|Narra _____ |
Abro los ojos y me estiro con detenimiento contemplando la
parte superior de la tienda de campaña. Espera. ¿Qué hago aquí? No, no debería
de estar ahora mismo aquí. Estoy metida en mi saco de dormir y tapada hasta el
cuello. Aún así sigue haciendo frío, aunque eso no importa ahora. Doy una vuelta como puedo para girarme y no está Justin. Tan solo está
su saco de dormir, una manta y una camiseta suya ancha tirada por encima. No
entiendo nada. ¿Por qué he dormido aquí? Sarah me va a matar. Tenía tanto sueño
anoche que ni me acuerdo cómo he llegado hasta aquí. ¿Me habrá traído él? Un pinchazo en mi interior. Joder.
Me pongo en pie y sitúo ambas manos a cada lado de mi
cintura. No se escucha a nadie y ni siquiera sé qué hora es. Doy golpes con mis
talones nerviosa contra el suelo. Me muevo. No me muevo. Mi cabeza en pleno
debate. Mis pensamientos se colapsan y me pongo nerviosa. Nerviosa porque tendría que haber dormido fuera. Lo tenía todo planeado y... Ug. Suelto un quejido en voz alta. Es mejor vivir improvisando, los planes nunca salen como deseas.
Aprovecho para cambiarme y ponerme el uniforme
correspondiente. Ese que 'resaltará las curvas de Vanessa' y 'le quedará bien
como todo a Sarah'. Si leyerais mi mente lo leeríais con voz de niña malcriada
y caprichosa. Ajá.
Me aseguro de que nadie puede entrar y pillarme desprevenida
y comienzo a desnudarme rápido. Y rápido quiere decir a una velocidad con
complejo de coche Ferrari porque me congelo. Sigue haciendo frío y esa maldita
humedad que te fastidia el pelo. Me pongo ese mono color verde militar. Es tan
ajustado que me siento incómoda dentro de él. Me gusta ir ancha, soy feliz con
mis camisetas largas y poco apretadas. Por eso, me siento extraña ahora mismo. Este
no es mi estilo, pero tampoco me desagrada. Doy un aire un tanto rebelde. Termino
colocándome las botas por fuera, ato los largos cordones y lista.
Salgo al exterior y me siento en una película del fin del
mundo o algo similar. No hay nadie. Ni niños correteando, ni mochilas, ni
botellas de agua llenas hasta reventar. Ni rastro de nadie.
-¡¿HOLA?!
Grito pero no obtengo respuesta.
Entro a mi pequeño refugio de nuevo. Me tumbo cara arriba en
el saco de dormir y saco mi móvil. No hay cobertura. Maldigo interiormente a
todo. Necesitaba desconectar un poco más allá de este desierto campamento.
Enterarme de cosas que suceden por el mundo o cosas así. Me pongo de mil posturas
diferentes intentando coger algo de señal pero nada. De puntillas y con el
brazo en alto. Arrodillada. Yo creo que ya he hecho suficiente ejercicio por
hoy. De algo habrá servido esto.
De repente la cremallera de la tienda de campaña se desliza
hacia abajo y ¡Oh! ¡Por fin! Hay alguien.
-Buenos días señorita. He traído su desayuno.
Tengo delante a un Justin sonriendo de oreja a oreja con una
bandeja repleta de comida sujeta en su brazo izquierdo.
-Por fin señales de vida. Pensaba que se había acabado el
mundo o algo así. –bromeo poniéndome en pie y plantándome justo enfrente suya.
-Vi que estabas cansada y me inventé la escusa de que te
encontrabas mal para no tener que levantarte. –se encoge de hombros. –Ahora si
me permites… -me roba un beso en los labios. El primero del día. Qué buena
sensación.
-Gracias. –sonrío tímida. –¿Vas a sorprenderme así todos los
días? Porque me encanta. –digo besando sus labios de nuevo.
-A mí me encanta verte así, nena. –hace una revisión con su
vista por mis piernas y luego sube hacia arriba haciéndome sonrojar. –Te sienta
realmente bien el uniforme. –vuelve a inspeccionar mi cuerpo.
-¿Mejor que a las demás? –sonrío pícara.
-¿Lo dudas? –eleva las dos cejas a la vez.
-Quiero
escucharlo de tu boca, Justin. –digo con voz de niña consentida.
-Te sienta muy bien el uniforme, mejor que a las demás. -me
mira a los ojos, baja por mis piernas y después de nuevo vuelve a detenerse en
mis ojos.
-Oh, gracias.
Sonrío dejando encender mis mejillas una vez más. Es el
efecto que Justin produce en ellas. Se deben ir acostumbrando. Doy una vuelta y
me siento en el saco de dormir de un salto.
-Tengo hambre. –digo
curvando mi espalda y provocando la risa de Justin.
|Narra Justin|
-Te sienta muy bien el uniforme, mejor que a las demás.
-digo conteniendo mis ganas de hacerle el amor ahí mismo. Miro a sus ojos, son
preciosos. Después bajo hacia sus detalladas piernas y subo volviendo a sus
ojos.
-Oh, gracias. –contesta con timidez.
Se gira permitiéndome el lujo de quedarme embobado mirando
su trasero. Está realmente buena. Muerdo mi labio inferior. Justin, control.
¿Por qué no me había dicho que tenía ese cuerpo tan bien definido? O peor… ¿Por
qué yo no me había dado cuenta antes?
-Tengo hambre.
-Mmm… te he traído todo esto. Espero que te guste.
Coloco la bandeja justo enfrente suya y me siento yo también
delante. Coge una galleta de chocolate con delicadeza y rápido se la lleva a la
boca. Me quedo observando cómo devora el desayuno. Parecía llevar razón, sí
tenía tanta hambre como decía. Suelto una risa.
-¿De qué te ríes? –me mira ahora pegando un trago a la taza
llena de leche.
-De la situación. –hago una mueca graciosa.
-Eres raro. –ríe.
-No, la rara eres tú. –digo y después me percato de que no
le sienta muy bien mi comentario. –Sin ofender. –termino diciendo intentando suavizar
el asunto.
-Ya, claro. –suelta un leve quejido y pasa su lengua por el
contorno de sus labios saboreando el rastro que ha dejado la leche. Joder. Me pone malo. En el buen sentido.
-¿Estaba bueno? –pregunto mirando la bandeja casi vacía.
-Sí. Muy bueno. –sonríe inflando sus mejillas. Y me percato
de que casi nunca muestra sus dientes.
-Entonces ya estamos listos para la excursión. –digo
poniéndome en pie y tendiéndole mi mano para ayudar a que se levante.
-¿Qué excursión?
-Vamos a subir a la montaña más alta de la zona.
-No lo sabía. –toma de mi mano y se levanta.
-Pues ya estás informada.
-¿Cuándo nos vamos? –pregunta confusa pasando los puños de
sus manos por los ojos.
-En… -miro mi reloj. –media hora.
-¡¿Media hora?! –pregunta sobresaltada.
-Sí, nena. No te alteres. ¿Pasa algo? –me acerco a ella y
coloco un mechón de pelo detrás de su oreja.
-¡Tengo que ducharme! ¡Y despejarme!
-Tienes tiempo de sobra. –elevo una ceja.
-¡Me voy! –planta un beso rápido en mis labios y desaparece
como un rayo.
Me quedo como un tonto mirando cómo se va y suelto un largo
suspiro. Miro hacia abajo y luego hacia la bandeja con los pocos restos de
comida que han sobrado. Cojo ahora yo una galleta y la muerdo saboreandola
bien. No es nada comparado con sus besos.
Aprovecho el momento para recoger y dejar despejada la zona.
{Media hora más tarde}
-¿Estáis listos?
Enseguida se escucha un 'Sí' conjunto.
-¡Señorita Braun!
-¿Sí?
-Usted se hará cargo del grupo número 1.
-De acuerdo. –afirma Vanessa con la cabeza.
-Señorita Polimon, usted con el grupo número 2.
-Ajá. –contesta Sarah sin apartar la mirada de sus uñas
color rosa.
-¡Blair!
-Dígame. -_____ da un paso hacia adelante. Pestañeo varias
veces. Trago saliva. Es inevitable no sentir una sensación extraña en todo mi
cuerpo cada vez que la veo.
-Usted se encarga del grupo número 3.
-Vale.
-¡Bieber!
-Así me llaman. –digo acoplando mis manos en los bolsillos
del pantalón.
-Déjese de chulerías y vaya con el grupo número 4.
Yo tan solo me dedico a reír y a caminar con mi particular
andar hasta el grupo de niños que me ha tocado. Son todo chicos, nada de
chicas.
-¿Cómo estáis chicos? –inclino mis rodillas poniéndome a su
altura.
-¡Bien! –exclaman todos juntos.
-Muy bien chavales, así me gusta, con fuerzas para sobrevivir
a este infierno. –suspiro pesadamente. –Quiero decir, a esta excursión tan… -intento
rectificar. Quizás he sido demasiado impulsivo. –maravillosa que han preparado.
Un niño levanta la mano y me llama la atención.
-¿Si? –señalo hacia él.
-¿Cómo te llamas? –pregunta aquel niño con la gorra echada
hacia atrás.
-Me llamo Justin, Justin Bieber. Pero podéis llamarme
Bieber. –digo rascando mi nuca.
-Me gusta Bieber. –exclama otro niño un poco más alto que el
anterior.
-Pues llamarme Bieber. –me encojo de hombros.
-¡Vale! ¿No te gusta el campo, verdad? –pregunta el mismo
niño del principio.
-Bueno… no es una de las cosas que más me gusten.
-¿Y qué te gusta? –interviene otro más alto y con el pelo
rubio. Si él supiera... El sexo, sobretodo, aunque ahora lo tengo un poco
olvidado por culpa de la bicho.
-Me gusta hacer las cosas que hacen los chicos de mi edad.
–digo echando la cabeza hacia atrás. Es lo único que se me ocurre.
-¿Y qué hacen los chicos de tu edad? –vuelve a preguntar.
Maldito niño. No terminan sus preguntas.
-Muchas cosas. ¿Y los de tu edad? Yo creo que no preguntan
tanto, eh. –paso la mano por mi frente.
-Me gusta preguntarte.
-Ya lo veo, campeón. –digo tocando la parte superior de su
cabeza delicadamente. –Ya lo veo…
El niño ríe y esconde su tímido rostro en su gorra. El silbato
a su vez taladra en mi oído.
-Vamos chicos, tenemos un largo camino por delante. –digo en
voz alta para que me escuchen todos.
{2 horas después}
Estoy muerto. En ocasiones como esta me odio por fumar y
llenar mis pulmones de humo. Esto me afecta. Y eso que lo mío es el deporte. Aunque
este no sea mi rollo admito que hay unas vistas buenísimas. Mi abuelo estaría
encantado aquí. A él sí que le gustan estas cosas, en cambio a Justin Bieber le
va más la ciudad, la velocidad, el ruido y el ambiente de los bares de la zona. Estoy deseando terminar la universidad para escapar de ese maldito
pueblo y mudarme a Toronto. O quizás a Las Vegas. Suena mejor. Aunque nunca se
sabe lo que Dios tiene destinado para ti.
Me alejo de la multitud de niños escandalosos y me dirijo
hacia ella. Está de espaldas y de nuevo me fijo en su impresionante trasero. Me
muerdo el labio.
-Hola bicho. –susurro contra su oído aspirando su aroma a
vainilla. Me deja fascinado.
Se gira y carcajea. Tiene dos palos de madera en cada mano y
me doy cuenta de que está enseñando a hacer una hoguera o algo por el estilo a
los dichosos niños.
-¿Vas a continuar llamándome así? –percibo una sonrisa en
sus labios.
-Sí. –digo desafiante.
-¿Aunque sea…
-Aunque seas mi chica.
-Se hace raro escuchar eso de tu boca. –eleva sus hombros y
al segundo los deja caer.
-Te acostumbrarás. –digo escaneando de nuevo su cuerpo con
mi mirada. -¿Qué estás haciendo?
-Oh, les enseñaba a hacer una hoguera en condiciones.
–carcajea tímida esquivando mi mirada.
-¿Sabes? –entrecierro mis ojos.
-Claro que sé. –se acerca a mí y susurra bajito. –Sé hacer
más cosas de las que te piensas. –esa frase me pone a mil.
-Nena, estas cosas en privado.
-Idiota. –ríe.
-He pensado mal. –me encojo de hombros.
Enseguida una niña con dos coletas bien altas en su cabeza
se interpone en el hueco entre _____ y yo.
-¿Nos vas a ayudar con el fuego? –pregunta señalándome con
su pequeño dedo índice.
-Oh, no, él puede quemar toda la montaña. –carcajea _____
respondiendo a la niña. A mí se me escapa una risa.
-Qué graciosa. –frunzo mi ceño.
-¿A que sí? –dice sacando su lengua.
-No, nena. Se llama ironía. –carcajeo.
-Que estúpido eres. –coge la mano de la niña que nos mira
con ojos de búho expectantes y se gira.
Suspiro pesadamente. En mi vida me he arrastrado tanto por alguien
como lo estoy haciendo con ella. Es triste que a Justin Bieber le esté pasando esto. Él solo quiere a las chicas para follar, divertirse y adiós. Vuelvo a expulsar aire de mi boca. Miro al
suelo. Cierro los ojos. Los abro. A veces consigue ponerme de los nervios. Pero
es que eso también me vuelve loco de ella. Su carácter.
-Venga nena no te enfades. –la abrazo por la espalda
enrollando mis brazos justo por debajo de sus pechos. –Estaba bromeando.
–aprovecho para acomodar mi barbilla encima de su hombro.
-Eres odioso a veces, Justin.
-Pero no niegues que te encanto. –río dejando mi aliento
chocar contra su cuello.
Una sonrisa se cuela en su cara y la observo perfectamente
de cerca.
-Te estás riendo, eso es que sí.
Vuelve a hacerlo. No dice nada pero se ríe. Yo continúo
aferrado a ella.
-Te encanto. –susurro bajito cerca de su oreja apartando el
pelo de ahí. –Pero no te preocupes, puedes admitirlo.
-¿Quieres dejar de ser tan molesto? –dice ahora sí mostrando
una franja de sus dientes. Sonrío.
-¿Quieres dejar de ser tan irresistible? –planto un beso en
su cuello.
-Justin, ¿qué te pasa? Estás muy extraño. –gira su rostro
observándome con dulzura. Mira mis labios. La he pillado. Y se percata. Ríe.
-Estoy feliz, nena. Y quizás tú debes de ser la responsable
de eso. –digo. Sus mejillas se inflan. Esos hoyuelos que la caracterizan se
forman en los extremos de su boca.
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¿Qué os parece?
Me encanta que me leáis y recibir comentarios. Muchas gracias a las que lo hacéis.
Prometo subir pronto el siguiente.
Besitos.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.
