Tu rastro.

jueves, 29 de agosto de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 24.


|Narra _____ |

Abro los ojos y me estiro con detenimiento contemplando la parte superior de la tienda de campaña. Espera. ¿Qué hago aquí? No, no debería de estar ahora mismo aquí. Estoy metida en mi saco de dormir y tapada hasta el cuello. Aún así sigue haciendo frío, aunque eso no importa ahora. Doy una vuelta como puedo para girarme y no está Justin. Tan solo está su saco de dormir, una manta y una camiseta suya ancha tirada por encima. No entiendo nada. ¿Por qué he dormido aquí? Sarah me va a matar. Tenía tanto sueño anoche que ni me acuerdo cómo he llegado hasta aquí. ¿Me habrá traído él? Un pinchazo en mi interior. Joder.

Me pongo en pie y sitúo ambas manos a cada lado de mi cintura. No se escucha a nadie y ni siquiera sé qué hora es. Doy golpes con mis talones nerviosa contra el suelo. Me muevo. No me muevo. Mi cabeza en pleno debate. Mis pensamientos se colapsan y me pongo nerviosa. Nerviosa porque tendría que haber dormido fuera. Lo tenía todo planeado y... Ug. Suelto un quejido en voz alta. Es mejor vivir improvisando, los planes nunca salen como deseas.

Aprovecho para cambiarme y ponerme el uniforme correspondiente. Ese que 'resaltará las curvas de Vanessa' y 'le quedará bien como todo a Sarah'. Si leyerais mi mente lo leeríais con voz de niña malcriada y caprichosa. Ajá.

Me aseguro de que nadie puede entrar y pillarme desprevenida y comienzo a desnudarme rápido. Y rápido quiere decir a una velocidad con complejo de coche Ferrari porque me congelo. Sigue haciendo frío y esa maldita humedad que te fastidia el pelo. Me pongo ese mono color verde militar. Es tan ajustado que me siento incómoda dentro de él. Me gusta ir ancha, soy feliz con mis camisetas largas y poco apretadas. Por eso, me siento extraña ahora mismo. Este no es mi estilo, pero tampoco me desagrada. Doy un aire un tanto rebelde. Termino colocándome las botas por fuera, ato los largos cordones y lista.

Salgo al exterior y me siento en una película del fin del mundo o algo similar. No hay nadie. Ni niños correteando, ni mochilas, ni botellas de agua llenas hasta reventar. Ni rastro de nadie.

-¡¿HOLA?!

Grito pero no obtengo respuesta. 

Entro a mi pequeño refugio de nuevo. Me tumbo cara arriba en el saco de dormir y saco mi móvil. No hay cobertura. Maldigo interiormente a todo. Necesitaba desconectar un poco más allá de este desierto campamento. Enterarme de cosas que suceden por el mundo o cosas así. Me pongo de mil posturas diferentes intentando coger algo de señal pero nada. De puntillas y con el brazo en alto. Arrodillada. Yo creo que ya he hecho suficiente ejercicio por hoy. De algo habrá servido esto.

De repente la cremallera de la tienda de campaña se desliza hacia abajo y ¡Oh! ¡Por fin! Hay alguien.

-Buenos días señorita. He traído su desayuno.

Tengo delante a un Justin sonriendo de oreja a oreja con una bandeja repleta de comida sujeta en su brazo izquierdo.

-Por fin señales de vida. Pensaba que se había acabado el mundo o algo así. –bromeo poniéndome en pie y plantándome justo enfrente suya.
-Vi que estabas cansada y me inventé la escusa de que te encontrabas mal para no tener que levantarte. –se encoge de hombros. –Ahora si me permites… -me roba un beso en los labios. El primero del día. Qué buena sensación.
-Gracias. –sonrío tímida. –¿Vas a sorprenderme así todos los días? Porque me encanta. –digo besando sus labios de nuevo.
-A mí me encanta verte así, nena. –hace una revisión con su vista por mis piernas y luego sube hacia arriba haciéndome sonrojar. –Te sienta realmente bien el uniforme. –vuelve a inspeccionar mi cuerpo.
-¿Mejor que a las demás? –sonrío pícara.
-¿Lo dudas? –eleva las dos cejas a la vez. 
-Quiero escucharlo de tu boca, Justin. –digo con voz de niña consentida.
-Te sienta muy bien el uniforme, mejor que a las demás. -me mira a los ojos, baja por mis piernas y después de nuevo vuelve a detenerse en mis ojos.
-Oh, gracias.

Sonrío dejando encender mis mejillas una vez más. Es el efecto que Justin produce en ellas. Se deben ir acostumbrando. Doy una vuelta y me siento en el saco de dormir de un salto.

-Tengo hambre. –digo curvando mi espalda y provocando la risa de Justin.

|Narra Justin|

-Te sienta muy bien el uniforme, mejor que a las demás. -digo conteniendo mis ganas de hacerle el amor ahí mismo. Miro a sus ojos, son preciosos. Después bajo hacia sus detalladas piernas y subo volviendo a sus ojos.
-Oh, gracias. –contesta con timidez.

Se gira permitiéndome el lujo de quedarme embobado mirando su trasero. Está realmente buena. Muerdo mi labio inferior. Justin, control. ¿Por qué no me había dicho que tenía ese cuerpo tan bien definido? O peor… ¿Por qué yo no me había dado cuenta antes?

-Tengo hambre.
-Mmm… te he traído todo esto. Espero que te guste.

Coloco la bandeja justo enfrente suya y me siento yo también delante. Coge una galleta de chocolate con delicadeza y rápido se la lleva a la boca. Me quedo observando cómo devora el desayuno. Parecía llevar razón, sí tenía tanta hambre como decía. Suelto una risa.

-¿De qué te ríes? –me mira ahora pegando un trago a la taza llena de leche.
-De la situación. –hago una mueca graciosa.
-Eres raro. –ríe.
-No, la rara eres tú. –digo y después me percato de que no le sienta muy bien mi comentario. –Sin ofender. –termino diciendo intentando suavizar el asunto.
-Ya, claro. –suelta un leve quejido y pasa su lengua por el contorno de sus labios saboreando el rastro que ha dejado la leche. Joder. Me pone malo. En el buen sentido.
-¿Estaba bueno? –pregunto mirando la bandeja casi vacía.
-Sí. Muy bueno. –sonríe inflando sus mejillas. Y me percato de que casi nunca muestra sus dientes.
-Entonces ya estamos listos para la excursión. –digo poniéndome en pie y tendiéndole mi mano para ayudar a que se levante.
-¿Qué excursión?
-Vamos a subir a la montaña más alta de la zona.
-No lo sabía. –toma de mi mano y se levanta.
-Pues ya estás informada.
-¿Cuándo nos vamos? –pregunta confusa pasando los puños de sus manos por los ojos.
-En… -miro mi reloj. –media hora.
-¡¿Media hora?! –pregunta sobresaltada.
-Sí, nena. No te alteres. ¿Pasa algo? –me acerco a ella y coloco un mechón de pelo detrás de su oreja.
-¡Tengo que ducharme! ¡Y despejarme!
-Tienes tiempo de sobra. –elevo una ceja.
-¡Me voy! –planta un beso rápido en mis labios y desaparece como un rayo.

Me quedo como un tonto mirando cómo se va y suelto un largo suspiro. Miro hacia abajo y luego hacia la bandeja con los pocos restos de comida que han sobrado. Cojo ahora yo una galleta y la muerdo saboreandola bien. No es nada comparado con sus besos.

Aprovecho el momento para recoger y dejar despejada la zona.

{Media hora más tarde}

-¿Estáis listos?

Enseguida se escucha un 'Sí' conjunto.

-¡Señorita Braun!
-¿Sí?
-Usted se hará cargo del grupo número 1.
-De acuerdo. –afirma Vanessa con la cabeza.
-Señorita Polimon, usted con el grupo número 2.
-Ajá. –contesta Sarah sin apartar la mirada de sus uñas color rosa.
-¡Blair!
-Dígame. -_____ da un paso hacia adelante. Pestañeo varias veces. Trago saliva. Es inevitable no sentir una sensación extraña en todo mi cuerpo cada vez que la veo.
-Usted se encarga del grupo número 3.
-Vale.
-¡Bieber!
-Así me llaman. –digo acoplando mis manos en los bolsillos del pantalón.
-Déjese de chulerías y vaya con el grupo número 4.

Yo tan solo me dedico a reír y a caminar con mi particular andar hasta el grupo de niños que me ha tocado. Son todo chicos, nada de chicas.

-¿Cómo estáis chicos? –inclino mis rodillas poniéndome a su altura.
-¡Bien! –exclaman todos juntos.
-Muy bien chavales, así me gusta, con fuerzas para sobrevivir a este infierno. –suspiro pesadamente. –Quiero decir, a esta excursión tan… -intento rectificar. Quizás he sido demasiado impulsivo. –maravillosa que han preparado.

Un niño levanta la mano y me llama la atención.

-¿Si? –señalo hacia él.
-¿Cómo te llamas? –pregunta aquel niño con la gorra echada hacia atrás.
-Me llamo Justin, Justin Bieber. Pero podéis llamarme Bieber. –digo rascando mi nuca.
-Me gusta Bieber. –exclama otro niño un poco más alto que el anterior.
-Pues llamarme Bieber. –me encojo de hombros.
-¡Vale! ¿No te gusta el campo, verdad? –pregunta el mismo niño del principio.
-Bueno… no es una de las cosas que más me gusten.
-¿Y qué te gusta? –interviene otro más alto y con el pelo rubio. Si él supiera... El sexo, sobretodo, aunque ahora lo tengo un poco olvidado por culpa de la bicho.
-Me gusta hacer las cosas que hacen los chicos de mi edad. –digo echando la cabeza hacia atrás. Es lo único que se me ocurre.
-¿Y qué hacen los chicos de tu edad? –vuelve a preguntar. Maldito niño. No terminan sus preguntas.
-Muchas cosas. ¿Y los de tu edad? Yo creo que no preguntan tanto, eh. –paso la mano por mi frente.
-Me gusta preguntarte.
-Ya lo veo, campeón. –digo tocando la parte superior de su cabeza delicadamente. –Ya lo veo…

El niño ríe y esconde su tímido rostro en su gorra. El silbato a su vez taladra en mi oído.

-Vamos chicos, tenemos un largo camino por delante. –digo en voz alta para que me escuchen todos.

{2 horas después}

Estoy muerto. En ocasiones como esta me odio por fumar y llenar mis pulmones de humo. Esto me afecta. Y eso que lo mío es el deporte. Aunque este no sea mi rollo admito que hay unas vistas buenísimas. Mi abuelo estaría encantado aquí. A él sí que le gustan estas cosas, en cambio a Justin Bieber le va más la ciudad, la velocidad, el ruido y el ambiente de los bares de la zona. Estoy deseando terminar la universidad para escapar de ese maldito pueblo y mudarme a Toronto. O quizás a Las Vegas. Suena mejor. Aunque nunca se sabe lo que Dios tiene destinado para ti.

Me alejo de la multitud de niños escandalosos y me dirijo hacia ella. Está de espaldas y de nuevo me fijo en su impresionante trasero. Me muerdo el labio.

-Hola bicho. –susurro contra su oído aspirando su aroma a vainilla. Me deja fascinado.

Se gira y carcajea. Tiene dos palos de madera en cada mano y me doy cuenta de que está enseñando a hacer una hoguera o algo por el estilo a los dichosos niños.

-¿Vas a continuar llamándome así? –percibo una sonrisa en sus labios.
-Sí. –digo desafiante.
-¿Aunque sea…
-Aunque seas mi chica.
-Se hace raro escuchar eso de tu boca. –eleva sus hombros y al segundo los deja caer.
-Te acostumbrarás. –digo escaneando de nuevo su cuerpo con mi mirada. -¿Qué estás haciendo?
-Oh, les enseñaba a hacer una hoguera en condiciones. –carcajea tímida esquivando mi mirada.
-¿Sabes? –entrecierro mis ojos.
-Claro que sé. –se acerca a mí y susurra bajito. –Sé hacer más cosas de las que te piensas. –esa frase me pone a mil.
-Nena, estas cosas en privado.
-Idiota. –ríe.
-He pensado mal. –me encojo de hombros.

Enseguida una niña con dos coletas bien altas en su cabeza se interpone en el hueco entre _____ y yo.

-¿Nos vas a ayudar con el fuego? –pregunta señalándome con su pequeño dedo índice.
-Oh, no, él puede quemar toda la montaña. –carcajea _____ respondiendo a la niña. A mí se me escapa una risa.
-Qué graciosa. –frunzo mi ceño.
-¿A que sí? –dice sacando su lengua.
-No, nena. Se llama ironía. –carcajeo.
-Que estúpido eres. –coge la mano de la niña que nos mira con ojos de búho expectantes y se gira.

Suspiro pesadamente. En mi vida me he arrastrado tanto por alguien como lo estoy haciendo con ella. Es triste que a Justin Bieber le esté pasando esto. Él solo quiere a las chicas para follar, divertirse y adiós. Vuelvo a expulsar aire de mi boca. Miro al suelo. Cierro los ojos. Los abro. A veces consigue ponerme de los nervios. Pero es que eso también me vuelve loco de ella. Su carácter.

-Venga nena no te enfades. –la abrazo por la espalda enrollando mis brazos justo por debajo de sus pechos. –Estaba bromeando. –aprovecho para acomodar mi barbilla encima de su hombro.
-Eres odioso a veces, Justin.
-Pero no niegues que te encanto. –río dejando mi aliento chocar contra su cuello.

Una sonrisa se cuela en su cara y la observo perfectamente de cerca.

-Te estás riendo, eso es que sí.

Vuelve a hacerlo. No dice nada pero se ríe. Yo continúo aferrado a ella.

-Te encanto. –susurro bajito cerca de su oreja apartando el pelo de ahí. –Pero no te preocupes, puedes admitirlo.
-¿Quieres dejar de ser tan molesto? –dice ahora sí mostrando una franja de sus dientes. Sonrío.
-¿Quieres dejar de ser tan irresistible? –planto un beso en su cuello.
-Justin, ¿qué te pasa? Estás muy extraño. –gira su rostro observándome con dulzura. Mira mis labios. La he pillado. Y se percata. Ríe.

-Estoy feliz, nena. Y quizás tú debes de ser la responsable de eso. –digo. Sus mejillas se inflan. Esos hoyuelos que la caracterizan se forman en los extremos de su boca.


---------------------------------
¿Qué os parece? 
Me encanta que me leáis y recibir comentarios. Muchas gracias a las que lo hacéis.
Prometo subir pronto el siguiente.
Besitos.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.


domingo, 25 de agosto de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 23.


|Narra _____|

De nuevo me encuentro sola bajo el mismo árbol. Mi árbol. Pero ahora está todo oscuro, es de noche por fin. He decidido aislarme, los recuerdos del pasado no dejan de golpear en mi cabeza brutalmente. Escucho unos cuantos grillos realizar sus peculiares cantos y a algún que otro pajarito que irá a buscar un nido para pasar esta fría noche. Sí, hace frío. Mucho frío. Además, el aire comienza a soplar con fuerza. Es como si de repente todo se hubiera vuelto contra mí. Como si hubiera cometido un error y esté recibiendo mi castigo. A veces me pregunto qué es lo que he hecho mal en esta vida. Sólo falta que llueva y me empape. Rezaré para que nada de eso ocurra.

Mi sudadera ancha me abriga lo suficiente y el pañuelo de mamá sigue en mi cuello. Y de ahí no se va a mover. Si tengo que quedarme toda la noche aquí por ello, lo haré. No me fío nada de Sarah. Esta tarde me he dado cuenta de su sucia mirada. Y sé que es sucia porque he conocido más como la de ella. En mi clase había muchas. Soy toda una experta en eso de que la gente me haga daño y al final una acaba conociendo perfectamente a su enemigo.

En la escuela ya sufrí acoso por parte de algunos compañeros. Y el silencio fue mi gran amigo y consejero. Bueno, y mi querido diario. Pero yo digo y diré siempre que cada batalla te hace más fuerte. No importa que hayas sido vencida o hayas ganado. Eso te servirá para ser una completa guerrera. Y así soy yo. Soy básicamente lo que he vivido. Por eso no suelo confiar fácilmente en la gente, ni juzgo a los demás por su aspecto, ni insulto a alguien sin motivos.

Mojo mis labios con mi propia lengua y deshago mi coleta dejando caer mi melena por mi espalda. Unas cuantas greñas rebeldes se cuelan en mi cara, pero el aire se encarga de apartarlas de ahí.

Empieza a hacer más frío y más viento. Me odio a mí misma por no haber cogido ese abrigo de lana que tanto calienta. Está en mi tienda de campaña, pero no me quiero acercar ahí. Notarán mi presencia. En cambio, si desaparezco como ahora ni notarán mi ausencia. O quizás sí. Tal vez Vanessa se dé cuenta. Bueno no, ahora está ocupada con su nueva compañera. No quiero ni recordar su nombre, pero es inevitable. Maldita estúpida. Ahora se entretiene con sus amenazas. Pero no sabe que yo este juego ya lo he vivido. Y lo más importante, he aprendido a jugar.

|Narra Justin|

Miro por enésima vez la hora. ¿Dónde se habrá metido? ¿Por qué no viene? ¿Estará enfadada? Llevo las manos a mi cabeza y empiezo a remover mi pelo tirando de las puntas cabreado. ¿Habrá sido mi culpa? Tiro más fuerte. Me hago daño, pero no importa. Vuelvo a tirar desesperado. Resoplo unas cuantas veces y tiro todo mi peso sobre el saco de dormir dándome por vencido. Cojo mi móvil. Mierda. No hay cobertura. No puedo llamarla.

-¿Se puede?

Una voz desde fuera me reclama. Sus pasos se escuchan cerca y visualizo su silueta. Joder, no es _____.

-Hola, Bieber.
-Hola, Sarah.
-Echo de menos eso de que me llames ‘nena’. –dice tocándose el pelo sensualmente.

Me quedo en silencio.

-Ahora se lo dices a otra, ¿verdad?
-No. –miento y trago saliva.
-Sé que me ocultas la verdad. –da un paso acercándose a mí. –Pero ya me encargaré de ello.
-¿Qué? –frunzo mi ceño confuso.
-Que pronto volveremos a estar juntos.
-Nunca hemos estado juntos. –afirmo y me echo hacia atrás.
-Pues lo estaremos, nene. De eso no te preocupes. –muerde su labio y después pasa su lengua por los extremos.
-¿A qué has venido aquí? ¿No tienes otra cosa que hacer como pintarte las uñas o esas cosas que soléis hacer tú y tu grupito? –comienza a ponerme de mal humor.
-Oh, no te alteres… Me iba ya. Tan sólo me pasaba a… -hace una ligera pausa y observo cómo revisa con su mirada todo a su alrededor. Como si estuviera haciendo algún tipo de inspección. –a ver qué tal estabas.
-Nos conocemos.
-Demasiado, nene. –se acerca más a mí. –Demasiado.
-Sé que tus intenciones no son buenas. –muerdo el interior de mi mejilla mientras observo su cuerpo de infarto. No, Justin. Aparta la vista de ahí. –Y no voy a caer en tu tentación.
-Caerás, nene. –coloca la palma de su mano en mi barbilla y se muerde los labios. Maldita sea.
-Por favor, vete. Me pillas en un mal momento. –digo deshaciéndome de su agarre.
-¿Y si no fuera un mal momento?
-No pasaría nada. –afirmo seguro de mí mismo. –Vete.
-Vale, ya me voy. Pero dale recuerdos a la bicho raro de mi parte. –carcajea alejándose.
-¿No sabrás tú dónde está?

Y se va. Sale dejándome con una sensación desagradable en el cuerpo.

Vuelvo a mirar a mi reloj. Las agujas continúan avanzando y _____ no está. No he sabido nada de ella desde la hora de comer. Soy un imbécil. Y me estoy dando cuenta de que me importa más de lo que imaginaba.

Me quito la camiseta y me pongo una sudadera para combatir mejor el frío de fuera. Me coloco la capucha y me aseguro de que nadie me ha visto salir del refugio. Espera. No he parado a admirar mis abdominales en el espejo. Justin, tío, ¿de verdad estás cambiando? No, no lo pregunto. Justin, tío, estás cambiando. Lo afirmo. Además, no estoy cambiando, me está cambiando ella. Me detengo a ver la luz del interior de la tienda de campaña de la directora para asegurarme de que no puede ser testigo de mi escapada.

Y huyo. Está oscuro. No sé dónde voy. Sólo sé que gracias a la luz de mi iPhone puedo continuar mi camino. Me alejo más del campamento. No tengo ni la mínima idea de dónde me encuentro. No sé dónde estoy. Me he perdido. Encima aquí tampoco hay cobertura. Mierda. Maldita sea. Escucho un trueno a lo lejos. Pero no tengo miedo. Estoy tranquilo. Quiero encontrarla, estar con ella. Y no sé por qué, pero todo eso me ha traído hasta aquí.

Grito. Grito su nombre. Y no hay respuesta.

Retrocedo un poco y me clavo unos cuantos pinchos en los pantalones. Joder. Mi boca suelta una larga serie de palabras malsonantes sin parar. Y así continúo.

|Narra _____|

Escucho un trueno y me tapo los oídos mientras me encojo yo misma. Rodeo con los brazos mis rodillas. Siempre he tenido miedo a las tormentas y parece que se avecina una. Y fuerte. Pero eso no es lo que me preocupa ahora. Quiero tenerte cerca. Eso es lo peor. Me he tirado todas las putas horas pensando en ti y tú ni siquiera eres capaz de preocuparte por mí. Seguro que estás pasándotelo bien. Mientras yo sigo aquí, sola. Odiando a esas personas que me quieren ver lejos de ti.

Una gota de lluvia cae en mi mejilla. Miro al cielo. Negro. Pocas estrellas. Muchas nubes oscuras y grises. Otro trueno. Me pongo en pie buscando un refugio. Camino desorientada, además, tengo ganas de llorar. Está todo demasiado oscuro. Tengo miedo. Va a empezar a llover.

Mi vista capta el lugar de madera donde hemos comido hoy. Me aproximo hacia allí decidida. Mis botas chocan contra las hojas tendidas en el suelo. Algunas están empapadas tan solo de la humedad. Y escucho mis propios pasos. Es lo único que mis oídos pueden percibir. El resto es todo silencio. Un silencio escalofriante típico de las películas de miedo. Juraría que estoy en una de ellas. Lo que me extraña de mí misma es que no me haya montado una en mi cabeza con lo dramática que soy. Un día escribiré sobre ello.

El aire comienza a hacerse notar salvajemente golpeando mis mejillas. Me encuentro agobiada en la nada. Mis labios comienzan a tiritar. Escondo mis puños en la sudadera que me protege. Respiro angustiada. Escucho unos pasos cerca de mí. Estoy asustada, no lo niego. Camino hacia atrás sin mirar. Entonces me golpeo con algo.

Grito.

Mi grito suena en toda la zona haciendo incluso eco.

-Tranquila bicho, soy yo.

Y sus palabras me sientan bien.

-Deberías mirar por donde caminas.
-Deberías ser más agradable.
-Y tú más agradecida.
-¿Por qué?
-Porque venido aquí solo para buscarte.

Le miro atónita recuperándome todavía del susto.

-¿Tú…?
-Sí. –contesta decidido. –Me he escapado de ese puto campamento solo para ver dónde estabas.
-Bueno… -digo nerviosa. –Gracias. Supongo.
-Estaba preocupado. ¿Qué hacías a estas horas por aquí?
-Despejarme, lo necesitaba…
-Estás loca. No lo vuelvas a hacer.
-No soy la única que se marcha sin dar explicaciones. –escupo recordando lo sucedido a la hora de comer.
-Alguien está echando humo aquí.
-Puede que estés en lo cierto. –hago una mueca burlona.
-Perdóname por lo de antes, no era mi intención hablarte de esa manera. 
-Esto me recuerda a algo.

-FLASHBACK-

-¿No me vas a pedir perdón? -_____ actúa.
-Nunca lo pido. Tienes que ser demasiado importante para que lo haga.
-Eres un estúpido asqueroso. –se le acerca con chulería. –No eres nadie como para gastarme bromas de mal gusto que no tienen gracia. No juegues conmigo, Justin. –se aproxima un poco más. –No juegues. –repite.

----------

-Eh, ¿dónde cree que va? No hemos terminado. –Parece que sobro aquí. –Antes tiene que pedirle perdón.
-¿Y ella a mí no? –coloca los brazos en forma de jarra.
-Es usted quien le faltó el respeto.
-Perdone, -la interrumpo. –no hace falta. Él no perdona de verdad, y para decir algo que no es sincero no hace falta perder el tiempo. –añado.
-Tiene razón. –dice él sin apenas mirarme.
-Me da igual. De aquí no se va hasta que lo haga. –no conseguimos convencerla.

Agacha la cabeza y avanza hacia a mí a un paso lento. Se arrodilla justo enfrente mía y me coge de la mano sin más. Levanta la mirada y logro ver mi reflejo en esos ojos color miel. Dibuja círculos sobre mi piel en forma de caricias consiguiendo que ésta se me erice.

-¿Me perdonas? –susurra aproximándose a mi oído.

Dios mío. Algo ocurre en mi estomago que no es normal.

-Claro. –digo casi paralizada.

Se levanta tras dejar huella en mi piel con un beso un poco más arriba de los nudillos. Parecía el típico príncipe de Disney cuando declara su amor a la bella princesa. Nunca nadie me había dedicado algo así. Me sonríe y algo ocurre. Algo diferente. Me gusta su sonrisa. Le devuelvo una mía y no sé porqué.

-FIN DEL FLASHBACK-

-Justin, ¿soy lo suficientemente importante para ti?
-¿Por qué me preguntas eso, bicho?
-Tú no sueles pedir perdón, me lo dijiste un día.
-¿Lo recuerdas todavía?
-Claro. Cuando nos castigaron, esa vez creo que fue la única que me perdonaste de verdad, ¿lo hiciste?
-Solo lo hice para irme de aquel maldito despacho.
-Mentira. -río, sabiendo que está bromeando. -Sigues haciéndote el tipo duro, pero conmigo ya no funciona.
-Ah, ¿no? 
-No. -vuelvo a reír.
-¿Entonces qué funciona contigo?
-No lo sé, sólo sé que tú has funcionado a la perfección.

Silencio. Otro trueno esta vez más intenso nos sorprende a los dos.

-¿No tienes miedo? –pregunta mirando al cielo.
-No. –me hago la dura. –No todas las chicas somos así.
-Estás asustada y lo puedo ver en tus ojos, nena. –sonríe con dulzura.
-Vale… -admito rodeando mis ojos. –Quizás un poco. Pero solo un poco. –me cruzo de brazos.
-¿Entonces me estás diciendo que sí que tienes miedo?
-Bueno…
-Ven aquí.

Atrapa mi boca enseguida. Coloca sus dos palmas de la mano en mis mejillas y me da un beso que me llena de las mejores sensaciones. Inesperado. Lo recibo con ganas y enrollo mis brazos en su cuello a la vez que él en mi cintura. Me elevo un poco poniéndome de puntillas y al finalizar sonreímos como dos niños pequeños.

-No podía aguantar más.

Continuamos con otro beso. Este más largo. Me quedo sin aliento y con miles de escalofríos atrapados en mi cuerpo. Nunca me he sentido así. Nunca me han hecho sentir así. Mi corazón lo nota. Nota que algo se acciona en mi interior poco a poco y va consumiéndome sin cesar.

Acaricio su cuello con delicadeza y siento que no hay cosa en este momento que me haga más feliz. Su suave piel es mi debilidad. Junto con sus besos. Ah, y me olvidaba de sus gruesos labios. Atrapo el inferior entre mis dientes suavemente y lo estiro saboreándolo bien.

-Me gustas mucho, _____.
-¿Has dicho _____?
-Sí.
-¿Te has dejado el orgullo en casa, verdad? –río provocando hoyuelos en mis mejillas.
-Soy capaz de dejarlo en cualquier sitio por ti.
-Eso suena bien. A mí también me gustas mucho, Justin.

Me envuelve en sus brazos y me estremezco al sentir su tacto. Estamos unos largos segundos abrazados. Acurruco mi cabeza en el hueco de su hombro a su cuello y me tranquilizo al notar el calor de su piel. Resulta increíble.

-¿Sabes una cosa?
-¿Qué?
-Es la primera vez que me pasa y no sé la manera adecuada de decírtelo.
-No me asustes, por favor. –suplico. Escucho su risa cerca de mi oído.
-No, no. Es solo que… nunca me cansaría de estar así contigo. Ya sabes, aquí juntos abrazados. Ya puede llover a mares, ya pueden caer mil rayos a nuestro alrededor que no te soltaría, bicho.
-Yo tampoco dejaría que me soltases, Justin.

Sonríe y me encanta el hecho de haber provocado esa sonrisa.

-Necesito una respuesta. Sabes perfectamente que no soy mucho de expresar mis sentimientos y me cuesta mucho decir las cosas…
-¿De qué hablas?

Inmediatamente coge mis manos y entrelaza nuestros dedos. Me tenso. Sus ojos brillan de una manera especial.

-Sé que no es el escenario más bonito, ni tampoco hace un Sol resplandeciente…
-Justin, no vengas con rodeos. Por favor, dímelo.
-_____, ¿quieres ser mi chica?

Un escalofrío eriza todo el vello de mi cuerpo. No podía imaginar que… oh. Mi corazón bombea a una fuerza sobrenatural. No lo esperaba. No ahora.

-Claro que quiero pero…
-¿Pero? –eleva una ceja.

Las palabras de Sarah aparecen en un cartel con miles de luces en mi mente. Ella es capaz de hacerme la vida imposible, pero si le rechazo estaré arrepentida toda mi vida. Un nuevo debate se produce en mi cabeza. 

-¿Te pasa algo, nena?

Agarra mi cuello y planta un beso en mi frente que me deja en las nubes. Estoy nerviosa, preocupada y desconcertada.

-Justin…
-¿Qué?
-Que sí quiero, no importa lo demás.
-¿Estás segura?
-No he estado más segura en mi vida.

Y me lanzo a su boca desesperadamente. Sus manos se acoplan divertidas en mi cintura y las mías bailan revolviendo su pelo mientras hacemos más profundo el beso.

-Oye…
-Dime bicho.
-¿Y qué hay de nuestro código?

Entonces se escucha un fuerte trueno. El más fuerte que había escuchado hasta ahora. Las gotas comienzan a golpear contra el tejado y van bajando hasta caer en nuestras cabezas. Una traviesa risa escapa de mi boca. Está lloviendo, pero ha desaparecido mi miedo. Se ha esfumado sin avisar. Comenzamos a empaparnos poco a poco.

-Ese es el código.
-¿Qué?
-La lluvia, la tormenta.
-No te entiendo, Justin.
-Es nuestra forma de entendernos. Nuestro código secreto y de nadie más.
-¿Entonces la lluvia significa que me quieres?

Y afirma con su cabeza mientras empieza a llover con más intensidad.

-Sí, ______. La lluvia significa eso.



-------------------------------------
Espero que os esté gustando.
#ImprobableDirección.

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.



lunes, 19 de agosto de 2013

''Improbable dirección'' Capítulo 22.



Vanessa y Sarah se disponen a mantener una buena relación de compañeras, aunque aún no saben ni ellas cómo han llegado a ponerse de acuerdo.

-¿Demasiado informal? –pregunta Sarah girando sobre sí misma mostrando su modelito a Vanessa.
-¿A eso lo llamas informal? –Vanessa abre los ojos como platos.
-Bueno, sí… -la rubia se muerde el labio.

Lleva unos pantalones ajustados color fucsia con unas botas marrones por encima a juego de su chaleco. Bajo de él lleva una blusa color beige.

-Entonces tienes un problema. –carcajea ahora la morena.
-Oye, ¿qué hay de eso de llevarnos bien? –Sarah frunce su ceño.
-Sigue en pie, pero eso no significa que no vaya a ser sincera contigo.
-De acuerdo compañera, si al final acabaremos siendo amigas ya lo verás. 
-No creo. -ríe Vanessa rodeando sus ojos.

El silbato suena y da aviso de que todos tienen que reunirse fuera. Es hora de la comida, aunque se ha hecho un poco tarde debido a los retrasos en la carretera del autobús. Los niños salen de sus pequeños refugios ilusionados con sonrisas dibujadas en sus caras, no importa que a más de uno le falten algunos dientes que pusieron bajo la almohada al ratoncito Pérez.
Todos se disponen a formar un círculo perfecto.

|Narra Justin|

-Qué pesados. –murmuro entre dientes con rabia.
-Tenemos que salir fuera. –dice _____ espolsando sus pantalones.
-¿Y hace falta armar ese jaleo?
-Claro que sí, Justin. Si no lo hicieran no nos enteraríamos.
-Nena, ¿por qué nunca te quejas de nada? –la atrapo con mis manos y las envuelvo en su cintura. –Explícamelo.
-No sé. –se encoge de hombros mientras me mira hacia arriba para dar con mis ojos. –No hay necesidad de hacerlo.
-Tengo que aprender muchas cosas de ti. –acaricio sus suaves mejillas.
-No tengo tantas cosas buenas como crees.
-Eso es porque no quieres creerlo tú.
-Bueno dejando a un lado que no soy una creída tampoco tengo nada que creerme.
-¿Lo dices enserio?
-Sí. Quizás tú me ves con otros ojos. –sonríe haciendo que mi estómago se revuelva.
-Todos los ojos de este mundo verían lo mismo que yo, nena.
-¿Por qué estás tan seguro?
-Porque eres tan dulce… Simplemente se te ve a primera vista. –beso su frente y me aparto lo más mínimo continuando con nuestro contacto visual.
-En realidad apenas me conoces.
-¿Eso crees, bicho? –elevo una ceja confuso.
-Sí. –ríe. –No conoces mi carácter, ni cuando me enfado… -la corto.
-¿Perdona? ¿Te recuerdo la marca que dejaste en mi mejilla a los pocos días de conocernos?
-Ups… Se me olvidaba. –muerde su labio inferior tirando de él delicadamente. –En realidad fue al día siguiente de verte por primera vez. Me ponías de los nervios, y aún hay veces que lo sigues haciendo.
-¿Alguna faceta que no conozca de ti? –la atraigo más hacia mí.
-Mmm… -vuelve a morderse el labio. –Ya lo descubrirás.
-Oye nena, eso suena tentador. Muy tentador.
-Tienes que limpiar tu mente, está muy sucia. –ríe.
-¿De verdad? –sacudo mi cabeza de lado a lado. –No lo sabía. –me hago el sorprendido.

Ella simplemente ríe y me quedo completamente enganchado a su sonrisa. Creo que es de las más bonitas que he visto. Me llena. Me gusta verla sonreír. Y si digo que me gusta quiero decir que pasaría horas mirándola y no me cansaría.

-Oye bicho.
-Dime.
-No me habías contado que tus labios escondían esa sonrisa.

Se ruboriza ante mis ojos que queman en los suyos como fuego. No sé por qué, pero es muy… muy… tierna. Justin, aterriza, tú nunca dices cosas así. Suena muy cursi.

-Y tú no me habías contado que tenías una parte tan dulce. –me apunta con su dedo índice en mi pecho a la vez que me mira traviesa.
-Verás… eso es algo que solo conoces tú. 

Y tengo razón, porque ella ha sido la única que ha despertado esa parte en mí.

-Vaya… ¿Entonces es un secreto?
-Algo así, bicho.
-Lo guardaré en silencio chico piedra.
-¿Chico piedra?
-Sí, nunca expresas lo que sientes. Salvo ahora.
-Nunca me habían dicho algo así. –carcajeo.
-Vine yo para arruinar eso. –hace una mueca con sus labios. –Salgamos fuera o nos castigarán por…
-¿Tercera vez?
-Ajá.
-Las señoritas primero.
-Idiota. No te pega nada ese tipo de cosas.
-¿Entonces qué quieres chico duro o chico dulce?
-Quiero a Justin. –agarra mi barbilla y se eleva para plantarme un firme beso en los labios. –Me conformo con eso.

Apoya su peso de nuevo en sus zapatos y se separa lo más mínimo de mí cuando engancho mis brazos a su cintura. Muerdo mi labio inferior y me acerco a su entrecortada respiración.

-Espera, nena.

No quiero separarme de sus labios. Me aproximo más a ellos y rápido enrosco mi lengua con la suya. Ellas bailan solas. Y cada nuevo baile es mejor que el anterior. La beso de nuevo y ella acepta. Es tímida y reservada pero sigue mi juego. Un beso más. El último beso. Nuestros labios se despegan poco a poco. Abro los ojos detenidamente y siento como mi cuerpo se retuerce ante su dulce sonrisa.

-Vamos.

Doy un toque en su cadera y salimos de inmediato.

{30 minutos más tarde}

-Ponme agua, Vanessa. Por favor y gracias. –ordena cariñosamente _____.
-De acuerdo señorita. –bromea Vanessa.
-Oye, está rica la comida. –digo yo intentando sacar tema de conversación.

Me encuentro incómodo rodeado de tres chicas. La situación en sí es incómoda. No son unas chicas cualquieras. Está la rubia obsesionada conmigo, la morena con la que decidí zanjar nuestras aventuras por la otra chica que ahora mismo está bebiendo de su vaso de agua y me vuelve completamente loco. Además, con las tres he tenido algo. Llamemos X a lo que tuve con Sarah. Llamemos Y a lo que tuve con Vanessa. Pero luego está _____, que no le puedo poner nombre porque es completamente diferente a lo que estoy acostumbrado. Es como salir de la rutina. Nuevas sensaciones. Libertad. Seguridad. Un trato distinto.

-Pues a mí no me gusta. –escupe Sarah con cara de asco. –Ni la comida ni el lugar ni el uniforme que tenemos que llevar.
-¿Siempre te tienes que quejar de todo? –pregunta sarcásticamente _____.
-Es que una chica como yo no está acostumbrada a la ordinariez. –vuelve a poner esa cara.
-A mí el uniforme sí que me gusta. Resaltará mis curvas. –añade Vanessa.
-A mí todo me sienta bien. –aclara Sarah. –Así que no me preocupo.
-Yo me conformo con lo que sea. Estamos castigados y nos tenemos que adaptar a lo que haya, no se tienen que adaptar ellos a nosotros. –interviene de nuevo _____.
-Chicas, no os preocupéis por el maldito uniforme. A todas os quedará bien. –digo yo harto de escuchar todo el rato lo mismo.
-Gracias por la aclaración, nene. –me guiña un ojo Sarah.
-Llámame Justin.

A _____ se le escapa una risa traviesa.

-De acuerdo, Justin. –enfatiza y después lanza un largo suspiro.
-Oye, ¿estáis preparados para tratar con niños mocosos? Porque yo no. –intenta cambiar de tema Vanessa.
-Claro que sí. Bah, no son niños mocosos, a mí me encantan. Son adorables.
-Si te escupen o te intentan lanzar por un precipicio no te parecerán tan adorables. –dice la rubia con maldad.
-A lo mejor es a ti a la que le gustaría hacer eso. -dice _____.
-No te pases, bicho raro. -se defiende Sarah.

El tema de conversación se alarga y mientras realizan sus pequeñas disputas yo juego con mi tenedor a dar golpes en el plato. Empiezo a marcar ritmos a pequeñas escalas y cuando me doy cuenta he empezado a componer una canción en mi cabeza. Vuelvo a lo de antes y comienzo a marcar el mismo ritmo. Suena bien. Las chicas siguen discutiendo, o hablando, o a saber. Ahora mi pie derecho se mueve solo acompañando al sonido que yo mismo estoy produciendo. Tic. Tic. Tic. Suena bien y soy el único que se percata. Entonces empiezo a recordar. Esto me ha salido de manera involuntaria, yo no quería. De pequeño sí lo hacía... Y paro. Intento escapar de nuevo. Esto me recuerda tanto a él. La misma mierda de siempre me consume por dentro y empiezo a vivir momentos pasados en mi cabeza.

-Voy a salir fuera un momento.

Me levanto de la silla e intento sonar lo menos brusco posible.

-Te acompaño.
-No, _____.

Ella se queda extrañada y me mira triste. Seguro que nota que me pasa algo. Agacha su cabeza y mira al suelo encogiéndose de hombros.

-Necesito estar solo un momento.

|Narra _____|

¿Pero quién se cree que es para hablarme de esa manera? Estúpido. Si dijera que no me ha sentado mal mentiría. Odio que me hablen con desprecio. Y más él.

Noto como la mirada de Vanessa quema en mis mejillas. Se ha hecho el silencio y lo odio. ¡Qué habléis! Estos momentos incómodos son lo peor. Respiro hondo y cojo aire intentando… ¿Intentando qué? No lo sé ni yo.

-¿Te pasa algo bicho raro?

La que faltaba. Sarah siempre metiéndose donde no la llaman.

-¿Te importa si me pasa algo? –digo brusca.
-¿Quién es la que busca jaleo ahora? –dice ahora ella tirándome en cara.
-No busco nada, y menos contigo. Déjame en paz. –contesto sacando el móvil de mi bolsillo.
-Está bien, mientras no te acerques a Justin…
-Soy un bicho raro, tranquila, no tienes de qué preocuparte. –digo convencida. Aunque si ella supiera…
-Pero me das mala espina. Últimamente pasáis mucho tiempo juntos y eso no me gusta nada. –cruza los brazos bajo su pecho.
-Vivimos en la misma casa, compartimos castigos, vamos a la misma clase… ¿qué quieres? –digo agitando mis manos en alto.
-Relax chicas, por favor. –interviene Vanessa.
-Se pone histérica, déjala. –Sarah da un toquecito al hombro de mi amiga.
-Os estaba hablando a las dos. –dice ella.
-Oh, de acuerdo. Sólo iba a decirle a _____ que…

El silbato interrumpe a Sarah. Me levanto apresuradamente sin darle importancia a lo que me iba a decir la estúpida rubia. Cojo mi bandeja con los respectivos cubiertos y algún que otro rastro de comida y vacío lo que corresponde a la basura. Apilo mi plato y mis cubiertos junto con los de los demás y observo cómo los niños comienzan a hacer una fila de dos en dos.

El comedor es lo suficientemente grande para que quepamos todos. Además, la madera le da un aire muy rústico que me encanta. También hay muchas ventanas que permiten la entrada de la luz del exterior, haciendo el lugar más entrañable.

Salgo de ahí buscando el perfecto lugar fuera para ponerme a pensar. Siempre necesito unos minutos alejada de la gente, del mundo, de todo el alboroto. Aunque no sé si está peor el mundo exterior o mi propia mente. Necesito ordenar mis propios pensamientos.

Localizo un árbol de un tamaño soprendentemente grande que hace una sombra estupenda. Ese va a ser mi espacio ahora. Corre una ligera brisa de aire. Me siento en un pequeño tronco que sobresale de sus enormes raíces y saco mi diario de la bandolera. Me gusta llevarlo conmigo. Sobretodo cuando no lo puedo esconder por casa. Este es un lugar completamente desconocido para nosotros y no me fío de dejarlo en cualquier esquina.

Coloco alrededor de mi cuello el pañuelo que me regaló mamá. Qué bonito es. Me encanta llevarlo. Y ella siempre me decía que resaltaba el color de mis ojos. Desenrollo los auriculares y los conecto a mi iPod. La música comienza a inundar mis oídos. Me gusta. Así sí. Tranquilidad. Mi mundo. Mi burbuja. Y empiezo a escribir. Escribo mi día de hoy, confuso y extraño. Me inspiro. Pasan los minutos y mi cabeza da para más. Me he imaginado una pequeña historia. Entonces la plasmo en mi diario. La escribo en las páginas del final. No sé porqué, pero lo hago. Me sumerjo en mi propia historia. 

Es de noche, las estrellas brillan en el negro cielo haciéndose notar con valentía. Una me llama la atención y sé que es mamá. Siempre está presente. Estoy tumbada en tierra, en un lugar que no conozco muy bien. El aire da de lleno en mis mejillas y mueve las hojas de los árboles creando un ambiente tranquilizador. Pero no estoy sola. Alguien me acompaña. Alguien que hace que todo mi cuerpo se revolucione en menos de un segundo. Mi cabeza está apoyada sobre su pecho. Puedo escuchar los latidos de su corazón. No dejan de ir a velocidades de infarto y me pregunto a qué se deberá. Alzo mi barbilla y mi mirada para contemplar su rostro. Y ahí lo veo. Con sus brazos echados hacia atrás y sus ojos brillando más de lo normal por el efecto de la noche.

-¿Dónde has comprado ese pañuelo?

Una voz me sorprende. Cierro rápido mi diario y lo guardo lo más rápido que puedo. Me giro y me encuentro a Sarah detrás de mí.

-¿Qué quieres?
-Te he preguntado que dónde has comprado ese pañuelo.
-Donde no te interesa. –contesto seca poniéndome en pie. Enseguida noto sus uñas clavar en mi cuello y me retuerzo del dolor. Maldita sea. -¿Qué haces? –me siento, justo como ella quería.
-Esta conversación no ha acabado. No te muevas del sitio, bicho raro. –dice con rabia. –Ahora dime dónde te has comprado el maldito pañuelo.
-Yo no me lo compré. –escupo.
-Ah, ¿no? ¿Entonces quién lo hizo? ¿El hada madrina? –carcajea plantándome cara.
-No. Mi madre. –digo mordiendo el interior de mi mejilla y conteniendo mis ganas de darle una bofetada en toda la cara.
-Oh, tu madre…
-Sí.
-Tenía un buen gusto por lo visto, qué pena que no viva…
-¿Qué sabes tú de ella? –me pongo en pie desesperada. Comienzo a alterarme.
-Sé más de tu vida de lo que crees.
-No me das miedo, Sarah. He conocido a mucha gente como tú, por desgracia, y te aseguro que no te tengo miedo.
-Oh, qué pena… -susurra con malicia.
-¿Qué quieres de mí ahora?
–Solo he venido a advertirte algo, bicho raro. Ni se te ocurra dormir hoy con Justin.
-Comparto tienda de campaña con él. ¿Dónde quieres que duerma?
-Fuera, donde sea. Pero ahí no.
-Eres una p*** celosa.
-_____, no soy tonta. –dice y me contengo la risa. ¡Que no es tonta! Es lo siguiente. –He visto la forma en la que te mira.
-¿Y qué ha deducido tu impecable inteligencia? -digo burlona. 
-Que hay algo entre vosotros.
-Justin y yo no tenemos nada, no sé qué hacemos hablando de esta tontería.
-Dejó lo nuestro por alguien y sé que ese alguien eres tú.
-Yo no tengo la culp… -me corta.
-No eres tan inocente como todo el mundo cree. Me has robado a mi chico.
-Yo no he hecho nada y si me permites ahora mismo me voy. –me giro pero inmediatamente estira de mi brazo.
-No, tú aún no te vas. -dice ahora apretando en mi muñeca.
-Más te vale soltarme.

Enseguida me suelta y visualizo todo el mal que hay en su mirada.

-Bicho raro, vas a tener que elegir entre ese bonito pañuelo o Justin… -ríe produciendo escalofríos en todo mi cuerpo. Escalofríos con malas sensaciones.
-¿Qué?
-Si esta noche compartes tienda de campaña con Justin olvídate de tu querido pañuelo.
-Ni se te ocurra.
-Ah, y otra cosa. A partir de hoy vas a fingir que nos llevamos bien.
-¿Qué dices? ¿Estás loca?
-Haz lo que te digo o tus acciones tendrán sus consecuencias.

-----------------------------------
Os dejo con la intriga
¡De nuevo gracias por leerme!

RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.