Un nuevo día. Es pronto y lucho contra mis ojos para que no
se cierren. Tengo demasiado sueño, no he dormido apenas. Creo que por una noche
me he sentido una adolescente normal, preocupada por mis sentimientos hacia un
chico, dando vueltas en la cama como una completa estúpida entre las sábanas.
No entiendo nada de lo que ocurrió con Sarah, pero me está afectando más de lo
que creía y estoy harta. Harta de no entender una mierda de lo que significa el
amor, o lo que sea. Mis pensamientos me
atormentaban y mi cabeza y mi corazón se desafiaban constantemente. Todavía
continúan en pleno debate. Se han convertido en enemigos íntimos. Tendré que
acostumbrarme a todo esto. En qué maldita hora me he dejado guiar por mi
corazón. No es que me arrepienta pero… me encuentro perdida.
Probablemente esto es lo típico que tendría que haberme
pasado con unos 13 años. Eso de sentir un cosquilleo en la barriga, vaya. Pero
lo mío ha tenido que ser ahora, y a lo bestia. Porque cuando lo veo se produce
dentro de mí un huracán de sensaciones.
Bajo del autobús acompañada por Vanessa y nos dirigimos
entre la multitud a las taquillas para coger los libros correspondientes.
-No tienes buena cara, ¿ha pasado algo, _____? –pregunta
Vanessa mientras rebusca algo en su taquilla.
-He dormido unas pocas horas, eso es todo. –digo intentando
evitar más preguntas.
Soy de las que siempre se han quejado de no tener una amiga,
y ahora que la tengo no sé si confiar en ella. Quizás sea demasiado pronto para
contarle lo que me pasa, o lo que pasa en general con el estúpido. Algo dentro
de mí me dice que de un paso más pero también hay algo que me priva de hacerlo.
-Últimamente eso también me pasa. –cierra su taquilla y con
el libro de Física en la mano me sonríe.
-Será que me lo has contagiado. –hago una mueca divertida
con mis labios.
-Pues alejémonos para que alguna no nos contagie su tontería.
–dice señalando justo por detrás mía con su dedo índice. –Mira quién está ahí.
Me giro y alguien choca contra mí bruscamente. Todos mis
apuntes caen al suelo y me agacho rápidamente a recogerlos. Los coloco entre
mis brazos de nuevo y alzo la vista encontrándome con quien menos desearía en
estos momentos.
-Podrías ir con cuidado, Sarah. –digo con cara de asco.
-Eso debería decirte yo a ti. –me apunta con su dedo.
-Pero si ha sido tu culpa, has sido tú la que ha venido
contra mí. –elevo una ceja vacilante.
-Ilusa. –carcajea agitando sus manos destacadas por unas
uñas inmensamente largas cubiertas de esmalte rosa. –Que andes con cuidado con
Justin.
-Ando como me da la gana.
-No te acerques a él. Te estoy advirtiendo, bicho raro.
Sus últimas palabras resuenan en mi mente violentamente
produciendo efectos en mí que no conocía. Aprieto fuerte mis dientes
descargando la rabia contenida de alguna forma.
-Déjala. –interviene Vanessa. –Y vete con tus celos a otra
parte.
-¿Celos? ¿A eso? –ríe fuerte hirviendo mi sangre.
-Puede. –carcajeo intentando no hundirme.
-¿Debería tenerlos?
-Puede. –repito.
-Mira. –dice Sarah acercándose a mí amenazadoramente. –Te
diré sólo una cosa, no te acerques más a Justin o te arrepentirás de no haberme
hecho caso.
-No voy a seguir tu estúpido juego. –digo tragando saliva
despacio. –Además, es él quien viene a mí. –sonrío dejándola por los suelos.
-Estás advertida. –dice por última vez y camina huyendo
después de golpear su hombro contra el mío.
Vanessa y yo reímos conjuntamente. Aunque por fuera aparente
tranquilidad por dentro estoy hecha polvo. ''Bicho raro''. A veces las palabras
duelen y lo peor es que esas mismas son las que resuenan en mi mente.
-¿Debería de preocuparme? –pregunto mientras caminamos
decididas a la correspondiente clase ante la atenta mirada de algunos curiosos.
-Ya te lo dije, va a querer joderte. Pero no le des tanta
importancia.
-No, es solo que no quiero tener problemas con nadie. –digo
dubitativa.
-Te entiendo, pero va a estar complicado. –dice abriendo la puerta. El jaleo del
interior de la clase llega a mis oídos enseguida.
-¿A qué te refieres? –pregunto curiosa entrando.
-A que Sarah es una caprichosa y no para hasta que consigue
lo que quiere. –me mira seria.
-¿Y qué es lo que quiere? –frunzo el ceño.
-A Justin.
En ese momento juraría que un edificio cayó completamente
encima de mí y me encontraba entre
escombros. Una sensación de miedo recorre mi cuerpo en forma de escalofrío. Mi
boca se seca y trago saliva lentamente a medida que los pensamientos se atascan
en mi cabeza.
Camino cabizbaja y a continuación me siento en mi
correspondiente lugar. Vanessa se coloca justo a mi lado.
-¿Qué pasa, _____? –insiste.
-Nada. –murmuro.
-Hey, mírame. –dice tirando de mi barbilla hacia un lado,
pretendiendo estar cara a cara. Sus ojos brillan. -Si hay algo que necesitas
contar para desahogarte aquí estoy yo.
-No te preocupes. –finjo una sonrisa. –Soy novata en estas
cosas, nunca he tenido una amiga.
-Pues ya va siendo hora de aprender, ¿no? –abre más sus
ojos. –Sé que cuesta confiar en alguien, pero por algo empieza una amistad.
-Llevas razón. –muevo mi cabeza como signo de afirmación.
–Todos los amigos algún día han sido desconocidos.
-Exactamente. –hace una pequeña pausa colocándose
cómodamente sobre la silla. –Y ya que no te lanzas, me atreveré yo. ¿Puedo
contarte algo? –me mira como nunca me había mirado antes.
-No me asustes, por favor. –bromeo, aunque en realidad una
parte de mí sí está en tensión. –Adelante.
-Verás… -esconde un segundo los labios en sus dientes y
continúa tras liberarlos. -¿Recuerdas cuando te dije que Sarah y yo somos
enemigas?
Afirmo rápidamente sin cesar con mi cabeza, curiosa y
deseando saber ya lo que quiere contarme.
-Pues es por Justin. –admite.
Mi rostro comienza a volverse pálido y le hago un gesto
indicando que continúe.
-Sarah y él estaban liados, entonces aparecí yo. Cuando
entré en la
universidad Justin se fijó en mí, y no dejaba de hacer cosas
para que acabara rendida a sus pies. Así lo hice. Ella cree que yo fui la única
que se lo robé, pero está equivocada. Justin anda con las chicas que quiere.
Sin dejar de mover mi pierna derecha debido a los nervios,
contengo mis lágrimas mordiendo fuerte mi labio inferior.
-Y… -sigue. –ella no soporta verlo con otras. Mientras queda
con ella también me envía mensajes a mí, nunca para. Es lo que le gusta y a
veces puede llegar a hacer daño. Eso es lo único que tenemos Sarah y yo en
común, nos une el mismo dolor, el rechazo. Tan sólo somos unas más de la lista
de chicas interminable que él tiene.
Compartimos una única cosa, las dos estamos locas por él.
El mundo se me echa encima al escuchar la última frase.
Aprieto con más intensidad mi labio y cuando me doy cuenta provoco un poco de
sangre en él. Me limpio rápido con mi dedo disimulando todas las malditas
sensaciones que está experimentando mi cuerpo.
Así que Justin también trae loca
a Vanessa. No me lo esperaba. Otra preocupación más que añadir a mi cabeza. No,
no puede ser.
-¿T-te gusta Justin? –tartamudeo.
-Sí, _____. Ojalá te estuviera mintiendo, pero es así.
-¿Qué quieres decir? –arrugo mi frente.
-Que se pasa mal cuando ves que juega contigo.
-Pero… ¿todavía continúa así?
-Claro, y nunca cambiará.
''Nunca cambiará''. Lo que me faltaba para empeorar el día.
-Por favor, no digas nada… -susurra por lo bajo.
-No lo haré, tranquila.
-Gracias, de verdad.
Se lanza inesperadamente a mí refugiándome en un cálido
abrazo que consigue tranquilizarme un poco.
-Por cierto, ¿sabes lo que hizo el viernes? No quiso quedar
conmigo, me dijo que estaba ocupado, y sé que me mintió. –me mira fijamente
haciéndome sentir incómoda.
Una cosa extraña revuelve mi estómago. Si no recuerdo mal,
el viernes fue la fiesta y justo ese día… sucedió. Nuestro primer beso.
''-Bicho, no te acerques más. Por favor te lo pido…
-¿Y si no quiero hacerte caso? –digo con un aire rebelde.
Escucho cómo suspira.
-¿Y si no más preguntas?
No me da tiempo a cerrar los ojos y nuestras bocas ya están
pegadas la una a la otra. No
sé cómo responder pero bajo su tacto consigo calmarme. Siento su lengua dentro
de mí realizando diversos movimientos. Decido hacer lo mismo con la mía y me
dejo llevar. Ahora mismo sólo existimos nosotros y puedo jurar que soy feliz.
Feliz. Tenía ganas de perderme en su boca. Me separo un poco y lo impide mordiendo mi labio inferior. Entonces me besa de nuevo. Este beso es largo y
no quiero que termine. Sonrío sin más a los pocos segundos y otro beso más.
Vaya, es verdad eso de que las mejores cosas ocurren en los
momentos más inesperados.''
¿Debo ocultárselo? Ella me ha confesado sus sentimientos y
yo me siento una estúpida por no atreverme a hacer lo mismo. Sé que lo jodería
todo, como hago siempre, así que me dispongo a mantener mi boca cerrada y,
aunque no me guste hacerlo, a mentirle.
-No tengo ni idea, -me encojo de hombros y continúo con la
mentira fingiendo que digo la verdad. –ni tampoco me importa.
-Pero… -suspira. –No entiendo esto, _____.
-¿El qué?
-Os lleváis mal, no os soportáis y… ¿por qué dice Sarah que
no te acerques a él?
-Ayer nos vio al salir del castigo, quizás tenga miedo. Es
una maldita celosa. –intento disimular jugando con mis dedos.
-Dijiste que era Justin quien iba detrás de ti. –eleva una
ceja.
-Bromeé, sé que eso le fastidia.
-¡Bien hecho! –exclama Vanessa risueña.
-Gracias, gracias. –tiro mi pelo hacia atrás sintiéndome
importante.
-No te lo creas tanto, eh. –ríe.
-No lo hago. –hago una mueca con mis labios.
-Está bien. –eleva su dedo pulgar.
La profesora entra provocando un silencio inmenso y como
siempre el muy estúpido llega tarde. Ignorándolo con la mirada pasa por mi lado
para llegar a su sitio y sentarse a continuación. Oigo el ruido de su silla al
desplazarla hacia atrás para colocarse y consigue ponerme nerviosa.
-¿A qué esperáis a sacar el libro? –pregunta la profesora de
Literatura, ni siquiera sé su nombre.
En ese instante se escucha el golpe de los libros chocar
contra las mesas de madera y comienza la aburrida explicación. Los minutos
transcurren lentos y me sumerjo en los pensamientos que van taladrando mi mente
poco a poco. Pero alguien decide interrumpirlos con una maldita bola lanzada dirección a mi cabeza. Me giro
repentinamente. Todos están atendiendo a las palabras de la profesora esa que
no me sé ni el nombre. Maldita sea. Me coloco de nuevo correctamente intentando
hacer lo mismo que los demás. Cruzo los brazos bajo mi pecho y me acomodo un
poco hacia atrás en silencio. Cuando empiezo a enterarme algo de la explicación
de nuevo otra bola es lanzada a mi cabeza. Me giro rápidamente y observo cómo
la sonrisa traviesa de Justin aparece en su rostro.
-¿Eres tú? –escupo mis palabras.
Se encoge de hombros sin contestar.
-¿Te has quedado mudo?
-No. –musita con una cara de desagrado.
-Entonces respóndeme.
-Cuando aprendas a hablarme bien.
-Estúpido. –murmuro y me giro dándole la espalda.
A los pocos segundos recibo una bola de papel en mi pupitre.
Este chico quiere ponerme de los nervios. Otra vez me giro y antes de pronunciar
palabra habla él.
-Ábrela. –me guiña un ojo.
Cojo la maldita bola de papel y hago lo que me ordena.
Desarrugándola intentando hacer el menor ruido posible la coloco sobre mis
muslos dispuesta a leerla.
Bicho, maldita sea dime lo que te pasa.
Mordiendo el interior de mi mejilla me decido a contestarlo en un pequeño hueco más abajo.
No te ''preocupes’' por mí. Además, no es de tu incumbencia.
Cierro el bolígrafo y tras arrugar la notita la lanzo hacia
atrás. Pocos segundos más tarde de nuevo se encuentra sobre mi pupitre con una
respuesta.
Pensé que estábamos bien.
Cogiendo el bolígrafo de nuevo comienzo a escribir.
Pensaste bien, hasta que llegó Sarah. Te voy a dejar una
cosa muy clara y no espero una contestación por tu parte, tan sólo lee esto y
después hazlo mil pedazos entre tus manos.
Cerrando los ojos unos largos segundos decido continuar,
pensando bien las cosas.
Olvida todo lo que ha pasado entre nosotros, no volverá a
suceder. Es lo mejor para los dos. Tú sigues con tu alocada vida y yo sobrevivo
mientras tanto a la rutina.
No fue buena idea eso de besarse, quizás despertaste en mí
algo que no conocía pero intentaré sobrellevarlo. Por tanto, cada uno por su
camino.
Suspirando hondo arrugo el papel mientras mi consciencia
dice que lo lance atrás lo más pronto posible y mi corazón me ordena justo lo
contrario. Finalmente, gana mi consciencia.
Como esperaba, no obtengo una respuesta por su parte.
Finaliza la clase y la profesora sale del aula. Comienza el jaleo de inmediato
y descanso mi cabeza en el pupitre cuando observo cómo Justin destruye la nota
convirtiéndola en pedazos antes de tirarla a la papelera. Me sorprendo
y Vanessa se percata.
-¿Qué pasa? –pregunta.
-Nada, nada. –niego con mi cabeza.
-No se te da bien mentir, eh. –esboza una sonrisa.
-Vanessa, no es nada enserio. –sonrío esta vez yo.
-Pues me alegro de que así sea.
-Gracias. –me encojo de hombros.
Se escucha un fuerte estruendo y enseguida todos se callan.
El jaleo desaparece y alguien parece ser el centro de atención. La gente se
amontona formando un círculo y Vanessa y yo nos acercamos curiosas para ver qué
es lo que pasa. Poniendo todo mi peso sobre la punta de mis pies consigo ver a
alguien pero muchas cabezas no me permiten ver más allá. Todos se calman cuando
una voz se apodera del ambiente.
-¡Todos a animarnos al campo de fútbol! Partido
importantísimo.
Inmediatamente reconozco de quién se trata. Suspiro. La
gente deshace el perfecto círculo formado tomando dirección hacia el campus.
-¿Escuchaste a Justin? –Vanessa me golpea en el hombro con
entusiasmo.
-S-sí. –tartamudeo.
-¡Pues vamos!
Tira de mi mano rápidamente y seguimos a toda la multitud. Yo todavía
sigo procesando su voz. Realmente no sé lo que he hecho, lo he mandado todo a
la real mierda. Y ahora soy yo quién se siente así. Pero tengo mis motivos.
Bueno… en realidad no. Lo único que tengo claro son mis sentimientos. No puedo
quererlo, pero lo quiero. En mi cabeza se crea una gran tormenta de debates. ''¿Por qué lo has hecho, _____?'' y no consigo obtener una respuesta. Él es el
chico malo, popular y mujeriego de la universidad. Yo
soy la bicho raro dondequiera que vaya. No estamos hechos el uno para el otro,
pero ¿por qué maldita razón se interpuso en mi camino? ¿Dios ha querido esto
para mí? Aunque sea extraño, ahora me toca sufrir y alejarme de él por un
tiempo hasta que se me pase la tontería.
Llegamos y nos sentamos en la segunda fila de una de las
gradas. Estamos cerca del terreno de juego y sólo de saber que voy a tener de
nuevo a Justin a unos pocos metros de distancia de mí comienzo a temblar.
-¿Estás emocionada? –pregunta Vanessa interrumpiendo mis
rayadas mentales.
-No. –río. -¿Por qué iba a estarlo?
-Yo es que siempre me pongo nerviosa en estas cosas. –se
encoge de hombros. –Además, adivina quién va a jugar de delantero.
-Mmm… -simulo estar pensando.
-¡Vamos, _____ no es tan difícil! –agita sus manos hacia
arriba.
-¿Justin? –pronunciar su nombre se me hace difícil.
-¡Sí! –exclama con completa felicidad.
-Me alegro. –digo desganada. –Supongo. –murmuro bajito sin
que apenas me escuche.
Se me hace muy raro todo esto. Tengo que sacar de mi mente
al estúpido soportando que mi amiga hable constantemente de él. ¿Por qué todo
se tiene que poner tan difícil? Dios mío baja del cielo y explícame las reglas
de este juego tan confuso.
-¿Quieres? –Vanessa me ofrece abriendo un paquete de
pipas.
-No, gracias.
-Están muy ricas.
-No tengo hambre…
|Narra Justin|
¿Quién me iba a decir a mí que me preocuparía tanto por una
chica? No entiendo nada esta situación. Decido recurrir al deporte para
alejarla de mi mente un buen rato y nada mejor que un partido de fútbol contra
los Candangers. Merecen que les peguemos una buena paliza y a ver si aprenden a
no desafiarnos de una vez por todas. Quieren quitarnos el puesto, pero nosotros
somos los mejores de la universidad y de los alrededores.
Todos están motivados y yo mientras me abrocho el cordón de
mis Nike Mercurial. Me subo un poco el pantalón corto de chándal evitando que
mi trasero sea más visible de lo normal y aprieto mis puños con energía. Agito
la camiseta provocando un poco de aire para mis abdominales.
-¿Estás preparado, bro? –Ryan da un golpe en mi brazo
musculado.
-Por supuesto. –afirmo irradiando competitividad. –Vamos a
ganar.
-Eso está hecho.
-¿Estamos todos listos? –pregunto en un tono elevado convirtiéndome en
el centro de las miradas de todo el vestuario.
-¡Sí! –exclaman al unísono.
-Vamos equipo. –hago un gesto haciendo que todos se coloquen
formando una piña. -¡A ganar!
Todos gritan nerviosos. Mojo mis labios saboreando la nada y
anhelo algo. Su gusto.
Bicho, ¿por qué has hecho esto? Sacudo mi cabeza con
fuerza haciendo desaparecer su pequeña huella en mis pensamientos y nos
dirigimos finalmente al terreno de juego.
Muevo mis hombros formando círculos imaginarios arriba y
abajo. Aprieto mis puños de nuevo antes de chafar el terreno de juego y pego
unos cuantos saltos elevando mis talones hacia mi trasero. Me santiguo y
entramos todos en conjunto a un paso acelerado mientras la mayor parte del
público aplaude. Me coloco en mi posición y no dejo de moverme.
-Hoy tienes que marcar, bro. –grita Chaz desde la otra punta
del campo.
-Lo haré, no te preocupes. –digo afirmando con mi cabeza.
-¡Lo harás Justin! –exclama alguien del público que no logro
diferenciar.
En realidad, todas las chicas que están aquí me adoran.
¿Estará ella? Moviendo mis piernas sin parar visualizo todo lo que me permite
mi vista. Dando una vuelta sobre mí mismo lentamente intentando buscarla entre
los espectadores el pitido del silbato llega a mis oídos. Comienza el partido.
*************************************************
2 minutos para el final y el resultado se mantiene en 0-0.
Están jugando bien los jodidos, pero nosotros somos mejores. Eso está claro.
Limpio con mi mano derecha el sudor que desprende mi frente y me apropio del
balón. Corro hacia la portería pensando en marcar y sólo en marcar cuando una
patada en mi tobillo se interpone interrumpiendo en mi camino. Caigo en el
suelo y ruedo unas dos veces antes de ponerme lo más rápido que puedo en pie.
-Ve con cuidado, Drake. –me enfrento al imbécil que lo ha
jodido todo.
-Uhhh. –ríe éste. -¿No pensarás que ibas a marcar, verdad?
-La próxima vez cortaré tu pierna, ¡maldita sea! –amenazo.
-Repite eso. –se acerca
a mí y nos encontramos a unos dos centímetros frente a frente.
-Que eres un completo idiota. –digo con rabia en mis
palabras.
Reacciona empujándome y cuando estoy a punto de estampar mi
puño contra su boca unos brazos me agarran con fuerza separándome de él.
Maldigo interiormente a todo. Tengo ganas de pegarle y ese monstruo que llevo
dentro quiere salir al exterior.
Una serie de insultos sale de mi boca con fuerza haciendo
visibles las venas de mi cuello. El árbitro se acerca corriendo hacia mí mostrándome
una tarjeta amarilla y después va hacia Drake repitiendo el mismo paso.
Ryan intenta tranquilizarme con sus palabras mientras
masajea mis hombros. El árbitro ha pitado falta y debo de lanzarla.
-Vamos, bro. Déjate de estupideces y concéntrate en el
juego.
Respirando hondo miro al balón fijamente colocándome a unos
pasos de él. Estoy cerca de la portería y sé perfectamente de qué trata mi misión. Soy muy
competitivo y odio perder. ''Concéntrate en el juego'' me repito a mí mismo.
Muerdo el interior de mi mejilla y me acerco al balón para chutarlo cuando
todos gritan.
-GOOOOOOOOOOOOOOOOOOL.
Ha entrado por la escuadra. Magnífico.
Todos me abrazan y sonrío casi sin ganas. El público se
siente emocionado y tararea unas cuantas canciones animando al equipo.
-Bien hecho, Justin. –me choca la mano Nolan.
-Es lo que tocaba. –me encojo de hombros.
Salgo cabizbajo del terreno de juego dirigiéndome al
vestuario mientras los demás celebran la victoria. Y todo es gracias a mí, pero hoy no
tengo un buen día y sé perfectamente a qué se debe.
Me desnudo poco a poco y adentrándome en una de las duchas
dejo el agua fría correr por todo mi cuerpo. Enjabono mi cabello y deseo con
todas mis fuerzas que estuviera aquí. Me empapo de nuevo y enrollo una toalla
en mi cintura salpicando algunas gotas por el camino. Sentándome en los bancos
de madera donde reposan las mochilas de todos mis compañeros comienzo a pensar
apoyando mi cabeza hacia atrás en la dura pared. Cierro los ojos y la imagino
caminando hacia mí con esa sonrisa que me deja sin habla.
Justo en ese momento escucho un ruido proveniente de la
entrada del vestuario.
-¿_____? –pregunto inconscientemente.
Una voz que no es la suya me contesta.
-Justin…
Abro los ojos inmediatamente y la encuentro mordiéndose el
labio inferior provocadora frente a mí.
-¿Vanessa? ¿Qué haces aquí? –escupo poniéndome en pie.
-No lo esperabas, ¿verdad? Te echaba de menos. –susurra acariciando
su propio pelo.
-No. –trago saliva lentamente. –Contesta. –disparo seco.
-Andaba buscándote. –se acerca a mí a un paso lento.
-Espera. ¿Por qué? –sostengo fuerte la toalla que cubre mis
partes inferiores.
Ella me mira indecisa y sé que es obvio que está loca por mí.
Realizo un escáner con mi mirada por todo su cuerpo. Es un pivón y no lo puedo
negar. Se acerca más hasta el punto que puedo notar su aliento estampar contra
mis labios. Ni una pizca de nerviosismo en mí, si fuera _____... me sentiría como un
helado a punto de derretirse. Y aquí la imagino, pienso y deseo. Mis manos van
automáticamente a su cintura y ella coloca la palma de sus manos sobre mis húmedas
mejillas.
-¿Qué quieres? –susurro.
-Besarte.
-Yo… -suspiro profundamente. –no puedo.
-¿Por qué?
Demasiadas cosas acumuladas. Un cambio que me ha afectado demasiado. Quiero a mi bicho, no a ella.
-No preguntes, por favor. -aclaro mi voz.
-Justin, te deseo. -dice acariciando mi piel.
-Lo sé.
Eleva una ceja y ese gesto hace que pierda el uso de razón.
Me recuerda demasiado a ella.
-No me provoques... -susurro.
-Mmm... me gusta tanto hacerlo... -pasa la lengua por sus labios mojándolos. -¿Recuerdas cómo de alto gritaba tu nombre?
-Sí. -trago saliva.
-¿Recuerdas las noches de desenfreno? -muerde su labio inferior.
-Sí. -pronuncio seco.
-¿Te apetece jugar de nuevo?-desliza su dedo índice por la comisura de mis labios.
Muchos problemas juntos y no encuentro la solución. Te necesito, ____ ahora mismo. Y no te tengo. Ni siquiera sé el porqué. Me estoy volviendo loco de tanto pensar, y eres la única culpable.
-Está bien. -acepto.
Capturo sus labios y aprieto su trasero
salvajemente. Sexo. Lo que necesito para despejar mi mente. Me desprendo de la
toalla y comienzo a tirar de su camiseta hacia arriba dejándola en sujetador.
Después me encargo de desabrochar la falda de su uniforme sin dejar de mover
constantemente mi lengua por su boca. Desnudos ambos la cojo y enrolla sus
piernas en mi cintura. La llevo hacia la zona de las duchas y la estampo contra la pared mientras coloco besos en su cuello. Locura. Diversión. Vuelve Justin Bieber.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTE CAPÍTULO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario