro los ojos detenidamente y siento como mi cuerpo se retuerce
ante su dulce sonrisa.
-Vamos.
Doy un toque en su cadera y salimos de inmediato.
{30 minutos más tarde}
-Ponme agua, Vanessa. Por favor y gracias. –ordena
cariñosamente _____.
-De acuerdo señorita. –bromea Vanessa.
-Oye, está rica la comida. –digo yo intentando sacar tema de
conversación.
Me encuentro incómodo rodeado de tres chicas. La situación
en sí es incómoda. No son unas chicas cualquieras. Está la rubia obsesionada
conmigo, la morena con la que decidí zanjar nuestras aventuras por la otra
chica que ahora mismo está bebiendo de su vaso de agua y me vuelve
completamente loco. Además, con las tres he tenido algo. Llamemos X a lo que
tuve con Sarah. Llamemos Y a lo que tuve con Vanessa. Pero luego está _____,
que no le puedo poner nombre porque es completamente diferente a lo que estoy
acostumbrado. Es como salir de la rutina. Nuevas sensaciones. Libertad.
Seguridad. Un trato distinto.
-Pues a mí no me gusta. –escupe Sarah con cara de asco. –Ni
la comida ni el lugar ni el uniforme que tenemos que llevar.
-¿Siempre te tienes que quejar de todo? –pregunta
sarcásticamente _____.
-Es que una chica como yo no está acostumbrada a la
ordinariez. –vuelve a poner esa cara.
-A mí el uniforme sí que me gusta. Resaltará mis curvas.
–añade Vanessa.
-A mí todo me sienta bien. –aclara Sarah. –Así que no me
preocupo.
-Yo me conformo con lo que sea. Estamos castigados y nos
tenemos que adaptar a lo que haya, no se tienen que adaptar ellos a nosotros.
–interviene de nuevo _____.
-Chicas, no os preocupéis por el maldito uniforme. A todas
os quedará bien. –digo yo harto de escuchar todo el rato lo mismo.
-Gracias por la aclaración, nene. –me guiña un ojo Sarah.
-Llámame Justin.
A _____ se le escapa una risa traviesa.
-De acuerdo, Justin. –enfatiza y después lanza un largo
suspiro.
-Oye, ¿estáis preparados para tratar con niños mocosos?
Porque yo no. –intenta cambiar de tema Vanessa.
-Claro que sí. Bah, no son niños mocosos, a mí me encantan.
Son adorables.
-Si te escupen o te intentan lanzar por un precipicio no te
parecerán tan adorables. –dice la rubia con maldad.
-A lo mejor es a ti a la que le gustaría hacer eso. -dice _____.
-No te pases, bicho raro. -se defiende Sarah.
El tema de conversación se alarga y mientras realizan sus
pequeñas disputas yo juego con mi tenedor a dar golpes en el plato. Empiezo a
marcar ritmos a pequeñas escalas y cuando me doy cuenta he empezado a componer
una canción en mi cabeza. Vuelvo a lo de antes y comienzo a marcar el mismo
ritmo. Suena bien. Las chicas siguen discutiendo, o hablando, o a saber. Ahora
mi pie derecho se mueve solo acompañando al sonido que yo mismo estoy
produciendo. Tic. Tic. Tic. Suena bien y soy el único que se percata. Entonces empiezo a recordar. Esto me ha salido de manera involuntaria, yo no quería. De pequeño sí lo hacía... Y paro. Intento escapar de nuevo. Esto me recuerda tanto a él.
La misma mierda de siempre me consume por dentro y empiezo a vivir momentos pasados en mi cabeza.
-Voy a salir fuera un momento.
Me levanto de la silla e intento sonar lo menos brusco
posible.
-Te acompaño.
-No, _____.
Ella se queda extrañada y me mira triste. Seguro que nota
que me pasa algo. Agacha su cabeza y mira al suelo encogiéndose de hombros.
-Necesito estar solo un momento.
|Narra _____|
¿Pero quién se cree que es para hablarme de esa manera?
Estúpido. Si dijera que no me ha sentado mal mentiría. Odio que me hablen con
desprecio. Y más él.
Noto como la mirada de Vanessa quema en mis mejillas. Se ha
hecho el silencio y lo odio. ¡Qué habléis! Estos momentos incómodos son lo
peor. Respiro hondo y cojo aire intentando… ¿Intentando qué? No lo sé ni yo.
-¿Te pasa algo bicho raro?
La que faltaba. Sarah siempre metiéndose donde no la llaman.
-¿Te importa si me pasa algo? –digo brusca.
-¿Quién es la que busca jaleo ahora? –dice ahora ella
tirándome en cara.
-No busco nada, y menos contigo. Déjame en paz. –contesto
sacando el móvil de mi bolsillo.
-Está bien, mientras no te acerques a Justin…
-Soy un bicho raro, tranquila, no tienes de qué preocuparte.
–digo convencida. Aunque si ella supiera…
-Pero me das mala espina. Últimamente pasáis mucho tiempo
juntos y eso no me gusta nada. –cruza los brazos bajo su pecho.
-Vivimos en la misma casa, compartimos castigos, vamos a la
misma clase… ¿qué quieres? –digo agitando mis manos en alto.
-Relax chicas, por favor. –interviene Vanessa.
-Se pone histérica, déjala. –Sarah da un toquecito al hombro
de mi amiga.
-Os estaba hablando a las dos. –dice ella.
-Oh, de acuerdo. Sólo iba a decirle a _____ que…
El silbato interrumpe a Sarah. Me levanto apresuradamente sin
darle importancia a lo que me iba a decir la estúpida rubia. Cojo mi bandeja
con los respectivos cubiertos y algún que otro rastro de comida y vacío lo que
corresponde a la basura. Apilo mi plato y mis cubiertos junto con los de los
demás y observo cómo los niños comienzan a hacer una fila de dos en dos.
El comedor es lo suficientemente grande para que quepamos
todos. Además, la madera le da un aire muy rústico que me encanta. También hay
muchas ventanas que permiten la entrada de la luz del exterior, haciendo el lugar
más entrañable.
Salgo de ahí buscando el perfecto lugar fuera para ponerme a
pensar. Siempre necesito unos minutos alejada de la gente, del mundo, de todo
el alboroto. Aunque no sé si está peor el mundo exterior o mi propia mente. Necesito
ordenar mis propios pensamientos.
Localizo un árbol de un tamaño soprendentemente grande que
hace una sombra estupenda. Ese va a ser mi espacio ahora. Corre una ligera
brisa de aire. Me siento en un pequeño tronco que sobresale de sus enormes
raíces y saco mi diario de la bandolera. Me gusta llevarlo conmigo. Sobretodo
cuando no lo puedo esconder por casa. Este es un lugar completamente
desconocido para nosotros y no me fío de dejarlo en cualquier esquina.
Coloco alrededor de mi cuello el pañuelo que me regaló mamá. Qué bonito es. Me encanta llevarlo. Y ella siempre me decía que resaltaba el color de mis ojos. Desenrollo los auriculares y los conecto a mi iPod. La
música comienza a inundar mis oídos. Me gusta. Así sí. Tranquilidad. Mi mundo.
Mi burbuja. Y empiezo a escribir. Escribo mi día de hoy, confuso y extraño. Me inspiro. Pasan los minutos y mi cabeza da
para más. Me he imaginado una pequeña historia. Entonces la plasmo en mi
diario. La escribo en las páginas del final. No sé porqué, pero lo hago. Me
sumerjo en mi propia historia.
Es de noche, las estrellas brillan en el negro
cielo haciéndose notar con valentía. Una me llama la atención y sé que es mamá.
Siempre está presente. Estoy tumbada en tierra, en un lugar que no conozco muy
bien. El aire da de lleno en mis mejillas y mueve las hojas de los árboles
creando un ambiente tranquilizador. Pero no estoy sola. Alguien me acompaña.
Alguien que hace que todo mi cuerpo se revolucione en menos de un segundo. Mi
cabeza está apoyada sobre su pecho. Puedo escuchar los latidos de su corazón.
No dejan de ir a velocidades de infarto y me pregunto a qué se deberá. Alzo mi
barbilla y mi mirada para contemplar su rostro. Y ahí lo veo. Con sus brazos
echados hacia atrás y sus ojos brillando más de lo normal por el efecto de la
noche.
-¿Dónde has comprado ese pañuelo?
Una voz me sorprende. Cierro rápido mi diario y lo guardo lo
más rápido que puedo. Me giro y me encuentro a Sarah detrás de mí.
-¿Qué quieres?
-Te he preguntado que dónde has comprado ese pañuelo.
-Donde no te interesa. –contesto seca poniéndome en pie.
Enseguida noto sus uñas clavar en mi cuello y me retuerzo del dolor. Maldita
sea. -¿Qué haces? –me siento, justo como ella quería.
-Esta conversación no ha acabado. No te muevas del sitio,
bicho raro. –dice con rabia. –Ahora dime dónde te has comprado el maldito
pañuelo.
-Yo no me lo compré. –escupo.
-Ah, ¿no? ¿Entonces quién lo hizo? ¿El hada madrina?
–carcajea plantándome cara.
-No. Mi madre. –digo mordiendo el interior de mi mejilla y
conteniendo mis ganas de darle una bofetada en toda la cara.
-Oh, tu madre…
-Sí.
-Tenía un buen gusto por lo visto, qué pena que no viva…
-¿Qué sabes tú de ella? –me pongo en pie desesperada.
Comienzo a alterarme.
-Sé más de tu vida de lo que crees.
-No me das miedo, Sarah. He conocido a mucha gente como tú,
por desgracia, y te aseguro que no te tengo miedo.
-Oh, qué pena… -susurra con malicia.
-¿Qué quieres de mí ahora?
–Solo he venido a advertirte algo, bicho raro. Ni se te
ocurra dormir hoy con Justin.
-Comparto tienda de campaña con él. ¿Dónde quieres que
duerma?
-Fuera, donde sea. Pero ahí no.
-Eres una p*** celosa.
-_____, no soy tonta. –dice y me contengo la risa. ¡Que no
es tonta! Es lo siguiente. –He visto la forma en la que te mira.
-¿Y qué ha deducido tu impecable inteligencia? -digo burlona.
-Que hay algo entre vosotros.
-Justin y yo no tenemos nada, no sé qué hacemos hablando de
esta tontería.
-Dejó lo nuestro por alguien y sé que ese alguien eres tú.
-Yo no tengo la culp… -me corta.
-No eres tan inocente como todo el mundo cree. Me has robado
a mi chico.
-Yo no he hecho nada y si me permites ahora mismo me voy.
–me giro pero inmediatamente estira de mi brazo.
-No, tú aún no te vas. -dice ahora apretando en mi muñeca.
-Más te vale soltarme.
Enseguida me suelta y visualizo todo el mal que hay en su mirada.
-Bicho raro, vas a tener que elegir entre ese bonito pañuelo
o Justin… -ríe produciendo escalofríos en todo mi cuerpo. Escalofríos con malas
sensaciones.
-¿Qué?
-Si esta noche compartes tienda de campaña con Justin
olvídate de tu querido pañuelo.
-Ni se te ocurra.
-Ah, y otra cosa. A partir de hoy vas a fingir que nos
llevamos bien.
-¿Qué dices? ¿Estás loca?
-Haz lo que te digo o tus acciones tendrán sus
consecuencias.
-----------------------------------
Os dejo con la intriga
¡De nuevo gracias por leerme!
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

SIGUUEE ESTA GENIAL
ResponderEliminarCoño, es tan asdfghjklñ. SIGUELA.
ResponderEliminar